Por la ribera del Henares

Reconozco que desde que vivo en Oropesa, cuando vuelvo alguna vez a Alcalá miro a la ciudad con otros ojos. Lugares que antes apenas me llamaban la atención ahora me parecen muy pintorescos y empiezo a entender por qué la gente que llega por primera vez suele quedarse prendada de sus contrastes.

Uno de estos lugares a los que me refiero es la ribera del río Henares a su paso por el barrio de Venecia, que es dónde hice las siguientes fotografías durante las pasadas Navidades.

La ribera del Henares (III)

La ribera del Henares (IV)

La ribera del Henares (II)

La ribera del Henares (V)

La ribera del Henares (I)

La ribera del Henares (VI)

Comentar a nivel técnico, que todas las fotografías están hechas con la Olympus E-PL1 directamente en JPG, ya que en esta ocasión para ir ligero de equipaje opté por dejar en Oropesa la D300.

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Sobre el cierre del colegio Zulema

Recientemente me encontré con la triste noticia del próximo cierre del que fue mi colegio en los años 80 y en el que cursé ocho años de EGB: el Zulema. Y aunque reconozco que mi primera reacción fue de incredulidad y tristeza, hoy me gustaría contaros el caso más pausadamente y reflexionar durante unos minutos sobre ello.

El baby-boom de los 80

Tengo claro que yo fui uno más de los niños del baby-boom de aquella época; y es que éramos tantos los chavales nacidos en torno a 1980 que todo se nos fue quedando pequeño en Nueva Alcalá según íbamos creciendo: cuando estábamos en edad escolar faltaban colegios, cuando llegamos al instituto hubo que ampliar el existente y construir uno nuevo, cuando cumplimos los 18 las autoescuelas florecieron por doquier y los bares de “la zona” estaban todos los fines de semana hasta la bandera…

Sin embargo, han pasado los años y la situación ha cambiado radicalmente: muchos nos hemos ido del barrio y ahora lo que más abunda allí son los padres de todos nosotros. Personas que ahora tienen entre cincuenta y sesenta años, de modo que la demanda de colegios, institutos, autoescuelas y bares de copas ha caído radicalmente y así seguirá hasta que el barrio poco a poco se vuelva a poblar de parejas jóvenes que tengan hijos y vuelvan a completar el imparable ciclo de la vida.

El cierre del Zulema

¿Quiere esto decir que el cierre del colegio Zulema está justificado? Obviamente no; y de hecho estoy convencido de que si no fuera por la actual situación económica nadie en el ayuntamiento o en la Comunidad de Madrid se plantearía siquiera el cierre de un centro de enseñanza. Sin embargo, está claro que alguien pensó que se podría ahorrar dinero haciendo un “donde caben dos caben tres” en los colegios de Nueva Alcalá y al final el Zulema es el que se ha llevado la palma.

La idea es meter a todos los niños del Zulema (todavía no se ha hablado de qué pasará con los profesores, que es algo que también preocupa) en el vecino colegio Henares; si bien parece ser que no es tan fácil la cosa como se pinta, ya que por lo visto en este centro no es que sobre precisamente mucho aforo y seguramente el curso que viene habrá problemas de espacio en las aulas si la cosa sigue adelante.

En pie de guerra

Como es lógico, ante esta perspectiva los padres de los alumnos no han tardado en ponerse en pie de guerra (con protestas y manifestaciones casi a diario) ya no sólo por el hecho de tener que trasladar a sus hijos a otro centro con lo que esto conlleva en cuanto a adaptación al nuevo colegio, nuevos compañeros, nuevos profesores… sino también porque temen que la calidad de la enseñanza recibida se degrade en mayor o menor medida debido a la saturación de las aulas. Del mismo modo, muchos de ellos comentan que de los dos colegios fusionados el Zulema es el que cuenta con mayores y mejores instalaciones, lo que contribuye aun más a la incomprensión general del asunto.

Pero no sólo son los padres los que se oponen al cierre del colegio, ya que a este movimiento se han sumado los comerciantes de la zona que ven cómo con el cierre del centro se esfumará buena parte de sus ingresos: los padres que dejan al niño en el colegio y hacen la compra o se toman una cerveza en el bar de la esquina, la papelería a escasos 30 metros de la puerta principal en la que todos los chavales compran material escolar, los frutos secos que venden bollos y chucherías a los chavales…

Obviamente el cierre de un colegio no es colgar un letrero en la puerta y llevarse a todo el mundo cuatro calles más abajo. El cierre del Zulema significará el fin de muchos de los comercios de una zona que bastante abandono ha sufrido ya en los últimos años, pues recuerdo que cuando era pequeño esa parte del barrio era un auténtico hervidero de tiendas y hoy en día sobreviven tan sólo media docena de ellas gracias al movimiento de personas que hay en las horas de entrada y salida del colegio.

Soluciones alternativas

No me dedico a la política y por tanto no soy ningún experto en macro-economía ni nada que se le parezca. Sin embargo, siempre aplico el sentido común a todo lo que hago; y aunque con los números en la mano parece que el cierre de un colegio en un barrio donde hay muchos menos niños que hace dos décadas podría estar justificado, nunca hay que olvidar que la educación es uno de los pilares sobre los que se asienta la sociedad y es algo que no podemos permitirnos descuidar.

Seguramente habrá otros gastos asociados al centro que se podrían reducir o bien se podrían destinar algunas partidas presupuestarias a mantener abierto el colegio manteniendo así a los alumnos en sus pupitres. La solución del cierre debería de ser la última en ser llevada a cabo tanto por el perjuicio directo a padres y alumnos como por la mala imagen que se da del sistema educativo español en general; aunque por lo que se ha comentado durante los últimos días parece que la decisión está más que tomada y en septiembre el Zulema no abrirá sus puertas.

El lado sentimental

Al margen de todo lo comentado en los párrafos anteriores también me gustaría hablar un poco sobre el aspecto “sentimental” de esta noticia; y es que no puedo dejar al margen el hecho de que el Zulema fue mi colegio tal y como os decía al principio de esta entrada.

Allí cursé toda la EGB, que si bien sólo asienta una serie de conocimientos básicos para todo lo que vendrá después, no es menos cierto que lo más importante que se aprende a esas edades son los conceptos como la amistad, el respeto a los profesores, el trato con los demás, el interés por aprender…

Desgraciadamente no he tenido con el colegio Zulema la misma relación que con el que fue mi instituto; pero sí que me he encontrado alguna vez con profesores que me dieron clase allí y eso es algo siempre hace ilusión. Sobre todo cuando te das cuenta de que se acuerdan de ti y que incluso recuerdan alguna anécdota concreta de un día en clase que tú ya habías borrado de tu memoria hace años.

Recuerdo los horarios de clase por aquella época: de 9 a 12 y de 15 a 17. Unas horas de entrada y salida que a cualquier padre le hacían ir de cabeza y que con los años se cambiaron por un horario continuado más acorde a los tiempos actuales en los que los dos progenitores han de trabajar para poder sacar adelante una familia y una hipoteca.

Me acuerdo también del frío que hacía en los vestuarios del gimnasio a primera hora de la mañana en invierno, de las clases de pretecnología, de cómo jugábamos en los recreos con cualquier cosa que recordara vagamente a un balón, de los días de lluvia en los que nos quedábamos en clase, del primer examen de mi vida (que no me dio tiempo a terminar y quise llevarme a casa), de la inauguración de radio-zulema donde emitieron un programa sobre U2 que hicimos entre un amigo y yo, del aterrador despacho del jefe de estudios, del primer día de clase del nuevo curso, del “Zulemón”, de algún compañero que ya de pequeño apuntaba maneras, de algún profesor con el que hoy me gustaría sentarme a charlar sobre la vida, del conserje abriendo las puertas cinco minutos antes de que sonara la campana, de mi madre esperándome todos los días junto al mismo árbol, del camino a mi casa tapizado de hojas amarillas, de las tardes viendo Campeones y Bola de Dragón delante de un tazón de leche y un cuaderno lleno de cuentas… Muchos recuerdos de cosas que han marcado mi infancia y, en general, que me han hecho ser como soy actualmente.

La importancia de la educación temprana

Puede que no pensemos mucho en ello, pero todo aquello que vivimos cuando tenemos tan pocos años queda tan grabado en nuestro interior que nos acompañará toda la vida. Por eso la educación temprana es tan importante y por eso no se debería recortar ni un euro en ella ni tomarla a la ligera.

Sé que es difícil, pero espero que haya una solución de última hora para que el curso que viene el Zulema siga acogiendo nuevos alumnos. Si así fuera, todos esos recuerdos que guardo en mi memoria podrán seguir siendo los recuerdos de los niños de esta generación y de las que vengan después.

El tatuaje (microrrelato)

Paso de peatones

Esperando a cruzar la calle un tatuaje llamó mi atención pese a que en aquel rincón de Alcalá había cientos de detalles en los que fijarse. Y aunque no era especialmente bonito, grande ni llamativo; gracias a él reconocí a su dueña sin necesidad de que se diera la vuelta: estaba grabado en el hombro izquierdo de la que fue mi novia hace unos cuantos años.

Eso sí, del maromo que caminaba de su mano no sabía absolutamente nada pese a que tenía la piel grabada hasta la nuca.

– Tenías razón – pensé. Y cuando el semáforo se puso en verde me perdí entre la muchedumbre de la calle Mayor.

Poco dormir y muchas fotos

Pese a que ayer me acosté bastante tarde, esta mañana me fui a hacer fotos por el centro a primera hora tal y como tenía previsto. Y aunque he vuelto del paseo hace escasos minutos bastante cansado (han sido algo más de dos horas dando vueltas por las calles de Alcalá sin parar) no quise desaprovechar la oportunidad de retratar algunos rincones al despertar esta mañana y notar una extraña, agradable e inusual sensación de inspiración.

La soledad de la Plaza de Cervantes

Ya os decía hace apenas unos días que en temas fotográficos es importante hacer lo que a uno le apetezca; así que pese a haber dormido poco más de cinco horas creo que la paliza que me he dado ha merecido la pena tanto porque era un día propicio para hacer fotos como por las buenas sensaciones que hoy me invaden y que intento reflejar en mis imágenes. Además, es algo que me viene bastante bien a modo de “entrenamiento” para el inminente viaje a Bruselas, ya que el plan será básicamente dar vueltas y más vueltas mañana, tarde y noche; y creedme si os digo que uno acaba con un cierto dolor de piernas de cargar con el equipo fotográfico de un lado a otro sin parar.

Por supuesto, en cuanto procese las fotos de hoy y las suba a Flickr tendréis la entrada pertinente.

¡Que paséis un buen domingo!

Haciendo fotos por Cibeles y alrededores

Ya que el pasado Miércoles acudí a primera hora al hotel Villamagna en pleno centro de Madrid para la presentación de Wii Sports Resort, aproveché el resto de la mañana para “perderme” por la zona de Cibeles – Gran Vía – Calle de Alcalá y así hacer algunas fotillos; pues desde que tengo la réflex apenas la he empleado por Madrid más que en un par de ocasiones y tenía ya ganas de pasar dos o tres horas sin otra preocupación más que retratar todo lo que se me pusiera a tiro.

Acabé bastante cansado porque, además de caminar bastante, iba con la bolsa de la cámara al hombro y una mochila a la espalda con notas de prensa, grabadora, agua, un cuaderno… Pero bueno, al margen de eso, la verdad es que volví a Alcalá contento por las fotografías que había hecho y con la intención de hacer algo parecido la semana que viene; pero esta vez empleando como escenario el parque del Retiro. Que conste que se me pasó por la cabeza acercarme, pero llevaba ya demasiada paliza encima, era casi la hora de comer y la temperatura se estaba haciendo ya insoportable.

Bueno, pues os dejo con las fotos a ver qué os parecen. Como veis, en su mayoría son muy coloridas; y es que con el buen día que hacía era fácil sacar tu lado más alegre detrás de la cámara.

Esperando para cruzar

¡Llego tarde!

Plan E

Tráfico

Un rincón a la sombra

Paseo refrescante

La fauna de Madrid

Tratando de encontrarse

Anónima cazadora de recuerdos

Detalle del reloj del banco de España

¿Valentía o temeridad?

El edificio Metropolis desde el lateral

La puerta de Alcalá rodeada de tráfico

Cordillera motera

Diálogo pajaril

Creo que me he perdido

Confluencia de Gran Vía con la calle de Alcalá

Recuerdos en imágenes de la kedada de hoy

Escribo esto apenas cinco minutos después de entrar por la puerta de casa y haber compartido dos horas fantásticas con otras cinco personas (y la llamada de Li, que fue una sorpresa de lo más agradable).

Sin embargo, me ha dado bastante pena tener que haberme venido el primero, pues hoy a mediodía mi hermana y mi cuñado me comentaron que vendrían a última hora de la tarde a cenar a casa y además tenía que ultimar una traducción para llevarla mañana a la oficina. Lo de la traducción no era problema, pues me hubiera acostado un poco más tarde y la hubiera terminado; pero había quedado con ellos a las 19:30 y debido a ello me tuve que levantar de la mesa donde estábamos tomando algo en la calle Mayor diez minutos antes de esa hora. Sin embargo, cuando estaba a medio camino de mi casa me llamó mi hermana para decirme que al final se quedaban en Madid a cenar, de modo que enseguida di media vuelta con la esperanza de que mis compañeros de kedada todavía siguieran allí.

No estaban, así que recorrí toda la Calle Mayor y Libreros con la esperanza de que estuvieran dando una vuelta por allí; pero no fue así y me vine para casa definitivamente con el ánimo un poco entristecido. Si el aviso de mi hermana hubiera llegado un cuarto de hora antes no me hubiera movido de aquel lugar, pero por una puñetera casualidad al final la kedada duró un poco menos de lo que podía haber durado.

Pero bueno, al final lo que cuenta son esas dos horas compartidas con unas personas fantásticas (qué grande es Emi y qué geniales las anécdotas de los viajes de Magneto por el norte de Europa) y con las que espero volver a coincidir antes o después. La tristeza por mi prematura marcha se disipa pensando que tendremos más oportunidades de vernos; y de hecho Emi y yo le debemos una foto juntos a Elisa, pues se lo prometimos por teléfono y al final con las prisas no pudimos hacerla.

Por lo demás, charlas cruzadas de todo tipo (incluyendo algunos aspectos de este blog) y, por supuesto, fotos de cada uno de los asistentes realizadas con mi querido AF Nikkor 50mm 1.8D que cada vez se pasa más tiempo montado en la cámara. Unas fotos con las que me vais a permitir cerrar esta entrada, pues verlas me trae muy buenos recuerdos de las dos horas inolvidables que he pasado esta tarde.

¡Un saludo a todos y un abrazo muy grande a los cinco que vinisteis esta tarde a la Plaza de San Diego!  🙂

Kedada Alcalá 10/05/2009 (I)

Emi

Kedada Alcalá 10/05/2009 (II)

Nuria

Kedada Alcalá 10/05/2009 (III)

Gema

Kedada Alcalá 10/05/2009 (IV)

Tiex

Kedada Alcalá 10/05/2009 (V)

Magneto

Kedada Alcalá 10/05/2009 (VI)

Luipermom

Pensamientos breves de una tarde de Domingo

Bueno, ya he preparado la cámara para salir dentro de una horita para el centro de la ciudad. No sé qué tal se dará la tarde ni la gente que me encontraré en la kedada, pero he de reconocer que estoy un poco inquieto por conocer a unas personas con las que he cruzado multitud de comentarios en este blog pero a las que no he visto nunca en persona (aunque igual alguno nos conocemos de vista, pues Alcalá no es tan grande como parece).

Luces, sombras y reflejos

Por cierto, durante la mañana he aprovechado para escribir un largo texto que he decidido dividir en dos partes. Lo he metido en la categoría de relatos, pero se trata de una experiencia personal que tuve hace quince años y que me he animado a contar exactamente como sucedió; sin un ápice de ficción. Ademaś, si sois de Alcalá creo que os gustará, pues transcurre en una casa abandonada por la que habréis pasado unas cuantas veces (y no; no es la casa del loco 😉 ).

No os preocupéis porque no tendréis que esperar mucho para leerlo: lo publicaré entre mañana y pasado a primera hora de la mañana, así que si tenéis ganas de leer, haced un par de huecos en vuestra agenda porque yo creo que os va a entretener bastante.

¡Un saludo!