Por la ribera del Henares

Reconozco que desde que vivo en Oropesa, cuando vuelvo alguna vez a Alcalá miro a la ciudad con otros ojos. Lugares que antes apenas me llamaban la atención ahora me parecen muy pintorescos y empiezo a entender por qué la gente que llega por primera vez suele quedarse prendada de sus contrastes.

Uno de estos lugares a los que me refiero es la ribera del río Henares a su paso por el barrio de Venecia, que es dónde hice las siguientes fotografías durante las pasadas Navidades.

La ribera del Henares (III)

La ribera del Henares (IV)

La ribera del Henares (II)

La ribera del Henares (V)

La ribera del Henares (I)

La ribera del Henares (VI)

Comentar a nivel técnico, que todas las fotografías están hechas con la Olympus E-PL1 directamente en JPG, ya que en esta ocasión para ir ligero de equipaje opté por dejar en Oropesa la D300.

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Un atardecer en Torre la sal

El pueblo de Torre la sal es como un pequeño oasis donde la vida transcurre siempre tranquila y los atardeceres parecen más coloridos y brillantes. Estando a diez minutos escasos de mi casa, es lógico que me escape por allí de vez en cuando para empaparme de la magia de sus rincones.

Atardecer en Torre la sal

Prueba de esto son las fotografías que ilustran esta entrada; y es que hace apenas un par de días vi que a última hora de la tarde el cielo empezaba a cambiar de tonalidad y decidí dirigirme allí en busca de unas imágenes que inmortalizaran el momento y el lugar. Fotos que, por cierto, están hechas con el Panasonic 14 mm del que os hablaba hace unos días

Atardecer en Torre la sal

Atardecer en Torre la sal

Atardecer en Torre la sal

Atardecer en Torre la sal

¡Cómo me gusta captar con mi cámara estas pequeñas sorpresas cotidianas!

Recorriendo la orilla con precisión suiza

Si durante estos días pasas por la orilla de la Playa de la Concha en Oropesa del Mar a eso de las doce y media de la mañana seguramente verás a un tío que mira al horizonte con unos auriculares puestos.

Ese tipo soy yo y lo que os cuento vengo haciéndolo desde hace ya muchos años. Además de que ese rato lo considero uno de mis momentos felices del día, es cuando aprovecho para ponerme moreno, relajarme un rato sin pensar en nada, escuchar música y además coger ideas para escribir algo después.

Mientras permanezco estático en la orilla me gusta observar a la gente que pasea despreocupada por allí. Algunas personas lucen grandes gafas de sol, otras muestran el mundo sus tatuajes o algún que otro piercing en los más recónditos lugares de sus cuerpos… Observo también la disparidad de colores de ojos que existen, porque aunque existen ojos azules, marrones, verdes y negros en realidad hay una infinidad de tonos intermedios y mezclas entre ellos.

Hamacas

Lo que más me llama la atención es la absoluta precisión de ciertos “caminantes” que, después de unos pocos días, ya considero como típicos en este reducido entorno: por ejemplo hay una chica con rastas que pasa todos los días a la misma hora en dirección a la pequeña cala que existe después de la playa. También me llama la atención un hombre que cojea ostensiblemente y que también aparece puntual como un reloj; siendo lo que más me llama la atención de él la permanente sonrisa que lleva puesta y lo amable que es con la gente que se cruza.

Hay también un par de chicas que desde cierta hora de la mañana se dedican a pasear por la orilla de extremo a extremo de la playa y que tardan doce minutos exactos en hacer el recorrido al completo. Un día miré el reloj cuando pasaron y dio la casualidad de que en el siguiente cruce volví a consultar la hora, quedándose en mi cabeza el dato de los doce minutos. Cuando al día siguiente las volví a ver pasar, pensé si tardarían lo mismo y me volví a fijar en la hora, comprobando que efectivamente variaban pocos segundos con respecto a su anterior marca.

Como os decía al principio, siempre me ha gustado quedarme quieto y observar el movimiento que me rodea, porque la vida es perspectiva y al caminar rápido muchas veces la perdemos. Benditos sean esos momentos de inspiración…