La colina de El Principito

Hay una colina en la parte Oeste de mi querido parque Juan Carlos I que siempre me ha recordado al cuento de El Principito. Es de pequeño tamaño, cubierta de hierba y con árboles en su parte superior. Y aunque es cierto que en el famoso libro lo único que hay en el planeta de ese niño rubio es una flor, no puedo dejar de ver en este pintoresco lugar el escenario del libro de Antoine de Saint-Exupéry.

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Pese a que a mí me parece un lugar con mucho encanto, no suele haber gente en lo alto de esta pequeña colina. No sé si será por su pronunciada pendiente o porque se encuentra en una de las zonas del parque menos transitadas; pero sea como sea, si uno se sube allí arriba puede disfrutar de unas buenas vistas del monumento “Espacio México” con Madrid al fondo.

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Allí, sentados entre los árboles, podéis divisar a los piragüistas que por el canal entrenan a diario, a los niños que juegan despreocupados en los columpios con forma de barco pirata que hay en las inmediaciones y observar cómo se mezclan en los caminos del parque runners y caminantes con sus perros. Un remanso de paz en el que sentarse unos minutos a disfrutar sin más preocupaciones.

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Ya sabéis de mi debilidad por este gran parque de Madrid al que acudo de vez en cuando para descubrir algún nuevo recoveco en el que no me había fijado hasta entonces. Esta colina que hoy retrato es sólo uno más de estos rincones, pero para mí es uno de los más especiales. Si pasáis a su lado, volved por un instante a vuestra infancia y echad una carrera para alcanzar su cima. Os sentiréis muy bien, os lo aseguro.

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Sólo una sonrisa. La primera novela de Verónica Domínguez

Hubo un tiempo en el que quería ser escritor (fruto de ello tenéis en el blog una categoría de relatos que llevo mucho tiempo sin actualizar) pero por suerte me di cuenta de que aquello no era lo mío y pasé a centrar este pequeño rincón de internet en mi afición favorita: la fotografía. De este modo, el mundo perdió a un pésimo narrador pero ganó a un tipo al que le gusta contar historias con imágenes.

Soledad

Con el paso del tiempo me doy cuenta de que aquella elección fue de lo más acertada, pues hay gente mucho más preparada que yo para inventar historias a partir de una hoja en blanco. Un verdadero escritor ha de ser capaz de plasmar en sus páginas algo que, por muy fantástico que pueda parecer, consiga meter en la historia a aquellas personas que decidan invertir su tiempo en la lectura.

Una de esas personas a las que se le da bien imaginar y contar historias es Verónica Domínguez. Una persona muy aficionada a la lectura desde su más tierna infancia y que ahora se ha animado a saltar al otro lado del papel publicando su primera novela titulada “Sólo una sonrisa”. Una narración que trata sobre la creciente complejidad de los sentimientos a medida que se suceden los encuentros y desencuentros entre los componentes de un triángulo amoroso.

Sabedora de mi afición por la lectura, Verónica me envió recientemente una copia en formato electrónico de la novela y aunque el inicio me dejó un poco descolocado debido a la presentación de todos los personajes en apenas un par de páginas, he de reconocer que la historia va ganando enteros a medida que se va desarrollando la misma hasta el punto de que cuando apenas nos quedan veinte hojas para llegar al final uno ya no es capaz de abandonar la lectura hasta descubrir cómo termina todo lo que se narra en ella.

E-ink vs. papel

Al margen de la página que Verónica ha creado especialmente para su novela, en la web de Bubok podéis leer el primer capítulo online y, si os gusta, haceros con una copia de la novela que os costará 1 € en formato electrónico y 12 € en papel. A modo de curiosidad os diré que en este momento ya lleva vendidos 112 ejemplares en formato físico, lo cual está más que bien para alguien que todavía no tiene padrinos en el mundillo editorial.

Como os decía al principio de esta entrada, yo no soy escritor ni pretendo serlo. Lo mío es coger la cámara y retratar esas pequeñas cosas que me voy encontrando cada día en el camino. Sin embargo, la fotografía no es mi única afición, ya que sumergirme en un buen libro antes de dormir es algo que también disfruto enormemente y, precisamente por eso, de un modo u otro la literatura es algo que también tiene cabida en este blog.

Stay hungry, stay foolish

A nada que hayáis visto un rato la televisión o hayáis abierto un periódico durante el día de hoy os habréis encontrado con la triste noticia de la muerte de Steve Jobs.

Y precisamente porque los medios de comunicación ya se han encargado de repasar toda la vida y la obra del cofundador de Apple, a mí me gustaría referirme a un aspecto de Jobs más filosófico y mucho más humano que los omnipresentes iPod, iPad, iMac, iPhone y demás artilugios tecnológicos que muchos de nosotros tenemos en casa.

Steve Jobs era una persona vital y con una concepción de su existencia tan especial que fue precisamente eso lo que le hizo alcanzar todo aquello que se proponía.

Para entender a lo que me refiero, si tenéis un cuarto de hora libre os recomiendo que lo invirtáis en ver este vídeo en el que Steve pronuncia un discurso en 2005 frente a los alumnos recién graduados de la universidad de Stanford porque os aseguro que después os sentiréis mucho más vivos.

Hasta siempre Steve.

El extraño árbol que daba morcillas en lugar de flores

La fauna y la flora de Oropesa es de lo más variopinta. Si hace un tiempo os hablaba de las gallinas que habitan en los árboles del puerto deportivo, hoy me gustaría mostraros un curioso árbol que parece dar morcillas en lugar de flores.

El árbol que daba morcillas

Ojalá aparezca algún experto en botánica y me pueda decir qué especie es esta (el aspecto es como de una palmera de tronco fino y largo) porque yo, que de flores sólo distingo los tulipanes de todo lo demás, sólo puedo ver un árbol que da morcillas.

¡Qué cosas oiga!

Viceversa

Es precisamente en estas semanas de masificación estival levantina cuando más me acuerdo de los tranquilos días de Mayo en los que paisajes idílicos aparecían cada tarde ante mis ojos y la luz era tan suave que incitaba a ir a buscarla con la cámara.

Playa de La Concha

Por suerte, para que esos días vuelvan falta cada vez menos; y es que en según qué condiciones, el descanso de unos es el insomnio de otros (y viceversa).

Fotos y bicicletas

Todavía me acuerdo de los años en los que en pleno verano a las seis de la tarde cogía mi bicicleta de montaña y me subía a lo alto de cualquier monte en los alrededores de Oropesa.

De hecho, al hacer la fotografía que veis a continuación no pude evitar sentir una especie de morriña de aquellas interminables tardes a lomos de mi mountain bike.

Tour de force

La bici todavía la tengo en casa, y la verdad es que hay días en los que me entran unas ganas locas de dar un buen paseo con ella.

Cierto es que no me subiría a los montes con el sol en todo lo alto como antes; pero sí que se me ocurre combinar pedaladas y fotografía en algo que incluso podría servirme para dar pie a un artículo interesante.