Fotografiando la Raspberry Pi Zero W y su ingeniosa antena

No sé si lo he comentado alguna vez por aquí, pero siento auténtica devoción por las Raspberry Pi hasta el punto que considero que es lo mejor que le ha ocurrido a la informática y a la electrónica a nivel de usuario en los últimos años.

Raspberry Pi Zero W

Dispongo desde hace tiempo de una Raspberry Pi 3, así como de un par de Raspberry Pi Zero (una de ellas la uso como reproductor multimedia) y en mis manos tengo ya una de las primeras Raspberry Pi Zero W que se han distribuido, pues la pedí el mismo día de su presentación y me llegó desde UK poco después.

Lo que ocurre es que aunque esa misma noche ya estuve instalando Raspbian y trasteando con ella un buen rato, no ha sido hasta hoy cuando he cogido la cámara y el objetivo macro con la idea de hacer unas fotografías que pudieran transmitir la belleza que yo siempre le encuentro a este tipo de cosas.

Raspberry Pi Zero W

Aunque esta nueva integrante de la familia Raspberry Pi es muy similar a la Zero “a secas” tanto físicamente como en potencia, la W de su apellido viene de que integra tecnología Wireless como ya hizo anteriormente su hermana mayor (la Raspberry Pi 3).

El reto principal era el integrar la conectividad inalámbrica en una placa electrónica de tan reducidas dimensiones y a la vez ya superpoblada de diminutos componentes electrónicos.

Raspberry Pi Zero W

Descartada la idea de colocar una antena WiFi al uso (la de la Raspberry Pi 3 es pequeña pero demasiado voluminosa para una placa tan minúscula) la gente de la Raspberry Pi Foundation se estrujó los sesos y decidió emplear una tecnología licenciada por la empresa Proant que es tan genial como simple: la antena es un triángulo cuidadosamente esculpido en la propia placa en cuyo interior resuenan las ondas de radio que son captadas por dos microscópicos condensadores situados en su vértice.

Raspberry Pi Zero W

Como amante que soy de las soluciones sencillas y los tamaños reducidos, contemplar ese destello de genialidad que es la antena de la Raspberry Pi Zero W me hace pensar en todas las cosas maravillosas que en el mundo de la tecnología nos van a asombrar durante los próximos años.

Por cierto, espero que hayáis disfrutado de las fotografías. Hacía tiempo que no agarraba la cámara y la verdad es que he disfrutado bastante buscando la mejor perspectiva para apreciar los detalles que tanto abundan en estas miniaturas tecnológicas.

Raspberry Pi Zero W

¡Nos lemos!

Navidad en Alcalá de Henares

Muy acorde con el día en el que estamos, me gustaría compartir con vosotros unas imágenes que capté hace unos días en la conocida plaza de Cervantes de Alcalá de Henares.

Alcalá en Navidades (I)

Alcalá en Navidades (II)

Estampas cotidianas de una ciudad que, como todos los años por estas fechas, se adorna para la Navidad.

Alcalá en Navidades (III)

En cualquier caso, no todo son luces, gente y abrigos, pues como veréis, estamos teniendo un clima de lo más soleado con temperaturas agradables a medio día (y de momento sin grandes heladas por las noches) que dan lugar a paisajes muy pintorescos a nada que nos alejemos del casco urbano.

De Henares

Por cierto, comentaros que estas fotografías están hechas con una Nikon D3000 que me he comprado recientemente con idea de usarla exclusivamente con el AF-S DX Nikkor 35mm f/1.8 G, dando lugar a un conjunto de pequeño tamaño, ligero y manejable. De hecho, ya en el pasado hice algo parecido con la D40 (cámara que le regalé a mi chica hace ya tiempo) y la experiencia fue muy positiva.

¡Nos leemos!

Recuerdos de Oropesa (XXIV)

Vivir durante el invierno en una pequeña localidad costera suele ser sinónimo de paz y sosiego. Y lo sé bien por los dos años que pasé en Oropesa del Mar; un lugar en el que puedes pasear a media tarde durante los meses invernales y no cruzarte prácticamente con nadie sintiendo una soledad que a mí particularmente me resultaba de lo más agradable.

La Oropesa solitaria

Sea como sea, reconozco que llevaba tiempo sin acordarme de Oropesa pero hoy, que no hago más que leer noticias sobre el mal tiempo por las tierras de Levante, han venido a mi memoria unas fotografías que hice una tarde de mayo de 2011 en las que el Mediterráneo se mostraba mucho más amenazador de lo habitual.

A storm is approaching (IV)

Recuerdo que aquella tarde el cielo tenía un aspecto inquietante: una extraña banda oscura lo surcaba de lado a lado y un fuerte viento soplaba desde el mar con inusitada fuerza. Dado que vivía muy cerca de la playa, cogí mi cámara de fotos (al fin y al cabo elegí una Nikon D300 para que si un día me sorprende una tormenta pueda seguir haciendo fotos sin preocuparme de la lluvia) y mi estimado 80-200 f/2.8 para retratar aquel temporal que se acercaba por momentos a la costa.

A storm is approaching (II)

Por supuesto, si la cosa se complicaba no iba a hacerme el héroe y saldría zumbando para casa en cuestión de segundos; pero el aspecto apocalíptico del Mediterráneo con las olas que parecían salirse del mar era algo magnético para un amante de la fotografía como yo. Recuerdo con claridad la intensa sensación de que tenía que captar ese momento porque vendría a mi memoria tiempo después (la entrada de hoy es la prueba de ello) y las fotografías me ayudarían a volver a revivirlo.

A storm is approaching (V)

Capté unas cuantas imágenes y enseguida comenzaron a caer unas gotas enormes; mucho más grandes de lo que acostumbraba a ver por aquellas tierras en las que ya de por si suele llover con fuerza. Sin embargo, estaba claro que la tormenta que se nos echaba encima a pasos agigantados tampoco era muy normal que digamos.

A storm is approaching (I)

Tal y como me prometí, antes de exponerme a correr algún riesgo recogí el equipo y me dirigí para casa donde, parapetado tras los cristales, pude contemplar la fuerza de una tormenta que, gracias a estas fotos, no olvidaré.

A storm is approaching (III)

¡Nos leemos!

La siempre difícil relación prestaciones/confort en fotografía

Debido a que ya llevo unos cuantos años haciendo fotografías me está ocurriendo algo muy común y que había leído decenas de veces en el pasado pensando que a mí no me iba a pasar: cada vez le doy menos importancia al equipo y más a la creatividad (y a ir ligero de equipaje).

Don MiguelTécnicamente hablando, las cámaras réflex siguen siendo hoy por hoy las reinas en cuanto a calidad de imagen para el usuario de a pie (formato medio y cosas por el estilo quedan fuera del alcance del común de los mortales, seamos realistas) pero no es menos cierto que pesan y abultan bastante, por lo que no son lo mejor para nuestra espalda si nos dedicamos a hacer “safaris fotográficos” de acá para allá.

Compactas, móviles o cámaras bridge tienen el problema de que poseen sensores de imagen de pequeño tamaño, de modo que no pueden hacer la competencia a las réflex por motivos puramente físicos en captación de luz, profundidad de campo, niveles de ruido o precisión de enfoque.

Luna

Sin embargo, hay un punto intermedio muy interesante en las cámaras EVIL que a mí cada vez me gusta más, ya que aúnan las dimensiones y el peso de una compacta avanzada con la calidad de imagen y las prestaciones de una réflex debido al mayor tamaño de su sensor.

Cierto es que parece que nunca acaban de despegar del todo, y los insistentes rumores que circulan últimamente sobre la desaparición de la gama 1 de Nikon no son más que otra prueba más de ello; pero me da a mí que gran parte de la culpa la tienen los últimos móviles de gama alta que en sus constantes maniobras de marketing nos quieren hacer creer que con ellos vamos a poder captar unas fotografías que ni con una Hasselblad.

Coslada at night (I)Que conste que yo soy el primero que a veces veo algo que me llama la atención y lo fotografío con mi móvil si no llevo una cámara encima en ese momento porque prefiero eso a dejarlo escapar; pero si el motivo merecía la pena siempre me he arrepentido de no haber llevado algo en condiciones con lo que capturar ese instante de la mejor manera posible.

Pero bueno, tampoco quiero aburriros con una disertación sobre las ventajas de las cámaras sobre los móviles a la hora de hacer fotografías porque cada uno es muy libre de pensar lo que quiera; pero sí que me gustaría lanzar un pequeño alegato en favor de las cámaras EVIL con ayuda de las fotografías que ilustran este artículo, pues son imágenes que he capturado con mi ya veterana Olympus E-PL1 de las que estoy orgulloso y quería compartirlas con vosotros.

Night driver

Sigo cogiendo la réflex porque su calidad de imagen es incluso superior a la de la EVIL que poseo, pero también es verdad que la ligereza que te da la E-PL1 y sus objetivos hace que al final camines más y veas más lugares que merece la pena fotografiar.

Al fin y al cabo estamos aquí para disfrutar, ¿no?.

Coslada at night (II)

¡Nos leemos!

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Usando una Gopro como cámara de fotos (2ª parte)

No sé si recordaréis una entrada de hace ya tiempo en la que os hablaba de mi manifiesta inutilidad para realizar vídeos mínimamente interesantes y de que el uso principal que le doy a la Gopro Hero que tengo es como cámara de fotos.

Gopro piscina Ago-16

Aunque en aquel artículo ya aparecía una fotografía hecha bajo el agua, la mayor parte de las imágenes estaban tomadas en lugares donde también podríamos usar una cámara normal y corriente, de modo que aunque traté de buscar perspectivas más o menos originales la cosa tampoco es que fuera excesivamente sorprendente.

Pues bien, en esta ocasión he aprovechado unos días de vacaciones en los que me he ido a la playa con mi chica para usar la Gopro en la piscina de la urbanización dando lugar a unas fotografías originales y, en cierto modo, refrescantes ahora que el sol pega con fuerza sobre las calles de Madrid.

Gopro piscina Ago-16

Como iréis viendo a lo largo de la entrada, casi todas ellas tienen algún tipo de tratamiento de color, ya que pretendía centrarme en las texturas y las distorsiones del agua dejando un poco de lado en este caso la representación fiel de la realidad.

Ya sabéis lo mucho que me gusta ese carácter misterioso de disparar las fotografías y no saber hasta llegar a casa qué aspecto tendrán, ya que me recuerda a la época de la fotografía analógica con la que me estrené en este mundillo a principios de los 90. El caso es que cuando volvíamos de la piscina (estas fotografías las hicimos a lo largo de tres jornadas) y metíamos la tarjeta de memoria en una tablet nos sorprendimos con muchas de ellas.

Gopro piscina Ago-16

Gopro piscina Ago-16

No hay que olvidar que esa especie de estado de ingravidez que el agua te otorga hace que las fotografías tengan ángulos extraños y posiciones que de otra manera no podríamos conseguir. También es verdad que si la piscina hubiera estado llena de gente muy posiblemente no hubiéramos tenido tanta “libertad creativa” (o tan poca vergüenza) y las fotos no hubieran quedado como han quedado.

Gopro piscina Ago-16

Gopro piscina Ago-16

Si vais a hacer fotografías bajo el agua la luz es un tema fundamental (en realidad siempre lo es). Por eso en una piscina tienes la ventaja de partir de un agua completamente cristalina. Y lo digo porque debajo del mar, a nada que haya algo de movimiento de la arena del fondo, el agua estará algo más turbia y perderéis mogollón de detalle.

Gopro piscina Ago-16

Gopro piscina Ago-16

Y luego están el resto de elementos que el agua implica: reflejos, burbujas, peinados imposibles… Elementos que también he intentado plasmar en esta serie de imágenes. Como podéis ver en la fotografía anterior, también es posible aprovechar la luz solar en el fondo de la piscina; sobre todo si luego tratamos la fotografía en clave alta para realzar los contrastes como hice en el caso concreto de esa.

Gopro piscina Ago-16

Gopro piscina Ago-16

Como veis aquí arriba, no todo son capturas bajo el agua, ya que colocar la cámara al ras de la superficie y tratar de captar el instante exacto de una zambullida también tiene su punto veraniego; especialmente si el tratamiento de color da lugar a una escena de lo más “californiana”.

Gopro piscina Ago-16

Gopro piscina Ago-16

Y ya poco más me queda por mostraros en lo que a fotografías subacuáticas se refiere (al menos de momento). Ahora vuelve el asfalto, los semáforos y las tardes cada vez más cortas; pero al menos en esta entrada quedan plasmados los buenos ratos que pasamos mi chica y yo en la piscina durante unos días de agosto, así que seguro que dentro de unos meses me sorprendo releyendo estas líneas cuando tenga “mono” de agua pero me tenga que conformar con la bañera de casa.

Disfrutando del sol en el parque Juan Carlos I

Como tantas otras veces, aproveché una mañana de fin de semana para levantarme temprano y dirigir mis pasos a uno de mis lugares favoritos de Madrid: el parque Juan Carlos I.

Juan Carlos I

Sé que ya os he hablado alguna que otra vez de este lugar incluso de algún rincón en concreto; pero una vez más no me resisto a compartir con vosotros algunas imágenes capturadas con la inestimable ayuda de mi cámara. Espero que os gusten y que si nunca habéis estado allí os animéis a conocer este inmenso espacio verde de Madrid.

Juan Carlos I

Juan Carlos I

Juan Carlos I

Juan Carlos I

Juan Carlos I

Juan Carlos I

Juan Carlos I

Juan Carlos I

Juan Carlos I

Juan Carlos I

Bonus: Geometría Escheriana en las cercanías del acceso peatonal al parking del auditorio

La colina de El Principito

Hay una colina en la parte Oeste de mi querido parque Juan Carlos I que siempre me ha recordado al cuento de El Principito. Es de pequeño tamaño, cubierta de hierba y con árboles en su parte superior. Y aunque es cierto que en el famoso libro lo único que hay en el planeta de ese niño rubio es una flor, no puedo dejar de ver en este pintoresco lugar el escenario del libro de Antoine de Saint-Exupéry.

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Pese a que a mí me parece un lugar con mucho encanto, no suele haber gente en lo alto de esta pequeña colina. No sé si será por su pronunciada pendiente o porque se encuentra en una de las zonas del parque menos transitadas; pero sea como sea, si uno se sube allí arriba puede disfrutar de unas buenas vistas del monumento “Espacio México” con Madrid al fondo.

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Allí, sentados entre los árboles, podéis divisar a los piragüistas que por el canal entrenan a diario, a los niños que juegan despreocupados en los columpios con forma de barco pirata que hay en las inmediaciones y observar cómo se mezclan en los caminos del parque runners y caminantes con sus perros. Un remanso de paz en el que sentarse unos minutos a disfrutar sin más preocupaciones.

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Ya sabéis de mi debilidad por este gran parque de Madrid al que acudo de vez en cuando para descubrir algún nuevo recoveco en el que no me había fijado hasta entonces. Esta colina que hoy retrato es sólo uno más de estos rincones, pero para mí es uno de los más especiales. Si pasáis a su lado, volved por un instante a vuestra infancia y echad una carrera para alcanzar su cima. Os sentiréis muy bien, os lo aseguro.