Las últimas luces del 2016

No sé si os habrá ocurrido como a mí, pero si me siento un segundo a recordar el 2016 los últimos doce meses se me han pasado a la velocidad de la luz.

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En cuanto al blog, cierto es que llevo una temporada ya bastante larga en la que no escribo con la asiduidad que me gustaría, pero no siempre que se me ocurre algo tengo la oportunidad de sentarme al teclado para plasmarlo en algo tangible y la inspiración es tan puñetera que sólo viene a verte un ratito de vez en cuando para luego dejarte con la hoja en blanco y cara de circunstancias.

En cualquier caso me gustaría reseñar aquí los artículos que más he disfrutado escribiendo en este año que hoy termina:

  • Algunos consejos sobre fotografía macro: llevaba tiempo sin escribir sobre fotografía a nivel técnico y éste fue uno de esos artículos que tanto me gusta redactar e ilustrar con fotografías.
  • Usando una GoPro como cámara de fotos (2ª parte): creo que es uno de esos artículos que pueden servir de inspiración a alguien que le quiere dar un uso alternativo a su cámara GoPro. Yo, desde luego, me lo pasé muy bien preparándolo.
  • Rincones: Cantabria: fotos, comentarios y un timelapse de nuestras vacaciones de verano por tierras cántabras. Me pongo a releerlo ahora y me dan ganas de volver mañana mismo.
  • Usando un Gramin Etrex 10 con mapas personalizados: un artículo útil para aquellos que no quieran gastar demasiado en un GPS de mano pero al que con un poco de ingenio se le puede sacar mucho provecho.
  • Navidad en Alcalá de Henares: pese a ser muy reciente (y sencillo) se trata de uno de los artículos con más repercusión de este año. Me gustó crearlo por los paseos que me di por Alcalá cámara en mano para realizar las fotos que lo ilustran.

No sé qué nos traerá el 2017. Ojalá que todo sean cosas buenas; pero venga como venga, espero que sigamos leyéndonos por aquí.

¡Feliz cambio de año!

Navidad en Alcalá de Henares

Muy acorde con el día en el que estamos, me gustaría compartir con vosotros unas imágenes que capté hace unos días en la conocida plaza de Cervantes de Alcalá de Henares.

Alcalá en Navidades (I)

Alcalá en Navidades (II)

Estampas cotidianas de una ciudad que, como todos los años por estas fechas, se adorna para la Navidad.

Alcalá en Navidades (III)

En cualquier caso, no todo son luces, gente y abrigos, pues como veréis, estamos teniendo un clima de lo más soleado con temperaturas agradables a medio día (y de momento sin grandes heladas por las noches) que dan lugar a paisajes muy pintorescos a nada que nos alejemos del casco urbano.

De Henares

Por cierto, comentaros que estas fotografías están hechas con una Nikon D3000 que me he comprado recientemente con idea de usarla exclusivamente con el AF-S DX Nikkor 35mm f/1.8 G, dando lugar a un conjunto de pequeño tamaño, ligero y manejable. De hecho, ya en el pasado hice algo parecido con la D40 (cámara que le regalé a mi chica hace ya tiempo) y la experiencia fue muy positiva.

¡Nos leemos!

Doña Manolita contra la ley de la probabilidad

Puede que mi visión ingenieril de la vida tenga algo que ver, pero cada vez que veo las kilométricas colas que se forman cada año por estas fechas en la madrileña administración de lotería de Doña Manolita me hierve la sangre.

Y ya no sólo porque, en general, todo lo que sea hacer cola me hace sentir como si se me estuviera yendo la vida por momentos; sino porque algunas de estas personas que aguardan en la fila durante horas avanzando varios órdenes de magnitud más lentamente que un paso de Semana Santa lo hacen porque creen que así tienen más posibilidades de que les toque “el gordo” de Navidad.

Vamos a poner números a todo este sinsentido para verlo con más claridad:

En el sorteo de lotería de Navidad entran en el bombo 100000 números todos ellos diferentes (desde el 0 hasta el 99999) de modo que la posibilidad de que jugando a un sólo número te toque el primer premio es de 1/100000; es decir 0,001%.

Cierto es que administraciones como La Bruixa D’or o Doña Manolita suelen aparecer con cierta frecuencia el día 22 de diciembre descorchando botellas ante los medios de comunicación; de modo que a ciertas personas les da la impresión de que estas administraciones están bendecidas por una especie de halo de buena suerte que hace que sus números tengan más probabilidades de salir que los comprados en una sencilla administración de barrio.

Nada más lejos de la realidad: lo que sucede es que en las administraciones que os decía antes hay disponible tal cantidad de números que el hecho de comprar un décimo allí es, en realidad, una lotería dentro de la propia lotería. Me explico:

Primero vamos a imaginar el caso sencillo de una administración tan pequeña que sólo tienen un número a la venta para el sorteo de Navidad: puesto que es un número entre los 100000 que participan, eso representa una posibilidad del 0,001% de que el gordo caiga en esa administración, pero en tal caso, si lo hemos comprado ahí tendremos la total certeza de que seremos uno de los agraciados con dicho premio.

Supongamos ahora que de los 100000 números que participan en el sorteo, en una determinada administración venden 10000 diferentes. Esto significa que hay un 10% de posibilidades de que el gordo se venda en dicha administración; pero claro, aunque compremos ahí nuestro décimo, puesto que tenemos que elegir un sólo número entre los 10000 que tienen disponibles eso representa que aunque el gordo caiga en un número a la venta en esa administración la posibilidad de que hayamos elegido correctamente es nada más que del 0,01%. Si recordáis algo de probabilidad básica, la intersección entre ambos sucesos (10% y 0,01%) nos va a dar una probabilidad del 0,001%, que es la misma que la de comprar un décimo suelto en cualquier administración de mala muerte.

Vamos ahora a un caso intermedio en el que una administración de tamaño medio tiene 100 números diferentes a la venta, lo que representa una probabilidad del 0,1% de que el gordo de Navidad caiga en dicha administración. La posibilidad de que el premio toque ahí es más pequeña que en caso anterior, pero también es verdad que si hemos comprado el número ahí nuestra probabilidad de que hayamos elegido el número correcto es del 1%, de tal modo que la intersección de ambos sucesos será del 0,001%, que a estas alturas del artículo deberíais tener ya asociada con la de acertar un número extraído al azar entre 100000.

¿Qué quiere decir esto? Pues que da exactamente lo mismo que compréis vuestro décimo en una mega-administración famosa en el mundo entero o en esa de vuestro pueblo en la que apenas entran cinco o seis personas al día. Cada número jugado tiene una posibilidad entre cien mil de resultar agraciado con el primer premio, lo compréis donde lo compréis.

La quiosqueraAunque es complicado, puede que alguno de los que estáis leyendo esto seáis millonario pasado mañana y os vea en el telediario de las tres; pero lo que os aseguro es que vais a ganar horas de vida si evitáis pasaros medio día de pie en una cola sin fin y sin sentido.

¡Nos leemos!

Recuerdos de Oropesa (XXIV)

Vivir durante el invierno en una pequeña localidad costera suele ser sinónimo de paz y sosiego. Y lo sé bien por los dos años que pasé en Oropesa del Mar; un lugar en el que puedes pasear a media tarde durante los meses invernales y no cruzarte prácticamente con nadie sintiendo una soledad que a mí particularmente me resultaba de lo más agradable.

La Oropesa solitaria

Sea como sea, reconozco que llevaba tiempo sin acordarme de Oropesa pero hoy, que no hago más que leer noticias sobre el mal tiempo por las tierras de Levante, han venido a mi memoria unas fotografías que hice una tarde de mayo de 2011 en las que el Mediterráneo se mostraba mucho más amenazador de lo habitual.

A storm is approaching (IV)

Recuerdo que aquella tarde el cielo tenía un aspecto inquietante: una extraña banda oscura lo surcaba de lado a lado y un fuerte viento soplaba desde el mar con inusitada fuerza. Dado que vivía muy cerca de la playa, cogí mi cámara de fotos (al fin y al cabo elegí una Nikon D300 para que si un día me sorprende una tormenta pueda seguir haciendo fotos sin preocuparme de la lluvia) y mi estimado 80-200 f/2.8 para retratar aquel temporal que se acercaba por momentos a la costa.

A storm is approaching (II)

Por supuesto, si la cosa se complicaba no iba a hacerme el héroe y saldría zumbando para casa en cuestión de segundos; pero el aspecto apocalíptico del Mediterráneo con las olas que parecían salirse del mar era algo magnético para un amante de la fotografía como yo. Recuerdo con claridad la intensa sensación de que tenía que captar ese momento porque vendría a mi memoria tiempo después (la entrada de hoy es la prueba de ello) y las fotografías me ayudarían a volver a revivirlo.

A storm is approaching (V)

Capté unas cuantas imágenes y enseguida comenzaron a caer unas gotas enormes; mucho más grandes de lo que acostumbraba a ver por aquellas tierras en las que ya de por si suele llover con fuerza. Sin embargo, estaba claro que la tormenta que se nos echaba encima a pasos agigantados tampoco era muy normal que digamos.

A storm is approaching (I)

Tal y como me prometí, antes de exponerme a correr algún riesgo recogí el equipo y me dirigí para casa donde, parapetado tras los cristales, pude contemplar la fuerza de una tormenta que, gracias a estas fotos, no olvidaré.

A storm is approaching (III)

¡Nos leemos!

El pimiento ruso

Este fin de semana me acordé de una frikada a la que solíamos jugar hace muchos años mis hermanos y yo: el pimiento ruso. Juego que no sé si inventamos nosotros o bien ya lo jugaban nuestros ancestros en alguna aldea gallega; pero el caso es que un día se nos ocurrió y estoy seguro que de haberlo grabado y colgado en Youtube (que por aquella época ni siquiera existía) la cosa hubiera tenido su éxito porque era algo digno de verse.

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No sé si sabréis en qué consiste el “juego” de la ruleta rusa. Por si acaso aquí os dejo un enlace a la definición en Wikipedia; si bien en nuestro caso no había balas, pistolas ni dinero de por medio, sino tan sólo una bolsa de pimientos de Padrón que, por si no los habéis probado nunca, están riquísimos.

Este tipo de pimientos tienen la peculiaridad de que unos saben a pimiento sin más y otros pican de una manera muy bestia sin poder distinguir a simple vista si son de un tipo o de otro. Es decir, que si en una bolsa vienen 50 pimientos, a lo mejor 10 de ellos son picantes (MUY picantes) y el resto son totalmente inofensivos.

La gracia del asunto consistía en que nos sentábamos a la mesa y de la sartén de pimientos recién hechos cogíamos por el rabito uno cada comensal y a la de tres nos lo metíamos entero en la boca masticándolo con fuerza. Durante los primeros instantes ninguno sentía el más mínimo picor, pero a aquel (o aquellos) que le había tocado uno de los picantes, de repente empezaba a notar un fuego intenso que se iniciaba en la lengua e inexorablemente iba avanzando y creciendo en su interior ante las risas del resto del grupo.

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En mi caso particular, recuerdo uno que me tocó una vez que, además del consabido picor intenso en la boca, consiguió que empezaran a caerme unos lagrimones considerables por las mejillas, a hincharse los labios e incluso a zumbarme los oídos mientras daba vueltas por la cocina soltando todo tipo de improperios y agitando los brazos como un gorrión aprendiendo a volar.

No recordaba haber probado nada más picante en mi vida y pese a que después me bebí casi un litro de agua y un par de vasos de leche y que engullí media docena de quesitos, un buen trozo de pan, un tomate y un yogur, no conseguía sacarme el picor de encima. Era como si me hubiera tragado una bola de napalm y se hubiera incendiado en mi estómago dejando además mi lengua con la textura de un neumático usado.

Como os decía hace unos párrafos, la gracia del juego es que a priori no sabías si el pimiento que estabas a punto de degustar iba a ser algo delicioso o un bomba que estaba a punto de arrasar totalmente tu sentido del gusto durante unas cuantas horas; pero lejos de apostarnos dinero o cualquier otra cosa, esa incertidumbre visible en nuestras caras cuando teníamos el pimiento en la mano era lo que hacía de este juego toda una experiencia.

Usando un Garmin Etrex 10 con mapas personalizados

Siempre me ha fascinado la tecnología GPS. Tuve conocimiento de ella gracias a la mítica revista ON-OFF en la década de los 90 pero hasta que no pasaron unos cuantos años no tuve ocasión de probarla por mí mismo.

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Mi admiración por los GPS

Recuerdo que la primera aplicación práctica de un GPS que pude ver fue en un navegador Navman que mi padre compró para un viaje familiar que hicimos por Galicia hace ahora 10 años y que nos vino estupendamente para no perdernos por las carreteras entre pueblo y pueblo durante las muchas excursiones que hicimos aquellos días.

Casi al mismo tiempo un buen amigo mío se compró un navegador similar y para probarlo recuerdo que programamos una calle de Guadalajara como punto de destino saliendo desde Alcalá de Henares. Lo que queríamos comprobar era la capacidad del aparato para recalcular la ruta si te pasabas el desvío indicado, de modo que estuvimos todo el tiempo haciendo justo lo contrario a lo que nos indicara la voz del aparato: si había que girar a la derecha, nosotros seguíamos rectos, si había que tomar la segunda salida en una glorieta nosotros cambiábamos de sentido, cuando por la autopista nos indicaba que tomáramos una salida nosotros seguíamos y tomábamos la siguiente…

Y sin embargo, no había manera de liar al puñetero GPS porque a los pocos segundos siempre encontraba otro camino que nos acababa llevando al destino prefijado. Algo que seguramente a día de hoy os parecerá muy normal porque estaréis hartos de ver y usar sistemas de navegación para ir a muchos sitios, pero en aquellos momentos en los que un GPS para coche costaba trescientos o cuatrocientos euros era algo todavía no muy extendido y, para nosotros, casi de ciencia-ficción.

Cuanto más trasteaba y más me informaba de la tecnología que gobierna los GPS más fascinante me parecía: que un aparato que cabe en un bolsillo pueda darte tu posición en cualquier lugar del mundo con una precisión de pocos metros gracias a la triangulación de señales que una constelación de satélites en órbita transmiten continuamente era algo que facilitaba la vida enormemente a mucha gente.

He tenido un par de GPSs de coche (un Mío y un TomTom) y varios smartphones los cuales cuentan con el servicio de Google Maps para navegación; pero también es cierto que me faltaba un cierto tipo de dispositivos que siempre había mirado con ojos golosos pero hasta ahora no me había decidido a comprar: los GPS de mano.

Dado que lo quería básicamente para “cacharrear” un poco y medir en tiempo real distancias, velocidades de paso, promedios, etc… me decidí por el modelo más básico de Garmin a sabiendas de sus limitaciones. Se trata del Etrex 10, el cual cuenta con unos 8 MB de memoria interna que utiliza para todos los datos que tenga que almacenar, incluyendo mapa base, rutas, tracklogs y waypoints.

Efectivamente, la cantidad de memoria es muy escasa y no existe posibilidad de ampliarla, de modo que lo que pretendo es explicaros qué he hecho yo para adaptar este modelo de GPS a mis necesidades (muy básicas, todo sea dicho) resumiendo un poco lo que he ido aprendiendo de aquí y de allá gracias a toda la información que hay disponible en Internet. Comentaros también que ahora mismo lo tenéis por 85 € en las tiendas Decathlon, que es donde lo he comprado yo.

Características del dispositivo

Para no enrollarme demasiado, os copio a continuación las especificaciones técnicas oficiales dadas por el fabricante:

Características físicas y de rendimiento

Dimensiones de la unidad (Ancho/Alto/Profundidad) 2,1″ x 4″ x 1,3″ (5,4 x 10,3 x 3,3 cm)
Tamaño de la pantalla (Ancho/Alto) 1,4″ x 1,7″ (3,6 x 4,3 cm); 2,2″ en diagonal (5,6 cm)
Resolución de pantalla (Ancho/Alto) 128 x 160 píxeles
Tipo de pantalla transflectiva, monocroma
Peso 5 oz (141,7 g) con pilas
Batería 2 pilas AA (no incluidas); se recomienda NiMH o litio
Duración de la batería 25 horas
Clasificación de resistencia al agua IPX7
Receptor de alta sensibilidad
Interfaz del equipo USB

Mapas y memoria

Mapa base
Puntos de interés personalizables (posibilidad de agregar puntos de interés adicionales)
Waypoints 1000
Rutas 50
Track log 10.000 puntos, 100 tracks guardados

Es importante dejar claro que el Garmin Etrex 10 es un modelo que en teoría no admite más mapas que el mapa base que trae de serie. Este mapa, llamado gmapbmap.img, abarca todo el globo terráqueo pero con tan poco detalle que sólo veremos los contornos de los países y las principales ciudades de cada uno. Olvidaos de carreteras, senderos, lagos, puntos de interés y cualquier otra cosa que no sean fronteras y ciudades grandes.

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Sin embargo, que el Etrex 10 no acepte otros mapas nativamente no quiere decir que estemos limitados a usar el espartano mapa que trae, ya que buscando un poco por Internet di con la solución: el servicio de descarga de mapas de BBBike.org y un poco de trabajo por nuestra parte.

En dicha web contamos con una funcionalidad de lo más interesante (y gratuita): podemos seleccionar cualquier parte del mapa del mundo permanentemente actualizado y convertirlo a un formato digerible por nuestro dispositivo, contando además con varias opciones al respecto para adaptarnos a nuestras necesidades. Mapas que, dicho sea de paso, son los del ambicioso proyecto Open Street Map.

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Una vez elegida la zona que queremos exportar debemos elegir el tipo de mapa, siendo el más completo (siempre hablando de los dispositivos Garmin) el OSM estándar. Para que os hagáis una idea, exportar en este formato un área rectangular que comprenda Alcalá de Henares, la parte Este de Madrid, Alcobendas y Algete ocupa aproximadamente 6 MB; y si lo que queremos es un mapa que abarque al completo la ciudad de Alcalá de Henares al final nos va a ocupar cerca de 1,5 MB.

En este formato de mapa vamos a poder ver carreteras, calles, senderos, zonas boscosas, ríos, multitud de puntos de interés… Para mí es el formato de mapa ideal para “todo uso”. De todos modos, disponéis también de un formato que ocupa aproximadamente una octava parte de este pero en el que sólo aparecen calles y ríos, de tal modo que podéis haceros un mapa de toda la Comunidad de Madrid que os ocupará unos 5 MB en total, si bien como os decía, carecerá de muchos detalles y no os valdrá de mucho si tenéis pensado salir de zonas urbanas.

Desde mi punto de vista, lo ideal sería tener mapas detallados de las zonas por las que vayamos a transitar y cargarlos en el dispositivo en función del plan que tengamos en mente. Es decir, que si este fin de semana vais a ir a la sierra de Madrid y al que viene os vais a acercar a Valencia a conocer el centro de la ciudad (cosa que os recomiendo totalmente, por cierto) podéis cargar hoy el mapa de la sierra y a la vuelta de la excursión borrar ese y cargar el de Valencia, porque hacer un mapa que abarque las dos zonas puede ocupar mucha más memoria de la que nuestro Etrex 10 dispone.

Excursión a Valencia (7/7/12)

Cuando solicitáis un mapa, la web de BBBike os preparará un zip con el mapa y algunos archivos más, y de lo que se trata es de borrar el mapa gmapbmap.img que trae el dispositivo sustituyéndolo por el que acabamos de descargar, el cual tiene por defecto el nombre gmapsupp.img así que habrá que renombrarlo para que nuestro dispositivo lo reconozca. El resto de archivos del fichero zip podéis ignorarlos. Para otros modelos de GPS de Garmin que sí aceptan mapas, con copiar la carpeta y su contenido al dispositivo, la información del nuevo mapa se agregará automáticamente al mapa base.

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Por cierto, no os he comentado que para acceder a la memoria del Etrex 10 desde un ordenador tenemos que conectarlo mediante un cable miniUSB estando seleccionada la opción de “almacenamiento masivo” en las opciones del GPS. De ese modo será como si conectáramos un pendrive USB a la hora de copiar, renombrar y reemplazar ficheros. Más sencillo imposible.

Si curioseáis un poco por la web de BBBike veréis que hay multitud de formatos de salida para los mapas incluyendo algunos de curvas de nivel, cosa que agradecerán los amantes de la montaña. Dado que yo soy más bien de terrenos llanos en general (ya sea en ciudad o por el campo) es para mí un tema secundario, pero sé que habrá gente que se alegrará de contar con ese recurso. También hay alguno optimizado para ciclismo en el que se destacan los carriles bici y los senderos transitables e incluso alguno pensado para navegación marítima.

A modo de ejemplo os pongo una fotografía de mi Etrex 10 con una parte del mapa del parque Juan Carlos I para que os hagáis una idea del detalle con el que podemos contar en el mapa ofrecido por BBBike. Como podréis ver, aparecen además de los caminos, la ubicación de las fuentes, los servicios, el canal de agua que recorre el parque, algunas zonas destacadas…

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Tracks, waypoints, logs…

Vamos a empezar la parte técnica explicando lo que es un waypoint, que no es otra cosa que unas coordenadas que marcan de manera inequívoca un punto de la superficie de la tierra. Es decir, que es una manera de registrar un lugar al que queremos volver en un futuro o bien queremos darlo a conocer a otras personas por cualquier motivo.

Un waypoint puede ser el portal de nuestra casa, el lugar en el que hemos aparcado el coche, la entrada a una cueva que hemos descubierto o el punto exacto de una calle en la que se ha producido una rotura en una tubería de agua. Las aplicaciones son muchas y diversas, y dependen de la imaginación y las necesidades de cada usuario.

Tenemos por tanto en nuestro dispositivo una serie de puntos guardados que podemos emplear como “paradas intermedias” de una ruta. Es decir, que podemos seleccionar como punto de inicio el portal de casa, como primera parada el quiosco de prensa, luego ese monumento tan conocido en el centro de la ciudad, a continuación una cafetería en la que pararemos a tomar algo fresco para recuperar fuerzas y por último, una panadería en la que comprar una buena hogaza para la hora de comer.

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Esas serán las etapas de nuestro paseo, pero cuando salgamos del portal en el mapa del GPS vamos a ver una perfecta línea recta que llega hasta el quiosco, y luego otra hasta la estatua… y así hasta completar toda la ruta planificada. ¿Por dónde tenemos que ir entonces?

Bueno, lo que tenéis que tener claro a la hora de emplear un Etrex 10 es que no se trata de un dispositivo de navegación que os vaya a marcar el camino a seguir para llegar a tal o cual sitio como hace, por ejemplo, Google Maps o un TomTom para el coche. Cuando tú marcas un punto de destino el Etrex 10 te va a indicar la distancia y la orientación en línea recta hasta dicho punto, dando igual si está a 20 metros o tienes que cruzar la cordillera del Himalaya para llegar a él. Eso ya, depende de ti.

A lo mejor os parece un atraso, pero es que el dispositivo está pensado para que te lo curres un poco. Me explico: la gracia del Etrex 10 (y en general de todos los dispositivos de este tipo) es que a medida que nos vamos moviendo va dejando en el mapa un rastro de “miguitas de pan”. Es decir, que nuestra trayectoria se va grabando en lo que se llama un tracklog que podemos consultar, grabar e incluso invertir para volver al punto de inicio en un momento dado.

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Como podéis ver en la imagen superior, mi ruta planificada son una serie de waypoints por el centro de Alcalá de Henares entre los que el GPS va marcando líneas rectas gruesas al más puro estilo “une los puntos”. Por otra parte, el tracklog que mi movimiento va generando es esa fina linea punteada, de modo que podéis ver que poco importan las calles que yo vaya recorriendo siempre que vaya pasando por los diferentes waypoints para que el GPS considere que voy cumpliendo con la ruta planificada.

Una vez que tenemos el tracklog grabado en memoria, el dispositivo sí que va a poder ir dirigiéndonos de nuevo por la trayectoria que hemos hecho, ya que el tracklog no es más que una sucesión de muchos waypoints por los que el GPS nos va a ir guiando secuencialmente. Es decir, que es como la ruta de cinco waypoints que planificamos al principio pero ahora con, supongamos, doscientos waypoints que se han ido generando internamente en puntos significativos del camino y que, por tanto, nos llevará exactamente por el camino recorrido anteriormente.

Como ya os podréis imaginar, una de las ventajas de los GPS de este tipo es que vamos a poder compartir nuestros tracks con el resto del mundo y del mismo modo vamos a poder grabar en nuestro dispositivo tracks hechos por otras personas para así descubrir nuevos parajes.

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Algunos consejos

  • Emplead un rato en echarle un ojo al manual del equipo (os dejo aquí el enlace al mismo) para familiarizaros con los controles y las diversas opciones que nos permitirán configurar el equipo en base a nuestros gustos y/o necesidades.
  • En el primer arranque al dispositivo le llevará unos minutos fijar nuestra posición y para ello es recomendable buscar una zona lo más despejada de edificios posible. A partir de ahí fijar la posición será cuestión de segundos siempre que tengáis cielo sobre vuestras cabezas. Supongo que a estas alturas del artículo ya tendréis claro que los GPS no funcionan bajo techo.
  • Aunque las pilas duran bastante, os recomiendo llevar siempre un par (o dos pares) en la mochila. No abultan y pueden sacarnos del apuro. Aparte de esto yo también llevo siempre encima una linterna pequeña, pero eso es ya otra historia diferente.
  • Al crear nuestro propio mapa no apuréis mucho la escasa memoria libre del dispositivo, ya que al ser compartida por todo lo que se graba en él podemos encontrarnos con que a mitad de ruta nos hemos quedado sin espacio para seguir almacenando el tracklog. Es muy tentador meter el mapa de toda nuestra comunidad autónoma en el pequeño GPS y así no tener que preocuparnos de nada, pero al final seguro que no recorréis más de un 5% de su superficie y estaremos ocupando memoria innecesariamente.
  • Al inicio de cada excursión es importante borrar el tracklog y los parciales/totales de distancia recorrida, velocidad media y de ese modo ahorrar algo de la preciada memoria de almacenamiento además de para evitar mezclar recorridos diferentes y que luego nos volvamos locos al pasarlos al ordenador.
  • La retroiluminación gasta muchas pilas. No la uséis si no es estrictamente necesario. La pantalla, al ser en blanco y negro, no la necesita para nada bajo la luz del día. ¿Recordáis lo bien que se veían al sol los móviles de principios de la década del 2000? Pues eso mismo pasa con la pantalla del Etrex 10.

Y por el momento eso es todo. No es un artículo especialmente técnico, pero es que lo que pretendía es dar unas pistas sobre cómo poder emplear mapas personalizados en este pequeño dispositivo, ya que según sale de la caja puede hacer que muchos usuarios queden descontentos pero con un poco de esfuerzo podemos conseguir cubrir nuestras “necesidades excursionistas” empleando un dispositivo sencillo, fiable y económico.

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¡Nos leemos!

Rincones: Cantabria

Como os decía en la entrada del noveno aniversario del blog, de un tiempo a esta parte me centro más en mostraros imágenes y narraros experiencias que en hablar de fotografía pura y dura a nivel técnico; y ya os adelanto que el de hoy es otro de esos artículos basados en la luz que llega al sensor de mi cámara (la Olympus E-PL1 en este caso) mientras paso unos días de vacaciones con mi chica por algún rincón de España.

Dado que ya habíamos visitado Galicia y Asturias, siguiendo una especie de orden geográfico natural en esta ocasión nos decantamos por Cantabria (y ya os podéis imaginar cual será nuestro próximo destino) pero sin obsesionarnos con ver muchas cosas en poco tiempo.

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Digo esto porque una vez estuvimos un par de días en Barcelona pretendiendo visitar un montón de lugares y lo único que conseguimos fue ir a toda prisa de aquí para allá mirando el reloj y sin disfrutar de la ciudad. Aquello marcó un punto de inflexión en nuestros viajes y desde entonces buscamos un “campamento base” y desde allí vamos haciendo las excursiones que nos van apeteciendo y cuadran con nuestro ritmo de vida.

En en este caso hemos estado alojados en Santillana del Mar; localidad muy próxima a Torrelavega y, para nuestro gusto, realmente bonita. Casco histórico con calles empedradas, casas con balcones de madera, tiendas de productos típicos y muchos rincones con encanto situados en las afueras.

Ya que estábamos allí no podíamos dejar de visitar las cuevas de Altamira. Bueno, en realidad su reproducción, ya que la original fue cerrada a finales de los 70 debido a que la enorme afluencia de visitas estaba degradando a toda velocidad sus espectaculares pinturas rupestres.

Una de las ciudades que más nos gustó fue Comillas. Una de esas excursiones improvisadas sobre la marcha y que nos sorprendió gratamente tanto por su localización junto al mar como por sus bellos y pintorescos edificios, dentro de los cuales nos fascinó especialmente “El capricho de Gaudí”: una casa llena de detalles curiosos encargada por un afamado abogado de la ciudad al genial arquitecto.

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Cantabria Oct-16

Cantabria Oct-16

También destacaba especialmente (aunque no nos dio tiempo a acercarnos) una casa de aspecto de cuento situada en lo alto de una colina que traté de plasmar en la lejanía con ayuda de mi teleobjetivo. No sabemos si era visitable o no, pero me quedé con ganas de acercarme por allí para echar un vistazo más de cerca; de modo que nos lo dejamos apuntado en nuestra lista de tareas por si algún día volvemos a pasar cerca de Comillas.

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Potes fue otra de esas localidades que nos dejaron un muy buen sabor de boca. Cuando entras al pueblo no parece ser gran cosa, pero a medida que vas caminando y te adentras en su casco histórico te encuentras con que el río que lo atraviesa está surcado por puentes de estilo medieval que dan al lugar un aspecto de lo más pintoresco.

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Allí aprovechamos para comer y hacer la compra; y al iniciar el camino hacia nuestro siguiente destino grabé desde el techo del coche con una Polaroid Cube un time-lapse (8x) del trayecto entre las localidades de Potes y Panes a través del desfiladero de La Hermida. Un recorrido entre montañas siguiendo el curso de un río en el que hay que ir despacito por la cantidad de curvas y estrechamientos que nos vamos encontrando. El vídeo dura poco más de cuatro minutos y espero que os guste.

Tras algo menos de una hora llegamos a San Vicente de la Barquera. Una localidad costera con puerto y una iglesia en lo alto de una colina (si algo me ha quedado claro de cantabria es que siempre estás subiendo o bajando porque no hay más de 100 metros seguidos de terreno llano) desde la cual se divisaban unas bonitas vistas. Tras una vuelta por todo el pueblo nos tomamos un chocolate con churros para reponer fuerzas y emprendimos viaje de regreso a casa.

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Por último, también visitamos otra cueva quizá no tan famosa como Altamira pero también extremadamente bella: la cueva del Soplao. Una galería minera que enlaza con una enorme cavidad natural excavada por el agua llena de estalactitas y estalagmitas que en algunas zonas parecen desafiar a la gravedad y que, por supuesto, estaba prohibido fotografiar.

Os recomiendo la visita a la cueva porque os va a sorprender muy gratamente y lo que sí os puedo mostrar es una vista del paisaje que se desde su entrada, ya que se encuentra en la cima de un monte en las cercanías de la localidad de Celis desde donde se divisa un paisaje muy típico de esta zona.

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Y a grandes rasgos esto es lo que dio de si nuestro viaje. Cuatro días muy aprovechados en los que además nos hizo un tiempo estupendo. No sé cómo lo hacemos, pero en todas las ocasiones que hemos visitado el norte de España apenas nos ha llovido rompiendo con el tópico de que por esas latitudes hay que ir siempre con paraguas, chubasquero y botas de agua.

Regresamos hace muy pocos días de las tierras cántabras, pero ya estamos deseando coger de nuevo carretera en cualquier dirección para seguir descubriendo rincones con encanto.