Review: Olympus M. Zuiko Digital ED 40-150mm f4.0-5.6 R

Aunque la D300 sigue siendo mi cámara fotográfica “oficial”, poco a poco la Olympus E-PL1 se ha ido ganando mi confianza a medida que me ha ido acompañando en más y más situaciones en las que quería viajar “ligero de equipaje”, así que es normal que quiera ir ampliando el equipo y una cosa que echaba de menos era un teleobjetivo.

Olympus E-PL1 + 40-150 f/4-5.6

Siguiendo con la filosofía que empleo con esta cámara no quería un objetivo grande y pesado; sino un tele ligero y que incluso estando montado me permitiera guardar la cámara en el bolsillo de un abrigo. Para cargar peso ya está la D300 con el Nikon 80-200 f/2.8 que da una calidad de imagen tremenda; pero como os decía antes, la filosofía de la E-PL1 es la de poder llevar un aparato encima que de una buena calidad de imagen sin dejarme la espalda en ello.

Esto es debido a que el 90% de las veces que salgo de casa no voy expresamente a hacer fotos; pero sí que es verdad que en esas ocasiones más de una vez he visto una situación que merecía la pena ser fotografiada y he echado de menos llevar una cámara decente encima.

Bici

Y aquí es donde entra en juego este Olympus M. Zuiko Digital ED 40-150mm f4.0-5.6 R del que hoy os voy a hablar, puesto que cumple con las premisas anteriormente citadas y complementa a los dos objetivos que ya tenía para este formato.

Aspecto externo

Al ser un teleobjetivo no demasiado luminoso y diseñado para formato m4/3 el tamaño del mismo es bastante contenido. De hecho, en relación al cuerpo de la cámara, su tamaño no es mucho más grande que un Nikon 55-200 VR montado en una D300 (y además obtendremos en ambos casos focales equivalentes muy parecidas).

En la fotografía que tenéis a continuación podéis ver el equipo m4/3 del que dispongo actualmente, que consiste en la Olympus E-PL1, el 14-42 que trae la cámara “de serie”, el anteriormente analizado 14mm f/2.5 de Panasonic y el recién llegado del que hoy estamos hablando.

Mi equipo m4/3

Tanto el cuerpo del objetivo como su montura son de plástico; algo lógico en esta gama de objetivos. Sin embargo, el cuerpo tiene un tacto sólido tanto al agarrarlo como al emplear el anillo de zoom, por lo que parece mejor de lo que en realidad es. El anillo de enfoque va mucho más suave; pero es que internamente no mueve ningún engranaje, sino que se limita a dar órdenes a la cámara a través de señales eléctricas para que esta varíe el plano de enfoque en consecuencia en lo que se denomina “by wire focus”.

La montura plástica no me daba tanto miedo en el 14-42 como en este 40-150 debido a que el cuerpo es más largo y, por tanto, más propenso a golpes. Además, cuando empleamos la máxima distancia focal disponible el objetivo prácticamente duplica su longitud y por la ley de la palanca, un golpe aplicado en el extremo causará bastante tensión en la unión con el cuerpo de la cámara. Habrá que ir con cuidado no vayamos a tener un disgusto.

Encuadre

Por cierto, comentar que la que tengo es una nueva versión de este objetivo cuya única diferencia es que cuenta con un elemento asférico además de la ‘R’ que cuelga al final de su nombre completo. Este tipo de lentes se supone que dan más calidad de imagen, pero como no he probado la versión anterior no sé si la diferencia será muy grande o no.

Características técnicas

Para los amantes de los números, os dejo a continuación las características técnicas de esta óptica; si bien para mi gusto lo más importante es saber sacarle partido a lo que tenemos y, sobre todo, disfrutar de esta afición tan sana.

  • Formato: m4/3
  • Distancia focal: 40 mm – 150 mm (80 mm – 300 mm en equivalente a 35 mm)
  • Construcción: 13 elementos en 10 grupos. 1 elemento asférico y 1 elemento de alta densidad
  • Ángulo de visión: 30 – 8.2 grados
  • Tipo de enfoque: automático con motor ultrasónico y compatible con vídeo
  • Distancia mínima de enfoque: 90 cm
  • Ratio máximo de ampliación: 0.16x (0.32x en equivalente 35 mm)
  • Diafragma: 7 palas redondeadas
  • Aperturas máximas: f/4.0 (40 mm) – f/5.6 (150 mm)
  • Apertura mínima: f/22
  • Diámetro de filtro: 58 mm (no gira cambiando la focal ni el enfoque)
  • Dimensiones a 40 mm: 63.5mm (diámetro) x 83mm (largo)
  • Peso: 190 gramos

Es un teleobjetivo

Puede parecer una perogrullada, pero no debemos de olvidar que este 40-150 es un teleobjetivo, de modo que haciendo uso de él tendremos todas las ventajas y desventajas de este tipo de ópticas. Como ya os he dicho alguna vez, un teleobjetivo no sirve para acercarse más a las cosas (para eso ya tenemos nuestros pies) sino para jugar con los conceptos de cerca-lejos así como para desenfocar los fondos aislando el motivo principal que queramos retratar.

Distancia

Si sabemos encuadrar el sujeto correctamente y usamos una distancia focal elevada, los fondos aparecerán borrosos dando lugar a bonitas composiciones. Esto es algo que ya vimos en un artículo de hace tiempo; y aunque en esta ocasión al no tener una distancia focal tan elevada (no olvidemos que como máximo tenemos disponibles 150 mm) ni una gran apertura (a esa focal nos tendremos que conformar con f/5.6) el desenfoque no será tan acusado, al usuario del habitual 14-42 que viene de serie con la cámara le parecerá un salto de gigante cuando vea que en ciertas composiciones el fondo prácticamente desaparece.

Ofrenda

En general, los teleobjetivos son más sencillo de usar que los angulares, ya que nos centraremos en una sola zona de la imagen pudiendo casi ignorar el resto. Con una distancia focal muy corta tendremos que tener cuidado con todo lo que ocurra alrededor del motivo principal porque el ángulo de visión es muy amplio y casi todo aparecerá nítido en la fotografía.

Barca

Calidad de imagen

Sería una tontería analizar la calidad de imagen de un objetivo diseñado para m4/3 sin tener en cuenta que las cámaras compatibles con este formato corrigen automáticamente la mayor parte de las aberraciones y distorsiones ópticas. Por lo que he podido comprobar, si disparamos en RAW (no se aplicarán correcciones en tal caso) hay alguna deformación apreciable a simple vista si colocamos el horizonte en un extremo del encuadre, pero como la cámara corrige este tipo de cosas automáticamente al disparar en JPG es algo que no debe de preocuparnos.

Motos

En cualquier caso, si optáis por disparar en formato RAW, esas correcciones las podéis realizar tranquilamente en el ordenador empleando Adobe Lightroom o algún programa similar.

Remarcar también que este teleobjetivo no lleva ningún tipo de estabilizador óptico. Esto es debido a que las cámaras m4/3 de Olympus llevan la estabilización en el propio sensor, de modo que no es necesario estabilizar la óptica. Sin embargo, esto es algo que debemos de tener en cuenta si tenemos una cámara Panasonic, pues aunque el objetivo es plenamente compatible, este fabricante no estabiliza sus cámaras para implementar el sistema directamente en los objetivos (que es lo que siempre han hecho Nikon o Canon por ejemplo).

Naturaleza

La ventaja de las cámaras Olympus, por tanto, es que estabilizarán cualquier cosa que montemos en su bayoneta (hasta una botella de cerveza si encontramos el adaptador adecuado) mientras que en las cámaras de Panasonic no contaremos con estabilización óptica a no ser que utilicemos un objetivo que cuente con algún sistema integrado compatible (y no, creo que todavía no han sacado botellines estabilizados).

Cierto es que la luminosidad de esta óptica no es demasiado elevada (recordad: f/4.0 – 5.6) y que el escaso peso del conjunto cámara + objetivo no lo hacen la mejor opción para situaciones con poca luz a no ser que dispongamos de un trípode. Sin embargo, en cuando la claridad del día se hace patente podemos conseguir imágenes muy buenas sin apenas esfuerzo, aunque no está de más recordar que hay que saber agarrar la cámara para ganar en nitidez, que el estabilizador óptico tampoco es que haga milagros.

Pastel

Siendo conscientes de lo que tenemos entre manos lograremos fotografías muy resultonas; pero si creemos que con él vamos a poder fotografiar todo lo que queramos nos llevaremos más de una decepción.

Tarde

Conclusiones

Este 40-150 de Olympus no es un teleobjetivo diseñado para fotografiar cosas en rápido movimiento o situaciones extremas. No es demasiado luminoso, no es resistente a la lluvia o al polvo, su enfoque no es tan rápido como un objetivo para cámara réflex… Se trata de una óptica pensada para un uso tranquilo y para poder disponer de focales largas en un equipo que ni pesa ni abulta demasiado.

Bocabajo

Paisajes, retratos, puestas de sol, patos nadando en un estanque… Ese tipo de cosas son para las que está pensado este objetivo, y todo lo que sea sacarlo de ahí es jugársela porque estaremos sobrepasando las limitaciones de nuestro equipo fotográfico. Si nuestras necesidades son más elevadas entonces mejor recurrir a una réflex clásica con alguna óptica luminosa y “a prueba de bombas”.

Niebla

Lo que más me gusta del Olympus 40-150 es su escaso peso y tamaño así como el buen tacto que tiene al hacer uso de él; aunque por otra parte, el hecho de que su montura sea de plástico me hace ser especialmente cuidadoso a la hora de llevar la cámara colgando, ya que un mal golpe podría dejaros con el objetivo partido en dos trozos.

Por los cerca de 300 euros que cuesta creo que es una buena inversión que va a ampliar mucho mis posibilidades creativas con esta pequeña cámara. De todos modos, si todavía no habéis entrado en el mundillo del m4/3 os recomiendo que os hagáis con un kit que incluya tanto el habitual angular como un teleobjetivo porque si echáis cuenta veréis que el tele os sale casi regalado y no tendréis que comprarlo aparte meses después como he hecho yo.

Soledad

En definitiva, una óptica compacta y ligera que vendrá a satisfacer nuestras necesidades fotográficas cuando empecemos a sentirnos un poco encasillados con el angular que la cámara trae de serie.

Imágenes de ejemplo

Como es habitual, para finalizar el análisis me gustaría compartir con vosotros algunas imágenes más de ejemplo captadas con este objetivo (además de todas las que hay intercaladas entre los párrafos anteriores) para que os hagáis una idea por vosotros mismos de lo que podéis esperar de él.

Amanecer

Faro

Pueblo

Arena

Descanso

Zig-zag

Otras reviews (en inglés)

Hay otros sitios en internet donde han analizado este objetivo y os lo enlazo porque creo que es interesante si queréis ampliar información sobre él. Aun así, quería comentaros que las dos primeras son de la versión “no R” que, como os dije al principio del artículo, no cuenta con el elemento asférico que el modelo que yo tengo incluye mientras que la tercera sí que analiza “la versión R”.

  1. Photography blog
  2. Bob Atkins
  3. Blogbeebe

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Un amanecer muy especial

No tenía pensado pasar por el mirador del balcó ayer al amanecer, pero la fuerza de la costumbre hizo que me despertara a las siete de la mañana y como soy incapaz de estar más de cinco minutos vagueando en la cama enseguida pensé en agarrar la cámara y salir a ver los primeros rayos de sol bañando esta localidad costera.

Ya subiendo por las curvas de la carretera que asciende por las faldas del Bobalar notaba que había una luz especial en el ambiente; y es que aquellos árboles cuyas copas rozaba la luz del sol habían adquirido una tonalidad rojiza nada habitual, de modo que imaginé que ese amanecer iba a tener algo especial (y no me equivocaba).

Islas Columbretes (I)

Nada más aparcar el coche observe que el horizonte parecía estar a punto de estallar en una gama de tonos anaranjados y rojizos, de modo que monté el angular y capté la imagen que tenéis sobre estas líneas tratando de enmarcarla entre dos árboles que hay allí.

Fijándome con detenimiento pude ver que había algún tipo de relieve justo en la línea del horizonte y pensé que serían algunos barcos como tantos otros que se mueven por las cercanías del puerto de Castellón. Sin embargo, entre la bruma teñida de color vino vislumbré el perfil de las islas Columbretes y enseguida monté el teleobjetivo para confirmar mis sospechas.

Islas Columbretes (II)

Efectivamente, se trataba de las Columbretes. Unas islas que se encuentran a 50 Km de distancia de Oropesa (más información en Wikipedia) y que teóricamente se pueden observar en días muy claros pero que yo no había visto todavía pese a haber subido a aquel paraje muchas veces en mi vida. Supongo que el hecho de que en estas fechas el sol salga justo por detrás de ellas ayuda a que se puedan distinguir “a contraluz” pero sea como sea tuve la impresión de estar ante un acontecimiento muy especial.

Desde que era pequeño había escuchado la historia de que las Columbretes se pueden divisar a simple vista si se dan las circunstancias adecuadas, de modo que todas y cada una de las veces que he subido a algún lugar elevado he mirado en esa dirección con la esperanza de dar con ellas aunque, como os decía, hasta ahora jamás lo había conseguido. Por eso, al verlas ayer con esa claridad hasta el punto incluso de distinguir el faro que hay en un extremo de la isla principal experimenté una sensación muy especial.

Islas Columbretes (III)

Lamenté no haberme llevado el 80-200 f/2.8 en lugar del 55-200 VR, porque pese a sus años, disparando a 200mm es mucho más nítido en f/4 que el 55-200 a f/8. No es que las fotos se vean mal; pero hubieran salido todavía mejor de haber contado con “mi pequeño trabuco” y además hubiera obtenido tiempos de exposición mucho más cortos, lo cual viene muy bien cuando se dispara a pulso.

Eso sí, ya os adelanto que estas no son las únicas imágenes que capté; de modo que en breve tendréis otra historia con trasfondo fotográfico por aquí.

Retratos y angulares: no siempre incompatibles

Siempre se ha dicho (yo el primero) que lo mejor para realizar un retrato es usar un teleobjetivo, ya que éste aplana las facciones y además difumina el fondo de la imagen de tal modo que la atención del espectador recaerá sobre el protagonista de la misma.

Frustración

Ejemplo de retrato hecho con un teleobjetivo en el que podemos ver cómo el fondo aparece tan difuminado que es irreconocible.

Sin embargo, usar un angular para estos menesteres puede ser útil en determinadas circunstancias; sobre todo si buscamos darle un aire informal a nuestro retratado.

Tened en cuenta que al utilizar un angular, las facciones se alargarán más cuanto más corta sea la focal (sobre todo teniendo en cuenta que para llenar el encuadre tendrás casi que ponerle el objetivo en la nariz al modelo) y además el retratado y el fondo aparecerán con una nitidez similar debido a la gran profundidad de campo que poseen este tipo de ópticas y que es algo que podéis apreciar en el ejemplo que tenéis bajo estas líneas y para el que he empleado la técnica de la distancia hiperfocal.

Playa de Morro de Gos (Oropesa)

Fotografía de paisaje realizada con un objetivo angular

Pero como os decía, no siempre debemos de evitar estos efectos secundarios, ya que en ocasiones pueden resultar creativos y divertidos. Os dejo a continuación con un par de ejemplos de esto que os digo explicando un poco lo que pretendía en cada uno:

Plano picado con angular

En el primero de ellos lo que buscaba al emplear el angular era precisamente ese alargamiento del cuerpo que se puede apreciar gracias al ángulo de disparo y la focal empleada, sobre todo en el brazo que está más cerca de la cámara. Como podéis ver, esa alteración en las proporciones llama la atención del espectador y al mismo tiempo nos sitúa en el lugar donde está hecha la fotografía.

Autoretrato

El segundo ejemplo está hecho a escasos centímetros de mi cara (ya os decía que para llenar el encuadre con un angular hay que acercarse mucho) y de ahí que mi nariz y mis ojos aparezcan desproporcionadamente grandes. Lo que pretendía en este retrato es darle a la imagen un aire un poco irreal; algo que también busqué mediante el tratamiento del color. No sé si lo conseguí o no; pero la fotografía al menos me ha servido para ilustrar esto que hoy quería contaros.

Como os decía antes, para retratos “serios” lo suyo es emplear un teleobjetivo (y mejor si es de apertura generosa). Sin embargo, el uso de un angular puede dar lugar a efectos interesantes que darán un aire informal a nuestras imágenes. Esta es la teoría. Ahora sólo os queda coger la cámara y poneros a practicar.

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Campeonato de España de cross en Oropesa del Mar

Este año la real federación española de atletismo ha celebrado el campeonato nacional de cross por clubes en las praderas existentes junto a Marina D’or en Oropesa del Mar; y como ya os estaréis imaginando esta mañana he sacado tiempo de debajo de las piedras para acercarme por allí a hacer unas fotos.

Salida

Si hace ya tres años disfruté bastante haciendo fotos en una carrera popular que se celebró por las calles de Oropesa, he de reconocer que durante la mañana que he pasado entre atletas y cámaras de televisión me lo he pasado como un crío. Por cierto, comentaros que todas las fotografías que ilustran esta entrada han sido realizadas con la Nikon D300  junto a mi querido Nikkor AF 80-200 f/2.8 ED; que sé que os gusta saber ese tipo de detalles.

Desilusión

Me gustaría comentaros también que he tratado de centrar las imágenes en las expresiones de los corredores y las corredoras que participaban en las diferentes categorías, pues considero que los atletas, concentrados en su esfuerzo, se muestran de una manera natural que cuando están posando delante de un fotógrafo. Por eso no vais a encontrar imágenes de los podios o posados oficiales de los vencedores, ya que me gusta mucho más retratar a la gente “en su salsa”.

Rostros

En cualquier caso, no sé mucho de atletismo y por tanto no tengo mucho más que añadir. Tan sólo dejaros con las fotografías que he ido haciendo esta mañana mientras daba vueltas por los alrededores del circuito cargando con mi cámara. Espero que os gusten.

Ambición

¿Gemelas?

Soledad

Frustración

Perseguidoras

Directo

Escapado

Recuerdo

Determinación

Cansancio

Esfuerzo

Meta

NOTA: El diario “Faro de Vigo” se ha puesto en contacto conmigo pidiéndome permiso para emplear una de mis fotos en su artículo; algo a lo que he accedido encantado. Aquí tenéis un enlace a la noticia publicada.

Calor y humedad: enemigos del bokeh

Supongo que a estas alturas de la película ya sabréis que el bokeh es una característica muy apreciada en fotografía que consiste en que al emplear ópticas con aperturas grandes y/o distancias focales elevadas, los elementos que quedan en segundo plano se difuminan suavemente y los puntos de luz se convierten en discos luminosos.

Water & bokeh

Pues bien, haciendo fotografías por los alrededores de Oropesa durante estos días de sol y calor utilizando para ello el Nikon AF 80-200 f/2.8 ED me daba cuenta de que si bien los elementos en primer término aparecían tan nítidos como siempre, en algunos casos los fondos tenían un aspecto desdibujado y nervioso que no me convencía demasiado y que, además, no aparecía nunca en las imágenes que captaba en Alcalá.

Mirando las fotografías con atención enseguida descubrí dónde estaba el problema; y ya os adelanto que más vale que me vaya acostumbrando a esos fondos si quiero seguir haciendo fotos con mi teleobjetivo favorito durante los meses más calurosos del año.

Setas de verano

El problema se manifiesta principalmente en aquellas imágenes en las que hay una gran distancia entre el primer plano y el fondo; y la causa de ese desdibujamiento no es nada achacable a la óptica ni a la cámara, ya que no es más que el aire que hay entre los planos de la fotografía como ahora os aclararé. Por supuesto, el efecto sólo será visible empleando distancias focales largas (teleobjetivos) debido a que por sus características ópticas aumentan el tamaño relativo del fondo con respecto al primer plano y, por lo tanto, harán que las imperfecciones también se magnifiquen.

Para entenderlo mejor fijáos en la siguiente imagen tomada desde el mirador del monte Bovalar: el muro de piedra estaba situado a unos 10 metros por delante de mi posición; mientras que los edificios del fondo se encontraban a varios kilómetros de distancia. Esto significa que entre la cámara y el muro hay aire, pero los rayos de luz lo atraviesan sin distorsión porque es poca cantidad.

Con vistas al mar

Sin embargo, el rayo de luz que viaja rebotado desde Marina Dor hasta el sensor de mi cámara tiene que atravesar unos cuantos kilómetros de aire húmedo y caliente ascendiendo desde el suelo por efecto del calor, y eso es lo que provoca que esas zonas tan lejanas en la imagen tengan una apariencia algo irreal.

Esto viene a ser más o menos lo mismo que vemos cuando miramos hacia el infinito en una carretera recta en mitad de un día de verano (parece que el fondo se mueve por efecto del aire caliente que sube desde el asfalto) o el efecto de calor que se puede ver por encima de los coches cuando hay un atasco muy grande en una tarde calurosa o en la típica toma frontal de la parrilla de salida de una carrera de F1 justo antes de ponerse el semáforo en verde.

Por tanto, en días frescos y en aquellos en los que no haya tanta humedad ambiental (difícil viviendo en una localidad costera) los fondos aparecerán más suaves y mejor definidos que en los soleados y calurosas días del verano.

De hecho, si os fijáis en alguna imagen tomada con el mismo teleobjetivo en Alcalá de Henares (donde hay mucha menos humedad ambiental) veréis que los fondos se dibujan de forma mucho más suave al ser un aire más neutro en lo que a distorsiones ópticas se refiere.

Columnas

Como veis, no importa el tiempo que llevéis haciendo fotos porque cada día que se sale con la cámara con ganas de aprender se descubre algo nuevo.

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Tipos de planos en fotografía en función del ángulo de visión

Siempre os digo que el estilo empleado a la hora de retratar las cosas que nos rodean es, por lo general, algo propio de cada individuo y que define nuestra personalidad como fotógrafos. Sin embargo, hay cosas que siguen una serie de normas y precisamente por eso vamos a poder clasificar los tipos de planos en seis categorías en función del ángulo que la cámara toma con respecto al suelo:

1. Plano normal ( → )

La cámara se sitúa a la altura de los ojos y mira en dirección paralela al suelo dando lugar a un plano que emula la visión que solemos tener cuando caminamos por la calle, por lo que resulta muy natural especialmente si lo combinamos con distancias focales medias.

Estático y dinámico

Ferias y Fiestas Alcalá 2010

Puerta al futuro

Miradas (III)

Playa de la concha

Apeadero

2. Plano picado ( \ )

En este caso el punto de vista del fotógrafo se sitúa por encima del motivo a retratar y se apunta hacia el suelo tal y como hace la persona que aparece en la siguiente imagen:

Mercado medieval 2009

Esto da lugar a imágenes en las que el sujeto principal adquiere un papel secundario, inferior e incluso hasta cierto punto caricaturesco. En el caso de paisajes y demás, nos ayuda a ver la planta del lugar en toda su dimensión si combinamos este tipo de plano con un objetivo angular.

Werlisa club 35

Alcalá Magna a vista pez

Patio Santo Tomás de Villanueva (II)

3. Plano contrapicado ( / )

Como ya os podéis imaginar, se trata del caso inverso al anterior. Para hacer un contrapicado debemos colocar la cámara de modo que tengamos un punto de vista ligeramente bajo y hacer que el ángulo de visión de la cámara apunte hacia arriba en mayor o menor medida como hace el hombre con sombrero que aparece en la imagen que tenéis a continuación:

El cazador cazado mientras cazaba a otro cazador

En estos planos se engrandece el sujeto principal de la imagen dando sensación de poder e importancia al tiempo que la perspectiva resultante siempre es sorprendente. En caso de emplear un angular tendremos ocasión de meter el suelo en el encuadre potenciando la sensación de amplitud general; y si empleamos un teleobjetivo aislaremos el motivo del fondo remarcando su importancia.

Jump! (they say)

Torija

Oteando la ciudad

Alta tensión

4. Plano cenital ( ↓ )

En plano cenital es un caso especial de picado en el cual la cámara apunta directamente hacia el suelo. Como podréis suponer, no es un plano que se emplee a menudo en fotografía porque ángulos tan radicales dan lugar a imágenes extrañas que no siempre funcionan. Aun así, puede ser un recurso creativo muy interesante bajo ciertas condiciones.

Cruce de caminos

My bicycle (II)

Tenis de altura

5. Plano nadir ( ↑ )

El plano nadir es el caso contrario al anterior, ya que en este caso la cámara apunta directamente hacia el cielo, por lo que lo podemos considerar un contrapicado radical. Al igual que antes, no es un plano para utilizar muy habitualmente, pero en ciertos casos se trata de un recurso visual muy interesante. En mi caso, siempre que veo una escalera no puedo evitar disparar usando esta perspectiva tan particular.

Vertigo 2

Suelas

Torre de la Iglesia de Santa María La Mayor

6. Plano aberrante o plano holandés ( ◊ )

Se trata de un plano un tanto “especial”, ya que lo importante aquí no es si el ángulo de la cámara es normal, picado o contrapicado; sino que vamos a inclinar la cámara una considerable cantidad de grados hacia un lado o hacia otro dando lugar a una sensación de inestabilidad en la imagen.

Pasarela cervantina

Bancos y más bancos

La torre de la magistral

Entrada de la sede de la Cruz Roja

Edificio España

30

Hasta aquí este repaso a los tipos de planos en función del ángulo que adquiera la cámara a la hora de disparar. Como os decía al principio de este artículo, hay infinitas maneras de retratar una misma cosa, pero la perspectiva empleada siempre consistirá en alguna variación de estos seis casos que hemos visto hoy.

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Distorsiones ópticas en fotografía

Después de aquella entrada en la que os hablaba de las aberraciones cromáticas tenía pendiente escribir un artículo sobre otro de los defectos ópticos más habituales en nuestras imágenes: las distorsiones tanto de barril (barrel distortion en inglés) como de cojín, llamada pincushion distortion en el idioma de Shakespeare.

Ida y vuelta

¿Qué es la distorsión?

La distorsión en fotografía son aquellas deformaciones ópticas de la imagen causadas por el objetivo empleado (o la óptica de la cámara en caso de ser una compacta o una bridge) y que diferencian la imagen capturada de lo que realmente había delante de la cámara en el momento de disparar. Por lo tanto, la distorsión es algo a evitar pero que cualquier sistema de tratamiento de señales va a introducir en mayor o menor medida durante el proceso. En el caso de la fotografía, estas distorsiones serán más evidentes cuanto más nos acerquemos a los bordes de la imagen quedando el centro de la misma, por lo general, libre de estos defectos ópticos.

En un mundo ideal no hay distorsiones; y por lo general ese paradigma se da tanto en los objetivos fijos de 50mm como en aquellas ópticas de gama profesional diseñadas para dar la más alta calidad de imagen posible. Ya sea por la simpleza y la simetría de las lentes que conforman un 50mm como por la complejidad óptica de, por ejemplo, un 70-200 f/2.8, en esos objetivos no vamos a encontrarnos con distorsiones apreciables a simple vista en las imágenes resultantes.

Verde

En caso de emplear una óptica diseñada para formato completo en una cámara réflex equipada con un sensor de tipo APS-C, al emplear solamente la parte central de la misma estaremos prácticamente exentos de cualquier defecto óptico, ya que como os decía antes, la zona más “conflictiva” de los objetivos es la parte exterior de los mismos.

En cualquier caso, hay objetivos que buscan expresamente esas distorsiones geométricas tal y como sucede con los ojos de pez, que emplean una exageradísima distorsión de barril para poder encajar en la imagen un campo de visión de 180 grados.

Luis en multiángulo

Las ópticas más conflictivas en cuanto a esto de las distorsiones van a ser, por tanto, los zooms de gama baja diseñados para formato APS-C y aquellos objetivos en los que el rango focal sea muy elevado (un ejemplo clásico es el habitual “18-200 VR” de Nikon que mucha gente monta el primer día en su cámara para no tener que cambiarlo nunca). Lo habitual en estos modelos es que tengamos un punto intermedio en su recorrido donde no exista ninguno de los dos tipos de distorsión pero en los extremos nos encontremos con ciertas deformaciones de la imagen que se harán más patentes cuanto más nos acerquemos a las esquinas de la misma.

Distorsión de barril (barrel distortion)

La distorsión de barril es la más común y suele darse por lo general en distancias focales cortas. Como su propio nombre indica, se trata del abombamiento de la imagen de tal modo que las líneas situadas en los extremos del encuadre aparentarán salir hacia el exterior. Puesto que este defecto óptico se suele dar sobre todo en objetivos angulares; al ser estos empleados habitualmente para paisajes, en cuanto llevemos a los extremos del encuadre un edificio de varias plantas o el mismo horizonte se apreciará claramente la distorsión. También se suele dar habitualmente en la posición de gran angular de las cámaras compactas así como en los modos macro de las mismas.

A modo de ejemplo, podéis fijaros en el abombamiento del horizonte de la fotografía que tenéis a continuación y que fue tomada hace ya unos cuantos años con mi Konica Minolta dimage Z2.

Vista desde la planta de coronación

Distorsión de cojín (pincushion distortion)

La distorsión de cojín suele pasar más desapercibida porque se da, por lo general, en los teleobjetivos y consiste en que los extremos de la imagen parecen curvarse hacia dentro. Como os decía, se suele dar más frecuentemente en distancias focales largas; pero al usar de forma habitual este tipo de ópticas para aislar detalles del fondo enfocando nuestra atención en la zona central del encuadre, el efecto de la distorsión muchas veces pasará completamente desapercibido.

De hecho, he tenido que buscar durante un rato en mi archivo fotográfico hasta dar con una imagen en la que se apreciara este efecto con cierta claridad; y lo he encontrado en la siguiente fotografía tomada hace poco más de un año con mi Werlisa Club 35 y en la que podéis apreciar claramente la distorsión de cojín en las líneas que trazan los ladrillos de la pared.

Octubre09_8

Distorsión de bigote (moustache distortion)

Aunque en ocasiones veréis este tipo de distorsión tratarse por separado, en realidad es una combinación de las dos anteriores y su efecto consiste en que a lo largo de las líneas paralelas a los extremos del encuadre se dará distorsión de barril en la zona central y de cojín en las exteriores; dando lugar a una forma que recuerda a un bigote.

Este tipo de distorsión suele aparecer en algunos angulares extremos cuando se llevan a su focal más baja (entre 10 y 12 mm) debido a la complejidad de mantener la linealidad de la imagen empleando ángulos de visión en torno a los 108º.

Las ventajas de la fotografía digital

Columnas

En la época de las cámaras analógicas era muy complicado eliminar estas deformaciones ópticas durante el proceso de revelado (aunque no me atrevo a decir que era imposible porque puede que hubiera algún método) pero hoy en día es bastante sencillo corregirlo en formato digital. De hecho, una vez repasados los principales defectos ópticos que suelen aparecer en nuestras imágenes (básicamente el viñeteo, las aberraciones cromáticas y las distorsiones vistas hoy) me gustaría abordar en una futura entrada la corrección de dichos defectos mediante el programa Adobe Lightroom 3, pues incluye una función específica este fin.

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Fuentes de inspiración (mis pequeñas obsesiones fotográficas)

Uno de los aspectos que más me gusta de la fotografía es, sin duda, el hecho de que si coges a diez fotógrafos y les dices que capten una misma escena obtendrás diez fotografías diferentes porque cada persona ve el mundo a través de la cámara de una forma personal e intransferible que tiene que ver con la personalidad y las pequeñas manías, costumbres y obsesiones de cada uno.

Repeticiones, lineas y curvas

Si me pongo a repasar las imágenes que he ido captando en los últimos años veo claramente que tengo tres inquietudes principales a la hora de apretar el disparador: los elementos que se repiten a intervalos regulares, las líneas de fuga y las curvas. Y precisamente sobre esos tres elementos quería basar este artículo, ya que me gustaría analizar por qué me parecen visualmente atractivos y qué es lo que suelo hacer para expresar esas pequeñas obsesiones en una fotografía; así que vamos a ir viéndolos uno por uno.

Elementos que se repiten a intervalos regulares

Es muy común salir a dar un paseo y encontrarnos con elementos que se repiten en el espacio a intervalos regulares. Pueden ser las farolas de una calle, una arboleda, postes de alta tensión, los adoquines de una acera… y cada vez que me encuentro con una de estas escenas trato de situarme con mi cámara de tal modo que la sucesión trace una diagonal o una línea cruzada en el encuadre y de cierta sensación de profundidad.

Enchufe

Una vez que nos gusta lo que vemos a través del visor ya sólo es cuestión de jugar con la profundidad de campo (razón por la cual casi siempre disparo en el modo semiautomático de prioridad a la apertura) decidiendo si lo que queremos es que toda la hilera de elementos aparezca nítida o sólo lo hagan los dos o tres primeros desenfocando el resto para mostrar en la imagen la regularidad de la sucesión.

Parking en línea

Aunque con excepciones, para realizar este tipo de fotografías suelo optar por emplear las capacidades de desenfoque que se obtienen al emplear distancias focales largas y/o aperturas grandes, por lo que un teleobjetivo es una buena herramienta para este tipo de imágenes.

Por cierto, yo diría que mi manía de fijarme en estas cosas viene del cuadro “División cúbica del espacio” de M.C. Escher, pues la primera vez que lo vi me impresionó tanto que se quedó grabado a fuego en mi subconsciente.

Líneas de fuga

Este concepto está muy ligado al anterior, ya que el concepto es el mismo sólo que esta vez no hay un número de elementos que parecen tender a infinito; sino que el motivo a retratar suele ser una calle o similar que es continuo. En este caso de lo que se trata es de mostrar cómo un elemento recto (una carretera, hileras de árboles paralelas, líneas pintadas en el suelo…) parecen converger en un punto situado en el infinito.

Volando aviones en las cercanías del cerro del viso

Para este tipo de imágenes nos interesa conseguir la mayor profundidad de campo posible, pues lo que queremos es que las líneas de fuga queden lo más marcadas posible, buscando por tanto tener enfocado tanto el primer plano como el fondo. Como ya sabéis, para conseguir este lo ideal es emplear distancias focales cortas y/o aperturas pequeñas; por lo que un angular sería una óptica muy apropiada para estas fotografías.

Libreros a ras de suelo

Las líneas de fuga siempre son un buen recurso para mostrar una calle desierta o un camino que se pierde en un bosque. Todo es cuestión de conocer las posibilidades que nos brinda nuestra cámara y utilizarlas para mostrar las cosas desde nuestra particular perspectiva.

Soportales

En el caso de este tipo de imágenes, creo que me atraen porque de pequeño lugares como la calle Mayor me parecían infinitos y atravesarlos a pie era para mí un viaje digno de Marco Polo; por lo que la sensación de profundidad de campo que busco siempre en estas fotografías puede que tenga su origen en esto que os digo.

Curvas

Otra cosa que me llama mucho la atención cuando me doy un paseo con la cámara en la mano son las curvas, pues son elementos que en una fotografía son capaces de guiar la mirada y ese “poder” que tienen me parece algo muy interesante. Una curva amplia con ayuda de un teleobjetivo se puede convertir en una ‘S’ que, trazada en diagonal a lo largo del encuadre, siempre da una composición armoniosa que llama la atención del espectador; y precisamente eso es algo que se repite en muchas de mis imágenes.

S

Las curvas siempre son muy vistosas en fotografía porque suponen un fuerte contraste con la rectitud de los bordes de la imagen, por lo que  son un recurso que bien empleado puede hacernos conseguir imágenes visualmente atractivas.

Curvas

Además, como podéis ver en las tres imágenes que ilustran este apartado, encontrar líneas curvas en nuestro entorno es muchas veces cuestión de perspectiva. Puede ocurrir que de primeras nos parezca que todo lo que nos rodea es rectilíneo; pero si miramos con los ojos adecuados encontraremos todo un mundo de formas con las que podremos jugar a nuestro antojo.

Rodadas

Lo de intentar esta especie de cuadratura del círculo en algunas de mis fotografías puede provenir de mi fascinación por la variación de la perspectiva en función de la distancia focal empleada, ya que jugando con dicho parámetro podemos hacer que una curva sea más o menos cerrada dependiendo de cómo la encuadremos y eso es algo que siempre me ha llamado poderosamente la atención.

Combinaciones varias

Aunque en esta entrada he tratado mis tres elementos compositivos favoritos por separado, en realidad muchas veces se dan dos de ellos (o incluso los tres) en la misma fotografía. Por ejemplo, cuando veo una calle desierta me fijo tanto en los elementos que se repiten a lo largo de la misma como en las líneas de fuga que a veces incluso esos mismos elementos dibujan en la distancia.

Dragones

En cualquier caso, estos tres elementos que os comento puede que a vosotros no os llamen la atención en absoluto porque, volviendo a lo que os decía al inicio del artículo, la forma de ver el mundo de cada persona a través de la cámara es personal e intransferible; y precisamente ahí es donde reside la magia de la fotografía.

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La estanqueidad de las réflex profesionales

Hay un detalle que distingue a las cámaras réflex de gama profesional del resto: el sellado del cuerpo contra polvo y humedad. No quiere esto decir que estas cámaras sean sumergibles ni mucho menos; pero sí que podremos disparar con ellas con cierta tranquilidad bajo lluvia, nieve o entornos polvorientos.

Regando los jardines de la Plaza de Cervantes (VII)

Obviamente, al ser modelos dirigidos a gente que vive de la fotografía, estos han de resistir condiciones meteorológicas adversas, ya que un fotoperiodista no puede permitirse dejar de disparar porque se ponga a llover o porque se desate una tormenta de arena en el desierto. De este modo, los cuerpos de las cámaras tope de gama de los catálogos de las diferentes marcas suelen estar fabricadas con un cuerpo de aleación metálica (magnesio en la mayoría de las ocasiones gracias a su ligereza) que incluye juntas de estanqueidad en todas sus partes móviles para evitar la entrada de líquidos o elementos externos en el interior aunque por fuera no haya por donde cogerla. Una medida que no es infalible pero que otorga un plus de fiabilidad a estos modelos.

De todos modos, un error muy común es pensar que con uno de estos cuerpos podemos disparar durante horas bajo un intenso aguacero sin preocuparnos de nada; porque al fin y al cabo, de lo que hoy estamos hablando es del sellado del cuerpo; pero nada hemos dicho todavía sobre los objetivos y ya sabéis que una cadena es tan fuerte como el más débil de sus eslabones.

Los objetivos: posible talón de Aquiles

Las ópticas que acoplamos a las cámaras también se dividen en gamas, y al igual que ocurre con los cuerpos, no todas están preparadas para que les caiga agua encima sin que entre humedad en su interior. En general, los teleobjetivos profesionales pueden aguantar condiciones adversas sin demasiados problemas; pero los objetivos más básicos (el habitual 18-55 “de kit”) pueden dar problemas si no se tiene cuidado con ellos.

Nikkor 80-200 f/2.8 en soledad

Los conocidos 70-200 f/2.8, 24-70 f/2.8 y compañía están fabricados de tal modo que incluso usándolos bajo la lluvia o la nieve no presentarán problemas de funcionamiento; aunque sí que pueden empañarse sus lentes en caso de cambios de temperatura bruscos y/o humedad ambiental muy elevada. Por ejemplo, toda la gama L de Canon está preparada para aguantar el tipo bajo todas las condiciones, pero siempre se advierte de que para completar el sellado del objetivo es necesario tener colocado un filtro roscado en la parte frontal, ya que si no podría entrar humedad por las uniones entre las lentes que conforman la óptica y la carcasa de la misma.

El cuerpo de mi D300 pertenece a la gama profesional de Nikon (de hecho hasta la llegada de la D300S y la reciente D7000 era la cámara con sensor DX de mayores prestaciones) y, por tanto, sé que acompañado de la óptica adecuada no debería de tener problemas de funcionamiento. En mi caso particular, cuando está lloviendo suelo llevarme mi querido Nikkor AF-S 35mm f/1.8 DX porque como no tiene partes móviles y posee una junta de caucho en su montura me da bastante confianza y de hecho nunca me ha dado problemas de ninguna clase. De todos modos, el voluminoso Nikkor AF 80-200 f/2.8 también me ha demostrado que aguanta perfectamente los chaparrones pese a ser un objetivo de focal variable gracias a su construcción a prueba de bombas.

Pero ojo, porque ningún objetivo es acuático ni sumergible (a no ser que nos vayamos a la gama Nikonos, que consta de varias cámaras analógicas y objetivos especialmente diseñados para ser empleados bajo el agua) y lo que aquí estamos diciendo es que ciertas ópticas pueden aguantar un chaparrón o una tormenta de nieve sin que entre humedad en su interior; pero si los sumergís en agua salada habréis firmado la sentencia de muerte de cualquiera de ellos.

Review AF-S Nikkor 35mm f/1.8 DX

Una situación especialmente peligrosa

En todo caso, hay una situación especialmente peligrosa cuando estamos disparando bajo condiciones meteorológicas adversas: el cambio de objetivo. Durante los instantes que dura el cambio propiamente dicho estamos exponiendo a los elementos la parte interna de la cámara y podemos encontrarnos con la mala suerte de que entre cualquier cosa por allí. Por lo tanto, no se os ocurra cambiar de óptica bajo un aguacero porque aunque a lo mejor no notéis nada de primeras, si entra humedad dentro de la cámara puede aparecer corrosión pasados unos días y al final acabar estropeándose la electrónica interna, que siempre es muy sensible a ese tipo de cosas.

Un caso muy radical de esto que os digo es el de un compañero del foro de Nikonistas que tenía una D300 y se encontraba haciendo fotos en la orilla de una laguna con tan mala suerte que la cámara se cayó al agua con el objetivo desmontado durante apenas un par de segundos; tiempo suficiente como para que se le anegara completamente por dentro. Si hubiera llevado el objetivo montado a lo mejor el agua no hubiera pasado de la carcasa de la cámara; pero al estar la bayoneta de la cámara totalmente expuesta, el agua entró en el interior y, además de provocar varios cortocircuitos que hicieron que la cámara se volviera loca, la humedad corroyó en pocos días las pistas de los circuitos impresos y al final hubo que tirar la cámara entera.

Familia de condensadores

Aun así, que nadie piense que una D40 se estropeará irremisiblemente porque le caigan un par de gotas de agua encima porque, sin ir más lejos, en mi viaje a principios de este año a Bruselas y alrededores, nos llovió prácticamente todos los días y yo no dejé de hacer fotos en ningún momento. No pasa nada porque la carcasa externa de una cámara se moje ligeramente pero, eso sí, en caso de que caiga agua a cántaros y no dispongáis de un equipo preparado para ese tipo de situaciones mejor no tentar a la suerte y guardar la cámara en la mochila hasta que se calme un poco el chaparrón.

A modo de resumen

En resumidas cuentas, hacerse con un cuerpo de gama profesional nos va a permitir disparar bajo condiciones climatológicas adversas con cierta tranquilidad. Aunque esté cayendo bastante agua del cielo o nos salpique un coche que pase sobre un charco su electrónica interna permanecerá a salvo de humedades. Sin embargo, debemos tener cuidado con los objetivos, ya que no todos están preparados para esas mismas situaciones y podemos encontrarnos con la desagradable sorpresa de que si bien nuestra cámara funciona perfectamente, la óptica deja de responder o lo hace erráticamente porque le ha entrado humedad en su propia electrónica.

Durante la lluvia

Tratada con cabeza, una cámara réflex nos puede dar muchos años de alegrías; pero siempre debemos de ser conscientes de las limitaciones de nuestro equipo y no probar sus límites de resistencia si no queremos llevarnos alguna sorpresa desagradable.

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Retratos con focales largas y aperturas grandes

Las aperturas grandes y las distancias focales largas son dos bienes muy preciados para realizar retratos. Conjugando ambos factores podremos realzar las facciones de la persona retratada así como fundir el fondo de la imagen resaltando el sujeto principal de nuestra fotografía, aportando con ello un toque de profesionalidad a nuestras imágenes.

Retrato

Hasta ahora os he mostrado algunos ejemplos realizados con objetivos de 35 y 50 mm ambos de apertura f/1.8; y aunque de amplitud de diafragma no vamos mal, la distancia focal se queda un poco corta para el retrato puro y duro, lo que da lugar a ciertas deformaciones en caso de realizar tomas en las que la cara del sujeto ocupe la mayor parte del encuadre. Además, en tales casos nos veremos obligados a echarnos encima de la persona retratada, lo que restará naturalidad al posado.

Una focal fija de 85 o 105 mm de apertura generosa es un caso clásico de objetivo “retratero” por excelencia ya que aplana las facciones, permite un buen desenfoque y nos va a hacer trabajar a una distancia prudencial del sujeto. De todos modos, cada vez son más los fotógrafos que optan por la polivalencia de un teleobjetivo de apertura f/2.8 constante para realizar este tipo de fotografías.

Nikkor 80-200 f/2.8 en soledad

Precisamente para poner a prueba en tales circunstancias a mi Nikkor AF 80-200mm f/2.8D me he animado a lanzarme a la calle acompañado de mi hermano y así tener la ocasión de disparar algunas fotografías que os puedan dar idea del rendimiento de un objetivo de este tipo para la realización de retratos y de paso repasar algunos conceptos básicos a aplicar a esta disciplina.

Por cierto, ya que hablamos de retratos, aprovecho para comentaros que lo más habitual es realizar estos en formato vertical; si bien el horizontal puede ser igual de válido o, ya puestos, también los podemos hacer en diagonal si nos sentimos especialmente creativos. De cualquier modo, he optado por el mencionado formato vertical en los tres ejemplos que os voy a poner a continuación para que veáis que el resultado obtenido es bastante natural y se adapta mejor a la morfología humana.

1. Retrato de cuerpo entero

El retrato de cuerpo entero es uno de los que más agradece el uso de aperturas amplias. Al tener que situarnos a cierta distancia del sujeto o emplear una distancia focal más corta va a ser complicado conseguir un desenfoque acusado del fondo debido a que la profundidad de campo será más grande si se incrementa la distancia al sujeto o disminuye la distancia focal del objetivo. Por tanto, si queremos compensar ese menor desenfoque de los fondos causado por la combinación de los dos factores anteriores no nos quedará más remedio que emplear una apertura generosa (que es el tercer factor que influye sobre la PDC).

Retrato cuerpo entero

Distancia focal: 200 mm. Apertura: f/3.2. Distancia al sujeto: 14.1 metros.

Las columnas de la calle Mayor de Alcalá de Henares todavía son identificables, pero están mucho más desenfocadas que si hubiéramos empleado un objetivo con apertura máxima a esta distancia focal de, por ejemplo, f/5.6 como le ocurre a mi Nikon 55-200 VR. De todos modos, para maximizar la nitidez de la imagen he decidido emplear una apertura de f/3.2 para realizar esta fotografía, por lo que podríamos haber desenfocado todavía un poco más el fondo en caso de haber bajado hasta f/2.8 (bueno, tampoco mucho, pues la diferencia es de apenas un tercio de paso).

2. Retrato de medio cuerpo

El retrato de medio cuerpo es otro clásico de la fotografía “social”. En este caso nos vamos a situar algo más cerca del motivo a retratar, por lo que la PDC se reducirá y el fondo de la imagen se fundirá hasta el punto de quedar prácticamente irreconocible gracias al bokeh que originará cada punto de luz situado en la lejanía.

Apmomp (retrato de medio cuerpo)

Distancia focal: 200 mm. Apertura: f/2.8. Distancia al sujeto: 7 metros.

En este caso he optado por emplear la mayor apertura posible para centrar así la atención sobre mi hermano. Podríamos haber potenciado un poco más la nitidez de la imagen si hubiéramos cerrado el diafragma un par de tercios de paso, pero aun así creo que el resultado es bastante presentable.

3. Retrato clásico

El formato más clásico de retrato (y el que la mayoría de nosotros asociamos con esta denominación) es aquel en el que el rostro del sujeto ocupa la mayor parte del encuadre. Lo principal en este formato es centrar la atención en la mirada del retratado, y de ahí que la nitidez del primer plano sea uno de los puntos más importantes de la fotografía junto con el desenfoque lo más acusado posible del fondo.

Apmomp (retrato vertical)

Distancia focal: 145 mm. Apertura: f/2.8. Distancia al sujeto: 3.5 metros.

En este caso he empleado una distancia focal ligeramente inferior a la de los dos casos anteriores para así maximizar la nitidez (en los objetivos de focal variable la zona más nítida suele estar en torno a la parte central del recorrido) pese a emplear la máxima apertura disponible. Como podéis ver, el fondo es totalmente irreconocible; pero aun así, en caso de que hubiéramos querido potenciar más ese desenfoque deberíamos de habernos situado algo más lejos y haber estirado la distancia focal hasta los 200 mm aunque eso hubiera implicado una ligera merma en la nitidez general del primer plano.

Los dos factores clave (a nivel técnico)

Como veis, un zoom largo de apertura constante puede ser un instrumento realmente poderoso para realizar retratos. Un 50mm a máxima apertura nos puede servir para realizar un retrato de cuerpo entero sin problemas con un buen desenfoque del fondo, pero para cosas más cercanas se nos va a quedar un poco corto. Ya sabéis que las distancias focales largas tienden a comprimir los planos, y de ahí que nos vengan tan bien para fotografiar personas. Realizar un retrato clásico con un angular hará que la nariz y la barbilla de nuestro sujeto aparezcan más grandes de lo que son del mismo modo que las orejas aparentarán ser más pequeñas; dando lugar a una caricatura más que a un retrato como tal.

En cuanto a la apertura, disponer de un diafragma amplio nos va a permitir difuminar el fondo hasta el punto de que el espectador se va a olvidar completamente del mismo para centrar toda su atención en el sujeto retratado. Además, en caso de disponer de una luz tenue para realizar las fotografías (algo muy recomendable para retratar personas) nos va a permitir mantener unos tiempos de exposición breves que darán lugar a imágenes sin rastro de trepidación.

Apmomp (retrato horizontal)

Aun así, esto de lo que hoy os he hablado se refiere exclusivamente a la parte técnica de los retratos, que es la más sencilla de todas. Mucho más complicado es saber extraer la esencia de cada persona retratada y ser capaz de expresarla en una sola imagen. Para eso no hay apertura ni técnica que valga, porque las fotografías no se hacen; se sienten.

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Probando el Nikon AF 80-200 f/2.8 en el fútbol

El pasado fin de semana estuve en el campo de fútbol Felipe de Lucas “Pipe” (que pese a lo que os comenté hace unos meses, todavía no ha desaparecido) haciendo unas fotillos con mi recién adquirido Nikon AF 80-200mm f/2.8 para probar qué tal se portaba en uno de los usos más habituales de este tipo de objetivos: las competiciones deportivas.

Día de partido

Las ventajas de un dosocho

Un teleobjetivo de apertura amplia y constante consigue dos cosas muy deseables en estos eventos: aislar los sujetos del fondo y conseguir unos tiempos de exposición breves que consigan congelar el movimiento de los jugadores. Por eso mismo las imágenes que ilustran esta entrada están todas hechas entre f/2.8 y f/3.5; ya que para disparar a f/8 directamente me hubiera llevado mi Nikon 55-200 VR que hubiera aligerado considerablemente mi mochila esa mañana.

Día de partido

Día de partido

Velocidad de enfoque

La velocidad de enfoque, al menos en mi D300, es más alta de lo que me había imaginado. Siempre leí que por ser un objetivo de tipo AF, no era capaz de seguir a elementos que se movieran con rapidez, pero cuando estaba empleando el modo de seguimiento continuo me di cuenta de que el foco no se perdía pese a que los jugadores no paraban de moverse de lado a lado del campo.

Día de partido

Sacando el máximo partido al objetivo

A nivel óptico os puedo decir que en caso de tener luz de sobra es mejor disparar cerrando ligeramente el diafragma antes que hacerlo a plena apertura. Aunque las imágenes a f/2.8 son perfectamente utilizables, a dicha apertura los bordes de las zonas más brillantes presentan un cierto halo brillante que, si bien podemos eliminar en postproceso, hará que disminuya un poco el contraste general de la imagen.

Día de partido

Día de partido

Del mismo modo, con la apertura más amplia la profundidad de campo es tan pequeña que a nada que el sujeto varíe su distancia hasta nosotros se notará un ligero desenfoque. Por ese motivo es por lo que os comento que es recomendable cerrar ligeramente el diafragma si necesitamos asegurar el disparo y obtener la máxima nitidez.

Pero que nadie piense que las imágenes a f/2.8 son inutilizables, pues apenas distinguiremos defectos en las mismas a no ser que las veamos a escala 1:1. Podemos recurrir a la máxima apertura siempre que lo necesitemos ya sea por falta de luz o por capacidad de desenfoque; pero si queremos sacar lo mejor de esta óptica debemos de emplear diafragmas ligeramente más cerrados (f/3.5 representa un paso menos con respecto a f/2.8) que nos proporcionarán una nitidez increíble.

Día de partido

Día de partido

Día de partido

Ya sabéis lo importante que es conocer bien nuestro equipo fotográfico para sacarle el máximo partido; y yo todavía estoy en ese proceso con mi D300 y este 80-200 f/2.8 con el que he capturado las imágenes que ilustran esta entrada. Supongo que con el paso del tiempo iré sacándole más partido; pero de momento estoy muy contento con los desenfoques que permite y la nitidez general de las escenas fotografiadas a través de él.

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Review: AF Nikkor ED 80-200 f/2.8 D

Siempre me han llamado mucho la atención los teleobjetivos de apertura constante fabricados por Nikon. Tienen una construcción robustísima, la calidad óptica es sobresaliente y son auténticos referentes en el mundillo de la fotografía. Por eso, uno de mis sueños fotográficos (recientemente materializado) era tener uno de ellos y poder emplearlo para retratar las cosas desde mi particular punto de vista haciendo uso de las posibilidades que dan a la hora de dar rienda suelta a la creatividad de la persona que está detrás de la cámara.

La familia de teleobjetivos Nikon

Dentro de estos teleobjetivos hay varios modelos: por un lado están los de apertura fija y focal larga, siendo el máximo exponente de esto en la gama Nikon los 200mm f/2 VR (3800 euros), 300mm f/2.8 VR (5000 euros) y 400mm f/2.8 VR (8000 euros) así como los 500mm f/4 VR (7000 euros) y 600mm f/4 VR (8700 euros). Aprovecho para hacer una observación; y es que con estas dos últimas focales de 500 y 600 milímetros es complicado conseguir una gran luminosidad y por eso son f/4 en lugar de f/2.8. También hay un 300mm f/2 de primeros de los 80 que hoy en día es prácticamente imposible de encontrar y que representa lo más bestia que ha hecho Nikon en cuanto a relación focal/apertura se refiere.

Luego están los teleobjetivos de focal variable (zoom) y apertura constante a lo largo de todo su recorrido; siendo dos de los más punteros el muy apreciado por los amantes de la fotografía de naturaleza 200-400 f/4 VR (que cuesta la friolera de 7000 euros) y el mítico 70-200 f/2.8 VR; que es un instrumento indispensable en la bolsa de cualquier reportero gráfico y que tiene un precio cercano a los 2000 euros.

Por supuesto, no pensaba gastarme semejante fortuna en un objetivo cuando la fotografía no deja de ser un hobby para mí. Si viviera de ello no me quedaría más remedio que dejarme unas cuantas nóminas en un equipo que no hiciera concesiones a la calidad de imagen; pero al no ser así hay que valorar siempre factores como la usabilidad, las prestaciones y, sobre todo, el precio de la óptica.

Por eso mismo decidí hacerme con un AF Nikkor ED 80-200 f/2.8 D, ya que considero que representa un buen compromiso entre coste y rendimiento debido a que se trata de una óptica con unos años ya a sus espaldas, sin estabilización óptica y que sólo enfocará automáticamente en cámaras dotadas con motor integrado en el cuerpo (como mi D300).

Nikkor 80-200 f/2.8 en soledad

La historia de los Nikkor 80-200 f/2.8

El modelo del que hoy os hablo no es el primero ni el último dentro de una misma gama de ópticas de Nikon. De hecho ha habido dos modelos anteriores y cuatro posteriores, por lo que me gustaría hacer un breve repaso a esta subfamilia de objetivos para que os hagáis una idea de cómo ha ido evolucionando el asunto:

El primero de los modelos aparecidos con una distancia focal de entre 80 y 200 milímetros y una apertura constante de f/2.8 lo hizo en el año 1982 y se trataba de un objetivo dotado de enfoque manual y aspecto bastante colorido como era habitual en los modelos de esta época. Sus líneas rojas, azules y amarillas marcando la profundidad de campo disponible a diferentes aperturas así como un peculiar anillo dorado en la base de la zona móvil del objetivo le daban un aire de lo más retro que no casa demasiado bien con las cámaras actuales.

Posteriormente, en 1988 salió al mercado la evolución de esta óptica manteniendo sus prestaciones pero añadiendo el enfoque automático, un diseño óptico exactamente igual al del modelo que hoy os presento y un aspecto externo muy similar. Durante los cinco años que se mantuvo a la venta tuvo bastante éxito y fueros muchos los fotógrafos que se interesaron por él debido a sus atractivas prestaciones.

Precisamente el modelo sobre el que se centra este artículo fue el siguiente en aparecer: lo hizo en 1993 y se mantuvo en producción durante cuatro años, siendo uno de los modelos más vendidos dentro de la gama profesional de teleobjetivos Nikon. Mejoró algo los acabados y evitó el giro del frontal durante el enfoque, lo que facilitó la vida a los usuarios de filtros polarizadores.

De todos modos, como en el mundo de la fotografía ninguna empresa puede permitirse dormirse en los laureles, tiempo después (concretamente en el año 1997) fue sustituido por otro que siguió manteniendo el mismo diseño óptico; pero en lugar de poseer un zoom de tipo push-pull lo implementó mediante el habitual anillo giratorio engomado; practica que se mantendría hasta nuestros días. Del mismo modo, por primera vez se incluyó un collar para trípode, lo que facilitó su uso en fotografías de paisaje y similares. Como curiosidad, se trata de un modelo que se sigue fabricando a día de hoy pese a que posteriormente han ido saliendo otros modelos más modernos y de mayores prestaciones.

En el año 1999 apareció en el mercado un modelo que implementó el autofocus de tipo AF-S, por lo que podríamos emplearlo sin problemas en cámaras sin motor de enfoque en el cuerpo como las actuales D40, D60, D3000 o D5000. Ya sé que por aquella época la D1 acababa de aparecer en el mercado y lo de no contar con motor de enfoque en la cámara era algo impensable; pero es que lo de los motores ultrasónicos no es un invento actual ni mucho menos, y de hecho estos objetivos enfocaban perfectamente en las cámaras analógicas de la época como la, por entonces tope de gama, Nikon F5.

La evolución de estos cuatro modelos de teleobjetivos nos llevaría a una óptica ya mítica dentro del catálogo de Nikon y que ampliaba ligeramente el rango focal: el 70-200 f/2.8 VR que apareció en el año 2003 y no tardaría en convertirse en todo un referente en cuanto a teleobjetivos luminosos se refiere. Desde entonces, si os fijáis en la mayoría de los fotógrafos que emplean material Nikon en ruedas de prensa y eventos de ese tipo, podréis observar que el uso de este objetivo es prácticamente unánime. Por supuesto, Canon tiene su propio 70-200 f/2.8 estabilizado, siendo también una herramienta imprescindible para cualquier reportero gráfico usuario de esta marca y que por su luminosidad y rango focal se adapta perfectamente a todo tipo de situaciones (y de ahí su éxito).

Por último, en 2009 apareció la evolución del modelo anterior, manteniendo las mismas características ópticas pero incorporando una evolución del sistema VR para hacerlo todavía más efectivo y optimizando más si cabe la calidad de imagen, dando lugar a una óptica que es todo un oscuro objeto del deseo desde el mismo día que salió a la venta.

Primeras impresiones con el AF Nikkor ED 80-200 f/2.8 D

Como podéis ver en algunas de la imagen que ilustran este artículo, el 80-200 f/2.8 tiene un tamaño y un peso considerables: colocadle su parasol y un filtro UV de 77mm de diámetro y tendréis unas dimensiones de 24,5 cm de largo por 10,5 cm de diámetro en el extremo anterior así como un peso que se planta en el kilo y medio justo. Si a eso le unís el kilo de peso de la D300 en la que lo llevo montado os podréis imaginar que el conjunto es de todo menos discreto, ligero y manejable.

En todo caso, una vez que tenemos la cámara en la mano con el 80-200 montado nos daremos cuenta de que todo queda más o menos equilibrado. El cuerpo de la cámara es voluminoso y robusto y el objetivo sigue pareciendo grande pero no da la sensación de “¿qué es eso que cuelga de la montura del objetivo?” que enseguida se le planteará a cualquiera que monte esta óptica en una cámara tan compacta como D40 según muestra la siguiente imagen.

Nikon D300 y AF Nikkor ED 80-200 f/2.8 D

Nikon D40 y AF Nikkor ED 80-200 f/2.8 D

Es cierto que para conjuntos que se plantan en más de dos kilos es recomendable emplear un trípode o al menos un monopie para no acabar con los brazos agarrotados; aunque a mí (que no soy Sansón precisamente) me parece que para una o dos horas de fotos se puede manejar perfectamente. Reconozco que no es la óptica con la que me iría a subir una montaña llevando la cámara colgada del cuello, pero el peso es soportable durante un buen rato y la construcción es tan sólida (todo el cuerpo es de aleación metálica) que nos permitirá despreocuparnos un poco de pequeños golpes y arañazos que se pueda llevar el 80-200 durante su uso.

Usando el objetivo en condiciones reales

Tras estar unos cuantos días llevando el 80-200 montado en la cámara casi permanentemente hay muchas cosas que me gustan de él; pero también algunas que no me terminan de convencer. Su capacidad de desenfocar los fondos disparando a f/2.8 es espectacular (sobre todo a medida que nos vamos acercando a los 200mm) y ese es el principal motivo por el que uno se compra un teleobjetivo con una apertura como esta.

Sin embargo, la calidad de imagen, aunque es muy alta en todas las distancias focales, pierde un poco a plena apertura y 200mm. No es que se note demasiado, pero sí que mirando las imágenes en el monitor a tamaño 1:1 se aprecia una ligera merma de nitidez sobre todo en los bordes de la imagen (y eso que estoy usando una cámara APS-C, porque el objetivo está diseñado para Full Frame y por lo tanto “va sobrado” en la D300).

Como muestra de esto que os digo, en la siguiente imagen tenéis un recorte al 100% de una fotografía realizada a 200mm y f/2.8; y en ella podréis apreciar que aunque sería posible contar cada pelo que aparece, hay un ligero velo borroso en los bordes de todos ellos. En todo caso, hay que tener en cuenta que estamos usando las condiciones más desfavorables del objetivo y que esto que tenéis a continuación es un área de 500 x 333 píxels recortada de una fotografía de 4288 x 2848.

Definición a 200mm y f/2.8 (recorte 100%)

Del mismo modo, empleando las aperturas más grandes (hasta f/4 aproximadamente) nos vamos a encontrar con algunas aberraciones cromáticas consistentes en zonas azuladas en los bordes de las zonas más brillantes de la imagen. Si bien esto no es un defecto especialmente grave porque ya incluso las últimas cámaras corrigen esto por software (también lo podemos hacer nosotros mismos en postproducción) lo ideal sería que las transiciones entre áreas claras y oscuras fueran totalmente nítidas y sin ningún tipo de tinte. Pensad que en digital podemos corregirlo de manera más o menos sencilla; pero este objetivo apareció en la época analógica, y por tanto era mucho más complicado eliminar esos defectos cromáticos de las copias impresas.

Estas aberraciones cromáticas a las que me refiero las podéis apreciar con claridad en el siguiente recorte al 100% disparado como en el caso anterior a 200mm y f/2.8 aunque, como os decía antes, sería posible eliminar esos tonos azulados por software una vez tengamos la imagen descargada en el ordenador (preferiblemente en formato RAW).

Aberraciones cromáticas a f/2.8 (recorte 100%)

De cualquier modo, la calidad de imagen cualquiera que sea la distancia focal y la apertura empleada es magnífica incluso viendo las imágenes resultantes a buen tamaño. Es una tontería ponerse a examinar este tipo de cosas a escala 1:1 porque para que eso se apreciara en una impresión necesitaríamos hacerla a tamaño cartel publicitario de parada de autobús y para que se apreciara en un monitor tendríamos que tener la resolución de una pantalla de cine, y con lo que hay que quedarse es que la gama de focales y aperturas que dan un máximo rendimiento en una óptica de este estilo es mucho más amplia que en los modelos más básicos.

El principal problema de este objetivo es su peso y su tamaño, ya que si no estamos acostumbrados a ópticas de este tipo la impresión inicial al tenerlo en las manos es, cuanto menos, la de estar sujetando un obús de la segunda guerra mundial. Además, al no contar con rosca para trípode en el propio objetivo (algo habitual en ópticas de este peso y dimensiones) en caso de montar la cámara en algún sistema de sujeción, la montura de la misma así como la propia rosca de la base del cuerpo van a recibir una tensión considerable debido a que todo el peso va a recaer en la parte delantera del conjunto por culpa de la gran cantidad de cristal que posee en su interior (un total de 16 elementos, 3 de ellos de baja dispersión).

Por cierto, un detalle curioso de esta óptica es que el zoom no se realiza mediante un anillo giratorio como es habitual en la práctica totalidad de los objetivos actuales; sino con una amplia zona del barrilete que desliza hacia delante y hacia atrás de tal modo que en su posición más adelantada estaremos disparando a 80 milímetros y en la más pegada al cuerpo de la cámara a 200. Esto, que al principio se hace un poco raro, se convierte luego en una opción muy cómoda y rápida para variar el encuadre de nuestras fotografías gracias al tacto suave y sólido al mismo tiempo de este mecanismo.

En cuanto a otros detalles menores del 80-200 os diré que el anillo de diafragmas no tiene nada de especial, y va desde f/2.8 hasta f/22 contando con una pequeña pestaña para bloquearlo en este último valor y así emplearlo en las cámaras actuales. Del mismo modo, la “ventana” que hay en la parte delantera de la óptica nos va a mostrar la distancia de enfoque pero sin ningún tipo de marcas para saber la profundidad de campo con la que vamos a contar. Un pequeño interruptor junto a la misma nos va a permitir acotar en dos tramos el rango de distancias enfocables para así agilizar un poco el proceso de búsqueda de foco y un anillo en la parte inferior será el que nos permita elegir entre enfoque manual o automático.

Por cierto, como podéis ver en la imagen que tenéis sobre estas líneas, la vista frontal del objetivo con el diafragma abierto a f/2.8 es sencillamente espectacular y os puede dar una idea del poder de captar luz que tienen este tipo de ópticas. Es verdad que los objetivos fijos de 50mm y 35mm que poseo tienen aperturas mayores que éste (ambos son f/1.8) pero no debemos olvidar que esa apertura de f/2.8 aquí la tenemos disponible incluso a 200mm con lo que esto implica en cuanto a captación de luz y capacidad de desenfoque.

Como os decía antes, el peso del 80-200 f/2.8 es más que considerable y a no ser que sepamos bien lo que esto supone no deberíamos de adquirir una óptica de este tipo para pasar el día en el campo con la cámara colgada al cuello. En mi caso particular la idea es emplearlo en esas excursiones por algunos pueblos que vengo haciendo en las últimas semanas en las que es el coche el que carga con el equipo la mayor parte del tiempo.

Nikon D300 y AF Nikkor ED 80-200 f/2.8 D

Además, en caso de que tengáis una mochila de mediano tamaño para transportar vuestro equipo deberíais ir pensando en cambiarla por una más grande, ya que en la Lowepro Slingshot 100 en la que suelo llevar la D300 con un objetivo montado y dos más “en la reserva”, me cabe nada más que la cámara con el 80-200 (y va muy justa) por lo que cuando llevo esta óptica no puedo llevar ninguna otra con lo que esto supone en cuanto a limitación de rango focal, ya que lo ideal sería acompañar este 80-200 con mi 16-85 VR.

Por otra parte, la ausencia de VR implica que no debemos descuidar la regla de la inversa de la focal. Es decir, que si estamos disparando sin ningún tipo de apoyo con el zoom del objetivo al máximo (200mm) deberíamos de emplear un tiempo de disparo más rápido de 1/300 en formato DX y 1/200 en formato FX o réflex analógicas para evitar trepidación en las imágenes resultantes.

Comparación con el Nikkor AF-S DX 55-200mm f/4-5.6 G ED VR

Si colocamos este objetivo junto a mi Nikon 55-200 VR diseñado específicamente para cámaras DX, veremos enseguida que la diferencia de tamaños es notable. Y aunque es verdad que el 80-200 es notablemente más grande, os aseguro que donde más se nota es la diferencia es en el peso de uno y otro; porque cuando ahora sostengo en mis manos el 55-200 me da la sensación de que está hecho de cartón-piedra.

Apreciaréis claramente esa diferencia de tamaños que os comentaba hace un momento en la siguiente fotografía:

Nikon 55-200 f/4-5.6 VR vs Nikon 80-200 f/2.8

Obviamente, que una óptica esté diseñada para el formato FX y que además posea una apertura constante de f/2.8 hace que sea mucho más voluminoso, pesado y caro; lo cual puede ser una desventaja importante a la hora de movernos por el campo o la ciudad con la cámara al hombro.

A modo de resumen

Me gustaría resumir un poco todo lo anterior en apenas unas líneas en las que trataré de expresar lo mejor y lo peor de esta óptica, pues ya sabéis que tiendo a irme mucho por las ramas al hablar de estas cosas y a estas alturas puede que algunos ya ni os acordéis de lo que comentaba en los primeros párrafos.

En la parte positiva está, como es lógico, la calidad general de imagen obtenida prácticamente en todo su rango focal y de diafragmas, su luminosidad, su capacidad de desenfocar los fondos y la construcción casi indestructible del objetivo. Es lo que se espera de un tele de este tipo, y en ese sentido el 80-200 f/2.8 no defrauda en absoluto.

Sin embargo, tampoco debemos de olvidar que el objetivo presenta algunas aberraciones cromáticas bajo ciertas condiciones y que al no poseer estabilizador óptico tendremos que vigilar que la velocidad de disparo no sea demasiado baja si estamos disparando a pulso.

Del mismo modo, os recuerdo que el objetivo no posee motor de enfoque propio y debido a ello no es tan rápido buscando el foco como en los modernos modelos AF-S profesionales (además de que nos obligará a enfocar manualmente en las actuales réflex de gama baja). Debido a ello no es el objetivo más adecuado para retratar elementos en continuo y rápido movimiento como un coche de carreras o un águila en pleno vuelo.

Por su parte, el peso y el volumen de esta óptica la vamos a notar en nuestros brazos y nuestra espalda si cargamos con el equipo durante varias horas. Kilo y medio de objetivo no es demasiado para estar un rato haciendo fotografías; pero estar toda una tarde con la cámara en ristre puede ser un esfuerzo considerable si no estáis acostumbrados.

Imágenes de ejemplo

Os ofrezco a continuación algunas imágenes capturadas con mi D300 y este objetivo para que podáis ver por vosotros mismos de lo que es capaz el conjunto. Lo que más me gusta del 80-200 f/2.8 es su capacidad para aislar los sujetos del segundo plano incluso estando situados a cierta distancia y es principalmente en lo que se centran estas imágenes, ya que si sé de antemano que voy a disparar todo el rato a f/8 lo más lógico es que me lleve mi 55-200 VR que ni pesa ni abulta y deje este voluminoso modelo en casa para otra ocasión más propicia.

No es complicado desenfocar el fondo con cualquier objetivo cuando tenemos la cámara pegada a la cara de la persona a la que estamos retratando; pero conseguir ese mismo efecto colocados con nuestra cámara a unos cuantos metros es algo que sólo puede hacer una óptica de focal larga y apertura generosa como esta; así que como una imagen vale más que mil palabras os dejo con una selección de fotografías que iré ampliando en fechas posteriores.

Nikkor 80-200 f/2.8

Ferias y Fiestas Alcalá 2010

Nikkor 80-200 f/2.8

Ferias y Fiestas Alcalá 2010

Nikkor 80-200 f/2.8

Ferias y Fiestas Alcalá 2010

A por el pan

Grabados

Confidencias a media tarde

Enlaces de interés

· Ficha técnica (foro Nikonistas)

· Review de la versión de dos anillos (Photozone)

· Nikkor 80-200 f/2.8 partes I, II, III, IV y V (Photography in Malaysia)

· Historia de los 80-200 f/2.8 (Ken Rockwell)

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Hoy he cumplido uno de mis sueños fotográficos

Cuando me planteé los requisitos que debería de cumplir la sustituta de mi fiel D40, uno de los más importantes (tal vez el que más) era que contara con motor de enfoque en el cuerpo para mantener plena compatibilidad con ópticas de tipo AF y así abrir mi abanico de objetivos a modelos antiguos pero muy efectivos.

Como ya sabréis, todo lo que hago tiene un fin. No sé si es mentalidad ingenieril o se trata simplemente de mi manera práctica de ver las cosas; pero nada es casual y hoy por fin ha llegado a mis manos una óptica que ya tenía en mente cuando di el salto a la D300.

Creo recordar que hace ya tiempo comenté algo acerca de que uno de mis “sueños fotográficos” era tener un teleobjetivo Nikon f/2.8; pero también es verdad que no estaba dispuesto a dejarme 2000 euros en un 70-200 VR II y el resto de marcas (Sigma, Tokina, Tamron) nunca me han dado tanta confianza como la propia Nikon a la hora de fabricar ópticas. Por eso, ya con la nueva cámara en mis manos, comencé a buscar sin prisa pero sin pausa un objetivo mítico dentro del catálogo del fabricante japonés al que tenía unas ganas tremendas: el AF Nikkor ED 80-200mm f/2.8 D que os presento en esta imagen tomada rápidamente con mi móvil junto al veterano Nikon AF 50mm f/1.8 D para que os hagáis una idea de sus dimensiones:

Se trata de un teleobjetivo de gama profesional fabricado a mediados de los años 90 y antecesor de los actuales 70-200 f/2.8. No cuenta con sistema de estabilización ni enfoque por motores ultrasónicos, pero tiene una construcción a prueba de bombas (cuerpo completamente metálico), una luminosidad que me vendrá de perlas la próxima vez que vaya a fotografiar una obra de teatro y una capacidad de desenfocar los fondos que me permitirá retratar de un modo muy especial los rincones por los que vaya pasando.

Obviamente se trata de un objetivo que también tiene sus defectos; y es que el enfoque no es tan rápido como en los modernos teleobjetivos AF-S y no se trata de una óptica para llevar todo el día montada en la cámara debido a sus 1450 gramos de peso y lo mucho que llama la atención de la gente con sólo sacarlo de su estuche. Sin embargo, para el tipo de fotografía tranquila que me gusta hacer estoy seguro de que será un fiel compañero que me dará muchas imágenes inolvidables.

Pero todo esto es sobre el papel; porque ya os digo que el objetivo acaba de llegar a mis manos y todavía no he tenido ocasión de probarlo. Será a lo largo de las próximas semanas cuando vaya haciendo uso de él y saque mis propias conclusiones que, antes o después, os contaré por aquí. De momento voy a pedir prestada una carretilla para poder meterlo en el maletero del coche y llevarlo hasta mi casa…  😀

Jugando con la profundidad de campo

Aunque el tema de la profundidad de campo ya lo vimos muy por encima tanto en aquella primera entrada que hablaba sobre los cuatro principios básicos de la fotografía digital como en la que trataba de explicar qué es la distancia hiperfocal, hoy me gustaría explicaros con unas imágenes muy descriptivas la influencia de la apertura en este importante parámetro.

Detalles complutenses (I)

¿Qué es la profundidad de campo?

La profundidad de campo (PDC para los amigos) es la distancia por delante y por detrás del plano enfocado dentro de la cual los elementos se muestran nítidamente en la fotografía resultante.

Esta PDC está influenciada por cuatro factores: la distancia focal del objetivo, el tamaño del sensor de la cámara, la distancia a la que se encuentra el motivo a retratar y la apertura empleada a la hora de captar la imagen; y aunque en esta entrada me quiero centrar en la influencia de la apertura sobre la PDC, me gustaría también tocar ligeramente los tres primeros factores.

Sed

1. Distancia focal

Cuanto mayor es la distancia focal del objetivo más estrecha va a ser la PDC, y es por eso que para retratos e imágenes en las que se busca desenfocar de forma prominente los fondos se tiende a emplear teleobjetivos y, en general, ópticas largas.

Más información en: Tipos de ópticas en fotografía

2. Tamaño del sensor

Cuanto más grande es el sensor más acusado es el desenfoque a una misma apertura y distancia focal, de modo que en términos generales un mismo objetivo va a desenfocar más el fondo a la hora de hacer un retrato si lo montamos en una cámara equipada con un sensor FF que en una que lleve uno de tipo APS-C.

Más información en: Los dos tamaños de sensor en las réflex Nikon

Parking en línea

3. Distancia al motivo

La profundidad de campo es menor cuanto más cerca estamos del motivo a retratar. Por eso en fotografía macro la PDC puede llegar a ser en ocasiones de menos de un milímetro, por lo que cualquier desajuste en el enfoque de la cámara dará al traste con la nitidez de la fotografía resultante.

4. Apertura empleada

Aunque cada persona entiende la fotografía de una manera, para mí la profundidad de campo es el concepto más importante a la hora de hacer una fotografía; y eso se nota en que la inmensa mayoría de mis imágenes han sido realizadas empleando el modo de disparo conocido como “prioridad a la apertura” (se elige una apertura de diafragma y la cámara calcula la velocidad necesaria para que la exposición sea correcta). Hay otras personas que se centran más en el movimiento mediante la variación de la velocidad de disparo; pero como suelo fotografiar elementos estáticos (con excepciones) tiendo a centrarme más en los desenfoques y la nitidez de los elementos de la escena.

Como os decía, lo que pretendo con esta entrada es que asociéis la mayor o menor apertura empleada a la hora de disparar una fotografía con el efecto que esto produce sobre la profundidad de campo: ya sabemos que las aperturas grandes típicas de objetivos muy luminosos producen grandes desenfoques, pero hasta ahora no me había puesto a hablar de este tema ejemplificándolo de forma visual, así que vamos a ponernos manos a la obra con una serie de imágenes muy ilustrativas:

Aperturas intermedias (f/6.3 – f/11)

Estas son las aperturas a las que suelo disparar la mayoría de mis imágenes porque representan un buen compromiso entre nitidez, PDC y tiempo de disparo. Todos los objetivos rinden más o menos bien a f/8 como os decía en la entrada que hablaba de la importancia de conocer las limitaciones de nuestro equipo fotográfico, de modo que si queréis aseguraros un buen resultado podéis disparar a estas aperturas intermedias.

50mm 1.8D (f/8)

Un objetivo de 50mm con una apertura seleccionada de f/8. Fijaos en el bonito “juego” que hacen las laminillas del diafragma para abrirse y cerrarse a voluntad.

f/8

Como podéis ver, a f/8 las hojas en primer plano aparecen completamente enfocadas porque entran dentro de la PDC resultante, pero en el fondo de la imagen apenas se distinguen las formas difusas de unos árboles en la parte derecha y la fachada de un edificio debido al fuerte desenfoque.

Aperturas pequeñas (f/16 – f/22)

Las aperturas más pequeñas dan como resultado una gran profundidad de campo, aunque el tiempo de exposición va a alargarse bastante debido a la menor cantidad de luz que entrará a través del objetivo. Del mismo modo os recuerdo que perderemos algo de nitidez por efecto de la difracción de la luz al atravesar un orificio de pequeño tamaño.

50mm 1.8D (f/22)

Notad cómo el orificio del diafragma resultante a f/22 es minúsculo, dejando pasar muy poca luz hasta el sensor y aumentando considerablemente el tiempo de exposición. De cualquier modo, precisamente por el efecto del paso de los rayos de luz por un diafragma tan cerrado es por lo que la profundidad de campo es tan alta.

f/22

A la mínima apertura disponible podemos apreciar perfectamente detalles del fondo como farolas, señales de tráfico e incluso un campanario o una grúa de color rojo que se encuentran muy alejados del motivo retratado en primer plano.

Aperturas grandes (f/1.8 – f/2.8)

Las aperturas grandes son un bien preciado en fotografía, ya que cualquier objetivo se puede cerrar hasta aperturas bastante pequeñas (f/22 o incluso superiores) no hay ninguna manera de abrir el diafragma más allá de la máxima apertura.

Es decir, que el típico objetivo 18-55 que viene con las cámaras más básicas podremos cerrarlo hasta, por ejemplo, f/22 sin ningún problema más que los asociados a la mencionada difracción; pero si queremos abrir el diafragma más allá de f/3.5 no nos va a ser posible porque esa es la apertura máxima de la óptica (y ese f/3.5 suele ser a 18mm; ya que a distancias superiores la apertura máxima será menor).

50mm 1.8D (f/1.8)

En la imagen podéis ver un 50mm f/1.8 abierto a su máxima apertura. Además, gracias a que a esta apertura las palas del diafragma se esconden completamente en la estructura del barril, el bokeh resultante va a ser más suave que en las aperturas intermedias.

f/1.8

Fijaos que en la apertura más grande disponible (f/1.8) el desenfoque del fondo es tan fuerte que lo único que se aprecian son manchas de colores. De hecho, ni tan siquiera todas las hojas están completamente enfocadas debido a que la PDC es tan estrecha no llega a abarcar los pocos centímetros que separan las más cercanas a la cámara de las que están detrás de ellas. De hecho, aunque los dos objetivos fijos que poseo (sin contar mi ojo de pez) tienen una apertura máxima de f/1.8 no suelo abrir el diafragma más allá de f/2.5 a no ser que sea absolutamente imprescindible.

Usando la PDC a nuestro antojo

Jugando con la PDC podemos dar a nuestras imágenes una personalidad propia y mostrar en ellas lo que más nos interese resaltando el motivo principal y desenfocando el resto. Si tenéis ocasión de probar un objetivo de apertura generosa os recomiendo que fotografiéis algo a un par de metros de distancia empleando las aperturas más grandes disponibles para comprobar el aspecto que adquiere la fotografía resultante porque estoy seguro de que os va a sorprender.

Por contra, a la hora de fotografiar paisajes, carreteras que se pierden a lo lejos o inmensos campos de trigo lo que os recomiendo es que empleéis aperturas cerradas para aumentar la profundidad de campo y que así todo aparezca enfocado en la imagen resultante.

Volando aviones en las cercanías del cerro del viso

Controlar pequeños detalles como estos son los que nos van a permitir expresarnos como nosotros queramos; y por esto mismo siempre digo que es una pena tener una cámara réflex y emplearla en modo automático. Sacudios la pereza y animaos a usar los modos semiautomáticos (o incluso el modo manual) y ya veréis cómo vuestras imágenes ganan muchos enteros al ser vosotros los que definís lo que queréis obtener en vez de dejar a la electrónica de la cámara la toma de estas decisiones.

Más información (en ingles)

Depth of field (Wikipedia)

Depth of Field (Toothwalker.org)

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Review: AF-S DX Nikkor 55-200mm f/4-5.6 G ED VR

Desde hace un par de semanas he cambiado mi teleobjetivo Nikon 55-200 por la versión estabilizada del mismo cansado de obtener algunas imágenes trepidadas cuando el motivo a fotografiar no estaba bien iluminado. En esos casos o subía la sensibilidad ISO de la cámara a 400 u 800 o directamente ni intentaba hacer la fotografía; ya que ante la ausencia de luz los tiempos de exposición eran demasiado largos para este rango de focales. En estos casos el VR es una valiosa ayuda que me permitirá ampliar un poco las limitaciones de mi equipo fotográfico.

Nikon AF-S 55-200 VR

A estas alturas de la película ya sabréis que tenemos dos opciones para disparar a pulso con poca luz sin subir demasiado la sensibilidad ISO y sin usar un flash: o bien empleamos un objetivo muy luminoso que nos permita tiempos de exposición muy breves (razón por la que los teleobjetivos f/2.8 se cotizan mucho entre los fotógrafos especializados en deportes) o empleamos una óptica estabilizada que nos permita tiempos de exposición más largos sin que las imágenes aparezcan trepidadas, aunque en este caso los objetos que estén en movimiento no aparecerán nítidos.

Puesto que un zoom luminoso se me sale muchísimo de presupuesto (el nuevo Nikon 70-200 f/2.8 VR sale por unos 2000 euros) he preferido gastarme diez veces menos y hacerme con un Nikon 55-200 f/4-5.6 VR del que hoy me gustaría hablaros después de haber disparado ya más de un centenar de imágenes con él.

El objetivo en la mano

Si colocamos la versión VR del 55-200 junto a la no estabilizada podremos ver varias cosas de un simple vistazo:

Nikon AF-S 55-200 VR vs. Nikon AF-S 55-200

Por una parte el objetivo es ligeramente más largo y su parasol es circular en lugar de pétalos. En cuanto al peso, es 80 gramos mayor en la versión estabilizada por su mayor complejidad interna y cuenta con un interruptor más que controla la activación o desactivación del sistema VR. Por cierto, aprovecho para comentaros que el VR que equipa este objetivo es el más sencillo de los dos que hay en la gama de objetivos de Nikon, por lo que no hay más controles que el ON-OFF que os decía hace un momento, estando presentes otros modos más avanzados en el VR II que equipan las ópticas más punteras de la marca.

De cualquier modo, en ambos modelos la montura es de plástico (una pena, porque se agradece mucho cuando es metálica) y el diámetro del filtro es de 52mm; por lo que he podido colocar sin problemas el Kenko Protector que tenía puesto en el primer modelo. Lo que sí que se aprecia es que la construcción y el tacto del zoom es algo más sólido en la versión estabilizada. Se trata de una óptica con motor de enfoque AF-S incorporado (será capaz de enfocar automáticamente en las cámaras Nikon que no posean motor en el cuerpo) y diseñada exclusivamente para sensores de tipo DX, por lo que no podremos emplearla en cámaras FX a no ser que activemos el modo de recorte que emplea sólo la parte central del sensor. Tenéis más información sobre el tema DX vs FX en esta entrada del blog.

Detalles

Del enfoque manual mejor ni hablamos, ya que el anillo de enfoque (en realidad la parte frontal del objetivo) tiene tan pocos grados de giro que es imposible afinar a mano el enfoque, siendo mucho mejor dejar esa tarea a la electrónica de la cámara tanto en una óptica como en la otra.

Usando el 55-200 VR

La principal ventaja del 55-200 VR sobre la versión anterior es, lógicamente, la posibilidad de emplear velocidades de disparo más bajas de lo normal. Ya sabéis que el sistema VR consiste en una lente dentro del objetivo que “baila” según los movimientos de nuestro pulso compensando ese leve temblor de tal modo que sobre el sensor de la cámara se proyecta la imagen captada por la óptica de una forma más estable. Según el fabricante, activando el VR podemos disparar a velocidades hasta ocho veces inferiores (tres pasos) a la que correspondería si empleáramos la típica regla de la inversa de la focal en equivalente a sensor de 35mm. Por lo tanto, si a 200mm teníamos que disparar a una velocidad de por lo menos 1/300, ahora podremos hacerlo a 1/40 obteniendo una imagen nítida.

Del mismo modo, el VR ayuda a componer las fotografías en el visor de la cámara puesto que vamos a tener una visión sin saltos ni temblores y, sobre todo, va a echar una buena mano al sistema de enfoque de la cámara al poder trabajar éste con una imagen estática con la que poder afinar más la nitidez del motivo enfocado.

La calidad de imagen disparando a aperturas que ronden f/8 es muy similar a la que daba la versión no estabilizada, pero lo bueno de la versión VR y su renovado esquema óptico es que vamos a poder disparar con el diafragma algo más abierto obteniendo una nitidez notable y un viñeteo prácticamente inexistente (cosa que se daba con cierta frecuencia en la versión anterior de la óptica), lo que nos ayudará a desenfocar prominentemente los fondos a la hora de hacer retratos.

Mi hermana

El mecanismo estabilizador nos va a permitir hacer fotografías con focales largas en condiciones de poca luz (días nublados, amaneceres, ocasos…) sin necesidad de subir la sensibilidad ISO de la cámara o usar un trípode. En mi caso particular, me fui a primera hora de la mañana en un día muy nublado a un parque cercano a mi casa para disparar unas fotografías a una fuente a la que llevaba tiempo con ganas de retratar y he de reconocer que he quedado gratamente sorprendido por los resultados.

Amanecer acuático

Ya sabéis lo mucho que me gusta callejear por la ciudad con la cámara, y he de reconocer que aunque el 55-200 me ha venido muy bien en multitud de ocasiones, la versión estabilizada es más funcional al no tener que depender tanto de las condiciones de iluminación exterior. Los días nublados y las sombras de los edificios ya no son un problema y además, como os decía antes, el sistema estabilizador hace que ganemos en nitidez y facilidad de enfoque al proyectar la imagen con más nitidez sobre el sensor de la cámara.

Ahora ya estoy acostumbrado a la sensación de mirar por el visor de la réflex con un objetivo estabilizado gracias al 18-55 VR que llevo usando unos meses, pero me gustaría comentaros que las primeras veces uno tiene la sensación de estar un poco mareado debido a que el movimiento de nuestro pulso y lo que vemos con nuestros ojos no se corresponde al 100%, especialmente en las focales más largas. Es un poco como la sensación de ir en barco, pero a la inversa.

Las veteranas del barrio

Por lo demás, antes de dejaros con una breve conclusión y algunas fotografías más a modo de ejemplo para finalizar el artículo, me gustaría comentaros algunos detalles de poca importancia pero que no quisiera pasar por alto. Cosas como por ejemplo que el parasol puede ser montado al revés para almacenar el objetivo sin que ocupe tanto o que el enfoque se realiza de forma interna, no aumentando su tamaño en función de ello aunque sí en el caso de variar la distancia focal. Del mismo modo, el anillo del zoom tiene un tacto sólido y muy directo, lo que unido a su generosa anchura hace que variar la distancia focal sea algo casi instantáneo.

Conclusión

Si ya tenéis un 55-200 no estabilizado, con esta version VR vais a cubrir el mismo rango focal con la misma luminosidad; por lo que la ventaja radica en el estabilizador VR, una calidad de imagen algo mejor y una casi total ausencia de viñeteo. De cualquier modo, la versión anterior de este teleobjetivo es muy funcional y, de hecho, es la que he estado empleando durante un año con estupendos resultados siempre que la iluminación fuera más o menos intensa. En ese caso la recomendación de esta versión estabilizada es relativa ya que, como os decía antes, no vais a apreciar una mejora considerable en cuanto a rango focal o luminosidad.

Sin embargo, si os acabáis de comprar una cámara Nikon con sensor DX que viene con un 18-55 y ya habéis descubierto que se queda un poco corto para alcanzar ciertos detalles, lo más recomendable es que os hagáis con la versión VR, ya que vais a poder emplearlo con una iluminación más ténue sin merma en la nitidez de las imágenes; sobre todo teniendo en cuenta que no cuesta mucho más que la versión anterior.

Galopando entre gotas de agua

Es decir, que si no tenéis focal cubierta más allá de los 55mm la versión VR es muy recomendable. Sin embargo, si tenéis ya un 55-200 no estabilizado pensad si os merece la pena, pues aunque yo lo considero recomendable, es un gasto “extra” que tal vez no a todo el mundo venga bien. De hecho, supongo que acabaré vendiendo la versión antigua debido a que no creo que la vuelta a usar más teniendo la VR en la bolsa de fotografía.

Y ya sin más, os dejo con algunas imágenes más que he sacado “a pulso” estos últimos días con el Nikon 55-200 VR y mi D40. Algunas de ellas puede que ya os suenen, porque de hecho es un objetivo que me llevé para captar las imágenes que ilustran las entradas que he publicado recientemente narrando un paseo por Madrid o el inicio de año en Redueña. Podéis consultar los datos EXIF de las mismas haciendo click sobre cualquiera de ellas y mirando el apartado “más propiedades” que tenéis en la parte derecha de la página de Flickr que se abrirá.

Fotografías de ejemplo

Contenedores y desenfoques

Desafiando a la ley de la gravedad

De charla con musarañas

Sólo en el asfalto

Lluvia permanente

Torres blancas

Mahou

Escaleras y farolas

Verde

Farolillo

Cementerio de Redueña

Señales

Gato tamaño XXL en Redueña

Fronteras

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia