Nombre desafortunado para una marca de calcetines

Ir a la típica tienda de barrio y encontrarse con una marca de calcetines llamada PENETRA es algo que realmente no tiene precio. Pero es que además del nombre (que le hubiera ido mejor a una empresa que se dedicara a fabricar preservativos) no puedo dejar de mirar esa etiqueta cutre-salchichera donde la cara de un tipo sacado de alguna tasca ochentera es la nota dominante a la que se dirigen todas las miradas junto al rótulo de “no aprietan”.

Nombre desafortunado para una marca de calcetines

Del mismo modo, la parte trasera de la etiqueta tampoco tiene desperdicio:

Calcetines Penetra (reverso de la etiqueta)

Me imagino que el nombre de la marca será una especie de acrónimo de Pedro Nervión Tramontana o algo así, pero sea como sea había millones de nombres que no darían lugar al cachondeo. Aunque estoy pensando que tal vez sea una forma de marketing revolucionaria, pues de otro modo nunca hubiera hablado de unos calcetines en el blog…

En fin, escribir esta entrada me ha costado 1,50 euros; pero aunque sólo sea por compartir con vosotros este momento WTF la compra ya ha merecido la pena  😀

ACTUALIZACIÓN 4-11-2009: Añadida fotografía de la parte de atrás de la etiqueta. La verdad es que tampoco tiene desperdicio… 😀

Aquellas fotografías de papel (2009)

Estas entregas de fotografías analógicas escaneadas alcanzan el tiempo presente. Precisamente por eso me vais a permitir que emplee una imagen mía de este verano para continuar con la estructura que he seguido en las anteriores, poniendo en contraste mi propio aspecto y aquello que captaba con mi cámara para que así todo quede en contexto.

Retrato en sepia

Y es que después de haber publicado varias entradas mostrándoos fotografías realizadas por mí que tienen entre diez y veinte años de antigüedad, hoy he decidido compartir con vosotros las imágenes que ha captado hace apenas unos días con aquella primera cámara que me regalaron en la primavera de 1989 y a la que metí un carrete Fujifilm de 35mm al día siguiente de encontrarla para hacer una especie de “revival analógico” como podéis ver en el siguiente par de imágenes.

Fujicolor

Werlisa club 35

Me llama mucho la atención ver que aquella sencilla Werlisa es, hoy en día, una auténtica máquina del tiempo: poco importa que las fotografías estén hechas en pleno 2009, porque al verlas uno se da cuenta de que su aspecto es totalmente ochentero tanto por los colores apagados como por la poca nitidez de las esquinas de cada fotograma.

He de reconocer que a la vista de los resultados no creo que vuelva a sacar esta cámara a la calle (al menos a corto plazo) porque la calidad de las imágenes deja mucho que desear. Algo lógico si tenemos en cuenta que el obturador de esta cámara tiene un tiempo de apertura fijo, tres modos de exposición (sol, nublado, flash) y no cuenta con ningún dispositivo que indique si estamos exponiendo correctamente, por lo que es difícil obtener la iluminación exacta para que la fotografía quede equilibrada en cuanto a la luminosidad.

Además, me he encontrado con un segundo problema: el visor de la cámara abarca bastante más campo que lo que luego se impresiona en el negativo y esto ha hecho que algunas de las imágenes que hice se hayan “cortado” en mayor o menor medida dando lugar a alguna que otra chapuza. Acostumbrado a la precisión del visor de mi réflex ni siquiera se me había pasado por la cabeza que pudiera darse semejante diferencia en cualquier cámara.

¡Vamos con las fotografías!  😉

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Pues bien, por el momento hasta aquí han llegado nuestros escaneos de fotos en papel. Puede que en el futuro rescate más imágenes antiguas de mi álbum para compartirlas con vosotros, pues veo que estas entradas en general os han gustado bastante y a mí me han servido para mostraros que mi visión de la fotografía no ha cambiado tanto ni con el paso de los años ni con el salto a digital. Esto demuestra una vez más que se trata de un arte que cada uno ve y entiende como quiere, siendo éste un rasgo personal e intransferible de la personalidad de cada indivíduo.

Observad con atención una fotografía realizada por alguien y os dirá mucho de su forma de ser.

iGoogle

iGoogle

En casa tengo tres ordenadores: un sobremesa que empleo para edición de vídeo y fotografías, un portil Toshiba un poco antiguo pero que uso para todo en general y mi pequeño Asus EeePC 701 que me sirve para escribir sentado cómodamente en el sofá del salón o ver las noticias mientras desayuno.

Sin embargo había un pequeño problema: realizar ciertas tareas era un verdadero descontrol, pues empleo los tres ordenadores más o menos regularmente y mantenerlo todo sincronizado conseguía que estuviera mandándome cosas de un lado a otro por la red de casa o directamente en pendrives.

El ejemplo más claro es el correo electrónico: lo miraba siempre en el sobremesa, pues en él tenía instalado Mozilla Thunderbird, que a su vez también era mi lector de RSS. Sin embargo, no siempre estaba delante de ese ordenador, por lo que si miraba la cuenta de Gmail a través de la web en otro ordenador ocurría que luego al abrir el Thunderbird me volvían a aparecer como no leídos los correo que había leído online. No sé si he sabido explicar bien el problema, pero creo que he podido transmitiros en parte el galimatías que esto supone en el día a día.

Otro ejemplo (tal vez más claro) sea el redactar documentos. Más de una vez he comenzado a redactar algo en Open Office en un ordenador y me lo he tenido que mandar por e-mail para continuarlo, por ejemplo, en el EeePC 701 más tarde. Podría haber trabajado en red, dejando el documento en una carpeta compartida del ordenador y editándolo desde cualquiera de los otro dos, pero eso me obligaría a tener el ordenador que haría de servidor permanentemente encendido, lo que no deja de ser un despilfarro energético que no estoy dispuesto a realizar.

Pues bien, al final di con una solución bastante simple: emplear iGoogle para todas esas tareas cotidianas que os comento y alguna que otra más. Es cierto que el fin último de Google es dominar el mundo al igual que pretende Microsoft, pero no sé por qué, del mismo modo que Steve Ballmer y compañía se han ganado una antipatía generalizada con el paso de los años, la gente de Google suele tener una imagen bastante más positiva. Cosas del marketing, supongo…

Pero bueno, vamos a lo que quería contaros, que no es otra cosa que el uso que le doy a este interesante servicio. iGoogle consiste en la “centralización” de los diversos servicios online que ofrece google en una página de inicio encabezada por el conocido buscador como podéis ver en la siguiente captura.

captura iGoogle

A través de una interface basada en pestañas podremos personalizar cada una de ellas con diversos elementos como lector de RSS (Google Reader), suite ofimática online (Google Docs), lector de correo (Gmail), marcadores de Internet, titulares de diferentes diarios, previsiones meteorológicas, calendarios con recordatorios, mapas…

Seguro que más de uno ha empleado estos servicios por separado más de una vez. No hay en iGoogle nada nuevo ni especialmente revolucionario; pero es que el potencial que posee consiste en que lo tenemos todo en la misma pantalla del navegador, por lo que definiendo a iGoogle como nuestra página de inicio, de un simple vistazo podemos estar al día de la información que consideramos relevante y a un click de cualquier página que visitemos con frecuencia.

En mi caso particular empleo iGoogle como página de inicio en todos mis ordenadores con una configuración de tres pestañas:

Principal: Gmail, Google Reader, titulares de El País, previsión meteorológica, Google Docs y post-it para recordatorios.

Consulta: Google Maps, diccionario RAE, traductor Google y búsqueda en Wikipedia

Chat: el chat de Google (Gtalk)

Esto es lo que yo suelo emplear habitualmente, pero las diversas pestañas (se pueden crear tantas como se desee) se pueden personalizar como al usuario le venga en gana; tanto en la distribución como en el contenido. De hecho, hay cientos de complementos diseñados incluso por los propios usuarios y que van desde “el chiste del día” hasta una calculadoras o conversores de divisas.

A mí me ha parecido una aplicación más que interesante que me ha facilitado mucho esas pequeñas cosas que hacemos cada día. Por ejemplo, ahora las reviews para ultimONivel las escribo en Google Docs y así puedo continuar escribiéndolas desde cualquier ordenador sabiendo que con grabar los cambios puedo seguir mi trabajo en cualquier momento y lugar sin preocuparme de más.

Ah, claro, se me olvidaba comentar que para emplear iGoogle hay que tener un perfil en algún servicio de Google, pues ya sabréis que la misma cuenta de Gmail o sirve para cualquier servicio asociado con la empresa (Youtube incluído). Es algo completamente gratuito que podéis activar o desactivar a voluntad en cualquier momento mediante el enlace que aparece en la parte superior derecha de la pantalla.

En definitiva, un modo de trabajar en Internet con comodidad y que me ha facilitado algunas tareas. Si tenéis una cuenta en Google os sugiero que lo probéis porque para dar marcha atrás siempre hay tiempo, pero yo creo que lo más seguro es que os acabe gustando tanto como a mí.

¿Qué es el bokeh?

Bokeh es un término japonés empleado en el mundo de la fotografía que se refiere a la apariencia de las zonas que aparecen desenfocadas en una imagen. Un buen bokeh es el que aparece en fotografías donde lo que hay tras el sujeto principal se desenfoca de tal modo que parece una mezcla fundida y neblinosa. La siguiente fotografía es un ejemplo de un bokeh medianamente bueno:

Mercado medieval 2009

Conseguir un buen bokeh depende de varios factores, pero el más importante de todos es el objetivo empleado: hay ópticas que están diseñadas para dar un buen desenfoque de los fondos (teleobjetivos de apertura generosa, ópticas fijas, objetivos macro…) y otras como los ultra-gran angulares que no son capaces de hacer buenos desenfoques por su construcción ya que, para empezar, será complicado conseguir desenfoques acusados en ese tipo de objetivos con una profundidad de campo tan grande. De todos modos, van a influir mucho en la obtención de un buen bokeh los siguientes elementos:

– Emplear una gran apertura

– Distancia elevada entre sujeto y fondo

– Diafragma de forma circular

La forma del diafragma es fundamental, pues los puntos desenfocados van a tener la misma forma que el diafragma utilizado (a no ser que empleemos la máxima apertura, en cuyo caso será completamente circular). No obstante, en lugar de escribir un largo y pesado texto explicando esto, he preferido grabar un vídeo de poco más de un minuto con el que espero saber transmitiros este concepto:

Un buen bokeh consiste en fondos desenfocados como si fueran queso fundido y luces lejanas en forma de círculos luminosos al estilo Hollywood (son los términos habituales, no me los he inventado yo 😀 ). Con esto conseguiremos imágenes bonitas y fondos que no distraerán la atención del espectador (o sí).

Bokeh

No siempre es sencillo conseguir ambas cosas (y en muchos casos ni siquiera una de las dos) pero, además del aspecto técnico, el fotógrafo también influye mucho en la obtención de un buen bokeh: la iluminación del sujeto principal y el fondo, el uso de determinadas aperturas, usar distancias focales largas…

Hay objetivos que por si mismos no son propensos a dar un buen bokeh, pero conociendo sus limitaciones y tratando de emplearlos en situaciones adecuadas podemos conseguir fotografías muy majas, como esta que hice hace apenas un par de días del caño de la fuente que hay en la quinta de Cervantes o la del halcón que encabeza esta entrada; ambas realizadas con mi sencillo teleobjetivo Nikon AF-S 55-200 f/4-5.6.

Agua

Por su parte, la fotografía del semáforo que tenéis unos párrafos más arriba está realizada con mi AF-S 35mm f/1.8G, demostrando que también puede conseguir un bokeh bastante bonito pese a no contar con una distancia focal demasiado larga.

El bokeh; ese término extraño y que no se puede medir con ningún parámetro. Es curioso: en fotografía tendemos a medirlo todo (resolución de las ópticas, velocidades de disparo, aperturas, longitudes focales…) pero el bokeh es algo que gusta o no gusta; sin más. No hay forma de cuantificarlo, y seguramente es lo único que hoy en día no podemos usar para hacer comparativas entre unos equipos y otros. No sé a vosotros, pero a mí este tipo de cosas refuerzan mi pasión por la fotografía como forma personal e intransferible de plasmar la realidad.

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Alcalá de Henares, ciudad políglota (documental de TVE)

Llevo 25 años viviendo en esta ciudad y he de reconocer que es un lugar que me encanta: sus algo más de doscientos mil habitantes la convierten en un lugar no tan bullicioso como pueden ser Madrid o Bercelona al tiempo que es lo suficientemente grande como para encontrar en ella todo lo necesario para vivir con comodidad y además cuenta con un montón de rincones encantandores.

En este blog escribo sobre todo lo que se me pasa por la cabeza, y precisamente por eso hay tantas entradas que hablan sobre Alcalá de Henares. Ya sea en forma de historias con sus calles como escenarios o mediante fotografías que muestran sus rincones, la ciudad complutense está muy presente a lo largo de las más de 1250 entradas que llevo publicadas hasta el momento.

Y que conste que a veces intento ver el blog desde un punto de vista externo y me da la sensación de que alguien podría pensar que llevo algún tipo de comisión con el ayuntamiento o algo así. Sin embargo, nada más lejos de la realidad: escribo sobre Alcalá porque me gusta y porque es donde suceden la mayor parte de las historias que me ocurren; así de simple.

Por eso, hoy me gustaría invitaros a conocer la ciudad desde otro punto de vista: mediante un documental de TVE grabado en el año 2002 y perteneciente a la serie “Ciudades para el siglo XXI” el cual, durante su media hora de duración, se acerca a la ciudad desde muy variados ángulos.

Alcalá de Henares, ciudad políglota (RTVE)

En él aparecen los rincones que tantas veces he retratado con mi cámara, el lugar donde estudié toda mi carrera, edificios con encanto, plazas por las que siempre me gusta pasar… En definitiva, un documento audiovisual francamente bueno que os va a mostrar la ciudad que me ha visto crecer y que podéis ver si pulsáis sobre la imagen que ilustra la entrada.

Alcalá de Henares ayer y hoy (90)

Como os dije en la entrada anterior, vamos a dedicar algunos días a recorrer las calles que hay entre la plaza de los Santos Niños y la puerta de Madrid. Una zona que, si bien no es tan turística como otras más conocidas, tiene un peculiar encanto que hace que sea un placer perderse por ella.

Si nos situamos en la calle Postigo (más o menos a la altura de la facultad de ciencias económicas) y miramos desde ella en dirección hacia la plaza de los Santos Niños podremos ver entre los edificios la torre de la iglesia magistral. Así es hoy en día y así fue hace más de 70 años como podéis ver en la siguiente fotografía:

Calle del Postigo

“Calle Postigo”. Fotografía de Vicente Zubilaga tomada en 1934. Extraída del libro “El archivo y la fotografía de Alcalá de Henares”. ISBN: 84-87914-53-3.

Como os digo, la vista desde este lugar no ha  cambiado en absoluto en todos estos años: la práctica totalidad de los edificios han sido restaurados o directamente reconstruidos, han desaparecido los postes del primitivo tendido eléctrico y la calle ha sido asfaltada en sustitución del adoquinado de la época; pero fijaos en que la vista del conjunto sigue siendo exactamente la misma.

La facultad de económicas es ese edificio moderno que se ve en la parte izquierda de la imagen y, como podéis apreciar, ha sustituido a aquellas viviendas destartaladas que se veían en la fotografía de 1934.

Calle del Postigo en la actualidad

Bueno, hasta aquí nuestro vistazo al pasado de esta semana. Como os decía al principio de la entrada, me gustaría dedicar un tiempo a recorrer calles alejadas de la bulliciosa plaza de Cervantes y alrededores para así ver contrastes alejados de las zonas que todos conocemos ya. El lunes que viene visitaremos otro de esos rincones con encanto que no han cambiado apenas nada con el paso de las décadas… ¿o tal vez sí?

“Tener todo lo necesario para ser feliz, no es una buena razón para serlo realmente”

(proverbio francés)

Aquellas fotografías de papel (1998)

1998 fue un año irrepetible: me saqué el carnet de conducir, físicamente estaba en plena forma, conocí a un montón de gente… Pero aunque no paré ni cinco minutos, no descuidé mi pasión por la fotografía, pues como en los años anteriores en Oropesa seguí combinando bicicleta y cámara para captar paisajes mediterráneos desde las alturas.

Verano de 1998

De aquel verano recuerdo con especial cariño la tarde en la que por primera vez subí a lo alto del monte Bovalar con mi cámara: una Ansco autofocus con motor de arrastre que viñeteaba muchísimo como se puede ver en las imágenes que ilustran esta entrada. Ya había estado en aquel lugar con anterioridad, pero nunca había podido captar en imágenes lo que se divisaba desde allí, así que a partir de ese día pude narrar con fotografías a mis amigos y mi familia cómo era ese lugar al que iba siempre que tenía ocasión sin importarme el esfuerzo a realizar para llegar a lo más alto del monte.

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También hubo otras excursiones (tanto en Semana Santa como en verano) en las que pude fotografiar mar y montañas así como otros lugares pintorescos que hoy en día están prácticamente irreconocibles. Prueba de ello son las siguientes imágenes; y aunque en las dos segundas el paisaje no ha cambiado demasiado, la primera de las tres hoy en día sería imposible de localizar porque esa zona de pinadas hoy en día es una urbanización de chalets.

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