El tatuaje (microrrelato)

Paso de peatones

Esperando a cruzar la calle un tatuaje llamó mi atención pese a que en aquel rincón de Alcalá había cientos de detalles en los que fijarse. Y aunque no era especialmente bonito, grande ni llamativo; gracias a él reconocí a su dueña sin necesidad de que se diera la vuelta: estaba grabado en el hombro izquierdo de la que fue mi novia hace unos cuantos años.

Eso sí, del maromo que caminaba de su mano no sabía absolutamente nada pese a que tenía la piel grabada hasta la nuca.

– Tenías razón – pensé. Y cuando el semáforo se puso en verde me perdí entre la muchedumbre de la calle Mayor.