Fotografiando la Raspberry Pi Zero W y su ingeniosa antena

No sé si lo he comentado alguna vez por aquí, pero siento auténtica devoción por las Raspberry Pi hasta el punto que considero que es lo mejor que le ha ocurrido a la informática y a la electrónica a nivel de usuario en los últimos años.

Raspberry Pi Zero W

Dispongo desde hace tiempo de una Raspberry Pi 3, así como de un par de Raspberry Pi Zero (una de ellas la uso como reproductor multimedia) y en mis manos tengo ya una de las primeras Raspberry Pi Zero W que se han distribuido, pues la pedí el mismo día de su presentación y me llegó desde UK poco después.

Lo que ocurre es que aunque esa misma noche ya estuve instalando Raspbian y trasteando con ella un buen rato, no ha sido hasta hoy cuando he cogido la cámara y el objetivo macro con la idea de hacer unas fotografías que pudieran transmitir la belleza que yo siempre le encuentro a este tipo de cosas.

Raspberry Pi Zero W

Aunque esta nueva integrante de la familia Raspberry Pi es muy similar a la Zero “a secas” tanto físicamente como en potencia, la W de su apellido viene de que integra tecnología Wireless como ya hizo anteriormente su hermana mayor (la Raspberry Pi 3).

El reto principal era el integrar la conectividad inalámbrica en una placa electrónica de tan reducidas dimensiones y a la vez ya superpoblada de diminutos componentes electrónicos.

Raspberry Pi Zero W

Descartada la idea de colocar una antena WiFi al uso (la de la Raspberry Pi 3 es pequeña pero demasiado voluminosa para una placa tan minúscula) la gente de la Raspberry Pi Foundation se estrujó los sesos y decidió emplear una tecnología licenciada por la empresa Proant que es tan genial como simple: la antena es un triángulo cuidadosamente esculpido en la propia placa en cuyo interior resuenan las ondas de radio que son captadas por dos microscópicos condensadores situados en su vértice.

Raspberry Pi Zero W

Como amante que soy de las soluciones sencillas y los tamaños reducidos, contemplar ese destello de genialidad que es la antena de la Raspberry Pi Zero W me hace pensar en todas las cosas maravillosas que en el mundo de la tecnología nos van a asombrar durante los próximos años.

Por cierto, espero que hayáis disfrutado de las fotografías. Hacía tiempo que no agarraba la cámara y la verdad es que he disfrutado bastante buscando la mejor perspectiva para apreciar los detalles que tanto abundan en estas miniaturas tecnológicas.

Raspberry Pi Zero W

¡Nos lemos!

Algunos consejos sobre fotografía macro

Para mí, amante desde siempre de los diseños minis y los nimios detalles, un objetivo macro era algo que tarde o temprano tenía que acabar en mis manos. Confieso que desde hace años le tenía echado el ojo al famoso Tamron 90, así que cuando lo vi hace unos días no me lo pensé dos veces y me hice con él sin pensármelo demasiado. Y he de decir que sólo me arrepiento de una cosa: de no haberlo comprado antes… Mucho antes.

Pentium 4

Pero no vengo hoy a hacer una review de este objetivo (eso puede que más adelante) sino a hablaros de la fotografía macro en general para contaros algunos conceptos muy particulares de este tipo de fotografía y tres o cuatro cosas que debéis tener en cuenta a la hora de disparar.

¿Qué es la fotografía macro?

Aunque lo del modo macro lo podéis encontrar en la práctica totalidad de cámaras compactas digitales desde tiempos inmemoriales (es ese modo marcado con una flor) disponer de un objetivo dedicado a estos menesteres en una réflex es garantía de calidad de imagen.

Un objetivo macro, académicamente hablando, es aquel capaz de proyectar sobre el sensor de la cámara una imagen al menos a escala 1:1. Es decir, que podríamos llenar el encuadre fotografiando un sello de tamaño 24x16mm en cámaras APS-C y de 36×24 en cámaras de formato completo, dando lugar por tanto a imágenes espectaculares en las que saltarán a la vista detalles que habitualmente permanecen ocultos como los contactos eléctricos del cabezal de disco duro que tenéis a continuación:

HDD

Los objetivos macro, además de poder enfocar a unas distancias muy muy cortas, no producen deformaciones en las imágenes, dado que suelen ser de focal fija y por lo tanto están optimizados para su focal correspondiente. Si tenemos un objetivo de focal variable lo habitual es que haya cierto grado de distorsión de barril en las focales más cortas y de cojín en las más largas.

Eso sí, hay una característica “extraña” en los objetivos macro y es que su apertura máxima disminuye en función del grado de magnificación que empleemos. Es decir, que enfocando a infinito tendremos una apertura de, por ejemplo, f/2.8 pero a medida que vayamos enfocando a distancias más cortas (consiguiendo un mayor ratio de ampliación, por tanto) esa apertura máxima irá disminuyendo para caer entre uno y dos pasos dependiendo del modelo de objetivo cuando estemos enfocando a la mínima distancia posible.

Luz, luz, más luz…

A los tres o cuatro disparos que hagáis con vuestro flamante objetivo macro os vais a dar cuenta de que para conseguir buenos resultados vais a necesitar un porrón de luz. Si con un angular podéis disparar a pulso incluso al atardecer logrando una muy buena nitidez, para conseguir algo mínimamente decente con un macro vais a tener que disparar bajo una luz realmente potente; especialmente si vuestro objetivo es de una focal más o menos larga y no es estabilizado (el Tamron 90 cumple ambas características).

Desde luego, si os sobra la pasta podéis animaros a comprar un Nikon micro 105 VR, que es una maravilla y la estabilización nos va a ayudar mucho si disparamos a pulso, pero su precio casi triplica al del Tamron que tengo yo. En cualquier caso, a lo largo de una serie de apartados vamos a ver que la realización de fotografías en macro tiene una serie de particularidades que nos impedirán sacar todo el partido a nuestro recién estrenado objetivo si no las tenemos en cuenta.

Dinos

En cualquier caso, como siempre os digo en estos temas fotográficos, lo importante es divertirse practicando y aprovechar la inmediatez que nos ofrecen las cámaras digitales para comprobar nuestros resultados y corregir los fallos de nuestra técnica.

Profundidad de campo

La profundidad de campo, es la distancia en el eje perpendicular al plano de la fotografía en el que las cosas aparecen nítidas, quedando borroso todo aquello que esté por delante y por detrás de esta. Dependiendo de factores como el tamaño de la fotografía, la apertura empleada, lo cerca que estemos del motivo a retratar, la distancia focal… la PDC será mayor o menor; pero el problema que vais a tener en la fotografía macro es que esta PDC va a ser ínfima.

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Fijaos cómo en la fotografía que tenéis aquí encima, tan sólo uno de los estambres de esa flor de almendro permanece enfocado mientras que el resto aparecen totalmente fuera de foco (y, como sabéis, la flor del almendro es más pequeña que la yema de un dedo).

Por tanto, el enfoque es algo crítico en este tipo de fotografías y diferencias de medio milímetro pueden dar al traste con una buena fotografía convirtiéndola en un borrón.

¿Cuál es el truco para poder conseguir la máxima profundidad de campo? Pues emplear una apertura muy pequeña (en macro puro y duro suelto rondar f/14 o f/16 y a veces incluso he disparado a f/22). Por eso no me preocupa mucho que la apertura en 1:1 sea de f/5.6, ya que a esas magnitudes no me voy a acercar ni de lejos a esas aperturas.

No quisiera pasar por alto que aunque los objetivos actuales son todos autofocus, en el caso de la fotografía macro lo más recomendable es pasar a enfoque manual y realizar esta tarea con el anillo dedicado, ya que para lograr una buena precisión suele estar muy desmultiplicado y así podemos elegir exactamente lo que queremos que aparezca nítido y lo que preferimos difuminar en el espacio.

Contactos

Trepidación

Vale, pues para conseguir profundidad de campo disparo siempre a f/32 y arreglado… ¡Pues no! Si lo haces así te vas a encontrar que o bien estás disparando a pleno sol en la orilla de la playa o tu fotografía va a ser un borrón. A esas aperturas tan extremas los tiempos de exposición se alargan muchísimo y te vas a dar cuenta de que es imposible disparar a pulso sin arruinar esa fotografía que en tu cabeza parecía perfecta. Además, a aperturas tan reducidas puede aparecer el fenómeno de la difracción en nuestras fotografías.

¿Qué hacer para esto? Pues una de dos, o subimos la sensibilidad ISO considerablemente o bien llevamos con nosotros un equipo de iluminación que nos surta de la ansiada luz.

La opción más sencilla es la de elevar la ISO, pero ya sabéis que a mayor ISO mayor ruido aparece en la imagen. Y aunque siempre he pensado que es mejor tener un poco de ruido en una imagen a un borrón, en la disciplina de la fotografía macro esta máxima debéis tenerla bien presente.

Una fotografía macro impacta por su nitidez, por lo definido de sus colores y sus formas. Que aquello que queramos mostrar esté perfectamente enfocado y nítido hasta que duela será algo que aporte espectacularidad a nuestras imágenes y asombro en el espectador. No tengáis miedo, por tanto, de subir un par de pasos la sensibilidad ISO para así obtener la máxima nitidez posible.

RAM

La otra opción, como os decía, es conseguir una fuente de luz (o dos, si no queremos sombras) que nos permita iluminar el motivo de nuestras fotografías sin darle sombra con el objetivo. Exacto, el flash integrado de la cámara no vale para nada en distancias tan cortas, y de hecho hay flashes dedicados al mundo macro (sí, esos en forma de anillo) que cuestan una pasta.

Si disponéis de espacio para trabajar en casa con amplitud, una buena opción son un par de flexos potentes que nos permitan iluminar desde dos puntos y así minimizar la aparición de sombras en puntos no deseados. Yo lo que suelo hacer es iluminar desde un lateral y desde arriba, de modo que consigo una luz uniforme y suave; aunque cada foto es un mundo y hay que ser muy flexible en este aspecto.

El mundo del macro

Como habréis podido comprobar, el macro es una disciplina que depende completamente de la luz para poder brillar en todo su esplendor. En realidad toda la fotografía lo es, pero al acercarnos tanto a los detalles si la iluminación es deficiente nunca podremos hacer resplandecer la belleza oculta de las cosas.

Carburo de tunsteno

Se trata de una vertiente de la fotografía muy sacrificada en la que podemos hacer doscientas fotografías y al final seleccionar apenas dos o tres que realmente merecen la pena; pero os aseguro que os sentiréis orgullosos de aquellas fotos que pasen vuestro “filtro autocrítico”.

Yo he entrado en el mundo macro hace poco, pero estoy contento porque me ha vuelto a meter en el cuerpo el gusanillo de jugar con la cámara, que es justo lo que quería cuando decidí comprar este objetivo.

La belleza incomprendida de los reflectores

Llevaba ya tiempo con ganas de hablaros de la que, para mí, es la parte más bonita de una linterna: su reflector. Sí, a lo mejor os suena un poco raro, pero dejadme que os cuente algunas cosas y os muestre unas fotografías y ya veréis cómo empezáis a apreciar también a esta pequeña pieza presente en la gran mayoría de las linternas y en la que a lo mejor algunos ni siquiera os habéis fijado antes.

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¿Qué es y para qué sirve un reflector?

A rasgos generales, un reflector es una pieza de material brillante (aluminio en muchas ocasiones) con forma parabólica que en una linterna va colocado detrás del LED de manera que encauza y reparte la luz que no sale directamente por la parte frontal de la linterna.

Es decir, que una linterna sin reflector va a funcionar y va a iluminar; pero su intensidad lumínica será menor que ese mismo modelo equipado con reflector porque la luz que sale del emisor LED hacia los laterales será absorbida en buena medida por el propio cuerpo de la cabeza de la linterna. Sin embargo, cuando disponemos de un reflector, esa luz que de otra forma no se aprovecharía, se refleja y acaba saliendo también por el frente de la linterna.

En función de la forma, el material y la textura del reflector el cono de luz resultante será más o menos intenso, con halos residuales, con bordes difusos, atenuación… pero eso ya son cosas que se me escapan y que los que diseñan las linternas ya se encargan de planificar en función de las especificaciones de diseño.

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Cierto es que, como os conté en la review de la Olight i3E EOS, también existen las llamadas lentes TIR que gracias a su forma y material reparten la luz que emite el LED de manera suave, pero de eso ya hablaremos otro día porque hoy me quiero centrar en los clásicos reflectores.

Tipos de reflectores

Como os decía al principio de este artículo los reflectores de las linternas me parecen pequeñas obras de arte, especialmente aquellos que poseen texturas suaves como alguno que ahora veremos. Ya no es sólo su forma, su aspecto o el brillo de su superficie; sino el pensar que detrás de esa pequeña pieza en la que mucha gente no se habrá fijado en la vida hay muchas horas de cálculos para modelar la luz que saldrá de esa linterna cuando alguien la encienda en mitad de la oscuridad.

Reflector liso pulido

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Este es, seguramente, el más utilizado, ya que puede ser tanto de metal pulido como de plástico imitando la superficie de un espejo. Se emplea en infinidad de modelos tanto de gama alta como de baja, ya que una superficie pulida no es ni mejor ni peor que otra de las que vamos a ver, puesto que para modelar el cono de luz hay más factores como os decía antes.

Reflector de aluminio natural

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No es excesivamente habitual y, de hecho, en las linternas que poseo a día de hoy sólo lo emplea la Fenix E01. Se trata de fabricar el reflector en aluminio dejándolo con su aspecto mate natural para intentar así que el cono de luz sea algo más suave. Digamos que pretende aunar las ventajas de un reflector liso con las de uno texturizado; pero ya se sabe que este tipo de estrategias consiguen más una solución “de compromiso” que otra cosa.

Reflector con textura de piel de naranja

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Estos son para mí, los más bellos de todos; especialmente si se miran desde el ángulo adecuado. Si os fijáis en la fotografía que tenéis sobre este párrafo entenderéis enseguida porque se le llama textura “de piel de naranja”; y es que todas esas protuberancias lo que intentan es que los rayos de luz que se reflejan en ellos lo hagan de una manera tan caótica que al final den lugar a un cono de luz suave y de bordes difusos.

Ve hacia la luz…

Esto es así porque si alguna vez habéis caminado con una linterna en completa oscuridad os habréis dado cuenta de que lo que hay dentro del círculo de luz generado por ella se puede ver con claridad, pero por contraste lumínico aquello que está fuera de ese círculo para nuestros ojos estará en la negrura más absoluta.

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Lo que consigue un cono de luz de bordes suaves y difuminados es que si caminamos en plena oscuridad cerca de algo relevante (un agujero, un perro rabioso, un billete de 50 euros…) aunque esté fuera del círculo de luz intensa, podamos vislumbrar algo gracias a la luz débil del exterior del cono y entonces dirijamos hacia allí nuestro haz de luz y nuestra mirada.

Mi visión personal de los reflectores

De todos modos, más allá de la utilidad de un tipo u otro de reflector (y que ya os digo que aparte de la textura hay más factores que van a permitir modelar el cono de luz de una linterna) yo hoy quería revindicar los reflectores por su belleza intrínseca, por cómo reflejan la luz aleatoriamente en sus suaves crestas y valles cuando son texturizados, por los destellos plateados del sol cuando incide sobre ellos, por cómo agrandan nuestra nariz aquellos que están pulidos como espejos…

Sirvan estos párrafos y las fotos que los acompañan como homenaje a esos seres discretos e incomprendidos en los que casi nadie repara: los reflectores.

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¡Nos leemos!

Invirtiendo un 28 mm para hacer macro

En aquel artículo donde hablábamos del uso de tubos de extensión y anillos inversores para realizar fotografías macro con nuestras réflex sin dejarnos la nómina en el intento empleamos un Nikon AF 50mm f/1.8D para el “experimento”; y recuerdo que os comenté que si bien un objetivo de dicha distancia focal conseguía un ratio de ampliación más o menos aceptable, el uso de un angular daría más rendimiento en ese sentido.

Marexar 28mm f/2.8 (para hacer macro mediante inversión)

Pues bien, cuando el otro día estuve dando vueltas por Madrid pasé por delante de un Cash Converters (concretamente el de la calle Corazón de María) y me fijé en que había material fotográfico más o menos antiguo en el escaparate; de modo que me animé a entrar en la tienda llevándome una buena sorpresa al comprobar que tenían un 28mm f/2.8 con montura M42 y diámetro de filtro de 52mm de la marca Marexar por tan sólo 8 euros; por lo que enseguida pensé en hacerme con él para fotografía macro (a la hora de invertirlo es indiferente la montura que lleve).

Una vez comprobado que las laminillas del diafragma funcionaban correctamente y que las lentes no tenían marcas de golpes ni rayones pasé por caja y la óptica se vino conmigo para casa, donde enseguida comencé a hacer algunas pruebas con él así como las fotos que ilustran este artículo.

Marexar 28mm f/2.8 (para hacer macro mediante inversión)

Marexar 28mm f/2.8 (para hacer macro mediante inversión)

Marexar 28mm f/2.8 (para hacer macro mediante inversión)

Como podéis ver en la fotografía anterior, la montura M42 va a rosca (habría que dar algo más de dos vueltas completas para fijar el objetivo) y no posee ningún tipo de comunicación electrónica con la cámara. El único automatismo es esa pequeña leva con la que la cámara modificaría la apertura del diafragma pero que en nuestro caso va a ser completamente inútil, ya que dicho parámetro lo elegiremos nosotros mismos mediante el anillo de aperturas presente en el barrilete del objetivo.

A grandes rasgos os puedo decir que el ratio de ampliación conseguido es ligeramente superior al que me daba el conjunto de 50mm + tubos de extensión; si bien la profundidad de campo resultante con este 28mm es tan sumamente reducida que incluso disparando a f/5.6 hay que tener mucho cuidado con los movimientos de la cámara; pues nos iremos fuera de foco a nada que nos movamos hacia delante o hacia atrás. Para que comprobéis el rendimiento de este 28mm invertido os coloco a continuación una prueba hecha a pulso (de ahí que el enfoque no sea tan perfecto como hubiera deseado, pero ya sabéis que le tengo alergia a los trípodes) realizada con una moneda de dos euros:

Prueba macro Marexar 28mm f/2.8 invertido

Obviamente el objetivo no es una maravilla en cuanto a definición porque además de ser de una marca “de tercera o cuarta fila” se nota que tiene ya unos años; pero si disparamos en RAW exponiendo correctamente y sin trepidaciones y luego jugamos un rato en postprocesado con la nitidez, el contraste y diversos parámetros podemos conseguir unos resultados bastante aceptables.

Sobre todo hay que tener en cuenta que un objetivo macro “de verdad” no va a bajar de unos 500 euros; mientras que este ha salido por menos de diez a lo que hay que sumar el precio del anillo inversor, que puede andar más o menos por los seis euros si lo compráis en Dealextreme (versión Nikon AI / versión Canon EOS) o en alguna tienda de eBay. Por cierto, al tener este objetivo el mismo diámetro de filtro que el Nikon AF 50mm f/1.8D, me sirve el anillo inversor que ya poseo, por lo que de ese modo me he ahorrado la compra de uno nuevo.

Marexar 28mm f/2.8 (para hacer macro mediante inversión)

Vista de conjunto del anillo inversor y el objetivo listo para montar en la cámara

Por cierto, como apunte final os recuerdo que disparando con el objetivo invertido perdemos todos los automatismos de la cámara porque lo que hacemos es enroscar el anillo donde iría el filtro del objetivo y de ahí que el sistema para esta técnica sea el de prueba y error (disparar y mirar los resultados en la pantalla de la cámara) porque la cámara no sabe qué es lo que tiene puesto en su bayoneta.

Os puedo decir que para la fotografía de la moneda que tenéis unos párrafos más arriba he empleado una apertura de f/5.6, ISO 200 y un tiempo de exposición de 1/80; pero como en todo lo que tiene que ver con fotografía, hay mil modos de hacer las cosas y todo es cuestión de experimentar por uno mismo.

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Diferencias entre tubos de extensión y duplicadores

Leyendo algunos foros de fotografía me doy cuenta de que hay bastante gente que confunde dos accesorios que poco tienen que ver entre ellos: los tubos de extensión y los duplicadores.

Éste equívoco que os comento se debe a que ambos elementos tienen una forma externa muy similar y se utilizan del mismo modo: colocándolos entre la bayoneta de la cámara y nuestro objetivo; aunque enseguida vamos a ver que la finalidad de ambos no tiene nada que ver.

Tubos de extensión

Aunque ya hablé extensamente de mis tubos de extensión en una entrada sobre fotografía macro económica, no está de más recordar que se trata de un elemento metálico hueco regulable en longitud al estar dividido en varios tramos que se pueden encajar entre si y que se utiliza para reducir la distancia mínima de enfoque de un objetivo mediante la separación física de la óptica con respecto al plano del sensor, logrando así ratios de ampliación mayores.

De todos modos, la gran desventaja de utilizar tubos de extensión es que vamos a perder la posibilidad de enfocar a infinito, de modo que el empleo de este elemento sólo tiene sentido para fotografías de tipo macro porque la cámara se va a volver “miope” mientras los estemos empleando. Además, al intercalar los tubos entre la cámara y el objetivo vamos a perder algo de calidad de imagen así como cierta luminosidad en función de la longitud empleada y con los tubos más básicos también perderemos todos los automatismos de la cámara.

Duplicadores

Los duplicadores (hay gente que también los llama multiplicadores) son elementos ópticos que se colocan entre el cuerpo de la cámara y el objetivo aumentando la distancia focal del mismo al multiplicarla por un factor determinado pero sin reducir la distancia mínima de enfoque. En concreto, lo más habitual es que los duplicadores se fabriquen en 1.4x, 1.7x y 2x y, como os digo, se trata de un elemento con lentes en su interior cuyo inconveniente principal es la pérdida de nitidez y luminosidad con la que lastra al objetivo al que se acopla; pero con la ventaja de que siempre vamos a poder seguir enfocando a infinito.

Los duplicadores se emplean con grandes teleobjetivos muy luminosos (200 f/2, 70-200 f/2.8, 300 f/2.8…) porque en objetivos de prestaciones inferiores la pérdida de calidad va a ser muy notable y, en muchos casos, ni siquiera encajará físicamente en la montura de la óptica si esta no tiene la lente trasera bastante “hundida” en el cuerpo. Por tanto, si empleamos un duplicador de 2x en un 200 f/2.8 vamos a aumentar su distancia focal al doble (se convierte en un 400 mm) pero también vamos a perder dos pasos completos de apertura máxima, por lo que se quedará en un discreto f/5.6, que puede ir muy justito para fotografiar escenas con iluminación escasa. Del mismo modo, con determinados modelos podemos perder el autofocus o el sistema VR.

Resumiendo

Por lo tanto, para fotografiar la luna llena tratando de llenar el encuadre de nada os van a servir unos tubos de extensión porque sencillamente no podremos enfocar al infinito con ellos; siendo en ese caso necesario un objetivo con una distancia focal muy larga o, en su defecto, emplear un duplicador si nuestro teleobjetivo lo admite.

Luna llena de Agosto

Del mismo modo, los tubos de extensión os serán de utilidad si queréis hacer una fotografía a algo a escasos milímetros de distancia y no disponéis de un objetivo macro tal y como vimos en la entrada que os referencié anteriormente y que está ilustrada con algunos ejemplos gráficos. Puede que un duplicador nos permita acercarnos algo más al motivo a retratar debido al aumento de la distancia focal, pero se trata de elementos que cuestan varios cientos de euros y el resultado no será tan espectacular como con unos sencillos tubos de extensión.

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Macro económico: tubos de extensión y anillos inversores

Las cámaras réflex, con los objetivos que suelen traer “de serie”, no están muy capacitadas para realizar fotografías macro. En el caso de Nikon, el 18-55 que suele venir con los modelos más básicos es capaz de acercarse a los objetos a fotografiar hasta una relación máxima de 1:3,2 de tal modo que podremos obtener primeros planos más o menos decentes, pero a la hora de fotografiar algo de tamaño reducido (como la moneda de dos euros que vamos a emplear a modo de ejemplo durante todo este artículo y cuyas imágenes no han sufrido ningún tipo de recorte) enseguida nos toparemos con sus limitaciones.

Nikon 18-55mm@55mm

Nikon 18-55mm@55mm. Relación aprox 1:3,2

Para este tipo de fotografía se emplean los objetivos macro, que son casi instrumentos de laboratorio: tienen una nitidez brutal, no viñetean, enfocan a escasos centímetros del objeto a retratar dando una relación de ampliación de al menos 1:1… pero tienen un problema: son bastante caros.

Por cierto, ya que estamos, os comento que la relación de ampliación 1:1 se refiere a que el objetivo es capaz de ampliar las cosas hasta proyectarlas sobre el sensor a su tamaño real. Esto implica que si fotografiamos un objeto que tuviera las mismas dimensiones que el sensor, éste ocuparía todo el encuadre (lo que ofrece un nivel de detalle impresionante gracias a la gran resolución de las cámaras actuales).

La notación del grado de ampliación se puede entender como un cociente cuyo resultado es el factor de ampliación obtenido sobre el sensor con respecto al tamaño real del objeto. Un objetivo que tuviera un factor 5:1 indica que sobre el sensor de la cámara se van a proyectar los objetos a un tamaño cinco veces mayor que en la realidad; o dicho de otro modo, que un objeto que mida tan sólo 5 x 3 mm llenaría completamente el encuadre si empleamos una cámara con sensor APS-C. Del mismo modo, un objetivo con una relación de ampliación de 1:2 indica que sobre el sensor se va a proyectar la imagen a un tamaño que será exactamente la mitad de lo que mide realmente.

Estigma

Hablando de objetivos específicos para macro, el modelo más barato que se puede encontrar actualmente en el mercado es el Tamron 90mm f/2.8 que sale por unos 300 euros comprado en China a través de eBay estando disponible para diversas monturas; y aunque no es un precio excesivo si lo comparamos con otras ópticas similares de Nikon o Canon, no dejan de ser trescientos eurazos (cuatrocientos y pico en tienda física española) que para los tiempos que corren pueden suponer un desembolso económico importante.

Puesto que en este blog siempre intento dar soluciones más o menos económicas para resolver este tipo de situaciones, lo que hoy vamos a ver son dos modos de conseguir hacer fotografías macro con nuestra cámara réflex sin dejarnos apenas dinero en ello, ya que ambos se basan en elementos bastante simples que se colocarán entre la bayoneta de la cámara y el objetivo logrando que la relación de ampliación del mismo sea superior a la que obtenemos cuando montamos la óptica sin más.

Anillo inversor

Un anillo inversor no es otra cosa que un anillo metálico que posee por un lado la la montura de un objetivo para ser encajado en la bayoneta de la cámara y por el otro la misma rosca que tendría un filtro normal y corriente (por lo tanto, existirán anillos inversores de diferentes medidas y para las diferentes marcas de cámaras).

Anillo inversor

Al ser un elemento tan simple no debería costaros más de diez o quince euros en una tienda física y no mucho más de cinco si lo compráis en eBay o similar (ejemplo). En cualquier caso, aseguraos de que éste sea metálico, no se vaya a partir algo mientras lo usamos y se nos vaya el objetivo al suelo.

Bueno, pues el asunto consiste en que vamos a montar el anillo en la bayoneta de la cámara como si fuera un objetivo cualquiera y a continuación roscaremos el objetivo en él por su parte frontal. Puesto que no sé si la explicación ha quedado muy clara os pongo un par de imágenes a continuación que os ayudarán a haceros una idea de cómo funciona el invento:

Anillo inversor montado

Anillo inversor + 50mm

Para estas cosas es más recomendable emplear objetivos fijos que aquellos de focal variable. Entre otras cosas, los primeros son más luminosos y la calidad de imagen es mayor; pero hay otra cosa a tener en cuenta: los objetivos angulares son capaces de ampliar más la imagen que un 50mm cuando se montan invertidos, de tal modo que si tenéis un antiguo 35mm o un 28mm por casa sería ideal.

Eso sí, no hace falta que os diga que usando un anillo inversor vamos a perder todos los automatismos de la cámara sí o sí, ya que no hay posibilidad alguna de mantener los contactos electrónicos entre cuerpo y objetivo (más que nada porque estamos montando el objetivo por el filtro). Obviamente los objetivos a emplear tendrán que tener anillo de diafragmas para controlar la apertura, puesto que no va a ser posible controlar este parámetro desde la propia cámara.

Para disparar habrá que hacerlo en modo completamente manual y encima sin fotómetro, por lo que la estrategia se basa en el método ensayo-error hasta lograr el resultado deseado, mirando la pantalla de la cámara entre toma y toma.

Como podéis ver a continuación, el grado de ampliación obtenido empleando el anillo inversor y un objetivo de 50mm es bastante mayor que si usamos el 18-55 a su máxima longitud focal y enfocando lo más cerca posible.

Anillo inversor + 50mm

Anillo inversor + Nikon AF 50mm f/1.8 D. Relación aprox 1:1,5

Tubos de extensión

Los tubos de extensión son un modo de aumentar la distancia entre el objetivo y el sensor de la cámara, haciendo por tanto que la imagen se proyecte de una manera más ampliada sobre éste. Lo habitual es que los tubos de extensión sean modulares, viniendo en varios “tramos” que podemos interconectar a voluntad. De hecho, creo que quedará más claro viendo la siguiente imagen:

Tubos de extensión

Si queremos un grado de ampliación máximo debemos montar los tres tubos tal y como están en la fotografía. Sin embargo, en fotografía nadie da duros a cuatro pesetas, y cuanta más distancia metamos entre objetivo y sensor más se van a notar las aberraciones cromáticas (los objetivos se diseñan suponiendo una distancia X entre sensor y lente trasera, no comportándose igual de bien si la modificamos) y más se va a notar la consecuente pérdida de nitidez.

Como veis, hay tres tramos numerados de diferente longitud, y mediante la combinación de los mismos (van roscados) vamos a poder graduar con cierta precisión el grado máximo de ampliación. Por cierto, el emplear tubos de extensión perderemos la posibilidad de enfocar al infinito, de modo que obtendremos una óptica “miope”.

A la hora de comprar unos tubos de extensión nos los vamos a encontrar de dos tipos: los que mantienen los contactos electrónicos y los que no. Los que os muestro no los mantienen, siendo un simple tubo hueco que no hace otra cosa más que prolongar la montura de la cámara para encajar el objetivo en su extremo anterior. Gracias a su simpleza estos tubos no van a costar más de quince o veinte euros, y menos todavía si los compramos a través de eBay o similares (ejemplo).

El problema principal de estos tubos es que vamos a perder todos los automatismos de la cámara como el autofocus, la medición de luz o el VR. Con ellos sólo podremos emplear objetivos que posean un anillo de diafragmas para poder controlar la apertura, ya que en caso contrario el objetivo quedaría fijo en su apertura más pequeña.

El otro tipo es bastante más caro, pues se van ya por encima de los cien euros, y los más habituales son los comercializados por la marca Kenko (sí, los mismos de los filtros que empleo habitualmente). En este caso poseen una serie de contactos electrónicos entre los tramos de los tubos haciendo que la electrónica de la cámara sea capaz de comunicarse con el objetivo montado, permitiendo controlar la apertura desde los diales del cuerpo y pudiendo emplear, por tanto, objetivos sin anillo de diafragmas.

En ambos casos (y al igual que con los anillos de extensión) no se recomiendan objetivos zoom para ser empleados con tubos de extensión, siendo más apropiado un simple 50mm manual que podemos encontrar en eBay por muy poco dinero si es que no tenemos ninguno a mano (en mi caso suelo emplear mi querido Nikon AF 50mm f/1.8 D ). A continuación tenéis el aspecto que tendría la cámara con el tubo de extensión montado con la máxima ampliación posible y el mencionado 50mm.

Tubos de extensión + 50mm

Por último, os dejo una fotografía obtenida con la máxima ampliación que se puede conseguir con el conjunto de tubos + 50mm montado en mi Nikon D40 que, como podéis observar, es superior al obtenido con el anillo inversor empleando este objetivo en concreto:

Tubos de extensión + 50mm

Tubos de extensión + Nikon AF 50mm f/1.8 D. Relación aprox 1,33:1

Os comento también que cuando aumentamos mucho el grado de ampliación la profundidad de campo se reduce hasta la mínima expresión (puede llegar a ser de menos de un milímetro) y cualquier leve temblor dará al traste con nuestra fotografía. Para estos casos se hace imprescindible una iluminación potente (en los ejemplos la moneda está colocada a pleno sol) o bien colocar la cámara en un trípode para asegurarnos de que no se moverá absolutamente nada.

Combinación de ambos elementos

Como ya habréis imaginado, nada nos impide combinar ambos elementos de tal modo que en la cámara irán los tubos de extensión y en el extremo de estos el anillo inversor para montar a continuación el 50mm al revés tal y como muestra la siguiente imagen:

Tubos de extensión + anillo inversor + 50mm

En este caso el grado de ampliación es todavía mayor que en los dos “experimentos” anteriores, aunque hay que tener en cuenta que también la pérdida de calidad será más notable (recordad que podéis hacer click sobre cualquiera de las fotografías del artículo para acceder a versiones de mayor tamaño).

Tubos de extensión + anillo inversor + 50mm

Tubos de extensión + anillo inversor + Nikon AF 50mm f/1.8 D. Relación aprox 2:1

Bien, pues de momento esto es todo sobre la forma de hacer fotografías macro sin dejarnos medio sueldo en el intento. Obviamente los resultados siempre van a ser mejores con un auténtico objetivo macro, pero si no vamos a hacer fotografías de este tipo a menudo y sólo queremos una solución rápida y fácil para salir del paso, unos tubos de extensión sencillos y/o un anillo inversor pueden darnos un resultado bastante satisfactorio tal y como podéis ver en las imágenes que ilustran esta entrada. Además, en caso de que ya poseamos un objetivo macro, combinándolo con unos tubos de extensión podéis llegar a niveles de ampliación realmente sorprendentes.

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Las ópticas en fotografía: del ojo de pez al teleobjetivo

A la hora de escribir artículos más o menos técnicos sobre fotografía a veces doy por sentado que quien los lee domina ciertos conceptos y determinado vocabulario relacionado con el tema. Sin embargo, hace unos días el comentario de un lector habitual me hizo pensar que podría ser útil repasar las diferentes clases de objetivos que existen para que quede clara la aplicación a la que está enfocado cada uno de ellos así como sus principales características.

Esto, que puede ser trivial para aquellas personas relacionadas con la fotografía, no siempre es algo tan simple como puede parecer a primera vista. Vamos a ver, pues, uno por uno los diferentes tipos de ópticas que existen para que quede todo bien claro:

Normal, estándar o prime

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Estos son los objetivos más “clásicos” y, por lo general, más luminosos de todos. Pensad en la obra del fotógrafo Henri Cartier-Bresson y os aproximaréis a lo que ofrece una óptica de este tipo: una distancia focal fija, un diseño óptico relativamente simple, un ángulo de visión similar al del ojo humano, una gran nitidez y una capacidad de realizar desenfoques realmente sorprendentes gracias a su generosa apertura.

La distancia focal de un objetivo normal (a los que también se les denomina bajo el nombre de estándar o prime) es la de la diagonal del sensor de la cámara en la que va montado. En el caso de una cámara con sensor de 35 mm, FX o full frame (dimensiones de 36 x 24 mm) es fácil comprobar mediante el teorema de Pitágoras que esa diagonal medirá √(36²+24²) = 43,2mm, aunque a efectos prácticos, se consideran 45 ó 50mm como la longitud focal necesaria para catalogar como tal a un objetivo de este tipo.

El problema es que un objetivo de esta longitud montado sobre una cámara con sensor de tipo DX va a alargar su distancia focal un 50% en términos de ángulo de visión (algo que ocurre con TODAS las ópticas que se monten en cámaras equipadas con estos sensores), por lo que aunque mantendremos las prestaciones que os comentaba antes, su ángulo de visión se cerrará en proporción y perderemos esa identificación con la vista humana que os comentaba hace un momento.

Me gustaría aclarar que en el caso de estos sensores de menor tamaño (24 x 18 mm), un objetivo normal debería tener una longitud focal de √(24²+18²) = 30 mm; aunque también se suele aceptar que la óptica normal en una cámara DX tenga una longitud focal de 35 mm.

No obstante, para evitar confusiones, a lo largo de este artículo no volveré a referirme a los sensores de tamaño reducido, de tal modo que todo lo referente a ángulos y longitudes focales de los objetivos comentados hasta el final de la entrada se basará únicamente en cámaras equipadas con sensores de tamaño completo.

Tenéis bastante información sobre los dos tipos de sensor que montan las cámaras réflex digitales Nikon en esta entrada del blog que publiqué hace unos días para arrojar algo de luz sobre un tema que a todos (a mí el primero) nos ha vuelto un poco locos en alguna ocasión.

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Suelen ser unos objetivos empleados para retratos de medio cuerpo o para recorrer las ciudades arriba y abajo en busca de escenas que fotografiar (vuelvo a hacer mención en este punto a Cartier-Bresson; un auténtico genio en ese tipo de cosas). Son ligeros, de pequeño tamaño y con un precio bastante contenido: en el caso del 50mm f/1.4 que tenéis sobre estos párrafos estamos hablando de unos 320 euros, mientras que la versión con apertura f/1.8 sale por unos 130 euros, siendo el objetivo más barato comercializado por Nikon y uno de los que ofrece mayor nitidez.

Angular

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Angular es todo objetivo cuya distancia focal esté por debajo de la que correspondería a un objetivo normal hasta llegar a los 24 mm. Por debajo de eso estaríamos hablando de un ultra-gran angular; pero eso lo dejamos para dentro de un rato. Un angular es capaz de abarcar más ángulo de visión que los objetivos normales, suele poseer una apertura algo menor que estos y su construcción sigue siendo más o menos simple aunque no tanto como en un 50 mm.

Los objetivos angulares pierden la similitud con la visión humana, pues además de que el ángulo de visión es más ancho (el 35 mm que tenéis encima abarca 62º) tienden a agrandar aquello que está cerca del objetivo con respecto al fondo como consecuencia de su menor longitud focal. Por lo tanto no son las mejores ópticas para retratar el rostro de una persona debido a que en tomas muy cercanas van a dar unos rasgos faciales un poco desproporcionados, aunque son bastante empleados en retratos de cuerpo entero o de grupo y también para “callejear” por las ciudades.

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Sus precios son algo más altos que los de un objetivo normal porque, como os decía hace un momento, su construcción es un poco más compleja. En concreto, el objetivo que os he puesto a modo de ejemplo en esta categoría (un Nikon 35mm f/2) se vende a unos 400 euros hoy en día.

Teleobjetivo

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El teleobjetivo es una óptica cuya distancia focal es superior a la de un objetivo normal y capaz de acercarnos a los elementos más lejanos (de hecho son el juguete favorito de los paparazzi). Sus aperturas rara vez van más allá de f/2.8 debido al tamaño de las lentes necesarias para fabricarlos; y además hay que tener en cuenta que es más complicado tener una apertura grande cuanto más elevada es la distancia focal, aunque hay alguna excepción en teleobjetivos cortos como el espectacular Canon 85mm f/1.2.

Este tipo de ópticas tienden a comprimir los planos en el eje Z (todo parece más próximo entre si) aunque también logran importantes desenfoques en los fondos, por lo que son ideales para fotografía de naturaleza y también para retratos.

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Los teleobjetivos más habituales suelen rondar los 200 ó 300 mm, aunque los modelos orientados al mercado profesional pueden llegar con facilidad a los 500 ó 600mm empleando aperturas de f/4 aunque a un precio prohibitivo (concretamente el 400 f/2.8 que tenéis encabezando este apartado cuesta la friolera de 8000 euros).

Ultra-gran angular

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El ultra-gran angular, como os podéis imaginar por su nombre, es un objetivo angular llevado al extremo; es decir, con una distancia focal bastante pequeña y, por tanto, capaz de abarcar grandes ángulos de visión. En concreto el 14 mm que tenéis sobre estas líneas es capaz de captar paisajes con un ángulo de 119º (recordemos que la visión humana abarca 45º aproximadamente).

Estos objetivos espacian mucho más que los angulares “simples” los planos en el eje Z de la imagen, por lo que disparar a un paisaje con un elemento en primer plano, va a dar una perspectiva poco habitual que exagerará muchísimo los conceptos de “cerca” y “lejos” que tenemos asimilados desde la infancia. Siempre se ha dicho que estos objetivos deforman la perspectiva, pero en realidad lo que hacen es darnos un nuevo punto de vista de las cosas. Sus aperturas no son demasiado grandes y se suelen caracterizar por poseer un elemento óptico frontal muy amplio así como un diseño de sus lentes internas bastante complejo. Dos factores que elevan su precio hasta situarse en no menos de 500 euros para los modelos más sencillos y subir más allá de los 1500 euros que hay que pagar para hacerse con el modelo de Nikon que encabeza este apartado.

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Su uso principal, como os podréis imaginar, es para captar fotografías muy amplias en plena naturaleza o en entornos urbanos. El paisaje es su especialidad tanto por su inmensa profundidad de campo (recordad lo que hablábamos hace poco sobre la distancia hiperfocal) como por las espectaculares perspectivas que es capaz de ofrecer.

Objetivos zoom

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Los objetivos zoom siguen los mismos principios ópticos que los fijos, pero teniendo en cuenta que pueden variar su longitud focal en cualquier momento. Una óptica de este tipo será más versátil a la hora de componer nuestras fotografías porque podremos jugar con los efectos que dan las diferentes longitudes focales disponibles (como hemos visto al comentar los diferentes tipos existentes) pero siempre serán más restrictivos que los fijos en términos de nitidez, peso y longitud focal debido a la mayor cantidad y complejidad de los elementos ópticos implicados en su construcción.

A la hora de diseñar una óptica fija se tiene en cuenta su longitud focal y se emplean lentes específicamente calculadas para ella. Sin embargo, en un objetivo zoom hay que tener en cuenta la variación del rango y emplear unas lentes creadas con un margen suficiente como para que se adapten bien a todo el recorrido del objetivo; de ahí que no se pueda “afinar” tanto como en un objetivo de longitud focal única.

Hay objetivos zoom de distancias focales cortas, largas, intermedias… Son objetivos que, en general, se emplean para multitud de tareas en función del rango de su recorrido; desde paisaje, hasta retrato en primer plano, aunque hay que tener en cuenta que, por lo general, cuanto mayor sea su rango de alcance peor calidad de imagen va a dar por lo que os comentaba anteriormente.

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Aprovecharé para comentar que últimamente se están poniendo de moda los objetivos zoom de gran recorrido, a los que la gente suele denominar “todoterrenos”, pues evitan cambiar la óptica cada dos por tres y están especialmente indicados para viajes en los que no queramos / podamos cargar con nuestra colección completa de objetivos.

Un ejemplo de estas ópticas el AF-S 24-120 f/3.5-5.6 VR que tenéis sobre estos párrafos y que, por los 500 euros que cuesta, cumple labores de angular y de teleobjetivo corto sumando además el sistema de reducción de vibraciones VR para evitar la trepidación en las fotografías.

Ojo de pez

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El ojo de pez es un objetivo que se sale bastante de lo normal: es capaz de abarcar un ángulo de visión de 180º e incluso superior en algunos casos, lo que hará que disparando una fotografía de paisaje aparezcan nuestros propios pies en en el encuadre.

La característica principal de los ojos de pez es que distorsionan fuertemente las líneas rectas que aparecen en las fotografías. En el resto de los objetivos aquí comentados el campo de visión es más o menos amplio pero las líneas rectas siempre son rectas; sin embargo, en estas ópticas las líneas rectas se vuelven más curvas cuanto más se alejan del centro de la imagen.

Su aplicación es sobre todo de tipo creativa. Las fotografías resultantes sorprenden al espectador y le llevan a un mundo donde nada es lo que parece. Un retrato hecho con un ojo de pez muestra unas facciones exageradamente desproporcionadas, con una nariz inmensa, una frente muy alargada y con el fondo que parece situarse a decenas de metros de distancia.

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El Fisheye Nikkor 16 mm que tenéis ahí arriba es un ojo de pez comercializado por Nikon desde 1993 y actualmente os podéis hacer con uno por aproximadamente 1000 euros, lo que da una idea de lo específicas que son estas ópticas que siempre ofrecen resultados espectaculares (aunque pueden llegar a cansar si se emplean compulsivamente).

Macro

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Los objetivos macro son capaces de reproducir las cosas a escala 1:1 en el sensor de la cámara. Esto significa que si tenemos una flor que mide lo mismo que el sensor, en la foto que obtendremos al final la flor ocuparía la imagen al completo. Esto, que en cámaras compactas es muy sencillo de conseguir, no es algo tan simple en el caso de cámaras réflex debido precisamente al gran tamaño de su sensor, por lo que tendremos que recurrir a estas ópticas para fotografías de este estilo si queremos resultados profesionales.

Las distancias focales de este tipo de objetivos suelen estar entre los 60 y los 200 mm en función del modelo; y por lo general suelen ser fijas para conseguir una máxima precisión y nitidez. Precisamente esas dos características son las que hacen de estos objetivos un prodigio de la ingeniería. Por cierto, el modelo que tenéis sobre estos párrafos es el Micro Nikkor 105 mm f/2.8 VR que se comercializa en Europa a un precio que ronda los 750 euros y con el que podréis hacer fotografías como la que tenéis a continuación.

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Estos objetivos se emplean para fotografía de precisión de cosas realmente pequeñas, pero nada impide emplearlos como un objetivo general que nos permitirá capturar cualquier imagen con gran nitidez pero siempre contando con la limitación de su longitud focal fija.

NOTA IMPORTANTE: todas las imágenes empleadas en este artículo han sido extraídas de la página web de Nikon España. En todos los casos se trata de la fotografía “oficial” de la óptica así como una fotografía realizada con ese mismo objetivo para demostrar las prestaciones que puede ofrecer.

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