Review: RovyVon Aurora A1

Tenía muchas ganas de hacerme con una linterna de RovyVon. No porque me vaya a ofrecer algo que no conozca ya; sino por probar otro modelo que siguiera la filosofía de mi admirada Nitecore TIKI. Dentro de la gama del fabricante chino he elegido la Aurora A1 porque es su modelo más sencillo, actualmente está de liquidación a 20 euros y creo que puede ir bien en el llavero del coche.

Lo bueno de la A1 es su combinación de resistencia, rapidez de recarga y potencia lumínica. Lo malo, tal vez, es que los acabados no están tan refinados como en otros modelos de la competencia como iremos viendo a lo largo de esta review.

El cuerpo

El cuerpo de la A1 está fabricado con un material poco habitual. La mayoría de las linternas son metálicas ya sea en aluminio, acero inoxidable o titanio. Luego hay modelos como la Nitecore TIKI cuyo cuerpo está hecho de policarbonato y el caso que hoy nos ocupa en el que la marca ha optado por la poliamida; dando lugar a un modelo ligero y en teoría muy resistente a golpes y arañazos, algo que el tiempo se encargará de confirmar o desmentir.

La cabeza está hecha de acero inoxidable para poder refrigerar la electrónica cuando hacemos uso del modo Alto, ya que éste hace a la electrónica generar altas temperaturas y de ser de material plástico el calor se acumularía en el interior, sentando fatal a los componentes y especialmente a la batería integrada. Me hubiera gustado ver una versión de la A1 íntegramente fabricada en poliamida porque sería el récord de la ligereza, pero para ello tendríamos que prescindir de los modos más potentes por lo que os decía hace un momento y seguro que la marca no está dispuesta a ello.

Por cierto, a modo de curiosidad, comentar que la poliamida de todo el cuerpo tiene un tacto rugoso a excepción de la cara superior donde pone “Aurora A1” que está completamente pulida. Menos mal que en RovyVon no les ha dado por pulir todo el cuerpo, porque me parece mucho más agradable (y resistente a los arañazos) el tacto de las zonas ásperas.

Las dimensiones de la linterna son de tan sólo 54 mm de largo por 14 mm de diámetro. El peso es de unos exiguos 12 gramos, que si no llega a ser por la cabeza de acero se quedaría en cifras de récord. Por descontado, el cuerpo no tiene partes desmontables a excepción de la tapa de goma que cubre el puerto microUSB de carga y de la cual RovyVon incluye una segunda unidad a modo de recambio. Todo un detalle.

Hablando de incluir cosas, además de la tapa de repuesto que os comentaba, en la caja viene una correa de muñeca, una cadena por si la queremos llevar al cuello, un cable de carga microUSB de unos 15 cm de longitud, un clip metálico, las instrucciones y una minúscula tarjeta de garantía. Echo en falta la inclusión de una anilla de llavero, pero no es problema porque en casa tengo decenas de ellas y, de hecho, en alguna foto veréis que le he añadido una.

Los acabados no son tan perfectos como en otras linternas. Es la primera RovyVon que tengo y por tanto no puedo saber si es una constante en toda la gama, sólo en este modelo por ser el más básico de todos o bien algo de esta unidad en concreto por pura mala suerte que haya podido tener. Sea como sea, lo que veo es que en la unión de las dos piezas de poliamida que conforman en cuerpo así como con la cabeza se aprecian ligeras rebabas que con el roce del día a día se suavizarán pero que nada más sacar la linterna de la caja enseguida saltan a la vista.

El único botón de la linterna es de goma traslúcida porque bajo su superficie se encuentran dos pequeños LEDs que se encargan de mostrar el estado de carga cuando tenemos la linterna conectada por microUSB: se ilumina en color rojo cuando está cargando y pasa a azul cuando el proceso ha finalizado. Con el cable conectado podremos utilizar la linterna, por lo que si empleáis uno de esos semirígidos junto a un powerbank podréis montaros una especie de lámpara portátil.

Por cierto, dicho botón tiene un tacto estupendo que hace que activemos y cambiemos entre los modos de funcionamiento con total precisión y sin fallar ni una sola vez, siendo esta una de las cosas que más me gustan de este modelo.

La batería interna y no reemplazable por el usuario de ninguna manera (al menos sin hacer un destrozo) es de polímeros de litio y cuenta con una capacidad de 130 mAh. Su tiempo de carga es de unos 45 minutos y lo que menos me gusta es que si agitamos la linterna en la mano notaremos cómo algo se mueve ligeramente en el interior siendo, con casi total seguridad, la batería. No es una cosa grave (como todos los defectos que presenta este modelo) pero ese leve movimiento puede hacer que al final se aflojen conexiones, se suelten cables… y un buen día la linterna dejará de funcionar sin explicación aparente.

En cuanto a resistencia a los elementos, RovyVon asegura que la linterna resiste caídas desde una altura máxima de 1,5 metros y que posee certificación IP65 lo que la haría resistente al polvo en cualquier caso y a chorros de agua potentes. Ahora bien, como siempre digo en este tipo de linternas, ojo con dejaros abierta la tapa del puerto del carga porque con una gota de agua que entre ahí ya la hemos liado.

La luz

El LED encargado de proporcionar la luz que arroja la Aurora A1 es un Cree XP-G3 S5 con una temperatura de color de 6500 ºK capaz de generar unos alucinantes 550 lumens. Hay una versión con LED Nichia 219C de mayor fidelidad cromática (neutral white lo llaman, con una temperatura de 4500 ºK) cuya potencia lumínica máxima es de “sólo” 350 lumens, pero el modelo que hoy nos ocupa es el más potente de los dos y realmente es flipante ver cómo una linterna de este tamaño puede generar tanta luz.

Sobre el LED tenemos una lente TIR muy habitual en este tipo de linternas pero me llama la atención que en su interior han quedado unas minúsculas burbujas en el material que conforma dicha lente producto de algún tipo de defecto de agitación durante el proceso de fabricación. Como ya os he comentado antes, son pequeños fallos que diferencian esta linterna de otras de la competencia aunque he de reconocer que no afectan a la calidad de la luz. Podéis apreciar estas pequeñas burbujas en la siguiente fotografía.

Sea como sea, es la primera vez que me encuentro con un defecto de este tipo en una lente TIR; y eso que tengo varias que las llevan costando la mitad que este modelo (la Olight i3E EOS o la Trustfire Mini2 por ejemplo).

Los modos de funcionamiento son cuatro más uno oculto (e inexplicablemente no documentado). Vamos a explicarlos uno por uno:

Si tenemos la linterna apagada y hacemos una doble pulsación esta se enciende en el modo Bajo, que dispone de 22 lumens y una autonomía de 150 minutos. Una breve pulsación nos llevará al Medio con sus 230 lumens y 55 minutos de autonomía. Si volvemos a pulsar iremos al modo Alto con sus sensacionales 550 lumens pero sólo durante un total de 38 minutos; y digo total porque no podemos estar indefinidamente en el modo alto, ya que a los dos minutos la linterna pasará automáticamente a emitir 65 lumens para evitar calentamientos internos.

Desde el modo Alto con una pulsación breve activaremos el modo Estroboscópico que, como de costumbre, no tengo pensado usar ni soy capaz de probar durante más de unos segundos sin que todo empiece a darme vueltas. Si pulsamos brevemente de nuevo volveremos al modo Bajo para, a base de pulsaciones cortas, seguir con la secuencia Medio-Alto-Estroboscópico-Bajo-Medio-Alto-Estroboscópico… Y así hasta que con una pulsación larga apaguemos la linterna o dejemos durante más de un minuto un modo fijo, en cuyo caso con la pulsación corta lo que haremos es apagar la linterna.

Existe también un modo Ultrabajo (no documentado) que se activa haciendo una triple pulsación con la linterna apagada y que se apagará con la siguiente pulsación sea del tipo que sea devolviendo la linterna al modo de reposo. Poniéndolo al lado de otros modelos de linternas calculo que debe rondar entre 2 y 3 lumens, por lo que aunque ilumina muy poco no se puede considerar un modo moonlight como tal porque para ello no deberíamos superar el lumen.

En cuanto al PWM el modo Alto, como es lógico, no muestra parpadeo alguno. Mientras que los modos Medio y Bajo presentan una frecuencia de PWM de unos 2500 Hz que consigue que apenas lo notemos en condiciones normales. Lo malo viene al activar el modo Ultrabajo, ya que su PWM es marcadísimo y haciendo comprobaciones veo que lo hace a una frecuencia de tan sólo 100 Hz, siendo claramente perceptible por el ojo al más mínimo movimiento de la linterna.

El haz de luz tiene una zona central más intensa que además presenta unos rebordes algo amarillentos. Fuera de esta zona del haz todavía tenemos luz, pero ya con una menor intensidad y fundiéndose a negro poco a poco, dando lugar a un haz general con dos zonas bastante diferenciadas; no como otros modelos similares que ofrecen una distribución más gradual.

Las sensaciones

Lo primero que sientes al sacar la A1 de su caja es el tacto rugoso de la poliamida y lo robusto que es su cuerpo. Tiene un aire un poco militar (a lo que contribuye que la versión que me he comprado es la de color gris) que a mí particularmente me gusta mucho y que me hace despreocuparme por su integridad física si la llevo en mi llavero junto al resto de elementos presentes en un bolsillo cualquiera.

Nadie puede negar que los parecidos entre los modelos de RovyVon (especialmente los Aurora A5 y A8) y la Nitecore TIKI son más que evidentes. No creo que esto sea una casualidad, y suena a un caso claro de espionaje industrial, porque no es normal que en un lapso de tiempo más o menos breve aparezcan en el mercado dos modelos que son prácticamente idénticos entre si. Fijaos en la foto que os dejo a continuación y no me digáis que no son casi gemelas. Bueno, y si veis los dos modelos que os decía hace un momento alucinaríais. Sólo os digo que esos tienen el cuerpo transparente y cuentan con LEDs auxiliares sobre el botón de control, así que os podéis imaginar el parecido.

El único botón es prácticamente igual y está situado en el mismo sitio, las cabezas de acero inoxidable son casi calcadas, la zona trasera para enganchar una anilla es muy parecida… Lo único radicalmente diferente es que la A1 permite colocarle un clip y en la TIKI no hay forma de hacerlo, pero por lo demás las similitudes son múltiples y evidentes.

¿Casualidad? No lo creo: Nitecore no hace declaraciones al respecto y RovyVon sólo dice que sus modelos no se basan en ningún tipo de colaboración con Nitecore; así que tiene pinta de que la cosa podría acabar en los tribunales porque a mis ojos es un plagio total y absoluto. De cualquier modo, investigando un poco resulta que el modelo de Nitecore apareció en el mercado nada menos que año y medio antes de que Nitecore presentara en sociedad a la TIKI. Ahí queda eso.

Dejo al margen ya la famosa polémica con la TIKI porque al final estos artículos van de analizar linternas y sólo quiero añadir que aunque me enteré del parecido razonable entre las dos marcas después de tener en mis manos el modelo de Nitecore, esto no le quita ni un ápice de la adoración que siento por este modelo que desde entonces ha venido conmigo a todas partes y que uso multitud de veces al día hasta el punto de que por las noches lo tengo a mano en la mesilla de noche y lo he empleado incluso como luz ambiental en esas circunstancias.

En otro orden de cosas, el clip que se incluye con la Aurora A1 es fuerte y nos permite llevar la linterna en el borde del bolsillo, en el cinturón o incluso colgada de la visera de una gorra si necesitamos alumbrar algo con las manos libres. De cualquier modo yo he optado por no usarlo porque, además de que creo que el lugar de una linterna de este tamaño está en un llavero, los clips que no van atornillados me dan siempre la sensación de que ante una tracción accidental se van a separar y acabaremos perdiendo la linterna.

Del resto de accesorios, la correa y el collar se han quedado en la caja desde el minuto uno porque entiendo que en una linterna tan pequeña no hace falta llevarla amarrada a la muñeca y porque usarla de colgante me parece un poco de flipados. Sí que me hubiera gustado que hubieran incluido una pequeña anilla para colgarla del llavero (como ya dije hace unos párrafos) porque creo que es el uso más lógico de una linterna de este formato.

Sea como sea, pese a sus pequeños fallos en los acabados estoy muy contento con la Aurora A1 porque me parece un modelo muy robusto y que por su sencillez creo que no me fallará en mucho tiempo. Falta ver qué pasa con esa holgura que detecto en su batería, pero al menos por sensaciones en la mano creo que estamos ante una linterna muy resistente. El tiempo me dirá si soy un buen pitoniso o no.

Más información

Review: Trustfire Mini-08

Si en la introducción de la review de la Trustfire Mini-07 hablábamos de parentescos, al modelo de hoy sí que la podemos considerar la hermana mayor de aquella ya que por material, tamaño, peso, funcionamiento, lumens y nomenclatura parece claro que hoy estamos ante una versión a escala ampliada: vamos a echar un vistazo a la Trustfire Mini-08.

Como iremos desgranando en este artículo, estamos ante una linterna que aunque con algunas diferencias estéticas, es como si simplemente hubieran inflado a la Mini-07 para crear un modelo con una batería más grande y una capacidad lumínica mayor. De hecho me llegaron las dos en el mismo paquete y me hizo mucha gracia pensar que podría meter una dentro de la otra como si de Matrioshkas se tratara.

Y aunque parezca que con esto ya estaría todo listo, sería muy triste dejar la review así; de modo que vamos a ir repasando los apartados habituales.

El cuerpo

La Mini-08 está fabricada en acero inoxidable 304 y tiene unas dimensiones de 74 mm de largo por 20 de diámetro. El peso se queda en 60 gramos, lo que hace que si la echamos al bolsillo notemos su peso. Lo bueno es que la solidez de esta linterna no deja lugar a dudas y tiene toda la pinta de que podemos usarla para cascar nueces en Navidad.

En cuanto a la estructura constructiva, al igual que su hermana pequeña, podemos separarla en cuatro piezas: cabeza, cuerpo, batería 16340 recargable de 880 mAh (que se incluye con la linterna) y tapa trasera; todo ello en acero inoxidable y con unas roscas estupendamente torneadas.

La recarga de la batería se realiza a través de un puerto microUSB y os puedo decir que durante la carga de la misma el cuerpo de la linterna se calienta hasta niveles casi alarmantes durante la hora y media que dura el proceso. Lo curioso del tema es que si en ese momento desenroscas la tapa trasera y sacas la pila, esta no está tan caliente como el propio cuerpo de la linterna, por lo que aunque sea una cosa muy llamativa no parece algo peligroso. Por cierto, el LED que indica el estado de la carga pasa de rojo a verde cuando ha terminado de cargar.

El relieve de la linterna consiste en ranuras longitudinales regulares en la parte central y la tapa trasera y una serie de rebajes en la cabeza junto a un anillado transversal en la zona delantera. El agarre es bueno gracias a la propia naturaleza del acero inoxidable, aunque el ranurado tambien ayuda a que no se nos resbale de las manos.

La resistencia a los elementos viene dada por una certificación IPx4 que la hace apta para poco más que una lluvia torrencial y en cuanto a caídas si se nos cae desde una altura máxima de 1,5 metros en teoría no debería de pasarle nada.

La luz

El LED que incorpora la Mini-08 es un Creed XP-G2 y en esta ocasión contamos con un reflector liso en lugar de la cada vez más habitual lente TIR de casi todos los modelos de pequeño tamaño. Y aunque siempre digo que los reflectores me parecen elementos mucho más estéticos, he de decir que me estoy acostumbrando a las TIR y veo que la proyección del halo de luz de este modelo no es nada regular, teniendo una serie de anillos concéntricos que no puedo dejar de ver si la luz da en una superficie lisa.

En cuanto a los modos de luz, tenemos tres que vamos a ir recorriendo en bucle: arrancamos en un modo Alto de 300 lumens con una autonomía de unos 45 minutos. Si soltamos y apretamos la cabeza pasaremos a un modo Medio de 150 lumens y 90 minutos de duración a base de un PWM de unos 200 Hz. Un nuevo giro nos llevará al modo Estroboscópico que no sé cuánto durará ni tengo ganas de comprobarlo para no sufrir un ataque epiléptico.

Las sensaciones

Lo mejor de la Mini-08 es enroscar y desenroscar tanto su cabeza como la tapa trasera por el delicioso tacto de sus roscas. Sé que es un punto de vista un poco friki, pero es que para mí es así. La luz que emite este modelo no es muy suave por el diseño del reflector, los dos modos que tiene son demasiado potentes para lo que yo suelo emplear y encima para mi gusto tiene exceso de peso; pero al menos podemos usarla para jugar con ella como si fuera una especie de totem o de fidget-toy.

Si le busco un rival sólo se me ocurre la Olight S1 Baton tanto por dimensiones como por intensidad lumínica y la batería que emplea, pero en la que hoy nos ocupa echo en falta el modo moonlight que tanto aprecio en cualquier linterna.

Aun así, creo que la Olight juega en un escalón superior por acabados, funcionalidad y elegancia, ya que aunque soy muy fan del acero inoxidable he de reconocer que empleado en las linternas creo que el acabado es demasiado basto, y que puestos a elegir un aspecto plateado prefiero el del titanio.

Igual que en la Mini-07 las líneas transversales para mejorar el agarre tenían un buen grosor, en esta curiosamente son muy finas y para mi gusto estéticamente no quedan muy bien; sobre todo en la tapa trasera donde la apariencia es que las han hecho con una microradial.

Aun así la Mini-08 tiene detalles chulos como los anillos en el extremo de su cabeza o los rebajes que tiene a continuación, los cuales de alguna manera le dan un acabado que me recuerda un poco a los sables laser de Star Wars. La veo un poco recargada, pero es que hacer un simple cilindro metálico tampoco tendría mucha gracia, ¿no?

Sea como sea, al igual que en el caso de la Mini-07 la veo orientada a un entorno profesional donde podamos necesitar un modelo robusto y que nos de bastante luz; y es ahí donde este modelo que estamos analizando hoy puede que encaje mejor.

Conclusión

Me compré la Mini-08 junto a su hermana pequeña porque me pareció interesante hacerme con dos linternas que parecen hechas una a semejanza de la otra pero en diferentes tamaños, fabricadas en acero inoxidable y además a un precio bastante económico. Es curioso, pero pese a ser de mayor tamaño la Mini-08 es algo más económica que la Mini-07, costando entre 10 y 12 euros según dónde la compremos. Por cierto, os dejo con una imagen en la que aparecen las dos linternas de Trustfire y en el centro mi adorada Thrunite Ti Hi.

¡Nos leemos en la siguiente review!

Review: Trustfire Mini-07

Por su nombre podríamos pensar que la Trustfire Mini-07 es la sucesora natural de la Mini-06; pero enseguida veremos que no es así y que en realidad podríamos considerarla hermana de la Mini2 por jugar en la misma liga. Aun así, hay elementos diferenciadores entre ellas que iremos viendo a lo largo de esta review.

La Mini-07 pertenece a esas linternas tipo llavero como la antes mencionada Mini2 de la propia marca, la Olight i1R 2 EOS o la Wuben G338 sólo que esta ha sido fabricada en acero inoxidable 304 y torneada mediante CNC como se puede apreciar en algunos detalles de las fotos que ilustran este artículo.

El cuerpo

Hoy estamos ante una de esas prácticas linternas para llevar junto a las llaves y de ahí que sus dimensiones sean de tan sólo 41 mm de largo por 14 de diámetro y tenga un peso de 23 gramos. Si os fijáis es sólo 2 mm más larga que la Mini2 y, eso sí, algo más pesada por estar hecha de acero en lugar de aluminio pero el diseño a nivel global sigue las mismas directrices en ambos modelos.

Si la Mini2 ya era sólida, la Mini-07 parece una roca. No hay forma de notar holgura alguna por mucho que apretemos las roscas y no digamos ya hacerla crujir entre los dedos, ya que además de un perfecto ajuste se ha empleado un buen grosor de metal a la hora de crear las diferentes partes que conforman la linterna y que en este caso también pueden ser separadas al igual que hacíamos con la Mini2.

Como veis, la batería es una 10180 exactamente igual que la que trae la Mini2 y en la foto de ahí arriba podéis apreciar lo que os decía sobre la fortaleza de las roscas de ambas tapas, ya que además de ser de mayor longitud los hilos son de un grosor más generoso. En este caso la tapa trasera no entrará trasroscada a no ser que lo hagamos a lo bruto y con plena conciencia de que no lo estamos haciendo bien, ya que en condiciones normales entra directa y suavemente hasta que hace tope.

La parte de la cabeza tiene una serie de surcos profundos que nos facilitan el agarre y el accionamiento de la misma para cambiar los modos de la linterna. El cuerpo también tiene algo de relieve sólo que en forma de rebajes cuadrados y en la tapa trasera se repite la fórmula de los surcos aunque ahora algo más separados. En general se agarra muy bien además de que al ser de acero inoxidable tiene ya de por si una cierta rugosidad porque no se le ha dado un pulido final apreciándose sobre toda su superficie las marcas del tallado por CNC.

Un elemento que me gusta especialmente es el enganche trasero para acoplar una anilla de llavero. La linterna viene con una de ellas y un mosquetón, pero me parecía muy endeble y quité ambos para colocar alguno que me guste más en caso de que me haga falta.

En cuanto a resistencia, Trustfire asegura que esta linterna tiene especificación IPx4 (soportaría poco más que exposición a una lluvia fuerte) y que aguantaría sin romperse caídas de hasta 1,5 metros de altura.

La luz

Otro aspecto que diferencia a este modelo de la Mini2 es que disponemos de tres modos de luz en lugar de dos y además vamos a cambiar entre ellos mediante el clásico método de soltar y apretar la cabeza girándola con rapidez. Eso sí, no disponemos de un modo Bajo con pocos lumens porque en el modo Alto disponemos de 100 lumens durante unos 20 minutos y en el bajo la intensidad es aproximadamente la mitad (con un marcado PWM de unos 200 Hz) pero la duración sube a unos 40 minutos. El tercer modo es estroboscópico no apto para epilépticos cuya duración no he cronometrado porque corría el riesgo de quedarme en el sitio con tanto destello.

El LED encargado de todo lo anterior es un Cree XP-G2 como muchos modelos de estos tamaños acompañado de una típica lente TIR muy similar a la que incorpora la Wuben. Por otra parte, la carga es la habitual mediante un puerto microUSB integrado en la rosca de la cabeza y junto a un minúsculo LED que cambiará de rojo a verde cuando la batería haya alcanzado el 100% de capacidad, cosa que le lleva poco más de una hora en el peor de los casos.

El haz de luz es suave y bastante difuminado gracias a la acción de la lente TIR, sin zonas amarillas ni extraños rebordes cuadrados que ya me he encontrado en otras linternas de este tipo. La luz es de un tono muy blanco como suele ser habitual en el modelo de LED que equipa esta linterna. Nada que objetar en este sentido.

Las sensaciones

Lo primero que llama la atención de esta linterna nada más sacarla del blister es su peso. Acostumbrado a este formato de linterna fabricadas en aluminio como es el caso de las dos últimas que he probado, se notan esos gramos más de la Trustfire. Lo bueno es que a esa sensación de peso también le acompaña una de robustez a toda prueba.

Los relieves del cuerpo hacen que el agarre sea muy bueno, lo cual es es deseable en estas linternas tan pequeñas que a la mínima ya están camino al suelo y también nos permiten roscar las tapas sin ningún problema pese a que tienen un tacto más duro que las de la Mini2; así que en lo físico nada que objetar.

Lo que no me gusta tanto es la elección de modos de funcionamiento, ya que al encender la linterna se va directamente al modo Alto con sus 100 lumens para luego pasar al Bajo (que muy bajo no es que sea, la verdad) con un rápido apagado y encendido. Una repetición de esta operación nos llevará al Estroboscópico y otra más nos devolverá al Alto y así indefinidamente.

No es por tanto una linterna para usar en casa, cerca de la cama por si nos levantamos a las tres de la madrugada y no queremos molestar, porque todos y cada uno de sus modos son como una feria a la que sólo le faltan Los Chunguitos cantando a toda tralla.

Es por tanto un modelo que nos vendrá bien para llevar en el bolsillo y usar para ciertas tareas que requieran una iluminación potente, aunque hemos de tener presente su escasa autonomía. Obviamente, en cuanto a una batería de 70 mAh le pides potencia su duración va a caer en picado; y si bien en otros modelos con los modos sobre los 5 lumens podemos tirar durante varias horas, si aquí lo mínimo que podemos sacar son 50 lumens os podéis imaginar.

Yo la veo como una buena compañera para un pequeño kit de herramientas. Es útil si tenemos que trastear en un cuadro eléctrico cuando no hay luz, atisbar algo al fondo de un hueco mal iluminado, ver el estado de unos cables en una arqueta de registro… Más que nada por la combinación de robustez y contar con al menos 50 lumens y puntas de 100.

A la Trustfire Mini-07 mí me gusta mucho por diseño, pero no por prestaciones. Así que tengo la impresión de que será una de esas linternas que no creo que vaya a emplear demasiado pero que me apetecía tener por comprobar sus acabados y ponerla en perspectiva con las otras de este tipo que ya poseo.

Además, su precio de unos 12 euros ayuda a que no haya que pensarse mucho el comprarla, porque en mi caso sólo por el entretenimiento que me supone hacerle las fotos y escribir la review correspondiente ya me parece que la inversión ha merecido la pena.

Conclusión

Una linterna a buen precio para los fans del acero inoxidable que busquen un diseño sólido y no les importe la ausencia de un modo moonlight ni unas autonomía reducidas.

Review: Nitecore TINI Cu

Recuerdo que os conté en la review de la Olight i3E-Cu EOS que había elegido ese modelo para iniciarme en el mundo de las linternas de cobre porque la otra opción que había barajado no me gustaba mucho. Pues bien, como nunca se puede decir de este agua no beberé un buen día surgió la oportunidad de conseguir una Nitecore TINI Cu y no me pude resistir, así que hoy le vamos a echar un vistazo a esta peculiar linterna de una marca que, como ya os he dicho alguna vez, suele arriesgar en sus diseños.

El cuerpo

La Nitecore TINI es una linterna con un formato diferente a las que os suelo traer por estas tierras pero que considero interesante mostrar por su concepto similar al de otros modelos como la potente TIP2. Cierto es que para estas cosas soy muy clásico, pero como de un tiempo a esta parte le estoy cogiendo el gustillo a las linternas con batería integrada estas ya no tienen por qué tener la forma cilíndrica que la clásica pila AA o AAA les obligaba a adoptar.

En este caso estamos ante un cuerpo cuyo chasis interno sirve de soporte a la placa de circuito y a la batería y sobre él van fijadas utilizando para ello unos tornillos Torx dos placas de cobre que son las que dan su personalísimo aspecto a esta edición que hoy estamos analizando.

No es una construcción tan sumamente sólida como la de la Olight a la que antes me refería porque en ese caso no toda la linterna es directamente de cobre ni es como la de la TIP2 torneada por CNC partiendo de un bloque macizo de aluminio; pero en la mano la linterna no cruje ni se mueve ningún elemento, que es lo importante.

La forma de la TINI no podemos definirla con precisión: en general tiene fisionomía rectangular como otras de la serie T de Nitecore, pero podemos ver que los bordes hacen chaflán, que en su parte frontal emerge una circunferencia para albergar el LED con su lente TIR y en uno de los laterales el puerto microUSB para recargar la batería interna. En el caso de la versión que hoy nos ocupa al estar hecha en cobre tiene un aspecto ligeramente steampunk pero en todo caso es bastante retro.

En lo que a los botones se refiere, la seríagrafía que tienen grabados en su superficie es transparente, haciendo que se vea a través de ellos el azul de la luz de carga o un cierto tono anaranjado cuando estamos usando la TINI en sus modos más potentes. Viendo sus grabados queda claro cual es el de encendido/apagado y cual el del cambio de modo, ¿no?

En la parte trasera tenemos un enganche para una anilla de llavero (la caja incluye un conjunto de anilla y mosquetón) que está anclado a la estructura interna de la linterna y por tanto tiene bastante resistencia; pero la contrapartida es que no podremos retirarlo, de manera que aunque no necesitemos hacer uno de él lo tendremos ahí nos guste o no. El enganche es realmente pequeño, pero por el lugar donde está no podremos poner la linterna en vertical para que la luz rebote en el techo iluminando así una estancia (el famoso tailstanding).

El bisel cromado (que en realidad es de plástico) que va recorriendo todo el contorno de la linterna no me gusta demasiado por dos motivos: no me apasionan los cromados en general y creo que será un auténtico imán para pequeños arañazos y desconchones. Estos son los detalles estéticos que hicieron que en su momento mi primera elección para una linterna de cobre fuera la i3E en lugar de la TINI.

Al igual que me pasa con la Nitecore TIKI, nunca se me ocurriría sumergir la linterna en agua viendo la tapa que protege el puerto microUSB. Es verdad que es complicado hacer totalmente estanco un aparato que necesita un puerto de carga cuya protección dificilmente va a poder ir más allá de una simple tapa de goma; pero es que éste es, desde mi punto de vista, uno de los mayores defectos de las linternas equipadas con una batería interna recargable. Si entra agua por el puerto y encendemos la linterna ya nos podemos despedir de ella, pues haremos cortocircuito en la placa interna fijo.

Por cierto, ya que lo preguntáis, el otro gran defecto de estos modelos que no necesitan pilas es que cuando la batería interna se deteriora hasta el punto de que ya ni es capaz de encender la linterna en el modo más bajo podéis empezar a buscar un nuevo modelo para reemplazarla, pues a partir de ese día sólo os servirá para dar color a la estantería donde la pongáis.

Pese a lo que os decía sobre la humedad y el puerto de carga, la TINI está certificada como IP54, lo que implica que puede entrar algo de polvo al interior pero sin que llegue a suponer una amenaza para su funcionamiento y que no debe mojarse más allá de un chorro de agua lanzado sin mucha fuerza (yo os recomiendo que no la mojéis más allá de una lluvia intensa, ya que la famosa tapa puede no estar perfectamente cerrada). También resiste caídas desde un altura máxima de 1,5 metros, pero siendo una linterna de cobre yo no haría muchas pruebas en ese sentido para no marcar el exterior, que estamos ante un metal blando, no lo olvidéis.

Por cierto, me resulta interesante el rebaje que hay en la zona de los dos botones de control, destinada a minimizar la pulsación accidental de los mismos en el caso de que la linterna vaya en uno de nuestros bolsillos pero también a que no se raye su superficie si dejamos la linterna con esa cara hacia abajo. Como curiosidad, en la bolsa hermética en la que viene la TINI Cu (al igual que todas las linternas de cobre para prevenir su envejecimiento prematuro) va colocada una tapa negra plástica sobre estos botones para que la presión del plástico al hacer el vacío no pulse los botones y se descargue la batería.

Os voy a contar una curiosidad, y es que con la TINI puesta en la posición de la foto que tenéis sobre este párrafo a mí particularmente me recuerda a un proyector de cine antiguo. Seguramente no me ocurriría con una de las versiones normales fabricadas en aluminio o en acero inoxidable, pero dado que esta versión fabricada en cobre tiene un aire bastante “retro” cada vez que la veo en esa posición me traslado años atrás en el tiempo y pienso en uno de esos aparatos de proyección gracias a los que hemos visto tantas y tantas películas en los cines.

Por la parte trasera tenemos grabado el nombre del modelo así como algunos símbolos relacionados con certificaciones de conformidad europea y gestión de residuos. Más allá de esto, lo que me gustaría comentar es que esta cara la linterna presenta algunos arañazos e imperfecciones como se puede ver en la foto anterior. No sé si es cosa de mi unidad o es por el proceso de grabado, pero es una pena porque por ejemplo la Olight i3E-Cu EOS venía absolutamente impoluta pese a estar también grabada en una zona y estar fabricada con el mismo material. Por supuesto, la linterna venía en su bolsa hermética sellada en fábrica, por lo que está claro que ya salió de allí en ese estado.

No hemos hablado todavía de dimensiones, y es que la TINI tiene un tamaño de 43 x 25 mm y un peso de 21 gramos. Más allá de los fríos números he de admitir que es más pequeña de lo había imaginado antes de tenerla en mi mano, y buena muestra de ello es la fotografía que os dejo a continuación en la que podéis compararla con la típica moneda de dos euros que todos conocéis.

La luz

Me resulta muy llamativo el frontal de la TINI por ser muy similar al de la Lumintop EDC01, realizado a base de minúsculos hexágonos como si de un panal de abejas se tratara. En su momento, cuando aún no tenía la linterna en mis manos y sólo la conocía por fotos, pensaba que consistía en un simple acabado mate, pero visto de cerca hay que reconocer que tiene un acabado muy trabajado.

La luz emitida tiene una intensidad máxima de 380 lumens, pero como en el caso de otras linternas de la marca esto sólo se da en el modo Turbo, el cual únicamente estará activado mientras mantengamos pulsado el botón de cambio de modo. Si queremos dejar un modo fijo, debemos encender la linterna con el botón de encendido y cambiar entre Bajo – Medio – Alto mediante pulsaciones breves del botón de cambio (el de las tres rayas).

El detalle de los modos disponibles y su autonomía según los datos oficiales de Nitecore es el siguiente:

  • Bajo: 1 lumen. 4 metros. 60 horas
  • Medio: 38 lumens. 19 metros. 4 horas
  • Alto: 145 lumens. 40 metros. 1 hora
  • Turbo: 380 lumens. 64 metros. 15 minutos

De todos modos, el funcionamiento de la interfaz con el usuario es exactamente igual que en la Nitecore TIP2 (incluso la forma de comprobar la carga de la batería o los modos Demo y Daily) de modo que os remito a la review de dicha linterna si queréis conocerlo a fondo para no tener que repetir palabra por palabra los mismos párrafos.

Las sensaciones

La TINI es una linterna peculiar, pero me reafirmo en que sus versiones normales no me gustan demasiado; sin embargo también tengo que reconocer que el cobre le va muy bien a su combinación de formas planas y curvas y el resultado final me resulta agradable. Es bonito comprobar cómo según el ángulo de incidencia de la luz sobre ella el tono del metal cambia desde un brillante claro a un naranja oscuro mate.

Sea como sea, no me convence del todo el tacto de sus botones porque si en la TIP2 estos eran sólidos y definidos, en este caso tienen un tacto más blando y no se nota tan claramente la activación de cada uno de ellos.

Del mismo modo, aunque ya lo he sacado a la luz en un apartado anterior, vuelvo a quejarme de lo poco que me gusta el marco cromado de la linterna. De siempre los cromados me han parecido un poco horteras y en este caso vuelvo a reafirmarme. Un acabado mate o directamente hecho en acero inoxidable (como la cabeza de la TIKI) quedaría mucho mejor que ese plástico con recubrimiento brillante que acabará arañado por todos lados.

El detalle de los tornillos también me parece que no está a la altura de este modelo, pues el ajuste de la carcasa de cobre bajo los mismos así como el hueco y/o los pequeños arañazos que quedan entre la cabeza y el rojizo metal dan sensación de un acabado imperfecto que otros modelos de esta misma serie T no denotan.

Voy a parar ya con las contras porque os estaréis llevando la impresión de que soy un cascarrabias. Si me he comprado la TINI en cobre es porque me parece un material extremadamente bonito para fabricar linternas y de ahí que aunque el modelo como tal ya sabía que no me iba a atraer demasiado, no me podía resistir a tenerlo en este metal que desde que toca el aire está en permanente cambio.

Por tanto, he de decir que lo que valoro en esta versión de la TINI es que por un lado tiene una capacidad de iluminar mucho y bien. Combina un modo Turbo potente para su tamaño con otros más bajos haciendo un mención especial a su modo de 1 lumen de gran autonomía (ya sabéis lo mucho que me gusta contar con un modo lo más tenue posible). Además, gracias a su lente frontal texturada es capaz de emitir luz de forma suave y uniforme, que siempre es un punto a favor.

Del mismo modo, sus formas irregulares (y hasta cierto punto caóticas) hacen que el cobre adquiera matices bellos bajo la luz del sol, de modo que a veces sostengo la linterna entre los dedos y simplemente la voy girando bajo la luz mientras observo esos matices que os digo.

Si, como suele ser habitual, la versión en cobre fuera bastante más cara que la normal puede que la hubiera dejado pasar; pero como fan de la serie T de Nitecore ya estaba barruntando hacía un tiempo el hacerme con una TINI si la veía a buen precio, pero lo que no me esperaba es que me iba a encontrar con esta versión prácticamente al mismo precio que las normales, de modo que en tal caso la elección estaba bien clara.

Conclusión

Con números en la mano la TINI es un modelo que tiene una relación lumens/tamaño difícilmente superable. Sin embargo, también te tienen que gustar sus peculiares formas para que quieras hacerte con ella por encima de otros modelos. Sin embargo, en esta versión hecha en cobre su extraña morfología juega a favor para crear un conjunto que, sobre todo recién estrenado, es bonito y además tiene pinta de que con el tiempo envejecerá bien (exceptuando ese puñetero marco cromado).

¡Hasta la próxima review!

Más información

Review: Sigma 10-20mm D 1:4-5.6 DC HSM

Cuando me compré mi primera cámara réflex (una Nikon D40) venía con el típico 18-55. Dieciocho milímetros en formato APS-C no es que sea muy angular que digamos, pero acostumbrado a las cámaras compactas de la época recuerdo que flipaba al ver todo lo que entraba en el encuadre. Y sí, ya sé que un angular no es precisamente para eso, pero en mis inicios todavía no era consciente de la perspectiva que dan a las fotografías los objetivos de distancia focal corta.

El caso es que tiempo después amplié mi equipo con un Nikon 16-85, el cual daba algo más de angular que el anterior. Puede parecer que dos milímetros de focal no es mucho; pero en la parte baja del rango cada milímetro cuenta. Ese objetivo es, para mí, el más polivalente de todos los que tengo a día de hoy, y en algunos viajes en los que quería ir ligero de equipaje, mi equipo fotográfico ha consistido nada más que en el cuerpo de mi ya veterana D300 y el 16-85 que os digo, dando lugar a algunas de las imágenes de las que más orgulloso me siento.

El caso es que, como afirma el dicho popular, “todos queremos más”; y yo quería más angular; de modo que un buen día se me presentó la oportunidad de hacerme con uno de los objetivos más extremos en cuanto a distancia focal que hay para formato APS-C: un Sigma 10-20.

10 mm ya es una focal más que respetable en la gama DX de Nikon. En términos de ángulo de visión equivaldría a un 15 mm en formato completo, y para obtener algo así necesitaríamos tirar del mítico (y carísimo) 14-24 o de alguna rareza extrema que rara vez aparece en las subastas de ebay y siempre a precios desorbitados.

En principio el 10-20 de Sigma venía en versión AF, lo que implicaba que el enfoque automático no funcionaría en cámaras como la D60, D3000, D5000… y, en general, en todos aquellos modelos de gama baja/media que no incorporan un actuador mecánico para hacer girar el mecanismo de enfoque de los objetivos más antiguos diseñados para cámaras Nikon. Tiempo después llegó la versión HSM, que es el equivalente de Sigma a los AF-S de Nikon y que al incorporar un motor ultrasónico en su interior ya no necesitaba de ningún apéndice físico para enfocar de manera automática. La versión que yo tengo es la HSM, de modo que aunque suelo emplear este objetivo en la D300, puedo colocarlo en la D40 o en la D3000 sin perder la capacidad de emplear el autofocus.

Por cierto, este objetivo se puede montar en cámaras Nikon de formato completo (FX en la nomenclatura de la marca) pero mirando por el visor vais a ver la imagen enmarcada en un círculo negro porque la proyección sobre el sensor está calculada para el formato DX. Yo no tengo una cámara FX, pero he podido hacer esta prueba en una cámara de carrete y a mi gusto queda antiestético, porque no es un viñeteado ligero en los bordes; sino una zona negra que rodea a toda nuestra imagen, la cual saldría en formato circular.

En cuanto a la construcción, en general se trata de un objetivo pesado y robusto que hará cabecear hacia delante nuestra cámara si es de pequeño tamaño (razón por la que lo suelo montar en la D300). Incorpora un parasol minimalista y de tacto “aterciopelado” que resulta terriblemente incómodo de poner y quitar, a diferencia de los parasoles de Nikon. Mira que la metodología es sencilla en ambos casos, pero los de Nikon los quito y los pongo con los ojos cerrados mientras que éste de Sigma entra torcido en dos de cada tres intentos.

Hay una cosa que debéis tener en cuenta: aunque el objetivo es un 10-20, a efectos prácticos es como tener un 10 mm fijo más que nada porque la perspectiva que da esa distancia focal hace que queramos retratar todo de nuevo desde esos 10 mm para así tener un nuevo punto de vista de la realidad. Y más allá de lo impresionante que pueda resultar la amplitud de visión que ofrece una distancia focal así, a mí lo que más me llama la atención es lo mucho (muchísimo) que debemos acercarnos a algo para llenar el encuadre.

Da igual que sea un persona, un edificio, una cabina telefónica, un coche, un elefante… Acostumbrados a focales más largas (por ejemplo el famoso 18-55 que os comentaba al principio) en las que muchas veces tenemos que dar algún que otro paso atrás para que el motivo de nuestra fotografía no quede cortado, con el Sigma a 10 mm muchas veces incluso tendremos que avanzar algo si queremos “inundar” la foto con aquello que pretendemos retratar.

¿Cuál es el fallo del que no tiene claro para qué sirve un angular? Pues meter mil cosas en el encuadre dando lugar a una imagen de lo más inexpresiva. Recordad una de las reglas de oro de la fotografía que dice que para saber si tienes una imagen interesante lo mejor es observarla entre una colección de thumbnails (miniaturas) y si aún siendo de pequeño tamaño consigue captar tu atención es que has conseguido una buena toma.

De hecho, lo que podemos obtener con focales tan cortas va mucho más allá que el mero hecho de “meter más cosas en la foto”, puesto que si elegimos un motivo principal para nuestra imagen y llenamos con él la mayor parte del encuadre, el resto de elementos de la escena pasarán a un segundo plano pero estarán ahí rodeando a aquello que estamos retratando y dotándole, por tanto, de un contexto.

Del mismo modo que los teleobjetivos aíslan el motivo principal del fondo, en el caso de los angulares lo meten dentro de una escena que da sentido a la fotografía contando, en cierta manera, una historia. Eso es lo que me llama la atención de este tipo de ópticas y por eso mismo veréis que los fotógrafos de boda siempre llevan un cuerpo con un gran angular montado para tirar de él en cualquier momento aunque en ese momento estén usando una focal más larga para hacer retratos y/o centrarse en los detalles.

Mi experiencia personal con el 10-20 es buena debido al tipo de fotografía que suelo hacer yo. Me explico: no es un objetivo para retratos puros y duros (su distancia focal tan corta deforma las facciones) ni está especialmente recomendado para gente tímida si vas a hacer fotografía urbana porque tendréis que pegaros a la escena para conseguir algo digno.

Sin embargo, para fotografía de arquitectura en la que buscamos conseguir nuevas perspectivas es estupendo, ya que nos ofrece un punto de vista muy diferente al que observamos en el día a día pero sin deformar los elementos de la imagen como haría un ojo de pez.

Es muy útil también para fotografía de interiores, y para muestra un botón: un compañero de trabajo y su mujer tenían su piso en venta y les estaba costando darle salida. Le pedí que me enseñara el anuncio que tenía en internet y vi que las fotos estaban hechas con un móvil, eran oscuras y sólo mostraban trozos de las habitaciones, lo que desmerecía un piso que en realidad era más grande y luminoso de lo que aquellas imágenes mostraban.

Le propuse hacer yo unas fotos del piso y que si les gustaban las usaran para anunciarlo, así que al día siguiente me acerqué por allí con la D300 y el 10-20, pedí que me subieran las persianas y empecé a fotografiar cada habitación desde una perspectiva muy natural (cámara a la altura de los ojos y plano ligeramente picado).

Cuando al terminar les enseñé las fotos en la propia cámara les gustaron mucho, así que al día siguiente se las pasé en JPG; pero lo mejor vino cuando modificaron el anuncio sustituyendo las antiguas fotos por las que había hecho yo: en 24 horas ya habían llamado tres personas interesadas en ver la vivienda y al día siguiente se acordó la venta del piso con uno de ellos.

La moraleja del asunto es que unas imágenes amplias y luminosas hicieron que a la gente le llamara la atención el anuncio y quisieran ir a ver el piso, mientras que si ponemos unas fotos apagadas y faltas de detalles hacemos que el anuncio sea uno más. ¿Os dais cuenta de aquello de que una foto ha de llamar la atención incluso mostrándola en modo miniatura?

Como agradecimiento (estaban esperando a vender su piso actual para cambiarse a uno más grande) mi compañero y su mujer me regalaron una caja Wonderbox; así que aquella sesión de fotos de interiores se convirtió, durante un fin de semana, en una casa rural con SPA junto a mi novia. Buen cambio, ¿no?

La apertura máxima en este objetivo no es demasiado grande y tampoco posee ningún tipo de estabilización óptica; pero en este tipo de angulares extremos son dos elementos que no tienen gran importancia. Me explico: en focales tan cortas el rango de elementos enfocados es muy amplio; es decir, que va a ser casi imposible hacer desenfoques pronunciados incluso abriendo todo lo posible el diafragma. De hecho, vamos a emplear una calculadora de hiperfocales para ver a una apertura de f/4.5 entre qué distancias tendríamos enfocados los elementos de la imagen si nuestro sujeto se encuentra a 2 metros del plano focal.

Como veis, por el cálculo de la profundidad de campo tenemos que fotografiando algo a 2 metros de distancia a focal 10 mm y apertura f/4.5 tendremos enfocado todo lo que esté entre 72 cm y el infinito, lo que nos da una idea de la gran profundidad de campo que nos ofrecen estas focales tan cortas. A modo de comparación, si reproducimos las mismas condiciones pero empleando un objetivo de 80 mm la profundidad de campo se reduce a 11 cm y si nos vamos a 200 mm la PDC es de tan sólo 2 cm.

En cuanto a la estabilización óptica, cierto es que se trata de un elemento siempre útil para evitar trepidación en las fotografías cuando el tiempo de apertura se alarga más de la cuenta ya sea porque queremos disparar con un número f alto, porque hay poca luz y no queremos subir la sensibilidad ISO… y, como suelo hacer yo, pasamos de usar trípode. Lo que ocurre es que la trepidación es muy evidente en un teleobjetivo porque al más mínimo temblor de nuestro pulso la imagen resultante se convertirá en un borrón; y más cuanto más elevada sea la distancia focal.

Lo que ocurre es que a 10 mm el temblor de la cámara queda muy atenuado y por tanto el estabilizador no es un elemento tan necesario como en focales superiores a 200 mm, donde se hace casi imprescindible.

En definitiva, un objetivo capaz de bajar hasta los 10 mm como éste que hoy nos ocupa es una herramienta muy útil para la búsqueda de nuevas perspectivas. Cierto es que la primera vez que lo montamos y miramos por el visor la sorpresa es grande, ya que de repente tenemos una amplitud a la que no estamos acostumbrados; pero una vez superado ese momento y si somos conscientes de las posibilidades que nos brinda una focal tan baja, a poco que nos esforcemos podemos conseguir imágenes muy originales y llenas de fuerza. Esa es la verdadera magia de los angulares extremos.

Review: Flir One (3ª gen.)

Como fan incondicional de los aparatos de medida en general y de las cámaras termográficas en particular le tenía echado el ojo a la Flir One desde que apareció en el mercado su segunda generación hace ya unos años por parecerme un inventazo. Cierto es que ya tenía en mis manos la TG130 que he usado hasta la saciedad durante los últimos meses; pero lo malo de ese modelo es que no hay posibilidad de sacar las imágenes de la cámara lo que me obligaba a fotografiar la pantalla dando lugar a resultados “poco profesionales”.

Pues bien, para paliar esto decidí aprovechar una oferta puntual de Amazon y hacerme con el modelo más reciente de la Flir One en su versión para Android para así poder compartir más fácilmente aquello que se esconde en el mundo de la termografía infrarroja y ya de paso redactar un análisis que os muestre qué podemos esperar de este modelo y qué lo diferencia de otros similares.

Termografía para móviles

Hoy en día ya no necesitamos disponer de una cámara termográfica como tal para poder ver en mundo en infrarrojos, y es que en los últimos años han ido apareciendo en el mercado una serie de modelos que de un modo u otro se acoplan a un teléfono móvil y nos permiten capturar las imágenes térmicas para así editarlas, enviarlas, clasificarlas… todo ello con la rapidez y sencillez habituales en un smartphone.

Por supuesto, las cámaras termográficas “al uso” siguen teniendo su utilidad y no se pueden comparar con estas soluciones móviles de las que hoy os hablo y que están orientadas a usuarios sin grandes pretensiones ni necesidad de prestaciones punteras. Sin ir más lejos, en estas cámaras acoplables a teléfonos no disponemos de una escala de temperaturas calibrada en la propia imagen como sí ocurre en los modelos orientados al uso profesional; así que podemos suponer que están pensadas para atraer a nuevos usuarios de la tecnología infrarroja que antes o después darán el salto a un modelo superior si sus necesidades aumentan.

En el campo de las cámaras termográficas, y sin salirnos de la marca Flir, la gama E orientada al mundo industrial parte de unos 1000 euros con el modelo E4 con resolución de 80×60, pasando por la E8 que prácticamente cuadriplica dicho coste pero ya cuenta con resolución infrarroja de 320×240 pixels y máxima temperatura detectable de 250 ºC y acabando en la E95, cuyo coste ya sube a unos 8500 euros pero cuenta con resolución de 464×348 pixels, y monitorización de temperatura de hasta 1500 ºC.

Por encima de esto está la gama T orientada al mantenimiento predictivo y cuyo máximo exponente es la T1020 con una resolución térmica nativa de 1024×768 pixels, objetivos intercambiables, pantalla táctil, frecuencia de refresco de 30 Hz, rango de temperatura desde -40 hasta 2000 ºC… y un precio aproximado de 40000 euros (no, no sobran ceros; son cuarenta mil euros).

Como os decía antes, este tipo de cámaras tienen su nicho de mercado y, sin ir más lejos, en mi trabajo utilizo habitualmente una Flir i7 para realizar inspecciones de motores, tuberías y cuadros eléctricos para así verificar el buen funcionamiento de estos elementos de un simple vistazo. Son herramientas que en las manos adecuadas nos permiten adelantarnos a los posibles problemas que puedan surgir en el interior de equipos y que de otra manera ni siquiera podríamos intuir.

Pero a fin de cuentas, la idea del artículo de hoy no es contar las múltiples bondades de las cámaras termográficas profesionales; sino la de estos pequeños modelos que han surgido en los últimos tiempos y que están pensados para los usuarios que, como yo en mi vida personal, hacen un uso más esporádico de esta tecnología. Por tanto, vamos a echar un vistazo a lo que ofrecen las diferentes marcas a día de hoy:

Por un lado está Flir, que actualmente va por la tercera generación de su Flir One disponiendo de tres modelos diferentes: Flir One, Flir One Pro LT y Flir One Pro. Las diferencias entre ellas son una mayor resolución térmica en la Pro (80×60 vs 160×120) así como la posibilidad de añadir puntos de control de temperatura en pantalla (la One “a secas” permite tener sólo uno en el centro de la pantalla). Por su parte, la dos que llevan el apellido Pro están algo más protegidas frente a golpes y caídas; pero aun así este tipo de cacharros son delicados.

La conexión al móvil es en todos los casos por USB tipo C y poseen una batería interna que se recarga por otro puerto del mismo tipo. Por tanto, si tenemos un móvil con USB-C, además de que no hay que andar con adaptadores para usar la cámara térmica (lo desaconsejo totalmente porque aumentarían exponencialmente las posibilidades de que se nos caiga al suelo) usaremos el mismo cargador para nuestro móvil y para la cámara. Su rango de precios está sobre los 250 euros para la One, 350 para la Pro LT y 450 para la Pro.

Otra marca que dispone de aparatos similares es Seek, sólo que estos nos dan nada más que la visión en infrarrojo sin la posibilidad de superponer una imagen real para aumentar de ese modo el grado de detalle del mapa térmico que obtenemos. Cierto es que la resolución térmica de estos modelos es, en general, algo más alta que en el caso de las Flir, pero luego veréis que la tecnología de superposición de imágenes es una herramienta muy potente para identificar las zonas de calor. En precios anda más o menos a la par con respecto a los modelos de Flir y su conexión es mediante microUSB. Un detalle curioso es que sus modelos cuentan con un anillo de enfoque de tal modo que podremos incrementar el detalle de la imagen ajustando cuidadosamente la distancia de enfoque.

Luego está Thermal-App, que dispone de modelos cuya peculiaridad es que se acoplan al móvil a través de un soporte tipo garra y se conectan mediante un pequeño cable microUSB, lo que les da mayor seguridad y estabilidad. Su resolución es considerablemente mayor que en Flir o Seek pero sus precios se van a entre 800 y 1900 euros en función del modelo, por lo que quedan más alejados de usuarios casuales.

En los últimos tiempos ha surgido también un modelo de bajo coste comercializado por varias marchas chinas (entre ellas HTi bajo la denominación HT-102) que ronda los 120 euros, posee una resolución térmica de 32 x 32 pixels, se conecta mediante USB-C y hace uso de la batería del móvil un poco al estilo de Seek. Poco os puedo contar de esa cámara porque apenas hay información de ella, pero por precio y características no creo que sea ninguna maravilla.

Y por último, un caso algo especial es el de Caterpillar (CAT para los amigos) que dispone en su catálogo de los teléfonos S60 y S61 los cuales además de ser móviles reforzados capaces de soportar incluso inmersiones, disponen de una lente infrarroja Flir integrada que les permite ser una cámara termográfica sin más que abrir la aplicación correspondiente. La idea es brillante, y está triunfando mucho en algunos sectores profesionales; pero para el gran público el problema es que son móviles muy pesados, muy grandes y con unas prestaciones más bien discretas. En cuanto a precios, andan ahora mismo entre los 500 y los 750 euros.

Conociendo la Flir One

El punto fuerte de Flir con su modelo One desde la primera generación ha sido el aunar una imagen térmica con una imagen real (lo que ellos denominan MSX) dando lugar a termografías un poco fantasmagóricas pero que permiten distinguir las distintas temperaturas con mucha más precisión que si sólo disponemos de la paleta de colores dada por el infrarrojo.

La Flir One consiste en un cuerpo rectangular metálico con un puerto USB-C macho en su parte superior para conectarse al móvil y un puerto USB-C hembra en su parte inferior para cargar su batería interna, así como un LED de carga y un botón de encendido/apagado. En la parte frontal nos encontramos con dos objetivos: uno óptico como puede ser el de la cámara de nuestro móvil y el otro, que es donde está la chicha del asunto, de tipo infrarrojo para poder captar el mundo de un modo muy especial.

En cuanto a características técnicas, comentar que su resolución es de 0,1 ºC, que el rango de detección de la cámara va de -20 ºC a +120 ºC y que tiene un peso de 34 gramos. De todos modos, si queréis mirar todos los datos en profundidad os dejo un enlace a los mismos en la propia web de Flir.

La cámara se acopla al teléfono simplemente conectándola al puerto USB-C y su manejo se realiza a través de la aplicación de Flir disponible de forma gratuita en la tienda de aplicaciones de Google. Aplicación que es bastante intuitiva y que además de la interfaz tipo cámara de fotos, cuenta con visor de imágenes así como algunos elementos de conexión con redes sociales para compartir nuestras imágenes térmicas con el mundo.

Una cosa que me ha gustado bastante es que podemos regular la longitud del conector USB con una pequeña ruleta para así poder alargarlo ligeramente si en nuestro móvil llevamos una funda protectora; pero también os digo que al ser el propio puerto USB la única sujeción de la cámara siempre voy con miedo de darle un ligero golpe a la Flir One y que esta salga volando. Sé que no es fácil por la cantidad de móviles que hay en el mercado, pero yo buscaría la manera de añadir algún sistema de fijación adicional para evitar accidentes. He pensado en usar un par de gomas elásticas, pero claro, pasarían por delante de la pantalla del teléfono resultando muy incómodas, así que por el momento iré con cuidado.

Usando la Flir One

El uso es bastante sencillo: se conecta la cámara al móvil, se enciende esta y se inicia la aplicación de Flir, lo que por defecto nos lleva a la interfaz de la cámara. Enseguida comenzaremos a ver el mundo a través de la pantalla en unas tonalidades amarillo-violáceas que podremos capturar con el botón redondo de la parte inferior de la pantalla. Como veréis, también disponemos de opción de grabar vídeos y de hacer time-lapses.

En cuanto a resolución, en términos fotográficos la imagen resultante va a ser de 1440 x 1080 pixels, si bien la resolución térmica se queda en 80×60. Lo que ocurre es que entre que Flir aplica un algoritmo de suavizado a la matriz de pixels térmicos y que además fusiona esta paleta cromática con los contornos visuales de los elementos, la sensación es la de tener más resolución de la que en realidad capta el sensor infrarrojo.

El vídeo, por su parte, se graba a la misma resolución que las fotografías sólo que a una tasa de frames muy baja. No lo puedo precisar, pero a simple visita diría que lo que vemos se mueve a razón de 3 o 4 fps, por lo que no esperéis grabar con detalle ruedas derrapando u otros elementos en rápido movimiento como se puede ver en algunos vídeos promocionales de la marca, ya que esos han sido captados con cámaras de muchos miles de euros.

En cuanto a los time-lapses, esto se graban a la misma resolución que las fotografías y los vídeos pero con un tiempo entre capturas de entre 1 segundo y 60 segundos, pudiendo elegir también la velocidad de reproducción del vídeo resultante entre 1 y 25 fps.

Energía y autonomía

La Flir One incluye una batería interna que alimenta la cámara para así no rebajar la preciada autonomía de nuestro teléfono. Y lo que sobre el papel es una ventaja en realidad es uno de los puntos débiles de la Flir One, ya que con la batería cargada a tope, si nos dedicamos a ir viendo el mundo en infrarrojos y vamos capturando imágenes y algún vídeo, nuestra autonomía será tan sólo de entre 30 y 45 minutos. Cierto es que en menos de una hora la tendremos de nuevo a tope de carga para seguir con nuestra sesión de termografía de bolsillo, pero aun así creo que la autonomía es demasiado reducida y ver la velocidad a la que baja la carga de la batería puede llevarnos a cierta frustración inicial.

Seguro que estáis pensando en que podéis echaros una batería externa al bolsillo con un cable USB-C largo e ir cargando la cámara mientras la usáis porque el puerto de carga queda a la vista cuando se usa la cámara; pero siento deciros que en el momento que conectamos un cargador a la cámara esta impide ser utilizada al mismo tiempo, por lo que vuestro plan maestro para conseguir la autonomía casi-infinita no va a funcionar.

Dicho esto, hay que reconocer que de inicio la autonomía parece un problema grave (bueno, ya sabéis, los problemas del primer mundo) pero luego se va llevando mejor una vez que pasa el “factor wow”. Me explico: los primeros días vamos a ir mirando todas y cada una de las cosas que nos rodean para ver qué aspecto tienen bajo un visor infrarrojo y así sorprendernos de lo diferentes que son bajo el prisma de la temperatura en lugar de la luz visible: la nevera, la vitrocerámica, un mechero, el equipo de sonido, el escape de la moto, nuestras propias manos, el fantasma del sofá…

Tras estrenar la cámara todo nos va a llamar la atención y nos va a tocar cargar su batería varias veces al día hasta que empecemos a calmarnos un poco y empecemos a pensar en la Flir One para usos más concretos. De hecho, yo ya he pasado la época de la experimentación inicial y ahora que ya sé más o menos lo que puedo esperar de ella quiero empezar a hacer algunas cosas específicas que mostraros por aquí. Dadme un poco de tiempo y espero conseguir sorprenderos o al menos haceros pasar un rato entretenido.

El día a día con la Flir One

Para el uso en el día a día de la cámara, me gusta especialmente la funda que viene con la Flir One: Es pequeña, semi-rígida, y en su interior cabe tanto la propia cámara como el cable USB-C para cargarla contando con elásticos en su interior para que no se mueva ninguno de estos dos elementos. La cremallera dispone de una pestaña de plástico para poder abrirla con guantes y, en definitiva, parece estar hecha para durar.

Eso sí, una vez que sacas la cámara de la funda y la sostienes entre tus dedos tienes la sensación de que se te puede caer en cualquier momento por lo pequeña y delicada que parece. El fabricante asegura que aguanta caídas de 1,5 metros, pero yo prefiero no comprobarlo. Mi consejo es que la sostengáis siempre por los dos rebajes engomados de los laterales, ya que el cuerpo de metal puede ser resbaladizo y si la cogéis de otro modo podéis poner los dedazos en las lentes.

La conexión de la cámara al teléfono permite que esta mire tanto hacia delante como hacia atrás por la concepción simétrica del puerto USB-C, de modo que podéis haceros selfies térmicos; aunque os advierto que en general saldremos poco favorecidos.

En cuanto a la disposición del puerto USB-C de vuestro teléfono, da un poco igual si está en la parte superior o inferior, ya que si tenemos activada la rotación automática de pantalla la aplicación se adaptará a la orientación que haga falta y, por tanto, podremos tener siempre la cámara físicamente colocada en la parte superior, que es más natural, intuitivo y seguro que llevarla colgando por debajo.

La aplicación arranca rápido y enseguida se entiende con la cámara. Me gusta lo intuitivo que es todo, ya que los menús son a base de iconos y todo se asimila al momento. Cierto es que no hay opciones muy complejas debido a que es un dispositivo enfocado a usuarios no muy expertos en la materia, pero se agradece que en un par de toques de pantalla podamos cambiar lo que necesitemos.

Comentaros que empleo la Flir One con un teléfono Xiaomi A1 con 4 GB de RAM y 64 GB de almacenamiento actualizado a Android 8.1 de manera oficial y observo que la aplicación no corre con toda la fluidez que sería deseable. Lo que vemos por la cámara tiene un retardo de aproximadamente un segundo con respecto al “mundo real”, cosa que podemos apreciar fácilmente sin más que mover nuestra mano delante del objetivo. No es un problema grave si estamos termografiando elementos inmóviles; pero en el caso de cosas que se muevan con cierta rapidez (un niño de cinco años puede ser un buen ejemplo) tenemos que tener en cuenta ese retardo.

Del mismo modo, a la hora de grabar vídeos se nota que la tasa de frames es muy baja (calculo entre 3 y 4 fps) por lo que la sensación de movimiento no es en absoluto fluida. El sensor interno de la cámara es capaz de refrescar la imagen a razón de 9 cuadros por segundo, pero no sé si el hardware del teléfono o el software de la aplicación hacen que el rendimiento decaiga bastante. Además, la batería del móvil baja muy rápidamente cuando estamos ejecutando la aplicación de la Flir One, y dado que la cámara posee una batería interna para su alimentación y que por tanto no consume energía de nuestro móvil, está claro que la aplicación es un verdadero come-recursos del teléfono. Puede que en versiones posteriores se vaya optimizando un poco este aspecto, pero no creo que de la noche a la mañana se convierta en una aplicación ligerita que corra rápido en cualquier teléfono de gama media.

Un aspecto que debéis tener en cuenta es que las cámaras termográficas no funcionan bien en exteriores. No es que no detecte el calor, porque eso lo hace igual de bien; si no que en el momento que el cielo “se cuele” de alguna manera en el encuadre el contraste térmico caerá en picado.

Si apuntáis una cámara termográfica al cielo vais a ver que éste se encuentra a una temperatura de varios grados bajo cero por su propia naturaleza. Y claro, eso hace que el contraste entre ese cielo y el resto de elementos de la escena sea tan radical que apenas podamos distinguir las diferencias de temperatura entre ellos. En este sentido es muy similar a lo que ocurre en una fotografía donde incluyamos al sol en el encuadre; y es que si pretendemos que el cielo aparezca azul en tales circunstancias, lo más seguro es que el resto de elementos adquiera un tono gris predominante que hará muy complicado distinguir unos de otros.

En interiores, por contra, todo va mucho mejor. La sensibilidad de la cámara no está mal para el precio que tiene (150 mK; es decir 0,15 ºC) y enseguida vamos a poder apreciar gradientes de color aunque las superficies posean poca diferencia térmica entre ambas. Una prueba que siempre queda muy resultona es la de poner nuestra mano sobre una superficie de madera como una puerta durante unos segundos y a continuación mirar a través de la cámara termográfica para descubrir que allí ha quedado una siniestra “huella térmica”.

Otra cosa que debéis tener en cuenta es que con el tiempo el calor tiende a extenderse por las superficies. Si pretendéis termografiar el motor de un coche, lo mejor es hacerlo cuando está frío para arrancar el motor y en ese momento empezar a mirar por la termográfica. Enseguida veréis que las correas es lo primero que comienza a calentarse y poco después lo hará el líquido del circuito de refrigeración.

Digo esto porque si hacéis esto mismo después de un trayecto en el que se haya calentado el motor, el bloque entero será de un color predominante en el que apenas podréis distinguir unos elementos de otros. Al igual que os decía antes, se trata de un tema de contraste de temperaturas; y por eso mismo recomiendo hacer el experimento del coche en un parking cerrado o garaje, ya que si estamos a cielo descubierto ocurrirá lo que os decía antes de que toda la bóveda celeste aparecerá a una temperatura gélida y el motor será un gran bloque blanco.

No quisiera pasar por alto la importancia de iluminar correctamente el elemento que estamos termografiando para que la tecnología MSX se aproveche al 100%. Si termografiáis un elemento uniformemente iluminado en la imagen resultante vais a poder apreciar hasta los más pequeños detalles que darán lugar a una mezcla adecuada de la imágen térmica con la óptica; pero en caso contrario, la imagen óptica será borrosa o presentará mucho ruido desluciendo el resultado final de la termografía realizada; así que no descuidéis ese detalle tan importante. Por cierto, la aplicación de Flir nos permite usar el flash del propio móvil como linterna para iluminar el modelo, lo que es práctico en lugares que nos queden en penumbra y el objeto a termografiar esté cerca de la cámara.

Y ya que estamos, me gustaría hacer un apunte sobre las paletas de colores disponibles, ya que hay un total de nueve que se seleccionan directamente desde la aplicación en el momento de disparar. La información que capta el sensor es la misma, pero dependiendo de la paleta escogida la representación térmica será muy diferente. Mi favorita es la “hierro” porque haciendo uso de ella se pueden apreciar bastante bien los gradientes de temperatura. Para ilustrar este tema os dejo a continuación cuatro imágenes muy similares pero usando en cada caso una paleta diferente.

Los cristales son un mal amigo de la termografía por ser un espejo para los rayos infrarrojos. Si apuntáis con la termográfica a una ventana cerrada lo único que podréis conseguir es una especie de selfie fantasmal porque el cristal reflejará vuestro propio calor corporal siendo totalmente opaco a lo que haya detrás de él. Del mismo modo, las bolsas de plástico son todo lo contrario, ya que aunque nosotros no veamos a través de ellas, son completamente transparentes a los infrarrojos, por lo que si hay algo a cierta temperatura en su interior podremos distinguir su forma a la perfección.

En otro orden de cosas, me gustaría aprovechar para comentar un detalle que me parece de suma importancia y que va a marcar la diferencia entre hacer una termografía con la Flir One muy vistosa o que esta no pase del nivel de “chapuza”; y es que la clave es el paralelismo. Vamos a explicarlo:

Como os he dicho ya, lo que hace la Flir One es mezclar las tonalidades de la imagen térmica obtenida con el sensor infrarrojo y una imagen “normal” que capta al mismo tiempo mediante la segunda lente del dispositivo para así obtener un nivel de detalle superior. Pues bien, dado que aunque ambas están próximas entre si pero es imposible que sean coincidentes, las imágenes resultantes no van a solaparse exactamente; sobre todo si estamos muy próximos al objeto a termografiar como podéis ver en el siguiente ejemplo.

Para tratar de solventar esto, Flir ha implementado en su aplicación un control llamado paralelismo que desplaza la imagen real sobre la térmica para tratar de lograr así una coincidencia plena. Normalmente es un proceso que el software realiza de forma automática; pero aun así tenemos la posibilidad de regularlo de forma manual (ya sea en tiempo real o a posteri) para aquellos casos en los que vemos que ambas imágenes están notablemente desplazadas. Por cierto, en teoría no podremos conseguir plena coincidencia en distancias inferiores a 30 cm.

De todos modos, una vez capturada nuestra imagen térmica, el mundo no se termina ahí, ya que la aplicación de Flir nos permite hacer algunos ajustes interesantes en “post-producción”. Para empezar, dentro de la aplicación podemos deslizar la imagen arriba y abajo en la vista de la galería para poder alternar entre el mapa termográfico y la fotografía, de modo que nos facilitará todavía más la tarea de discernir las zonas a diferentes temperaturas que hemos captado.

Por otro lado, también tenemos la posibilidad de colocar un termómetro en cualquier punto de la pantalla (varios en el caso de la Flir One Pro) que nos dirá a cuántos grados estaba tal o cual zona en el momento de hacer la fotografía. También podemos cambiar de paleta o ajustar el paralelismo del que os hablaba antes si a posteriori vemos que las imágenes parecían más coincidentes en el momento de hacer la captura.

Otra posibilidad es cambiar la paleta entre cualquiera de las nueve disponibles, por lo que durante la captura de las imágenes no hace falta que os preocupéis demasiado si consideráis que la que estáis usando no es la más adecuada para captar los detalles de aquello que estamos termografiando, ya que luego podréis variarla a voluntad sin perder datos.

Conclusiones

Después de todo lo comentado, quería hacer un breve resumen en apenas unas líneas. Por un lado, para los fans de la tecnología la Flir One es un cacharro sin duda muy apetecible: tiene un diseño muy cuidado, una calidad de construcción más que aceptable y su funcionalidad es, cuanto menos, sorprendente.

Eso sí, no os compréis una Flir One si sois profesionales del mantenimiento y creéis ver en ella una herramienta con la que detectar conexiones eléctricas defectuosas, motores mal refrigerados, tubos de agua caliente tras las paredes, humedades en techos, corrientes de aire en los cierres de las ventanas… Cierto es que la Flir One es capaz de detectar ese tipo de cosas, pero sus prestaciones (especialmente por rango de temperaturas y sensibilidad) hacen más recomendable la adquisición de un modelo de gama profesional cuyos resultados serán más precisos.

Creo que con las imágenes que he puesto para ilustrar esta entrada os podréis hacer una idea de qué esperar de este modelo, ya que en ellas se pueden ver elementos cotidianos vistos a través de la Flir One, apreciando de ese modo la resolución que presenta, el rango de temperaturas o la nitidez de los contornos de los elementos a termografiar.

Yo recomiendo la Flir One como un método sencillo y práctico de observar toda esa energía infrarroja que nos rodea y que nos hará redescubrir las cosas desde un punto de vista muy atípico y siempre sorprendente. En definitiva, para despertar al niño curioso que, en el fondo, todos llevamos dentro.

Un repaso al patinete eléctrico de Xiaomi después de 1000 Km

Mi querido Mijia M365 ha cumplido recientemente mil kilómetros y, como complemento a la review que publiqué en noviembre, me ha parecido interesante en este punto de su vida hacer un repaso a su estado viendo así qué elementos han envejecido bien y cuales han llevado peor el paso del tiempo comentando también soluciones a algunas pequeñas cosas que me han ido sucediendo.

Para poneros en situación, cuando compré el patinete su dueño le había hecho unos 350 Km, a los que yo sumé unos 200 Km más. Acto seguido, durante un par de meses mi novia lo estuvo usando a diario para ir a trabajar (hasta que conseguí otro para ella) tiempo durante el cual hizo 350 Km. Y por último, desde que volvió a mis manos he hecho 100 Km más hasta conseguir llegar a la cifra redonda de mil kilómetros.

Permitidme ahora que me vaya un poco por las ramas y aproveche para echar unos números:

La ruedas del patinete de Xiaomi son de 8,5″ de diámetro, que equivalen a 21,59 cm. Si aplicamos la fórmula de la longitud de la circunferencia (L = 2 * pi * r) vemos que por cada vuelta completa de las ruedas avanzamos  67,69 cm o lo que es lo mismo 0,677 metros.

Pues bien, si a día de hoy el patinete ha recorrido mil kilómetros, una simple división nos permite saber que cada rueda ha dado 1477104 vueltas. Si, prácticamente un millón y medio de giros. Y no penséis sólo en la goma de las ruedas, acordaos también de los rodamientos de los ejes, que llevan el mismo castigo.

NOTA: De todos modos, aunque parezca un montón, si hago esta misma cuenta para los ejes de mi coche, sale que han dado ya la friolera de 226 millones de vueltas, así que imaginaos la cantidad de subidas y bajadas que lleva cada uno de los pistones del motor. Pero vamos, que esto daría para otra entrada de esas mías en plan ingenieril.

Bueno, tras este offtopic, vamos a ir desgranando punto por punto qué tal ha digerido estos primeros mil kilómetros el patinete:

  • Zonas de contacto con el usuario

Se aprecia claramente que en los extremos del manillar la rugosidad de los puños se ha perdido, quedando la superficie totalmente lisa en esa zona. Cierto es que durante estos meses de frío mi novia ha estado conduciendo el patinete con unos guantes que llevan la palma forrada de goma, de modo que el desgaste habrá sido mayor que si se va con la palma desnuda, que siempre es más suave (a no ser que seáis jugadores de pelota vasca). Eso sí, como podéis ver a continuación el resto del puño tiene el patrón de bultitos ovalados intacto.

El desgaste de los puños podría esperármelo, pero el que realmente me sorprende es el de la pequeña almohadilla del acelerador, ya que pese a usar control de velocidad desde el primer día, se ha quedado totalmente liso. La verdad es que ese desgaste sí que me ha pasado desapercibido, pero cuando abrimos el patinete de mi novia y vimos el relieve del acelerador es cuando me di cuenta de que al ser una goma muy blanda enseguida se queda liso pese a que, como os digo, sólo pongo el pulgar sobre él cuando quiero cambiar la velocidad a la que circulo.

Eso sí, lo que sigue estando como el primer día es la tabla donde llevamos apoyados los pies. Pese a recaer sobre ella todo nuestro peso y usar calzado con suela de goma dura (incluso en ocasiones botas Doc Martens) su aspecto es impoluto y ni se ha desgastado o despegado lo más mínimo. La verdad es que me ha sorprendido para bien en ese aspecto, porque pensé que acabaría prácticamente lisa como ocurre con los papeles de lija de los skates y similares.

  • Ruedas

No sé en qué momento exacto le cambió la rueda trasera al patinete el usuario anterior por la maciza que lleva puesta, pero por lo que me dijo no tardó mucho en hacerlo cansado de los dichosos pinchazos. Sea como sea, dicha rueda tiene todavía un dibujo muy profundo y no veo ni por asomo el momento del cambio. Apuesto a que tengo caucho para dos mil kilómetros más por lo menos.

En cuanto a la rueda delantera, esta es la original que venía con el patinete; sólo que se le añadió una banda antipinchazos de kevlar entre cámara y cubierta para evitar tener que andar desmontando la rueda cada vez que pasaba sobre cualquier cosa puntiaguda. En este neumático se aprecia algo más de desgaste con respecto a uno nuevo, pero al igual que en los coches contamos con un testigo de desgaste al que todavía le queda tiempo para estar a la par con la superficie de la goma. En mi bola de cristal veo unos mil kilómetros más de vida útil para este neumático.

  • Estructura

Vamos a hablar ahora de lo que es la estructura mecánica del patinete, y este punto creo que va a dar bastante de si.

A ver, lo primero de todo, es recomendaros que una vez al mes repaséis el apriete de todos los tornillos. Durante este tiempo se aflojaron un poco los que sujetan el manillar a la tija de dirección y uno de los dos que lleva la pinza de freno. No supusieron gran problema más allá de notar algo extraño en el día a día, comprobar que estaban algo sueltos y apretarlos con la herramienta multiuso que siempre llevo conmigo cuando voy en el patinete.

Peor fue que un día de repente a mi novia se le abrió en marcha el mecanismo de plegado y descubrimos que se había perdido el tornillo frontal que ajusta la dureza de la leva que realiza el cierre. No dimos con el tornillo (se le perdería un par de calles atrás y como para ponerse a buscarlo) de modo que bajé a la ferretería y compré un tornillo con cabeza Allen de la métrica y longitud adecuadas para sustituirlo y una arandela porque la cabeza del tornillo original tiene más superficie. No queda tan elegante como el que viene de serie pero funciona igual de bien y éste no se perderá porque al colocarlo le puse fijador de tornillos en la rosca.

Aprovecho para comentar la vital importancia del punto de ajuste de este tornillo (una razón más para aplicar algún tipo de fijador) puesto que si está demasiado flojo veremos que el mecanismo de plegado tendrá holgura y si va demasiado apretado comprobaremos que no somos capaces de mover la leva que permite el plegado y desplegado del patinete. Por tanto, id probando hasta que encontréis el punto justo y fijadlo ahí para toda la eternidad.

Briconsejo: si no tenéis a mano fijador de tornillos (mi favorito es el Loctite 243) podéis usar esmalte de uñas, ya que cuando se seca hace que el tornillo no pueda aflojarse pero si hacéis fuerza con una llave acabará girando. Si usáis cosas más radicales como pegamento instantáneo, aparte de pegaros los dedos, como un día tengáis que soltar el tornillo ya podéis buscar un tubo largo para hacer palanca.

Y ya que estamos hablando de esa zona del patinete, comentaros que si de buenas a primeras empezáis a escuchar “grillos” cuando vais en marcha es debido al roce de las dos partes del sistema de plegado. Para remediarlo podéis hacer dos cosas: aplicar una capa de grasa a ambas superficies o bien, para solucionarlo de una forma más definitiva, pegar una fina lámina de teflón o similar en una de las caras de modo que ya el roce no se produzca metal contra metal (esto es lo que hice yo, que soy un maniático de los ruiditos, y desde entonces tan feliz).

Por cierto, se me perdió la goma que recubre el “gancho” sobre el guardabarros donde se fija el timbre al plegar el patinete. La funcionalidad es la misma, pero queda más feo. Ya se me perdió una vez pero lo encontré por casa y lo fijé con pegamento instantáneo; pero a las pocas semanas se volvió a perder y me temo que esta vez es la definitiva. Lo que voy a hacer es lijar la zona y pintarla con esmalte negro para que no se vea tan fea, ya que se han quedado los restos del pegamento que le eché y no me gusta nada.

Otra cosa más: el guardabarros trasero va anclado a la plataforma donde llevamos los pies mediante tres tornillos cuyas cabezas van cubiertas con otros tantos embellecedores plásticos. Pues bien, un día de estos y sin previo aviso el embellecedor del tornillo central decidió independizarse y al llegar a casa vi que lo había perdido. Por suerte, en uno de esos cajones en los que uno guarda cosas que de otro modo acabarían en la basura (una especie de síndrome de Diógenes) tenía una especie de tapón plano de plástico gris oscuro que resultó encajar a la perfección como podéis ver en la siguiente imagen.

En cuanto a golpes y rascones en general, a pesar de que tanto mi novia como yo somos cuidadosos, uno nunca está a salvo de un bordillo un poco más alto de lo esperado, un resbalón o una piedra que salta donde no debe; pero aun así tras estos primeros mil kilómetros el patinete no está demasiado castigado en este aspecto. Tan sólo reseñar un par de raspones “serios” en la zona del listón trasero izquierdo (tanto en el aluminio como en el embellecedor de plástico) como podéis ver a continuación. Por suerte en ninguno de los casos el disco de freno sufrió golpe alguno pese a su proximidad, porque si lo doblamos lo más mínimo nos tocará cambiarlo.

En la zona de plegado, concretamente en la “uña” que encaja en la parte inferior para fijar el sistema de plegado en su posición ha saltado un poco la pintura, pero no es nada grave (podéis verlo en una de las imágenes anteriores).

Ah bueno, y en la zona baja de la barra diagonal, donde suelo apoyar la punta del pie izquierdo al circular, la pintura se ha desgastado muy ligeramente, pero vamos, que el aspecto es prácticamente el mismo que el del resto del chasis como podéis apreciar en la siguiente fotografía.

Para mi sorpresa, la tapa inferior (tras la que se aloja la batería y el controlador de la misma) se encuentra en muy buen estado. Pese a lo expuesta que está a todo aquello sobre lo que rodamos, no tiene ningún rascón importante ni cruje o hace cosas raras. Me daban bastante miedo las cabezas de los tornillos, pues pensaba que podían destrozarse a base de roces con piedras, bordillos, etc pero no es así y por ahí abajo todo está en perfecto estado de revista.

En cuanto al cableado (tanto eléctrico como del freno trasero) no ha habido ningún problema ni de roturas, holguras, soportes sueltos… En ese aspecto un diez sobre diez.

  • Frenos

Por la forma en la que funciona la pinza del disco (sólo una de las dos caras es móvil) es complicado conseguir que las pastillas pisen correctamente sobre él. Por suerte, al disponer de freno regenerativo en la rueda delantera el freno de disco trasero se usa en contadas ocasiones, de modo que las pastillas aun tienen grosor de sobra y el disco no presenta desgastes apreciables a simple vista.

A lo que me refiero con lo del funcionamiento es que al ser sólo una de las caras de la pinza la que presiona contra el disco cuando pulsamos la maneta, éste flexa ligerísimamente y entonces también roza contra él la pastilla que va fija en la otra cara; pero esto hace que no haya una perpendicularidad exacta entre la superficie de las pastillas y el disco de freno, haciendo que en cada cara del disco haya una franja en la que roza la pastilla y otra en la que no.

Tal y como os comenté en la review, una de las cosas que más me gustan de M365 es su potencia de frenada, y tras estos primeros mil kilómetros esta sigue intacta.

  • Batería y motor

He dejado para el final el que para mí es el apartado más importante de un patinete eléctrico: todo lo relacionado con el motor y la batería, que al final es el alma del cacharro.

Como ya sabréis por la review, al poco de estrenar el patinete empezaron los problemas de batería típicos en este modelo. Me tocó abrir la batería, soldar las chapas de contacto principal y también reforzar las zonas de contacto de cada uno de los polos de las treinta celdas poniendo sobre ellas láminas de caucho y forrando luego todo con cinta americana para que quedara bien prensado. Desde entonces no he vuelto a tener problemas, pero tened esto siempre presente porque en el modelo original esto os va a pasar antes o después.

Se supone que en los modelos que hay ahora a la venta en las tiendas esto ha sido corregido y las chapas metálicas de la batería ya van firmemente soldadas; pero aun así como el modelo de mi novia no ha dado problemas (tocamos madera) no lo vamos a abrir de momento, de modo que no lo puedo corroborar.

Algo que no me ha gustado es que el último firmware disponible (1.3.4) hace que por debajo del 50% de batería el patinete apenas tenga fuerza para subir cuestas, imagino que en busca de no pegar fuertes descargas a la batería cuando esta anda ya baja de carga. Sea como sea, a mí me gustaba más el funcionamiento prácticamente lineal de las versiones anteriores, así que ojalá en el futuro eliminen esta característica, porque de momento no encuentro una manera fácil de hacer un downgrade.

Por tanto, si queréis sentir el viento en la cara es mejor que le deis caña al principio del recorrido (pero ojo, porque si os flipais demasiado puede que al final os toque impulsaros con la patita).

Por cierto, creo que sé a lo que se refiere Xiaomi con lo de que el motor es de 250W pero que permite picos de 500W. Si subimos una cuesta y pulsamos a fondo el acelerador veremos que la aceleración es bastante fuerte, pero no será así eternamente, ya que llegado un punto la potencia comienza a disminuir, y es que creo que el patinete permite aprovechar esos picos de 500W pero en cuanto empieza a detectar que el motor o la batería se están calentando por la elevada corriente demandada, la protección anti-estrés que lleva implementada la electrónica hace que disminuya el flujo de corriente eléctrica protegiendo así tanto al motor como a la batería, ya que para ambos el calor excesivo es siempre un enemigo a evitar.

En cuanto a la autonomía, compruebo que esta no ha variado demasiado desde que le hice el apaño de las patillas a la batería. Por Alcalá de Henares, que es casi todo llano, consigo sacarle unos 20 Km si circulo a ritmo tranquilo (modo ECO) y unos 15 Km si voy dosificando el acelerador con alegría en el modo normal. El tiempo de carga sigue siendo de unas cinco horas cuando vuelvo con la batería sobre un 20%, lo que es una prueba más de que la esta se sigue manteniendo más o menos en forma (cuando empiezan a cargar cada vez en menos tiempo, malo).

En cuanto a las luces, aunque yo no he circulado mucho por la noche, mi novia sí que las ha empleado todas las mañanas en su trayecto hasta el trabajo y no ha tenido nunca el más mínimo problema. Siguen iluminando igual de bien que al principio y no ha habido apagados inesperados ni molestos tintineos.

Conclusiones

En definitiva, el paso de sus primeros mil kilómetros no parece haber hecho demasiada mella en el M365. La pintura se mantiene en muy buen estado, las partes de goma se conservan bastante bien (excepto el relieve del acelerador), la potencia de frenado sigue intacta y la autonomía de la batería no parece haber mermado en exceso, que es lo que más me preocupaba de todos los posibles “envejecimientos”.

Lo que no me ha gustado tanto es la facilidad con la que se aflojan algunos tornillos, y eso que llevan la típica banda azul en la rosca que hace que se queden fijos en su posición. Aun así, se ve que con las vibraciones al circular pueden aflojarse y por eso os recomiendo un reapriete de vez en cuando o la aplicación de un fijador de roscas “de verdad”. Tampoco me parece buena idea el tema de que el último firmware limite la potencia disponible cuando la batería está a menos de la mitad de su capacidad, ya que eso prácticamente nos va a obligar a subir las cuestas caminando en cuanto queramos hacer una excursión más o menos larga.

Sea como sea, y al igual que os recomendaba en una reciente entrada sobre consejos de conducción, vais a ser vosotros mismos los que enseguida os vais a dar cuenta si algo va mal en el patinete. Si de repente empeora la frenada, notáis algo suelto, veis que el tiempo de carga se acorta considerablemente, escucháis ruidos raros en el motor… son todas ellas señales de que algo no va bien, y más vale echarle un vistazo y ver el origen del problema que dejarlo pasar y acabar con un vehículo en la basura que, además de costar un dinero, os puede servir para llegar a más sitios de los que imagináis.

 

¡Nos leemos!

Review: medidor láser DeWalt DW030

Hace unos días, en una visita a una conocida cadena de tiendas de bricolaje, vi algo en la línea de cajas que mi cerebro no tardó ni dos segundos en querer comprar. Siendo un amante de los aparatos de medida, era extraño que todavía no tuviera un medidor de distancias por láser; y este que hoy os presento, con un tamaño tan minúsculo, tenía que ser mío.

Quería hacer una breve reseña de este medidor porque para mi gusto tiene alguna característica que lo hace muy atractivo y a lo mejor a alguno de vosotros le pasa como a mí y le parece un buen “autoregalo”. Además, me da que es bastante novedoso, ya que era la primera vez que lo veía en una tienda y normalmente me suelo fijar en este tipo de cosas.

Veréis, los medidores láser que hay en el mercado suelen ser del tamaño de una caja grande de cerillas de cocina, pesan en torno a 150 gramos y suelen funcionar con un par de pilas AA o AAA. Sus rangos de medida andan sobre los 30 ó 40 metros (aunque los hay de más) y en muchas ocasiones disponen de funciones de cálculo de áreas y volúmenes, las cuales consisten en tomar medidas consecutivas del ancho, del largo y de la altura del recinto a acotar y el aparato hace la multiplicación por nosotros para danos el área o el volumen resultante.

Este modelo de DeWalt sin embargo es mucho más simple que todo eso: su minúsculo cuerpo sólo tiene un botón que nos va a servir para encender, medir, cambiar de unidades y apagarlo; así que la simpleza es extrema. El DW030 mide 62 x 32 x 17 mm y tiene un peso de 31 gramos. Os pongo a continuación una fotografía en la que podéis ver este modelo junto a un Bosch que estaréis hartos de ver, ya que es uno de los modelos más vendidos de este tipo de aparatos.

Además, el aparato del que hoy os hablo sólo sirve para una cosa: medir distancias en línea recta. Lo apoyamos en la pared desde donde queremos medir, pulsamos una vez el botón para encender el láser, dirigimos el haz de luz a la superficie hasta la cual queremos conocer la distancia y pulsamos una segunda vez para que el aparato haga la medición propiamente dicha quedando fija en pantalla.

Si queremos cambiar las unidades de medida (por defecto viene en metros) debemos mantener pulsado el botón durante tres segundos. Si queremos apagar el aparato debemos mantener pulsado el botón durante cinco segundos. Eso es todo.

De su alimentación se encarga una batería interna de litio que se recarga a través de un puerto microUSB, algo que no lleva más de una hora y que nos dará bastante autonomía. Yo llevo unos días usándolo a menudo para probarlo en todo tipo de situaciones y todavía marca 2/3 de carga de batería, así que en ese aspecto se defiende bastante bien.

El rango máximo de medición es de 9 metros, lo cual es bastante menos que los modelos a los que me refería al principio de esta entrada, pero suficiente si queremos montar unos muebles en casa, medir las cotas interiores de nuestro coche o ver la distancia que hay entre las columnas del garaje. Si necesitáis medir el ancho de un campo de fútbol tendréis que ir a modelos más prestacionales.

La resolución de la medida es en milímetros y el fabricante declara un error máximo de +-6 mm en 9 metros, lo que en términos porcentuales es un +-0,066%. Por cierto, el rango mínimo de medida es de unos 16 centímetros y por debajo de esa distancia el DW030 no es capaz de medir.

Como ya os imaginaréis la ventaja de este modelo es su tremenda portabilidad, ya que por su tamaño cabe en cualquier bolsillo (incluso en el típico de las monedas de los pantalones vaqueros) así como la recarga de su batería por microUSB porque siempre tendremos cerca un cargador de este tipo.

Como todos los distanciómetros láser, en interiores funciona muy bien pero en exteriores a plena luz del sol a veces no es capaz de “ver” correctamente la superficie a la que queremos medir y da valores extraños (o directamente no mide). También ocurren errores cuando pretendemos medir la distancia a una superficie transparente como por ejemplo la altura hasta el agua de un tanque o un cristal. Si tenéis que medir en exteriores es mejor esperar a que estemos en sombra, porque ya os digo que con el sol en todo lo alto a veces nos podemos volver un poco locos.

Por cierto, una cosa curiosa que he podido comprobar es que si medís la distancia hasta un espejo el valor que vais a ver en pantalla es el doble del que hay realmente.

En cuanto al vil metal, a mí me ha costado poco menos de 30 euros y en Amazon lo he visto por 33, así que parece claro que ahí anda el precio de este modelo. Realmente por ese dinero hay modelos con más prestaciones, pero desde luego no tienen el tamaño ni la ligereza de este DeWalt, que es lo que me llevó a comprarlo. La caja incluye además del medidor, una correa para la muñeca y un cable microUSB para cargarlo además de un par de panfletos con instrucciones de uso y seguridad.

Y ya está. Como veis ha sido una review realmente breve pero es que en realidad no hay mucho más que contar. Espero que al menos os haya resultado entretenida.

¡Nos leemos!

Review: patinete eléctrico Xiaomi Mijia M365

Le tenía echado el ojo al patinete eléctrico de Xiaomi desde incluso antes de su lanzamiento en China, ya que me parecía un dispositivo práctico, bonito, moderno e ideal para los apasionados de la electrónica como yo. En mi mente la idea de tener uno de estos patinetes eléctricos cobraba fuerza, pero me tiraba para atrás lo poco acostumbrados que estamos en España a estas cosas viendo que incluso la gente mira con extrañeza a aquellos que van a trabajar en bicicleta.

Sin embargo todo esto cambió este pasado verano en un viaje con mi novia a París, ya que en sus calles me harté de ver a gente que iba y venía en estos aparatos. Jóvenes, mayores, gente de compras, ejecutivos de traje con portátil a cuestas… En ese momento me di cuenta de que aquello era una revolución en ciernes y que yo quería formar parte de ella sin importar que los demás me miraran con gesto raro.

Con esa premisa empecé a buscar por Madrid algún Mijia M365; y aunque de importación no salían demasiado caros me daba miedo que lo pararan en aduanas (la caja es muy grande) y al final la broma me saliera mucho más cara de lo esperado. El caso es que mirando en anuncios de segunda mano al final di con uno a buen precio y me hice con él sin darle muchas vueltas al asunto porque estaba más que convencido desde hacía unos días. Por fin, ya tenía mi Xiaomi.

Cuando lo recogí vi que la batería estaba casi totalmente cargada, así me dirigí directamente al parque Juan Carlos I, donde hice mis primeros kilómetros con un scooter eléctrico y me di cuenta de que la sensación de desplazarse con un vehículo que no hace ruido ni quema zumo de dinosaurio es fantástica y que subido en él eres el centro de atención de niños y mayores. Los niños alucinan: te señalan, gritan, corren detrás de ti, les dicen a sus padres que quieren uno de esos… Y los mayores por su parte hacen comentarios  que van desde el típico “¡hala, cómo mola!” hasta algún “parece un taca-taca” o “la gente es que ya ni se molesta en caminar”.

Recuerdo aquella tarde de sábado recorriendo el anillo ciclista del parque, adelantando a las bicicletas en las subidas, yendo por los caminos de tierra y pudiendo alcanzar sin esfuerzo cualquier rincón del recinto en pocos minutos y me viene a la cabeza el subidón mental que llevaba porque no hacía más que pensar “esto es flipante, es flipante…”. Estaba seguro de que había hecho una compra que de alguna manera iba a cambiar mi concepto de los desplazamientos por las ciudades.

Pero bueno, el caso es que después de tres meses usando prácticamente a diario el Mijia M365 y tras unos 300 Km recorridos sobre él tengo claro que el futuro es eléctrico y que de aquí a unos años vamos a ver un avance en el sector del transporte impulsado por este tipo de energía que cambiará radicalmente el sistema de movilidad actual basado en su mayor parte en combustibles fósiles.

Podríamos sentarnos a debatir sobre la prohibición de la circulación de vehículos de combustión en las ciudades y jamás llegaríamos a un consenso; y por eso lo que hoy pretendo no es más que hacer un análisis de un patinete eléctrico que consigue sacarte más que una sonrisa cuando vas sobre él y que creo sinceramente que es uno de los primeros esbozos de un cambio de mentalidad urbana en ciernes.

Datos técnicos

No me extenderé mucho en este apartado porque los datos técnicos los podéis encontrar a nada que hagáis una búsqueda en Google. Pretendo centrar la review en sensaciones y experiencias, pero aun así aquí tenéis algunos de los fríos números que da el fabricante mezclados con algunos detalles que he visto yo:

  • Autonomía: 30 Km
  • Velocidad máxima: 25 Km/h
  • Batería: 30 celdas litio LG 18650 en formato 3P10S. 7800 mA/h @ 36 Vcc. 1,5 Kg
  • Motor: Tipo brushless integrado en la rueda delantera. 250 W con picos de hasta 500 W
  • Subida de pendientes: hasta 14% aprox.
  • Sistema de frenado: frenada regenerativa (KERS) en la rueda delantera con e-ABS y freno de disco en la trasera
  • Luces: frontal blanca y trasera roja fijas. Luz de freno parpadeante cuando actúa el freno de disco. Catadióptrico trasero
  • Conectividad con app de la marca a través de Bluetooth
  • Material principal: aluminio
  • Dimensiones: 1080x430x1140 mm (extendido). 1080x430x490 mm (plegado).
  • Altura de la tabla con respecto al suelo: 15 cm
  • Peso: 12,5 Kg
  • Capacidad máxima de carga: 100 Kg
  • Colores disponibles: negro y blanco
  • PVP en España: 349 euros

Experiencia de uso, consejos y advertencias

Mi intención en estos párrafos es tratar de transmitiros las sensaciones que me ofrece este patinete durante su uso. Quiero centrarme en qué se me pasa por la cabeza, que echo en falta y también en comentaros algunas cosas importantes de cara a su manejo y su mantenimiento; así que espero que el esfuerzo de escribir todo esto os sirva para guiaros en la compra o no de este gadget y al mismo tiempo para ayudaros a resolver los problemas que os puedan ir surgiendo con el tiempo.

Lo primero que noté al verlo en directo es que su aspecto dista mucho de ser un juguete. El patinete está hecho de aluminio de muy buena calidad, con un grosor de las paredes considerable que le da un tacto sólido como una roca y unas soldaduras perfectamente ejecutadas que contribuyen a la rigidez general del conjunto. Es verdad que esto hace que pese un poco más de lo que me gustaría, pero la robustez del patinete es indudable y no vamos a notar flexiones raras en los materiales ni nada parecido. Del mismo modo, la pintura que se ha usado en este modelo tiene un tacto áspero y que aguanta bien los roces del día a día así como también parecen de lo más resistentes las zonas de goma blanda (puños y tabla) que son los puntos de contacto con el usuario.

Como os decía, a día de hoy llevo ya unos 300 Km recorridos con el patinete y todavía me sorprende la fuerza que tiene cuando en el modo de funcionamiento estándar pulsas el acelerador a fondo y vas a poca velocidad. De hecho las primeras veces agarraba con mucha fuerza el manillar porque me daba la sensación de que se me podía escurrir si me sudaban las manos (no olvidemos que lo compré a finales de agosto). La aceleración no es como en un coche o una moto en la que esta depende del régimen de revoluciones en el que estemos, sino que en un vehículo eléctrico el par está disponible desde el primer momento y es prácticamente lineal.

Una peculiaridad de este modelo es que desde parado el patinete no se mueve aunque pulsemos el acelerador que tenemos junto al puño derecho; ya que el “arranque” consiste en subirse en él, darle un impulso inicial con el pie y a partir de ahí ya el acelerador comenzará a actuar. No nos hará falta volver a poner un pie en el suelo a no ser que nos detengamos, pero el arreón incial hay que dárselo por seguridad. Por cierto, que se enciende y se apaga con una pulsación larga sobre el único botón que hay en el centro del manillar.

Para que os hagáis un poco una idea de cómo nos deplazamos sobre el patinete os voy a poner a continuación un breve vídeo que grabé en el campus de ciencias de la UAH en la que trato de captar el movimiento el patinete a través de una serie de tomas rápidas.

Y hablando de aceleración, disponemos de dos modos de funcionamiento en el Mijia: el modo normal y el modo ECO. Se cambia entre modos dando una doble pulsación al botón del manillar y la diferencia entre ambos es la velocidad máxima (18 Km/h en el ECO) y la aceleración, que es considerablemente más suave en el modo ahorrativo. Yo, habitualmente, uso el modo ECO porque maximiza la duración de la batería; pero aun así alguna vez si veo que voy sobrado de batería cambio un rato al modo normal y me doy alguna alegría. Cuando estamos en el modo ECO el LED inferior de los cuatro que hay en el manillar se ilumina en color verde; mientras que si estamos en modo normal este LED será blanco como el resto.

Estos LEDs sirven para conocer en todo momento la carga de la batería, teniendo ocho estados intermedios: con la batería al 100% están encendidas de forma fija las cuatro, cuando está al 88% comienza a parpadear la superior, cuando llegamos al 75% se apaga la luz superior quedando fijas las tres inferiores… Y así hasta que cuando nos queda un 12% parpadea la luz inferior apagándose esta (y todo el patinete) si la carga de la batería llega al 0%.

Me gusta mucho el relieve tanto de la tabla del patinete como de los puños, pues es resistente y bastante antideslizante. Hasta el momento no he pegado ningún resbalón ni se me ha escapado la mano del manillar incluso al pasar sobre algún bache yendo rápido, así que cumplen su cometido bastante bien y tiene pinta de que el relieve no se desgasta con facilidad porque incluso en los puños (zona de contacto permanente) el aspecto es prácticamente como el del primer día.

Las ruedas agarran bastante bien. Si habéis probado patinetes con ruedas de poliuretano sabréis que los giros a veces son un poco un acto de fe y en mojado es mejor no ir ni en línea recta. En el caso del Xiaomi las ruedas tienen dibujo y agarran muy bien; sobre todo en seco. En mojado no he hecho mucho el animal porque a mi edad no me apetece partirme la crisma, pero he girado con cierta alegría y frenado con todas mis ganas sin irme al suelo. Eso sí, lo que os sugiero es que tengáis cuidado al acelerar fuerte, pues en zonas húmedas o con tierra si llevamos el peso hacia atrás la rueda delantera derrapa que da gusto y yo particularmente ya me di un susto un día en el parque Juan Carlos I. No me fui al suelo, pero falto poco porque al acelerar girando un poco sobre tierra la rueda delantera empezó a derrapar y el patinete se me fue de lado; si bien fui capaz de sacar el pie a tiempo y la cosa no pasó de ahí.

Algo que debéis tener siempre presente es que el motor no está completamente sellado frente a la humedad, de modo que no os metáis en charcos muy profundos porque si entra agua entre el neumático y la llanta delantera (no debería, pero puede pasar si sumergís la rueda más allá del grosor del caucho) el líquido elemento podría llegar al interior del motor provocando un desastre. Ah, eso sí, en mojado los guardabarros que lleva el patinete hacen que no nos salpique ni una gota de agua, así que en ese sentido un 10 para Xiaomi.

Por cierto, ojo al bajar bordillos altos porque aunque tiene bastante altura libre al suelo, como la plataforma es muy larga podemos pegarle un rascón a la tapa inferior, la cual es de plástico y se marcará. Como orientación, podéis pasar sin problemas por los típicos rebajes de las pasos de peatones y cosas así; pero si vais a bajar un bordillo “al uso” es mejor bajar y tirar del manillar hacia arriba al sortearlo, porque además del rascón que os comentaba, al no llevar ningún tipo de suspensión el golpe contra el suelo es fuerte y más adelante veremos que ese tipo de sacudidas no le van a sentar bien a la parte eléctrica del bicho.

Ya que estamos, vamos a hablar de la batería, porque es uno de los puntos principales (si no el que más) del patinete: la batería se recarga en un enchufe estándar con el cargador que viene con el patinete y normalmente tardará en ello un máximo de cinco horas (siempre en función de cómo haya quedado de carga en el último viaje).

Sea como sea, al igual que en un coche, el estilo de conducción va a ser una factor muy importante de cara a la autonomía. Xiaomí dice que el patinete puede recorrer 30 Km con una sola carga, pero por mi experiencia os puedo asegurar que no es fácil sacarle más de 20 Km en realidad. Ojo, 20 Km está más que bien, pero para homologar esos 30 Km han debido usar a un niño de 25 Kg dando vueltas a una pista hecha de teflón. Vamos, lo mismo que los fabricantes de coches y sus medias de consumo inalcanzables en el mundo real.

Lo fundamental para maximizar la autonomía es controlar las aceleraciones: la corriente que absorbe el motor se dispara durante las aceleraciones fuertes, y eso hace que la autonomía baje muchos kilómetros. Lo mismo ocurre en subidas prolongadas y cuando hay mucho viento en contra. Y es verdad que tenemos un sistema de recuperación de energía que actúa en las bajadas y en las frenadas inyectando corriente a la batería; pero aun así lo que vamos a recuperar en estas situaciones es mucho menos que lo que consumiremos en el uso habitual. Es decir, por poner un ejemplo numérico, que si gastamos un 50% de la batería al subir una pendiente muy larga, no recargaremos más de un 15% al bajarla después, de modo que el balance de energía no nos beneficia.

El cargador es como el de un portátil (tanto en apariencia como en dimensiones) y entrega una potencia de unos 70 W/h. Cuando queremos recargar la batería del patinete primero debemos abrir la tapa de goma roja que tenéis en la fotografía de ahí arriba y conectar el cargador, el cual encenderá un LED rojo en su cuerpo. Si el patinete está encendido los LED del manillar se irán iluminando y la luz trasera se irá enciendiendo y apagando con suavidad de una forma bastante hipnótica. Sea como sea, si no queréis tener ese juego de luces a la vista (por la noche parece una feria) lo mejor es cargarlo con el patinete apagado y cuando haya terminado la carga el LED del cargador se pondrá de color verde y ya está.

Por cierto, es muy importante cerrar bien la tapa cuando desconectemos el cargador porque si nos vamos a la calle con la tapa abierta se nos puede colar polvo (malo) dentro del conector de alimentación o si el suelo está mojado, agua (mucho peor). Advertidos quedáis.

Volviendo a la experiencia de uso como tal, me gustaría contaros que lo que hago yo cuando quiero batir mi récord personal de autonomía es usar el modo ECO con el control de velocidad activado a una velocidad de entre 10 y 12 Km/h y tratar de circular por rutas que sean lo más planas posibles y, si es posible, que no me obliguen a parar y reanudar muchas veces la marcha (para esto los carriles bici son idóneos). En esas situaciones veréis que las luces que indican la autonomía restante de la batería bajan muy despacio incitándonos a llegar un poco más lejos; si bien hemos de tener en cuenta que si el recorrido que estamos haciendo es lineal luego hay que volver, así que mi consejo es que como muy tarde cuando el indicador marque 50% (cuando el tercer LED del manillar deje de parpadear y sólo queden fijos los dos inferiores) vayáis dando la vuelta si no queréis usar “tracción animal” al final del recorrido.

Y precisamente como de lo que se trata es de evitar la exigencia de corriente para maximizar la carga de la batería, una cosa muy recomendable es ayudar al patinete a coger velocidad usando el pie como un patinete de los de toda la vida. Por el mismo motivo también es recomendable darle una ayudita en subidas fuertes.

Con respecto a la batería tened presente una cosa que por desgracia os va a pasar antes o después: la batería está compuesta de una serie de celdas de litio tipo 18650 (10 grupos en serie de 3 celdas en paralelo cada uno) cuyos contactos metálicos no van soldados; sino que son unas láminas que hacen presión sobre los extremos de las celdas y esos contactos con las vibraciones van a ir cogiendo holgura y os va a tocar desmontar la batería para soldar esas patillas y que así no den más la lata.

Dependiendo de qué patillas se aflojen podéis notar que perdéis autonomía de golpe o incluso que se apague el patinete y se niegue a arrancar de nuevo e incluso que tampoco cargue. Como os digo, es un problema muy común que os va a ocurrir con las vibraciones del uso diario como el relieve de las aceras, pequeños bordillos, piedrecitas… Podéis tener más o menos cuidado y el defecto tardará en aparecer; pero siento deciros que antes o después se manifestará a no ser que Xiaomi le de un toque a LG y en los nuevos modelos estas patillas vengan ya soldadas (cosa que, de momento, parece ser que no es así).

A mí me ocurrió más o menos a las dos semanas de empezar a usarlo y en cuanto me puse a buscar el tema en Google vi que a mucha gente le había ocurrido y que había varios tutoriales explicando cómo detectar y arreglar el tema, así que al final de este artículo os dejaré algún enlace que os puede ser de utilidad. Si sois manitas y controláis un poco de electrónica no tengáis miedo porque la cosa no es complicada; pero si no es el caso mejor que vayáis localizando a alguien que sepa de estos temas para que os eche una mano llegado el caso.

Algo que sirve de gran ayuda para controlar si la batería está dando problemas es acceder a la información de la misma en la app de Xiaomi llamada “Mi Home” y consultar ahí el voltaje de las celdas. En teoría todas deberían estar más o menos igual, pero si veis que alguna(s) está(n) mucho más altas o más bajas que las otras tendréis el problema que os digo con las patillas. Para que os hagáis una idea, a la hora de recargar la batería, el cargador corta corriente cuando una de las celdas alcanza los 4,2 voltios y deja de extraer corriente de una de ellas cuando baja de 3,2 voltios. Por tanto, los voltajes deberían de estar entre ambos valores en función de la carga de la batería y con las 10 celdas presentando más o menos el mismo valor. Os pongo a continuación unas capturas sacadas de la aplicación que os decía para que veáis lo que podemos monitorizar en ella:

Por ejemplo, cuando a mí me empezó a ocurrir el problema de la batería, me daba cuenta de que a lo mejor iba con la batería al 50% y de repente se me ponía a parpadear el último LED; señal de que andas ya por debajo del 12%. Si en ese momento miraba la tensión de las celdas veía que la 2 y la 9 estaban marcando menos de dos voltios, lo que hacía que la tensión total de la batería cayera en picado. Como os decía, al tratarse de un mal contacto eléctrico, con soldar las patillas y reforzar la presión en las zonas de contacto el problema desapareció y a día de hoy (toco madera) no ha vuelto a reproducirse. Si os fijáis en la última de las tres capturas veréis que aun así esas dos celdas me marcan unas centésimas de voltio menos, y aunque no es relevante de cara a la autonomía, creo que es consecuencia del mal contacto que durante un tiempo estuvieron haciendo durante las cargas y descargas.

Otra cosa que os va a pasar también antes o después es que vais a pinchar alguna rueda, ya que el patinete originalmente lleva cámaras de aire de muy poca calidad. Ya no es sólo que en cuanto paséis sobre algo puntiagudo traspasará la cubierta de goma y pinchará la cámara; es que por lo visto incluso con el uso normal al final a estas cámaras les acaban saliendo poros y pierden el aire; sobre todo sin van algo bajas de presión.

Para remediar esto hay dos opciones: por un lado comprar cámaras mejores y añadir una banda de kevlar antipinchazos como suelen hacer los ciclistas de carretera y por otro radicalizarse comprando ruedas macizas.

Las cámaras que lleva son para ruedas de 8,5 x 2″, que es una medida un poco rara pero que la marca Continental fabrica y comercializa. Eso sí, cambiarlas no es tan fácil como en una bicicleta, ya que el ser de tan poco diámetro no salen de la llanta con la facilidad que lo hacen en una bicicleta de ruedas grandes.

La opción de la rueda maciza parece mejor porque la cambias una vez y ya es (casi) para siempre; pero al ser más pesada y de caucho toda ella perdemos autonomía y capacidad de aceleración y además vamos a sufrir muchas más vibraciones cuando circulemos sobre suelos irregulares (sí, haciendo que aparezca antes el problema de la batería que antes os comentaba).

Cuando compré el patinete ya venía con la rueda trasera maciza y la delantera con cámara cambiada y banda de kevlar porque el usuario anterior había sufrido varios pinchazos y la verdad es que no he tenido el más mínimo problema en todo este tiempo, más allá de que cuando pillo baches se nota que la parte de atrás del patinete rebota más que la delantera. Tras los 300 Km que le he hecho al patinete la rueda trasera tiene el mismo relieve que cuando lo estrené, de modo que no parece sufrir demasiado con el paso de los kilómetros.

Con las ruedas originales, al llevar aire en su interior, se notan menos las irregularidades del terreno y es en lo que Xiaomi se escuda para no haber implementado algún tipo de sistema de suspensión. De cualquier modo, hay en el mercado algún modelo de otra marca que pese a llevar el mismo tipo de neumáticos sí que incluye suspensión, ganando en comodidad; por lo que en ese sentido hubiera sido de agradecer que Xiaomi hubiera incluido una horquilla con un par de centímetros de amortiguación (no haría falta mucho más) e incluso algún tipo de balancín con un pequeño muelle/elastómero en la parte trasera.

En cuanto a la plataforma, es decir, la superficie sobre la que van apoyados nuestros pies he de decir que es de buen tamaño y si tenemos un número de zapatilla no demasiado grande (yo tengo un 42) podemos llevar los dos pies de forma cómoda. En mi caso el derecho lo suelo llevar detrás en paralelo al sentido de la marcha y del izquierdo ligeramente cruzado hacia el interior y apoyando la punta de los dedos en la barra diagonal que une dicha plataforma con la barra de dirección.

Os comentaba antes que tenemos disponible un control de velocidad de crucero, así que os voy a contar un par de cosas sobre él. Lo primero es que se utiliza activando primero la opción en la app para móvil “Mi Home” con el patinete conectado por bluetooth y una vez que nos aseguramos de que está activa hay que hacer lo siguiente: cuando vamos en movimiento debemos dejar pulsado el acelerador en la misma posición durante 5 segundos de modo que cuando escuchemos un pitido ya podemos soltarlo y el Mijia mantendrá la velocidad constante.

En realidad no es en un control de velocidad sino de potencia; ya que con él activado si subimos una pendiente el patinete baja su velocidad aun teniendo reserva de potencia disponible al igual que si descendemos la aumenta. Como os decía, no mantiene constante la velocidad como tal sino la corriente entregada al motor; pero aun así es de gran ayuda a la hora de circular con el patinete y nos evitará tener que ir con el acelerador pulsado constantemente, lo cual es un descanso para nuestro dedo pulgar derecho. Por cierto, el control se desactiva al más mínimo toque al acelerador o al freno y si hacéis un alto en el camino la pata que tiene en un lateral hace que no haga falta buscar un sitio donde apoyar nuestra montura.

Ya que estamos, aprovecho para deciros que el patinete es capaz de superar cuestas más o menos empinadas (hasta un 14% según el fabricante) pero sólo en el modo normal. En el modo ECO, en cuanto el terreno pica hacia arriba unos grados el patinete va perdiendo velocidad y os va a tocar darle algún empujoncito con el pie. Es el precio a pagar por intentar tener la mayor autonomía posible.

Ahora bien, en llano, la velocidad máxima del patinete es de 25 Km/h en el modo normal (18 en el ECO) y os aseguro que cuando la alcanzáis tendréis la sensación de estar yendo bastante rápido. Tened en cuenta que vamos circulando sobre dos ruedas canijas y totalmente expuestos al aire, por lo que el pensamiento de “cómo se me cruce algo el piñazo va a ser de los gordos” se os pasará por la cabeza más de una vez; aunque es verdad que el tema del frenado está resuelto con muy buena nota.

El freno trasero es de disco, y es una de las cosas que más me gustan de este modelo de Xiaomi. Va accionado por cable, frena con contundencia y en muy poco espacio. Sólo tenemos que tenerlo bien regulado y tener cuidado de no golpear la pinza de freno o el disco para que no se mueva de su posición. Si se nos gastan las pastillas o el disco es más o menos fácil de encontrar porque son componentes estándar de bicicleta (disco de 110 mm y pastillas Clarks tipo CMD-5/7/12).

La pinza de freno está, según vamos en el sentido de la marcha, en el lado izquierdo; de modo que debéis ser cuidadosos al bajaros del patinete en marcha como por ejemplo para subir un bordillo porque al tirar del manillar si el patinete se inclina hacia nuestro lado podéis golpear la pinza de freno bien contra el propio bordillo (me paso una vez y se descolocó, quedando la rueda trasera bloqueada por la pastilla de freno) o bien contra la pierna haciéndoos daño (también me ha pasado alguna que otra vez). Si la pinza se descoloca no os asustéis, ya que se recoloca aflojando los dos tornillos que hay en la parte superior de esta y centrándola de nuevo con respecto al disco de freno. Lo de la pierna se pasa sólo al rato.

Aprovecho para contaros una manía que me viene de mis tiempos de mountain biker y que sigo usando en cada medio de transporte que lleve manillar y manetas de freno: siempre llevo el dedo índice apoyado en la(s) maneta(s) de modo que si tengo que frenar con urgencia ese escaso medio segundo que tardo en mover el dedo del manillar a la maneta puede ser la diferencia entre darme un golpe o quedarme a centímetros de dármelo. Podéis comprobar esto en el vídeo que os puse antes, pues hay un breve plano en el que se aprecia.

El freno delantero (eléctrico) actúa de dos maneras: cuando el patinete alcanza más velocidad de la que debería llevar por lo que dicta el acelerador la rueda delantera ejerce un par de frenado que genera electricidad que va a la batería recargando esta (es lo que ocurre en las bajadas o en las deceleraciones). Del mismo modo, llevemos la velocidad que llevemos, si pulsamos la maneta de freno el motor delantero también ejercerá ese par resistente que os decía antes frenando el patinete.

Mi consejo es que ajustéis el freno trasero para que entre en acción después del delantero. Es decir, que si pulsamos ligeramente la maneta será el freno delantero el que actúe, recargando algo la batería además. Si la situación requiere una frenada más potente, al pulsar algo más la maneta entrará el freno trasero que no regenera energía pero detiene el patín en nada de espacio actuando más como un freno “de emergencia” que otra cosa. Además, al hacerlo así gastaréis menos las pastillas de freno, que siempre es un poco engorroso cambiarlas.

Por cierto, me encanta el detalle de los rápidos destellos de la luz de freno cuando pulsamos la maneta de freno porque si llevamos a alguien detrás le va a llamar la atención y no se va a chocar contra nosotros. La detección de esta pulsación es a través de un sensor hall situado dentro de la maneta del freno.

Hablando de luces, con una pulsación del botón del manillar apagaremos y encenderemos la iluminación del patinete. Ambas luces van de la mano, siendo un foco frontal LED de color blanco que alumbra bastante (probad a circular por una zona oscura de noche) y una luz trasera de posición en forma de 0 de lo más resultona.

Más cosas: si sois tan maníaticos de los ruidos como yo lo soy os gustará saber que el patinete apenas hace ningún sonido más que el del siseo del motor al circular, pero yo me he encontrado con “grillos” en la zona de plegado, los cuales se pueden arreglar con una gota de grasa bien extendida por las zonas metálicas en contacto (podéis verlo porque al abrir la bisagra se nota que rozan por el acabado que presentan) o mejor aun, colocando una fina lámina de teflón recortada con la forma de la pieza. Sé que es un mal menor, pero si os pone nerviosos escuchar un ñi-ñi-ñi al pasar por zonas bacheadas podéis solucionarlo en cinco minutos y sin manchar nada.

Una cosa que echo en falta en este patinete es contar con una pantalla LCD en la que pudiera ver los tres parámetros principales: batería restante, velocidad y kilometraje. Son datos que la app de Xiaomi nos da, pero no hay manera de circular con el móvil en la mano y el manillar no está tan sobrado de espacio como para poner un soporte para móvil. Muchos otros patinetes eléctricos llevan este tipo de pantallas, así que me da en la nariz que si Xiaomi saca una segunda versión de este M365 la incorporará porque, al margen de los problemas mecánicos ya comentados, creo que es algo muy mejorable.

Algo que me gusta mucho de este patinete que se puede desmontar con herramientas estándar. Con un juego de llaves Allen y otro de llaves Torx podéis llegar hasta el último rincón y arreglar cualquier problema que se pueda plantear. Algo que, desde mi punto de vista, se agradece porque no hace falta hacer apaños raros o contar con herramientas especiales para ponernos manos a la obra.

Os comentaba antes que el freno delantero tiene ABS; y el caso es que así es. Por muy fuerte que frenemos la rueda delantera va a estar en todo momento bajo control. La trasera puede llegar a derrapar si apretamos muy fuerte la maneta porque al final es un freno de disco mecánico sin ninguna electrónica que lo gobierne; pero en el caso de la rueda delantera, si el sistema que controla el patinete detecta que la rueda se ha bloqueado disminuye el par de frenado para que la rueda pueda seguir girando y así mantengamos el control. Es una pena que no se haya implementado un control de tracción para evitar situaciones de patinaje de la rueda delantera al acelerar en casos como el que os comentaba antes, pero no es así.

Creo que aun no os he dicho cómo es el sistema de plegado del patinete. La cosa consiste en que mediante una leva presente en la parte baja de la barra del manillar podemos doblar esta y ponerla horizontal de tal modo que el timbre queda enganchado en un resalto que tiene el guardabarros trasero y nos sea más sencillo transportarlo. De todos modos, el patinete pesa más de 12 Kg y a no ser que seamos unos forzudos si lo llevamos así por la calle enseguida nos empezarán a doler los brazos. Tampoco lo veo práctico para llevarlo en un autobús o en el cercanías porque pesa y abulta más de la cuenta. No olvidéis que tiene algo más de un metro de largo y el manillar son unos 40 cm de ancho, que no es poco.

Por cierto, hay una cosa que me llama mucho la atención y es cómo se calientan las ruedas con el uso (vamos con la parte friki de la review). Fijaos en las siguientes fotografías hechas con mi cámara termográfica en las que podéis ver que la rueda delantera se calienta entera por tener en su interior el motor eléctrico ya que la circulación de corriente genera calor por su propia naturaleza (en verano, tras una buena sesión dándole caña, nos podemos asustar al tocar la superficie del motor). Sin embargo, la rueda trasera también coge cierta temperatura, pero en este caso es simplemente por el efecto de la fricción entre la rueda y el pavimento y eso se nota en que sólo es esa zona de la rueda la que coge temperatura. Curioso, ¿verdad?

Precisamente por esto es por lo que debemos de llevar los neumáticos hinchados a entre 3 y 3,5 bar de presión, ya que si los llevamos más flojos aumentará el rozamiento y además podemos pinchar por pellizco de la cámara si pasamos sobre un resalto o pisamos una piedra grande. Tened en cuenta que ese calor que se genera en la superficie de las ruedas no es más que energía de la batería transformada en energía térmica (un tema que me apasiona y sobre el que algún día escribiré un artículo) y que por tanto no hemos aprovechado en avanzar.

Hay un tema que, desde mi punto de vista también es importante, y es el aspecto legislativo a la hora de circular con él. En resumidas cuentas, y para no liaros mucho, os diré que como norma general no podréis circular con él por la calzada, siendo su ámbito los carriles bici y las aceras (en este último caso circulando a una velocidad que no represente un peligro para los peatones). Eso sí, cada municipio tiene potestad para legislar al respecto, de modo que si tenéis pensado comprar uno y no queréis tener líos mi consejo es que os acerquéis al ayuntamiento y preguntéis por el tema, ya que puede que haya algún tipo de ordenanza municipal o similar que limite el uso de este tipo de patinetes.

En todo caso, si no circuláis por la calzada y aplicáis el sentido común no deberíais tener ningún problema con la ley, ya que lo que siempre se intenta es que no haya líos entre los distintos usuarios de las vías urbanas sean del tipo que sean. Es decir, que si la policía local os ve circulando con el patinete por la acera a una velocidad tranquila y con cuidado sería raro que os dijeran algo; pero si os ven haciendo slalom entre los peatones a la máxima velocidad que da el patinete no os extrañe que os caiga una multa por poner el peligro a los que os rodean.

Como os decía al principio de esta review, el patinete eléctrico de Xiaomi es uno de los primeros modelos de una revolución que cada vez está más cerca. Yo tengo claro que el futuro de la movilidad en las ciudades es eléctrico, y de aquí a unos años vamos a vivir una expansión del coche propulsado por baterías para los trayectos largos y de los vehículos como este Mijia M365 para esos pequeños trayectos del día a día que a pie nos llevarían mucho tiempo pero que con un patinete eléctrico podríamos realizar de forma rápida y cómoda.

Cierto es que hasta que no pase un tiempo cada vez que salgamos con él a la calle vamos a ser el centro de atención allá por donde circulemos; pero eso es algo que debería daros igual. En mi caso, cuando voy circulando con este vehículo me invade una sensación de felicidad que no sabría muy bien describiros; pero que creo que proviene de una mezcla de satisfacción y diversión mezcladas a partes iguales.

Por último, me gustaría comentaros algo que creo que es bastante revelador; y es que desde hace unos días el patinete lo tiene mi novia porque conseguí convencerla para lo usara para ir a trabajar (tarda 20 minutos caminando) y desde el primer día que lo utilizó me dijo que le encanta y que le vaya buscando uno para ella. Y ya veréis como al final creará tendencia en su oficina; tiempo al tiempo.

Lo mejor

  • La sensación de libertad al circular con un vehículo que no contamina, que recargarlo cuesta apenas unos céntimos de euro y que nos permite llegar a cualquier punto de la ciudad sin esfuerzo.
  • La calidad de construcción, acabados y tacto en general.
  • Los frenos tienen un rendimiento impresionante

Lo peor

  • Los problemas de batería y pinchazos, que pueden acabar con el patinete arrinconado si no estamos dispuestos a remangarnos, desmontarlo y ponerle solución.
  • Se echa en falta una pantalla LCD en la que ver el porcentaje de la batería, la velocidad actual, el kilometraje…
  • Sus 12,5 Kg y su tamaño son demasiado elevados como para cargar con él de manera habitual por la calle o en transporte público

Conclusión

Si bien estamos ante un gadget que a mí personalmente me encanta y que estoy convencido de que creará escuela; hay que ser realistas y reconocer que los problemas que hemos visto en los párrafos anteriores no lo hacen aconsejable para todo el mundo. Por suerte, ahora que Xiaomi va a comercializarlo oficialmente en nuestro país tendremos servicio post-venta y, me imagino, que mayor facilidad para conseguir recambios; pero aun así los problemas de batería y de pinchazos seguirán ocurriendo a los usuarios.

Yo os lo recomiendo totalmente si no os asusta el tema que de que un día os encontréis con que el patinete se niega a cargar y os toque soldar la batería o que si pinchamos haya que pedir cámaras de repuesto a través de ebay o Amazon. Cuando recorremos la ciudad sobre él la sensación que otorga compensa con creces todas las pegas, pero tened en cuenta que no es ni mucho menos perfecto y que modelos posteriores seguramente corregirán algunos de sus fallos.

*Actualización 27/01/2018: Por fin llegan unidades a las tiendas españolas

Han llegado unidades a la tienda Xiaomi de La Vaguada y por fin he podido comprar el patinete de mi novia (lo que implica que he recuperado el mío) así que me gustaría comentaros algunos detalles que nos han parecido interesantes:

Lo primero es deciros que la caja donde viene el patinete pesa 18,1 Kg y abulta una barbaridad. Tanto que en el maletero de mi Opel Corsa D no entraba ni de casualidad, así que la metí en los asientos traseros y allí le sobraban apenas diez centímetros a lo ancho con respecto a las puertas. Os dejo un par de fotos para ilustraros esto que os digo.

Lo que más nos ha llamado la atención es que el patinete que hemos comprado hoy viene con un juego de cámaras y de cubiertas de repuesto. Las cubiertas que vienen montadas de fábrica tienen un perfil más redondeado que las que lleva el mío, mientras que las del juego de reserva son más cuadradas y me da la sensación de que son como las que tengo yo montadas.

Cuando juntemos los dos patinetes para hacer alguna ruta ya os pondré algunas fotos de esto que os digo. Espero que las cubiertas redondeadas, además de tener menos rozamiento y por tanto consumir menos energía de la batería, estén más reforzadas contra los tediosos pinchazos.

Por lo demás, el patinete es exactamente igual a excepción del cable que sale por la parte derecha del manillar, siendo negro en mi M365 y gris en el de mi novia. Lo que sí me ha comentado en los primeros kilómetros de uso es que el suyo, posiblemente por las cubiertas de perfil más redondeado, es más nervioso a la hora de girar y que tiene más fuerza al acelerar y subir cuestas.

No sé si esto último será también porque su batería es capaz de entregar algo más de corriente que la mía o porque al ser mis ruedas más pesadas (maciza detrás y con cámara más gruesa y banda de kevlar delante) se nota en las inercias.

Ya escribiré alguna actualización más a medida que vayamos usando los patinetes juntos y así podamos intercambiar opiniones entre el modelo actualmente a la venta y el que tengo yo.

*Actualización 10/02/2018: He publicado una nueva entrada titulada Un repaso al patinete eléctrico de Xiaomi después de 1000 Km en la que tras recorrer esa distancia analizo cómo ha ido envejeciendo el patinete y explico algunas cosas que me han ido pasando con él. Creo que el artículo puede ser de utilidad tanto a los que están pensando en comprarse este modelo como a los que ya lo tienen y buscan algo más de información.

Enlaces útiles

Review: Olympus M. Zuiko Digital ED 40-150mm f4.0-5.6 R

Aunque la D300 sigue siendo mi cámara fotográfica “oficial”, poco a poco la Olympus E-PL1 se ha ido ganando mi confianza a medida que me ha ido acompañando en más y más situaciones en las que quería viajar “ligero de equipaje”, así que es normal que quiera ir ampliando el equipo y una cosa que echaba de menos era un teleobjetivo.

Olympus E-PL1 + 40-150 f/4-5.6

Siguiendo con la filosofía que empleo con esta cámara no quería un objetivo grande y pesado; sino un tele ligero y que incluso estando montado me permitiera guardar la cámara en el bolsillo de un abrigo. Para cargar peso ya está la D300 con el Nikon 80-200 f/2.8 que da una calidad de imagen tremenda; pero como os decía antes, la filosofía de la E-PL1 es la de poder llevar un aparato encima que de una buena calidad de imagen sin dejarme la espalda en ello.

Esto es debido a que el 90% de las veces que salgo de casa no voy expresamente a hacer fotos; pero sí que es verdad que en esas ocasiones más de una vez he visto una situación que merecía la pena ser fotografiada y he echado de menos llevar una cámara decente encima.

Bici

Y aquí es donde entra en juego este Olympus M. Zuiko Digital ED 40-150mm f4.0-5.6 R del que hoy os voy a hablar, puesto que cumple con las premisas anteriormente citadas y complementa a los dos objetivos que ya tenía para este formato.

Aspecto externo

Al ser un teleobjetivo no demasiado luminoso y diseñado para formato m4/3 el tamaño del mismo es bastante contenido. De hecho, en relación al cuerpo de la cámara, su tamaño no es mucho más grande que un Nikon 55-200 VR montado en una D300 (y además obtendremos en ambos casos focales equivalentes muy parecidas).

En la fotografía que tenéis a continuación podéis ver el equipo m4/3 del que dispongo actualmente, que consiste en la Olympus E-PL1, el 14-42 que trae la cámara “de serie”, el anteriormente analizado 14mm f/2.5 de Panasonic y el recién llegado del que hoy estamos hablando.

Mi equipo m4/3

Tanto el cuerpo del objetivo como su montura son de plástico; algo lógico en esta gama de objetivos. Sin embargo, el cuerpo tiene un tacto sólido tanto al agarrarlo como al emplear el anillo de zoom, por lo que parece mejor de lo que en realidad es. El anillo de enfoque va mucho más suave; pero es que internamente no mueve ningún engranaje, sino que se limita a dar órdenes a la cámara a través de señales eléctricas para que esta varíe el plano de enfoque en consecuencia en lo que se denomina “by wire focus”.

La montura plástica no me daba tanto miedo en el 14-42 como en este 40-150 debido a que el cuerpo es más largo y, por tanto, más propenso a golpes. Además, cuando empleamos la máxima distancia focal disponible el objetivo prácticamente duplica su longitud y por la ley de la palanca, un golpe aplicado en el extremo causará bastante tensión en la unión con el cuerpo de la cámara. Habrá que ir con cuidado no vayamos a tener un disgusto.

Encuadre

Por cierto, comentar que la que tengo es una nueva versión de este objetivo cuya única diferencia es que cuenta con un elemento asférico además de la ‘R’ que cuelga al final de su nombre completo. Este tipo de lentes se supone que dan más calidad de imagen, pero como no he probado la versión anterior no sé si la diferencia será muy grande o no.

Características técnicas

Para los amantes de los números, os dejo a continuación las características técnicas de esta óptica; si bien para mi gusto lo más importante es saber sacarle partido a lo que tenemos y, sobre todo, disfrutar de esta afición tan sana.

  • Formato: m4/3
  • Distancia focal: 40 mm – 150 mm (80 mm – 300 mm en equivalente a 35 mm)
  • Construcción: 13 elementos en 10 grupos. 1 elemento asférico y 1 elemento de alta densidad
  • Ángulo de visión: 30 – 8.2 grados
  • Tipo de enfoque: automático con motor ultrasónico y compatible con vídeo
  • Distancia mínima de enfoque: 90 cm
  • Ratio máximo de ampliación: 0.16x (0.32x en equivalente 35 mm)
  • Diafragma: 7 palas redondeadas
  • Aperturas máximas: f/4.0 (40 mm) – f/5.6 (150 mm)
  • Apertura mínima: f/22
  • Diámetro de filtro: 58 mm (no gira cambiando la focal ni el enfoque)
  • Dimensiones a 40 mm: 63.5mm (diámetro) x 83mm (largo)
  • Peso: 190 gramos

Es un teleobjetivo

Puede parecer una perogrullada, pero no debemos de olvidar que este 40-150 es un teleobjetivo, de modo que haciendo uso de él tendremos todas las ventajas y desventajas de este tipo de ópticas. Como ya os he dicho alguna vez, un teleobjetivo no sirve para acercarse más a las cosas (para eso ya tenemos nuestros pies) sino para jugar con los conceptos de cerca-lejos así como para desenfocar los fondos aislando el motivo principal que queramos retratar.

Distancia

Si sabemos encuadrar el sujeto correctamente y usamos una distancia focal elevada, los fondos aparecerán borrosos dando lugar a bonitas composiciones. Esto es algo que ya vimos en un artículo de hace tiempo; y aunque en esta ocasión al no tener una distancia focal tan elevada (no olvidemos que como máximo tenemos disponibles 150 mm) ni una gran apertura (a esa focal nos tendremos que conformar con f/5.6) el desenfoque no será tan acusado, al usuario del habitual 14-42 que viene de serie con la cámara le parecerá un salto de gigante cuando vea que en ciertas composiciones el fondo prácticamente desaparece.

Ofrenda

En general, los teleobjetivos son más sencillo de usar que los angulares, ya que nos centraremos en una sola zona de la imagen pudiendo casi ignorar el resto. Con una distancia focal muy corta tendremos que tener cuidado con todo lo que ocurra alrededor del motivo principal porque el ángulo de visión es muy amplio y casi todo aparecerá nítido en la fotografía.

Barca

Calidad de imagen

Sería una tontería analizar la calidad de imagen de un objetivo diseñado para m4/3 sin tener en cuenta que las cámaras compatibles con este formato corrigen automáticamente la mayor parte de las aberraciones y distorsiones ópticas. Por lo que he podido comprobar, si disparamos en RAW (no se aplicarán correcciones en tal caso) hay alguna deformación apreciable a simple vista si colocamos el horizonte en un extremo del encuadre, pero como la cámara corrige este tipo de cosas automáticamente al disparar en JPG es algo que no debe de preocuparnos.

Motos

En cualquier caso, si optáis por disparar en formato RAW, esas correcciones las podéis realizar tranquilamente en el ordenador empleando Adobe Lightroom o algún programa similar.

Remarcar también que este teleobjetivo no lleva ningún tipo de estabilizador óptico. Esto es debido a que las cámaras m4/3 de Olympus llevan la estabilización en el propio sensor, de modo que no es necesario estabilizar la óptica. Sin embargo, esto es algo que debemos de tener en cuenta si tenemos una cámara Panasonic, pues aunque el objetivo es plenamente compatible, este fabricante no estabiliza sus cámaras para implementar el sistema directamente en los objetivos (que es lo que siempre han hecho Nikon o Canon por ejemplo).

Naturaleza

La ventaja de las cámaras Olympus, por tanto, es que estabilizarán cualquier cosa que montemos en su bayoneta (hasta una botella de cerveza si encontramos el adaptador adecuado) mientras que en las cámaras de Panasonic no contaremos con estabilización óptica a no ser que utilicemos un objetivo que cuente con algún sistema integrado compatible (y no, creo que todavía no han sacado botellines estabilizados).

Cierto es que la luminosidad de esta óptica no es demasiado elevada (recordad: f/4.0 – 5.6) y que el escaso peso del conjunto cámara + objetivo no lo hacen la mejor opción para situaciones con poca luz a no ser que dispongamos de un trípode. Sin embargo, en cuando la claridad del día se hace patente podemos conseguir imágenes muy buenas sin apenas esfuerzo, aunque no está de más recordar que hay que saber agarrar la cámara para ganar en nitidez, que el estabilizador óptico tampoco es que haga milagros.

Pastel

Siendo conscientes de lo que tenemos entre manos lograremos fotografías muy resultonas; pero si creemos que con él vamos a poder fotografiar todo lo que queramos nos llevaremos más de una decepción.

Tarde

Conclusiones

Este 40-150 de Olympus no es un teleobjetivo diseñado para fotografiar cosas en rápido movimiento o situaciones extremas. No es demasiado luminoso, no es resistente a la lluvia o al polvo, su enfoque no es tan rápido como un objetivo para cámara réflex… Se trata de una óptica pensada para un uso tranquilo y para poder disponer de focales largas en un equipo que ni pesa ni abulta demasiado.

Bocabajo

Paisajes, retratos, puestas de sol, patos nadando en un estanque… Ese tipo de cosas son para las que está pensado este objetivo, y todo lo que sea sacarlo de ahí es jugársela porque estaremos sobrepasando las limitaciones de nuestro equipo fotográfico. Si nuestras necesidades son más elevadas entonces mejor recurrir a una réflex clásica con alguna óptica luminosa y “a prueba de bombas”.

Niebla

Lo que más me gusta del Olympus 40-150 es su escaso peso y tamaño así como el buen tacto que tiene al hacer uso de él; aunque por otra parte, el hecho de que su montura sea de plástico me hace ser especialmente cuidadoso a la hora de llevar la cámara colgando, ya que un mal golpe podría dejaros con el objetivo partido en dos trozos.

Por los cerca de 300 euros que cuesta creo que es una buena inversión que va a ampliar mucho mis posibilidades creativas con esta pequeña cámara. De todos modos, si todavía no habéis entrado en el mundillo del m4/3 os recomiendo que os hagáis con un kit que incluya tanto el habitual angular como un teleobjetivo porque si echáis cuenta veréis que el tele os sale casi regalado y no tendréis que comprarlo aparte meses después como he hecho yo.

Soledad

En definitiva, una óptica compacta y ligera que vendrá a satisfacer nuestras necesidades fotográficas cuando empecemos a sentirnos un poco encasillados con el angular que la cámara trae de serie.

Imágenes de ejemplo

Como es habitual, para finalizar el análisis me gustaría compartir con vosotros algunas imágenes más de ejemplo captadas con este objetivo (además de todas las que hay intercaladas entre los párrafos anteriores) para que os hagáis una idea por vosotros mismos de lo que podéis esperar de él.

Amanecer

Faro

Pueblo

Arena

Descanso

Zig-zag

Otras reviews (en inglés)

Hay otros sitios en internet donde han analizado este objetivo y os lo enlazo porque creo que es interesante si queréis ampliar información sobre él. Aun así, quería comentaros que las dos primeras son de la versión “no R” que, como os dije al principio del artículo, no cuenta con el elemento asférico que el modelo que yo tengo incluye mientras que la tercera sí que analiza “la versión R”.

  1. Photography blog
  2. Bob Atkins
  3. Blogbeebe

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Las tasas universitarias se disparan en Madrid

Hace ya tiempo de aquello, pero he de confesar que conservo buenos recuerdos de mi época como universitario. Hubo asignaturas mejores y peores, profesores mejores y peores, exámenes mejor y peores, compañeros mejores y peores, días mejores y peores… Pero el conjunto de todas aquellas experiencias me hicieron ser cómo soy porque, al margen de los conocimientos técnicos que allí adquirí, todo lo vivido durante los años de universidad te da una perspectiva personal e intransferible para luego afrontar la vida que te espera.

Escuela politécnica

Sin embargo, por lo que he podido ver, mucha gente tendrá que renunciar a la experiencia de vivir la universidad por un tema de precios, ya que (al menos en la comunidad de Madrid) las matrículas universitarias se han incrementado de forma brutal con respecto al curso anterior como podréis ver al detalle en el pequeño estudio numérico que os he preparado a continuación:

NOTA: los precios son por cada crédito matriculado y los he sacado de las tablas de precios públicos de la universidad de Alcalá. Los que emplearé son los que corresponden a una carrera de grado de experimentalidad 3, que es el que aplica a las ingenierías.

1ª matrícula

Curso 2011/2012:  20,62 €

Curso 2012/2013:  26,81 €

Incremento del 24 %

2ª matrícula

Curso 2011/2012:  25,78 €

Curso 2012/2013:  47,61 €

Incremento del 84 %

3ª matrícula

Curso 2011/2012:  35,05 €

Curso 2012/2013:  89,28 €

Incremento del 154 %

4ª matrícula y sucesivas

Curso 2011/2012:  35,05 €

Curso 2012/2013:  119,04 €

Incremento del 239 %

¿A alguien le parece esto normal? Y me refiero no ya sólo el hecho de incrementar de ese modo los precios con respecto al año pasado; sino de que se penalice tan drásticamente las asignaturas que se tengan en tercera y cuarta matrícula. Es decir, que el precio de un crédito en cuarta matrícula el curso pasado no llegaba a la mitad de lo que costaba uno en primera matrícula, pero ahora se paga prácticamente cinco veces más caro.

Simetría

Vamos a ver un ejemplo muy sencillo de todo esto que os ayudará a verlo más claro:

Una matrícula típica de estudiante de ingeniería al que ya le queda poco para terminar podría consistir perfectamente en lo siguiente. Y que conste que lo sé bien por mi propia experiencia y por la de muchos compañeros de carrera. Es rarísimo que alguien se saque una ingeniería aprobando a curso completo por año.

  • Tres asignaturas de 4,5 créditos en primera matrícula: 3 * 4,5 * 26,81 = 361,93 €
  • Una asignatura de 6 créditos en primera matrícula: 6 * 26,81 = 160,86 €
  • Dos asignaturas de 4,5 créditos en segunda matrícula: 2 * 4,5 * 47,61 = 428,49 €
  • Una asignatura de 6 créditos en tercera matrícula: 6 * 89,28 = 535,68 €
  • Una asignatura de 4,5 créditos en cuarta matrícula: 4,5 * 119,04 = 535,68 €

Total: 2022 € por ocho miserables asignaturas que totalizan 39 créditos (aproximadamente un 16% de toda la carrera) teniendo tan sólo una de ellas en tercera matrícula y otra en cuarta.

Esto mismo con las tasas del año pasado saldría exactamente por 1002 €. Es decir, que de un año para otro en la comunidad de Madrid se ha duplicado el precio de una matrícula universitaria normal y corriente.

El patio de la escuela politécnica

Si tenemos en cuenta que un grado en ingeniería tiene una carga lectiva de 240 créditos, es fácil comprobar que si lo aprobárais todo a la primera (algo que, como os decía antes, es realmente utópico en una carrera de ese tipo) el título os saldría por 6434 €. Cualquier suspenso que arrastréis de un año para otro no hará más que incrementar la factura final, y pobres de vosotros como se os atragante alguna asignatura de bastantes créditos y la suspendáis unas cuantas veces, porque la broma os saldrá muy cara.

Ya sabéis que nunca hablo de política o economía porque al fin y al cabo cada uno tiene su opinión sobre esos temas y yo respeto esa pluralidad; pero lo que no me entra en la cabeza es que en los tiempos que corren se exprima a la gente de ese modo.

¿Qué se conseguirá con esta subida de tasas? Pues ya os lo adelanto yo: una “espantada” de universitarios que o bien dejarán sus estudios a medias o bien directamente ni se atreverán a iniciarlos porque no todo el mundo puede permitirse invertir ese dineral en estudiar una carrera y unos campus elitistas en los que sólo los que cuenten con más recursos económicos podrán entrar, dejando fuera a gente con muchas ideas y ganas de aprender.

Visita a la escuela politécnica de Alcalá de Henares

De verdad, no entiendo cómo es posible que, con la que está cayendo, el enorme agujero que hoy en día tiene la universidad pública les toque rellenarlo a los propios alumnos. Si hoy en día la situación de esta institución es ya bastante delicada, con medidas como estas acabará por hundirse. Y si no, tiempo al tiempo.

Haciendo balance del 2011

El 2011 terminará dentro de unas horas y, como de costumbre, creo es una buena ocasión para echar la vista atrás y ver qué ha pasado durante los últimos doce meses para así afrontar el nuevo año con perspectiva.

That's me!

En otras ocasiones he desglosado el año por meses; pero en esta ocasión voy a hacer una disección más global en la que la secuencia de los acontecimientos no es tan importante como la conclusión a la que me gustaría llegar, de modo que me gustaría empezar esta historia hablando del que hasta hace poco ha sido mi lugar de residencia.

Alcalá de Henares

Alcalá es la ciudad donde está mi casa, el sitio en el que he crecido y donde reside mi familia y mis mejores amigos. No pasa un día en el que no me acuerde de Alcalá y siempre que tengo ocasión de volver me gusta perderme por sus rincones y encontrarme con toda esa gente que me ha visto a lo largo de todos estos años.

La ciudad de los chapiteles

Sin embargo, pese al cariño que le tengo a mi ciudad, 2011 ha sido el año en el que me he ido a vivir a Oropesa del Mar. Un lugar donde tengo un trabajo que me apasiona, una vida que construyo con mis propias manos y un escenario idóneo para la fotografía que tanto me gusta practicar. A lo mejor algunos de vosotros está pensando que vivir en un lugar de playa donde en invierno no te cruzas con nadie por la calle debe de ser algo insoportable; pero ya os adelanto que yo allí estoy encantado y que lo único malo de es que estoy a 450 Km de la gente a la que quiero.

Contrastes del amanecer

Vida personal

Reconozco que esta nueva vida que ahora llevo me ha hecho crecer como persona, me ha dado mucha libertad, me está enseñando unas cuantas cosas y me está haciendo madurar mucho. Si siempre he sido alguien que concede especial importancia a los pequeños detalles, a lo largo de los últimos meses ese rasgo mío se ha acentuado todavía más; y es que cuando sales un domingo a las ocho de la mañana a dar una vuelta en completa soledad, un amanecer en tonos pastel, una flor desafiando a los acantilados o un gato que te mira con curiosidad desde su escondrijo son cosas que te llenan bastante.

Gato en éxtasis

Y es verdad que hay días en los que es duro llegar a casa y que sólo te espere una pila de platos por fregar; pero eso también hace que los fines de semana en los que puedo escaparme a Alcalá o vienen a visitarme mi chica o mi familia a Oropesa los disfrute con una especial intensidad. De todos modos, como os decía en el párrafo anterior, estoy contento con esta vida que llevo porque siento como si en lo personal hubiera avanzado varios años en tan sólo ocho meses.

Marcos torcidos

Blog

En lo que al blog se refiere, 2011 ha sido un periodo de tiempo en el que han disminuido considerablemente las horas que invierto en este rincón de Internet. Cierto es que sigo publicando artículos con cierta regularidad y que de vez en cuando me siento a responder las dudas que vais planteando en los comentarios; pero hay muchos días en los que no me puedo permitir dedicarle ni un minuto a esto que, al fin y al cabo, no deja de ser una afición como otra cualquiera.

El caso es que entre semana ando siempre liado con temas laborales, y una vez que llega el fin de semana me gusta aprovechar el tiempo libre para hacer fotos, pasear, salir a dar una vuelta en bicicleta… cosas que no impliquen estar delante de un ordenador y me permitan disfrutar un poco de la vida al aire libre.

Tierras altas

Fotografía

Fotográficamente hablando este año ha sido muy continuista: apenas me he comprado nuevos componentes para mi equipo (aunque sí que llegó recientemente la Olympus E-PL1) y lo que he hecho en buena medida es visitar lugares de mi entorno para retratarlos de la mejor manera posible. De cara al año que comenzará en breve me gustaría ampliar horizontes un poco y visitar lugares algo más lejanos que creo que pueden tener un encanto especial. Lo más seguro es que con la llegada de la primavera aproveche algunos fines de semana para moverme por lugares de la provincia con un encanto especial y crear algunas entradas que, como siempre, podréis ir leyendo por aquí.

Por los campos

De cualquier modo, si me siento a ver las fotos que he hecho desde el pasado mes de Enero sí que noto una cierta evolución a lo mejor no tanto a nivel técnico como compositivo; y es que como siempre digo, el mejor consejo para mejorar como fotógrafo es, precisamente, tratar de hacer todas las fotografías posibles y disfrutar al máximo de cada una de ellas. Puede que parezca que el resultado final es lo más importante en una imaegn; pero nunca hay que olvidar que para los que no nos dedicamos profesionalmente a esto es muy importante disfrutar del camino.

The time goes by

Trabajo

En lo laboral, como os decía antes, estoy contento y orgulloso de la tarea que realizo en Oropesa desde que en el mes de Mayo me mudé allí: me gusta mucho lo que hago y además tengo la suerte de contar con un equipo de personas realmente excepcional. En principio no se prevén demasiados cambios de aquí al otoño en este sentido; pero para entonces llegaré a una bifurcación en la que mi vida puede dar un nuevo golpe de timón, aunque para eso todavía falta bastante tiempo y hasta entonces lo único que me preocupa es seguir haciendo bien las cosas.

Agua

Videojuegos

El año que ahora termina ha supuesto para mí un nuevo acercamiento al mundillo del videojuego gracias a la 3DS. No repetiré lo que comenté hace apenas unos días en la entrada que ensalzaba las virtudes de esta consola portátil, pero sí insistiré en que la veo como un soplo de aire fresco en un mercado que considero bastante estancado desde hace tiempo. Obviamente esto es algo que ocupa un papel muy secundario en mi vida; pero creo que la compra de la última portátil de Nintendo ha sido un acierto pese a que mis partidas a Mario Kart, Tetris y similares sean algo bastante esporádico.

A estas alturas tengo claro que nunca volveré a involucrarme en el mundo de los videojuegos tanto como en mi época de redactor de ultimONivel porque mis prioridades en la vida han cambiado mucho desde entonces, pero reconozco que es agradable volver a sorprenderse con algún título que se sale un poco de lo común teniendo en cuenta que llevaba completamente apartado de todo esto desde hace ya un tiempo. Seguramente a lo largo de 2012 volváis a leer alguna entrada sobre esta temática porque es algo sobre lo que me apetece escribir.

Nintendo 3DS

2012

Termina por tanto 2011, que ha sido un año muy intenso y lleno de alegrías del que no me puedo quejar ni lo más mínimo en lo personal ni en lo profesional. Ahora llegará 2012 y aunque sin dudarlo firmaría porque fuera igual que el año que ahora agoniza, en el fondo todos queremos ir siempre a más y yo espero que para cuando hayan pasado sus 366 días (recordad que es bisiesto) pueda volver a mirar hacia atrás y contaros que, pese a que el listón estaba alto, las cosas han ido todavía a mejor.

Horizontes

Cierto es que en estos tiempos la situación económica es complicada, que hay mucha gente que está pasando apuros, que las hipotecas suben y los sueldos bajan… Y está claro que esas cosas yo no las puedo cambiar; pero lo que sí puedo hacer desde este humilde rincón de Internet es ofreceros una dosis de optimismo y, con mis párrafos y mis fotos, haceros pasar un rato entretenido. Al fin y al cabo, la finalidad de este blog no es otra que divertirnos y compartir conocimientos. Eso es lo que he hecho durante este 2011 y lo que seguiré haciendo a lo largo del 2012.

I think it's gonna be a long long time

¡FELIZ AÑO NUEVO!

Las réflex Nikon en pocas palabras

Llega el mes de Julio y pensando en las vacaciones de verano mucha gente se plantea comprar su primera cámara réflex o reemplazar la que tiene por un nuevo modelo; y puesto que en los comentarios del blog suelen surgir habitualmente dudas sobre qué cámara comprar, se me ha ocurrido hacer una entrada en la que resumir en apenas un párrafo lo que se puede esperar de cada modelo de Nikon que hay a la venta actualmente.

Lo siento por los que estéis buscando información de otras marcas como Canon, Pentax o Sony; pero como no estoy demasiado familiarizado con ellas prefiero no decir nada. De todos modos, ya sabéis que la clásica elección entre una u otra marca no es tan importante como la gente piensa porque al final lo más importante a la hora de hacer una buena fotografía somos nosotros mismos.

NOTA: todas las imágenes que ilustran esta entrada han sido extraídas de la web oficial de Nikon.

Nikon D3000 (sucesora de la D60 / D40)

El modelo más básico de la marca japonesa y orientada a la iniciación en fotografía réflex ya sea para nuevos usuarios o para aquellos que provienen de cámaras compactas. No posee motor interno de enfoque, por lo que sólo enfocarán automáticamente los objetivos que lo lleven incorporado (siglas AF-S en Nikon, HSM en Sigma, BIM en Tamron). El sistema de enfoque de 11 puntos es el mismo presente en cámaras de gama media, siendo éste el aspecto más destacado de esta cámara junto con su facilidad de manejo. No graba vídeo ni tiene Live View y se suele vender por unos 500 euros con un objetivo 18-55.

Nikon D5000

En su aspecto externo se trata de una cámara muy similar a la D3000, aunque internamente posee el mismo sensor que cámaras más altas dentro de la oferta de Nikon, de modo que la calidad de imagen será similar a estas. Su característica más llamativa es que posee una pantalla LCD abatible para facilitar su visualización a la hora de encuadrar usando ángulos complicados, por lo que ya podéis intuir que posee grabación de vídeo así como Live View. Digamos que se sitúa en la parte alta de la gama más básica, pues tampoco posee motor de enfoque en el propio cuerpo. También se diferencia de cámaras más avanzadas en que no tiene la cantidad de botones y controles físicos que otras poseen para variar instantáneamente parámetros como el modo de enfoque, la medición de la luz o el balance de blancos. La podréis encontrar por unos 700 u 800 euros con algún objetivo básico o unos 600 si queréis el cuerpo sólo.

Nikon D90 (sucesora de la D80)

Es la cámara estrella de Nikon en cuanto a ventas y, para mi gusto, la que guarda mejor equilibrio entre calidad, precio y prestaciones. Es la primera dentro de la gama actual que posee motor de enfoque en el cuerpo, por lo que si tenemos objetivos de tipo AF y queremos mantener el autofocus debemos de olvidarnos de las dos cámaras anteriores. Fue la primera réflex del mercado en grabar vídeo (también posee Live View) y actualmente representa el escalón inmediatamente inferior a la gama profesional, contando con bastantes accesos directos en forma de palancas y botones para cambiar diversos parámetros sin tener que entrar en los menús. El cuerpo suelto cuesta entre 800 y 900 euros, aunque lo habitual es encontrarla en las tiendas acompañada de un 18-105 VR por aproximadamente 1000 euros. Se supone que va  a ser reemplazada en breve por un nuevo modelo, así que si estáis pensando en comprarla tal vez sea recomendable esperar un par de meses a ver qué presenta Nikon (de hecho es lo que voy a hacer yo).

Nikon D300s (sucesora de la D300)

Esta cámara ya pertenece a la gama profesional de Nikon por detalles como el cuerpo de metal y las presencia de juntas de estanqueidad que nos permitirán disparar en medio de la lluvia o en una tormenta de arena. Por encima de este modelo ya entramos en el terreno de los sensores Full Frame, por lo que la D300s es la cámara de mayores prestaciones dentro de la gama equipada con sensores APS-C (denominados DX en Nikon). Por supuesto posee motor de enfoque, graba vídeo y tiene un montón de características avanzadas para usuarios experimentados. De hecho ni siquiera posee modos automáticos como sucede en las cámaras anteriores. El cuerpo suele costar unos 1400 euros de media.

Nikon D700

La cámara Full Frame más asequible de Nikon, por lo que su respuesta a ISOs altos es todavía mejor que en las cámaras anteriores equipadas con sensores de tipo APS-C. Básicamente tiene las mismas prestaciones y electrónica que la superior Nikon D3 pero en un cuerpo más compacto que, al igual que la D300s, está fabricado en aleación de magnesio y con juntas selladas para evitar la entrada de agua y polvo. No cuenta con grabación de vídeo aunque sí con Live View y su precio no es asequible para todos los bolsillos, ya que el cuerpo se suele encontrar por unos 2000 euros.

Nikon D3 / D3x / D3s (sucesoras de la familia D2)

Las cámaras más punteras de Nikon en construcción y prestaciones. Aunque hay usuarios aficionados que poseen alguna de ellas, en realidad están diseñadas para los profesionales. La D3 fue la primera cámara de Nikon en presentar un sensor de tamaño completo y tiempo después aparecieron tanto la D3x (con un aumento de resolución hasta los 24,5 Mpixels) como la D3s en la que prima la velocidad, ya que posee la misma resolución que la D3 “normal” pero con mejor rendimiento en cadencia de disparo y rendimiento a ISOs altos así como la posibilidad de grabar vídeo. Obviamente sus precios también son para profesionales, ya que estos modelos van desde los 4000 euros que tendremos que pagar por tener una D3 hasta los aproximadamente 6500 euros que cuesta el cuerpo de la D3x. Como curiosidad, ahora mismo son las únicas cámaras Nikon a la venta que no poseen flash integrado.

De cualquier modo, antes de finalizar este artículo me gustaría recordaros que al margen de la cámara que tengáis hay una serie de factores que nos van a ayudar a sacarle todas las prestaciones que alberga en su interior; siendo el más importante de ellos practicar todo lo posible para así conocer las limitaciones de nuestro equipo fotográfico. De nada sirve gastarse los ahorros de media vida para comprar una Nikon D3 si luego no sabemos emplear ni siquiera el 20% de sus funciones.

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Breve aparición en Diario de Alcalá opinando sobre la “ley antidescargas”

El viernes por la mañana, la gente de Diario de Alcalá contactó conmigo y con otras tres personas más (entre las que está Natalia Marcos) para que diéramos nuestra opinión sobre el polémico anteproyecto de ley que contempla la posibilidad de dar poderes a una comisión ministerial para cortar el servicio de Internet a aquellas personas que infrinjan derechos de autor. Una breve opinión que apareció en la edición impresa del diario ayer Sábado y que reproduzco a continuación.

Por cierto, me hace gracia que la redacción se haya fijado en esta fotografía mía para acompañar a la reseña porque es una de las más raras que tengo (la hice hace más de un año esperando en un semáforo mientras iba a mi entrevista en Komatsu). Aun así, si a ellos les ha parecido apropiada, yo encantado  😉

Pues bien, puesto que el espacio en la edición impresa es limitado tuve que ser extremadamente conciso; y aunque la gente de Diario de Alcalá ha recalcado muy bien lo más importante que quería expresar, me gustaría aprovechar esta entrada para comentaros el tema más extensamente:

Todos los temas relacionados con la propiedad intelectual son de compleja resolución a día de hoy, pues la ley es un aparato lento y con una fuerte inercia incapaz de adaptarse a los fulgurantes cambios a los que Internet nos tiene acostumbrados. En cualquier caso, para la regulación de la red nunca pueden prevalecer las exigencias de un grupo de personas sobre ciertos derechos básicos de todo ciudadano que están contemplados en la constitución.

El Copyright es un modelo de protección de derechos de autor antiguo y basado en el control férreo de una editorial sobre todo el material publicado. Algo que antes podía ser factible porque fuera de las propias editoriales no era sencillo copiar y difundir el material audiovisual (aunque todos hemos grabado alguna que otra vez una cinta de casette para un amigo) pero que hoy en día se ha quedado completamente obsoleto, pues tratar de que todo el mundo en Internet respete el Copyright a pies juntillas es como ponerle puertas al campo.

Así pues, si el modelo clásico de derechos de autor se ha quedado desfasado, el camino a seguir no es perseguir a los internautas, sino reformar dicho modelo con ideas nuevas. No sería nada descabellado optar por el empleo de licencias Creative Commons que permiten compartir material pero siempre protegiendo al autor original de la obra y obtener ingresos económicos mediante otras vías como actuaciones en directo, publicidad o exposiciones.

En cualquier caso, el problema no es de los creadores, sino de las entidades encargadas de gestionar sus derechos, ya que gracias a Internet la cultura está más fuerte que nunca. Desde luego que eso de que dentro de cinco años no habrá música es una gran mentira pues, sin ir más lejos, de unos años a esta parte han surgido al amparo de Internet una impresionante cantidad de grupos de música que de otro modo nunca hubieran llegado a ser conocidos porque ninguna discográfica les hubiera tenido en cuenta. Y no me refiero sólo al famoso pelotazo a nivel internacional de Arctic Monkeys; sino a todas esas pequeñas bandas que se han ido haciendo más y más conocidas gracias al boca a boca de Internet que en este caso tiene forma de blogs y programas P2P.

Estoy hablando de la música porque es lo que todos tenemos más a mano; pero hay casos similares de fotógrafos, escritores y en otras muchas ramas del arte. Internet no va a matar a la cultura, sino que la extendiendo y potenciando, siendo esto algo muy excitante porque es una posibilidad que hace unos años sencillamente no existía; y lo que escuchábamos era básicamente lo que las discográficas querían promocionar en lugar de lo que a la gente le gustaba verdaderamente. Ahora la cultura está al alcance de mucha más gente que antes, y eso es algo que los creadores de contenidos deberían aprovechar.

Por último, está el tema de la comisión ministerial que el gobierno pretende instaurar y que tendría poderes para cerrar una página web que infringiera derechos de autor sin necesidad de acudir a juez para proceder a dicho cierre. Creo que esto es algo que queda muy claro leyendo el manifiesto que ha corrido como la pólvora en todo tipo de webs y poco más tengo que añadir a ello. Si el encargado de impartir la ley no va a ser un juez sino una comisión elegida por el ministerio de cultura, entonces algo muy profundo estará fallando en nuestro sistema democrático.

En fin, no quiero extenderme más sobre el tema porque ahora mismo la situación está un poco “en tierra de nadie”. El gobierno ha dicho que el texto de la ley se puede someter a revisión al ver que miles de usuarios hemos respondido con un contundente NO a este tema. No sé hasta qué punto esa rectificación se plegará a lo que los internautas exigimos, pero vamos a dar un mínimo de confianza a ver cómo responden ante esta respuesta que, sin duda, les habrá sorprendido y les dará mucho que pensar.