Recuerdos de Oropesa (XXX)

Cuando alguien me pregunta cuál es la mejor época para visitar Oropesa del Mar o sus alrededores siempre les digo que se olviden de los meses de temporada alta y que vayan en cuanto pasen las lluvias torrenciales que aparece cada año durante los últimos coletazos del verano.Un día lleno de color

Esa foto que tenéis aquí arriba está hecha en un mes de octubre, y es que por esas fechas ya no quedan veraneantes (los pocos que quedaron al terminar agosto huyeron con la llegada de las lluvias que os decía antes), el día todavía nos regala muchas horas de luz, la temperatura del mar aún es alta suavizando así el clima y, además de todo esto, desde mi punto de vista los atardeceres y amaneceres son los más bonitos de todo el año.

A estas alturas de la película creo que ya sabéis que para mí Oropesa era una pesadilla durante semana santa y en los meses de julio y agosto pero una bendición durante el resto del año. Ya os hablaré un poco más sobre esto en una próxima entrada, porque es un tema interesante y sobre el que me gustaría hablar ahora que el tiempo me ha dado cierta perspectiva sobre aquellos dos años que pasé a orillas del Mediterráneo.

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Recuerdos de Oropesa (XXIV)

Vivir durante el invierno en una pequeña localidad costera suele ser sinónimo de paz y sosiego. Y lo sé bien por los dos años que pasé en Oropesa del Mar; un lugar en el que puedes pasear a media tarde durante los meses invernales y no cruzarte prácticamente con nadie sintiendo una soledad que a mí particularmente me resultaba de lo más agradable.

La Oropesa solitaria

Sea como sea, reconozco que llevaba tiempo sin acordarme de Oropesa pero hoy, que no hago más que leer noticias sobre el mal tiempo por las tierras de Levante, han venido a mi memoria unas fotografías que hice una tarde de mayo de 2011 en las que el Mediterráneo se mostraba mucho más amenazador de lo habitual.

A storm is approaching (IV)

Recuerdo que aquella tarde el cielo tenía un aspecto inquietante: una extraña banda oscura lo surcaba de lado a lado y un fuerte viento soplaba desde el mar con inusitada fuerza. Dado que vivía muy cerca de la playa, cogí mi cámara de fotos (al fin y al cabo elegí una Nikon D300 para que si un día me sorprende una tormenta pueda seguir haciendo fotos sin preocuparme de la lluvia) y mi estimado 80-200 f/2.8 para retratar aquel temporal que se acercaba por momentos a la costa.

A storm is approaching (II)

Por supuesto, si la cosa se complicaba no iba a hacerme el héroe y saldría zumbando para casa en cuestión de segundos; pero el aspecto apocalíptico del Mediterráneo con las olas que parecían salirse del mar era algo magnético para un amante de la fotografía como yo. Recuerdo con claridad la intensa sensación de que tenía que captar ese momento porque vendría a mi memoria tiempo después (la entrada de hoy es la prueba de ello) y las fotografías me ayudarían a volver a revivirlo.

A storm is approaching (V)

Capté unas cuantas imágenes y enseguida comenzaron a caer unas gotas enormes; mucho más grandes de lo que acostumbraba a ver por aquellas tierras en las que ya de por si suele llover con fuerza. Sin embargo, estaba claro que la tormenta que se nos echaba encima a pasos agigantados tampoco era muy normal que digamos.

A storm is approaching (I)

Tal y como me prometí, antes de exponerme a correr algún riesgo recogí el equipo y me dirigí para casa donde, parapetado tras los cristales, pude contemplar la fuerza de una tormenta que, gracias a estas fotos, no olvidaré.

A storm is approaching (III)

¡Nos leemos!

Recuerdos de Oropesa (XVI)

Benicassim tiene más vida en invierno que Oropesa del Mar; y estando a apenas ocho kilómetros de distancia es lógico que algunas veces me diera una vuelta por allí o me llevara la cámara para hacer unas fotos. La soledad de Oropesa tiene su encanto; pero es verdad que a veces a uno le gusta ver algo más de gente, y para ello hay que acercarse a esta pintoresca localidad o incluso a Castellón de la Plana, capital de la provincia.

La foto que tenéis a continuación la hice tras un par de días de lluvias muy intensas, y de ahí que la arena de la playa esté tan horadada, pues al fluir el agua hacia el mar toma caminos preferenciales y acaba excavando en la playa auténticos ríos.

Gemelas

Precisamente gracias al agua acumulada es por lo que se me ocurrió esta fotografía; ya que me daba la oportunidad de retratar no sólo una puesta de sol en los dos tercios superiores de la fotografía sino también de poner el reflejo de esas dos palmeras en el tercio inferior restante.

Estamos nuevamente ante un ejemplo de “la regla de los tercios”, que aunque tremendamente sencilla también es muy eficaz a la hora componer nuestras fotografías.

En otro orden de cosas, en la línea del horizonte podéis ver el puerto de Castellón con sus múltiples grúas y un poco más a la izquierda uno de los habituales petroleros que se acercan por las refinería que hay allí a descargar empleando para ello unas tuberías submarinas (esto se hace para evitar que el barco se tenga que acercar demasiado al puerto).

En cuanto al cielo, aquella tarde era una de esas que tanto me gustan en las que las nubes parecen algodón de azúcar por su textura y el sol, mientras se oculta en la lejanía, lo pinta todo en colores pastel.

Recuerdos de Oropesa (XV)

La que hoy os presento es otra de esas fotografías de Oropesa del Mar que recuerdo con cariño, pues representa uno de esos paisajes costeros que tanto me gusta retratar; sólo que en esta ocasión no fue ni al amanecer ni al anochecer, sino a primera hora de la tarde.

Color

Era el 1 de diciembre y recuerdo que la claridad reinante aquella tarde era espectacular gracias al viento que hacía. Una ocasión perfecta para abordar la fotografía de paisaje, pues los colores y la nitidez de la escena ganan muchos enteros con respecto al típico día en calma en el cual la humedad del mar “emborrona” el aire.

Además de esto, la marea estaba ligeramente baja, lo que dejaba al descubierto ese degradado en las rocas que tanto me gusta. Del mismo modo, el punto que elegí para disparar permitía seguir con la mirada un tramo de la conocida Vía Verde que une las localidades de Oropesa y Benicassim así como el irregular perfil de la playa de la Renegá.

El encuadre lo tenía claro porque en una misma imagen metía vegetación, mar y paseo; pero a la imagen le faltaba algo que en agosto no me hubiera costado nada encontrar: gente. Por tanto, esperé unos minutos y entonces apareció ese grupo disgregado de cinco personas que caminaban a paso tranquilo en dirección a la torre de la Cordada. De hecho, pese a que estaba bastante lejos de ellos, me llegan levemente los sonidos de sus conversaciones cruzadas.

Justo cuanto el grupo pasó por el punto que quería sólo tuve que contener la respiración un instante y acariciar suavemente el disparador de la cámara tratando de buscar la máxima nitidez posible para eternizar así una minúscula fracción de tiempo.

Recuerdos de Oropesa (VII)

En las tierras de Levante hay una obsesión casi ancestral por el fuego. Ya sea en las fallas, en la noche de San Juan o en las fiestas de cualquiera de sus pueblos, las gentes de la Comunidad Valenciana practican esa curiosa tradición que siempre da lugar a imágenes muy pintorescas.

Cremá Oropesa 2011

Recuerdo la fotografía que hay sobre estas líneas porque la tomé a finales de junio de 2011; concretamente en la cremá de un ninot que se hizo en la plaza principal de Oropesa del mar. Era una noche templada y seca como corresponde a esas épocas del año y éramos muchos los curiosos que nos habíamos acercado hasta allí para ver arder una gran figura de madera y cartón.

El inicio fue tranquilo: el ninot comenzó a arder por su parte inferior y poco a poco las llamas fueron intensificándose al tiempo que los bomberos no permitían que el fuego llegara a descontrolarse. Sin embargo, dado que la materia prima de la que estaba hecho aquello ardía con rapidez, pronto las pavesas empezaron a volar cayendo directamente sobre los allí presentes.

No es que se dieran escenas de pánico ni mucho menos; pero sí que es verdad que algunos de nosotros no nos sentíamos muy tranquilos bajo aquella lluvia de cenizas incandescentes; especialmente si pensábamos en la cantidad de tejidos sintéticos que se emplean hoy en día a la hora de vestir.

Sea como sea, la cremá apenas duró unos minutos y una vez que la figura había quedado recudida a rescoldos se dio por terminado aquello y nos encaminamos hacia nuestras respectivas casas.

Además de estas cremás, también se dieron en Oropesa otros acontecimientos relacionados con el fuego como un espectáculo pirotécnico también muy típico en las tierras valencianas llamado “correfuegos” (correfoc en valenciano) y al que pertenece la siguiente imagen:

Correfuegos en Oropesa del Mar (Julio 2012)

En este tipo de eventos, un grupo de personas pertrechados con todo tipo de artículos pirotécnicos se mezcla entre el público presente para dar lugar a una mezcla de carreras, luces, ruido y olor a pólvora. No es que sea yo muy amigo de que me duchen con chispas; pero reconozco que en estas situaciones me gusta estar en un segundo plano con mi cámara (en este caso equipada con un 50mm f/1.8) para captar todos esos puntos luminosos que tanto contrastan con la negrura de la noche.

¡Hasta la próxima entrada!

Recuerdos de Oropesa (VI)

La que hoy os muestro es una de las fotografías más representativas de mi estancia en Oropesa del mar, puesto que combina paisaje costero y soledad.

SoledadEra una mañana de abril y caminaba por la zona de acantilados que une las dos playas principales de la localidad. Un mar relativamente tranquilo y ese denso manto de nubes que presagiaba lluvia dominaban la escena desde mis pies hasta el horizonte. Nada que no hubiera visto ya en otras ocasiones; pero justo cuando iba a tomar otro camino para volver a casa apareció en la playa un hombre portando una silla plegable y un libro.

Gracias a él la escena cambió radicalmente y pasó a ser un ejemplo perfecto de la soledad y la tranquilidad que se respira en ese lugar cuando no está en su apogeo la época estival. Ya sólo tuve que elegir la focal adecuada (podría haber llenado el encuadre con el empedernido lector usando para ello un teleobjetivo, pero quería darle protagonismo al escenario) y pulsar el disparador sin demasiado miedo al rango dinámico dado que la iluminación era bastante homogénea.

Como os dije en la entrada anterior, hubo momentos duros durante el tiempo que viví en este rincón del Mediterráneo; pero era el precio a pagar por experimentar sensaciones como la que esta fotografía pretende expresar.

Rincones: Gaztelugatxe (Vizcaya)

El fin de semana pasado me acerqué a Bilbao a una celebración familiar; pero como nunca antes había estado por aquellas tierras, enseguida mi chica sugirió acercarnos a Gaztelugatxe: un escarpado islote con una ermita en su parte superior y que está unido con la costa a través de un estrecho puente dando lugar a un conjunto que parece sacado de un libro de aventuras.

Gaztelugatxe

Como podréis ver en las imágenes que ilustran esta entrada, para llegar a la ermita de San Juan hay que subir una escalera de 160 peldaños que en ciertos tramos llega a ser bastante empinada, por lo que hay que andarse con ojo no vaya a ser que peguemos un inoportuno traspiés y rodemos unos cuantos metros hacia abajo.

Gaztelugatxe

Una vez arriba (y también durante el trayecto) podremos disfrutar de unas espectaculares vistas que nos harán sentir el esfuerzo de la ascensión ha merecido la pena, pues tanto la visión de las escaleras desde la parte superior como los acantilados de la zona nos harán sentirnos muy pequeños en comparación con el entorno.

Gaztelugatxe

Gaztelugatxe

Mención aparte merece el mar Cantábrico; mucho más rocoso, frío y movido que el tranquilo Mediterráneo que hasta hace poco estaba acostumbrado a contemplar a diario. Precisamente una de las cosas que más me gustan de España es que pese a no ser un país demasiado extenso (sobre todo en comparación con otros) hay una gran diversidad de climas, relieves y paisajes que confieren a cada zona una identidad única.

Gaztelugatxe

Y con esto me despido; pero no sin antes aseguraros que antes o después volveremos a asomarnos a las tierras del norte, porque igual que hace poco hicimos un tour por Sevilla, Granada y demás, también Oviedo, Ferrol o Bilbao tienen el mismo derecho a ser disfrutadas y admiradas.

Gaztelugatxe