Recuerdos de Oropesa (XIX)

Todavía me acuerdo de la tarde en la que hice esta fotografía: el sol empezaba a estar bajo en el horizonte a mediados de enero, justo la época del año en la que menos gente hay por Oropesa del Mar y alrededores. Tanto es así que en mis idas y venidas por las serpenteantes calles en busca de la perspectiva perfecta para esta imagen, mis pasos no se cruzaron con nadie y ni siquiera escuché a lo lejos el típico vocerío infantil que colorea cada rincón de aquella localidad durante los caluroso meses de verano.

Al final del día

No era la primera vez que recorría estos parajes entre Oropesa y Benicassim con mi cámara. De hecho, en una ocasión anterior estuve allí hasta que se me hizo completamente de noche para poder captar la luz del cielo cuando el sol ya se ha escondido en lo que se conoce como “blue hour”.

Dado que en los meses de verano aquello se convertía en un hervidero de gente, durante la temporada baja siempre que podía aprovechaba para tratar de reflejar en el sensor de mi cámara la paz y la tranquilidad que estos lugares me ofrecían. Y el caso es que cuando ahora, que ya llevo más de dos años en Madrid, miro estas imágenes vuelven a mi memoria los recuerdos del silencio y la soledad de aquellos días en los que nadie reparaba en aquel tío que hacía fotos a rincones vacíos y el sonido del obturador se perdía en el silencio de las calles.

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Cinco días en Oropesa del Mar

Hace ahora poco más de un mes que estuve pasando cinco días en Oropesa del Mar. No había vuelto allí desde que regresé a trabajar a Madrid y la verdad es que el cuerpo ya me iba pidiendo una escapada por aquellas tierras para ver qué cosas habían cambiado (o no) durante mi ausencia.

Oropesa del Mar

He de decir que aunque ha pasado ya año y medio de mi marcha, pocas cosas diferentes hay por allí. No hay nuevos edificios, las playas siguen como siempre, las tiendas son más o menos las de entonces, el puerto deportivo está exactamente igual… Atrás quedaron aquellos años de boom urbanístico en los que verano tras verano veía florecer edificios por cada rincón de la costa de Oropesa.

Oropesa del Mar

Puesto que he pasado dos años de mi vida allí, conozco bien el clima de esa zona y sabía que la mejor época para pasar unos días de tranquilidad es en octubre; una vez que se han ido las primeras lluvias del otoño.  El tiempo es bueno, hay muy poca gente y todavía hay bastantes horas de luz. Luego ya, una vez que llega el frío invierno, Oropesa del Mar es un lugar triste, oscuro y solitario que puede acabar con la paciencia de más de un urbanita.

Cierto es que el primer día me cayó una tormenta de las que hacen época, pero el resto de los días todo fueron cielos despejados y temperaturas agradables hasta el punto de que una mañana bajé a la playa e incluso me pegué un buen baño en el mar.

Oropesa del Mar

Oropesa del Mar

En cualquier caso, la idea principal de pasar allí unos días era volver a recuperar parte de la “inspiración fotográfica” perdida en los últimos tiempos. Y es que si me pongo a repasar todas las imágenes que he ido captando a lo largo de mi vida, me doy cuenta de que muchas de las mejores las he realizado en estas tierras castellonenses, de modo que agarré la D300, un par de objetivos y me puse a retratar aquellos rincones una vez más en busca de esa luz del Mediterráneo que uno no puede encontrar en Madrid por mucho que la busque.

Oropesa del Mar

Oropesa del Mar

Además de las fotografías hechas en Oropesa, también me acerqué una mañana de sol a la vecina Benicassim; de donde salieron algunas imágenes realmente pintorescas y que os muestro a continuación:

Benicassim

Benicassim

Benicassim

Y poca cosa más, la verdad. Esos cinco días pasaron volando y cuando me quise dar cuenta ya estaba devorando de nuevo los 450 Km que separan Madrid de Oropesa. Aquí puede que no sea capaz de captar paisajes tan bellos como en la costa mediterránea; pero cuando llego a Madrid me invade la sensación de estar en casa y eso vale más que todo el oro del mundo.

Oropesa del Mar

¡Nos leemos!

Recuerdos de Oropesa (XVI)

Benicassim tiene más vida en invierno que Oropesa del Mar; y estando a apenas ocho kilómetros de distancia es lógico que algunas veces me diera una vuelta por allí o me llevara la cámara para hacer unas fotos. La soledad de Oropesa tiene su encanto; pero es verdad que a veces a uno le gusta ver algo más de gente, y para ello hay que acercarse a esta pintoresca localidad o incluso a Castellón de la Plana, capital de la provincia.

La foto que tenéis a continuación la hice tras un par de días de lluvias muy intensas, y de ahí que la arena de la playa esté tan horadada, pues al fluir el agua hacia el mar toma caminos preferenciales y acaba excavando en la playa auténticos ríos.

Gemelas

Precisamente gracias al agua acumulada es por lo que se me ocurrió esta fotografía; ya que me daba la oportunidad de retratar no sólo una puesta de sol en los dos tercios superiores de la fotografía sino también de poner el reflejo de esas dos palmeras en el tercio inferior restante.

Estamos nuevamente ante un ejemplo de “la regla de los tercios”, que aunque tremendamente sencilla también es muy eficaz a la hora componer nuestras fotografías.

En otro orden de cosas, en la línea del horizonte podéis ver el puerto de Castellón con sus múltiples grúas y un poco más a la izquierda uno de los habituales petroleros que se acercan por las refinería que hay allí a descargar empleando para ello unas tuberías submarinas (esto se hace para evitar que el barco se tenga que acercar demasiado al puerto).

En cuanto al cielo, aquella tarde era una de esas que tanto me gustan en las que las nubes parecen algodón de azúcar por su textura y el sol, mientras se oculta en la lejanía, lo pinta todo en colores pastel.

Recuerdos de Oropesa (XIV)

Siempre me gustó la saga SimCity. Tuve la primera versión de este afamado videojuego en Spectrum y desde entonces he ido jugando a todos los que Maxis ha ido sacando al mercado (aunque he de reconocer que mi favorito sigue siendo SimCity 2000).

Pero no es de videojuegos de lo que vamos hablar hoy; sino de fotografías tomadas en los alrededores de Oropesa del Mar como he venido haciendo durante las últimas semanas. Lo que ocurre es que si no fuera por mi afición a la saga SimCity posiblemente no se me hubiera ocurrido tomar la imagen que tenéis a continuación.

Benicassim y Grao de Castellón desde el desierto de las palmas

Veo algo casi mágico en contemplar las ciudades desde las alturas; y sospecho que la perspectiva isométrica de SC2K y las versiones que vinieron después tienen algo que ver en ello. De hecho, no será esta la última fotografía de este estilo que veréis por aquí; os lo aseguro.

Esta imagen está captada desde las montañas que hay detrás de la N-340 y la AP-7 a su paso por Benicassim. Para acceder a este lugar hay que subir una carretera de montaña serpenteante muy conocida por los ciclistas y aunque hay curvas en las que hay que ir con mucha precaución por la poca visibilidad que existe os aseguro que el resultado bien vale el paseo.

Lo que tenemos a nuestros pies es el conocido “desierto de las palmas”: parque natural que se expande por toda esta zona y donde abundan monasterios, ermitas, capillas y demás lugares de índole religiosa. Además de esto, el lugar sorprende por la cantidad de vegetación mediterránea existente y por su escarpado relieve.

Pero vamos a lo que nos interesa de verdad (al menos a mí) y es que si os fijáis, desde este lugar gozamos de una perspectiva fantástica tanto de Benicassim como de la propia ciudad de Castellón de la Plana. A modo de curiosidad os pediría que os fijarais en que ambas localidades están físicamente unidas, siendo muy difícil diferenciar donde termina una y comienza la otra.

En realidad la parte de edificios altos que aparece en la fotografía todavía pertenece a Benicassim; mientras que a continuación ya comienzan las viviendas unifamiliares dispersas que dan inicio al Grao de Castelló, que es el distrito más septentrional de la ciudad de Castellón.

Una cosa muy habitual en las ciudades costeras de la Comunidad Valenciana (bueno, en general de todas las ciudades costeras) es que su disposición es alargada por el sencillo motivo de que todo el mundo quiere estar lo más pegado posible al mar. Si no lo veis claro, os invito a que recorráis el paseo que traza la franja de costa que se aprecia en la fotografía que ilustra este artículo, ya que las veces que yo lo he hecho se me ha hecho prácticamente interminable.

Fue un rato de muchas curvas y subidas pronunciadas; pero cuando estuve allí arriba y pude ver los tejados de todos los edificios que alcanzaba mi vista supe que había merecido la pena la excursión.

Recuerdos de Oropesa (XI)

Hay un término en fotografía que se aplica a aquellas imágenes captadas al emplear una exposición larga en el periodo de tiempo durante el que a simple vista parece que ya es de noche pero en realidad todavía queda bastante luz en el cielo. Esto se denomina blue hour y viendo la siguiente fotografía entenderéis perfectamente el por qué de ese nombre.

Blue hour

Cuando disparé esta fotografía eran casi las ocho de la tarde de un 12 de enero, por lo que la oscuridad era casi total. De hecho, recuerdo que donde estaba situado (un monte cercano al mirador de Torre Colomera) apenas podía ver mi mano si estiraba el brazo, lo que os dará una idea de la luz ambiental que había disponible.

Sin embargo, al plantar la cámara sobre el trípode y dejar abierto el diafragma durante medio minuto a f/11 y con ISO 200, en la pantalla de la cámara apareció esa infinidad de puntos luminosos y un cielo con un precioso degradado de azul oscuro a naranja salpicado de pequeñas nubes. Milagros de la capacidad de recolectar fotones del sensor de la cámara.

Para situaros un poco , comentar que lo que tenéis en primer término son diversos chalets de la urbanización Torre Bellver (perteneciente al término municipal de Oropesa del Mar) y que más al fondo se puede distinguir perfectamente la amplia bahía que comienza en Benicassim y muere en las inmediaciones del puerto de Castellón.

¿Por qué no empleé una apertura mayor para así captar más luz? Pues porque entonces la profundidad de campo se vería reducida y todas esas luces del fondo serían apenas un borrón. Digamos que lo que tenéis aquí es una aplicación de la distancia hiperfocal sólo que en horario nocturno; de modo que se imponen diafragmas bastante cerrados para maximizar los elementos que permanecen enfocados en la composición.

“Efectivamente, es la hora azul”, pensé, y con la satisfacción de haber conseguido la fotografía que había previsualizado en mi cabeza días atrás marche hacia casa a cenar.

Recuerdos de Oropesa (IX)

Si hay algo que me gustó fotografiar durante mi estancia en Oropesa del Mar fueron los amaneceres y atardeceres, pues la luz del mar otorga a estas instantáneas un aire muy especial.

Precisamente a estos últimos pertenece una fotografía que hice desde el mirador de Torre Colomera instantes después de la puesta de sol y que ahora me parece un bonito recuerdo de aquel pintoresco lugar.

Las últimas luces

El naranja intenso del cielo junto al negro del contraluz tanto del primer plano como del fondo así como la textura de la superficie del mar buscan una composición sencilla y “tranquila” en la que, si os fijáis, se aplica de forma casi matemática la regla de los tercios.

Este tipo de fotografías son producto de la paciencia; y es que recuerdo que para hacerla subí allí cuando al sol todavía le quedaba un rato para ocultarse y fui tomando varias instantáneas para luego en casa elegir la más adecuada. Las anteriores a esta mostraban un cielo excesivamente claro; mientras que en las posteriores el contraluz no era lo suficientemente acusado (aunque en otra entrada os mostraré una fotografía hecha durante la blue hour).

Como veis no es cuestión de llegar, disparar y largarse; sino que la cosa necesita de una mezcla de paciencia, sensibilidad y “buen ojo”.

¡Nos leemos!

Luces y sombras de un atardecer extraordinario

Si en el amanecer del pasado sábado tuve la ocasión de fotografiar las islas Columbretes, aprovechando que el día parecía propicio para sacar la cámara intenté captar una imagen que llevaba varios días metida en mi cabeza.

La idea en concreto surgió una tarde en la que yendo hacia Castellón por la N-340 divisé desde ella un bonito contraste entre luces y sombras justo después de la puesta de sol. Obviamente, el arcén de la carretera no es el mejor lugar para ponerse a hacer fotos, de modo que en ese momento me encomendé la tarea de buscar un lugar desde donde pudiera divisar una vista similar pero donde no circularan personas ni coches.

Mi búsqueda dio resultado y por fin encontré un lugar donde tenía una buena vista y además podía plantar allí mi trípode sin molestar a nadie. Ya sólo me quedaba esperar a que el sol se escondiera; pero antes de que esto sucediera me entretuve disparando alguna que otra fotografía como la que tenéis a continuación.

Al final del día

Poco a poco el cielo se fue quedando sin luz, y cuando la hora azul se hizo patente, encontré el momento justo para hacer la fotografía que tenía en mi cabeza. Hubo pruebas antes y después, con unos y otros encuadres; pero al final esta es la que he decidido seleccionar para compartirla con todos vosotros.

Blue hour

Como veis, por una parte tenemos un cielo en el que todavía se aprecia algo de luminosidad (eso es, en esencia, la blue hour) pero también el suelo está lo suficientemente oscuro como para apreciar cada punto de luz de Benicassim y Castellón. Si hacemos la fotografía un rato antes el cielo estará demasiado claro (es un poco lo que ocurre en la primera fotografía) y si dejamos que se haga completamente de noche el cielo quedará demasiado soso y no se apreciarán las nubes.

En general, lo más complicado a la hora de hacer una buena fotografía es imaginarla; una vez que tienes claro lo que quieres hacer sólo falta encontrar el momento y el lugar adecuados para pulsar el disparador.