Review: RovyVon Aurora A1

Tenía muchas ganas de hacerme con una linterna de RovyVon. No porque me vaya a ofrecer algo que no conozca ya; sino por probar otro modelo que siguiera la filosofía de mi admirada Nitecore TIKI. Dentro de la gama del fabricante chino he elegido la Aurora A1 porque es su modelo más sencillo, actualmente está de liquidación a 20 euros y creo que puede ir bien en el llavero del coche.

Lo bueno de la A1 es su combinación de resistencia, rapidez de recarga y potencia lumínica. Lo malo, tal vez, es que los acabados no están tan refinados como en otros modelos de la competencia como iremos viendo a lo largo de esta review.

El cuerpo

El cuerpo de la A1 está fabricado con un material poco habitual. La mayoría de las linternas son metálicas ya sea en aluminio, acero inoxidable o titanio. Luego hay modelos como la Nitecore TIKI cuyo cuerpo está hecho de policarbonato y el caso que hoy nos ocupa en el que la marca ha optado por la poliamida; dando lugar a un modelo ligero y en teoría muy resistente a golpes y arañazos, algo que el tiempo se encargará de confirmar o desmentir.

La cabeza está hecha de acero inoxidable para poder refrigerar la electrónica cuando hacemos uso del modo Alto, ya que éste hace a la electrónica generar altas temperaturas y de ser de material plástico el calor se acumularía en el interior, sentando fatal a los componentes y especialmente a la batería integrada. Me hubiera gustado ver una versión de la A1 íntegramente fabricada en poliamida porque sería el récord de la ligereza, pero para ello tendríamos que prescindir de los modos más potentes por lo que os decía hace un momento y seguro que la marca no está dispuesta a ello.

Por cierto, a modo de curiosidad, comentar que la poliamida de todo el cuerpo tiene un tacto rugoso a excepción de la cara superior donde pone “Aurora A1” que está completamente pulida. Menos mal que en RovyVon no les ha dado por pulir todo el cuerpo, porque me parece mucho más agradable (y resistente a los arañazos) el tacto de las zonas ásperas.

Las dimensiones de la linterna son de tan sólo 54 mm de largo por 14 mm de diámetro. El peso es de unos exiguos 12 gramos, que si no llega a ser por la cabeza de acero se quedaría en cifras de récord. Por descontado, el cuerpo no tiene partes desmontables a excepción de la tapa de goma que cubre el puerto microUSB de carga y de la cual RovyVon incluye una segunda unidad a modo de recambio. Todo un detalle.

Hablando de incluir cosas, además de la tapa de repuesto que os comentaba, en la caja viene una correa de muñeca, una cadena por si la queremos llevar al cuello, un cable de carga microUSB de unos 15 cm de longitud, un clip metálico, las instrucciones y una minúscula tarjeta de garantía. Echo en falta la inclusión de una anilla de llavero, pero no es problema porque en casa tengo decenas de ellas y, de hecho, en alguna foto veréis que le he añadido una.

Los acabados no son tan perfectos como en otras linternas. Es la primera RovyVon que tengo y por tanto no puedo saber si es una constante en toda la gama, sólo en este modelo por ser el más básico de todos o bien algo de esta unidad en concreto por pura mala suerte que haya podido tener. Sea como sea, lo que veo es que en la unión de las dos piezas de poliamida que conforman en cuerpo así como con la cabeza se aprecian ligeras rebabas que con el roce del día a día se suavizarán pero que nada más sacar la linterna de la caja enseguida saltan a la vista.

El único botón de la linterna es de goma traslúcida porque bajo su superficie se encuentran dos pequeños LEDs que se encargan de mostrar el estado de carga cuando tenemos la linterna conectada por microUSB: se ilumina en color rojo cuando está cargando y pasa a azul cuando el proceso ha finalizado. Con el cable conectado podremos utilizar la linterna, por lo que si empleáis uno de esos semirígidos junto a un powerbank podréis montaros una especie de lámpara portátil.

Por cierto, dicho botón tiene un tacto estupendo que hace que activemos y cambiemos entre los modos de funcionamiento con total precisión y sin fallar ni una sola vez, siendo esta una de las cosas que más me gustan de este modelo.

La batería interna y no reemplazable por el usuario de ninguna manera (al menos sin hacer un destrozo) es de polímeros de litio y cuenta con una capacidad de 130 mAh. Su tiempo de carga es de unos 45 minutos y lo que menos me gusta es que si agitamos la linterna en la mano notaremos cómo algo se mueve ligeramente en el interior siendo, con casi total seguridad, la batería. No es una cosa grave (como todos los defectos que presenta este modelo) pero ese leve movimiento puede hacer que al final se aflojen conexiones, se suelten cables… y un buen día la linterna dejará de funcionar sin explicación aparente.

En cuanto a resistencia a los elementos, RovyVon asegura que la linterna resiste caídas desde una altura máxima de 1,5 metros y que posee certificación IP65 lo que la haría resistente al polvo en cualquier caso y a chorros de agua potentes. Ahora bien, como siempre digo en este tipo de linternas, ojo con dejaros abierta la tapa del puerto del carga porque con una gota de agua que entre ahí ya la hemos liado.

La luz

El LED encargado de proporcionar la luz que arroja la Aurora A1 es un Cree XP-G3 S5 con una temperatura de color de 6500 ºK capaz de generar unos alucinantes 550 lumens. Hay una versión con LED Nichia 219C de mayor fidelidad cromática (neutral white lo llaman, con una temperatura de 4500 ºK) cuya potencia lumínica máxima es de “sólo” 350 lumens, pero el modelo que hoy nos ocupa es el más potente de los dos y realmente es flipante ver cómo una linterna de este tamaño puede generar tanta luz.

Sobre el LED tenemos una lente TIR muy habitual en este tipo de linternas pero me llama la atención que en su interior han quedado unas minúsculas burbujas en el material que conforma dicha lente producto de algún tipo de defecto de agitación durante el proceso de fabricación. Como ya os he comentado antes, son pequeños fallos que diferencian esta linterna de otras de la competencia aunque he de reconocer que no afectan a la calidad de la luz. Podéis apreciar estas pequeñas burbujas en la siguiente fotografía.

Sea como sea, es la primera vez que me encuentro con un defecto de este tipo en una lente TIR; y eso que tengo varias que las llevan costando la mitad que este modelo (la Olight i3E EOS o la Trustfire Mini2 por ejemplo).

Los modos de funcionamiento son cuatro más uno oculto (e inexplicablemente no documentado). Vamos a explicarlos uno por uno:

Si tenemos la linterna apagada y hacemos una doble pulsación esta se enciende en el modo Bajo, que dispone de 22 lumens y una autonomía de 150 minutos. Una breve pulsación nos llevará al Medio con sus 230 lumens y 55 minutos de autonomía. Si volvemos a pulsar iremos al modo Alto con sus sensacionales 550 lumens pero sólo durante un total de 38 minutos; y digo total porque no podemos estar indefinidamente en el modo alto, ya que a los dos minutos la linterna pasará automáticamente a emitir 65 lumens para evitar calentamientos internos.

Desde el modo Alto con una pulsación breve activaremos el modo Estroboscópico que, como de costumbre, no tengo pensado usar ni soy capaz de probar durante más de unos segundos sin que todo empiece a darme vueltas. Si pulsamos brevemente de nuevo volveremos al modo Bajo para, a base de pulsaciones cortas, seguir con la secuencia Medio-Alto-Estroboscópico-Bajo-Medio-Alto-Estroboscópico… Y así hasta que con una pulsación larga apaguemos la linterna o dejemos durante más de un minuto un modo fijo, en cuyo caso con la pulsación corta lo que haremos es apagar la linterna.

Existe también un modo Ultrabajo (no documentado) que se activa haciendo una triple pulsación con la linterna apagada y que se apagará con la siguiente pulsación sea del tipo que sea devolviendo la linterna al modo de reposo. Poniéndolo al lado de otros modelos de linternas calculo que debe rondar entre 2 y 3 lumens, por lo que aunque ilumina muy poco no se puede considerar un modo moonlight como tal porque para ello no deberíamos superar el lumen.

En cuanto al PWM el modo Alto, como es lógico, no muestra parpadeo alguno. Mientras que los modos Medio y Bajo presentan una frecuencia de PWM de unos 2500 Hz que consigue que apenas lo notemos en condiciones normales. Lo malo viene al activar el modo Ultrabajo, ya que su PWM es marcadísimo y haciendo comprobaciones veo que lo hace a una frecuencia de tan sólo 100 Hz, siendo claramente perceptible por el ojo al más mínimo movimiento de la linterna.

El haz de luz tiene una zona central más intensa que además presenta unos rebordes algo amarillentos. Fuera de esta zona del haz todavía tenemos luz, pero ya con una menor intensidad y fundiéndose a negro poco a poco, dando lugar a un haz general con dos zonas bastante diferenciadas; no como otros modelos similares que ofrecen una distribución más gradual.

Las sensaciones

Lo primero que sientes al sacar la A1 de su caja es el tacto rugoso de la poliamida y lo robusto que es su cuerpo. Tiene un aire un poco militar (a lo que contribuye que la versión que me he comprado es la de color gris) que a mí particularmente me gusta mucho y que me hace despreocuparme por su integridad física si la llevo en mi llavero junto al resto de elementos presentes en un bolsillo cualquiera.

Nadie puede negar que los parecidos entre los modelos de RovyVon (especialmente los Aurora A5 y A8) y la Nitecore TIKI son más que evidentes. No creo que esto sea una casualidad, y suena a un caso claro de espionaje industrial, porque no es normal que en un lapso de tiempo más o menos breve aparezcan en el mercado dos modelos que son prácticamente idénticos entre si. Fijaos en la foto que os dejo a continuación y no me digáis que no son casi gemelas. Bueno, y si veis los dos modelos que os decía hace un momento alucinaríais. Sólo os digo que esos tienen el cuerpo transparente y cuentan con LEDs auxiliares sobre el botón de control, así que os podéis imaginar el parecido.

El único botón es prácticamente igual y está situado en el mismo sitio, las cabezas de acero inoxidable son casi calcadas, la zona trasera para enganchar una anilla es muy parecida… Lo único radicalmente diferente es que la A1 permite colocarle un clip y en la TIKI no hay forma de hacerlo, pero por lo demás las similitudes son múltiples y evidentes.

¿Casualidad? No lo creo: Nitecore no hace declaraciones al respecto y RovyVon sólo dice que sus modelos no se basan en ningún tipo de colaboración con Nitecore; así que tiene pinta de que la cosa podría acabar en los tribunales porque a mis ojos es un plagio total y absoluto. De cualquier modo, investigando un poco resulta que el modelo de Nitecore apareció en el mercado nada menos que año y medio antes de que Nitecore presentara en sociedad a la TIKI. Ahí queda eso.

Dejo al margen ya la famosa polémica con la TIKI porque al final estos artículos van de analizar linternas y sólo quiero añadir que aunque me enteré del parecido razonable entre las dos marcas después de tener en mis manos el modelo de Nitecore, esto no le quita ni un ápice de la adoración que siento por este modelo que desde entonces ha venido conmigo a todas partes y que uso multitud de veces al día hasta el punto de que por las noches lo tengo a mano en la mesilla de noche y lo he empleado incluso como luz ambiental en esas circunstancias.

En otro orden de cosas, el clip que se incluye con la Aurora A1 es fuerte y nos permite llevar la linterna en el borde del bolsillo, en el cinturón o incluso colgada de la visera de una gorra si necesitamos alumbrar algo con las manos libres. De cualquier modo yo he optado por no usarlo porque, además de que creo que el lugar de una linterna de este tamaño está en un llavero, los clips que no van atornillados me dan siempre la sensación de que ante una tracción accidental se van a separar y acabaremos perdiendo la linterna.

Del resto de accesorios, la correa y el collar se han quedado en la caja desde el minuto uno porque entiendo que en una linterna tan pequeña no hace falta llevarla amarrada a la muñeca y porque usarla de colgante me parece un poco de flipados. Sí que me hubiera gustado que hubieran incluido una pequeña anilla para colgarla del llavero (como ya dije hace unos párrafos) porque creo que es el uso más lógico de una linterna de este formato.

Sea como sea, pese a sus pequeños fallos en los acabados estoy muy contento con la Aurora A1 porque me parece un modelo muy robusto y que por su sencillez creo que no me fallará en mucho tiempo. Falta ver qué pasa con esa holgura que detecto en su batería, pero al menos por sensaciones en la mano creo que estamos ante una linterna muy resistente. El tiempo me dirá si soy un buen pitoniso o no.

Más información

Review: Olight i3UV EOS

A estas alturas ya sabréis que soy un fan declarado de la familia i3E de Olight. Tengo la versión normal en negro y en azul, también la versión fabricada en cobre y ahora vamos a conocer a un miembro más sólo que éste, a diferencia del resto, nos va a ayudar a ver ciertas cosas que de otro modo no podríamos apreciar por muchos lumens que les echáramos encima: la Olight i3UV EOS.

Como ya habréis intuido por el nombre de la linterna, se trata de una versión de la conocida i3E de Olight pero cuyo LED emite en longitud de onda 395 nm, que corresponde al extremo más alto del ultravioleta y por tanto va a hacer que bajo su haz brillen algunos materiales como la celulosa, los aceites o los compuestos con fósforo.

El cuerpo

A efectos constructivos la de hoy es una i3E de aluminio con todo lo que ello implica en cuanto a materiales, peso, dimensiones, forma, modo de uso… En este caso el anodizado del cuerpo es de un bonito tono verde aceituna que no había visto todavía en ningún modelo de la gama y que le da un toque muy original y elegante.

Como todas ellas dispone de una prolongación taladrada en la parte trasera del cuerpo en la que de serie viene una anilla metálica (de color oscuro en este caso) que podemos retirar y que nos va a permitir enganchar la linterna a un llavero. Cierto es que no es tan pequeña como una Trustfire Mini2, pero sus dimensiones son muy contenidas y para nada nos va a resultar molesta en el bolsillo.

Los acabados, como en todas las Olight en general, son perfectos la mires por donde la mires pero además aprovecharé para comentar que me llaman mucho la atención dos detalles particulares de este modelo:

Uno es que aunque por diseño y funcionamiento la linterna es una i3E, el nombre oficial es i3UV en lugar de i3E-UV; ya que por ejemplo la versión en cobre se denomina i3E-Cu y si hubieran seguido el mismo criterio debería de haberse llamado i3Cu. No sé a qué obedece este cambio de nomenclatura pero me imagino que no estará hecho al azar.

El otro detalle es que las letras EOS aparecen serigrafiadas a mano en el cuerpo de la linterna con la E y la S unidas por la base y flotando entre ellas la O. Esto no es una novedad absoluta porque si os fijáis en la i1R 2 ya aparecen también de ese modo, pero es algo novedoso en la marca porque hasta ahora todas las linternas con apellido EOS llevaban el apellido serigrafiado en letra de imprenta. No sé a vosotros, pero a mí me gustaba más el estilo anterior, mucho más sobrio.

Por cierto, la linterna trae una pila alcalina de regalo, pero para no ocupar espacio innecesario dentro de la caja (esta versión no viene en el habitual blister de plástico como el resto) va metida dentro de la propia linterna con un separador plástico en la conexión eléctrica del driver con el polo positivo que debemos retirar antes de empezar a utilizarla.

Como de costumbre, os dejo con una foto de la linterna junto a una moneda de dos euros para que os podáis hacer una idea más certera de sus dimensiones.

La luz

Como os decía al principio de este análisis, la i3UV emite en el espectro del infrarrojo, de modo que no vamos a poder medir la luz que arroja en lumens porque esto, sencillamente, no se puede aplicar a una luz que no vemos. En su lugar lo haremos en milivatios, y en este caso Olight asegura que este modelo emite una potencia de 450 mW durante 45 minutos en un único modo de funcionamiento que se activa al apretar la cabeza de la linterna.

Por cierto, el conjunto del LED y la lente TIR sí que difieren del resto de modelos de la gama i3E como podéis apreciar en la fotografía que tenéis bajo estas líneas. El LED tiene otro tipo de conexionado interno y la lente posee una transparencia tan alta que más bien parece un reflector liso (tuve que comprobarlo un par de veces porque de primeras no me parecía una TIR).

La luz ultravioleta en principio no es perceptible por el ojo humano, pero dado que este modelo emite a 395 nm y el espectro visible empieza precisamente en el color violeta sobre los 400 nm sí que vamos a apreciar un resplandor de ese tono cuando la encendamos.

Sin embargo, la magia ocurre cuando apuntamos a un trozo de tela, un papel, una aceitera… En ese momento ciertos compuestos se excitarán bajo la luz ultravioleta y emitirán luz visible que sí podemos ver con nuestros ojos o fotografiar, revelando cosas que normalmente no apreciamos.

Si recordáis, la Nitecore Tiki lleva incorporado un LED auxiliar que emite luz ultravioleta (en este caso a 365 nm y a 500 mW de potencia) pero he de decir que no es capaz de revelar los detalles como hace la linterna que estamos analizando hoy; posiblemente porque ha de atravesar su cuerpo de policarbonato y eso la atenúa bastante.

Las sensaciones

La linterna como tal es igual que cualquier otra i3E, de modo que si queréis conocer mis impresiones sobre tacto, diseño, peso… os recomiendo que os leáis la review que hice de la primera que tuve. Como ya os comenté hace unos párrafos lo único diferente de esta a nivel exterior es el color verde del cuerpo y que el LED y el reflector tienen un aspecto diferente.

Como apasionado que soy de este tipo de cosas en principio invisibles a la vista (otro caso similar es el de la termografía hasta el punto de que tengo mi propia cámara térmica) he de decir que es una pasada andar trasteando con una linterna ultravioleta porque cosas de lo más normales adquieren un aspecto totalmente diferente bajo ese tipo de luz.

Eso sí, no se os ocurra enfocar a los ojos con una linterna de este tipo (y en general con cualquier linterna LED) porque la luz ultravioleta puede ser dañina para vuestra vista. No pasa nada por alumbrar con ella elementos no reflectantes porque estos absorben la luz UV y, si se da el caso, devuelven luz en el espectro visible, que es inofensiva; pero si os apuntáis a los ojos podéis dañar vuestra retina hasta el extremo de causar daños irreversibles. Para esto último tendríais que estar un buen rato friéndoos los ojos con la i3UV, pero como de todo hay en la viña del señor, que no sea porque no lo he advertido.

Para que observéis por vosotros mismos lo que puede revelar la luz ultravioleta y os hagáis una idea de lo que podemos esperar de la i3UV os dejo a continuación algunas fotografías que hice con mi móvil con la casa en penumbra; pero ya os adelanto que de las seis linternas ultravioleta que tengo esta es la que más hace brillar esos elementos que os digo. Es una pasada que una linterna tan pequeña sea capaz de sacar a la luz tantos detalles.

El fósforo del LED de esta bombilla brilla bajo la luz ultravioleta

El papel (la celulosa en general) es otro de los elementos que brillan bajo luz UV

Sorprendentemente las cerdas de los cepillos de dientes también resplandecen bajo la acción de la i3UV

El LED auxiliar de la Tiki también brilla, pero fijaos en que el ultravioleta no

El LED principal de la Tiki parece iluminarse cuando lo alumbramos con la i3UV por el fósforo que contiene

Los restos de aceite llaman mucho la atención bajo luz ultravioleta

La pantalla de la Mi Band 4. La luz UV descubre la disposición vertical de su zona táctil

Los billetes llevan elementos de seguridad que brillan bajo luz ultravioleta

Como habéis podido ver en los ejemplos anteriores que tomé por casa en apenas cinco minutos, estamos rodeados de cosas que no vemos a simple vista pero que con elementos como la luz ultravioleta se pueden revelar ante nuestros ojos de una manera sorprendente.

Por cierto, ya aprovecho para comentar que la linterna se calienta bastante cuando la utilizamos, hasta el punto de que la cabeza  y la mitad superior del cuerpo pueden llegar a ser algo molestos de tocar si estamos más de cinco minutos con ella encendida. Por tanto tenemos un dos en uno ideal para el invierno: linterna UV y calentador de manos.

Ah, del precio no os he comentado nada, y es que este modelo se puede conseguir por aproximadamente 15 euros; lo que representa unos 5 euros más que el modelo normal pero 10 menos que el fabricado en cobre. Así os podéis hacer una idea de en qué punto de la gama se encuentra.

Conclusión

Hay dos cosas que me gustan mucho de esta linterna: que es una i3E y que emite luz ultravioleta. Fríamente, a efectos prácticos no le vais a sacar mucho partido más allá de la simple curiosidad salvo que os apasionen estos tema y queráis empezar a probar cosas con este tipo de iluminación, pero si no es así al final se convertirá en una linterna elegante que enseñar a los amigos a modo de frikada.

Para mí, su tamaño y su diseño son irresistibles, pero ya se sabe que sobre gustos no hay nada escrito.

Más información

Página oficial de la Olight i3UV EOS

Review en DocP91B (Youtube)

Review: Trustfire Mini-07

Por su nombre podríamos pensar que la Trustfire Mini-07 es la sucesora natural de la Mini-06; pero enseguida veremos que no es así y que en realidad podríamos considerarla hermana de la Mini2 por jugar en la misma liga. Aun así, hay elementos diferenciadores entre ellas que iremos viendo a lo largo de esta review.

La Mini-07 pertenece a esas linternas tipo llavero como la antes mencionada Mini2 de la propia marca, la Olight i1R 2 EOS o la Wuben G338 sólo que esta ha sido fabricada en acero inoxidable 304 y torneada mediante CNC como se puede apreciar en algunos detalles de las fotos que ilustran este artículo.

El cuerpo

Hoy estamos ante una de esas prácticas linternas para llevar junto a las llaves y de ahí que sus dimensiones sean de tan sólo 41 mm de largo por 14 de diámetro y tenga un peso de 23 gramos. Si os fijáis es sólo 2 mm más larga que la Mini2 y, eso sí, algo más pesada por estar hecha de acero en lugar de aluminio pero el diseño a nivel global sigue las mismas directrices en ambos modelos.

Si la Mini2 ya era sólida, la Mini-07 parece una roca. No hay forma de notar holgura alguna por mucho que apretemos las roscas y no digamos ya hacerla crujir entre los dedos, ya que además de un perfecto ajuste se ha empleado un buen grosor de metal a la hora de crear las diferentes partes que conforman la linterna y que en este caso también pueden ser separadas al igual que hacíamos con la Mini2.

Como veis, la batería es una 10180 exactamente igual que la que trae la Mini2 y en la foto de ahí arriba podéis apreciar lo que os decía sobre la fortaleza de las roscas de ambas tapas, ya que además de ser de mayor longitud los hilos son de un grosor más generoso. En este caso la tapa trasera no entrará trasroscada a no ser que lo hagamos a lo bruto y con plena conciencia de que no lo estamos haciendo bien, ya que en condiciones normales entra directa y suavemente hasta que hace tope.

La parte de la cabeza tiene una serie de surcos profundos que nos facilitan el agarre y el accionamiento de la misma para cambiar los modos de la linterna. El cuerpo también tiene algo de relieve sólo que en forma de rebajes cuadrados y en la tapa trasera se repite la fórmula de los surcos aunque ahora algo más separados. En general se agarra muy bien además de que al ser de acero inoxidable tiene ya de por si una cierta rugosidad porque no se le ha dado un pulido final apreciándose sobre toda su superficie las marcas del tallado por CNC.

Un elemento que me gusta especialmente es el enganche trasero para acoplar una anilla de llavero. La linterna viene con una de ellas y un mosquetón, pero me parecía muy endeble y quité ambos para colocar alguno que me guste más en caso de que me haga falta.

En cuanto a resistencia, Trustfire asegura que esta linterna tiene especificación IPx4 (soportaría poco más que exposición a una lluvia fuerte) y que aguantaría sin romperse caídas de hasta 1,5 metros de altura.

La luz

Otro aspecto que diferencia a este modelo de la Mini2 es que disponemos de tres modos de luz en lugar de dos y además vamos a cambiar entre ellos mediante el clásico método de soltar y apretar la cabeza girándola con rapidez. Eso sí, no disponemos de un modo Bajo con pocos lumens porque en el modo Alto disponemos de 100 lumens durante unos 20 minutos y en el bajo la intensidad es aproximadamente la mitad (con un marcado PWM de unos 200 Hz) pero la duración sube a unos 40 minutos. El tercer modo es estroboscópico no apto para epilépticos cuya duración no he cronometrado porque corría el riesgo de quedarme en el sitio con tanto destello.

El LED encargado de todo lo anterior es un Cree XP-G2 como muchos modelos de estos tamaños acompañado de una típica lente TIR muy similar a la que incorpora la Wuben. Por otra parte, la carga es la habitual mediante un puerto microUSB integrado en la rosca de la cabeza y junto a un minúsculo LED que cambiará de rojo a verde cuando la batería haya alcanzado el 100% de capacidad, cosa que le lleva poco más de una hora en el peor de los casos.

El haz de luz es suave y bastante difuminado gracias a la acción de la lente TIR, sin zonas amarillas ni extraños rebordes cuadrados que ya me he encontrado en otras linternas de este tipo. La luz es de un tono muy blanco como suele ser habitual en el modelo de LED que equipa esta linterna. Nada que objetar en este sentido.

Las sensaciones

Lo primero que llama la atención de esta linterna nada más sacarla del blister es su peso. Acostumbrado a este formato de linterna fabricadas en aluminio como es el caso de las dos últimas que he probado, se notan esos gramos más de la Trustfire. Lo bueno es que a esa sensación de peso también le acompaña una de robustez a toda prueba.

Los relieves del cuerpo hacen que el agarre sea muy bueno, lo cual es es deseable en estas linternas tan pequeñas que a la mínima ya están camino al suelo y también nos permiten roscar las tapas sin ningún problema pese a que tienen un tacto más duro que las de la Mini2; así que en lo físico nada que objetar.

Lo que no me gusta tanto es la elección de modos de funcionamiento, ya que al encender la linterna se va directamente al modo Alto con sus 100 lumens para luego pasar al Bajo (que muy bajo no es que sea, la verdad) con un rápido apagado y encendido. Una repetición de esta operación nos llevará al Estroboscópico y otra más nos devolverá al Alto y así indefinidamente.

No es por tanto una linterna para usar en casa, cerca de la cama por si nos levantamos a las tres de la madrugada y no queremos molestar, porque todos y cada uno de sus modos son como una feria a la que sólo le faltan Los Chunguitos cantando a toda tralla.

Es por tanto un modelo que nos vendrá bien para llevar en el bolsillo y usar para ciertas tareas que requieran una iluminación potente, aunque hemos de tener presente su escasa autonomía. Obviamente, en cuanto a una batería de 70 mAh le pides potencia su duración va a caer en picado; y si bien en otros modelos con los modos sobre los 5 lumens podemos tirar durante varias horas, si aquí lo mínimo que podemos sacar son 50 lumens os podéis imaginar.

Yo la veo como una buena compañera para un pequeño kit de herramientas. Es útil si tenemos que trastear en un cuadro eléctrico cuando no hay luz, atisbar algo al fondo de un hueco mal iluminado, ver el estado de unos cables en una arqueta de registro… Más que nada por la combinación de robustez y contar con al menos 50 lumens y puntas de 100.

A la Trustfire Mini-07 mí me gusta mucho por diseño, pero no por prestaciones. Así que tengo la impresión de que será una de esas linternas que no creo que vaya a emplear demasiado pero que me apetecía tener por comprobar sus acabados y ponerla en perspectiva con las otras de este tipo que ya poseo.

Además, su precio de unos 12 euros ayuda a que no haya que pensarse mucho el comprarla, porque en mi caso sólo por el entretenimiento que me supone hacerle las fotos y escribir la review correspondiente ya me parece que la inversión ha merecido la pena.

Conclusión

Una linterna a buen precio para los fans del acero inoxidable que busquen un diseño sólido y no les importe la ausencia de un modo moonlight ni unas autonomía reducidas.

Review: Nitecore TINI Cu

Recuerdo que os conté en la review de la Olight i3E-Cu EOS que había elegido ese modelo para iniciarme en el mundo de las linternas de cobre porque la otra opción que había barajado no me gustaba mucho. Pues bien, como nunca se puede decir de este agua no beberé un buen día surgió la oportunidad de conseguir una Nitecore TINI Cu y no me pude resistir, así que hoy le vamos a echar un vistazo a esta peculiar linterna de una marca que, como ya os he dicho alguna vez, suele arriesgar en sus diseños.

El cuerpo

La Nitecore TINI es una linterna con un formato diferente a las que os suelo traer por estas tierras pero que considero interesante mostrar por su concepto similar al de otros modelos como la potente TIP2. Cierto es que para estas cosas soy muy clásico, pero como de un tiempo a esta parte le estoy cogiendo el gustillo a las linternas con batería integrada estas ya no tienen por qué tener la forma cilíndrica que la clásica pila AA o AAA les obligaba a adoptar.

En este caso estamos ante un cuerpo cuyo chasis interno sirve de soporte a la placa de circuito y a la batería y sobre él van fijadas utilizando para ello unos tornillos Torx dos placas de cobre que son las que dan su personalísimo aspecto a esta edición que hoy estamos analizando.

No es una construcción tan sumamente sólida como la de la Olight a la que antes me refería porque en ese caso no toda la linterna es directamente de cobre ni es como la de la TIP2 torneada por CNC partiendo de un bloque macizo de aluminio; pero en la mano la linterna no cruje ni se mueve ningún elemento, que es lo importante.

La forma de la TINI no podemos definirla con precisión: en general tiene fisionomía rectangular como otras de la serie T de Nitecore, pero podemos ver que los bordes hacen chaflán, que en su parte frontal emerge una circunferencia para albergar el LED con su lente TIR y en uno de los laterales el puerto microUSB para recargar la batería interna. En el caso de la versión que hoy nos ocupa al estar hecha en cobre tiene un aspecto ligeramente steampunk pero en todo caso es bastante retro.

En lo que a los botones se refiere, la seríagrafía que tienen grabados en su superficie es transparente, haciendo que se vea a través de ellos el azul de la luz de carga o un cierto tono anaranjado cuando estamos usando la TINI en sus modos más potentes. Viendo sus grabados queda claro cual es el de encendido/apagado y cual el del cambio de modo, ¿no?

En la parte trasera tenemos un enganche para una anilla de llavero (la caja incluye un conjunto de anilla y mosquetón) que está anclado a la estructura interna de la linterna y por tanto tiene bastante resistencia; pero la contrapartida es que no podremos retirarlo, de manera que aunque no necesitemos hacer uno de él lo tendremos ahí nos guste o no. El enganche es realmente pequeño, pero por el lugar donde está no podremos poner la linterna en vertical para que la luz rebote en el techo iluminando así una estancia (el famoso tailstanding).

El bisel cromado (que en realidad es de plástico) que va recorriendo todo el contorno de la linterna no me gusta demasiado por dos motivos: no me apasionan los cromados en general y creo que será un auténtico imán para pequeños arañazos y desconchones. Estos son los detalles estéticos que hicieron que en su momento mi primera elección para una linterna de cobre fuera la i3E en lugar de la TINI.

Al igual que me pasa con la Nitecore TIKI, nunca se me ocurriría sumergir la linterna en agua viendo la tapa que protege el puerto microUSB. Es verdad que es complicado hacer totalmente estanco un aparato que necesita un puerto de carga cuya protección dificilmente va a poder ir más allá de una simple tapa de goma; pero es que éste es, desde mi punto de vista, uno de los mayores defectos de las linternas equipadas con una batería interna recargable. Si entra agua por el puerto y encendemos la linterna ya nos podemos despedir de ella, pues haremos cortocircuito en la placa interna fijo.

Por cierto, ya que lo preguntáis, el otro gran defecto de estos modelos que no necesitan pilas es que cuando la batería interna se deteriora hasta el punto de que ya ni es capaz de encender la linterna en el modo más bajo podéis empezar a buscar un nuevo modelo para reemplazarla, pues a partir de ese día sólo os servirá para dar color a la estantería donde la pongáis.

Pese a lo que os decía sobre la humedad y el puerto de carga, la TINI está certificada como IP54, lo que implica que puede entrar algo de polvo al interior pero sin que llegue a suponer una amenaza para su funcionamiento y que no debe mojarse más allá de un chorro de agua lanzado sin mucha fuerza (yo os recomiendo que no la mojéis más allá de una lluvia intensa, ya que la famosa tapa puede no estar perfectamente cerrada). También resiste caídas desde un altura máxima de 1,5 metros, pero siendo una linterna de cobre yo no haría muchas pruebas en ese sentido para no marcar el exterior, que estamos ante un metal blando, no lo olvidéis.

Por cierto, me resulta interesante el rebaje que hay en la zona de los dos botones de control, destinada a minimizar la pulsación accidental de los mismos en el caso de que la linterna vaya en uno de nuestros bolsillos pero también a que no se raye su superficie si dejamos la linterna con esa cara hacia abajo. Como curiosidad, en la bolsa hermética en la que viene la TINI Cu (al igual que todas las linternas de cobre para prevenir su envejecimiento prematuro) va colocada una tapa negra plástica sobre estos botones para que la presión del plástico al hacer el vacío no pulse los botones y se descargue la batería.

Os voy a contar una curiosidad, y es que con la TINI puesta en la posición de la foto que tenéis sobre este párrafo a mí particularmente me recuerda a un proyector de cine antiguo. Seguramente no me ocurriría con una de las versiones normales fabricadas en aluminio o en acero inoxidable, pero dado que esta versión fabricada en cobre tiene un aire bastante “retro” cada vez que la veo en esa posición me traslado años atrás en el tiempo y pienso en uno de esos aparatos de proyección gracias a los que hemos visto tantas y tantas películas en los cines.

Por la parte trasera tenemos grabado el nombre del modelo así como algunos símbolos relacionados con certificaciones de conformidad europea y gestión de residuos. Más allá de esto, lo que me gustaría comentar es que esta cara la linterna presenta algunos arañazos e imperfecciones como se puede ver en la foto anterior. No sé si es cosa de mi unidad o es por el proceso de grabado, pero es una pena porque por ejemplo la Olight i3E-Cu EOS venía absolutamente impoluta pese a estar también grabada en una zona y estar fabricada con el mismo material. Por supuesto, la linterna venía en su bolsa hermética sellada en fábrica, por lo que está claro que ya salió de allí en ese estado.

No hemos hablado todavía de dimensiones, y es que la TINI tiene un tamaño de 43 x 25 mm y un peso de 21 gramos. Más allá de los fríos números he de admitir que es más pequeña de lo había imaginado antes de tenerla en mi mano, y buena muestra de ello es la fotografía que os dejo a continuación en la que podéis compararla con la típica moneda de dos euros que todos conocéis.

La luz

Me resulta muy llamativo el frontal de la TINI por ser muy similar al de la Lumintop EDC01, realizado a base de minúsculos hexágonos como si de un panal de abejas se tratara. En su momento, cuando aún no tenía la linterna en mis manos y sólo la conocía por fotos, pensaba que consistía en un simple acabado mate, pero visto de cerca hay que reconocer que tiene un acabado muy trabajado.

La luz emitida tiene una intensidad máxima de 380 lumens, pero como en el caso de otras linternas de la marca esto sólo se da en el modo Turbo, el cual únicamente estará activado mientras mantengamos pulsado el botón de cambio de modo. Si queremos dejar un modo fijo, debemos encender la linterna con el botón de encendido y cambiar entre Bajo – Medio – Alto mediante pulsaciones breves del botón de cambio (el de las tres rayas).

El detalle de los modos disponibles y su autonomía según los datos oficiales de Nitecore es el siguiente:

  • Bajo: 1 lumen. 4 metros. 60 horas
  • Medio: 38 lumens. 19 metros. 4 horas
  • Alto: 145 lumens. 40 metros. 1 hora
  • Turbo: 380 lumens. 64 metros. 15 minutos

De todos modos, el funcionamiento de la interfaz con el usuario es exactamente igual que en la Nitecore TIP2 (incluso la forma de comprobar la carga de la batería o los modos Demo y Daily) de modo que os remito a la review de dicha linterna si queréis conocerlo a fondo para no tener que repetir palabra por palabra los mismos párrafos.

Las sensaciones

La TINI es una linterna peculiar, pero me reafirmo en que sus versiones normales no me gustan demasiado; sin embargo también tengo que reconocer que el cobre le va muy bien a su combinación de formas planas y curvas y el resultado final me resulta agradable. Es bonito comprobar cómo según el ángulo de incidencia de la luz sobre ella el tono del metal cambia desde un brillante claro a un naranja oscuro mate.

Sea como sea, no me convence del todo el tacto de sus botones porque si en la TIP2 estos eran sólidos y definidos, en este caso tienen un tacto más blando y no se nota tan claramente la activación de cada uno de ellos.

Del mismo modo, aunque ya lo he sacado a la luz en un apartado anterior, vuelvo a quejarme de lo poco que me gusta el marco cromado de la linterna. De siempre los cromados me han parecido un poco horteras y en este caso vuelvo a reafirmarme. Un acabado mate o directamente hecho en acero inoxidable (como la cabeza de la TIKI) quedaría mucho mejor que ese plástico con recubrimiento brillante que acabará arañado por todos lados.

El detalle de los tornillos también me parece que no está a la altura de este modelo, pues el ajuste de la carcasa de cobre bajo los mismos así como el hueco y/o los pequeños arañazos que quedan entre la cabeza y el rojizo metal dan sensación de un acabado imperfecto que otros modelos de esta misma serie T no denotan.

Voy a parar ya con las contras porque os estaréis llevando la impresión de que soy un cascarrabias. Si me he comprado la TINI en cobre es porque me parece un material extremadamente bonito para fabricar linternas y de ahí que aunque el modelo como tal ya sabía que no me iba a atraer demasiado, no me podía resistir a tenerlo en este metal que desde que toca el aire está en permanente cambio.

Por tanto, he de decir que lo que valoro en esta versión de la TINI es que por un lado tiene una capacidad de iluminar mucho y bien. Combina un modo Turbo potente para su tamaño con otros más bajos haciendo un mención especial a su modo de 1 lumen de gran autonomía (ya sabéis lo mucho que me gusta contar con un modo lo más tenue posible). Además, gracias a su lente frontal texturada es capaz de emitir luz de forma suave y uniforme, que siempre es un punto a favor.

Del mismo modo, sus formas irregulares (y hasta cierto punto caóticas) hacen que el cobre adquiera matices bellos bajo la luz del sol, de modo que a veces sostengo la linterna entre los dedos y simplemente la voy girando bajo la luz mientras observo esos matices que os digo.

Si, como suele ser habitual, la versión en cobre fuera bastante más cara que la normal puede que la hubiera dejado pasar; pero como fan de la serie T de Nitecore ya estaba barruntando hacía un tiempo el hacerme con una TINI si la veía a buen precio, pero lo que no me esperaba es que me iba a encontrar con esta versión prácticamente al mismo precio que las normales, de modo que en tal caso la elección estaba bien clara.

Conclusión

Con números en la mano la TINI es un modelo que tiene una relación lumens/tamaño difícilmente superable. Sin embargo, también te tienen que gustar sus peculiares formas para que quieras hacerte con ella por encima de otros modelos. Sin embargo, en esta versión hecha en cobre su extraña morfología juega a favor para crear un conjunto que, sobre todo recién estrenado, es bonito y además tiene pinta de que con el tiempo envejecerá bien (exceptuando ese puñetero marco cromado).

¡Hasta la próxima review!

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Review: Trustfire Mini2

Como ya os anuncié en la entrada sobre la Olight i1R 2 EOS Desert Tan, tenía pensado hablaros de algún otro modelo de parecidas dimensiones. Pues bien, la que vamos a ver hoy es una de las linternas más pequeñas que existen en el mercado y capaz además de dar una intensidad lumínica sorprendente: la Trustfire Mini2.

El cuerpo

El cuerpo de la Mini2, fabricado en aluminio con recubrimiento anodizado de tipo III en color negro, tiene una longitud de 39 mm y un diámetro de 14 mm, contando con un peso de tan sólo 11 gramos incluyendo la batería tipo 10180 de 80 mAh como la que equipan casi todas las linternas de esta categoría. Según Trustfire cuenta con certificación IPx8 (lo que la hace sumergible hasta un metro de profundidad) y soporta caídas de hasta un máximo de 2 metros de altura.

Aunque es cierto que la miniaturización de la electrónica sigue en constante evolución, no veo factible que alguien pueda fabricar una linterna con unas dimensiones muy inferiores a esta que hoy os presento. Lo mismo dentro de un par de años me tengo que comer mis palabras, pero creo que reducir más las cotas haría que manejar la linterna fuera una tarea exclusiva para manos de relojero.

En este caso, a diferencia de la Olight, la batería es reemplazable por el usuario desenroscando la tapa trasera de la linterna, de modo que podemos desguazarla en cuatro partes como podéis apreciar en la siguiente fotografía:

Como veis, con la linterna así desmontada se corre el riesgo de perder cualquiera de sus piezas porque son tremendamente pequeñas (fijaos en la moneda de dos euros a modo de comparación). Podéis cargar la batería en un cargador externo si sois capaces de dar con uno que acepte baterías tan pequeñas; pero lo mejor creo que es cargar la batería en la propia linterna y de ese modo sólo tendréis que desacoplar la cabeza, ya que el conector microUSB está en la rosca plateada de la parte superior del cuerpo.

Durante la carga se encenderá en color rojo un discretísimo LED alojado bajo una lámina blanca que pasará a verde cuando esta haya finalizado. Si habéis dejado la batería seca la carga de la misma durará aproximadamente una hora y durante el proceso la linterna no se calienta lo más mínimo.

Ya conocía este pequeñísimo formato de batería por la Wuben G338 que analicé hace tiempo aquí, pero no dejo de sorprenderme cada vez que la saco de la linterna y la sostengo en mi mano: su tamaño es como el de una judía blanca y parece mentira que algo así pueda almacenar energía como para sacar luz (a pocos lumens, claro está) durante horas.

Si le quitáis la anilla que trae en la parte trasera podréis poner la linterna en vertical haciendo tailstanding de modo que podéis lanzar la luz hacia el techo de la estancia para que así rebote y se difunda mejor. Por cierto, en la caja se incluye una segunda anilla (de un tamaño algo superior a la que viene acoplada), una junta tórica de recambio y un cable de carga microUSB de unos 20 cm de longitud.

La luz

Es sorprendente cómo de algo tan minúsculo como este modelo de linterna puedan salir 5 lumens durante la friolera de 7 horas y media sin rastro de PWM o unos bestiales 220 lumens durante 23 minutos. En serio, si la Wuben ya dejaba bocas abiertas cuando la ponías en el modo Alto con sus 130 lumens, imaginaos esta que es capaz de sacar aproximadamente un 70% más de intensidad lumínica. Es como si de la punta de tus dedos surgiera luz como para alumbrar toda una habitación.

Si os fijáis en la lente TIR que recubre el LED (un CA18-3X de la marca Genesis Photonics) veréis que tiene una pequeñísima área central con una textura rugosa para distribuir de forma más uniforme la luz en esa parte del haz. Cuando encendemos la linterna en el modo Bajo veremos que la luz sale únicamente de un pequeño punto, que no es otra cosa que el emisor LED. Sin embargo, cuando cambiamos al modo Alto veremos cómo la lente TIR hace su función y toda ella resplancede con fuerza (ojo, no miréis muy directamente que duele) distribuyendo la luz de forma más amplia.

Aun así, a diferencia de otros modelos similares en los que todo el haz es uniforme, en la Mini2 se aprecia una zona central de perfil cuadrado y bordes amarillentos en la que la luz es algo más intensa y tiene un mayor alcance pero sin que esto implique que el resto del haz (cuyo perímetro exterior es de forma circular) quede en penumbra como ocurre en linternas más orientadas al alcance puro y duro. Como ya os he contado alguna vez, la ventaja de las lentes TIR es que los diseñadores pueden controlar muy bien cómo quieren que se distribuya la luz que arroja la linterna aunque lo malo es que no tienen la bonita estética de los reflectores.

Como suele ser habitual en este tipo de linternas, desde la posición de apagado la encenderemos en modo Bajo girando la cabeza en sentido horario y si seguimos dando vueltas en el mismo sentido pasaremos al modo Alto. Para volver al modo Bajo y posteriormente apagarla sólo tenemos que girar la cabeza (la de la linterna, no la vuestra) en el sentido contrario. Simple y efectivo.

Por último, no quiero dejar de pasar por alto que la Mini2 se calienta bastante cuando usamos el modo Alto. Es lógico porque estamos sacando 220 lumens de un cuerpo muy pequeño y por tanto el calor que se genera en su interior es importante. No llega a quemar pero sí que alcanza un punto cuando ya lleva unos 10 minutos encendida en el que llega a ser molesto. Aun así, lo habitual es que si usamos el modo Alto sea por breves periodos de tiempo, empleando este modelo por su filosofía casi siempre en modo Bajo, donde la linterna no se calienta nada y la batería dura muchísimo más.

Las sensaciones

Me gusta el tacto sólido como una roca de esta linterna y a la vez lo pequeña que se nota en las manos. Creo que es importante en unos modelos que están destinados a convivir en el bolsillo con llaves y monedas que no tendrán piedad ninguna de ellas; y es que si no están fuertemente construidas acabarán prácticamente deshechas al poco tiempo de usarlas por el duro trato al que se las somete.

Desde luego no es el caso de ninguna de las tres linternas de este tamaño que hasta el momento he analizado aquí y que os muestro en las dos siguientes fotografías una junto a otra para que os hagáis una idea de las diferencias y semejanzas que hay entre ellas.

Como podéis apreciar, la más pequeña (por unos milímetros) es la Mini2, seguida por la Wuben y en último lugar la Olight con su sistema de cuerpo extensible para cargar la batería, que es lo que la hace especial respecto a sus compañeras, así como un diámetro ligeramente mayor. Pero como os decía antes, podéis confiar en cualquiera de las tres como fiel compañera de batallas porque están construidas con la resistencia como pilar fundamental.

Lo que no me acaba de convencer del todo en la Mini2 es la sensación de fragilidad de su rosca trasera si andamos quitándola y poniéndola, ya que sus hilos son tan finos que a veces la tapa entra un poco de lado y como intentes hacer fuerza lo mismo te la cargas, que es aluminio y es débil. Una razón más para no cargar la batería fuera de la linterna, ya que esto que os digo ocurre en la rosca de la tapa trasera, necesaria únicamente para extraer la batería. La rosca de la cabeza está hecha con la durabilidad en mente y tiene un tacto mucho más sólido.

Aparte de esto, estéticamente creo que estamos ante una linterna bonita y elegante; sobre todo en la parte del enganche trasero por su sobria combinación de aristas y curvas y también en las discretas líneas que recorren su cabeza en sentido longitudinal. No me parece tan refinada la lente TIR con esos cuatro puntos que tiene y que no sé muy bien para qué están ahí en medio, pero bueno, tampoco es una cosa que vayamos a estar mirando constantemente, así que podré vivir con ello.

Conclusión

La Trustfire Mini2 es una linterna para llevar encima y no darnos cuenta de ello. Lo más seguro es que la utilicemos en su modo Bajo por dar una potencia lumínica suficiente para pequeñas tareas, pero seguro que no nos resistimos a hacer uso de su modo Alto; sobre todo a la hora de mostrar lo que este mini-modelo puede hacer, aunque hemos de ser conscientes de que así nos quedaremos sin batería en poco tiempo.

Yo hubiera metido un modo Alto menos potente pero que llegara a unos 45 minutos de autonomía, ya que los 23 minutos que da (y por mis pruebas ese es el tiempo más o menos que le vamos a poder exprimir a su 10180) se me hace un poco corto; pero he de reconocer que la luz que emite en ese caso es alucinante para ser un modelo tan pequeño. Ya lo decían en Blade Runner: “La luz que brilla con el doble de intensidad, dura la mitad de tiempo”.

¡Nos leemos!

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Review: Olight i3E-Cu EOS

Tengo que admitir que, de primeras, las linternas de cobre no me decían absolutamente nada y de hecho incluso me parecían feas. A elementos como el titanio siempre les he hecho ojitos y prueba de ello es que tengo dos linternas de ese duro metal entre mi colección; pero cuando veía en foros o en webs especializadas algún modelo fabricado en cobre pasaba de largo como si nada. Sin embargo, a raíz de aquel artículo que escribí sobre el envejecimiento de las linternas me di cuenta de que podría tener cierto encanto hacerme con algún ejemplar fabricado en cobre y observar cómo día a día su aspecto externo va cambiando.

Como veis, la linterna elegida para esto fue la Olight i3E-Cu EOS por el sencillo motivo de que es un modelo que me gusta mucho, es de las pocas fabricadas en cobre que se pueden encontrar con facilidad en el mercado y porque la otra que podía conseguir (una Nitecore Tini Cu) nunca me ha gustado por la extraña forma que tiene y, ya que estamos, prefería realizar la experiencia con un modelo de mi agrado. Por cierto, el precio oficial de la Olight que aparece aquí es de 25 euros frente a los escasos 10 euros de la versión en aluminio, así que el sobrecoste es notable. Espero que haya merecido la pena.

La idea de esta entrada es hacer una review de la linterna con fotos de cuando fue abierta y mis impresiones para posteriormente ir añadiendo al final más fotografías que vayan dando cuenta de cómo evoluciona su aspecto a lo largo del tiempo. No me impongo fechas, plazos ni límites; simplemente publicaré fotos nuevas cuando vea algún cambio y hasta que me canse.

En principio (con el tiempo ya veremos) no va a ser una linterna que vaya a llevar en mi llavero todos los días porque para eso ya está la Nitecore Tiki; pero sí que trataré de usarla con frecuencia y llevarla encima de vez en cuando para su envejecimiento sea algo real y no producto del simple efecto del oxígeno sobre su superficie porque en ese caso cambiaría de aspecto homogéneamente haciendo de esto un experimento de laboratorio.

El cuerpo

La linterna como tal es idéntica a la i3E EOS ya analizada en este blog hace tiempo, pero con la salvedad de que esta versión ha sido fabricada en cobre en lugar de aluminio anodizado y que se presenta en una funda típica de la marca en lugar del habitual blister del resto de modelos de la gama i3E. La electrónica interna es la misma, el perfil de la rosca es exactamente igual… Vamos, que el molde utilizado ha sido el mismo que para las i3E de aluminio, lo cual no es mala cosa.

Eso sí, al estar íntegramente fabricada en cobre esta i3E es algo más pesada que su equivalente en aluminio (21 gr contra 19 sin contar la correspondiente pila AAA) y una de las cosas que más me gusta de ella es que sus acabados son perfectos la mires por donde la mires al igual que sucede con sus hermanas de aluminio. He de reconocer que estrenarla es un gustazo, y espero ser capaz de transmitirlo en las fotografías que ilustran esta entrada porque debemos tener claro que ya nunca más volverá a tener ese aspecto.

Esto es así porque en el momento que cualquier elemento de cobre entra en contacto con el aire comienza a reaccionar formándose en su superficie una capa de óxido llamada pátina de tono oscuro (al principio con un cierto tono marrón verdoso y con el tiempo prácticamente negro) que es lo que le da el encanto a este tipo de linternas; ya que aunque de fábrica salen todas con el mismo aspecto, con el tiempo se convierten en piezas únicas en función del uso que le de su dueño.

Otro problema inherente al cobre es que mecánicamente es bastante blando. Más incluso que el aluminio que, como ya visteis en la entrada que os comentaba, envejece mal en presencia de llaves, monedas y otros elementos similares que lo puedan ir rozando y arañando. Por tanto, si se os cae una linterna de cobre sobre una superficie dura seguro que se os va a marcar, tenedlo en cuenta.

La luz

El LED que incorpora esta versión de la i3E EOS es el mismo del resto de la gama; sólo que en este caso va a ser capaz de emitir más lumens (120 contra los 90 habituales) en teoría debido a la mayor conductividad térmica que tiene este metal rojizo y que hace que sea capaz de disipar mejor la temperatura generada.

Lo curioso es que la versión en aluminio pulido también da estos mismos 120 lumens, lo que me lleva a pensar si los procesos de anodizado conllevan un empeoramiento de la capacidad de disipación de calor a través del cuerpo de la linterna o estamos ante un simple caso de marketing para dar un argumento de venta adicional a las ediciones especiales.

Eso sí, como es lógico el tiempo de autonomía va a ser algo menor que en los modelos de 90 lumens y sus 45 minutos, quedándose esta versión que hoy nos ocupa en unos 35 minutos si empleamos una pila alcalina AAA. Ojo, que si le metemos una bateria de litio 10440 con sus 3,7 voltios el LED tiene los segundos contados porque no está diseñado para soportar ese voltaje y cargárselo sería una pena porque es dificilmente reemplazable.

Por su parte, al igual que las i3E de aluminio, el LED lleva incorporada una lente TIR para controlar la dispersión de la luz, dando lugar a un haz bien repartido, suave y definido. No sé si lo he comentado alguna vez, pero aunque son muy eficientes lo peor de las lentes TIR es que son mucho menos estéticas que los bonitos reflectores que llevan algunas linternas (como el maravilloso de piel de naranja que incorpora la i3S EOS).

Las sensaciones

Sacar la linterna de la caja por primera vez y verla en su bolsa hermética transparente es una mezcla rara de sensaciones. Por un lado estás deseando abrirla y tenerla en tus manos para apreciar el tacto del cobre, recrearte en sus detalles, observar la perfección de su acabado… pero sin los brillos del grueso celofán que la asfixia. Sin embargo, frente a esos pensamientos casi lujuriosos se opone la idea de que en cuanto abramos la bolsa protectora se acabará la eterna juventud del cobre y la linterna poco a poco se irá avejentando y perdiendo ese brillo inicial que podéis observar en las fotos de hoy.

Por supuesto, aunque de primeras se vea preciosa, yo no considero otra opción más que sacar la linterna de su bolsa y poder así apreciarla en condiciones disfrutando de todos sus detalles aunque su superficie se vaya haciendo cada vez más mate. Sinceramente, no le veo el sentido a dejarla dentro de un celofán transparente como si fuera uno de esos chorizos picantes que venden a granel en el supermercado.

Me gustaría aprovechar para comentar la primera idea que se me vino a la cabeza cuando la tuve en mis manos y, por primera vez, observaba con mis propios ojos una linterna de cobre: “Ese color no se consigue con ningún anodizado”. Y es que es así: hay anodizados amarillo-anaranjados que parecen tratar de buscar el aspecto de una linterna de cobre, pero realmente no hay forma de imitar el brillo inicial que tiene este material cuando ha salido de la fábrica herméticamente sellado y la atmósfera todavía no se ha puesto en contacto con él. En serio, la i3E-Cu es realmente bonita de contemplar cuando es nueva. A partir de ahora iremos viendo lo que van haciendo sobre ella el tiempo y el oxígeno.

Añadiré que el tacto del cobre en los dedos me parece diferente al del aluminio o al del titanio: se trata de un tacto más suave, más blando más cálido… Un tacto que también da la sensación de que si apretaras fuerte con la uña podrías dejar una marca en el metal (aunque en realidad no es así). No sé, como os digo se nota que es algo distinto al de los materiales más habituales y eso le da un punto de exotismo. Por otro lado, también se nota la mayor conductividad térmica del cobre porque cuando utilizamos la linterna esta se calienta y se enfría con mayor rapidez que los modelos fabricados en aluminio.

A nivel técnico no puedo pasar por alto que las finas roscas de perfil cuadrado tienen un tacto exquisito al girar la cabeza y si le echáis un vistazo al interior de la cabeza podréis ver la minúscula placa electrónica que controla el LED que está por su otra cara así como el contacto metálico donde toca el polo positivo de la batería.

Precisamente viendo esta foto que tenéis aquí encima podemos comprobar que las linternas se prueban en fábrica antes de salir al mercado, ya que la imagen está tomada antes de ponerle ninguna pila (las fotos de la review inicial están hechas nada más sacar la linterna de su bolsa hermética) y podéis ver cómo el contacto central tiene un ligero roce; señal de que alguien, como os lógico, ha comprobado que la linterna enciende y apaga correctamente.

Volviendo a lo que decía hace unos párrafos, por supuesto que tienen el mismo derecho a comprarse una linterna de este material aquellos que las coleccionan para tenerlas siempre metidas en una vitrina y enseñárselas a las visitas; pero creo que el proceso de envejecimiento de un modelo de cobre en esas condiciones no va a ser tan natural como el de aquella que ha sufrido el sudor de las manos de su dueño, el roce contra telas de pantalones, bolsos y mochilas, encuentros con elementos más duros que él que hacen mella en su cuerpo, humedad ambiental al estar cerca de la costa… Como os comenté en el artículo sobre el desgaste de las linternas EDC, cuando una linterna tiene tantas cicatrices es porque su dueño y ella han compartido juntos muchas aventuras.

Algo curioso y particular de las linternas hechas de cobre es que desprenden un olor muy particular que, desde luego, no gusta a todo el mundo. No es sólo que la linterna huela; sino que enseguida vais a ver que ese olor se impregna en vuestros dedos y luego cuesta un poco sacárselo de encima. Es un olor parecido al del acero inoxidable; un aroma que para mí no es ni mucho menos desagradable, pero sé de gente que no puede soportarlo (siempre he dicho que las manías y los miedos son muy libres).

Por último, os voy a dejar con una imagen de las que a día de hoy son mis tres linternas favoritas: de izquierda a derecha la Nitecore Tiki, la Olight i3E-Cu EOS y la Thrunite Hi Ti. Dignos representantes de la practicidad, el exotismo y la belleza dentro del campo de las linternas de pequeño tamaño.

Conclusión

Como veréis, en esta ocasión no me he detenido mucho en datos técnicos, ya que al fin y al cabo esta versión en cobre es casi un calco de la i3E que ya analicé hace tiempo; de modo que os remito al artículo correspondiente si queréis más información.

La intención de esta entrada, como ya os comentaba en los párrafos iniciales, es ser un documento gráfico que vaya dando cuenta de la evolución de la linterna a medida que su aspecto externo vaya cambiando. Si os interesa el tema estad pendientes porque de vez en cuando iré añadiendo dos o tres fotos nuevas al final de la review.

Fotografías de la Olight i3E-Cu EOS

15-04-2020: Instantes después de sacar la linterna de la bolsa hermética que la mantiene en su estado original

20-04-2020: Apenas cinco días después de su estreno y habiéndola tenido en el bolsillo del pantalón sin más compañía la linterna ha perdido ya su brillo inicial y empieza a estar recubierta de un tono marrón oscuro con algunas zonas que viran levemente a violeta.

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23-04-2020: He limpiado la superficie externa de la linterna con un trapo de microfibra seco y ha quedado bastante brillante; contrastando con aquellos recovecos en los que el trapo no alcanza a limpiar y que tienen un tono más oscuro. Os dejo unas fotos de cómo ha quedado, porque al igual que en las anteriores se veía más “viejuna” con este acabado la linterna vuelve a lucir realmente bonita

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04-05-2020: Desde hace unos días he decidido llevar la linterna en el bolsillo del pantalón junto a llaves y monedas para ver qué tal lleva ese duro trato. De momento no hay grandes destrozos, pero su superficie se está plagando de pequeños arañazos y óxido de cobre como podéis apreciar en las siguientes imágenes.

09-05-2020: La linterna sigue con su proceso de desgaste/oxidación al convivir con otros elementos metálicos en el bolsillo de mi pantalón. Como curiosidad, ahora mismo ya casi no se ven las inscripciones en el cuerpo

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30-05-2020: La i3E sigue con su proceso de oxidación y si os fijáis, con respecto a las fotografías de hace tres semanas la linterna se ha oscurecido algo más y además cada vez aparecen más reflejos verde-azulados.200530_124325

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Un repaso al patinete eléctrico de Xiaomi después de 1000 Km

Mi querido Mijia M365 ha cumplido recientemente mil kilómetros y, como complemento a la review que publiqué en noviembre, me ha parecido interesante en este punto de su vida hacer un repaso a su estado viendo así qué elementos han envejecido bien y cuales han llevado peor el paso del tiempo comentando también soluciones a algunas pequeñas cosas que me han ido sucediendo.

Para poneros en situación, cuando compré el patinete su dueño le había hecho unos 350 Km, a los que yo sumé unos 200 Km más. Acto seguido, durante un par de meses mi novia lo estuvo usando a diario para ir a trabajar (hasta que conseguí otro para ella) tiempo durante el cual hizo 350 Km. Y por último, desde que volvió a mis manos he hecho 100 Km más hasta conseguir llegar a la cifra redonda de mil kilómetros.

Permitidme ahora que me vaya un poco por las ramas y aproveche para echar unos números:

La ruedas del patinete de Xiaomi son de 8,5″ de diámetro, que equivalen a 21,59 cm. Si aplicamos la fórmula de la longitud de la circunferencia (L = 2 * pi * r) vemos que por cada vuelta completa de las ruedas avanzamos  67,69 cm o lo que es lo mismo 0,677 metros.

Pues bien, si a día de hoy el patinete ha recorrido mil kilómetros, una simple división nos permite saber que cada rueda ha dado 1477104 vueltas. Si, prácticamente un millón y medio de giros. Y no penséis sólo en la goma de las ruedas, acordaos también de los rodamientos de los ejes, que llevan el mismo castigo.

NOTA: De todos modos, aunque parezca un montón, si hago esta misma cuenta para los ejes de mi coche, sale que han dado ya la friolera de 226 millones de vueltas, así que imaginaos la cantidad de subidas y bajadas que lleva cada uno de los pistones del motor. Pero vamos, que esto daría para otra entrada de esas mías en plan ingenieril.

Bueno, tras este offtopic, vamos a ir desgranando punto por punto qué tal ha digerido estos primeros mil kilómetros el patinete:

  • Zonas de contacto con el usuario

Se aprecia claramente que en los extremos del manillar la rugosidad de los puños se ha perdido, quedando la superficie totalmente lisa en esa zona. Cierto es que durante estos meses de frío mi novia ha estado conduciendo el patinete con unos guantes que llevan la palma forrada de goma, de modo que el desgaste habrá sido mayor que si se va con la palma desnuda, que siempre es más suave (a no ser que seáis jugadores de pelota vasca). Eso sí, como podéis ver a continuación el resto del puño tiene el patrón de bultitos ovalados intacto.

El desgaste de los puños podría esperármelo, pero el que realmente me sorprende es el de la pequeña almohadilla del acelerador, ya que pese a usar control de velocidad desde el primer día, se ha quedado totalmente liso. La verdad es que ese desgaste sí que me ha pasado desapercibido, pero cuando abrimos el patinete de mi novia y vimos el relieve del acelerador es cuando me di cuenta de que al ser una goma muy blanda enseguida se queda liso pese a que, como os digo, sólo pongo el pulgar sobre él cuando quiero cambiar la velocidad a la que circulo.

Eso sí, lo que sigue estando como el primer día es la tabla donde llevamos apoyados los pies. Pese a recaer sobre ella todo nuestro peso y usar calzado con suela de goma dura (incluso en ocasiones botas Doc Martens) su aspecto es impoluto y ni se ha desgastado o despegado lo más mínimo. La verdad es que me ha sorprendido para bien en ese aspecto, porque pensé que acabaría prácticamente lisa como ocurre con los papeles de lija de los skates y similares.

  • Ruedas

No sé en qué momento exacto le cambió la rueda trasera al patinete el usuario anterior por la maciza que lleva puesta, pero por lo que me dijo no tardó mucho en hacerlo cansado de los dichosos pinchazos. Sea como sea, dicha rueda tiene todavía un dibujo muy profundo y no veo ni por asomo el momento del cambio. Apuesto a que tengo caucho para dos mil kilómetros más por lo menos.

En cuanto a la rueda delantera, esta es la original que venía con el patinete; sólo que se le añadió una banda antipinchazos de kevlar entre cámara y cubierta para evitar tener que andar desmontando la rueda cada vez que pasaba sobre cualquier cosa puntiaguda. En este neumático se aprecia algo más de desgaste con respecto a uno nuevo, pero al igual que en los coches contamos con un testigo de desgaste al que todavía le queda tiempo para estar a la par con la superficie de la goma. En mi bola de cristal veo unos mil kilómetros más de vida útil para este neumático.

  • Estructura

Vamos a hablar ahora de lo que es la estructura mecánica del patinete, y este punto creo que va a dar bastante de si.

A ver, lo primero de todo, es recomendaros que una vez al mes repaséis el apriete de todos los tornillos. Durante este tiempo se aflojaron un poco los que sujetan el manillar a la tija de dirección y uno de los dos que lleva la pinza de freno. No supusieron gran problema más allá de notar algo extraño en el día a día, comprobar que estaban algo sueltos y apretarlos con la herramienta multiuso que siempre llevo conmigo cuando voy en el patinete.

Peor fue que un día de repente a mi novia se le abrió en marcha el mecanismo de plegado y descubrimos que se había perdido el tornillo frontal que ajusta la dureza de la leva que realiza el cierre. No dimos con el tornillo (se le perdería un par de calles atrás y como para ponerse a buscarlo) de modo que bajé a la ferretería y compré un tornillo con cabeza Allen de la métrica y longitud adecuadas para sustituirlo y una arandela porque la cabeza del tornillo original tiene más superficie. No queda tan elegante como el que viene de serie pero funciona igual de bien y éste no se perderá porque al colocarlo le puse fijador de tornillos en la rosca.

Aprovecho para comentar la vital importancia del punto de ajuste de este tornillo (una razón más para aplicar algún tipo de fijador) puesto que si está demasiado flojo veremos que el mecanismo de plegado tendrá holgura y si va demasiado apretado comprobaremos que no somos capaces de mover la leva que permite el plegado y desplegado del patinete. Por tanto, id probando hasta que encontréis el punto justo y fijadlo ahí para toda la eternidad.

Briconsejo: si no tenéis a mano fijador de tornillos (mi favorito es el Loctite 243) podéis usar esmalte de uñas, ya que cuando se seca hace que el tornillo no pueda aflojarse pero si hacéis fuerza con una llave acabará girando. Si usáis cosas más radicales como pegamento instantáneo, aparte de pegaros los dedos, como un día tengáis que soltar el tornillo ya podéis buscar un tubo largo para hacer palanca.

Y ya que estamos hablando de esa zona del patinete, comentaros que si de buenas a primeras empezáis a escuchar “grillos” cuando vais en marcha es debido al roce de las dos partes del sistema de plegado. Para remediarlo podéis hacer dos cosas: aplicar una capa de grasa a ambas superficies o bien, para solucionarlo de una forma más definitiva, pegar una fina lámina de teflón o similar en una de las caras de modo que ya el roce no se produzca metal contra metal (esto es lo que hice yo, que soy un maniático de los ruiditos, y desde entonces tan feliz).

Por cierto, se me perdió la goma que recubre el “gancho” sobre el guardabarros donde se fija el timbre al plegar el patinete. La funcionalidad es la misma, pero queda más feo. Ya se me perdió una vez pero lo encontré por casa y lo fijé con pegamento instantáneo; pero a las pocas semanas se volvió a perder y me temo que esta vez es la definitiva. Lo que voy a hacer es lijar la zona y pintarla con esmalte negro para que no se vea tan fea, ya que se han quedado los restos del pegamento que le eché y no me gusta nada.

Otra cosa más: el guardabarros trasero va anclado a la plataforma donde llevamos los pies mediante tres tornillos cuyas cabezas van cubiertas con otros tantos embellecedores plásticos. Pues bien, un día de estos y sin previo aviso el embellecedor del tornillo central decidió independizarse y al llegar a casa vi que lo había perdido. Por suerte, en uno de esos cajones en los que uno guarda cosas que de otro modo acabarían en la basura (una especie de síndrome de Diógenes) tenía una especie de tapón plano de plástico gris oscuro que resultó encajar a la perfección como podéis ver en la siguiente imagen.

En cuanto a golpes y rascones en general, a pesar de que tanto mi novia como yo somos cuidadosos, uno nunca está a salvo de un bordillo un poco más alto de lo esperado, un resbalón o una piedra que salta donde no debe; pero aun así tras estos primeros mil kilómetros el patinete no está demasiado castigado en este aspecto. Tan sólo reseñar un par de raspones “serios” en la zona del listón trasero izquierdo (tanto en el aluminio como en el embellecedor de plástico) como podéis ver a continuación. Por suerte en ninguno de los casos el disco de freno sufrió golpe alguno pese a su proximidad, porque si lo doblamos lo más mínimo nos tocará cambiarlo.

En la zona de plegado, concretamente en la “uña” que encaja en la parte inferior para fijar el sistema de plegado en su posición ha saltado un poco la pintura, pero no es nada grave (podéis verlo en una de las imágenes anteriores).

Ah bueno, y en la zona baja de la barra diagonal, donde suelo apoyar la punta del pie izquierdo al circular, la pintura se ha desgastado muy ligeramente, pero vamos, que el aspecto es prácticamente el mismo que el del resto del chasis como podéis apreciar en la siguiente fotografía.

Para mi sorpresa, la tapa inferior (tras la que se aloja la batería y el controlador de la misma) se encuentra en muy buen estado. Pese a lo expuesta que está a todo aquello sobre lo que rodamos, no tiene ningún rascón importante ni cruje o hace cosas raras. Me daban bastante miedo las cabezas de los tornillos, pues pensaba que podían destrozarse a base de roces con piedras, bordillos, etc pero no es así y por ahí abajo todo está en perfecto estado de revista.

En cuanto al cableado (tanto eléctrico como del freno trasero) no ha habido ningún problema ni de roturas, holguras, soportes sueltos… En ese aspecto un diez sobre diez.

  • Frenos

Por la forma en la que funciona la pinza del disco (sólo una de las dos caras es móvil) es complicado conseguir que las pastillas pisen correctamente sobre él. Por suerte, al disponer de freno regenerativo en la rueda delantera el freno de disco trasero se usa en contadas ocasiones, de modo que las pastillas aun tienen grosor de sobra y el disco no presenta desgastes apreciables a simple vista.

A lo que me refiero con lo del funcionamiento es que al ser sólo una de las caras de la pinza la que presiona contra el disco cuando pulsamos la maneta, éste flexa ligerísimamente y entonces también roza contra él la pastilla que va fija en la otra cara; pero esto hace que no haya una perpendicularidad exacta entre la superficie de las pastillas y el disco de freno, haciendo que en cada cara del disco haya una franja en la que roza la pastilla y otra en la que no.

Tal y como os comenté en la review, una de las cosas que más me gustan de M365 es su potencia de frenada, y tras estos primeros mil kilómetros esta sigue intacta.

  • Batería y motor

He dejado para el final el que para mí es el apartado más importante de un patinete eléctrico: todo lo relacionado con el motor y la batería, que al final es el alma del cacharro.

Como ya sabréis por la review, al poco de estrenar el patinete empezaron los problemas de batería típicos en este modelo. Me tocó abrir la batería, soldar las chapas de contacto principal y también reforzar las zonas de contacto de cada uno de los polos de las treinta celdas poniendo sobre ellas láminas de caucho y forrando luego todo con cinta americana para que quedara bien prensado. Desde entonces no he vuelto a tener problemas, pero tened esto siempre presente porque en el modelo original esto os va a pasar antes o después.

Se supone que en los modelos que hay ahora a la venta en las tiendas esto ha sido corregido y las chapas metálicas de la batería ya van firmemente soldadas; pero aun así como el modelo de mi novia no ha dado problemas (tocamos madera) no lo vamos a abrir de momento, de modo que no lo puedo corroborar.

Algo que no me ha gustado es que el último firmware disponible (1.3.4) hace que por debajo del 50% de batería el patinete apenas tenga fuerza para subir cuestas, imagino que en busca de no pegar fuertes descargas a la batería cuando esta anda ya baja de carga. Sea como sea, a mí me gustaba más el funcionamiento prácticamente lineal de las versiones anteriores, así que ojalá en el futuro eliminen esta característica, porque de momento no encuentro una manera fácil de hacer un downgrade.

Por tanto, si queréis sentir el viento en la cara es mejor que le deis caña al principio del recorrido (pero ojo, porque si os flipais demasiado puede que al final os toque impulsaros con la patita).

Por cierto, creo que sé a lo que se refiere Xiaomi con lo de que el motor es de 250W pero que permite picos de 500W. Si subimos una cuesta y pulsamos a fondo el acelerador veremos que la aceleración es bastante fuerte, pero no será así eternamente, ya que llegado un punto la potencia comienza a disminuir, y es que creo que el patinete permite aprovechar esos picos de 500W pero en cuanto empieza a detectar que el motor o la batería se están calentando por la elevada corriente demandada, la protección anti-estrés que lleva implementada la electrónica hace que disminuya el flujo de corriente eléctrica protegiendo así tanto al motor como a la batería, ya que para ambos el calor excesivo es siempre un enemigo a evitar.

En cuanto a la autonomía, compruebo que esta no ha variado demasiado desde que le hice el apaño de las patillas a la batería. Por Alcalá de Henares, que es casi todo llano, consigo sacarle unos 20 Km si circulo a ritmo tranquilo (modo ECO) y unos 15 Km si voy dosificando el acelerador con alegría en el modo normal. El tiempo de carga sigue siendo de unas cinco horas cuando vuelvo con la batería sobre un 20%, lo que es una prueba más de que la esta se sigue manteniendo más o menos en forma (cuando empiezan a cargar cada vez en menos tiempo, malo).

En cuanto a las luces, aunque yo no he circulado mucho por la noche, mi novia sí que las ha empleado todas las mañanas en su trayecto hasta el trabajo y no ha tenido nunca el más mínimo problema. Siguen iluminando igual de bien que al principio y no ha habido apagados inesperados ni molestos tintineos.

Conclusiones

En definitiva, el paso de sus primeros mil kilómetros no parece haber hecho demasiada mella en el M365. La pintura se mantiene en muy buen estado, las partes de goma se conservan bastante bien (excepto el relieve del acelerador), la potencia de frenado sigue intacta y la autonomía de la batería no parece haber mermado en exceso, que es lo que más me preocupaba de todos los posibles “envejecimientos”.

Lo que no me ha gustado tanto es la facilidad con la que se aflojan algunos tornillos, y eso que llevan la típica banda azul en la rosca que hace que se queden fijos en su posición. Aun así, se ve que con las vibraciones al circular pueden aflojarse y por eso os recomiendo un reapriete de vez en cuando o la aplicación de un fijador de roscas “de verdad”. Tampoco me parece buena idea el tema de que el último firmware limite la potencia disponible cuando la batería está a menos de la mitad de su capacidad, ya que eso prácticamente nos va a obligar a subir las cuestas caminando en cuanto queramos hacer una excursión más o menos larga.

Sea como sea, y al igual que os recomendaba en una reciente entrada sobre consejos de conducción, vais a ser vosotros mismos los que enseguida os vais a dar cuenta si algo va mal en el patinete. Si de repente empeora la frenada, notáis algo suelto, veis que el tiempo de carga se acorta considerablemente, escucháis ruidos raros en el motor… son todas ellas señales de que algo no va bien, y más vale echarle un vistazo y ver el origen del problema que dejarlo pasar y acabar con un vehículo en la basura que, además de costar un dinero, os puede servir para llegar a más sitios de los que imagináis.

 

¡Nos leemos!

Consejos generales para conducir

Hace poco superé con mi fiel Opel Corsa Ecoflex de finales de 2011 los 260000 kilómetros, lo que equivale a dar seis veces y media la vuelta al mundo por el ecuador, que se dice pronto. El caso es que durante todos estos años (bueno, y los anteriores, pues llevo conduciendo diariamente desde 1998) he ido acumulando experiencia como conductor y de ahí que la finalidad de este artículo sea la de compartir con vosotros aquellas cosas que mejor me han funcionado tanto a nivel mecánico como de circulación.

Durante mis primeros años circulé sobre todo por ciudad, ya que mis trayectos solían ser de casa a la universidad en Alcalá de Henares. Después, con mi incorporación al mundo laboral empecé a alternar trayectos por ciudad con pequeños viajes por carretera; casi siempre por los alrededores de Madrid, pero cuando me destinaron a Oropesa del Mar es cuando comencé a hacer muchísimos kilómetros por todo tipo de carreteras, ciudades y pueblos y en las más diversas condiciones meteorológicas; y es en ese periodo cuando considero que más crecí como conductor.

De todos modos, ni mucho menos me las quiero dar de experto porque, para empezar no lo soy en el mundo del motor, pero sí que me considero un conductor ya con cierta experiencia por las circunstancias que antes os comentaba y que además se preocupa por las cosas que pasan más allá del volante, los pedales y la palanca del cambio.

MECÁNICA

Nada de acelerones con el motor frío

Cuando el motor de un coche está frío, lo peor que le podéis hacer es acelerar con fuerza y llevarlo muy alto de revoluciones para que se caliente antes. Haciendo eso lo único que vais a acelerar es el desgaste interno de las piezas móviles tanto porque en frío no ajustan tan bien como cuando ha cogido temperatura como porque el aceite a baja temperatura no lubrica igual de bien que cuando está caliente.

Por tanto, para empezar a circular con el motor frío, durante los primeros diez o quince minutos lo ideal es no pasar de 2000 RPM y acelerar con suavidad. Y esto es para mí es mantra impepinable que sólo me saltaré si tuviera que incorporarme a una carretera nada más empezar a circular y las circunstancias del tráfico me obligaran a acelerar con rapidez.

Una vez que el motor ha alcanzado su temperatura normal de funcionamiento ya podéis llevar el motor más alto de vueltas y pisar el acelerador con cierta alegría, pero mientras llegáis a esa temperatura es mejor circular con tranquilidad para alargar la vida de vuestro vehículo.

No racanees con el mantenimiento

Esto es un clásico. Hay gente que se gasta un pastón en un coche de gama alta pero luego le pone aceite marca “Nisupa” o lleva los amortiguadores tan destrozados que el coche parece una barca al circular por una rotonda.

El coste del mantenimiento de un coche va en función de su gama, de modo que mi consejo es que si quieres que el coche funcione bien durante toda su vida útil bajes un escalón en la compra pero luego le hagas un correcto mantenimiento en los plazos que le tocan. Si el coche tiene turbo, no se te ocurra racanear con el aceite o cuando casque te darás cuenta de que lo poco que habías ahorrado en lubricantes no cubre ni la décima parte de lo que cuesta un turbo nuevo.

Revisa los niveles con frecuencia

Muy ligado con lo anterior, es más que recomendable comprobar niveles de aceite, anticongelante, líquido de frenos, líquido limpiaparabrisas y presión de ruedas (incluyendo la de repuesto) una vez al mes como mínimo. Hay quien entre revisión y revisión ni siquiera abre el capó del coche y es una manera muy tonta de que nos quedemos tirados en una cuneta por llevar muy bajo el refrigerante o el aceite.

Mantén limpios los cristales

Sé que es de lo más incómodo de limpiar, pero si llevas sucio por dentro el parabrisas te vas a acordar de no haberlo hecho el día que tengas el sol a punto de ponerse en el horizonte porque no verás ni torta por mucho que le des a los limpiaparabrisas. Puedes hacer como yo y llevar a mano una bayeta para darle un repaso de vez en cuando, pero lo ideal es que en cuanto notéis que hay suciedad os hagáis con una bayeta de microfibra, limpiacristales o pongáis a frotar hasta que parezca que no hay cristal ante vuestros ojos.

Tampoco sirve de mucho tener los limpiaparabrisas hechos unos zorros, porque en caso de lluvia o suciedad el rastro que deja es casi peor que dejar el cristal como está.

Si notas algo raro, ponte a investigar

Hay gente que lleva el coche sonando como una carraca, echando humo azul por el tubo de escape y con varios indicadores luminosos de emergencia encendidos en el salpicadero, pero ellos son felices así. Estas personas suelen ser las que un buen día las ves con el chaleco en el arcén de la carretera llamando a la grúa porque el coche les ha dejado tirados, aunque en realidad éste venía avisándoles ya desde hacía meses de que algo no iba bien.

Sed conscientes de una cosa: pasáis un montón de horas tras el volante y es tal la costumbre que cualquier cambio (una rueda con poca presión, un ruido nuevo, falta de potencia…) lo vais a percibir al instante y sería buena cosa que os preocuparais un poco del origen de ese cambio porque puede que no sea nada; pero también puede ser el principio de una avería que pillada a tiempo se puede arreglar por cien euros mientras que si la dejamos pasar puede hacer que acabemos con el coche en el desguace.

Es muy recomendable también que le echéis un ojo al manual del coche, pues en él se explican muchos detalles que a lo mejor ni conocíais (por ejemplo en mi coche existen unos parámetros ocultos que se pueden almacenar en llaves diferentes para personalizar así ciertos aspectos para cada conductor).

CIRCULACIÓN

Tranquilidad, respeto y paciencia al volanteCaos circulatorio en Nueva Alcalá

Este es mi consejo número uno a la hora de conducir. Hay que tomarse todo con calma y no perder los estribos, ya que luego vienen las consecuencias. Si hay mucho tráfico, por circular haciendo zig-zag, adelantando malamente y realizando toda clase de pirulas no vas a ganar más de un minuto y a cambio tienes muchas posibilidades de provocar un accidente con alguien que circulaba correctamente.

Del mismo modo, si ves que alguien está aparcando y no le sale a la primera no pegues el morro a su puerta ni empieces a pegar bocinazos. Todos nos hemos hecho un lío alguna vez aparcando y seguro que no os hubiera gustado que estuviera alguien al lado presionándoos.

Ajusta bien los espejos retrovisores

No hace falta para nada ver por los retrovisores los laterales del coche. Ajústalos de manera que maximices tu campo de visión lateral para así eliminar todo lo posible los ángulos muertos. Y por cierto, no están de adorno: úsalos para controlar el entorno. Recuerda siempre que adelantes echar un vistazo al carril de la derecha antes de volver a él porque a veces hay pirados a los que les da por adelantarte a ti aprovechando algún carril de aceleración o cosas así.

Respeta la distancia de seguridadM-30

Si todo el mundo dejara más espacio con el coche precedente al circular nos evitaríamos miles de accidentes cada año. Especialmente en los días de lluvia, ya que hay quien circula a un palmo del paragolpes del coche de delante y cuando éste frena por cualquier cosa no hay tiempo material de evitar el golpe por alcance. Por favor, deja distancia también en las rampas de los aparcamientos para que si al de delante se le va un poco el coche para atrás no te golpee.

Hay una regla que me gusta bastante para saber si estamos manteniendo la distancia de seguridad suficiente, y es que si  el coche que circula delante de nosotros pasa por un punto determinado y antes de dos segundos pasamos nosotros es que circulamos demasiado cerca de él. Así que ya sabéis: dos segundos entre coche y coche para poder frenar con seguridad en caso de cualquier imprevisto.

AnticípateM-230, Km 3

Si en la autopista ves que se va a incorporar un camión por tu derecha y te puedes cambiar de carril, hazlo. Si ves que vas a entrar en un banco de niebla ve levantando el pie del acelerador y pon las luces. Si se te están empañando los cristales no esperes a no ver nada: pon el aire acondicionado o baja las ventanillas. SI un peatón despistado parece que va a cruzar la calle sin mirar ve pensando que va a ser así y pon el pie sobre el freno… En definitiva, si ves que algo va a ocurrir no esperes al último momento para hacer algo; empieza a hacerlo ya.

No pierdas la atención de la carretera

Hay multitud de accidentes por culpa de distracciones: justo vas a coger algo de la guantera, el coche de delante frena y tu matrícula acaba en su maletero. Vas por la autopista, miras a la izquierda para ver ese atardecer tan chulo y no ves el socavón que está a punto de destrozar tu rueda… Vista al frente y vistazos rápidos y frecuentes a los retrovisores hacen que se reduzcan considerablemente las posibilidades de sufrir un accidente.

Ojo con los charcos en la calzadaReflejos rotos

Mucho cuidado a la hora de pasar sobre zonas de agua. Sólo he hecho acuaplaning una vez y no es nada agradable porque de repente es como si el volante se desacoplara de la columna de dirección y el tiempo parece detenerse mientras te das cuenta de que estás en manos del azar.

Si ves una lámina de agua en la carretera y tienes la más mínima sospecha de que puede tener más de un centímetro de profundidad, disminuye la velocidad antes de llegar a ella y mientras pasas por encima agarra fuerte el volante y al atravesarla no toques acelerador ni freno. Aquella vez tuve suerte y mantuve el control del coche, pero desde entonces ya me cuido mucho de no perder el contacto entre las ruedas y el asfalto.

Usa los intermitentes

Hay gente que parece esconder sus intenciones como si las vías circulatorias fueran una partida de poker. En las rotondas muchas veces tenemos que intuir qué salida van a tomar los coches porque ni se les pasa por la cabeza usar esa palanquita que hay junto al volante y que sirve para que unas luces naranjas que hay a ambos lados del vehículo se pongan a parpadear avisando de nuestro próximo movimiento lateral. Son gratis, así que podéis usarlos como si no hubiera un mañana y el resto de conductores os lo agradecerá.

Antes de entrar a una glorieta echa un vistazo al frente

Esto es otro clásico: estás esperando para incorporarte a una glorieta, el coche de delante avanza y ahora es tu turno. Miras hacia la izquierda y ves que tienes hueco así que levantas el pie del ambrague, aceleras un poco y… ¡PUM! Resulta que el coche que creías que ya estaba girando en la glorieta en busca de tomar su salida se ha parado por el motivo que sea y tú te has dado contra él.

Para evitar esto que, como os decía, es de lo más habitual lo mejor es que cojáis la costumbre de justo antes de avanzar para incorporaros echéis un rápido vistazo al frente para aseguraros de que tenéis vía libre.

Ante la duda enciende las luces

¿Entras a un garaje pero se ve más o menos bien? Da igual, pon las luces. ¿Está anocheciendo pero todavía queda una pizca de luz en el cielo? Da igual, pon las luces. ¿Vas a pasar por un túnel de apenas 100 metros y te da pereza estirar el dedo? No seas vago, pon las luces. ¿Vas por calles estrechas y sombrías en una ciudad pero aun es de día? Pon las luces. ¿Empieza a chispear? Pon las luces.

Las luces no son sólo para que nosotros veamos mejor; sino que también sirven para que nos vean, lo cual es siempre muy recomendable. Ojo, esto no vale para las luces antiniebla porque esas son sólo (como su nombre indica) para casos de niebla densa, que hay gente que las enciende “porque molan” y al que circula detrás es algo que le resulta de lo más molesto. Esto no sólo es sancionable; sino que hay un lugar reservado en el infierno para los conductores que hacen esas cosas.

Usa los carriles de aceleración y deceleración con sentido común

Ya sé que parece de perogrullo, pero hay gente que usa los carriles de incorporación a la autopista para pasarse al carril derecho de inmediato a 50 Km/h. El carril de aceleración está para tratar de adecuar nuestra velocidad todo lo posible a los vehículos que circulan por la vía y luego ya meternos en el carril derecho evitando así frenazos y sustos al resto de conductores.

Y con los carriles de deceleración más de lo mismo. Accedemos a él a la velocidad de la vía y una vez ahí frenamos con más o menos contundencia en función de los metros que tenga, que a veces la gente se pone a 60 Km/h por la autopista justo antes de abandonarla y luego por carril de deceleración tiene incluso que acelerar porque se da cuenta de que va a paso de tortuga.

Pasa por los radares a la velocidad de la vía

Esto es una práctica que me pone de muy mal humor: esa gente que va por la autopista a toda pastilla creyéndose los reyes del mambo (para correr están los circuitos) pero que luego ven un radar y pasan por él 30 Km/h por debajo de la velocidad de la vía “por si acaso”. Hay un caso flagrante, que es el del radar de la A2 sentido Madrid a la altura del Carrefour de San Fernando de Henares, pues se trata de un breve tramo señalizado a 90 Km/h tras una larga recta en bajada y a veces me ha tocado frenar casi hasta los 50 Km/h para no comerme al coche de delante que segundos antes me acababa de adelantar a 110 Km/h.

Si el radar es de 90 Km/h se puede pasar tranquilamente a esa velocidad, porque entre el margen de 7 Km/h que dejan antes de multar y que el marcador del coche siempre indica un poco más de la velocidad que en realidad llevamos (lo podéis comprobar con cualquier GPS) no vamos a tener problema ninguno con la DGT.

Bueno, pues de momento es todo. Sea como sea, no descarto volver a tocar el tema conducción porque es algo que forma parte de mi día a día y, por tanto, creo que se pueden sacar cosas interesantes aunque sólo sea por la cantidad de horas al año que me paso tras el volante. Espero que estos párrafos os sean de utilidad (y que hayáis disfrutado de las fotos del artículo, que su tiempo me ha llevado recopilarlas de mi archivo personal).Pasa la vida

¡Nos vemos por la carretera!

La elegancia de las placas Arduino

Que Arduino es una plataforma gracias a la cual mucha gente se está iniciando en el mundo de la electrónica por muy poco dinero es un hecho. Que a mí me encanta porque así puedo hacer mis propios circuitos recordando los tiempos de los laboratorios de electrónica de la universidad, pues también.

Sin embargo, la finalidad de esta entrada no es narrar las muchas virtudes de este hardware y su IDE de programación; sino mostraros unas imágenes de un par de modelos de placas (UNO y Leonardo) que he estado fotografiando con mi objetivo macro para tratar de enfatizar la elegancia con la que están diseñadas y fabricadas.

Arduino

No es sólo el distintivo color azul de su placa de circuito, el cuidado trazado de sus pistas y el minucioso esmero con el que están ensamblados todos sus componentes. Es que una placa Arduino (especialmente el modelo Leonardo) es una obra de ingeniería que da gusto sostener en la mano para, simplemente, contemplarla.

Además, después de algún que otro ejemplo que ya ha salido por aquí a relucir creo que a estas alturas de la película ya tendréis claro que una de las cosas que más me gusta fotografiar muy de cerca es la electrónica; y es que al final todos tenemos nuestras pequeñas obsesiones.

Arduino

Como os digo, no entro al apartado técnico porque ya hay muchas publicaciones en internet que lo hacen mucho mejor que yo; pero sí me gustaría destacar el trabajo de unos diseñadores de los que no mucha gente se acuerda pero a los que yo quiero rendir desde aquí este pequeño homenaje.

Arduino

Arduino

Arduino

Espero que hayáis disfrutado de las fotos. ¡Nos leemos en la siguiente entrada!

Navidad en Alcalá de Henares

Muy acorde con el día en el que estamos, me gustaría compartir con vosotros unas imágenes que capté hace unos días en la conocida plaza de Cervantes de Alcalá de Henares.

Alcalá en Navidades (I)

Alcalá en Navidades (II)

Estampas cotidianas de una ciudad que, como todos los años por estas fechas, se adorna para la Navidad.

Alcalá en Navidades (III)

En cualquier caso, no todo son luces, gente y abrigos, pues como veréis, estamos teniendo un clima de lo más soleado con temperaturas agradables a medio día (y de momento sin grandes heladas por las noches) que dan lugar a paisajes muy pintorescos a nada que nos alejemos del casco urbano.

De Henares

Por cierto, comentaros que estas fotografías están hechas con una Nikon D3000 que me he comprado recientemente con idea de usarla exclusivamente con el AF-S DX Nikkor 35mm f/1.8 G, dando lugar a un conjunto de pequeño tamaño, ligero y manejable. De hecho, ya en el pasado hice algo parecido con la D40 (cámara que le regalé a mi chica hace ya tiempo) y la experiencia fue muy positiva.

¡Nos leemos!

Disfrutando del sol en el parque Juan Carlos I

Como tantas otras veces, aproveché una mañana de fin de semana para levantarme temprano y dirigir mis pasos a uno de mis lugares favoritos de Madrid: el parque Juan Carlos I.

Juan Carlos I

Sé que ya os he hablado alguna que otra vez de este lugar incluso de algún rincón en concreto; pero una vez más no me resisto a compartir con vosotros algunas imágenes capturadas con la inestimable ayuda de mi cámara. Espero que os gusten y que si nunca habéis estado allí os animéis a conocer este inmenso espacio verde de Madrid.

Juan Carlos I

Juan Carlos I

Juan Carlos I

Juan Carlos I

Juan Carlos I

Juan Carlos I

Juan Carlos I

Juan Carlos I

Juan Carlos I

Juan Carlos I

Bonus: Geometría Escheriana en las cercanías del acceso peatonal al parking del auditorio

La colina de El Principito

Hay una colina en la parte Oeste de mi querido parque Juan Carlos I que siempre me ha recordado al cuento de El Principito. Es de pequeño tamaño, cubierta de hierba y con árboles en su parte superior. Y aunque es cierto que en el famoso libro lo único que hay en el planeta de ese niño rubio es una flor, no puedo dejar de ver en este pintoresco lugar el escenario del libro de Antoine de Saint-Exupéry.

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Pese a que a mí me parece un lugar con mucho encanto, no suele haber gente en lo alto de esta pequeña colina. No sé si será por su pronunciada pendiente o porque se encuentra en una de las zonas del parque menos transitadas; pero sea como sea, si uno se sube allí arriba puede disfrutar de unas buenas vistas del monumento “Espacio México” con Madrid al fondo.

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Allí, sentados entre los árboles, podéis divisar a los piragüistas que por el canal entrenan a diario, a los niños que juegan despreocupados en los columpios con forma de barco pirata que hay en las inmediaciones y observar cómo se mezclan en los caminos del parque runners y caminantes con sus perros. Un remanso de paz en el que sentarse unos minutos a disfrutar sin más preocupaciones.

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Ya sabéis de mi debilidad por este gran parque de Madrid al que acudo de vez en cuando para descubrir algún nuevo recoveco en el que no me había fijado hasta entonces. Esta colina que hoy retrato es sólo uno más de estos rincones, pero para mí es uno de los más especiales. Si pasáis a su lado, volved por un instante a vuestra infancia y echad una carrera para alcanzar su cima. Os sentiréis muy bien, os lo aseguro.

La belleza incomprendida de los reflectores

Llevaba ya tiempo con ganas de hablaros de la que, para mí, es la parte más bonita de una linterna: su reflector. Sí, a lo mejor os suena un poco raro, pero dejadme que os cuente algunas cosas y os muestre unas fotografías y ya veréis cómo empezáis a apreciar también a esta pequeña pieza presente en la gran mayoría de las linternas y en la que a lo mejor algunos ni siquiera os habéis fijado antes.

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¿Qué es y para qué sirve un reflector?

A rasgos generales, un reflector es una pieza de material brillante (aluminio en muchas ocasiones) con forma parabólica que en una linterna va colocado detrás del LED de manera que encauza y reparte la luz que no sale directamente por la parte frontal de la linterna.

Es decir, que una linterna sin reflector va a funcionar y va a iluminar; pero su intensidad lumínica será menor que ese mismo modelo equipado con reflector porque la luz que sale del emisor LED hacia los laterales será absorbida en buena medida por el propio cuerpo de la cabeza de la linterna. Sin embargo, cuando disponemos de un reflector, esa luz que de otra forma no se aprovecharía, se refleja y acaba saliendo también por el frente de la linterna.

En función de la forma, el material y la textura del reflector el cono de luz resultante será más o menos intenso, con halos residuales, con bordes difusos, atenuación… pero eso ya son cosas que se me escapan y que los que diseñan las linternas ya se encargan de planificar en función de las especificaciones de diseño.

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Cierto es que, como os conté en la review de la Olight i3E EOS, también existen las llamadas lentes TIR que gracias a su forma y material reparten la luz que emite el LED de manera suave, pero de eso ya hablaremos otro día porque hoy me quiero centrar en los clásicos reflectores.

Tipos de reflectores

Como os decía al principio de este artículo los reflectores de las linternas me parecen pequeñas obras de arte, especialmente aquellos que poseen texturas suaves como alguno que ahora veremos. Ya no es sólo su forma, su aspecto o el brillo de su superficie; sino el pensar que detrás de esa pequeña pieza en la que mucha gente no se habrá fijado en la vida hay muchas horas de cálculos para modelar la luz que saldrá de esa linterna cuando alguien la encienda en mitad de la oscuridad.

Reflector liso pulido

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Este es, seguramente, el más utilizado, ya que puede ser tanto de metal pulido como de plástico imitando la superficie de un espejo. Se emplea en infinidad de modelos tanto de gama alta como de baja, ya que una superficie pulida no es ni mejor ni peor que otra de las que vamos a ver, puesto que para modelar el cono de luz hay más factores como os decía antes.

Reflector de aluminio natural

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No es excesivamente habitual y, de hecho, en las linternas que poseo a día de hoy sólo lo emplea la Fenix E01. Se trata de fabricar el reflector en aluminio dejándolo con su aspecto mate natural para intentar así que el cono de luz sea algo más suave. Digamos que pretende aunar las ventajas de un reflector liso con las de uno texturizado; pero ya se sabe que este tipo de estrategias consiguen más una solución “de compromiso” que otra cosa.

Reflector con textura de piel de naranja

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Estos son para mí, los más bellos de todos; especialmente si se miran desde el ángulo adecuado. Si os fijáis en la fotografía que tenéis sobre este párrafo entenderéis enseguida porque se le llama textura “de piel de naranja”; y es que todas esas protuberancias lo que intentan es que los rayos de luz que se reflejan en ellos lo hagan de una manera tan caótica que al final den lugar a un cono de luz suave y de bordes difusos.

Ve hacia la luz…

Esto es así porque si alguna vez habéis caminado con una linterna en completa oscuridad os habréis dado cuenta de que lo que hay dentro del círculo de luz generado por ella se puede ver con claridad, pero por contraste lumínico aquello que está fuera de ese círculo para nuestros ojos estará en la negrura más absoluta.

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Lo que consigue un cono de luz de bordes suaves y difuminados es que si caminamos en plena oscuridad cerca de algo relevante (un agujero, un perro rabioso, un billete de 50 euros…) aunque esté fuera del círculo de luz intensa, podamos vislumbrar algo gracias a la luz débil del exterior del cono y entonces dirijamos hacia allí nuestro haz de luz y nuestra mirada.

Mi visión personal de los reflectores

De todos modos, más allá de la utilidad de un tipo u otro de reflector (y que ya os digo que aparte de la textura hay más factores que van a permitir modelar el cono de luz de una linterna) yo hoy quería revindicar los reflectores por su belleza intrínseca, por cómo reflejan la luz aleatoriamente en sus suaves crestas y valles cuando son texturizados, por los destellos plateados del sol cuando incide sobre ellos, por cómo agrandan nuestra nariz aquellos que están pulidos como espejos…

Sirvan estos párrafos y las fotos que los acompañan como homenaje a esos seres discretos e incomprendidos en los que casi nadie repara: los reflectores.

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¡Nos leemos!

Rincones: Pazo de Oca (Pontevedra)

No muy lejos de Santiago de Compostela existe una finca a la que algunos llaman “El Versalles gallego” que destaca por la belleza de sus jardines. Y es que el Pazo de Oca es un idílico lugar en el que mi chica y yo pasamos una tarde entera caminando por sus rincones y que hoy me gustaría daros a conocer a través de algunas fotografías que hice aquel día.

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Tras acceder al recinto, un patio bastante sencillo os dará la bienvenida y una vez curioseados sus recovecos pasaréis a través de una puerta junto a una fuente para dar a la zona principal del pazo: unos grandes jardines con caminos llenos de parras, un estanque con patos y cisnes de lo más bucólico, zonas con flores de muy diversos colores…

150710_185800150710_195348Como podéis ver en las imágenes, el agua es uno de los puntos fuertes de este lugar; y es que estando en el norte de España no tendréis ocasión de ver muchos secarrales, cauces sin agua y cosas similares como sí ocurre en lugares situados en la mitad sur de la península (especialmente durante el mes de julio, que es cuando estuvimos por allí).

150710_191441150710_190612Creo que no os he comentado que la entrada al Pazo de Oca cuesta seis euros y os da derecho a campar a vuestras anchas por los jardines. Si queréis ver el interior del pazo, tendréis que contratar una visita guiada; cosa que nosotros no hicimos (así que no sé deciros si merece la pena o no).

150710_184107150710_191410Después de la maravillosa visita a las Islas Cíes que realizamos unos días antes, pensábamos que ya nada nos iba a sorprender en aquellas tierras; pero reconozco que estábamos equivocados y la visita a este lugar tan especial nos gustó casi tanto como aquellos paseos entre acantilados y gaviotas.

Si estáis cerca de Santiago de Compostela y tenéis ganas de visitar un lugar con un encanto especial, el Pazo de Oca es una opción de lo más recomendable.

150710_190052¡Nos leemos!

Recuerdos de Oropesa (XXI)

 

En esta ocasión mis recuerdos se remontan muchos años atrás. Concretamente hasta la segunda mitad de la década de los 90, que coincide con mi época de mountain biker y durante la cual recorría todos y cada uno de los rincones de Oropesa del Mar al ritmo que marcaban mis pedaladas hasta llegar a lugares que por aquel entonces consideraba mágicos.

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De esta época me llaman la atención varias cosas. La primera de ellas es que salía todos y cada uno de los días del verano con la bicicleta a las cinco y media de la tarde y pese a subir a los montes que rodean el pueblo y recorrer todos sus confines nunca me dio un golpe de calor ni nada que se le parezca. Cierto es que por entonces contaba con la mitad de edad que ahora, pero me cuesta creer que nunca despertara en una ambulancia completamente deshidratado, porque las palizas que me pegaba eran épicas.

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También me acuerdo de muchos caminos  de tierra entre pinos y almendros que transitaba en aquella época y que hoy son inmensas urbanizaciones de chalets. Es una pena no tener más fotografías de aquella época porque ya sabéis que me encanta comparar cómo eran las cosas en tiempos pasados con su aspecto actual.

En las dos fotografías que flanquean a estas líneas, tenéis sendos ejemplos de tierras que hoy están completamente irreconocibles. En el caso de los pinos (junto a los que aparece mi bicicleta) hoy es una moderna urbanización de chalets que antes ni siquiera existía; mientras que el camino que aparece en la fotografía de los almendros es hoy una de las calles que fluyen entre las zonas de chalets próximas a las montañas y el pueblo de Oropesa.

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Pero lo que más me llama la atención de todo esto que os estoy contando hoy es que cuando tenía 17 años nunca hubiera imaginado que aquellos caminos solitarios que recorría cada tarde a lomos de mi bicicleta una vez urbanizados y asfaltados se convertirían en escenarios de mi trabajo, que desde uno de mis rincones favoritos de Oropesa se divisaban los terrenos de lo que dos décadas después sería mi oficina y que el apartamento de vacaciones donde durante mi niñez rellenaba a la hora de la siesta el maldito “Vacaciones Santillana” sería durante dos años mi propio hogar.

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Siempre he dicho que me da pena no haber vivido en Oropesa del Mar en los años 80 pero con mi edad actual; pero si ahora echo la vista atrás me doy cuenta de que he tenido ocasión de conocer esa localidad cuando todavía era un rincón tranquilo del Mediterráneo y que cuando el futuro me alcanzó tuve el privilegio de contribuir desde dentro a hacer de aquello un lugar mejor.

Aquellos dos años en Oropesa del Mar son ya un montón de recuerdos que empiezo a percibir como lejanos en el tiempo; pero he de reconocer que aquella experiencia mereció mucho la pena tanto a nivel personal como profesional. A ver si un día de estos dedico unos párrafos a hablaros del trabajo que desempeñé allí, porque creo que es un tema interesante.

¡Nos leemos!