Recuerdos de Oropesa (XXIX)

En aquel momento no tenía ni idea, pero esta sería la última floración de los almendros que iba a fotografíar en Oropesa del Mar, ya que pocas semanas después de captar esta imagen la empresa me ofreció la posibilidad de volver a Madrid para emprender un nuevo proyecto profesional.

AlmendrosEse campo de almendros que veis en la fotografía estaba en la parcela anexa a la EDAR, y en esa época del año siempre que pasaba con el coche no podía evitar quedarme mirando la colorida estampa que la naturaleza pintaba ante mis ojos. Ya sabéis que soy una persona que se suele fijar en los detalles y no podía quedarme indiferente ante la mezcla de tonos pastel que durante unos días pintaba estos rincones de la costa mediterránea.

En Madrid también tenemos carreteras en cuyos márgenes hay paisajes dignos de contemplar, pero si apartamos la vista del asfalto un instante es posible que acabemos besando el parachoques del vehículo que nos precede en el atasco permanente que sufrimos.

Nos leemos.

 

Recuerdos de Oropesa (XXIV)

Vivir durante el invierno en una pequeña localidad costera suele ser sinónimo de paz y sosiego. Y lo sé bien por los dos años que pasé en Oropesa del Mar; un lugar en el que puedes pasear a media tarde durante los meses invernales y no cruzarte prácticamente con nadie sintiendo una soledad que a mí particularmente me resultaba de lo más agradable.

La Oropesa solitaria

Sea como sea, reconozco que llevaba tiempo sin acordarme de Oropesa pero hoy, que no hago más que leer noticias sobre el mal tiempo por las tierras de Levante, han venido a mi memoria unas fotografías que hice una tarde de mayo de 2011 en las que el Mediterráneo se mostraba mucho más amenazador de lo habitual.

A storm is approaching (IV)

Recuerdo que aquella tarde el cielo tenía un aspecto inquietante: una extraña banda oscura lo surcaba de lado a lado y un fuerte viento soplaba desde el mar con inusitada fuerza. Dado que vivía muy cerca de la playa, cogí mi cámara de fotos (al fin y al cabo elegí una Nikon D300 para que si un día me sorprende una tormenta pueda seguir haciendo fotos sin preocuparme de la lluvia) y mi estimado 80-200 f/2.8 para retratar aquel temporal que se acercaba por momentos a la costa.

A storm is approaching (II)

Por supuesto, si la cosa se complicaba no iba a hacerme el héroe y saldría zumbando para casa en cuestión de segundos; pero el aspecto apocalíptico del Mediterráneo con las olas que parecían salirse del mar era algo magnético para un amante de la fotografía como yo. Recuerdo con claridad la intensa sensación de que tenía que captar ese momento porque vendría a mi memoria tiempo después (la entrada de hoy es la prueba de ello) y las fotografías me ayudarían a volver a revivirlo.

A storm is approaching (V)

Capté unas cuantas imágenes y enseguida comenzaron a caer unas gotas enormes; mucho más grandes de lo que acostumbraba a ver por aquellas tierras en las que ya de por si suele llover con fuerza. Sin embargo, estaba claro que la tormenta que se nos echaba encima a pasos agigantados tampoco era muy normal que digamos.

A storm is approaching (I)

Tal y como me prometí, antes de exponerme a correr algún riesgo recogí el equipo y me dirigí para casa donde, parapetado tras los cristales, pude contemplar la fuerza de una tormenta que, gracias a estas fotos, no olvidaré.

A storm is approaching (III)

¡Nos leemos!

Cinco días en Oropesa del Mar

Hace ahora poco más de un mes que estuve pasando cinco días en Oropesa del Mar. No había vuelto allí desde que regresé a trabajar a Madrid y la verdad es que el cuerpo ya me iba pidiendo una escapada por aquellas tierras para ver qué cosas habían cambiado (o no) durante mi ausencia.

Oropesa del Mar

He de decir que aunque ha pasado ya año y medio de mi marcha, pocas cosas diferentes hay por allí. No hay nuevos edificios, las playas siguen como siempre, las tiendas son más o menos las de entonces, el puerto deportivo está exactamente igual… Atrás quedaron aquellos años de boom urbanístico en los que verano tras verano veía florecer edificios por cada rincón de la costa de Oropesa.

Oropesa del Mar

Puesto que he pasado dos años de mi vida allí, conozco bien el clima de esa zona y sabía que la mejor época para pasar unos días de tranquilidad es en octubre; una vez que se han ido las primeras lluvias del otoño.  El tiempo es bueno, hay muy poca gente y todavía hay bastantes horas de luz. Luego ya, una vez que llega el frío invierno, Oropesa del Mar es un lugar triste, oscuro y solitario que puede acabar con la paciencia de más de un urbanita.

Cierto es que el primer día me cayó una tormenta de las que hacen época, pero el resto de los días todo fueron cielos despejados y temperaturas agradables hasta el punto de que una mañana bajé a la playa e incluso me pegué un buen baño en el mar.

Oropesa del Mar

Oropesa del Mar

En cualquier caso, la idea principal de pasar allí unos días era volver a recuperar parte de la “inspiración fotográfica” perdida en los últimos tiempos. Y es que si me pongo a repasar todas las imágenes que he ido captando a lo largo de mi vida, me doy cuenta de que muchas de las mejores las he realizado en estas tierras castellonenses, de modo que agarré la D300, un par de objetivos y me puse a retratar aquellos rincones una vez más en busca de esa luz del Mediterráneo que uno no puede encontrar en Madrid por mucho que la busque.

Oropesa del Mar

Oropesa del Mar

Además de las fotografías hechas en Oropesa, también me acerqué una mañana de sol a la vecina Benicassim; de donde salieron algunas imágenes realmente pintorescas y que os muestro a continuación:

Benicassim

Benicassim

Benicassim

Y poca cosa más, la verdad. Esos cinco días pasaron volando y cuando me quise dar cuenta ya estaba devorando de nuevo los 450 Km que separan Madrid de Oropesa. Aquí puede que no sea capaz de captar paisajes tan bellos como en la costa mediterránea; pero cuando llego a Madrid me invade la sensación de estar en casa y eso vale más que todo el oro del mundo.

Oropesa del Mar

¡Nos leemos!

Recuerdos de Oropesa (VII)

En las tierras de Levante hay una obsesión casi ancestral por el fuego. Ya sea en las fallas, en la noche de San Juan o en las fiestas de cualquiera de sus pueblos, las gentes de la Comunidad Valenciana practican esa curiosa tradición que siempre da lugar a imágenes muy pintorescas.

Cremá Oropesa 2011

Recuerdo la fotografía que hay sobre estas líneas porque la tomé a finales de junio de 2011; concretamente en la cremá de un ninot que se hizo en la plaza principal de Oropesa del mar. Era una noche templada y seca como corresponde a esas épocas del año y éramos muchos los curiosos que nos habíamos acercado hasta allí para ver arder una gran figura de madera y cartón.

El inicio fue tranquilo: el ninot comenzó a arder por su parte inferior y poco a poco las llamas fueron intensificándose al tiempo que los bomberos no permitían que el fuego llegara a descontrolarse. Sin embargo, dado que la materia prima de la que estaba hecho aquello ardía con rapidez, pronto las pavesas empezaron a volar cayendo directamente sobre los allí presentes.

No es que se dieran escenas de pánico ni mucho menos; pero sí que es verdad que algunos de nosotros no nos sentíamos muy tranquilos bajo aquella lluvia de cenizas incandescentes; especialmente si pensábamos en la cantidad de tejidos sintéticos que se emplean hoy en día a la hora de vestir.

Sea como sea, la cremá apenas duró unos minutos y una vez que la figura había quedado recudida a rescoldos se dio por terminado aquello y nos encaminamos hacia nuestras respectivas casas.

Además de estas cremás, también se dieron en Oropesa otros acontecimientos relacionados con el fuego como un espectáculo pirotécnico también muy típico en las tierras valencianas llamado “correfuegos” (correfoc en valenciano) y al que pertenece la siguiente imagen:

Correfuegos en Oropesa del Mar (Julio 2012)

En este tipo de eventos, un grupo de personas pertrechados con todo tipo de artículos pirotécnicos se mezcla entre el público presente para dar lugar a una mezcla de carreras, luces, ruido y olor a pólvora. No es que sea yo muy amigo de que me duchen con chispas; pero reconozco que en estas situaciones me gusta estar en un segundo plano con mi cámara (en este caso equipada con un 50mm f/1.8) para captar todos esos puntos luminosos que tanto contrastan con la negrura de la noche.

¡Hasta la próxima entrada!

Recuerdos de Oropesa (VI)

La que hoy os muestro es una de las fotografías más representativas de mi estancia en Oropesa del mar, puesto que combina paisaje costero y soledad.

SoledadEra una mañana de abril y caminaba por la zona de acantilados que une las dos playas principales de la localidad. Un mar relativamente tranquilo y ese denso manto de nubes que presagiaba lluvia dominaban la escena desde mis pies hasta el horizonte. Nada que no hubiera visto ya en otras ocasiones; pero justo cuando iba a tomar otro camino para volver a casa apareció en la playa un hombre portando una silla plegable y un libro.

Gracias a él la escena cambió radicalmente y pasó a ser un ejemplo perfecto de la soledad y la tranquilidad que se respira en ese lugar cuando no está en su apogeo la época estival. Ya sólo tuve que elegir la focal adecuada (podría haber llenado el encuadre con el empedernido lector usando para ello un teleobjetivo, pero quería darle protagonismo al escenario) y pulsar el disparador sin demasiado miedo al rango dinámico dado que la iluminación era bastante homogénea.

Como os dije en la entrada anterior, hubo momentos duros durante el tiempo que viví en este rincón del Mediterráneo; pero era el precio a pagar por experimentar sensaciones como la que esta fotografía pretende expresar.

Recuerdos de Oropesa (V)

Por mucho microclima que sus montañas puedan propiciar, Oropesa del mar no es una excepción a un fenómeno que las provincias mediterráneas conocen muy bien: la gota fría. Y es que si sólo habéis ido por allí durante los meses de verano os sorprenderá encontraros con una imagen como esta tomada en una tarde de noviembre:

Lluvias en Oropesa del Mar (21/11/2011)

Recuerdo que aquel día estuvo lloviendo intensamente desde primera hora de la mañana y cuando al salir de trabajar me dirigí al supermercado a hacer la compra como de costumbre, me encontré con un panorama absolutamente caótico: la carretera se había convertido en un auténtico río y no estaba yo por la labor de jugarme el tipo vadeándolo, de modo que me tocó dar la vuelta y tras un gran rodeo entré a Oropesa por un paso elevado.

Ese puente que veis en la imagen es un transitado acceso a Marina D’or que durante los meses estivales cientos de personas atraviesan cada día. Seguramente pocos veraneantes se habrán imaginado que en ocasiones es necesario cerrarlo al tráfico (de hecho así estuvo durante varios días en esta ocasión) porque debido a la fuerza de la corriente algún vehículo podría verse implicado en un grave accidente; pero los que hemos pasado allí algún invierno sabemos de primera mano que cuando en Oropesa llueve con ganas hay que andarse con mucho ojo.

El río Chinchilla es un cauce fluvial que durante la mayor parte del año no lleva ni una gota de agua. Sin embargo, cuando llueve copiosamente en el interior de la provincia hasta el punto de elevarse el nivel de los acuíferos de la zona de Cabanes, en cuestión de minutos el agua empieza a correr por él buscando el camino hacia el mar sin que nada ni nadie pueda detenerlo hasta que el nivel freático desciende y todo vuelve a su equilibrio natural.

Lluvias en Oropesa del Mar (22/11/2011)

Como ya os he contado en varias ocasiones, el vivir durante todo el año en un lugar típicamente “de veraneo” hace que uno se encuentre con situaciones que no se dan durante julio y agosto. Hay cosas muy agradables y apetecibles como dar un paseo por la playa en soledad o disfrutar de un atardecer en completo silencio; pero también hay malos ratos como los que os describo con estas imágenes.

Al fin y al cabo, la gracia de esta serie de entradas que estoy redactando últimamente es daros a conocer esas situaciones en parte por mi afición por la fotografía y en parte por las ganas que siempre tengo de compartir esas pequeñas cosas de cada día con vosotros.

¡Hasta la próxima parrafada!  😉

Recuerdos de Oropesa (IV)

Como ya os he dicho en más de una ocasión, la casi absoluta soledad que me encontré en Oropesa del mar fuera de la temporada de verano es lo que más me cautivó de aquel lugar. Sé que hay gente que aborrecería tal cosa; pero la sensación de dar un paseo por sus calles vacías era algo que nunca dejó de sorprenderme durante el tiempo que viví allí y, por ello, fue un motivo muy habitual en mis fotografías.

Cantos rodados

Esta imagen en concreto está tomada en la playa de Amplaries, situada en la zona de Marina D’or, y en ella podéis apreciar cuán diferente es esa zona tan turística cuando reina el mes de mayo.

Apenas un par de paseantes caminan sobre unas piedras que en realidad siempre han estado ahí; ya que año tras año lo que se hace poco antes del pistoletazo de salida de la temporada estival es cubrir todo esto con arena extraída de la cala Retor. En el horizonte, una plataforma anclada al fondo del mar coloca algún tipo de estructura que la mayoría de nosotros nunca conocerá.

Cuando llega septiembre y comienzan las lluvias torrenciales esa arena que os decía es arrastrada de nuevo al mar y por enésima vez vuelven a quedar al descubierto los cantos rodados que conforman el litoral costero desde el final de la playa de Morro de Gos hasta prácticamente llegar a tierras catalanas.

Es la imparable fuerza de la naturaleza, de la cual os volveré a hablar en la próxima entrada.