Recuerdos de Oropesa (VI)

La que hoy os muestro es una de las fotografías más representativas de mi estancia en Oropesa del mar, puesto que combina paisaje costero y soledad.

SoledadEra una mañana de abril y caminaba por la zona de acantilados que une las dos playas principales de la localidad. Un mar relativamente tranquilo y ese denso manto de nubes que presagiaba lluvia dominaban la escena desde mis pies hasta el horizonte. Nada que no hubiera visto ya en otras ocasiones; pero justo cuando iba a tomar otro camino para volver a casa apareció en la playa un hombre portando una silla plegable y un libro.

Gracias a él la escena cambió radicalmente y pasó a ser un ejemplo perfecto de la soledad y la tranquilidad que se respira en ese lugar cuando no está en su apogeo la época estival. Ya sólo tuve que elegir la focal adecuada (podría haber llenado el encuadre con el empedernido lector usando para ello un teleobjetivo, pero quería darle protagonismo al escenario) y pulsar el disparador sin demasiado miedo al rango dinámico dado que la iluminación era bastante homogénea.

Como os dije en la entrada anterior, hubo momentos duros durante el tiempo que viví en este rincón del Mediterráneo; pero era el precio a pagar por experimentar sensaciones como la que esta fotografía pretende expresar.

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El pasado de Oropesa en postales (VII)

Las de hoy son dos postales que, como todas las demás, muestran a Oropesa del mar; pero en esta ocasión no lo hacen desde sus costas sino desde lugares algo más elevados.

Torre de la iglesia parroquial. Aprox 1990

Torre de la iglesia parroquial. Aprox 1990

La primera de ellas está hecha en la explanada del castillo del pueblo y en ella se puede ver en primer término la torre de la iglesia parroquial. Por los edificios que aparecen en la imagen (o más bien por la abundante vegetación que todavía se aprecia) podemos fechar la fotografía hacia 1990.

Como os digo, en esta imagen podéis apreciar que todavía faltaban muchos edificios por construir hasta configurar el actual paisaje urbano de Oropesa y es que, como ya os dije en una entrada anterior, antes del boom de Oropesa como lugar turístico de vacaciones existía una clara separación entre lo que es el pueblo y la zona de la costa. Esta delimitación consiste en toda esa franja de campos y arboledas que rodea a las pequeñas casas del núcleo urbano de la que actualmente poca cosa queda.

Si os fijáis bien podréis distinguir la montañeta de San José prácticamente despejada de chalets así como la ausencia casi total de edificaciones en la avenida de Columbretes. Por otra parte, comentar también que esa espesa arboleda que se ve en la parte derecha de la postal hoy en día son hileras de chalets; los cuales están inacabados en algunos casos porque el estallido de la burbuja inmobiliaria les pilló mientras colocaban los ladrillos. En cualquier caso, vamos a observar un poco mejor esa zona con ayuda de la siguiente imagen.

Vista aérea del pueblo de Oropesa. 1996

Vista aérea del pueblo de Oropesa. 1996

En la segunda postal vemos una panorámica de Oropesa que no sé bien si está captada desde un avión o directamente desde las montañas que hay hacia el interior y que separan Oropesa y Cabanes.

Fijándonos en la parte derecha de la imagen podéis ver que en 1996 seguía habiendo una gran cantidad de tierras de cultivo en las inmediaciones de Oropesa, aunque a día de hoy toda esa extensión de terreno ha visto florecer los chalets adosados a los que me refería antes y entre los cuales todavía se puede encontrar algún pequeño campo de almendros que resiste estoicamente al invasor.

Tengo muy buenos recuerdos de aquellos campos, pues discurrían entre ellos multitud de caminos de tierra que recorría tarde tras tarde con mi bicicleta de montaña. Cada día trataba de buscar un nuevo rincón, una senda que me llevara un poco más lejos, un poco más alto… y así, poco a poco, acabé por conocer esa zona de Oropesa como la palma de mi mano.

Hoy en día todo aquello está irreconocible si los recuerdos de uno viven todavía en aquella época; pero por suerte aun quedan rincones que no han cambiado en estos últimos 20 años y a veces, cuando tengo ocasión, me acerco a ellos para recordar aquellos largos paseos en bici bajo el sol.

El pasado de Oropesa en postales (VI)

Os traigo hoy una postal de Oropesa que si bien no es demasiado adecuada para observar en ella las huellas del paso del tiempo sí que es curiosa tanto por su diseño gráfico como por ser de finales de los años 70.

Playas de la concha y morro de gos. Finales años 70

Playas de la concha y morro de gos. Finales años 70

Obviando la parte izquierda de la imagen, donde unos winsurfistas y una hilera de banderas pretenden darle un aire cool a la postal, vamos a centrarnos en las dos mini-fotografías que tenemos en la parte derecha, las cuales pertenecen a la playa de La concha y a Morro de gos.

La superior retrata la playa en la que vivo actualmente pero está hecha a finales de los años 70. Desgraciadamente no hay fechas en casi ninguna de las postales que tengo, de modo que el año en el que está disparada la fotografía lo tengo que deducir a partir de los edificios que están construidos y detalles por el estilo.

Si os fijáis bien en ella veréis que hay pocas edificaciones en comparación con otras postales de años venideros y que en la playa no hay demasiada gente pese a que debe de estar hecha en pleno verano y en las horas centrales del día. Al fondo tenemos dos de los edificios más característicos del paisaje urbanístico de esta zona de Oropesa como son el edificio 2000 y el Grimaca.

Aprovecho para comentar que cuando era pequeño recuerdo ver el lateral del edificio 2000 con su nombre escrito en letras inmensas y pensar en coches voladores, gente con escafandras y demás arquetipos de la ciencia-ficción barata; pero el caso es que al final el año 2000 llegó y todo siguió más o menos igual que antes.

En otro orden de cosas, en primer plano tenemos unas rocas que ya aparecieron en las dos postales nocturnas de la entrada anterior pero de las que no hablé, de modo que aprovecharé la ocasión para comentar que por aquellos tiempos se podían encontrar allí pequeños cangrejos que mi hermano se encargaba de meter en un cubo y volver a soltarlos al final de la mañana. Hoy en día la arena ha avanzado unos metros y las rocas suelen estar secas la mayor parte del tiempo (la construcción de puertos con sus diques y espigones suele variar ligeramente la orografía de las playas cercanas debido a la influencia sobre las corrientes de agua y su arrastre de sedimentos) pero en los años 80 era habitual que se encontraran prácticamente sumergidas y de ahí que habitaran en ellas pequeños cangrejos, moluscos y otras especies marinas.

Por lo demás, llama la atención la pinada tan verde que asoma por la parte izquierda de la imagen, ya que hoy en día existe ahí un gran edificio de apartamentos y apenas han quedado unos pocos árboles en la zona ajardinada del mismo.

Centrándonos ya en la mini-fotografía de la parte inferior (correspondiente a Morro de gos) lo que tenemos es la montañeta de San José, donde hoy en día la maleza crece sin control en las zonas donde no se han construido chalets. La zona de prado que tenéis en primer término está ocupada actualmente por el paseo que comunica las dos playas por la zona de los acantilados, ya que antes de su construcción para ir de una playa a otra no quedaba más remedio que adentrarnos “campo a través” por la citada montañeta o bien ir por la calle Teruel que conecta las dos playas que aparecen en la postal. Por cierto, no sé vosotros, pero yo a dicho paseo lo conozco con el nombre de La muralla china.

En cuanto a las edificaciones que se pueden observar, podéis ver que apenas hay edificios en la parte de la playa más cercana al fotógrafo mientras que se empieza a ver una mayor densidad de bloques de apartamentos en las inmediaciones del hotel Koral (incluyendo el mítico “Edificio Rana”). Me imagino que esto es debido a que en aquellos tiempos existía un paso a nivel sobre la vía del tren a esa altura de la costa (justo donde hoy se encuentra un paso subterráneo) y, por tanto, era más sencillo ir del pueblo a esa zona de morro de gos siguiendo la Avenida del mar que llevaba al citado hotel Koral que a otras más apartadas y de peor acceso.

Por lo demás, comparando esta vista con una imagen más actual sorprende ver que Marina D’or no era por aquel entonces ni siquiera un proyecto y que en la playa no hay prácticamente gente ni en la arena ni en el agua; y es que el rápido desarrollo urbanístico que aconteció en la década de los 90 en todo el Mediterráneo en general cambió el perfil urbano de una forma radical.

El pasado de Oropesa en postales (IV)

Aunque posteriormente volveremos a la playa de La Concha (ya os advertí de que disponía de abundante material gráfico sobre esa zona) hoy me gustaría acercarme a otra playa de Oropesa donde verano tras verano se dan cita multitud de veraneantes: Morro de gos.

Playa morro de gos. Aprox 1990

Playa morro de gos. Aprox 1990

La playa de morro de gos es más larga y más estrecha que La Concha, discurriendo desde las faldas de la montañeta de San José hasta la desembocadura del río Chinchilla (a la altura de los primeros edificios de Marina D’or). Precisamente la postal que ilustra esta entrada está hecha desde un extremo de la playa observándose al fondo las primeras edificaciones de la famosa “ciudad de vacaciones”.

Varias cosas me llaman la atención de esta imagen tomada hacia 1990. Por un lado está el mítico locutorio telefónico situado en la arena de la playa; y es que en aquella época dónde los teléfonos móviles eran cosa de películas de James Bond si quería hablar por teléfono y no tenías uno en casa sólo te quedaban dos opciones: o hacías cola en una cabina o te acercabas al locutorio para charlar un rato y pagar al salir.

Comentar también que en la postal se puede ver que no existía todavía el paseo marítimo que se construyó años después y que va precisamente desde el mencionado locutorio hasta el conocido Hotel Koral. Lo que había por aquel entonces no era más que una carretera de asfalto que se unía con la arena de la playa sin acera alguna por la que pudiera transitar la gente. Y es que ya os dije que por estos años Oropesa pasó de ser un pueblecito costero casi desconocido a uno de los puntos fuertes del turismo en España.

Otros pequeños detalles que podemos apreciar son los coches de la época (Renault 11, Seat Ritmo…) o las papeleras, y es que siendo estas últimas todas azules implica que no se hacía recogida selectiva de residuos como en la actualidad, dónde hay recipientes de tantos colores como tipos de residuos se recogen.

En cuanto a los edificios presentes en la imagen, podemos apreciar que hasta llegar al hotel Koral el paisaje urbano apenas ha variado, ya que al estar casi toda la primera línea ya edificada pocas modificaciones se han podido hacer desde entonces. Sin embargo, en el tramo que existe entre el citado hotel Koral y la urbanización Marina D’or sí que crecieron en los años siguientes grandes edificios de extrañas formas geométricas.

Descubriendo el mar

El Mediterráneo y yo tenemos una larga relación: yo me he bañado en sus aguas todos los veranos sin excepción y él me ha visto crecer, madurar e iniciar mi propia vida a sus orillas.

Julio de 1985

Tal vez por eso no me resulta extraño que a apenas dos minutos de mi casa tenga la playa y que tan sólo un poco más allá siempre me estén esperando los acantilados de Oropesa mecidos por las olas. Es algo que tengo tan asumido desde el inicio de mis recuerdos (y más ahora que vivo aquí durante todo el año) que para mí es lo más normal del mundo.

Sin embargo el mar es algo que no todo el mundo tiene ocasión de ver con asiduidad; y por eso, cuando esta mañana escuché sin querer la conversación de un matrimonio que hablaba de que en las fotos el mar no parece tan grande entendí que era la primera vez que lo veían con sus propios ojos e intenté captar ese instante de maravillosa estupefacción.

Descubriendo el mar

Sin ir más lejos, mi abuela no vio el mar nunca en su vida hasta que con algo más de treinta años se fue a Canarias acompañando a mi abuelo por temas de trabajo. No sé lo que se le pasaría exactamente por la cabeza cuando se plantó por primera vez en las playas de Santa Cruz de Tenerife; pero supongo que el asombro fue más o menos el mismo que el de este matrimonio que hoy veía por primera vez una masa de agua más grande que un pantano.

Masificación estival (y todavía no estamos en Agosto)

¿Recordáis aquello que os conté de que en apenas una semana Oropesa del Mar se había llenado de gente?

Pues eso no es nada comparado con la cantidad de veraneantes que han llegado gracias a que mañana es fiesta en buena parte del país.

24/07/2011 12:30h

Dudo que una playa se pueda masificar más todavía; pero al ritmo que vamos este verano tampoco sería de extrañar que en Agosto se apiñara más gente todavía en Morro de Gos. Ya os contaré…