Rincones: Cantabria

Como os decía en la entrada del noveno aniversario del blog, de un tiempo a esta parte me centro más en mostraros imágenes y narraros experiencias que en hablar de fotografía pura y dura a nivel técnico; y ya os adelanto que el de hoy es otro de esos artículos basados en la luz que llega al sensor de mi cámara (la Olympus E-PL1 en este caso) mientras paso unos días de vacaciones con mi chica por algún rincón de España.

Dado que ya habíamos visitado Galicia y Asturias, siguiendo una especie de orden geográfico natural en esta ocasión nos decantamos por Cantabria (y ya os podéis imaginar cual será nuestro próximo destino) pero sin obsesionarnos con ver muchas cosas en poco tiempo.

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Digo esto porque una vez estuvimos un par de días en Barcelona pretendiendo visitar un montón de lugares y lo único que conseguimos fue ir a toda prisa de aquí para allá mirando el reloj y sin disfrutar de la ciudad. Aquello marcó un punto de inflexión en nuestros viajes y desde entonces buscamos un “campamento base” y desde allí vamos haciendo las excursiones que nos van apeteciendo y cuadran con nuestro ritmo de vida.

En en este caso hemos estado alojados en Santillana del Mar; localidad muy próxima a Torrelavega y, para nuestro gusto, realmente bonita. Casco histórico con calles empedradas, casas con balcones de madera, tiendas de productos típicos y muchos rincones con encanto situados en las afueras.

Ya que estábamos allí no podíamos dejar de visitar las cuevas de Altamira. Bueno, en realidad su reproducción, ya que la original fue cerrada a finales de los 70 debido a que la enorme afluencia de visitas estaba degradando a toda velocidad sus espectaculares pinturas rupestres.

Una de las ciudades que más nos gustó fue Comillas. Una de esas excursiones improvisadas sobre la marcha y que nos sorprendió gratamente tanto por su localización junto al mar como por sus bellos y pintorescos edificios, dentro de los cuales nos fascinó especialmente “El capricho de Gaudí”: una casa llena de detalles curiosos encargada por un afamado abogado de la ciudad al genial arquitecto.

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También destacaba especialmente (aunque no nos dio tiempo a acercarnos) una casa de aspecto de cuento situada en lo alto de una colina que traté de plasmar en la lejanía con ayuda de mi teleobjetivo. No sabemos si era visitable o no, pero me quedé con ganas de acercarme por allí para echar un vistazo más de cerca; de modo que nos lo dejamos apuntado en nuestra lista de tareas por si algún día volvemos a pasar cerca de Comillas.

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Potes fue otra de esas localidades que nos dejaron un muy buen sabor de boca. Cuando entras al pueblo no parece ser gran cosa, pero a medida que vas caminando y te adentras en su casco histórico te encuentras con que el río que lo atraviesa está surcado por puentes de estilo medieval que dan al lugar un aspecto de lo más pintoresco.

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Allí aprovechamos para comer y hacer la compra; y al iniciar el camino hacia nuestro siguiente destino grabé desde el techo del coche con una Polaroid Cube un time-lapse (8x) del trayecto entre las localidades de Potes y Panes a través del desfiladero de La Hermida. Un recorrido entre montañas siguiendo el curso de un río en el que hay que ir despacito por la cantidad de curvas y estrechamientos que nos vamos encontrando. El vídeo dura poco más de cuatro minutos y espero que os guste.

Tras algo menos de una hora llegamos a San Vicente de la Barquera. Una localidad costera con puerto y una iglesia en lo alto de una colina (si algo me ha quedado claro de cantabria es que siempre estás subiendo o bajando porque no hay más de 100 metros seguidos de terreno llano) desde la cual se divisaban unas bonitas vistas. Tras una vuelta por todo el pueblo nos tomamos un chocolate con churros para reponer fuerzas y emprendimos viaje de regreso a casa.

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Por último, también visitamos otra cueva quizá no tan famosa como Altamira pero también extremadamente bella: la cueva del Soplao. Una galería minera que enlaza con una enorme cavidad natural excavada por el agua llena de estalactitas y estalagmitas que en algunas zonas parecen desafiar a la gravedad y que, por supuesto, estaba prohibido fotografiar.

Os recomiendo la visita a la cueva porque os va a sorprender muy gratamente y lo que sí os puedo mostrar es una vista del paisaje que se desde su entrada, ya que se encuentra en la cima de un monte en las cercanías de la localidad de Celis desde donde se divisa un paisaje muy típico de esta zona.

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Y a grandes rasgos esto es lo que dio de si nuestro viaje. Cuatro días muy aprovechados en los que además nos hizo un tiempo estupendo. No sé cómo lo hacemos, pero en todas las ocasiones que hemos visitado el norte de España apenas nos ha llovido rompiendo con el tópico de que por esas latitudes hay que ir siempre con paraguas, chubasquero y botas de agua.

Regresamos hace muy pocos días de las tierras cántabras, pero ya estamos deseando coger de nuevo carretera en cualquier dirección para seguir descubriendo rincones con encanto.

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La colina de El Principito

Hay una colina en la parte Oeste de mi querido parque Juan Carlos I que siempre me ha recordado al cuento de El Principito. Es de pequeño tamaño, cubierta de hierba y con árboles en su parte superior. Y aunque es cierto que en el famoso libro lo único que hay en el planeta de ese niño rubio es una flor, no puedo dejar de ver en este pintoresco lugar el escenario del libro de Antoine de Saint-Exupéry.

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Pese a que a mí me parece un lugar con mucho encanto, no suele haber gente en lo alto de esta pequeña colina. No sé si será por su pronunciada pendiente o porque se encuentra en una de las zonas del parque menos transitadas; pero sea como sea, si uno se sube allí arriba puede disfrutar de unas buenas vistas del monumento “Espacio México” con Madrid al fondo.

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Allí, sentados entre los árboles, podéis divisar a los piragüistas que por el canal entrenan a diario, a los niños que juegan despreocupados en los columpios con forma de barco pirata que hay en las inmediaciones y observar cómo se mezclan en los caminos del parque runners y caminantes con sus perros. Un remanso de paz en el que sentarse unos minutos a disfrutar sin más preocupaciones.

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Ya sabéis de mi debilidad por este gran parque de Madrid al que acudo de vez en cuando para descubrir algún nuevo recoveco en el que no me había fijado hasta entonces. Esta colina que hoy retrato es sólo uno más de estos rincones, pero para mí es uno de los más especiales. Si pasáis a su lado, volved por un instante a vuestra infancia y echad una carrera para alcanzar su cima. Os sentiréis muy bien, os lo aseguro.

Rincones: Pazo de Oca (Pontevedra)

No muy lejos de Santiago de Compostela existe una finca a la que algunos llaman “El Versalles gallego” que destaca por la belleza de sus jardines. Y es que el Pazo de Oca es un idílico lugar en el que mi chica y yo pasamos una tarde entera caminando por sus rincones y que hoy me gustaría daros a conocer a través de algunas fotografías que hice aquel día.

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Tras acceder al recinto, un patio bastante sencillo os dará la bienvenida y una vez curioseados sus recovecos pasaréis a través de una puerta junto a una fuente para dar a la zona principal del pazo: unos grandes jardines con caminos llenos de parras, un estanque con patos y cisnes de lo más bucólico, zonas con flores de muy diversos colores…

150710_185800150710_195348Como podéis ver en las imágenes, el agua es uno de los puntos fuertes de este lugar; y es que estando en el norte de España no tendréis ocasión de ver muchos secarrales, cauces sin agua y cosas similares como sí ocurre en lugares situados en la mitad sur de la península (especialmente durante el mes de julio, que es cuando estuvimos por allí).

150710_191441150710_190612Creo que no os he comentado que la entrada al Pazo de Oca cuesta seis euros y os da derecho a campar a vuestras anchas por los jardines. Si queréis ver el interior del pazo, tendréis que contratar una visita guiada; cosa que nosotros no hicimos (así que no sé deciros si merece la pena o no).

150710_184107150710_191410Después de la maravillosa visita a las Islas Cíes que realizamos unos días antes, pensábamos que ya nada nos iba a sorprender en aquellas tierras; pero reconozco que estábamos equivocados y la visita a este lugar tan especial nos gustó casi tanto como aquellos paseos entre acantilados y gaviotas.

Si estáis cerca de Santiago de Compostela y tenéis ganas de visitar un lugar con un encanto especial, el Pazo de Oca es una opción de lo más recomendable.

150710_190052¡Nos leemos!

Rincones: Islas Cíes (Pontevedra)

Creo que fue un brote de síndrome de Stendhal, porque según el barco se iba arrimando al embarcadero yo sólo era capaz de decirle a mi chica: “¡Pero peroooooo… mira el agua. Y mira la arena, qué blanca es… Diossssss, es que el agua parece de cristal… Fíjate cómo se ven las rocas del fondo… y los peces… Míralos, pero míralooooooos!” 150709_160004Tenía la sensación de estar en una playa del caribe; con la vegetación y la arena fundiéndose en una delgada línea y un agua tan clara que parecía sacada de un videojuego. Ya me habían dicho que las islas Cíes me iban a gustar, pero no creí que la cosa iba a ser para tanto. Y lo que más sorprende al visitante que para llegar a este paraíso terrenal tan sólo hay que tomar un barco en el club náutico de Vigo que nos dejará en la isla en menos de 45 minutos y que nos costará (ida y vuelta) entre 10 y 18 euros por persona dependiendo de la naviera que elijamos.

Pero bueno, retomando el hilo de mis recuerdos de aquel día, una vez superada mi euforia inicial llegaba el momento de tomar decisiones: hay en la isla varias rutas para realizar y disponíamos de unas seis horas antes de que zarpara el barco que nos devolvería a Vigo, de modo que tampoco podíamos entretenernos mucho. 150709_154110_01 Decidimos tomar la ruta de los faros y sobre la marcha decidir si subíamos al faro principal o bien nos desviábamos a uno secundario que no tenía tanto desnivel y, por tanto, se podía llegar a él en menos tiempo. La ruta no es que fuera especialmente larga ni complicada; pero dado que eran las horas centrales del día y que aquella jornada hacía un calor especialmente intenso para ser tierras gallegas preferimos no arriesgar y visitar el faro “pequeño”. 150709_151654No quiero alargarme mucho en mis descripciones porque este tipo de entradas son principalmente gráficas; pero sí os diré que nos íbamos sorprendiendo y maravillando a partes iguales a medida que íbamos recorriendo la isla. Playas paradisíacas, embarcaderos de cuento, vistas maravillosas de las islas vecinas, gaviotas sobrevolando nuestras cabezas… Recuerdo especialmente cuando a las tres de la tarde, cansados ya de caminar, nos sentamos en una roca a la sombra de unos árboles y allí nos pusimos a comer unos bocadillos que nos supieron a gloria. Luego, ya con ánimos renovados, emprendimos el tramo final hacia el faro. Un tramo en el que no había sombra en la que cobijarse a esas horas de la tarde. 150709_132332La verdad es que mereció la pena visitar el faro pequeño viendo el infierno de rampas que dan acceso al faro principal. Obviamente la vista desde aquella elevación debía de ser espectacular; pero desde nuestra privilegiada posición estábamos muy cerca de la isla sur (a la cual sólo se puede acceder en barco privado o bien con unas barcas que salen desde la propia isla principal) y la perspectiva desde allí era muy muy bonita a costa de invertir mucha menos energía en llegar al final de la ruta. 150709_151909 El camino de regreso fue el mismo que el de la ida pero en sentido inverso; sólo que esta vez el sol empezaba a estar ya más bajo y las playas estaban todavía más radiantes de luz y de color. Prueba de ello son las fotos que tenéis a continuación y que intentan plasmar lo que vimos aquel día inolvidable. 150709_155711150709_135713 Por último, al llegar ya a las cercanías del embarcadero y viendo que todavía nos quedaba casi una hora para que saliera nuestro barco, optamos por pasar un rato en la playa y refrescarnos en aquellas aguas que tanto nos llamaban la atención. Volvimos a nuestro alojamiento con la sensación de haber vivido un día fantástico y de haber descubierto un rincón que había elevado (y mucho) el listón de los lugares visitados. Va a ser complicado descubrir un sitio con más encanto que las islas Cíes, pero estoy seguro de que al final lo lograremos. 150709_125743150709_171435 ¡Nos leemos!

Rincones: Parque Juan Carlos I (Madrid)

Al Parque Juan Carlos I nunca puedo decirle que no. Da igual la época del año, el clima o las circunstancias que me rodeen en ese momento. Me gusta perderme por sus infinitos rincones y disfrutar de ellos ya sea a pie, en bicicleta, patinando (aunque esto es algo en lo que me estoy iniciando) o, como en esta ocasión, haciendo fotografías.

Parque Juan Carlos I (Madrid)

En principio no quería enrollarme mucho dando datos sobre el parque, pero precisamente buscando algo de información en internet me he dado cuenta de que en realidad lo que hay escrito sobre este pedacito de Madrid es bastante poco y además está muy deslavazado; de modo que voy a tratar de contaros algunas cosas curiosas sobre este lugar mezcladas con mis propias impresiones y algunas imágenes que he captado durante mi última visita.

Ubicación, extensión y servicios añadidos

El parque Juan Carlos I es el segundo en extensión de la ciudad de Madrid, sólo superado por la Casa de Campo. Con sus 220 hectáreas situadas en el distrito de Barajas (zona Este de la capital) representa un auténtico pulmón para una región de Madrid que se había desarrollado considerablemente en la década de los 80 con la construcción de Ifema y los numerosos edificios de oficinas del “Campo de las Naciones”, pero que más allá de estas edificaciones aquella era una zona de Madrid anclada en tiempos pasados y con cierto aire de abandono, de modo que con este parque se le quería dar un soplo de modernidad urbana al distrito.

Parque Juan Carlos I (Madrid)

Comentaros también que el parque cuenta con algunos servicios añadidos como el préstamo gratuito de bicicletas, la ruta (también gratuita) que un tren realiza por el anillo principal así como un amplio aparcamiento de libre acceso y un auditorio al aire libre.

Por si no lo sabéis, en el Juan Carlos I podéis realizar algunas actividades que en principio uno no está acostumbrado a ver en Madrid pero que aquí se han convertido ya casi en tradición. Una de las más curiosas es que en las explanadas que hay cerca de la entrada principal durante los fines de semana encontraréis bastante gente volando cometas de las más diversas formas y tonalidades.

Parque Juan Carlos I (Madrid)

Del mismo modo, en dichas explanadas podéis acercaros en verano a cenar un bocadillo cómodamente sentados en la hierba o, como ya hemos hecho un par de veces mi chica y yo, llevar un portátil para ver una película al frescor de la noche. Actividades que, como os digo, parecen más propias de un lugar de playa pero que en este rincón de Madrid podéis practicar con total libertad.

Historia del parque Juan Carlos I

Este parque se inauguró en el año 1992 con motivo de que Madrid fuera designada capital europea de la cultura. Sí, aunque mucho menos sonado que los JJOO de Barcelona y la “Expo” de Sevilla, Madrid también tuvo su ratito de gloria aquel año inolvidable.

La verdad es que recuerdo aquella época como la de las grandes obras (viaductos, instalaciones deportivas, trasvases, túneles, urbanizaciones infinitas…) y la del parque Juan Carlos I también debió de ser de las gordas pues duró tres años; aunque por desgracia no tuve ocasión de verla con mis propios ojos porque, sencillamente, era una zona de Madrid que por aquel entonces ignoraba por completo.

Parque Juan Carlos I (Madrid)

Por lo que he podido leer, el parque se asienta sobre unos terrenos que en la década de los ochenta estaban un poco dejados de la mano de Dios y cuyo único elemento reseñable era un olivar centenario (el llamado “Olivar de la Hinojosa”) que a la hora de proyectar las instalaciones se decidió respetar (de ahí que buena parte de la zona central esté tapizada de esta especie de árbol tan típicamente nuestra).

Parque Juan Carlos I (Madrid)

Durante los tres primeros años de funcionamiento pasaron por el parque millón y medio largo de personas, lo que da una idea de su éxito entre los madrileños. Recuerdo haber ido con mis padres en aquellos tiempos de mediados de los 90 algún domingo por la mañana cargando con mi bicicleta en el maletero y haberme agotado dando vueltas por los inumerables caminos del parque que, sumados todos, dan un total de 13 kilómetros.

Las esculturas

Dispersas por el parque se encuentran diecinueve esculturas de estilo abstracto y diversas temáticas. Muchos conoceréis esa que consiste en unos dedos blancos que salen de la tierra, pero hay otras muchas que os animo a descubrir por vosotros mismos dando un paseo que, por lo separadas que están unas de otras, tendrá que ser bastante extenso.

Parque Juan Carlos I (Madrid)

La que os muestro sobre estas líneas es una de las menos conocidas, ya que está en un rincón del parque poco transitado y no llama demasiado la atención al transeunte, que al pasar por allí tiende a fijarse más en las piraguas que hay por el canal circular o el bonito puente que lo atraviesa. Por lo que he podido saber, se trata de un homenaje a Galileo Galilei y me gusta especialmente por su mezcla aparentemente caótica de líneas rectas y curvas.

Sin embargo, estoy seguro de la que os voy a mostrar a continuación sí que os resulta mucho más familiar, pues es, sin duda, la más conocida de las diecinueve que pueblan el lugar.

Parque Juan Carlos I (Madrid)

Efectivamente, esa especie de donut de color rojo intenso situado a final de una rampa de bloques de granito es la escultura correspondiente al llamado “Espacio México”, la cual se erige en un lugar visible desde casi cualquier lugar del parque y que, por tanto, llama la atención de todo el que se acerque a dar una vuelta por allí.

Además de estas dos esculturas que os muestro en estas fotografías tenéis 17 más repartidas por las 160 hectáreas del parque, de modo que os animo a que tratéis de localizarlas dando un paseo porque hay algunas que merece la pena contemplar con atención (no os perdáis “Fisiocromía para Madrid” porque es otra de mis favoritas pese a que en esta ocasión no la he plasmado en mis fotografías).

El agua

Os hablaba hace un momento de un “canal circular”, y es que hay un anillo de aproximadamente un kilómetro de diámetro que divide el parque en dos partes (exterior e interior) que en su mayor parte discurre paralelo a una ría que consiste en un canal con algo de desnivel, dos estanques en sus respectivos extremos y unas bombas que elevan y trasladan el agua entre los estanques para volver a iniciar su recorrido.

Parque Juan Carlos I (Madrid)

En el parque Juan Carlos I el agua es un elemento muy importante, ya que además de este canal que os comento, hay unos chorros de agua que salen del suelo donde en verano siempre hay niños jugando, un embarcadero donde actualmente hay un barco que en tiempos recorría el canal, numerosos cauces por los que se desvía el agua de la ría principal para ornamentar algunas zonas…

Como os digo, se trata de un elemento al que se recurre en muchos rincones y que da al lugar un aire muy especial. De hecho, en el parque hay unos 130000 metros cuadrados de lámina de agua, lo que os dará una idea de su papel protagonista.

La estufa fría

Parque Juan Carlos I (Madrid)

La estufa fría es un invernadero situado cerca del centro geográfico del parque que contiene multitud de especies arbóreas y arbustivas. Yo no entiendo mucho de plantas y no sería capaz de ponerme a describir subespecies y familias; pero sí os puedo decir que en este lugar la vegetación prácticamente nos rodea (hay zonas de bambú realmente densas) y hay una marcada tranquilidad que nos invita a permanecer un rato contemplando el lugar.

Parque Juan Carlos I (Madrid)

En cualquier caso, no os dejéis engañar por el oxímoron que da nombre al lugar, ya que ni es una estufa ni está fría; sino todo lo contrario. Me explico: efectivamente se trata de un invernadero porque por sus lados está cerrado con unas paredes casi transparentes. Sin embargo, el techo está hecho de lamas inclinadas las cuales no dejan entrar la luz del sol directamente pero dejan escapar el aire caliente, de modo que lo que conseguimos es una temperatura más suave que en el exterior (más fresco en verano y más templado en invierno) pero sin llegar al calor que hace en un invernadero “típico” cuyo interior es completamente cerrado y, por tanto, no deja salir el aire caliente cuando le da el sol.

Parque Juan Carlos I (Madrid)

Por cierto, comentaros que en uno de sus extremos (fuera de la nave principal) hay un pequeño “jardín zen” con sus especies típicamente orientales y su grava blanca perfectamente rastrillada. Otro de esos rincones especiales de este parque y que no mucha gente conoce.

Las vistas

El Juan Carlos I no es un parque plano como podría ser, por ejemplo, el Retiro. A lo largo y ancho de su extensión nos vamos a encontrar con multitud de lomas desde las que podemos admirar unas bonitas vistas de la capital tal y como podéis ver en algunas de las fotografías que acompañan a este artículo.

Parque Juan Carlos I (Madrid)

Desconozco si es el caso, pero lo habitual es que este tipo de montículos estén formados por la arena y las piedras que se han sacado durante la fase del movimiento de tierras mientras se construía el parque, de modo que así se aprovecha el material y se rebajan costes al no tener que trasladar este material muy lejos de su origen.

Si tuviera que apostar diría que la mayor parte de estos montículos que hay en el Juan Carlos I están hechos del material sacado a la hora de excavar el canal circular de agua; aunque como os comentaba antes, no he visto este dato por ningún lado y me baso exclusivamente en lo que he ido viendo durante mi vida profesional en infraestructuras hidráulicas.

Parque Juan Carlos I (Madrid)

Mi loma favorita es una con forma de pirámide de cuatro caras la cual está coronada por una semiesfera plateada. Desde allí arriba tenéis una bonita vista de todo el parque y además podréis distinguir edificios emblemáticos de Madrid como “el pirulí”, la T4 del aeropuerto de Barajas o las cuatro torres así como también divisar en la lejanía localidades como Coslada, Paracuellos del Jarama o incluso la sierra.

Parque Juan Carlos I (Madrid)

Parque Juan Carlos I (Madrid)

En definitiva, el parque Juan Carlos I es un buen lugar donde perderse en Madrid. No está tan lleno los fines de semana como el Retiro ni es tan bullicioso y además hay espacio de sobra para caminar, patinar, montar en bici, jugar al fútbol o pasear al perro. Si vivís en Madrid o sus alrededores y todavía no os habéis dejado caer por allí os recomiendo que os acerquéis un día de sol y disfrutéis de todo lo que este rincón de la capital tiene que ofreceros.

Parque Juan Carlos I (Madrid)

Más información

 

Rincones: Valverde de los Arroyos (Guadalajara)

Me habían hablado muchas veces de Valverde de los Arroyos, pero hasta ahora no me había animado a ir por allí, así que aprovechando nuestra estancia en Hita una mañana cogimos el coche para recorrer los sesenta kilómetros que separan ambas localidades y así ver con nuestros propios ojos (y también a través de mi cámara) si aquello era tan bonito como me habían contado.

Valverde de los Arroyos (I)

Lo más destacable del pueblo es que todo él es de pizarra. Y cuando digo todo es todo: no sólo las casas, sino también las calles, las barandillas, las mesas, los bancos… Incluso una losa que hace las veces de puente sobre un pequeño arroyo es, como no, de pizarra.

Valverde de los Arroyos (II)

Esto da al lugar un aire muy especial, ya que lo hace muy diferente de los pueblos que estamos acostumbrados a ver normalmente. Hay casas con muchos años ya en sus paredes y otras de reciente construcción (nos pareció muy curioso una especie de “resort” que hay en un extremo del pueblo compuesto por una media docena de cabañas gemelas) pero el denominador común de todas ellas es que están hechas, al menos en su parte exterior, de pizarra.

Valverde de los Arroyos (III)

El pueblo está al final de una revirada carretera no apta para unas prisas. Lo curioso del lugar es que hasta que no estás a trescientos metros del pueblo no se vislumbra una sola casa; y es que está todo tan recogido que es difícil dar con este lugar simplemente dando vueltas por las carreteras de los alrededores.

Valverde de los Arroyos (IV)

Uno de los rincones que más me gustó del pueblo es el del puente que cruzaba sobre el arroyo (y que como os dije antes, consiste en una simple lámina de pizarra) donde estuvimos un buen rato haciendo fotografías tanto de paisaje como de nosotros mismos.

Valverde de los Arroyos (V)

El contraste entre las casas de pizarra y las montañas que rodean al lugar consiguen que este lugar capte de inmediato la atención del caminante. Además, ya desde el aparcamiento donde hay que dejar el coche (no se permite entrar con vehículos al casco urbano durante los fines de semana) vais a poder comprobar lo bonitas que son las vistas que se contemplan desde este lugar. De hecho allí es donde capté la siguiente fotografía.

Valverde de los Arroyos (VII)

Pizarra, el rumor del agua corriendo, pájaros en la lejanía, vegetación y tranquilidad son los elementos que hacen de Valverde de los Arroyos un lugar muy especial. Cierto es que en el pasado hemos tenido ocasión de visitar esta localidad unas cuantas veces; pero al final por uno u otro motivo la cosa se fue posponiendo y no ha sido hasta ahora cuando hemos descubierto este rinconcito de Guadalajara que desde aquí os recomiendo visitar alguna vez.

Valverde de los Arroyos (VI)

¡Hasta la próxima excursión!

Rincones: Hita (Guadalajara)

Aunque es verdad que hace unos años ya estuve de visita en la localidad de Hita aquello fue una excursión de apenas unas horas en la que vimos la feria medieval que se monta allí en algún momento del verano. Sin embargo esta vez fui con mi chica a pasar un par de días en una casa rural y, desde allí, hacer alguna excursión a uno de los pueblos cercanos que forman parte de la arquitectura negra de esta región.

Lo primero que he decir es que este pueblo, situado en la falda de una montaña, tiene unas vistas preciosas. Tuvimos la suerte (o el acierto) de que desde la ventana de la casa que alquilamos disfrutábamos de un paisaje completamente despejado de infinitos campos que se extendían más allá de donde llega la vista.

Hita (II)

Levantarse de la cama y contemplar estos paisajes es una experiencia de lo más agradable que le hace a uno olvidarse de las prisas de la gran ciudad y que, desde aquí, os recomiendo al 100%.

Hita es un pueblo tranquilo que posee algún elemento destacable. Uno de ellos es el llamado “palanque”, que es el lugar donde se celebra el festival medieval del que os hablaba al principio de esta entrada y en el que también tienen lugar algunos eventos taurinos, ya que en esta zona de España hay varias ganaderías que se dedican a criar a estos animales.

Hita (VI)

Hita (III)

Otro de los elementos arquitectónicos a destacar en Hita es el arco que da entrada a la plaza del pueblo, ya que por su parte exterior cuenta con unas almenas muy llamativas que nos retrotraen a épocas pasadas. En todo caso, puesto que esta entrada ya la retraté por su parte exterior en su momento, en esta ocasión he preferido captar su imagen desde la cara interior (mucho menos conocida) para resaltar el paisaje que se ve por las tardes a través de ella.

Hita (V)

Y hablando del atardecer, comentaros que en la pequeña plaza que hay fuera del arco de entrada se encuentra un banco estratégicamente situado desde el cual podemos contemplar una bonita puesta de sol si estamos allí en el momento adecuado.

Hita (IV)

Como os decía, en Hita vais a encontrar principalmente dos cosas: tranquilidad y buenas vistas. Obviamente a esto contribuye que el tiempo acompañó bastante, ya que no es lo mismo disfrutar de este lugar en un día como el que se refleja en estas fotografías que con un tiempo lluvioso, frío y dominado por la niebla.

En cualquier caso, mi chica y yo nos hemos propuesto volver por allí el próximo verano, ya que la casa en la que estuvimos cuenta con piscina y barbacoa y nos quedamos con las ganas de disfrutar de estas dos cosas.

Hita (I)

Sea como sea, Hita fue nuestro punto de partida para ir a visitar un pueblo relativamente cercano y que nos gustó mucho pero del que ya os hablaré en la próxima entrada.

¡Nos leemos!