Review: Olympus M. Zuiko Digital ED 40-150mm f4.0-5.6 R

Aunque la D300 sigue siendo mi cámara fotográfica “oficial”, poco a poco la Olympus E-PL1 se ha ido ganando mi confianza a medida que me ha ido acompañando en más y más situaciones en las que quería viajar “ligero de equipaje”, así que es normal que quiera ir ampliando el equipo y una cosa que echaba de menos era un teleobjetivo.

Olympus E-PL1 + 40-150 f/4-5.6

Siguiendo con la filosofía que empleo con esta cámara no quería un objetivo grande y pesado; sino un tele ligero y que incluso estando montado me permitiera guardar la cámara en el bolsillo de un abrigo. Para cargar peso ya está la D300 con el Nikon 80-200 f/2.8 que da una calidad de imagen tremenda; pero como os decía antes, la filosofía de la E-PL1 es la de poder llevar un aparato encima que de una buena calidad de imagen sin dejarme la espalda en ello.

Esto es debido a que el 90% de las veces que salgo de casa no voy expresamente a hacer fotos; pero sí que es verdad que en esas ocasiones más de una vez he visto una situación que merecía la pena ser fotografiada y he echado de menos llevar una cámara decente encima.

Bici

Y aquí es donde entra en juego este Olympus M. Zuiko Digital ED 40-150mm f4.0-5.6 R del que hoy os voy a hablar, puesto que cumple con las premisas anteriormente citadas y complementa a los dos objetivos que ya tenía para este formato.

Aspecto externo

Al ser un teleobjetivo no demasiado luminoso y diseñado para formato m4/3 el tamaño del mismo es bastante contenido. De hecho, en relación al cuerpo de la cámara, su tamaño no es mucho más grande que un Nikon 55-200 VR montado en una D300 (y además obtendremos en ambos casos focales equivalentes muy parecidas).

En la fotografía que tenéis a continuación podéis ver el equipo m4/3 del que dispongo actualmente, que consiste en la Olympus E-PL1, el 14-42 que trae la cámara “de serie”, el anteriormente analizado 14mm f/2.5 de Panasonic y el recién llegado del que hoy estamos hablando.

Mi equipo m4/3

Tanto el cuerpo del objetivo como su montura son de plástico; algo lógico en esta gama de objetivos. Sin embargo, el cuerpo tiene un tacto sólido tanto al agarrarlo como al emplear el anillo de zoom, por lo que parece mejor de lo que en realidad es. El anillo de enfoque va mucho más suave; pero es que internamente no mueve ningún engranaje, sino que se limita a dar órdenes a la cámara a través de señales eléctricas para que esta varíe el plano de enfoque en consecuencia en lo que se denomina “by wire focus”.

La montura plástica no me daba tanto miedo en el 14-42 como en este 40-150 debido a que el cuerpo es más largo y, por tanto, más propenso a golpes. Además, cuando empleamos la máxima distancia focal disponible el objetivo prácticamente duplica su longitud y por la ley de la palanca, un golpe aplicado en el extremo causará bastante tensión en la unión con el cuerpo de la cámara. Habrá que ir con cuidado no vayamos a tener un disgusto.

Encuadre

Por cierto, comentar que la que tengo es una nueva versión de este objetivo cuya única diferencia es que cuenta con un elemento asférico además de la ‘R’ que cuelga al final de su nombre completo. Este tipo de lentes se supone que dan más calidad de imagen, pero como no he probado la versión anterior no sé si la diferencia será muy grande o no.

Características técnicas

Para los amantes de los números, os dejo a continuación las características técnicas de esta óptica; si bien para mi gusto lo más importante es saber sacarle partido a lo que tenemos y, sobre todo, disfrutar de esta afición tan sana.

  • Formato: m4/3
  • Distancia focal: 40 mm – 150 mm (80 mm – 300 mm en equivalente a 35 mm)
  • Construcción: 13 elementos en 10 grupos. 1 elemento asférico y 1 elemento de alta densidad
  • Ángulo de visión: 30 – 8.2 grados
  • Tipo de enfoque: automático con motor ultrasónico y compatible con vídeo
  • Distancia mínima de enfoque: 90 cm
  • Ratio máximo de ampliación: 0.16x (0.32x en equivalente 35 mm)
  • Diafragma: 7 palas redondeadas
  • Aperturas máximas: f/4.0 (40 mm) – f/5.6 (150 mm)
  • Apertura mínima: f/22
  • Diámetro de filtro: 58 mm (no gira cambiando la focal ni el enfoque)
  • Dimensiones a 40 mm: 63.5mm (diámetro) x 83mm (largo)
  • Peso: 190 gramos

Es un teleobjetivo

Puede parecer una perogrullada, pero no debemos de olvidar que este 40-150 es un teleobjetivo, de modo que haciendo uso de él tendremos todas las ventajas y desventajas de este tipo de ópticas. Como ya os he dicho alguna vez, un teleobjetivo no sirve para acercarse más a las cosas (para eso ya tenemos nuestros pies) sino para jugar con los conceptos de cerca-lejos así como para desenfocar los fondos aislando el motivo principal que queramos retratar.

Distancia

Si sabemos encuadrar el sujeto correctamente y usamos una distancia focal elevada, los fondos aparecerán borrosos dando lugar a bonitas composiciones. Esto es algo que ya vimos en un artículo de hace tiempo; y aunque en esta ocasión al no tener una distancia focal tan elevada (no olvidemos que como máximo tenemos disponibles 150 mm) ni una gran apertura (a esa focal nos tendremos que conformar con f/5.6) el desenfoque no será tan acusado, al usuario del habitual 14-42 que viene de serie con la cámara le parecerá un salto de gigante cuando vea que en ciertas composiciones el fondo prácticamente desaparece.

Ofrenda

En general, los teleobjetivos son más sencillo de usar que los angulares, ya que nos centraremos en una sola zona de la imagen pudiendo casi ignorar el resto. Con una distancia focal muy corta tendremos que tener cuidado con todo lo que ocurra alrededor del motivo principal porque el ángulo de visión es muy amplio y casi todo aparecerá nítido en la fotografía.

Barca

Calidad de imagen

Sería una tontería analizar la calidad de imagen de un objetivo diseñado para m4/3 sin tener en cuenta que las cámaras compatibles con este formato corrigen automáticamente la mayor parte de las aberraciones y distorsiones ópticas. Por lo que he podido comprobar, si disparamos en RAW (no se aplicarán correcciones en tal caso) hay alguna deformación apreciable a simple vista si colocamos el horizonte en un extremo del encuadre, pero como la cámara corrige este tipo de cosas automáticamente al disparar en JPG es algo que no debe de preocuparnos.

Motos

En cualquier caso, si optáis por disparar en formato RAW, esas correcciones las podéis realizar tranquilamente en el ordenador empleando Adobe Lightroom o algún programa similar.

Remarcar también que este teleobjetivo no lleva ningún tipo de estabilizador óptico. Esto es debido a que las cámaras m4/3 de Olympus llevan la estabilización en el propio sensor, de modo que no es necesario estabilizar la óptica. Sin embargo, esto es algo que debemos de tener en cuenta si tenemos una cámara Panasonic, pues aunque el objetivo es plenamente compatible, este fabricante no estabiliza sus cámaras para implementar el sistema directamente en los objetivos (que es lo que siempre han hecho Nikon o Canon por ejemplo).

Naturaleza

La ventaja de las cámaras Olympus, por tanto, es que estabilizarán cualquier cosa que montemos en su bayoneta (hasta una botella de cerveza si encontramos el adaptador adecuado) mientras que en las cámaras de Panasonic no contaremos con estabilización óptica a no ser que utilicemos un objetivo que cuente con algún sistema integrado compatible (y no, creo que todavía no han sacado botellines estabilizados).

Cierto es que la luminosidad de esta óptica no es demasiado elevada (recordad: f/4.0 – 5.6) y que el escaso peso del conjunto cámara + objetivo no lo hacen la mejor opción para situaciones con poca luz a no ser que dispongamos de un trípode. Sin embargo, en cuando la claridad del día se hace patente podemos conseguir imágenes muy buenas sin apenas esfuerzo, aunque no está de más recordar que hay que saber agarrar la cámara para ganar en nitidez, que el estabilizador óptico tampoco es que haga milagros.

Pastel

Siendo conscientes de lo que tenemos entre manos lograremos fotografías muy resultonas; pero si creemos que con él vamos a poder fotografiar todo lo que queramos nos llevaremos más de una decepción.

Tarde

Conclusiones

Este 40-150 de Olympus no es un teleobjetivo diseñado para fotografiar cosas en rápido movimiento o situaciones extremas. No es demasiado luminoso, no es resistente a la lluvia o al polvo, su enfoque no es tan rápido como un objetivo para cámara réflex… Se trata de una óptica pensada para un uso tranquilo y para poder disponer de focales largas en un equipo que ni pesa ni abulta demasiado.

Bocabajo

Paisajes, retratos, puestas de sol, patos nadando en un estanque… Ese tipo de cosas son para las que está pensado este objetivo, y todo lo que sea sacarlo de ahí es jugársela porque estaremos sobrepasando las limitaciones de nuestro equipo fotográfico. Si nuestras necesidades son más elevadas entonces mejor recurrir a una réflex clásica con alguna óptica luminosa y “a prueba de bombas”.

Niebla

Lo que más me gusta del Olympus 40-150 es su escaso peso y tamaño así como el buen tacto que tiene al hacer uso de él; aunque por otra parte, el hecho de que su montura sea de plástico me hace ser especialmente cuidadoso a la hora de llevar la cámara colgando, ya que un mal golpe podría dejaros con el objetivo partido en dos trozos.

Por los cerca de 300 euros que cuesta creo que es una buena inversión que va a ampliar mucho mis posibilidades creativas con esta pequeña cámara. De todos modos, si todavía no habéis entrado en el mundillo del m4/3 os recomiendo que os hagáis con un kit que incluya tanto el habitual angular como un teleobjetivo porque si echáis cuenta veréis que el tele os sale casi regalado y no tendréis que comprarlo aparte meses después como he hecho yo.

Soledad

En definitiva, una óptica compacta y ligera que vendrá a satisfacer nuestras necesidades fotográficas cuando empecemos a sentirnos un poco encasillados con el angular que la cámara trae de serie.

Imágenes de ejemplo

Como es habitual, para finalizar el análisis me gustaría compartir con vosotros algunas imágenes más de ejemplo captadas con este objetivo (además de todas las que hay intercaladas entre los párrafos anteriores) para que os hagáis una idea por vosotros mismos de lo que podéis esperar de él.

Amanecer

Faro

Pueblo

Arena

Descanso

Zig-zag

Otras reviews (en inglés)

Hay otros sitios en internet donde han analizado este objetivo y os lo enlazo porque creo que es interesante si queréis ampliar información sobre él. Aun así, quería comentaros que las dos primeras son de la versión “no R” que, como os dije al principio del artículo, no cuenta con el elemento asférico que el modelo que yo tengo incluye mientras que la tercera sí que analiza “la versión R”.

  1. Photography blog
  2. Bob Atkins
  3. Blogbeebe

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Torre Bellver by night

Hacía bastante tiempo que no salía a hacer fotografías nocturnas. Si mal no recuerdo, la última vez fue hace cosa de un año en Torre la sal y desde entonces el trípode (ese elemento por el que tan poco afecto siento) ha estado guardado en un armario de mi casa.

Sin embargo, no sé muy bien por qué, la otra noche me entraron ganas de hacer una foto a medianoche, de modo que cogí el coche y me acerqué a un paraje entre Oropesa y Benicassim dispuesto a captar con mi cámara la poca luz que había.

Torrebellver by night

Lo que veis en primer plano son las casas de una lujosa zona de urbanizaciones pertenecientes todavía a Oropesa y ya al fondo se extiende todo el litoral de Benicassim y Castellón, que seguiría más allá del margen izquierdo del encuadre.

Ya aprovechando la temática de la entrada, me gustaría comentar que contrariamente a lo que alguno podría pensar, para las fotografías nocturnas debemos emplear la sensibilidad ISO más baja posible, ya que al haber predominio de todos negros el ruido sería muy evidente si empleamos ISOs muy altos. Recomiendo leeros un par de artículos (uno y dos) que publiqué hace tiempo si no tenéis muy claro lo de la relación entre exposición, ruido y sensibilidad en la fotografía digital.

Por lo demás, la cosa no consiste más que en plantar el trípode en un lugar donde no moleste, poner la exposición en modo manual, encuadrar a nuestro gusto, enfocar a algún elemento medianamente visible, hacer un par de pruebas hasta dar con la exposición correcta (en este caso es ISO 200, 30″ y f/13), disparar la foto definitiva haciendo uso del temporizador de la cámara para evitar vibraciones y… ¡Voilà, c’est fini!

El sótano: repaso a tres conceptos fotográficos

Hoy vamos a ver con la fotografía de ejemplo que tenéis a continuación tres de los elementos que consiguen que una imagen atraiga la atención del espectador.

El sótano

1. Una buena iluminación puede cambiar radicalmente una fotografía.

Fijaos en cómo la luz que proviene del piso superior hace que las texturas de los ladrillos resalten más y la estancia adquiera un cierto aire de película de Tarantino. Si la luz hubiera provenido de mi posición los ladrillos se verían planos y toda la estancia hubiera quedado uniformemente iluminada.

2. El uso de elementos diagonales siempre hace que la mirada del espectador se mueva por el encuadre.

En este caso, la escalera que va desde la esquina inferior izquierda hasta la superior derecha delimita claramente dos zonas en la fotografía. Es justo la frontera entre la luz y las sombras, por lo que el espectador va a posar su mirada en una y otra debido a la disposición de las mismas.

3. Todo elemento que no queramos mostrar ha de ser sacado de la fotografía.

En esencia, esta fotografía no es más que una escalera a medio construir y una silla volcada bajo los peldaños. Si en la escena aparecieran más elementos estos conseguirían distraer la mirada del espectador apartándola de lo que quería mostrar aquí: un sótano con cierto aire hollywoodiense.

¡Nos leemos!

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Un ejemplo práctico sobre el uso del flash de relleno

Pese a que lo del empleo del flash para evitar sombras y contraluces es algo que ya os comenté hace tiempo, me gustaría hoy retomar el tema porque considero que es algo útil e interesante al mismo tiempo. Hay quien cree que el flash sólo tiene utilidad cuando no tenemos luz ambiental, pero en realidad incluso a pleno sol podemos sacarle mucho partido.

Amanecer en la playa

Midiendo la luz

Cuando pulsamos el disparador hasta la mitad, la cámara mide la luz en el encuadre y ajusta la exposición en consecuencia para captar una fotografía que guarde cierto equilibrio entre las zonas más brillantes y más oscuras de la misma. Esta medición se realiza muestreando en un determinado número de puntos la imagen que entra a través del objetivo y dando más importancia a unos puntos u otros en función del modo de medición elegido (éste es un tema del que trataré dentro de poco en un artículo específico).

En el caso concreto que hoy nos ocupa (contraluz y medición matricial) vamos a ver que la cámara expone para no quemar las zonas más brillantes dando lugar a que las zonas en sombras queden casi completamente negras. Hay que tener presente que si una escena excede el rango dinámico que puede abarcar nuestra cámara no nos quedará más remedio que sacrificar las zonas más brillantes o más oscuras porque los dos extremos no los vamos a poder abarcar en la misma toma (a no ser que hagamos un HDR; pero eso es otra historia).

Carreteras

Puesto que por el modo de funcionamiento de los sensores digitales estos tienden a saturarse antes que la clásica película analógica en carrete, las cámaras actuales tienden a ser conservadoras en lo que a exposición se refiere y “en caso de duda” prefieren subexponer antes que sobreexponer. Es decir, que en caso de mezcla de zonas brillantes y oscuras, por defecto se tenderá a una cierta subexposición que evite la pérdida de datos en las zonas más claras.

Un ejemplo práctico

En la siguiente imagen podréis ver de un vistazo cómo la cámara ha expuesto la fotografía de tal modo que, efectivamente, el cielo no se ha quemado pero el sujeto principal es poco más que una silueta en medio del encuadre.

¿Que podemos hacer para solucionar esto? Pues o bien medimos de forma puntual sobre el sujeto que queremos retratar o bien mantenemos la medición matricial pero compensamos la exposición de forma positiva para aclarar en general toda la imagen. En ambos casos el cielo quedará irremediablemente quemado porque su luminosidad es mucho mayor que la del sujeto principal y si exponemos en base a él el cielo se abrasará; pero es que ya os dije antes que en estas circunstancias no nos queda más remedio que sacrificar por uno de los dos lados del histograma.

Llegados a este punto me gustaría recordaros que al final la luz es lo más importante a la hora de hacer una fotografía y que de ella va a depender el 99% del resultado final que obtengamos.

La solución más sencilla

Sin embargo, hay otra solución que nos va a permitir obtener una exposición correcta sin sacrificar nada: iluminar el sujeto principal de tal modo que la diferencia de luminosidad entre él y el fondo no sea tan grande; y para ello nada mejor que emplear un flash forzándolo a saltar pese a haber iluminación ambiental suficiente mediante la función llamada “flash de relleno”.

De hecho, a continuación tenéis el resultado de emplear el sencillo flash integrado que posee mi D300 y que ha logrado que el cielo no esté quemado y al mismo tiempo que mi hermana sea algo más que una silueta recortada sobre el cielo de Oropesa.

La traviesa funambulista

La diferencia es que ahora gracias al “flashazo” el primer plano y el fondo tienen una luminosidad similar, por lo que el rango dinámico de la cámara puede captar perfectamente todos los detalles sin dar lugar en la imagen zonas quemadas o completamente negras. Es decir, que hemos reducido la diferencia de luminosidad entre las zonas más brillantes y más oscuras de la escena a capturar.

No hace falta que os diga (aunque ya lo comenté en su momento) que con el minúsculo flash de una compacta no vais a poder iluminar el Empire State Building; pero para personas u objetos situados a un par de metros como mucho puede ser un recurso más que suficiente para salvar una foto que de otro modo desecharíamos sin ningún tipo de miramiento.

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Simplificar

Simplificar es una de las cosas más importantes en fotografía pero al mismo tiempo una de las más complejas de llevar a cabo.

Punk is back

Simplificar significa eliminar de la imagen todo aquello que pueda distraer la atención del espectador, y para ello tenemos dos opciones: o bien no lo incluimos en el encuadre o bien lo desenfocamos haciendo uso de la profundidad de campo.

¿Qué buscamos con ello? Centrar a la persona que mira la fotografía en lo que realmente queremos mostrarle, ya que si le ponemos delante de los ojos un enjambre de elementos al final lo único que lograremos es que nada de lo que hay en nuestra fotografía le llame la atención. Por tanto, todo lo que no sea esencial para nuestra composición habrá que eliminarlo da algún modo.

Uno contra todos

A mí mismo me cuesta simplificar; pero en esta ocasión hasta la extensión del artículo va acorde con su contenido.

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El momento preciso

Hay gente que ve un amanecer de esos que te dejan pasmado y como no llevan la cámara encima miran el reloj y piensan: “Mañana vengo a la misma hora y hago la foto”.

Por supuesto, al día siguiente están allí con puntualidad inglesa y se encuentran con que el sol se ha puesto en huelga y se niega a teñir el cielo de tonos pastel.

¿Qué ha pasado? Muy sencillo: que cada momento es único e irrepetible; y si no lo capturas se marcha para siempre.

El nuevo sol

Conseguir los tonos adecuados en una fotografía requiere estar en el momento preciso y en el lugar adecuado. Y es que, tomando como ejemplo la imagen que tenéis sobre este párrafo, os puedo decir que cinco minutos antes el cielo estaba demasiado oscuro como para que se apreciaran esos tonos naranjas y apenas unos segundos después de pulsar el disparados el sol ya flotaba sobre el horizonte dando lugar a un importante desequilibrio en el rango dinámico de la escena.

Por tanto, el momento exacto de hacer la fotografía era ese y no otro. Y es verdad que mañana el sol saldrá a las 8:05 (un minuto antes que hoy) y que podría acercarme de nuevo al mismo lugar con la misma cámara para tratar de repetir la misma fotografía; pero entonces el cielo tendrá otro color, el mar tendrá otro aspecto y yo mismo tendré otro estado de ánimo que dará lugar a una imagen completamente diferente.

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Los libros (electrónicos) son para el verano

Ya que estamos en verano y, por lo general, la gente tiene más tiempo libre me gustaría comentaros un detalle que a aquellos que estéis pensando en haceros con un libro electrónico os puede terminar de decidir.

Para empezar, me gustaría que esta entrada sirva como complemento a la review del e-book Sony PRS-350 que publiqué hace unos meses; y es que si en su momento os decía que la mayor ventaja de las pantallas de tinta electrónica es que se ven perfectamente bajo fuentes de luz intensas, la prueba la tenéis en la siguiente fotografía.

E-ink vs. LCD

Lo que veis es mi propio libro electrónico puesto bajo el sol una mañana de Julio y flanqueándolo mis dos teléfonos móviles: el Samsung Galaxy S que uso desde Marzo (pantalla Super AMOLED) y el Nokia 7230 (pantalla TFT) del trabajo que me acompaña desde hace un par de meses. Aprovecho para indicaros que la pantalla del e-book no tiene ningún tipo de retroiluminación mientras que el brillo de las pantallas de los móviles está configurado a su valor máximo para hacer la fotografía (y ya veis que ni aun así se distingue prácticamente nada en ellos).

No está de más recordar que la tinta electrónica consiste en miles de partículas dipolares muy finas que por una cara son negras y por la otra blancas. Por tanto, sometidas a un campo magnético, estas microscópicas partículas se orientarán mostrando una u otra cara según las órdenes que le de la electrónica del aparato para así formar los caracteres que componen el texto.

También podéis ver en una segunda imagen la comparativa bajo las mismas condiciones de iluminación entre la pantalla del libro electrónico y la visualización de uno tradicional de papel.

E-ink vs. papel

Como se puede apreciar, el aspecto de la tinta electrónica se asemeja mucho a la de la letra impresa en papel; de modo que no es de extrañar que este tipo de dispositivos cada vez se vean más en los vagones de metro, en las mesillas de noche, en los parques y en las playas; pues aúnan practicidad, autonomía, ligereza y calidad de visualización.

El libro electrónico: un gran invento para los amantes de la lectura que andamos escasos de espacio en las estanterías de nuestras casas.

Invirtiendo un 28 mm para hacer macro

En aquel artículo donde hablábamos del uso de tubos de extensión y anillos inversores para realizar fotografías macro con nuestras réflex sin dejarnos la nómina en el intento empleamos un Nikon AF 50mm f/1.8D para el “experimento”; y recuerdo que os comenté que si bien un objetivo de dicha distancia focal conseguía un ratio de ampliación más o menos aceptable, el uso de un angular daría más rendimiento en ese sentido.

Marexar 28mm f/2.8 (para hacer macro mediante inversión)

Pues bien, cuando el otro día estuve dando vueltas por Madrid pasé por delante de un Cash Converters (concretamente el de la calle Corazón de María) y me fijé en que había material fotográfico más o menos antiguo en el escaparate; de modo que me animé a entrar en la tienda llevándome una buena sorpresa al comprobar que tenían un 28mm f/2.8 con montura M42 y diámetro de filtro de 52mm de la marca Marexar por tan sólo 8 euros; por lo que enseguida pensé en hacerme con él para fotografía macro (a la hora de invertirlo es indiferente la montura que lleve).

Una vez comprobado que las laminillas del diafragma funcionaban correctamente y que las lentes no tenían marcas de golpes ni rayones pasé por caja y la óptica se vino conmigo para casa, donde enseguida comencé a hacer algunas pruebas con él así como las fotos que ilustran este artículo.

Marexar 28mm f/2.8 (para hacer macro mediante inversión)

Marexar 28mm f/2.8 (para hacer macro mediante inversión)

Marexar 28mm f/2.8 (para hacer macro mediante inversión)

Como podéis ver en la fotografía anterior, la montura M42 va a rosca (habría que dar algo más de dos vueltas completas para fijar el objetivo) y no posee ningún tipo de comunicación electrónica con la cámara. El único automatismo es esa pequeña leva con la que la cámara modificaría la apertura del diafragma pero que en nuestro caso va a ser completamente inútil, ya que dicho parámetro lo elegiremos nosotros mismos mediante el anillo de aperturas presente en el barrilete del objetivo.

A grandes rasgos os puedo decir que el ratio de ampliación conseguido es ligeramente superior al que me daba el conjunto de 50mm + tubos de extensión; si bien la profundidad de campo resultante con este 28mm es tan sumamente reducida que incluso disparando a f/5.6 hay que tener mucho cuidado con los movimientos de la cámara; pues nos iremos fuera de foco a nada que nos movamos hacia delante o hacia atrás. Para que comprobéis el rendimiento de este 28mm invertido os coloco a continuación una prueba hecha a pulso (de ahí que el enfoque no sea tan perfecto como hubiera deseado, pero ya sabéis que le tengo alergia a los trípodes) realizada con una moneda de dos euros:

Prueba macro Marexar 28mm f/2.8 invertido

Obviamente el objetivo no es una maravilla en cuanto a definición porque además de ser de una marca “de tercera o cuarta fila” se nota que tiene ya unos años; pero si disparamos en RAW exponiendo correctamente y sin trepidaciones y luego jugamos un rato en postprocesado con la nitidez, el contraste y diversos parámetros podemos conseguir unos resultados bastante aceptables.

Sobre todo hay que tener en cuenta que un objetivo macro “de verdad” no va a bajar de unos 500 euros; mientras que este ha salido por menos de diez a lo que hay que sumar el precio del anillo inversor, que puede andar más o menos por los seis euros si lo compráis en Dealextreme (versión Nikon AI / versión Canon EOS) o en alguna tienda de eBay. Por cierto, al tener este objetivo el mismo diámetro de filtro que el Nikon AF 50mm f/1.8D, me sirve el anillo inversor que ya poseo, por lo que de ese modo me he ahorrado la compra de uno nuevo.

Marexar 28mm f/2.8 (para hacer macro mediante inversión)

Vista de conjunto del anillo inversor y el objetivo listo para montar en la cámara

Por cierto, como apunte final os recuerdo que disparando con el objetivo invertido perdemos todos los automatismos de la cámara porque lo que hacemos es enroscar el anillo donde iría el filtro del objetivo y de ahí que el sistema para esta técnica sea el de prueba y error (disparar y mirar los resultados en la pantalla de la cámara) porque la cámara no sabe qué es lo que tiene puesto en su bayoneta.

Os puedo decir que para la fotografía de la moneda que tenéis unos párrafos más arriba he empleado una apertura de f/5.6, ISO 200 y un tiempo de exposición de 1/80; pero como en todo lo que tiene que ver con fotografía, hay mil modos de hacer las cosas y todo es cuestión de experimentar por uno mismo.

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Cómo interpretar las curvas MTF de los objetivos

Buscando información sobre un objetivo concreto puede que os hayáis encontrado alguna vez con una gráfica un poco enrevesada que se supone debería ayudar a valorar de un simple vistazo las características ópticas del modelo en cuestión pero cuya interpretación a veces acaba por convertirse en un auténtico galimatías; y es que hoy vamos a hablar de las curvas MTF.

Review Nikon 16-85 VR

Pérdidas de calidad

En un mundo ideal, los objetivos se limitarían a proyectar lo que “ven” sobre el sensor de la cámara sin ningún tipo de distorsión óptica ni aberración cromática. Sin embargo, esto no es posible y todo objetivo introduce en mayor o menor medida una cierta pérdida de calidad que también afectará al contraste y a la resolución.

De hecho, os habréis dado cuenta de que a veces las esquinas de las imágenes aparecen algo más difuminadas que la zona central; y precisamente esa pérdida de definición y contraste es lo que refleja una gráfica de este tipo. Pues bien, el problema es que en muchas ocasiones estas curvas MTF (de Modulation Transfer Function) lejos de ayudar al común de los mortales le confunden todavía más; ya que al aparecer varias líneas de diferentes colores la cosa no parece estar muy clara que digamos. Sin embargo, enseguida vamos a ver que el tema es más sencillo de lo que parece.

Trabajando sobre un ejemplo real

Vamos a usar para explicar todo esto la curva MTF del recién aparecido Nikon AF-S 85mm f/1.4 G (tele corto de gran apertura diseñado sobre todo para retratos) cuyo imponente aspecto tenéis a continuación:

Las curvas MTF son empleadas por todos los fabricantes de ópticas y son muy similares (por no decir iguales) en todos los casos; pero este artículo lo voy a centrar en las publicadas por Nikon debido a que es la marca de mi equipo fotográfico y por tanto es la que mejor conozco.

La apertura empleada

Las curvas MTF se suelen dar para la máxima apertura del objetivo, que es donde peores resultados vamos a obtener (siempre os digo que cerrando un poco el diafragma podéis obtener mayor nitidez en vuestras fotografías). También hay fabricantes que dan diferentes gráficas hechas a varias aperturas; pero como siempre sucede que los peores resultados en cuanto a nitidez y pérdida de contraste se obtienen a plena apertura, lo más útil es ponernos en el caso más desfavorable y ser conscientes de que a medida que vayamos cerrando el diafragma la cosa irá mejorando.

AF-D Nikkor 50mm 1:1.8 (III)
Los ejes de la gráfica

En una gráfica MTF hay dos ejes: el vertical indica el contraste de la imagen, siendo máximo en su parte superior y mínimo en la inferior; mientras que el horizontal indica la distancia al centro de la fotografía en milímetros.

Como os decía, el eje vertical indica el contraste de la imagen, siendo del 100% en su parte superior y del 0% en la inferior. Por lo tanto, en términos generales, cuanto más alta vaya la línea de la gráfica mejores características tendrá sobre el papel la óptica analizada. Habitualmente se considera como excelente un valor por encima del 80% y como bueno si está por encima del 60%. Por debajo de este último valor la pérdida de nitidez va a empezar a ser apreciable a simple vista.

En cuanto a la distancia al centro de la imagen (representada en el eje horizontal) la cosa es bastante simple. El extremo izquierdo de la gráfica representa el centro exacto de la imagen, mientras que el derecho será una de las esquinas de la misma, que es donde va a haber una caída más brusca del contraste en la mayor parte de las ópticas.

Las diferentes líneas

En lo que a las líneas se refiere, como podéis ver en el ejemplo que estamos empleando las hay de dos tipos y colores: continuas y punteadas tanto en rojo como en azul.

La nomenclatura de la parte inferior (S10, M10, S30 y M30) no es muy clarificadora; y aunque tiene su sentido, lo que voy a hacer es explicaros cómo interpretar la gráfica de un modo bastante simple:

Las líneas de color rojo indican un muestreo a 10 líneas por milímetro (lpmm); lo que representa un detalle medio que es el predominante en una fotografía y el que mejor capta nuestro ojo de un simple vistazo. Por su parte, las líneas azules indican un muestreo a 30 lpmm que pone a prueba la capacidad de resolución de la imagen, ya que en este caso se trata de un detalle muy fino.

Lechuza

Por tanto las líneas rojas nos dan idea del contraste general que es capaz de lograr la óptica; mientras que las líneas azules nos dan idea de la capacidad de resolución del objetivo. Parámetro este último muy importante si nos compramos una cámara equipada con un sensor de una densidad de pixels tremenda; ya que si el objetivo no es capaz de ofrecer la resolución que el sensor necesita nos vamos a encontrar con patrones extraños de ruido (Moiré) y otros defectos ópticos que no son objeto de esta entrada.

¿Por qué hay una línea rayada y otra continua de cada color?

El hecho de que haya dos líneas de cada color indica que en una de ellas el sampleo se ha hecho a 45º con respecto a la horizontal y en la otra a 135º. Esto nos va a venir muy bien para intuir el bokeh que es capaz de ofrecer la óptica; ya que idealmente las dos líneas de cada color deberían de ser coincidentes y en ese hipotético caso el bokeh sería perfecto (suave, progresivo, sin bordes marcados…). Por el contrario, si las líneas de cada color llevan trayectorias muy diferentes nos vamos a encontrar un bokeh “nervioso” o deformado, no resultando demasiado agradable a la vista.

Luces de selenio

Extrapolando la información a los cuatro cuadrantes

Por tanto, lo que la gráfica está representando es la resolución de uno de los cuatro cuadrantes de la imagen; pero al existir simetría tanto vertical como horizontalmente podemos aplicar estos datos a todo el encuadre, ya que la información de los otros tres cuadrantes es exactamente la misma sólo que reflejada como muestra la siguiente gráfica que he confeccionado:

Lo que tenéis sobre este párrafo es una especie de representación de la definición del objetivo aplicada a toda la imagen. Como veis, serían las esquinas de la fotografía las zonas de la imagen más afectadas por la pérdida de nitidez y contraste; siendo el muestreo a 10 lpmm más o menos estable en todo el encuadre pero notándose cierta pérdida de calidad cuando hacemos el análisis a 30 lpmm debido a la mayor exigencia de resolución. Obviamente esta gráfica que os presento no es nada científico; pero es para dejaros claro que la información que nos dan es extrapolable a los cuatro cuadrantes de la imagen.

Por cierto, a estas alturas del artículo ya os habréis dado cuenta de por qué una óptica diseñada para formato 35mm (FX en Nikon) rinde también en cámaras equipadas con sensores APS-C, ¿verdad? Al fin y al cabo, lo que estamos haciendo en tal caso es emplear solamente la zona central del objetivo, que es donde mejor rendimiento ofrece.

Ferias y Fiestas Alcalá 2010

Otros ejemplos de curvas MTF

Después de todo lo visto, os habrá quedado claro que la situación ideal sería aquella en la que las líneas de las gráficas fueran completamente planas y todas ellas estuvieran en la parte superior de la gráfica porque esto implicaría que no hay pérdidas de contraste ni definición en todo el encuadre. Y aunque esto es algo imposible de diseñar porque todo sistema óptico implica una cierta pérdida de calidad por leve que sea, hay algunos objetivos cuyas gráficas resultan tan espectaculares como su precio.

Fijaos por ejemplo en las curvas MTF de un Nikon AF-S 600mm f/4 G VR (8600 euros) e imaginad la nitidez y la calidad que es capaz de ofrecer.

En cualquier caso, hay que tener en cuenta que los objetivos de gran apertura suelen viñetear bastante cuando abrimos su diafragma al máximo y debido a ello sus curvas MTF pueden parecer un tanto “pobres”. Sin ir más lejos, el conocido Nikkor AF-S 50mm f/1.4 G (370 euros) tiene una curva que no es ni mucho menos para tirar cohetes; pero es ahí cuando debemos de ser conscientes de que es un objetivo que rinde muy bien cerrando el diafragma un par de pasos y sólo debemos emplearlo a plena apertura bajo ciertas circunstancias.

Por contra, el Nikon AF-S DX 35mm f/1.8 G (200 euros) mantiene más o menos bien el tipo disparando a plena apertura como podéis apreciar en su gráfica y de ahí que las fotos realizadas con él siempre tengan un toque que a mí particularmente me gusta mucho; especialmente disparando a f/2.8; apertura a la cual el desenfoque siegue siendo acusado y las líneas de la gráfica seguramente aparezcan bastante más planas que a f/1.8.

Supongo que os habréis dado cuenta de que en todos los casos la gráfica MTF viene dada para sensores de 35mm (fijaos que el eje horizontal llega hasta los 22mm; que es más o menos la mitad de la diagonal de unos de esos sensores), de modo que aunque el objetivo esté diseñado para cámaras con sensor APS-C igualmente se expresa el rendimiento en todos los objetivos de la misma manera.

Quiere esto decir que en realidad la gráfica para esta última óptica debería de llegar sólo hasta los 15mm de longitud, ya que aproximadamente esa es la distancia que hay en un sensor APS-C entre el centro del mismo y una de las esquinas. Por tanto, la gráfica “útil” del Nikon AF-S DX 35mm f/1.8 G una vez recortada apropiadamente quedaría del siguiente modo:

Como podéis apreciar, la ganancia de rendimiento de un objetivo diseñado para formato completo al ser empleado en una cámara APS-C es más que evidente; ya que la caída más brusca de rendimiento suele tener lugar en esa zona exterior que diferencia ambos tipos de sensores. De hecho, si miráis la gráfica del 85mm del que hablábamos al principio del artículo y hacéis un corte imaginario por los 15mm os daréis cuenta de que las líneas de la gráfica quedan casi completamente planas.

Nada más que datos técnicos

De cualquier modo, todo esto está muy bien sobre el papel y nos puede ayudar a decidirnos por una u otra óptica antes de ir a la tienda. Sin embargo, la nitidez depende de muchos otros factores; y de nada servirá el más caro de los objetivos si por sistema disparamos a f/22 o tenemos un pulso tembloroso que arruina cualquier foto que no haya sido disparada a pleno sol. Los datos técnicos son muy útiles y a mí, como ingeniero, me llaman mucho la atención; pero en el mundillo de la fotografía lo más importante es sacarle partido a lo que tenemos y centrarnos tan sólo en sentir lo que nos rodea.

El lienzo de arena

Más información

Modulation Transfer Function (Ken Rockwell)

Understanding MTF (Luminous landscape)

Listado de objetivos Nikon para consulta de características (foro Nikonistas)

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Corrección de defectos ópticos con Lightroom 3

Los que me conocéis o habéis seguido un poco la evolución de este blog sabréis que desde hace tiempo Lightroom es todo lo que necesito para el procesado de las fotografías que disparo desde que salen de la tarjeta de memoria hasta que las subo a mi Flickr. Me parece una solución completísima tanto para las operaciones de procesado como tal sobre los ficheros RAW como para la clasificación y organización de los mismos; y de ahí que siempre que alguien me pregunta sobre qué software utilizar le recomiende esta opción de Adobe.

El refresco del dragón

Pues bien, en la versión 3 (que lleva ya unos meses a la venta) una de las novedades más jugosas es la incorporación de una función de corrección de defectos ópticos de forma automática siempre que el conjunto de cámara y objetivo empleado para hacer la fotografía esté en la base de datos del programa (en caso contrario tenemos la opción de hacerlo manualmente). Una base que sigue ampliándose poco a poco hasta el punto de que ya abarca a la mayoría de mis ópticas y que si queréis consultar podéis mirar en el blog oficial de Adobe Lightroom donde se han ido comentando las ópticas y cámaras que se han añadido en cada revisión lanzada (actualmente está disponible la 3.3).

¿Qué defectos corrige Lightroom 3?

Los defectos corregidos de manera automática por Lightroom son el viñeteo, las aberraciones cromáticas y las distorsiones ópticas; precisamente los tres tipos de defectos que hemos visto en otros tantos artículos del blog.

Estas correcciones se llevan a cabo sin más que activar la opción correspondiente a la hora de procesar una fotografía determinada; pero no penséis que están hechas “a capón” porque por ejemplo, como ya os dije en el artículo correspondiente, la distorsión geométrica en objetivos de focal variable varía en función de la distancia empleada; y ya que esta información se graba en los datos EXIF de la imagen, Lightroom hace uso de ella para que la corrección sea precisa y al final obtengamos líneas rectas en todo el encuadre. De hecho, si tenemos un ojo de pez Nikon podemos linealizar la imagen resultante de forma totalmente automática.

Lo mismo ocurre con el viñeteo (que también varía en función de la distancia focal y la apertura empleada) así como las aberraciones cromáticas, por lo que empleando Lightroom 3 podremos disparar con cierta tranquilidad sabiendo que en post-procesado podemos corregir estos defectos que os comento sin demasiadas complicaciones.

Sea como sea, el programa siempre nos da la opción de variar la cantidad de aplicación de cada uno de los tres parámetros según nuestros gustos, porque tal vez para un retrato nos interese mantener un cierto oscurecimiento en las esquinas que siempre centra la atención del espectador en la zona central de la imagen. Esto se realiza mediante los tres controles deslizantes que se pueden apreciar en la captura de pantalla anterior.

Un ejemplo sencillo

A modo de ejemplo, os ofrezco un ejemplo un poco extremo realizado con mi Nikkor AF-S 16-85 f/3.5-5.6 VR en el que disparé a la mínima distancia focal y máxima apertura de forma perpendicular a una pared de ladrillos con objeto de dejar patente tanto la distorsión de barril como el viñeteo producido.

Nikon AF-S 16-85 VR @ 16mm f/3.5 (sin corrección por software)

Una vez procesada la imagen en Lightroom 3 el resultado es similar a haber realizado la fotografía con un objetivo de mayor calidad al no quedar apenas rastro de defectos ópticos como se puede apreciar en la siguiente imagen.

Nikon AF-S 16-85 VR @ 16mm f/3.5 (corregido por software)

¿Y si mi objetivo no aparece en Lightroom 3?

Si por lo que sea determinado objetivo no está todavía incluido en la base de datos del programa, siempre podéis echar mano de la corrección manual de los parámetros antes descritos para mejorar mediante postprocesado el rendimiento del mismo aunque, como comprenderéis, lo más cómodo es contar con una óptica soportada por el programa para que con un simple click nos olvidemos de los dichosos defectos ópticos y que además las correcciones se adapten a la focal (si es que el objetivo es de tipo zoom) y la apertura empleadas en cada fotografía.

Siempre es mejor partir de una buena base

Obviamente siempre es mejor emplear un objetivo que no introduzca ningún tipo de defecto óptico en nuestras imágenes, porque en fotografía cuando mejor sea “la base” mejores resultados obtendremos al final. Sin embargo, no debemos ignorar la opción que nos da Lightroom de mejorar la calidad de nuestras ópticas sin más que hacer un click de ratón.

Aparcamiento

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Fuentes de inspiración (mis pequeñas obsesiones fotográficas)

Uno de los aspectos que más me gusta de la fotografía es, sin duda, el hecho de que si coges a diez fotógrafos y les dices que capten una misma escena obtendrás diez fotografías diferentes porque cada persona ve el mundo a través de la cámara de una forma personal e intransferible que tiene que ver con la personalidad y las pequeñas manías, costumbres y obsesiones de cada uno.

Repeticiones, lineas y curvas

Si me pongo a repasar las imágenes que he ido captando en los últimos años veo claramente que tengo tres inquietudes principales a la hora de apretar el disparador: los elementos que se repiten a intervalos regulares, las líneas de fuga y las curvas. Y precisamente sobre esos tres elementos quería basar este artículo, ya que me gustaría analizar por qué me parecen visualmente atractivos y qué es lo que suelo hacer para expresar esas pequeñas obsesiones en una fotografía; así que vamos a ir viéndolos uno por uno.

Elementos que se repiten a intervalos regulares

Es muy común salir a dar un paseo y encontrarnos con elementos que se repiten en el espacio a intervalos regulares. Pueden ser las farolas de una calle, una arboleda, postes de alta tensión, los adoquines de una acera… y cada vez que me encuentro con una de estas escenas trato de situarme con mi cámara de tal modo que la sucesión trace una diagonal o una línea cruzada en el encuadre y de cierta sensación de profundidad.

Enchufe

Una vez que nos gusta lo que vemos a través del visor ya sólo es cuestión de jugar con la profundidad de campo (razón por la cual casi siempre disparo en el modo semiautomático de prioridad a la apertura) decidiendo si lo que queremos es que toda la hilera de elementos aparezca nítida o sólo lo hagan los dos o tres primeros desenfocando el resto para mostrar en la imagen la regularidad de la sucesión.

Parking en línea

Aunque con excepciones, para realizar este tipo de fotografías suelo optar por emplear las capacidades de desenfoque que se obtienen al emplear distancias focales largas y/o aperturas grandes, por lo que un teleobjetivo es una buena herramienta para este tipo de imágenes.

Por cierto, yo diría que mi manía de fijarme en estas cosas viene del cuadro “División cúbica del espacio” de M.C. Escher, pues la primera vez que lo vi me impresionó tanto que se quedó grabado a fuego en mi subconsciente.

Líneas de fuga

Este concepto está muy ligado al anterior, ya que el concepto es el mismo sólo que esta vez no hay un número de elementos que parecen tender a infinito; sino que el motivo a retratar suele ser una calle o similar que es continuo. En este caso de lo que se trata es de mostrar cómo un elemento recto (una carretera, hileras de árboles paralelas, líneas pintadas en el suelo…) parecen converger en un punto situado en el infinito.

Volando aviones en las cercanías del cerro del viso

Para este tipo de imágenes nos interesa conseguir la mayor profundidad de campo posible, pues lo que queremos es que las líneas de fuga queden lo más marcadas posible, buscando por tanto tener enfocado tanto el primer plano como el fondo. Como ya sabéis, para conseguir este lo ideal es emplear distancias focales cortas y/o aperturas pequeñas; por lo que un angular sería una óptica muy apropiada para estas fotografías.

Libreros a ras de suelo

Las líneas de fuga siempre son un buen recurso para mostrar una calle desierta o un camino que se pierde en un bosque. Todo es cuestión de conocer las posibilidades que nos brinda nuestra cámara y utilizarlas para mostrar las cosas desde nuestra particular perspectiva.

Soportales

En el caso de este tipo de imágenes, creo que me atraen porque de pequeño lugares como la calle Mayor me parecían infinitos y atravesarlos a pie era para mí un viaje digno de Marco Polo; por lo que la sensación de profundidad de campo que busco siempre en estas fotografías puede que tenga su origen en esto que os digo.

Curvas

Otra cosa que me llama mucho la atención cuando me doy un paseo con la cámara en la mano son las curvas, pues son elementos que en una fotografía son capaces de guiar la mirada y ese “poder” que tienen me parece algo muy interesante. Una curva amplia con ayuda de un teleobjetivo se puede convertir en una ‘S’ que, trazada en diagonal a lo largo del encuadre, siempre da una composición armoniosa que llama la atención del espectador; y precisamente eso es algo que se repite en muchas de mis imágenes.

S

Las curvas siempre son muy vistosas en fotografía porque suponen un fuerte contraste con la rectitud de los bordes de la imagen, por lo que  son un recurso que bien empleado puede hacernos conseguir imágenes visualmente atractivas.

Curvas

Además, como podéis ver en las tres imágenes que ilustran este apartado, encontrar líneas curvas en nuestro entorno es muchas veces cuestión de perspectiva. Puede ocurrir que de primeras nos parezca que todo lo que nos rodea es rectilíneo; pero si miramos con los ojos adecuados encontraremos todo un mundo de formas con las que podremos jugar a nuestro antojo.

Rodadas

Lo de intentar esta especie de cuadratura del círculo en algunas de mis fotografías puede provenir de mi fascinación por la variación de la perspectiva en función de la distancia focal empleada, ya que jugando con dicho parámetro podemos hacer que una curva sea más o menos cerrada dependiendo de cómo la encuadremos y eso es algo que siempre me ha llamado poderosamente la atención.

Combinaciones varias

Aunque en esta entrada he tratado mis tres elementos compositivos favoritos por separado, en realidad muchas veces se dan dos de ellos (o incluso los tres) en la misma fotografía. Por ejemplo, cuando veo una calle desierta me fijo tanto en los elementos que se repiten a lo largo de la misma como en las líneas de fuga que a veces incluso esos mismos elementos dibujan en la distancia.

Dragones

En cualquier caso, estos tres elementos que os comento puede que a vosotros no os llamen la atención en absoluto porque, volviendo a lo que os decía al inicio del artículo, la forma de ver el mundo de cada persona a través de la cámara es personal e intransferible; y precisamente ahí es donde reside la magia de la fotografía.

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Ricoh R10 a 99 euros en El Corte Inglés

Os comento en pocas líneas que ayer estuve en El Corte Inglés de Alcalá de Henares comprando una nueva mochila fotográfica (de eso hablaremos otro día) cuando en la repisa donde están expuestas las cámaras compactas me llamó la atención que tenían en promoción la Ricoh R10 a 99 euros (su precio anterior eran 279 euros) y la R8 a 89 euros, que es prácticamente igual pero con la pantalla algo más pequeña.

Después de una rápida consulta a un par de reviews de estas cámaras en uno de los iPads que hay en la sección de informática, al final no me pude resistir y decidí hacerme con una R10 viendo que las prestaciones y la calidad de imagen que da son bastante buenas.

De hecho, hoy me la he llevado en un bolsillo por la mañana para probarla un poco y me ha llamado la atención lo bien que funciona el enfoque y la buena calidad de imagen que da para ser una cámara compacta. Obviamente no tiene nada que ver con las fotografías que es capaz de hacer cualquier réflex por simple que sea; pero para ser una cámara que abulta poco más que un paquete de tabaco la verdad es que es sorprendente. En cualquier caso, os advierto que al poseer un zoom de 7x (equivalente a un 28-200 en formato de 35mm) es algo más gruesa que las compactas ultrafinas que se estilan en los últimos meses.

Esta que tenéis a continuación es una de las imágenes que he captado hace apenas un rato sin ningún tipo de postproceso y sobre la que podéis hacer click para verla a su tamaño original de 10 Mpixels:

Bueno, que me voy por las ramas: por lo que tengo entendido esta oferta es general en todos los centros de El Corte Inglés; de modo que si os interesa haceros con una buena compacta a un precio muy ajustado podéis probar suerte a ver si quedan existencias.

Por cierto, os dejo sendos enlaces a las dos reviews que consulté ayer por si os son de utilidad:

Aberraciones cromáticas

Las aberraciones cromáticas suelen aparecer con frecuencia en algunas fotografías. Es un defecto óptico que se suele dar con mayor frecuencia en cámaras compactas de gama baja, si bien también puede darse en cámaras réflex empleando algunos objetivos y bajo ciertas condiciones de iluminación.

¿Qué son las aberraciones cromáticas?

El término aberración cromática engloba a los defectos ópticos consistentes en la tinción con cierto color no deseado de las transiciones entre elementos muy contrastados de la imagen. De hecho, el método clásico para comprobar si aparecen aberraciones cromáticas bajo ciertas condiciones consiste en hacer una fotografía a unas ramas o elementos similares a contraluz.

Como podéis apreciar, los bordes de las hojas a contraluz aparecen teñidos de un tono morado bastante antiestético que es un claro ejemplo de aberración cromática.

¿Por qué se producen las aberraciones cromáticas?

Este defecto depende fundamentalmente de la óptica empleada y se produce por algo muy sencillo de entender: la luz se compone de muchas longitudes de onda diferentes, correspondiendo cada una de ellas a un color tal y como muestra la siguiente imagen.

A modo de curiosidad os diré que las ondas de longitud mayor de 700 nm se consideran radiación infrarroja del mismo modo que aquellas ondas con una longitud inferior a los 400 nm pertenecen al espectro de la radiación ultravioleta. En cualquiera de los dos casos, estas ondas son invisibles para el ojo humano, ya que sólo podemos captar longitudes de onda entre 400 y 700 nm, que son las que originan el espectro visible de colores.

Una vez repasados estos conceptos básicos, en lo que a fotografía se refiere lo ideal sería que cuando tenemos algo enfocado todas las longitudes de onda converjan en el mismo punto de la superficie del sensor para “dibujar” el elemento de forma completamente nítida. Sin embargo, empleando ciertas ópticas puede ocurrir que determinadas longitudes de onda tengan su punto de convergencia ligeramente adelantado o retrasado con respecto a la superficie del sensor. En tal caso, los bordes de elementos oscuros sobre fondo claro (o viceversa) pueden aparecer teñidos de tonos azules, rojos, verdes o amarillos; algo que se intenta evitar añadiendo ciertas lentes especiales a la fórmula óptica del objetivo.

En la siguiente imagen tenéis una explicación gráfica que os ayudará a entender el por qué de esos bordes coloreados en ciertas imágenes. Si las componentes azul y roja de la imagen se dibujan en puntos diferentes al del plano de la imagen aparecerá en los bordes del motivo fotografiado este defecto óptico que hoy estamos viendo.

También es habitual que las aberraciones cromáticas aparezcan en los reflejos puntuales sobre superficies brillantes; y de hecho esto es algo que ya os comenté en la review del Nikkor AF ED 80-200mm f/2.8D sacando a relucir el siguiente recorte a escala 1:1 de una fotografía tomada con él:

En una óptica perfecta, esos bordes azulados en los brillos no deberían de existir, siendo los límites de los mismos completamente blancos. Sin embargo, ya veis que en este tipo de situaciones aparece una componente azul en forma de halo en torno al punto luminoso que en ciertas fotografías pueden apreciarse con claridad.

¿Cómo evitar las aberraciones cromáticas?

Puesto que estamos ante un defecto óptico del objetivo, para evitar la aberración cromática sólo podemos tratar de “esquivar” las condiciones bajo las que éste se produce. La cosa no sólo consiste en evitar reflejos puntuales y fuertes contrastes en nuestras imágenes; sino también evitar usar las aperturas y las distancias focales más propensas a producir este fenómeno. Ya sé que siempre insisto en lo mismo, pero se demuestra una vez más que conocer nuestro equipo fotográfico es lo que más nos va a ayudar a hacer mejores fotografías.

De todos modos, las aberraciones cromáticas no son demasiado complicadas de eliminar en postproceso. Cualquier software avanzado de retoque fotográfico nos va a ofrecer la posibilidad de mitigar estos defectos e incluso hay cámaras que corrigen esto por ellas mismas internamente, por lo que no llegaremos a ver las aberraciones cromáticas captadas por el sensor si disparamos en formato JPG y tenemos activada esta característica que os digo.

De hecho, me gustaría mostraros con un ejemplo práctico el resultado de una corrección de este tipo, y para ello vamos a emplear una imagen tomada hace unos días en un partido de fútbol donde estuve probando el 80-200 f/2.8, la vamos a abrir en Adobe Lightroom para visualizarla a escala 1:1 y luego nos centraremos en ese detalle que os he marcado con un recuadro rojo.

Si nos fijamos en el poste vertical de la portería que hay al fondo vamos a ver que en su parte derecha hay una componente amarillo-verdosa que no es otra cosa que una de esas aberraciones cromáticas de las que estamos hablando hoy.

Mediante los controles de corrección de las aberraciones cromáticas podemos mitigar estas eliminando la componente de color no deseada del borde del poste dándole a este una apariencia casi completamente neutra como podemos ver en el siguiente recorte capturado una vez aplicado el correctivo.

Como podéis imaginar, en la fotografía vista a un tamaño normal la aberración cromática es prácticamente invisible, y prueba de ello es que en la imagen original que subí hace unos días a Flickr ni siquiera me molesté en aplicar la corrección que hemos visto hoy porque sencillamente ni me di cuenta del tono amarillento del poste que aparece al fondo. De hecho, aquí tenéis la imagen en cuestión en la que la atención se centra en el jugador con el número 30:

Día de partido

La importancia de conocer las cosas

Ahora ya sabéis de dónde proviene este defecto óptico que tan a menudo se presenta en ciertas ópticas; y precisamente eso es lo más importante que quería mostraros en este artículo. Evitar su aparición no es fácil porque bajo ciertas condiciones poco vamos a poder hacer para que no se produzca pero, como habéis podido ver, siempre podemos mitigar sus efectos en buena medida mediante las herramientas que la fotografía digital pone a nuestro alcance. Ahora, como de costumbre, todo es cuestión de probar y experimentar por nosotros mismos.

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El derecheo del histograma

Aunque esto que os voy a contar hoy no es nada nuevo (las primeras referencias al tema aparecen en 2004) la técnica del derecheo del histograma me resulta especialmente interesante por ser algo que aúna mi afición por la fotografía con los conocimientos técnicos de electrónica que adquirí en la carrera de ingeniería técnica industrial.

De hecho, hay abundante información sobre este asunto en diversos lugares de Internet, siendo el origen de esto un artículo publicado en la web The Luminous Landscape titulado Expose (to the) right, que abreviadamente se conoce pos sus siglas ETTR. A partir de ahí diversas webs y foros se han ido haciendo eco del tema, tanto en inglés como en castellano; por lo que mi contribución al asunto, como os decía, no es novedosa aunque sí que pretendo simplificar un poco las cosas para demostraros una vez más que en fotografía hay muchos modos de captar lo que nos rodea y ninguno es mejor o peor que el resto en términos universales. Cada metodología tiene sus ventajas e inconvenientes; eso es todo.

Luis en multiángulo

Eso sí, me gustaría dejar claro desde el principio que esta técnica no es demasiado útil en la mayoría de situaciones, y su empleo es más como “cosa curiosa” o algo instructivo que como un concepto realmente práctico. Desde luego, a mí no se me ocurriría ponerme a derechear cuando estoy en algún sitio haciendo fotos a todo lo que me llama la atención o en circunstancias de disparo complicadas como iluminación cambiante, sujetos en movimiento…

En general, el exposímetro de la cámara (encargado de medir la luz de la escena) hace en la mayoría de las ocasiones un trabajo estupendo y podemos confiar tranquilamente en que el cálculo de la exposición va a ser el más adecuado para lo que pretendemos fotografiar; pero si un día tenéis tiempo y ganas de aprender, ponerse a trastear con esto del derecheo del histograma puede ser un buen modo de ampliar vuestra “cultura fotográfica”.

Por lo tanto, aunque me temo que el artículo va a ser largo y bastante teórico, me voy a centrar en contar la teoría del derecheo del histograma con un lenguaje claro y conciso que os haga ver que aunque se base en una serie de principios bastante técnicos, en realidad se trata de algo muy sencillo de entender.

Recordando lo que es un histograma

Antes de meternos “en faena” es conveniente tener claro lo que es un histograma. Para profundizar en el tema podéis echarle un vistazo a la entrada que publiqué hace un par de meses en la que os hablaba de su enorme utilidad; pero para resumirlo un poco se puede decir que el histograma consiste en una representación gráfica de los valores de luminosidad que toman los pixels de una fotografía distribuidos de tal modo que a la derecha estará el blanco puro (RGB = 100% 100% 100%) y a la izquierda el negro (RGB = 0% 0% 0%).

Histograma habitual de una fotografía cualquiera

Por tanto, la utilidad del histograma es que nos permite conocer de un vistazo y sin depender de ningún tipo de calibración del monitor o condiciones de iluminación exterior la exposición de la fotografía que acabamos de hacer. Un pequeño detalle que representa una de las mayores ventajas a la hora de hacer fotografías con una cámara digital frente a una analógica.

Sensor digital vs. película analógica

Aunque el funcionamiento de una cámara digital se basa en los mismos principios básicos por los que se rigen las cámaras de película analógica desde hace varias décadas, hay una diferencia fundamental, que es el comportamiento de ambos componentes frente a la luz captada.

· Película analógica:

Werlisa club 35

En el caso del carrete se puede sobreexponer ligeramente el negativo porque antes de llegar a la saturación del mismo hay una zona en la que el comportamiento ante la luz captada deja de ser lineal para pasar a ser casi asintótico; es decir, que hay que pasarse bastante de exposición para llegar a saturar por completo la película, y gracias a ello cuesta alcanzar ese “punto de no retorno” más allá del cual habremos incurrido en el mayor pecado que se puede cometer en fotografía: perder información durante la captura. Digamos que con una luminosidad media el comportamiento del negativo es más o menos lineal; pero a partir de cierto punto presenta una cierta resistencia a la saturación que es la que nos va a permitir esa ligera sobreexposición sin arriesgar la integridad de la imagen.

· Sensor digital:

Puesto que los sensores digitales en esencia no son más que un ADC (conversor analógico-digital) estos van a reaccionar de forma completamente lineal ante la luz hasta llegar sin previo aviso al punto de su saturación que, como vimos en la entrada que hablaba sobre zonas quemadas en una imagen, no es más que aquella situación en la que el sensor no es capaz de almacenar más información en al menos uno de los tres canales correspondientes a los colores fundamentales en fotografía (rojo, verde y azul).

Es decir, que mientras estemos dentro del rango de funcionamiento del sensor, una señal el doble de luminosa que otra dará una señal digital proporcional a su salida; pero si la señal de entrada sobrepasa el valor máximo admisible, la señal digital tomará el valor máximo posible dando lugar al temido blanco puro que indica que hemos quemado una zona de la fotografía. Esto es algo que comprenderéis a la perfección viendo la siguiente gráfica.

Función de transferencia de un ADC de 12 bits. En función del valor de la señal continua de entrada, a la salida tenemos un valor digital concreto. Vref marca el punto de saturación a partir del cual la señal de salida será siempre la misma originando la pérdida de datos.

Para entender todo esto mejor, vamos a suponer que tenemos una cámara digital capaz de captar con detalle siete pasos de diafragma (un paso de diafragma, también denominado EV, significa un cambio del doble o la mitad en la cantidad de luz capturada). Esto se traduce en que entre las áreas más oscuras y más claras de la fotografía va a haber como máximo una diferencia de luminosidad de 2⁷, lo que significa que las zonas más claras pueden llegar a serlo 128 veces más que las más oscuras. Es algo que se puede explicar de un modo mucho más técnico; pero vamos a tratar de hacerlo de forma sencilla y asequible.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que el sensor va a ser capaz de capturar los detalles de la iluminación con una profundidad de 12 bits. La cámara internamente trabaja a 12 o 14 bits; pero lo normal es que el RAW se grabe a 12 bits en las cámaras más habituales y a 14 bits en las cámaras profesionales. Por supuesto, si grabamos las imágenes directamente en formato JPG sólo tendremos 8 bits de resolución; pero es que para aplicar la técnica del derecheo del histograma es absolutamente imprescindible trabajar en formato RAW para garantizar la integridad de los datos que estamos capturando.

Pues bien, esos 12 bits en los que ha sido codificada la información del fichero RAW nos va a dar un total de 2¹² = 4096 niveles diferentes a la hora de digitalizar los datos capturados. Ahora bien, por su funcionamiento interno, la electrónica encargada de estas tareas no se va a limitar a repartir esos 4096 niveles equitativamente entre los siete diafragmas; sino que lo hará de tal modo que al diafragma más claro le asignará 2048 (la mitad de todos los niveles disponibles), al siguiente 1024, al siguiente 512… y así sucesivamente hasta que al séptimo diafragma (el correspondiente a los tonos más oscuros) se le van a asignar tan sólo 32 niveles.

Por lo tanto, queda claro que en los tonos más claros de la imagen se va a almacenar mayor cantidad de información, y es por esto por lo que, en general, con una cámara digital vamos a poder recuperar datos de las zonas más claras de la fotografía siempre que disparemos en formato RAW. De hecho, en el caso de que tengamos una imagen ligeramente sobreexpuesta, siempre que no hayamos abrasado por completo alguna zona, vamos a poder ajustar los niveles de tal modo que vamos a obtener al final una imagen correctamente expuesta. Sin embargo, en el caso de una acusada subexposición, el aclarado de las zonas en sombra va a resultar en una generación de ruido considerable debido a la falta de detalle en esos tonos más oscuros tal y como vamos a ver a continuación.

¿De dónde proviene el ruido de una fotografía digital?

El ruido que os comento presente en las zonas más oscuras de las fotografías viene dado porque al haber un rango menor de niveles con los que digitalizar la luz que le llega al sensor, la conversión no es tan fina como debería y da lugar a imperfecciones que no aparecen cuando nos manejamos con muchos más niveles disponibles como sucede en los tonos más claros.

De hecho, los pixels de colores que aparecen como ruido en una fotografía no son otra cosa que puntos con valores pseudoaleatorios de luminosidad debido a que no se ha digitalizado correctamente la cantidad de luz que ha llegado hasta los fotocaptores del sensor. Algo que podemos ver claramente en la siguiente captura de una zona oscura de una fotografía subexpuesta cuya exposición he incrementado cuatro pasos en Adobe Lightroom:

Subexposición aclarada por software cuatro pasos

Sin embargo, puesto que al capturar los tonos más claros en una imagen la precisión es mayor, al aclarar los tonos esos mismos cuatro pasos en un RAW correctamente expuesto nos vamos a encontrar con una ausencia de ruido casi total como muestran las dos imágenes siguientes que corresponden a zonas de la fotografía que eran de color negro antes del incremento:

Exposición correcta aclarada por software cuatro pasos

Exposición correcta aclarada por software cuatro pasos

Para poner un ejemplo relacionado con cosas tangibles, imaginad que tenéis que clasificar a la población de una ciudad en función de su edad: si sólo tenéis posibilidad de hacerlo en tres grupos tendréis gente de muy diversos años dentro de un mismo grupo (ruido) mientras que si podéis clasificarlos en quince tramos de edades diferentes, dentro de cada grupo todo será mucho más homogéneo. Pues más o menos esto es lo que provoca el ruido en los tonos oscuros de las fotografías y la ausencia del mismo en las zonas más claras.

Obviamente, al subir la sensibilidad ISO de la cámara los errores al digitalizar la señal analógica se van a amplificar y por eso empeora la relación señal / ruido. Por lo tanto, debemos tener especial cuidado en obtener una imagen inicial correctamente expuesta en caso de disparar con una sensibilidad elevada tal y como vimos en la entrada que hablaba de este delicado tema.

Derecheando el histograma

Como os decía al hablar del histograma, los tonos claros se representan en la parte derecha del mismo y los oscuros a la izquierda. Por tanto, ya os estaréis imaginando que el concepto de derechear consiste en tratar de aclarar la imagen lo máximo posible (el histograma se cargará hacia la parte derecha) pero siempre sin llegar a quemarla para así disponer de la máxima información posible a la hora de capturar los colores.

De hecho, la técnica no es más que eso; aunque la forma de lograrlo va a variar considerablemente en función del tipo de iluminación de lo que queramos fotografiar. En este caso nos vamos a centrar en escenas en las que no haya variaciones demasiado grandes de iluminación, de modo que el histograma resultante sea más o menos estrecho; pues en caso de fuertes contrastes, aunque midamos en las luces más altas, los tonos oscuros se nos van a ir irremediablemente a la parte izquierda y tendremos poco margen para la modificación posterior de los niveles. Un ejemplo de estas escenas con zonas muy claras y muy oscuras al mismo tiempo es la imagen que tenéis a continuación, donde la nieve es prácticamente blanca y la ropa de mi hermano es negra casi por completo dando lugar a un histograma muy amplio.

Jump! (they say)

En la gran mayoría de las situaciones, la cámara va a exponer por defecto de tal modo que el histograma va a quedar más o menos centrado en la pantalla, así que para derechear el histograma lo que debemos hacer es compensar esta exposición positivamente de tal modo que la imagen resultante quede más clara de lo habitual pero sin llegar a quemarla. La teoría original dice que el procedimiento a emplear consiste en emplear medición puntual, medir en las luces más altas de la escena (la zona más clara) y a continuación compensar la exposición positivamente dos pasos, lo que en teoría hará que esta zona se quede justo al borde del quemado pero sin llegar a él.

Lo que pasa es que este método es demasiado rígido y además varía en cada cámara y para cada escena; por lo que debemos ser flexibles y compensar más o menos en función de los resultados que vayamos obteniendo. En todo caso, puesto que perseguimos ajustar el histograma a la parte derecha de la gráfica (pero sin llegar a tocar dicho extremo) también podemos disparar en modo manual hasta obtener el resultado deseado. Es decir, que no hay por qué cegarse en emplear medición puntual y poner la compensación en +2; sino que debemos ser flexibles y adaptarnos a las limitaciones de nuestro equipo y a las condiciones de iluminación existentes. Como de costumbre, lo mejor es ir probando para ver qué es lo que mejor se adapta a nuestra forma de trabajar, y de ahí la importancia de practicar mucho “sobre el terreno”.

Un ejemplo práctico

Hace unos días estuve por los márgenes del río Henares a su paso por el barrio de Nueva Alcalá tratando de obtener un ejemplo claro que me sirviera para ilustrar esta técnica que hoy os comento, de modo que me armé de paciencia y busqué un lugar que me permitiera captar una escena que diera lugar a un histograma lo suficientemente derecheado como para demostraros todo lo que esconde una fotografía en apariencia inservible. Por cierto, aprovecho para comentaros que haciendo click en las fotografías podéis acceder a una versión a más resolución de las mismas y así apreciar mejor los detalles de las mismas.

Histograma correspondiente a la imagen original, donde se puede ver que la mayor parte de los pixels están en la parte derecha del mismo pero sin llegar a saturar ninguna zona

Como podéis apreciar a simple vista, la fotografía está claramente sobreexpuesta y en condiciones normales se iría directamente a la papelera. Lo que ocurre es que mirando con detenimiento su histograma veréis que no existen zonas quemadas, por lo que podemos considerar que el derecheo ha sido correctamente llevado a cabo. Lo que debemos hacer entonces es cargar esta imagen RAW en nuestro revelador favorito (Capture NX, Adoble Lightroom, Photoshop + ACR…) y ajustar los niveles de exposición, brillo, contraste, intensidad, etc para obtener una imagen con una rica variedad cromática.

Modificando los niveles del RAW anterior hemos conseguido "estirar" el histograma hasta ocupar la totalidad de la gráfica, dando lugar a una imagen con una gran riqueza cromática

Si os fijáis en la imagen una vez ajustada veréis que además de haber obtenido una tonalidad y un colorido muy semejantes a los que nos hubiera dado la cámara empleando el valor por defecto usando la medida del exposímetro integrado, en las zonas más oscuras hay una ausencia de ruido total debido a que en la imagen anterior esas zonas no eran negras; sino de unos tonos medios que se guardaron con más precisión debido a lo que comentábamos anteriormente sobre la forma de trabajar de los conversores ADC.

De hecho, en la riqueza cromática no va a haber una gran diferencia en comparación con una exposición calculada de forma automática por la cámara, estando la única ventaja del derecheo en la disminución del ruido en las zonas oscuras de la fotografía.

Para ilustrar con otro ejemplo todo esto aquí tenéis una captura tomada directamente de Adobe Lightroom (haciendo click sobre ella podréis verla a su resolución nativa) para que veáis la gran diferencia entre la imagen original en la parte izquierda y la resultante tras unos minutos de ajuste de parámetros y niveles. Como veis, lo que en un principio parece una fotografía sobreexpuesta y carente de detalle, en realidad esconde dentro de ella una riqueza cromática que podremos aprovechar si disparamos en RAW y sabemos manejar mínimamente nuestro programa de edición digital.

Conclusiones

Una vez repasado y asimilado todo el proceso del derecheo del histograma he de advertiros que el resultado final después de ajustar el RAW original no es muy diferente al que obtendríamos mediante la exposición normal calculada por la propia cámara, y por eso os decía que esta técnica, aunque curiosa y resultona, no acaba de ser una opción viable para emplear continuamente en nuestras fotografías: aparte de correr el riesgo de quemar sin remedio las luces más altas de la escena, el nivel de compensación necesario para derechear el histograma correctamente variará considerablemente entre unas escenas y otras, de modo que el único modo de hacerlo bien será a base de tiempo, pruebas y errores. Un trío que no siempre podemos permitirnos a la hora de salir a hacer fotos.

Ramas desnudas

No obstante, sí que es cierto que comprendiendo bien las bases en las que se basa la técnica del derecheo habremos aprendido conceptos sobre la captura digital de imágenes de los que no se suele hablar demasiado. Ya sabéis que siempre he pensado que conocer bien nuestro equipo nos ayudará a conseguir mejores imágenes; y esto que hemos visto hoy no es otra cosa que una incursión más o menos profunda en el funcionamiento interno de una cámara digital.

De cualquier modo, si queréis extraer una conclusión práctica de este largo artículo, esta podría ser que entre subexponer y sobreexponer es mejor la segunda opción; pero siempre teniendo cuidado en no llegar a quemar nada. Luego todo es cuestión de postproceso.

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