Rincones: Candás y cabo de Peñas (Asturias)

Me gustaría hoy centrarme en las “vistas desde las alturas” que podemos divisar desde dos lugares concretos de Asturias siendo el primero de ellos el pueblo de Candás.

130722_165952

Candás es una localidad costera próxima a Gijón cuyo puerto se encuentra bajo una escarpada ladera a la que se puede acceder por unas escaleras y disfrutar de un pintoresco paseo. Dicho paseo está salpicado de esculturas pero a mí lo que más me gustó es que desde allí podemos disfrutar de unas vistas fantásticas; especialmente por la zona del faro.

130722_171112

El otro emplazamiento que me gustaría mostraros hoy es el cabo de Peñas, un lugar relativamente cerca de Candás y que representa el punto más septentrional de la comunidad asturiana. Además de esta peculiaridad, se trata de una zona desde la cual podemos observar unos acantilados sencillamente alucinantes que hacen las delicias de los geólogos.

130722_184820

130722_185514

Hay un elemento en el cabo de Peñas que me resultó atractivo e inquietante al mismo tiempo: una hilera vertical de lo que parecen ser sirenas apuntando hacia el mar y que aunque no sé muy bien qué función cumplen (y ni siquiera si están operativas hoy en día) diría que sirven de aviso para los barcos en los días en los que hay tanta niebla que no es posible para un barco divisar la luz del faro hasta estar peligrosamente cerca de las rocas.

130722_190555

Hoy en día, con la navegación por GPS presente en casi la totalidad de los barcos no se hace necesario contar con un sistema tan primitivo como éste; pero aun así imaginar el aullido en mitad de la niebla de este aparato que parece sacado de la imaginación de Stephen King es algo que me costó bastante sacarme de la cabeza.

130726_112720

Como podéis comprobar en las imágenes que ilustran esta entrada, la costa de Asturias es un contraste de rocas, agua y vegetación que resulta bello y agreste al mismo tiempo. Cierto es que llevaba tiempo sin coger la cámara, pero cuando está en lugares como estos es fácil encontrar la inspiración perdida.

Y llego el verano

Como cada año, el verano ha llegado casi sin avisar, y con él una montaña de personas que ayer copaban la carretera y que esta mañana se daban cita en la playa entre frases típicas y pieles blanqueadas por efecto del invierno.

Comienza para mí el periodo del año más exigente en lo profesional, pero por suerte siempre puedo dar un paseo al amanecer para disfrutar de unos paisajes que le devuelven a uno el sosiego que hasta hace apenas un par de semanas ha campado a sus anchas por estas tierras.

Paisaje costero

Descubriendo el mar

El Mediterráneo y yo tenemos una larga relación: yo me he bañado en sus aguas todos los veranos sin excepción y él me ha visto crecer, madurar e iniciar mi propia vida a sus orillas.

Julio de 1985

Tal vez por eso no me resulta extraño que a apenas dos minutos de mi casa tenga la playa y que tan sólo un poco más allá siempre me estén esperando los acantilados de Oropesa mecidos por las olas. Es algo que tengo tan asumido desde el inicio de mis recuerdos (y más ahora que vivo aquí durante todo el año) que para mí es lo más normal del mundo.

Sin embargo el mar es algo que no todo el mundo tiene ocasión de ver con asiduidad; y por eso, cuando esta mañana escuché sin querer la conversación de un matrimonio que hablaba de que en las fotos el mar no parece tan grande entendí que era la primera vez que lo veían con sus propios ojos e intenté captar ese instante de maravillosa estupefacción.

Descubriendo el mar

Sin ir más lejos, mi abuela no vio el mar nunca en su vida hasta que con algo más de treinta años se fue a Canarias acompañando a mi abuelo por temas de trabajo. No sé lo que se le pasaría exactamente por la cabeza cuando se plantó por primera vez en las playas de Santa Cruz de Tenerife; pero supongo que el asombro fue más o menos el mismo que el de este matrimonio que hoy veía por primera vez una masa de agua más grande que un pantano.

La cara amable de los acantilados

Aunque en días de tormenta no es muy recomendable caminar cerca de ellos; si el mar está en calma es una delicia dar un paseo por alguna zona de acantilados y escuchar el suave rumor de las olas acariciando las rocas.

Oleaje

Desafiando la ley de la gravedad

Oleaje

Nueva ruta entre Oropesa y Benicassim atravesando un túnel abandonado

Me encantan las iniciativas como esta: nada más llegar a Oropesa me encuentro con que han abierto una ruta de “senderismo” (lo entrecomillo porque de sendero tiene poco) entre Oropesa del Mar y Benicassim aprovechando el túnel abandonado de la antigua vía férrea de modo que ahora se puede disfrutar de un agradable paseo entre ambas localidades que, por supuesto, no tardé en experimentar por mí mismo.

Cruzando el puente

Aquella vía original cayó en desuso hace no mucho tiempo porque representaba un auténtico embudo para los trenes que recorren la costa mediterránea, ya que era el único tramo de sentido único en todo el litoral, obligando a los trenes a esperar en las estaciones de Benicassim y Oropesa a que éste quedara libre para poder reanudar la marcha.

Ahora corre paralelo a él un tramo de doble vía que ha solucionado el problema haciendo que el antiguo trazado quedara anulado. Un trazado por el que ya se podía caminar desde que fue sustituido por el nuevo (de hecho hace tres años intenté atravesar el túnel abandonado y salí por patas ante la cantidad de murciélagos que habitaban dentro de él) pero que no estaba para nada adaptado a ello (vamos, que estaba dejado de la mano de dios). Además de la fauna alada de las tinieblas, las vías se oxidaban al sol sobre un lecho de piedras sueltas, en el puente había agujeros por los que cabía una persona, el túnel estaba lleno de goteras…

Excursión a la Torre de la Cordá (II)

Aunque la ruta está prácticamente terminada, su acceso está cerrado porque falta por instalar la iluminación en el propio túnel, que al tener una longitud de unos 600 metros, en su parte central la falta de visibilidad es total (no ves ni tus propias manos) por lo que se hacen necesarias unas luminarias que, aunque ahora mismo están colocadas, todavía no han entrado en funcionamiento.

De cualquier modo, la gente ya recorre la nueva ruta tanto a pie como en bicicleta con ayuda de linternas; y es que el innegable encanto de caminar a escasos metros de acantilados vírgenes, poder llegar a playas casi desiertas y tocar con las manos la hasta ahora casi inaccesible Torre de la Cordá han convertido ya a “la ruta del túnel” en todo un éxito para los paseantes de estas dos localidades que ahora están comunicadas de una forma muy original: por el viejo túnel del tren.

Os dejo con algunas fotografías más de la excursión que realicé con mi hermano. ¡Y que conste que no será la última!

Excursión a la Torre de la Cordá (III)

Excursión a la Torre de la Cordá (V)

Excursión a la Torre de la Cordá (IV)

Excursión a la Torre de la Cordá (I)

Actualización 06-08-2009: La iluminación del túnel ha entrado en funcionamiento el día 5 de Agosto, y el aspecto del túnel en la actualidad es el que muestra la siguiente fotografía tomada ese mismo día.

Túnel iluminado (¡por fin!)

¿Verdad que parece la Batcueva? 😛

Sincronizando olas y sonrisas

Cuando el otro día estuve haciendo fotografías por los acantilados de Oropesa del Mar durante una mañana de aguas revueltas no pude evitar darme cuenta de que mucha gente se retrataba con las olas de fondo. Además, resultaba curioso que por lo general el encargado de hacer la fotografía iba avisando a los inmóviles modelos de la llegada de la ola a las rocas que había tras ellos para que pusieran su mejor cara justo en el momento que el agua se estrellaba contra las piedras haciendo un escándalo semejante al de un trueno en la lejanía.

Foto de familia

Al menos no es la típica foto playera con todos en bañador metiendo tripa para salir con “cuerpos Danone”; pero no deja de sorprenderme la curiosa técnica empleada para lograr la sincronización perfecta entre sonrisa y fiereza de las aguas.

Mar revuelto

Acantilados. Batir de olas. Minúsculas gotas de agua salpicando a los espectadores que abren sus bocas con cada bramido del mar. Por real decreto debería haber todos los años al menos un día de mal tiempo y aguas embravecidas para que no todo en verano sea arena, toallas, calor, cremas con factor solar, sombrillas y castillos en la arena.

Acantilados 1

Acantilados 3

Acantilados 2

Cuando me encuentro con una mañana de este tipo cojo la cámara y salgo zumbando para la calle, porque además de obtener imágenes bastante chulas hay un montón de gente paseando por las calles y gracias a ello uno siempre se encuentra situaciones curiosas.