Descubriendo el mar

El Mediterráneo y yo tenemos una larga relación: yo me he bañado en sus aguas todos los veranos sin excepción y él me ha visto crecer, madurar e iniciar mi propia vida a sus orillas.

Julio de 1985

Tal vez por eso no me resulta extraño que a apenas dos minutos de mi casa tenga la playa y que tan sólo un poco más allá siempre me estén esperando los acantilados de Oropesa mecidos por las olas. Es algo que tengo tan asumido desde el inicio de mis recuerdos (y más ahora que vivo aquí durante todo el año) que para mí es lo más normal del mundo.

Sin embargo el mar es algo que no todo el mundo tiene ocasión de ver con asiduidad; y por eso, cuando esta mañana escuché sin querer la conversación de un matrimonio que hablaba de que en las fotos el mar no parece tan grande entendí que era la primera vez que lo veían con sus propios ojos e intenté captar ese instante de maravillosa estupefacción.

Descubriendo el mar

Sin ir más lejos, mi abuela no vio el mar nunca en su vida hasta que con algo más de treinta años se fue a Canarias acompañando a mi abuelo por temas de trabajo. No sé lo que se le pasaría exactamente por la cabeza cuando se plantó por primera vez en las playas de Santa Cruz de Tenerife; pero supongo que el asombro fue más o menos el mismo que el de este matrimonio que hoy veía por primera vez una masa de agua más grande que un pantano.

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