Conduciendo por la vida

A la hora en la que vuelvo del trabajo no hay ni un sólo lugar en mi barrio donde aparcar, de modo que siempre dejo el coche en una zona de chalets a unos cinco minutos de casa. Esto no me supone un gran problema (aunque hay gente que vendería su alma al diablo con tal de no dar tres pasos) pero como nunca me ha gustado ir por las mañanas con prisas, siempre que tengo oportunidad trato de acercar el coche al portal si hay huecos libres para así al día siguiente poder quedarme cinco minutos más en la cama  ^__^

Pues bien, puesto que hoy mi empresa me ha dado el día libre, a eso de las nueve de la mañana me he ido a recogerlo con intención de dejarlo por aquí cerca durante el fin de semana. Sin embargo, una vez al volante y cuando ya llevaba unos metros recorridos, se cruzó por mi mente la idea de aprovechar que a esas horas no hay apenas tráfico para irme a dar una vuelta con el coche sin rumbo definido; de modo que eso fue lo que hice: en lugar de dirigirme hacia mi calle, tomé la carretera que lleva a Loeches y continué por ella hasta ir mucho más allá de dicho municipio.

Loeches vs. Madrid

En realidad no sé exactamente hasta donde llegué, porque conduje y conduje por carreteras secundarias entre campos bañados por el sol de la mañana hasta que consideré que había llegado lo suficientemente lejos. La verdad es que no me importaba encontrarme completamente perdido porque estaba disfrutando de un fantástico trayecto entre paisajes relajantes y con la música de Radio 3 acompañándome. De hecho, la omnipresente visión de las cuatro torres de Madrid resplandecientes me mantenía orientado y provocaba en mí una grata sensación de libertad.

Como os digo, llegado a un punto indeterminado en el que tuve la impresión de que ya estaba lo suficientemente lejos de casa comencé a buscar un acceso a la autovía A-2 para que me llevara de vuelta a Alcalá de Henares. Y el caso es que tuve suerte porque no tardé demasiado en ello: un cartel que indicaba un desvío hacia Valdemingomez también marcaba el camino a tomar para salir a la autopista que buscaba, de modo que en apenas un par de minutos estaba circulando a 120 Km/h dirección Zaragoza y poco después la silueta del cerro del Viso en la lejanía me indicaba que mi excursión empezaba a terminar.

120

Durante ese tiempo en soledad también aproveché para pensar en todas las cosas que me están ocurriendo últimamente y, de hecho, como si de una metáfora de mi propia vida se tratara, me di cuenta de que nos pasamos nuestra existencia en un camino del que no sabemos lo que habrá detrás de la siguiente curva. A veces hay barrancos temibles, pero en ocasiones también te puedes encontrar con preciosos campos de trigo dorado.

Cuando llegué a mi casa eran poco más de las diez de la mañana, de modo que mi paseo había durado aproximadamente una hora y durante ese tiempo había recorrido algo más de noventa kilómetros. Un trayecto que tal vez algunos de vosotros veáis como una pérdida de tiempo y/o como una forma de gastar gasolina a lo tonto; pero yo, que siempre me alimento de buenas sensaciones y pequeños detalles, los encontré a montones en medio de ninguna parte.

Tráfico

De viaje por Europa. Cuarto día: Brujas (Bélgica)

El último día del viaje llegó antes de lo esperado. Puesto que no habíamos parado ni un segundo, apenas tuvimos tiempo de darnos cuenta de que la excursión a Brujas era el último de los cuatro destinos planificados. Además, tuvimos que levantarnos bien pronto porque a las nueve de la mañana había que devolver el coche en la estación de Midi y allí mismo coger el tren que nos llevaría a una ciudad con mucho encanto.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

El barrio de mi hermana un Lunes a las 8 de la mañana. No se escuchaba ni una mosca en toda la calle.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Mi hermana estudiando un rato en el tren que nos llevaba a Brujas (aproximadamente una hora de trayecto).

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

La estación de gant vista desde la ventanilla del tren. Gant está aproximadamente a medio camino entre Bruselas y Brujas, pero no fuimos a visitar la ciudad porque ahora mismo está casi toda ella en obras.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Un imponente aparcamiento para bicicletas nos dio la bienvenida nada más poner el pie en Brujas.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Como podéis ver, hay semáforos para peatones, para coches, para bicis... La verdad es que está muy bien organizado y por las calles se circula en paz y armonía.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Este adoquinado humedecido por la lluvia recién caída resultaba bastante bonito.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Uno no podía evitar levantar la vista estando a los pies de este enorme órgano presente en una de las múltiples iglesias de la ciudad.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Un aspecto del interior de esa misma iglesia, con su gran púlpito en la parte derecha de la imagen.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Restos de pinturas románicas en una de las salas anexas de la iglesia. Supongo que estarán restaurados, porque la pintura está en perfectas condiciones.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Brujas tiene un montón de rincones realmente bonitos, y este es uno de ellos.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Una bonita mezcla de iglesias, casas y torres. Algunos norteamericanos llegan a pensar que Brujas es un parque temático, y es que hay que reconocer que el entorno es magnífico.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

LOs habituales frontales de las casas con los bordes en forma de escalera. En casi todas las calles hay este tipo de casas, pero en esta todas eran así.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

La plaza principal de la ciudad, que en cierto modo me recordó a la Grand Place de Bélgica por lo variado de su arquitectura.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Como os decía antes, las bicis, los peatones y los coches conviven en armonía.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Comiendo unas patatas en un puesto frente al campanario de la plaza.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Los leones son algo muy típico en las banderas y escudos belgas.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Una vista típica de Brujas. ¡Qué pena que el día estaba tan nublado!

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Barcas para dar un paseo a los turistas. Con la lluvia no era una buena idea, pero son sol tiene que ser toda una experiencia.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Mi hermanos y yo un poco pasados por agua (aunque en ese momento todavía no había caído más que una lluvia muy fina).

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Uno de los bonitos canales que hay en Brujas.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Tiene que ser muy grande estar desayunando en la cocina y ver pasar barcas por delante de tu ventana.

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Un molino con la forma típica que tienen por esas tierras. Nada que ver con los clásicos molinos de piedra y forma cilíndrica que se pueden ver por la zona centro de España.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Otro canal. Éste con las casas saliendo directamente del agua. Una estampa que me gustó mucho. Es una pena que a partir de aquí comenzara a llover con mucha fuerza y no pudiera hacer muchas más fotografías.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Un pato muy colorido que me miraba con bastante curiosidad.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Un rincón no muy conocido de Brujas al que nos llevó mi hermana para poder hacer las últimas fotos del día.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Por la noche salimos a tomar una última cerveza. Ese tranvía que cruza la calle sería el que al día siguiente nos llevaría de camino al aeropuerto a las seis de la mañana para volver a España.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

La vista nocturna de la torre que corona la Grand Place sería la última fotografía del viaje y, por tanto, el último de mis recuerdos de estos cuatro días fantásticos.

Al día siguiente no hubo tiempo casi ni de pensar en que era una pena que el viaje hubiera llegado a su fin. El avión de regreso a España nos esperaba, así que con un montón de recuerdos en la cabeza y más de cuatrocientas fotografías en la cámara nos despedimos de mi hermana y emprendimos un trayecto de vuelta que duraría más de lo previsto por culpa de una huelga de controladores. De todos modos, por muy mal que se nos diera el vuelo, yo iba inmensamente feliz de todo lo vivido en cuatro días que no olvidaré.

En lo fotográfico, aunque creo que el resultado final no ha sido malo, me doy cuenta de que hago mejores fotos sólo que en compañía. No es lo mismo estar centrado en hacer una fotografía tomándose el tiempo que sea necesario, a dar prioridad a la rapidez para así no hacer esperar al resto de integrantes del grupo. Sé que podría haber captado escenas mejores si el viaje lo hubiera hecho en solitario, pero no es menos cierto que gran parte de la diversión y de lo inolvidable del viaje ha sido gracias a la grata compañía de mis hermanos y Joe; de tal modo que me tomo las fotografías como meros recuerdos de los sitios que he visitado durante estos cuatro días tan especiales.

¡Un abrazo y muchas gracias por dejarme compartir este viaje con vosotros!

De viaje por Europa. Tercer día: Amsterdam (Holanda)

Después de dormir como unos bebés durante algo menos de siete horas llegó el tercer día: en la puerta de casa nos esperaba el Megane alquilado y a 215 Km estaba la ciudad de Amsterdam, que era nuestro destino para la jornada de hoy.

Aunque salimos con sol, según nos adentrábamos en tierras holandesas la niebla y el hielo empezó a cubrirlo todo, así que cuando llegamos a las afueras de Amsterdam con idea de dejar allí el coche y coger un metro que nos llevara al centro nos encontramos un paisaje casi polar.

Sin embargo, el día cundió muchísimo y dio lugar a numerosas fotos. El frío no era un gran problema porque íbamos bien abrigados, pero con lo que no contábamos es con que a última hora de la tarde nos caería una nevada encima que me obligaría a guardar la cámara y emprender la vuelta a casa.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

El paisaje que se divisaba nada más poner un pie en el suelo. Esto está muy cerca del Amsterdam Arena; el estadio donde juega el Ajax.

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El riachuelo de la izquierda estaba tan congelado que Joe se puso en pie sobre él. Ese polvo verde que veis sobre la acera es la "sal" que echan allí para evitar resbalones.

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Este lago estaba tan helado como el pequeño río de antes.

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La estación de metro donde el tren que entraba por el andén nos llevaría al centro de la ciudad

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Los tejadillos de los andenes para resguardarse de la lluvia parecían más bien un frigorífico de tamaño familiar.

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El edificio rojo es la estación central de Amsterdam, y desde esta zona salen diversos barcos que te dan una vuelta por los canales de la ciudad; pero como somos más de caminar que de navegar, emprendimos rumbo "a pie" hacia el centro urbano.

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En Holanda el uso de la bicicleta es muy habitual. Hay toda una red de carriles bici donde tienen total prioridad sobre los peatones y los coches.

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Esta curiosa bicicleta llevaba incorporado un portababés y un compartimento para llevar un paraguas (por cierto, aluciné al ver la habilidad de la gente para conducir una bici con una mano mientras lleva un paraguas en la otra).

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Canales y edificios: una constante en Amsterdam allá donde mires.

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Más bicicletas (no serán las últimas que veremos, os lo aseguro).

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Hay zonas de la ciudad donde los canales tienen un ancho considerable.

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¿Querrá decir "los hermanos de Luis"? ^__^

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La calle principal del barrio rojo: llena de sex-shops, cofee-shops y prostíbulos donde las chicas se exhiben en los escaparates como una mercancía más (está prohibido hacer fotos, así que poco más os puedo enseñar sobre eso).

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En el barrio rojo los canales son realmente bonitos, pero es una pena que la mayoría de la gente sólo se fije en las fachadas de los edificios por los motivos anteriormente descritos.

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A veces me pregunto si estas casas no tendrán problemas de humedad en las paredes...

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Cúpulas, pájaros, puentes, barcas... son elementos habituales en esta pintoresca ciudad.

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Uno de los canales más apacibles de toda la ciudad. Me gustó mucho la paz que se respiraba en este rincón.

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Uno de los barcos turísticos que os comentaba al principio de la entrada. Como veis, iba al completo.

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Las barcas no son los únicos ocupantes de los canales.

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En Amsterdam uno se encuentra bicicletas aparcadas en cualquier parte. Allí donde se pueda enganchar una cadena, habrá una bicicleta.

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El coche de un fumeta. Tremendo lo del espejo con marco que lleva adosado a la parte trasera de la... ¿furgoneta?

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En Amsterdam es habitual vivir en casas flotantes. De hecho, ese cartel indica que esta está en venta.

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Una bonita torre que hubiera quedado mucho mejor si el cielo no hubiera estado tan blanco. Me resulta curioso que en muchos edificios de la Europa occidental se suele grabar en la fachada el año de construcción.

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Barcas, coches y bicicletas: los medios de transporte privados más habituales en Amsterdam.

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Casas flotantes y barcos en uno de los canales de la ciudad.

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Quitando las zonas más turísticas (la calle que va de la estación al centro y el barrio rojo) hay que reconocer que Amsterdam es una ciudad bastante apacible.

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Mi hermana en pose glamourosa.

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¡Más bicis!

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Un templo chino en medio de Amsterdam (lo que representa un contraste bastante grande). Esta fue la última fotografía del día, porque a partir de este momento comenzó a nevar con fuerza y preferí no sacar la cámara de la bolsa para evitar humedad y posibles condensaciones.

Después de visitar Amsterdam me quedó una sensación agridulce: me gustaron mucho los canales y toda la infraestructura que hay montada para el uso de la bicicleta. Sin embargo, el barrio rojo me resultó tan sumamente comercial que no pude verle el encanto por ningún lado (en el caso de que lo tenga). Además, mucha gente que anda por sus calles va allí únicamente por la prostitución y el consumo de marihuana; siendo este tipo de turismo algo que ni siquiera los propios residentes de la ciudad ven con buenos ojos.

Después de algo más de dos horas de carretera con un tiempo malísimo regresamos a Bruselas, donde salimos a dar una vuelta después de cenar. A eso de las doce de la noche nos acostamos bastante cansados, pero ya con la mente puesta en el madrugón del día siguiente, pues nos esperaba la ciudad de Brujas llena de canales y rincones inolvidables.

De viaje por Europa. Segundo día: Colonia (Alemania)

En la noche del primer al segundo día todos dormimos como niños, pero aquello no duró mucho porque el sonido del despertador a las ocho menos cuarto de la mañana fue como una metralleta que nos obligaba a salir de la cama. Sin embargo, por mucha pereza que nos entrara, la ciudad de Colonia (Köln en alemán) nos esperaba a unos 200 Km de distancia, y para ello antes debíamos pasar por la estación de Midi para recoger el coche que habíamos alquilado.

La primera sorpresa del día nos la llevamos al recoger el vehículo, pues lo que debía ser un VW Polo se convirtió por arte de magia (bueno, más bien porque en ese momento no estaba disponible) en un Renault Megane familiar último modelo con bastante más potencia y considerablemente más amplio, lo que nos vino muy bien para los viajes que hicimos en los dos días que dispusimos de él.

Y ya sin más, os dejo con las fotografías y sus pies de página para luego escribir otro par de párrafos al final de la entrada a modo de conclusión del día. Por cierto, aprovecho para comentaros que fotográficamente es el día que más inspirado estuve, así que espero que os gusten las imágenes.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

En muchas calles de Bruselas las líneas del tranvía y el carril bici comparten la misma franja de asfalto... ¡Hay que ir con mil ojos!

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Tranvías y coches suelen convivir sin demasiados problemas, aunque es lógico teniendo en cuenta que en caso de accidente el tranvía lleva las de ganar.

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Echando un vistazo al coche recién alquilado. ¡Todavía olía a nuevo!

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Una foto dentro del coche por las carreteras de Bruselas (fijaos en el velocímetro digital).

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El preciso instante en el que cruzamos la frontera de Alemania.

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En Alemania hay un límite de velocidad genérico de 130 Km/h, pero cuando te encuentras un tramo de autopista (Autobahn) marcado con esa señal puedes circular a la velocidad que quieras por los carriles indicados.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Y, por supuesto, quisimos comprobar qué es eso de circular casi a 200 Km/h de forma completamente legal.

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Ya en Colonia me llamó la atención que había edificios con muchas líneas rectas y amplios ventanales. Éste en concreto me gustó mucho por lo luminoso que era.

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Es impresionante caminar por el centro y de repente encontrarte con dos mastodónticas torres que se elevan por encima de cualquier otra cosa que pueda haber en la ciudad.

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Mis dos hermanos y yo a los pies de la catedral.

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No hay forma de captar en fotografía la grandiosidad del templo. No es que no entre en la imagen; sino que tampoco es posible abarcarla con la vista.

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Las velas; algo típico en toda iglesia que se precie.

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Dentro de la catedral se encuentra la vidriera más original que he visto nunca: ¡Está pixelada!

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El Río Rhin a su paso por Colonia. No es uno de los tramos más anchos, pero da una idea de su inmensidad. La catedral la hemos dejado a unos 100 metros detrás de nosotros.

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Puente sobre el Rhin. ¿Sabéis qué son esas cosas que hay en la verja?

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Candados. Son candados colocados ahí por una tradición que ahora os contaré.

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Al parecer, las parejas graban sus nombres en un candado, lo colocan en el puente y a continuación tiran la llave al río, significando esto que siempre estarán juntos. Como veis, algunos de ellos están muy elaborados.

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El puente es larguísimo, y a lo largo de todo él se encuentran literalmente miles de candados, llamando la atención de todo el que pasa por allí.

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Un pequeño castillo a orillas del Rhin. Me encantó la vista desde el puente con esas nubes que pocos minutos antes habían descargado granizo sobre nuestras cabezas.

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Este tejado me recordó a la piel de un lagarto. Curioso, ¿verdad?

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No hacíamos más que preguntarnos por qué los semáforos de Colonia tienen dos muñecos rojos y sólo uno en verde. Suponemos que es para que se vean mejor, porque uno es una copia del otro y realizan exactamente la misma función.

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Una iglesia muy "geométrica" con una bonita estatua en sus jardines. Me encantó la tranquilidad del lugar.

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En Alemania hay bastante costumbre de usar la bicicleta, pero vimos muchas más en los dos días posteriores. A mí particularmente esta estampa me gustó mucho.

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¿Cómo resistirse a apretar un botón en el que dice "Atención, no apretar nunca"? EDITO: al parecer el botón dice "Atención, nuevo precio". Yo de alemán no sé ni media palabra, ¿se nota? 😀

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Como veis, toda ciudad tiene una calle igual que Preciados en Madrid (gente a punta pala y comercios sin fin).

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Un vistazo a la catedral de Colonia a media distancia. Fijaos en el tamaño de la gente que hay en la puerta del templo (apenas unos píxels).

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Todavía tendremos que alejarnos un buen trecho para conseguir una imagen que nos permita hacernos una idea clara del tamaño de la catedral.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Aquí podéis comprobar la enormidad de la catedral, que fue construida entre los siglos XIII y XIX y que fue prácticamente lo único que quedó en pie de toda la ciudad durante la segunda guerra mundial.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Un museo alemán, con las ventánas típicas de esta región.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Restos de una muralla romana, y a modo de "bonus" una preciosa casa anexa.

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Un auténtico Trabant; coche icónico de la República Democrática Alemana y que tenía un motor de dos cilindros y carrocería de resina mezcla de plástico y serrín (parece increíble, pero se ablanda con la lluvia).

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Unos edificios con forma curiosa en las afueras de la ciudad parecen despedirnos al final de la tarde justo antes de coger de nuevo la autopista hacia Bruselas.

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De vuelta a Bruselas nos detuvimos a los pies del Atomium. Un lugar mítico en mi infancia que me encantó visitar. (NOTA: fotografía retirada por prohibición de http://www.atomium.be/ ).

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La última foto del día fue esta de la estructura del Atomium, y mientras la hacía no paraba de recordar lo mucho que me fascinaba este monumento cuando era pequeño y lo extraño que se me hacía pensar que ahora estaba justo debajo de él. Para mí fue un momento muy especial. (NOTA: fotografía retirada por prohibición de http://www.atomium.be/ ).

Fue un día impresionante, os lo aseguro. Los dos días restantes fueron intensos e interesantes por todo lo que vimos, pero para mí éste fue el día más inolvidable del viaje. La Autobahn, la visión de la catedral, el puente sobre el Rhin, todos esos candados, la vista del Atomium… Fueron un montón de cosas que me impresionaron mucho y que consiguieron que, pese a estar muy cansado, esa noche me costara bastante conciliar el sueño.

De todos modos había que dormir, porque al día siguiente nos esperaba un nuevo madrugón para ir a Amsterdam y descubrir un paisaje muy diferente al de Colonia.

NOTA IMPORTANTE: he retirado las dos fotografías donde aparecía el Atomium debido a que según la web oficial del monumento éste tiene copyright, de tal modo que la sociedad encargada de gestionarlo podría adoptar algún tipo de medida si, por lo que sea, acaba viendo estas fotografías algún día. Me parece fatal, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de un lugar público, que la enorme estructura se puede fotografiar desde fuera de su recinto y que prohibiendo la publicación de las imágenes se le hace un flaco favor al turismo en esa zona; pero como no tengo ganas de futuros problemas, he optado por eliminar las fotografías y publicar esta nota aclaratoria. De todos modos, dejo los pies de foto para que quede constancia de que estuve en ese lugar y que así se vea más claramente que las fotografías han sido eliminadas con posterioridad. Por cierto, gracias a Carpo por el aviso.

De viaje por Europa. Primer día: Bruselas (Bélgica)

Tras un vuelo de dos horas, la llegada a Bruselas fue de lo más tranquila: con un aterrizaje bastante suave y un tiempo no tan malo como esperábamos, mi hermano Álvaro, el novio de mi hermana (Joe) y yo pusimos los pies sobre suelo belga, donde mi hermana nos estaba esperando con una sonrisa en la cara y un plan en la cabeza.

Nuestra idea para lo que quedaba de mañana era recuperar horas de sueño; pero Estela (que así es como se llama mi hermana) no nos lo permitió: había preparado un recorrido turístico por la ciudad y nos dio apenas media hora para dejar las maletas en su casa, comer algo y salir zumbando hacia el centro de la ciudad.

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La calle principal del barrio de mi hermana. Esto fue lo primero que vimos nada más llegar, pues aquí es donde nos dejó el autobús.

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Las calles principales de las ciudades de esta parte de Europa están llenas de cables de los tranvías.

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Gofres y edificios pintorescos: una combinación típicamente Belga.

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Eso rojo y amarillo es una pagoda que han montado donde se puede tomar un té. La torre que se ve más al fondo está en pleno centro de la ciudad.

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Los troncos de muchos árboles en la ciudad están pintados de blanco. No sé muy bien con qué intención, pero quedan muy fotogénicos.

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Mirando hacia la torre de la Grand Place.

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Un curioso reloj con diversos monarcas, entre ellos el omnipresente Carlos V.

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Mercado ultra-mega-pijo-fashion. No me atreví a mirar mucho los escaparates por si cobraban por ello.

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La catedral de Bruselas.

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Joe y Estela dirigiéndose hacia la entrada...

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Las vidrieras eran impresionantes por su tamaño y nivel de detalle.

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Una vista del interior del templo.

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Cuando sale un rato el sol (cosa rara en Bruselas) la gente se suele echar en tumbonas como esta.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Esta pequeña escultura me gustó mucho por la pose de sus tres integrantes.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Zampando unas patatas fritas (junto con los gofres y el chocolate, lo más típico de Bélgica) ¡Estaban deliciosas!

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Posando delante de un cruce entre Bob Esponja cabreado y un gofre de chocolate.

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La Grand Place: el lugar más visitado y fotografiado de Bruselas.

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La bonita torre que preside la plaza.

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Lo más curioso de la Grand Place es la arquitectura que se pude ver en ella, ya que es de lo más variada.

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Como podéis ver, el color dorado aparece en varios edificios de la plaza.

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El famoso Manneken Piss; una escultura de dos palmos de alto que a mí me dejó bastante indiferente.

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Una de las calles del barrio de mi hermana.

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También en Bruselas tienen bastantes problemas para aparcar.

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En el interior de otra iglesia (lo siento, no recuerdo su nombre).

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Vidrieras alargadas, luz verdosa y una gran cruz que cuelga del techo.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Una de las calles principales del centro de la ciudad. A mi espalda quedaría el enorme palacio de justicia.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Hay muchas esculturas por las calles. Esta en concreto me gustó por su expresividad.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Nuevo paso por la Grand Place; esta vez observando el perfil de los edificios más pequeños.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Una muñeca realmente terrorífica que había en el escaparate de una tienda donde todo lo que había era de un estilo parecido.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Si bien el Manneken Piss no me dijo nada, este "perro meón" me pareció mucho más original.

Viaje a Bruselas, Colonia, Amsterdam y Brujas (Feb. 2010)

Vista de una de las calles del centro de Bruselas desde el último piso de un edificio.

En este primer día vimos buena parte de la ciudad de Bruselas, quedando pendiente una visita al barrio europeo (donde está al parlamento) así como alguna que otra excursión rápida a otros lugares no tan conocidos pero igualmente pintorescos.

De todos modos, ese día nos fuimos a dormir pronto porque además de habernos dado la paliza del siglo pateando la ciudad de arriba a abajo durante todo el día, Álvaro, Joe y yo nos habíamos levantado a las 3:20 de la mañana para coger el avión, de modo que estábamos cansadísimos. Además, al día siguiente nos esperaba la ciudad de Colonia, y había que levantarse bien pronto para ir a recoger el coche que habíamos alquilado.

Apuntes breves de un viaje inolvidable

Después de tanto hablar del viaje a Bruselas ya estoy de vuelta; y he de decir que estos días se me han pasado a velocidad de vértigo. Han sido unas mini-vacaciones de lo más intensas durante las que he vistado un montón de lugares que no conocía y me he dado cuenta de una serie de cosas que seguiría ignorando por completo si no las hubiera experimentado por mí mismo.

Si el viaje de ida fue como quien dice apenas un rato, el de vuelta ha sido largo y pesado por culpa de una inoportuna huelga de controladores aéreos en Francia que ha retrasado todos los vuelos que pasaban sobre el país galo. Nuestro avión en concreto ha sufrido un retraso de dos horas largas y gracias a ello mi hermano y yo hemos estado sentados en el aeropuerto como dos panolis desde las 8:30 de la mañana hasta las 12:00, que es la hora a la que ha salido el avión para luego seguir sentados durante las dos horas que dura el trayecto.

Como comprenderéis hoy estoy bastante zombie, tanto por las palizas de estos días como por el madrugón de hoy para ir al aeropuerto; de modo que en esta entrada me voy a limitar a enumerar algunas cosas que me han llamado la atención durante estos días y que he ido apuntando mentalmente para irme a la cama a continuación a recuperar energías y horas de sueño:

  • En los paises que hemos visitado absolutamente todo el mundo habla inglés y son tremendamente educados, lo cual es muy de agradecer cuando te acercas a una ciudad como Colonia sin tener ni idea de alemán. Hemos preguntado mil cosas a paseantes, tenderos, policías… y en todas y cada una de las ocasiones nos han respondido con una amabilidad a la que no estamos acostumbrados aquí. En serio, el trato es exquisito y es un detalle que me ha encantado.
  • Del mismo modo, cuando vas por la calle en Bélgica o entras a un bar te das cuenta de que la gente no grita. De hecho, cuando ves a un grupo de gente que va hablando a voces por la calle nunca falla: son españoles o italianos. Triste pero cierto, os lo aseguro.
  • En Bélgica, Holanda, Alemania… ponen la música en los bares nada más que de fondo, de tal modo que puedes hablar con tus acompañantes sin dejarte la voz en ello. Incluso en los pubs, el volumen está algo más alto, pero en ningún caso te impide hablar con total normalidad. Eso es un detalle que me gustó mucho.
  • De todo lo que visité, tal vez Amsterdam es lo que menos me gustó por ser excesivamente turístico. No digo que me disgustara, porque los canales son chulísimos; pero no me entusiasmó tanto como el resto de excursiones. Obviamente pasamos por el barrio rojo para verlo con nuestros propios ojos, pero el caso es que no le acabo de ver la gracia al asunto del sexo por todas partes y los cofeeshops. Sin embargo, viendo la de gente desfasada que había por allí me queda claro que hay mucho turismo que va a esta ciudad nada más que por esos dos temas (algo que no gusta a los residentes tal y como nos dijeron ellos mismos).
  • La vida Erasmus es un mundo aparte: se rige por sus propias normas y principios. Me hace especial gracia el delicado equilibrio entre los miembros de una casa con el tema de la limpieza, ya que cada uno se friega sus propias cosas (como es lógico) pero si alguien hace la jugada de dejar un montón de platos en el fregadero tampoco se le dice nada por muy mal que siente. Del mismo modo, por mucho ruido que haya cuando alguien monta una fiesta y tú quieres dormir, tampoco se dice nada porque a lo mejor al día siguiente la situación se invierte. Digamos que es una especie de status-quo entre todos los Erasmus de la casa por el bien de la convivencia.
  • Cuando nieva y hay dos grados bajo cero un tren puede ser el mejor lugar del mundo. Es genial la sensación de calor que hay dentro del vagón, porque acompañada del suave traqueteo del tren consigue que te quedes de lo más relajado después de un largo día de caminatas hasta el punto de quedarte dormido casi sin quererlo.
  • Mi nikon D40 se ha mojado en varias ocasiones por culpa de la lluvia así como los objetivos que llevaba montados, pero ha aguantado el tipo perfectamente. De todos modos, la funda de lluvia que lleva integrada la mochila Lowepro Slingshot AW100 ha sido una bendición cuando caía agua a lo bestia y no había lugar donde meterse. La bolsa ha permanecido completamente seca lloviera mucho o poco, aunque cuando entrabas a un lugar caliente y tocabas la cámara parecía de hielo. Por suerte no condensó la humedad en el interior; sólo en el frontal del objetivo y en la superficie de la pantalla LCD.
  • Me tengo que autofelicitar por haberme comprado las Chiruca y el abrigo impermeable de los que os hablaba hace unos días. Con todo lo que nos ha llovido y el frío que ha hecho en algunos lugares ha sido todo un acierto. Acerté de pleno cuando decidí comprarme esos dos elementos, porque tras pasar varias horas sin paraguas bajo una lluvia intensa sentir que tanto el cuerpo como los pies están secos y calientes es una auténtica maravilla.
  • El nuevo Renault Megane anda bastante bien. Alquilamos un VW Polo para ir a Colonia y Amsterdam, pero cuando fuimos a recogerlo no lo tenían disponible en ese momento y nos dieron el coche que os digo con apenas 9000 kilómetros. Fue una pasada ir por la autobahn alemana en los tramos sin límite de velocidad porque se ponía casi a 200 Km/h y era completamente estable incluso a esas velocidades. Durante los dos días que lo tuvimos hicimos más de mil kilómetros, así que le sacamos bastante partido.
  • El iPod Touch ha sido un buen compañero durante estos días: lo he llevado todo el día encima y no he necesitado otra cosa para estar al día del correo electrónico, el tiempo, las noticias y actualizar Twitter. Además, no he tenido que cargarlo ni una sóla vez, así que si antes estaba contento con él, ahora todavía más.

Bueno, creo que ya está bien por hoy. Sobre las fotografías que he hecho durante estos días os tengo que decir que he realizado más de 400 fotos y que ahora mismo se están “cocinando” en Adobe Lightroom. Una vez que las haya subido a Flickr empezaré a redactar una serie de entradas narrando lo que vi en cada uno de los sitios que he visitado organizándolas cronológicamente para no dejarme nada en el tintero. ¡Espero que os resulte interesante!

Un saludo a todos y muchas gracias por el seguimiento de estos días, pues viendo las estadísticas veo que habéís estado bastante atentos al post anterior a éste donde fui dando cuenta de mis pasos por Europa mediante el uso de mi cuenta de Twitter.

De viaje por Bruselas y alrededores

Bruselas me espera. En apenas unas horas aterrizaré en el aeropuerto de Charleroi y allí comenzará el periplo por tierras centroeuropeas que me llevará junto a a mis hermanos y Joe a pasar cuatro días completos recorriendo ciudades de arriba a abajo, haciendo fotos y conociendo lugares que hasta ahora no había pisado.

¡Arre caballito!

Ha sido un viaje lárgamente planeado, pues la idea surgió ya en verano cuando mi hermana anunció que se iba a Bélgica para cursar el último año de su carrera, perfeccionar los idiomas y de paso ampliar un poco sus ya de por si amplias miras. No se puede quejar, pues además de que se lo está pasando estupendamente (no hay noche sin su fiesta Erasmus correspondiente) parece que el estudio va bien y todo apunta a que volverá en verano con todo aprobado, dando así por finalizada su carrera de Publicidad y Relaciones Públicas.

He de reconocer que no estoy muy contento con el tiempo que está haciendo. Cuando hizo tan malo en Navidades, pensé que para finales de Febrero la cosa mejoraría ostensiblemente; pero ya habréis visto que desde el pasado fin de semana apenas hemos visto el sol y la cosa no tiene pinta de que vaya a cambiar demasiado. Además, si aquí no hace muy buen tiempo os podéis imaginar que en la zona de Europa comprendida entre Francia y Alemania no es que vaya a haber un clima tropical precisamente, así que habrá que abrigarse bien.

Como ya os he dicho en alguna ocasión, mi intención para los próximos días es, sobre todo, hacer fotografías de aquello que me llame la atención. Durante los últimos meses me he dado cuenta de que mis imágenes han mejorado bastante, así que considero este viaje como una especie de “examen” para comprobar si fuera de mi entorno también soy capaz de captar la esencia de los lugares por los que paso.

Torres, agujas, nidos y tejados

La verdad es que no sé cómo saldrán las cosas, pero lo más normal es que vayan bien. Nosotros lo llevamos todo planificado y preparado, pero que luego el tiempo sea horrible, que el avión se retrase seis horas o que pillemos todos la gripe A (o B o C) ya es cuestión de suerte y son cosas que ni siquiera sería lógico plantearse.

En principio vamos a visitar, aparte de la propia ciudad de Bruselas (Bélgica), las localidades de Brujas (también en Bélgica), Amsterdam (Holanda) y Colonia (Alemania); por lo que el viaje y las oportunidades para hacer fotografías son, a priori, bastante amplias. De todos modos, esa es la idea inicial que llevamos, pero siempre hay que contar con que los planes pueden modificarse en función de otras variables con las que no contamos. En todo caso, vayamos donde vayamos, trataré de llevar siempre encima mi habitual curiosidad por lo que me rodea y las ganas de retratar aquello que capte mi atención.

Domingo por la mañana

En cuanto al blog, no tengo pensado actualizar esto para nada hasta el próximo día 23; pero se me ha ocurrido llevarme mi iPod Touch y gracias a él poder estar al tanto del e-mail así como actualizar mi cuenta de Twitter para dar cuenta de mis andanzas por el centro de Europa a todo aquel que le interese saber de mí durante esos días.

Precisamente para facilitaros esa tarea, puesto que esta entrada será la que esté en la portada del blog durante estos próximos días, os voy a dejar a continuación una imagen en la que podréis leer la última actualización de mi Twitter. Si queréis ver un histórico de lo que he ido escribiendo podéis hacer click directamente sobre ella y os llevará a mi canal donde figuran todas las actualizaciones.

En cualquier caso, os advierto que la web que aloja este servicio a veces está caída, de modo que también tenéis en la parte superior de la columna derecha un widget que muestra las últimas actualizaciones de mi Twitter y que permanecerá ahí durante los días del viaje.

De todos modos, tened en cuenta que para conectarme a Internet y actualizar Twitter voy a depender de las redes WiFi que me vaya encontrando por ahí. En la casa de mi hermana no hay problema porque tiene conexión inalámbrica, pero en medio de una ciudad no sé si las redes inalámbricas a disposición del público escasearán tanto como aquí. En cualquier caso, si se os ofrece algo, me podéis mandar un correo y aunque sea en un rato antes de irme a dormir os responderé.

Bueno, pues poco más que añadir. Sólo me queda daros las gracias por aguantar los rollos que os he soltado durante estos días previos al viaje y prometeros que a la vuelta os contaré lo que haya sucedido por allí acompañando las palabras con un montón de fotos.

En una calle del centro

Besos y abrazos según corresponda. ¡Hasta pronto!

Pensamientos varios sobre mi inminente viaje a Bruselas

Si seguís habitualmente este blog es posible que ya sepáis que en la madrugada del jueves al viernes me voy a pasar cuatro días a Bruselas junto a mi hermano y Joe para ver a mi hermana que está allí de Erasmus desde Septiembre y de paso hacer fotos por los alrededores ( ¿o era al revés? ). De momento sólo sé el día que nos vamos y el que volvemos además de unos cuantos lugares para visitar; pero es que yendo con esta pareja de locos uno ya sabe de antemano que lo va a pasar bien.

¡¡¡Cuidado con la curva!!!

Mi hermana y Joe en plena curva

Precisamente en torno a eso han estado girando muchas de mis actividades de los últimos días, ya que me gusta llevar las cosas bien preparadas y estar listo para lo que pueda surgir en tierras centroeuropeas. De hecho, parece que el clima que nos vamos a encontrar no será tan malo como se podría pensar ahora mismo (está nevando y con temperaturas bajo cero por allí) porque a partir del jueves suben las temperaturas y la previsión es que esté nublado sin más.

De todos modos, me he comprado en Decathlon un abrigo pensado para temperaturas muy frías así como unas botas Chiruca completamente impermeables (creedme, lo he comprobado  😀 ) por si se presentan lluvias en medio de una excursión. Del mismo modo, hace unas semanas me compré una mochila Lowepro Slingshot AW 100 con funda para lluvia de tal modo que podré llevar encima mi equipo fotográfico con comodidad y sin miedo a que acabe “pasado por agua”. Había pensado en hablaros de dicha mochila antes de irme, pero el estreno de mi nuevo ultraportátil (del que en apenas unas horas publicaré una extensa review) ha eclipsado ese tema y ya lo dejaré para después del viaje.

En total llevo 7 GB en tarjetas de memoria (4 + 2 + 1) así como un pendrive de 8 GB que me permitiría hacer un backup completo de todo el material si fuera necesario y volver a llenar las tarjetas. De todos modos, con esos 7 GB podría almacenar unas 1000 fotografías en RAW, así que espero que no tenga que andar haciendo malabarismos con las tarjetas, el pendrive y el ordenador de mi hermana, porque además eso implicaría que para procesar casi dos mil fotos me puedo pasar una semana entera delante del Lightroom (y hacer que los servidores de Flickr empiecen a echar humo), de modo que prometo ser más selectivo a la hora de presionar el disparador de la cámara.

Hablando de ordenadores, el único medio de comunicación que me llevaré allí será mi iPod Touch para poder mirar el correo y conectarme a Internet allí donde haya un Wi-Fi abierto. En casa de mi hermana no hay problema porque cuenta con un router Wi-Fi, pero cuando estemos de excursión me tendré que servir exclusivamente de lo que me vaya encontrando por allí. El blog durante esos días no lo actualizaré, pero sí que tengo pensado publicar cosillas en mi cuenta de Twitter aprovechando que tengo instalado en el iPod el más que recomendable Twitterrific. Y es verdad que hay una utilidad para publicar cosas en blogs de wordpress con un iPod / iPhone, pero para publicar dos notas chapuceras y sin fotos prefiero sentarme al teclado tranquilamente al volver y poco a poco ir sacando a la luz detalles y anécdotas de esos días.

Es verdad que podría usar el portátil de mi hermana por la noche para escribir alguna cosa por aquí, responder comentarios o lo que sea; pero la verdad es que me apetece mucho sobrevivir unos días a base exclusivamente de iPod Touch y ver si es tan versátil como me parece. A la vuelta seguro que escribo algún artículo contando lo que me ha parecido ese asunto en particular, así que será interesante ver cómo me desenvuelvo con él.

Y bueno, poco más. Mañana arranca la semana y entre el trabajo y los preparativos del viaje no sé si tendré mucho tiempo para escribir por aquí. Hay bastantes cosas que dejar finiquitadas antes de que me vaya y sólo quedan cuatro días. El jueves por la noche seguro que escribo algo, pero aparte de la review del nuevo Dell que publicaré hoy antes de irme a dormir no creo que le dedique mucho tiempo al blog en los días que faltan para irme (bueno, eso digo ahora, pero seguro que luego se me ocurre algo y me pongo “manos al teclado”).

¡Gracias por leerme y perdón por la parrafada!  ^__^

Seleccionando los objetivos más adecuados para viajar

En poco más de dos semanas me iré a pasar cuatro días a Bruselas junto con mi hermano y Joe con la intención de visitar a mi hermana y hacer varias excursiones a ciudades más o menos cercanas como Colonia, Ámsterdam o Brujas. No conozco ninguno de estos lugares y la verdad es que me atrae muchísimo el comprobar qué fotos seré capaz de hacer por allí.

De todos modos, para no perder mucho tiempo en los aeropuertos y tal hemos decidido no facturar ninguna maleta, de modo que el único equipaje que voy a llevar será el de mano que se puede llevar encima durante el trayecto; y lo señalo porque de ahí se desprende el mayor dilema que he tenido durante estos días: ¿Qué objetivos llevar?

Está claro que por razones de peso y tamaño no me puedo llevar todas mis ópticas, de modo que he de afinar al máximo y llevarme exclusivamente aquello a lo que vaya a sacar mayor partido. Vamos a hacer un rápido repaso de lo que tengo ahora mismo en mi bolsa de fotografía:

Familia Nikon en la actualidad

En principio había pensado en llevar mi ojo de pez Falcon, pero puesto que distorsiona la realidad de forma evidente y lo que pretendo es tener un recuerdo de mi paso por el centro de Europa he decidido dejarlo en casa. Además, él sólo pesa casi medio kilo, de modo que supondría un lastre considerable.

Los tubos de extensión y el 35-70 se quedan en casa por el sencillo motivo de que bastante pillados de tiempo vamos a ir como para andar haciendo fotos en macro, ya que al no disponer de un objetivo dedicado a estos menesteres es una labor que requiere tiempo y paciencia. Algo que a mis acompañantes no creo que les sobre. Además, no creo que vaya a hacer demasiadas fotografías de este tipo, así que queda descartado.

Llevando el 18-55 y el 55-200 cubro un buen rango focal, y además al ser ambas las versiones VR podré disparar incluso si las condiciones de luz no son demasiado favorables (allí anochece antes que en España y además suele estar bastante nublado). Por lo tanto, estos dos objetivos se vienen conmigo sí o sí.

Por último, me gustaría llevarme también una focal fija y luminosa para poder hacer algún desenfoque acusado o poder disparar en interiores sin emplear el flash. Y es verdad que soy un defensor a ultranza del Nikon AF-S 35mm f/1.8 G DX, pero he decidido que al final voy llevarme el Nikon AF 50mm f/1.8D por dos sencillos motivos: es bastante más pequeño y siempre me ha dado la sensación de que su bokeh es algo más suave.

Sé que tendré que enfocar a mano con él y que a f/1.8 tiene menos nitidez que el 35mm; pero el hecho de que quepa en cualquier bolsillo y que haga unos desenfoques tan bonitos a f/2.8 es lo que al final me ha hecho decantarme por él. Y que conste que el 35mm me parece mejor objetivo en términos generales, pero en este caso creo que le puedo sacar más partido al clásico 50mm por las circunstancias que rodean al viaje.

Por lo tanto, las tres ópticas que acompañarán a mi D40 en este viaje por tierras centroeuropeas serán los siguientes:

Los tres elegidos

  • AF-S Nikkor DX 18-55mm f/3.5-5.6 G VR
  • AF-S Nikkor DX 55-200mm f/4-5.6 G ED VR
  • AF Nikkor 50mm 1:1.8 D

Confieso que en un primer momento tuve la idea (un poco loca, eso sí) de llevarme nada más que la D40 con el AF-S 35mm f/1.8 para obligarme a exprimirlo al máximo; pero pensándolo fríamente, limitarme a una sola focal cuando vamos a visitar lugares de lo más variopinto puede hacer que me pierda un montón de fotos que tal vez no podré volver a hacer. Por eso he preferido optar por la versatilidad de mis dos objetivos zoom con VR y contar con el respaldo de una focal fija y luminosa que apenas ocupa espacio en la maleta.

Tengo el presentimiento de que me voy a encontrar con un montón de escenas dignas de ser retratadas durante los días que voy a estar por Bélgica y alrededores, así que espero acertar con mi elección de ópticas. De todos modos, salga lo que salga, ya me encargaré de mostrároslo por aquí.

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

En Febrero iré a pasar cuatro días por Bélgica

Mi hermana lleva de Erasmus en Bruselas (Bélgica) desde el mes de Septiembre. Pocos días después de llegar allí ya se había convertido prácticamente en una bruselense más y, como todo Erasmus que se precie, enseguida empezó a recibir visitas de amigos y familiares semana sí y semana también.

Mis padres ya estuvieron por allí un fin de semana de Octubre, y su novio Joe va a visitarla prácticamente cada mes; así que creo que ya va siendo hora de que me acerque a conocer la capital política de Europa y a hacer decenas de fotografías de lugares que no conozco.

Hummm, qué interesante...

Estela y Joe en el VIPS (yo soy el que sale reflejado en la tetera 😀 )

Así pues, hace unos días estuve hablando del tema con mi hemano y con el novio de mi hermana y al final hemos decidido hacer una excursión conjunta de tal modo que iremos los tres para allá el 19 de Febrero, aunque Joe se quedará diez días allí mientras que nosotros dos volveremos a casa el Martes 23.

Y bueno, como la idea es no sólo quedarnos en Bruselas sino hacer excursiones a lugares como Brujas, Amsterdam o Colonia, además de tener ya los billetes de avión hemos alquilado un coche para poder movernos con más facilidad y rapidez. Eso nos permitirá maximizar el tiempo disponible y no depender de los horarios del transporte público en la medida de lo posible.

Por cierto, aprovecho para comentar que como hemos cogido todo con mucha antelación el viaje nos ha salido por cuatro duros: el billete de avión de ida y vuelta nos ha costado 27 euros a cada uno, y el coche (un VW Polo de última generación) son 80 euros por dos días, por lo que tocamos a 20 euros cada uno. Claro, luego hay que echar gasolina, comer, coger algún autobús… pero en general el viaje no sale nada caro como podéis ver.

La verdad es que tengo muchas ganas de ir: el fotografiar lugares en los que no he estado antes y pasar los cuatro unos días en centroeuropa es algo que puede ser muy grande. Conocer otros lugares es un modo de abrir los ojos, adquirir puntos de vista diferentes y ejercitar la imaginación; y estoy seguro de que a la vuelta tendré muchas fotos que enseñaros y unas cuantas historias que contar por aquí.

Es cierto que quedan algo más de dos meses para el viaje, pero a la velocidad que pasan las semanas últimamente sé que cuando me quiera dar cuenta estaré haciendo la maleta. Y precisamente hablando de maletas, sé que mi mayor dilema será qué objetivos llevar junto a la cámara; ya que en cuanto a la ropa sabemos perfectamente que en Febrero hará frío y estará lloviendo, por lo que pocas dudas hay en ese sentido.

En fin, ya cuando se acerque la fecha de partida os daré más detalles; más que nada porque ahora mismo sólo sabemos cuándo nos vamos y cuándo volvemos; pero al menos la cosa ya está en marcha y partir de aquí todo consiste en ir haciendo planes y aportando ideas.

¡Un saludo!

Un viaje a la infancia

Necesitaba volver por unos días a mis orígenes y así recuperar viejas sensaciones. Por eso dejé atrás todo, por eso cargué nada más que tres o cuatro cosas básicas en el coche y escapé a toda prisa de la ciudad sin mirar lo que dejaba atrás.

Los viales

Durante todo el camino estuve recordando anécdotas de las vacaciones que pasé durante mi infancia en aquel pueblo costero a los pies de unas montañas de tierra rojiza. Fueron muchos kilómetros bajo el sol acompañado nada más que por los éxitos radiofónicos que escupía la emisora de turno, pero también vinieron a mi memoria multitud de pensamientos fugaces sobre aquellas noches llenas de estrellas y todos los sueños que quedaron pendientes de cumplir.

Después de tantos años me preguntaba qué aspecto tendrían mis amigos, cómo estarían aquellos senderos entre pinos por los que tanto nos gustaba perdernos, qué habría ocurrido en las vidas de cada uno de ellos… Dudas que me habían rondado la cabeza durante años y que por fin iban a tener respuesta.

¿Seguiría Rebeca tan guapa como en aquella foto que me dio al despedirnos? ¿Tendría Óscar tanto éxito con las chicas como entonces? ¿Estaría el césped junto a nuestras casas tan verde como lo recuerdo en la tarde de mi marcha definitiva?

Podría haber avisado de algún modo de mi inminente llegada, pero preferí no hacerlo; igual que cuando teníamos doce años. El ritual siempre era el mismo: ir casa por casa llamando al timbre para anunciar alegremente a mis amigos que un verano más estaba allí dispuesto a pasar días y noches inolvidables. Seguir cumpliendo con aquella tradición sería un modo de demostrar que el tiempo transcurrido no tenía por qué habernos cambiado lo más mínimo.

Repetitividad urbana

Ya habían sucedido demasiados cambios en mi vida; sobre todo desde que me había convertido en un treintañero cuya existencia era pura rutina. Necesitaba sentir que todavía quedaba un remanso de paz en el que el tiempo no hubiera avanzado en las últimas dos décadas, y estaba seguro que ese lugar no era otro que aquel del que provienen los mejores recuerdos de mi vida. Estaba tan cansado del ajetreo del día a día en la ciudad que busqué en aquel lugar que tantas veces había añorado un renacer que me permitiera ver las cosas de otro modo.

Era tres de agosto; plena época estival. La urbanización estaría llena de gente, pero no me sería complicado dar con Rebeca, Óscar y los demás. Recordaba perfectamente sus pisos 3º F y 5º B respectivamente. El de Manolo era el de al lado de Óscar, así que 5º C. El de Noelia el 2º C, pero del portal de al lado, que también era el de Rubén…

De repente, sin darme cuenta siquiera, apareció la señal que indicaba que debía abandonar la autovía en la próxima salida. Estaba tan sumido en mis pensamientos que no me había dado cuenta de que el mar había hecho acto de presencia a mi derecha varios kilómetros antes anunciando la proximidad a mi destino. Estaba a pocos minutos de volver a ver a mis amigos de la infancia, de darles la sorpresa de su vida… y sólo pensar en aquello logró que los latidos de mi corazón se aceleraran considerablemente.

Salí de la autovía y el sol me golpeó de lleno en los ojos. Enfilé una carretera mal asfaltada por la que parecía ser el único en circular y, finalmente, llegué a la entrada del pueblo. Habían pasado veinte largos años desde la última vez que estuve allí, pero seguía tan reconocible como siempre: la entrada del parque, la pequeña gasolinera, la calle principal… sin embargo, por allí no había ni rastro de las casas bajas que recordaba. En su lugar, altos bloques de apartamentos azules y blancos dominaban el paisaje e impedían ver la costa desde aquel rincón.

Parking

-Cosas del progreso; el ladrillo, que por aquí se expandió más que por ningún otro lugar… -pensé. Sin embargo , a medida que me fui adentrando por las calles me fui dando cuenta de que había muchos otros cambios más sutiles pero también mucho más crueles con mis recuerdos.

Ya no había grandes portalones con canastos de fruta en los que las familias del pueblo vendían los productos de sus propias huertas. Recuerdo que en aquellos lugares se podían encontrar las sandías más jugosas, las manzanas con el sabor más intenso que he probado y los melocotones más deliciosos del mundo. Robustas puertas de garaje de las que asomaban insignias cromadas de coches alemanes habían sustituido a aquellas improvisadas tiendas que apenas tenían una mano de pintura y unas balanzas que hoy podrían estar perfectamente en un museo.

Empecé a sentir algo de miedo: miedo a que mis recuerdos estuvieran distorsionados, a que los ojos de aquel niño vieran aquí un paraíso que en realidad nunca existió. Puede que de pequeño se vean las cosas desde otro punto de vista; pero algo era seguro: mis amigos. Y si aquel lugar se había transformado tan profundamente, nada mejor que mi visita sorpresa para que se dieran cuenta de que algunas cosas nunca cambiarán por mucho tiempo que pase.

Me costó un poco orientarme porque algunas calles eran nuevas y otras estaban tan arregladas que parecían pertenecer a otro lugar. El camino de tierra que daba a la huerta de Antonio ahora era una calle llena de tiendas, y el camping que había junto a la urbanización se había convertido en un infinito bloque de viviendas cuya sombra se estiraba hasta casi la orilla del mar.

Camping semidesierto

En la entrada de la urbanización me encontré una barrera cerrada. Otro cambio más, porque en la década de los ochenta se podía entrar libremente y sin problemas de ningún tipo, así que decidí aparcar fuera y entrar caminando para no molestar al portero, pues por la hora supuse que estaría echando la siesta. Sin embargo, en el apartamento que hacía las veces de portería no había ningún cartel identificativo y por un momento dudé si en realidad seguiría cumpliendo aquella función.

Tras dar toda la vuelta a la finca me encontré con que sus puertas también estaban cerradas con llave, pero no podía quedarme allí plantado después de tantas horas de viaje. Me detuve junto a una de ellas (la más cercana a la zona donde los miembros de la pandilla teníamos nuestras casas) y esperé a que saliera algún vecino, cosa que sucedió en apenas un par de minutos durante los cuales me entretuve mirando el perfil de los edificios que había junto a los acantilados del final de la playa. Cuando era pequeño, sobre aquellos riscos no había más que algunos chalets dispersos, pero ahora era incapaz de encontrar un edificio de menos de catorce plantas.

-Bueno, al menos la urbanización parece que sigue igual que siempre. Han pintado las fachadas y ahora hay una valla exterior, pero eso parece todo -me dije mientras me acercaba al que fue mi portal durante algunos veranos.

Entresuelo

El viejo telefonillo de plástico había sido sustituido por uno metálico y brillante, pero para llevar la sorpresa hasta sus últimas consecuencias preferí no llamar y subir directamente a casa de Óscar aprovechando que la puerta estaba abierta (siendo esta la primera que me encontraba en tal estado). El portal poco tenía ya que ver con el que yo recordaba: las viejas puertas del ascensor estaban pintadas de un azul intenso y el suelo se encontraba tan limpio que me veía reflejado al mirar hacia abajo.

Quería plantarme en la puerta de la casa de Óscar lo más fresco posible, así que desestimé la idea de subir las escaleras y esperé a que el ascensor llegara al ver que estaba iluminada la flecha que indicaba que éste era su destino. Cuando hizo acto de presencia, a través del ventanuco de la puerta vi que bajaba alguien en él y por un momento me dio un vuelco el corazón pensando que podría ser el propio Óscar; pero en su lugar abrió la puerta una mujer cargada con una especie de capazo marrón y varias toallas de playa metidas en él. Saludé sin saber muy bien por qué (supongo que por las viejas costumbres, ya que en aquel bloque de viviendas nos conocíamos todos cuando pasaba en él mis veranos) y antes de dar tiempo siquiera a que me contestara me metí en el ascensor y pulsé la tecla del quinto piso.

Las plantas parecían tardar horas en pasar, sobre todo ahora que el ascensor tenía puertas interiores, y con un suave movimiento amortiguado (nada que ver con el salto que daba en cada parada aquel cacharro en el que tantas veces subí años atrás) las puertas se abrieron para mostrarme la inconfundible puerta de la casa de Óscar.

Estaba exactamente igual a como la recordaba: el tirador de la puerta, el marco, la misma mirilla, el mismo timbre… fue fantástico descubrir que algunas cosas no habían cambiado, así que no lo pensé dos veces y llamé alegremente como si no hubieran pasado aquellos veinte largos años. Escuché con atención y noté que alguien se aproximaba a la puerta al tiempo que de fondo se escuchaba el balbucear de un bebé de pocos meses. ¿Habría tenido un niño Óscar? ¿Se habría casado al final con Noelia como todos pronosticábamos? Alguien giró una llave en la cerradura y en ese momento me di cuenta de que dos décadas de espera llegaban a su fin.

A franjas

Me abrió la puerta un hombre alto, delgado, de unos cincuenta años y con algunas canas ya. Demasiado mayor para ser Óscar; demasiado joven para ser su padre. Me quedé sin saber qué decir, pero aquello no fue un problema porque enseguida me preguntó: -¿Qué desea?.

-Estoy buscando a un amigo de la infancia… Se llama Óscar y… hasta donde yo sé, esta es su casa -dije titubeando un poco. Aquel hombre se quedó pensativo y por su gesto pareció comenzar a atar algunos cabos. Me dijo que compraron el apartamento a una familia hace unos cinco años porque ya apenas iban por allí y no les compensaba mantener una casa que casi no pisaban. Le pregunté que si le sonaba de algo el apellido Domenech y me dijo que, efectivamente, esa era la familia que les vendió el piso.

Mientras me contaba aquello, miré disimuladamente sobre su hombro y distinguí a una chica joven sentada en el sofá del salón junto a una mujer mayor. Ambas miraban embelesadas a un niño que gateaba por un suelo lleno de juguetes. Era el mismo salón en el que había estado con Óscar viendo la televisión durante tardes enteras, pero aquel escenario había dejado de pertenecer a mi infancia para convertirse en un lugar extraño y desconocido.

Según me contó aquel hombre de voz profunda y amable, la familia de Óscar ya no iba por allí porque lo que en un principio les enamoró del pueblo se había perdido para siempre. Ya no era un lugar de descanso y desconexión; sino una pequeña gran urbe con sus atascos, sus colas en las tiendas y sus restaurantes con gente en la puerta esperando a que quedara alguna mesa libre… Ni rastro del pueblo de pescadores que algún día fue; se acabó el anonimato de un lugar que casi nadie conocía en la década de los ochenta.

Mi ánimo sufrió un duro revés ante aquella revelación, pero todavía me quedaba bastante gente por visitar, así que le di las gracias a aquel hombre y marché hacia el piso de Rebeca esperando tener algo más de suerte. Había pasado muy buenos momentos junto a aquella chica viva, alegre, despreocupada y con el pelo del color del trigo; así esperaba poder recordarlos durante un rato de charla inolvidable que me devolviera la ilusión del niño que un día fui.

Los rigores del verano

La entrada de su casa sí que era radicalmente diferente a la de mis recuerdos: habían reemplazado la puerta original por una blindada y las ventanas ahora tenían rejas. Llamé al timbre y nadie contestó pese a que escuchaba con claridad una televisión sonando a todo volumen en alguna habitación de la casa. Llamé una segunda vez por si acaso no me habían escuchado y a los pocos instantes me pareció percibir el sonido de la mirilla abriéndose con rapidez aunque nadie dijo una palabra. No quise probar a llamar una tercera vez; temí encontrarme con una historia parecida a la de la familia de Óscar y opté por marcharme para volver más tarde si mi búsqueda daba más y mejores frutos que hasta el momento.

Fui a ver a Noelia al bloque de al lado: aquella chica simpática, de ojos azules y miedosa de cualquier perro que siempre andaba tonteando con Óscar. Llegué hasta la puerta de su casa y vi que estaba en bastante mal estado: los rayos del sol la habían deteriorado bastante y nadie se había preocupado de darle una simple capa de barniz. Las ventanas estaban sucias y no había ningún felpudo bajo mis pies, por lo que supuse que la casa llevaría bastante tiempo vacía. De todos modos, ya que había llegado hasta allí no iba a darme la vuelta sin más, y resignado a mi mala suerte probé a llamar al timbre que, sin dar crédito a mis oídos, sonó alto y claro llegando incluso a sobresaltarme con su estridente sonido.

Los contraluces de la escalera

Me abrió la puerta un niño de unos siete años de pelo claro y sonrisa pícara. Me miró, no dijo nada, dio la vuelta y salió corriendo dejándome allí plantado con la puerta de la casa entreabierta. Escuché como llamaba a su madre y cuando ella contestó enseguida sentí una cierta familiaridad con aquella voz. Se asomó a la puerta de la cocina y descubrí aquellos ojos azules que tantas veces llamaron mi atención cuando apenas estaba empezando a experimentar sensaciones que años más tarde comencé a considerar amor.

No sabía quién era, no hacía falta que lo dijera porque su cara lo decía todo. Noelia siempre fue muy expresiva, y no había perdido aquella facultad. Esta vez fui yo quien tomo la palabra y simplemente dije: -¿Noelia?. Ante lo que ella contestó: -Sí, y tú eres…. -¡Jorge! -respondí. -Tal vez no te acuerdes de mí, pero… veraneaba aquí hace casi veinte años y siempre estábamos juntos tú, yo, Óscar, Rebeca, Rubén….

La expresión de su mirada cambió por completo a medida que iba hablando. Se secó las manos torpemente con un paño anaranjado y comenzó a acercarse a mí mientras decía: -¿Jorge? ¿El de Zaragoza? ¿El que siempre llegaba el último en las carreras de bicis?.

Sí, ese era yo: el eterno patoso que no sólo tenía la costumbre de llegar en última posición en todas las competiciones que organizábamos, sino también el que chocó contra Óscar una vez jugando al fútbol perdiendo ambos el conocimiento durante unos instantes. Ese era Jorge: el chico soñador que hablaba de cambiar el mundo por uno más justo, el que planeaba lo que haría de mayor sin saber que en realidad la vida da tantas vueltas que hacer planes a largo plazo es una pérdida de tiempo. Allí, tumbado en el césped junto a mis amigos contando estrellas y hablando de mil y unas cosas que se nos quedaban grandes pasé los mejores veranos de mi vida. Y lo único que me unía en ese momento a aquella época maravillosa era Noelia.

Me abrazó, me dijo que aunque durante los primeros veranos tras mi marcha se había acordado de mí a menudo, también reconoció después pasaron años enteros sin un miserable recuerdo y que, por eso, ahora se sentía extraña. Es lógico, yo también sentía algo parecido. Noelia formaba parte de mi vida pasada, pero saltaba a la vista que ya no era la misma persona que yo recordaba.

Muchas preguntas se agolpaban en mi cabeza: ¿Ese niño era suyo? Y en tal caso… ¿Quién era su padre? ¿Dónde estaba el resto de toda nuestra pandilla? ¿Seguía Rebeca viviendo en su piso? En realidad ya conocía las respuestas, me di cuenta nada sentir el extraño abrazo de Noelia: todos habíamos cambiado irremediablemente. Aunque una conocida canción diga que veinte años no es nada, en realidad dos décadas bastan para cambiar la vida de familias enteras. Durante casi toda mi vida me negué a creerlo. Realicé ese viaje para tratar de demostrarme que no era un esclavo del tiempo, que en el fondo no había perdido nada en el camino recorrido durante veinte años de vivencias; pero me equivocaba. Mis amigos no eran los mismos: unos sencillamente ya no estaban y otros habían hecho su vida de tal modo que ahora ocupaban el lugar y el papel de nuestros padres en aquellos años felices. El tiempo había ejecutado su sentencia, y ni yo ni nadie podía hacer nada para cambiar las cosas.

Le dije a Noelia que iba a acercarme un momento al coche para subir unas rosquillas típicas de Zaragoza que había traído y que con ellas, acompañadas de un café, podíamos charlar de todo lo sucedido durante los años transcurridos. Con un “ahora mismo subo” me despedí de un pasado que era mejor dejar reposar tranquilo. Yo ya no pintaba nada en la vida de Noelia del mismo modo que era una tontería seguir buscando un pasado maravilloso donde sólo quedaba polvo y hojarasca.

Sé que fui un cobarde, y que tal vez Noelia me recordará con amargura durante otros veinte años por lo que hice; pero en vez de coger aquellas rosquillas que sólo existían en mi imaginación, salí de la urbanización sin mirar atrás, arranqué el coche y no me detuve hasta que llegué a mi Zaragoza natal mientras me prometía que, a partir de ese día, dejaría que los buenos recuerdos fueran simplemente eso: recuerdos.

Luz misteriosa

Viaje polar a Pastrana

En estos días de frío y mal tiempo no puedo evitar echar la vista atrás y recordar una excursión que hicimos hace ya unos años mi hermana, Joe y yo al cercano pueblo de Pastrana. Aunque lo único que hicimos fue pasar la tarde allí la verdad es que fue un día que recuerdo con cariño esperando que en alguna ocasión volvamos a encaminarnos hacia algún lugar desconocido. Eso sí, dad por hecho que entonces me llevaré mi cámara de vídeo para realizar un vídeo con más calidad que el que ahora os muestro, pero que, aun así, condensa en apenas tres minutos lo que vivimos aquella tarde.

NOTA: música de Family con el tema “Viaje a los sueños polares”.

Un Domingo cualquiera en Alcalá de Henares

Pese a que os dije que no estaba muy orgulloso del primer vídeo que había creado con mi recién comprada videocámara al final me he decidido a publicarlo en Youtube porque ilustra un paseo por Alcalá de Henares en una soleada mañana de Domingo. El vídeo me sigue pareciendo demasiado “estático”, pero me he animado a darlo a conocer porque ilustra algunos rincones de la ciudad que por uno u otro motivo creo que merecían ser dados a conocer para todos aquellos que no conocen esta localidad madrileña.

Aprovecho para comentaros que la música que he elegido como fondo es “Promise”, perteneciente a la BSO del videojuego Silent Hill 2 y compuesta por Akira Yamaoka. Una bonita melodía que se ajusta a lo que quería mostrar con las imágenes en movimiento de la ciudad.

Y ya sin más rollos os pongo a continuación el vídeo esperando que os guste  😉

De vuelta en Alcalá

Se acabó la semana de minivacaciones en la playa. La verdad es que me ha venido genial y como os dije me he dedicado a hacer fotos y en general llevar unas jornadas de tranquilidad y sosiego. No recuerdo haber dormido tan bien como en los últimos siete días, y es que el meterse en la cama y no escuchar absolutamente nada ha sido toda una experiencia acostumbrado al constante ruido de los discos duros y al ronroneo del tráfico de la ciudad.

Hoy os dejo con una fotografía de tantas que hice, pero en las próximas jornadas os iré poniendo otras y contando anécdotas y pensamientos, siendo todos ellos recuerdos, pues me propuse no escribir nada “sobre la marcha”, sino almacenarlo todo en mi cabeza para luego ya aquí transcribirlo en el ordenador.

Viaje nuboso

En la imagen un instante del viaje (ya llegando a Valencia). Aunque el tiempo se preveía apocalíptico, la verdad es que al final hizo bastante bueno en general.

Un saludo y muchas gracias por vuestras visitas y comentarios de esta semana, pues han sido muy numerosas ambas cosas 🙂