Dar el salto

En mi reciente visita a Valencia me encontré con una escena que no consigo sacarme de la cabeza y que en cuanto la vi supe que daría lugar a una buena fotografía.

Manos blancas

Esta pared llena de manos no es producto de ninguna manifestación ni se trata de la obra de algún artista vanguardista. Lo que veis en la imagen que ilustra esta entrada no son más que las palmas de decenas de niños que, usando una de las paredes del gigantesco Gulliver del que ya os hablé, juegan a ver quién es capaz de llegar más alto saltando.

Lo más interesante es que no hay un bote de pintura para esto ni ningún cartel que indique nada; y es que para dejar ahí su marca los niños se embadurnan las manos con el polvo blanco que desprende la arena que cubre el suelo del lugar y a continuación intentan dar el salto más grande de sus vidas. Y la cosa ha calado tanto que, por lo visto, se ha convertido en una especie de tradición no escrita que cuenta con multitud de adeptos.

Como os digo, me llama mucho la atención esto que os cuento por dos motivos: por ser un hecho espontáneo e improvisado y también porque la imagen que capté, fuera de su contexto, tiene un toque dramático con todas esas manos blancas tapizando la pared.

Anuncios

Correfoc en Oropesa del mar

Existe una tradición muy arraigada en los diferentes pueblos de la Comunidad Valenciana: el correfoc (correfuegos en castellano).

Correfuegos en Oropesa del Mar (Julio 2012)

El correfoc consiste básicamente en que un grupo de personas realiza un espectáculo de fuegos artificiales, pero no disparándolos hacia el cielo como suele ser habitual; sino empleando para ello palos y diversos artefactos que les permiten encenderlos justo sobre sus cabezas para deleite de los espectadores que, en muchas ocasiones, pueden acceder libremente a la zona del correfoc para tomar parte en él.

Correfuegos en Oropesa del Mar (Julio 2012)

Correfuegos en Oropesa del Mar (Julio 2012)

La gracia del asunto es que los fuegos comienzan a arder y durante unos segundos generan una estela de chispas que se expande hacia todas partes creando una especie de paraguas destelleante. A continuación, cuando las chispas cesan, se produce una fuerte explosión y la persona que porta el palo iniciará el proceso de nuevo. Como os decía, es como encender un cohete pero éste, en lugar de volar, permanece fijo en el extremo del palo que podéis ver en la fotografía superior.

Correfuegos en Oropesa del Mar (Julio 2012)

Correfuegos en Oropesa del Mar (Julio 2012)

Fotográficamente hablando, lo más bonito de estos espectáculos pirotécnicos son los contrastes de luces y sombras así como las infinitas chispas que se generan sobre las cabezas de los responsables del correfoc. Precisamente para destacar estos dos aspectos (y para poder emplear sensibilidades ISO elevadas) es por lo que esa noche me llevé mi D300 con el Nikkor AF-D 50mm f/1.8 y nada más.

Correfuegos en Oropesa del Mar (Julio 2012)

Correfuegos en Oropesa del Mar (Julio 2012)

Como os digo, un correfoc es una experiencia bella, curiosa y espectacular en la que se mezcla luz, ruido y olor a pólvora. Es algo parecido a un castillo de fuegos artificiales; sólo que en esta ocasión el público es parte integrante del espectáculo.

Correfuegos en Oropesa del Mar (Julio 2012)