Review: Thrunite Ti Hi

Dentro de mi colección de linternas hay un modelo que para mi gusto es la estrella de la misma, ya que me parece que tiene un diseño muy elegante, está fabricada en titanio y además tiene el modo firefly con menos lumens de todas las que poseo: hoy os presento a la Thrunite Ti Hi.

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Aunque, en general, me gusta usar las cosas y no tenerlas de adorno, reconozco que este modelo no me ha acompañado ni un minuto a ninguna parte porque sencillamente no quiero que se estropee su bonito aspecto. Ya tengo una minúscula linterna de titanio que viene conmigo a todas partes y también durante una temporada en mi bolsillo “vivió” una linterna prácticamente idéntica a la que hoy os estoy presentando pero fabricada en aluminio; pero de esa hablaremos en otra ocasión.

El cuerpo

Como os decía al principio, el cuerpo de este modelo de linterna está íntegramente fabricado en titanio. Un material del que siempre he sido devoto; sobre todo en mis tiempos de mountain biker en los que mi sueño era tener una Merlin Titanium como la que tenía mi vecino de abajo. Por desgracia nunca pasé del típico cuadro de aluminio, pero quizás ahí radica el origen de mi fiebre por este material.

Como veréis en las fotos que ilustran esta entrada, tanto el cuerpo como la cabeza de la linterna tienen un patrón de minúsculos rombos para mejorar su agarre al que los expertos en estos temas denominan knurling. Todas las linternas tienen en mayor o menor medida algún tipo de relieve para que no se nos escurra entre los dedos si tenemos las manos frías y/o húmedas, pero para mi gusto el que hace Thrunite en sus modelos es el mejor de todos por ser sumamente rugoso.

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En cuanto a peso y dimensiones, este modelo se queda en unos escasos 14 gramos (sin la pila AAA que necesita para alimentarse) y mide aproximadamente 70 x 14 cm, de modo que en caso de que queráis llevarla encima ni siquiera la notaréis.

La cabeza se desenrosca y si lo hacéis podréis ver en ella el driver que alimenta y controla el LED. Para que no entre polvo ni humedad la rosca del cuerpo posee una junta tórica en su extremo final que debéis mantener lubricada para que no se desgaste. Lo ideal es aplicar una ligera capa de grasa de silicona tanto en ella como en la propia rosca para ello, pero no uséis cualquier producto porque la podéis dañar.

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Como suele ocurrir en las linternas de este tipo fabricadas en titanio, el tacto de la rosca es algo “arenoso” por las propiedades del material. No implica ningún defecto ni quiere decir que se vaya a desgastar, pero hay gente a la que este tacto le provoca cierta dentera; así que advertidos estáis.

La luz

Como os comentaba al principio de este artículo, una de las peculiaridades de esta Thrunite Ti Hi es que posee un modo firefly (luciérnaga) de tan sólo 0,08 lumens con unas 120 horas de autonomía. Y es cierto que poca utilidad tiene más allá de poder ver algo en la más absoluta oscuridad, pero es una cifra de récord y la verdad es que tiene su punto poder mirar al LED encendido y ver el relieve del reflector sin dejarnos una retina en el intento.

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Girando la cabeza para llevarla al punto de apagado y volviendo a encender tenemos el modo intermedio, que nos dará 12 lumens durante unas 6 horas y repitiendo la operación iremos al modo de máxima potencia que nos ofrece 30 minutos de iluminación a unos 120 lumens y que ya tiene potencia de sobra para iluminar una estancia.

Si repetimos el ciclo dos veces completas, a continuación saltará un modo estroboscópico poco recomendable para epilépticos y que usa el LED a plena potencia dando una autonomía de una hora.

La luz que esta linterna emite es de tonalidad fría. No llega a ser azulada como en algunos modelos; sino que da un tono blanco bastante neutro y, desde luego, no tiene ese tinte anaranjado de los LEDs que emiten en tonalidades cálidas. Para mi gusto es de las que dan una tonalidad más natural a la luz. Por cierto, para los amantes de la electrónica, comentaros que el LED es un CREE XP-L HI.

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Las sensaciones

Precisamente porque ya sabréis que es un detalle de las linternas en el que me suelo fijar, quería destacar el esmero con el que está fabricado el pequeño reflector de esta linterna con su textura de piel de naranja. Esto ayuda a dispersar la luz que proviene del LED haciendo que esta se proyecte de una manera más homogénea a lo largo y ancho de la superficie iluminada.

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Los reflectores lisos a menudo dan lugar a una zona central potentemente iluminada y una corona exterior en la que apenas llega luz; pero en este tipo de reflectores la verdad es que es un gustazo observar cómo la iluminación es suave y sin grandes diferencias.

Otro aspecto a destacar es el knurling que posee, ya que en un material tan duro como el titanio es complicado realizar un tallaje tan complejo. Al fin y al cabo se hace con la misma máquina que talla las linternas de aluminio; pero el útil a emplear tiene que ser de un material extremadamente caro (carburo de tungsteno, cobalto…) y hay que emplear mucha refrigeración porque debido a la mala conductividad térmica del titanio el útil de tallaje absorbe una enorme cantidad de calor que puede llegar a dañarlo.

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A la hora de usar la linterna, esta se lleva cómodamente en la mano por su pequeño tamaño, no se resbala gracias al agresivo moleteado de cuerpo y cabeza, es realmente ligera y, además, para mi gusto es extremadamente bonita (si bien ahí entran ya en juego los aspectos subjetivos de cada uno).

Cierto es que el modo firefly no se emplea demasiado y que al final el mejor compromiso entre iluminación/autonomía es el intermedio con sus 12 lumens 6 horas; pero es que como os digo, desde mi punto de vista estamos ante una linterna que está más destinada a ocupar un lugar en nuestro altar de estos pequeños dispositivos que a llevar una vida dura entre llaves y monedas en bolsillos de vaqueros apretados.

Ah, por cierto, se me olvidaba comentaros que el precio está en torno a los 30 euros (no es especialmente cara, las cosas como son) pero el problema es que no siempre es fácil de encontrar porque se suele fabricar en tiradas cortas y hay que estar al tanto para cazar una cuando sale de fábrica alguna remesa.

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¡Hasta el próximo artículo!

Review: Wuben G338

Hasta hace pocas semanas una Nitecore Tube de color negro iba siempre en mi llavero para todas esas ocasiones en las que viene muy bien tener una pequeña fuente de luz a mano. Sin embargo, cuando vi en Amazon esta linterna de la que hoy os voy a hablar llamó mi atención de inmediato, así que la compré y la verdad es que estoy encantado con ella desde el primer momento. Ahora os cuento por qué.

Wuben G338

Este modelo de la casi desconocida marca Wuben aúna dos elementos que me de por si ya me fascinan por separado: las linternas y el titanio. Cierto es que tengo una Thrunite fabricada en este material que, para mí, es una de las estrellas de mi colección; pero quería algo más simple que pudiera llevar en mi bolsillo sin sufrir demasiado si se arañaba con las llaves. Además, se trata de un modelo realmente minúsculo y con una batería de litio reemplazable y recargable a través de un puerto microUSB. ¿Qué más podría pedir?

Wuben G338

Wuben nos presenta esta linterna como un accesorio de moda hasta el punto de que viene acompañado de una fina cadena plateada por si nos la queremos colgar del cuello a modo de adorno. Sin embargo, nada nos impide (como hice yo) colocarle una pequeña anilla para integrarla en nuestro llavero y tenerla así siempre a mano.

Sus medidas son de aproximadamente 43 mm de largo por 13 de diámetro y tiene un peso de 21 gramos. Como veis, se trata de un modelo de muy pequeño tamaño que además al estar fabricado en titanio y llevar una batería de litio también es muy liviano.

Dicha batería no es muy habitual pero es estándar, de modo que se pueden encontrar repuestos tanto en tiendas de electrónica como en eBay y similares. Se trata de un modelo de iones de litio con referencia 10180 (4,2 Vcc. 90 mA/h) de tan sólo 18 mm de largo; y aunque es posible que haya cargadores así de pequeños para este tipo de baterías, lo mejor es recargarla dentro de la propia linterna. Un proceso que lleva aproximadamente una hora y que se realiza desenroscando la cabeza de la linterna para dejar al descubierto un puerto microUSB estándar oculto bajo la propia rosca.

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Por cierto, junto al puerto de carga hay un pequeñísimo LED que se ilumina en color rojo durante la carga de la batería pasando a verde cuando esta se encuentra completamente cargada. La electrónica de la linterna corta la corriente de entrada cuando la batería no necesita más carga, de modo que no hay posibilidad de que la batería se sobrecargue.

En cuanto al uso como tal, la linterna se activa roscando la cabeza en sentido horario hasta el punto en el que veamos que se enciende. Ese es el modo más bajo (3 lumens, 6 horas) pero luego tenemos un segundo modo que se activa dando media vuelta más a la cabeza y el cual da bastante más luz de lo que una linterna de este tamaño nos podría hacer creer (130 lumens, 40 minutos). De hecho cuando le enseño esta linterna a alguien la enciendo y suele decir “Ah, pues da bastante luz” pero cuando conmuto al segundo modo abre los ojos como platos y exclama “pero… ¿y eso?” 😮

Que la linterna esté fabricada en titanio es un punto muy grande a su favor a la hora de ir junto a llaves y monedas en el bolsillo, ya que al ser un material muy duro no se marca con los inevitables roces que va a sufrir constantemente. De hecho mi linterna está prácticamente como el primer día pese a que soy una persona que camina bastante y que lleva ya cerca de un mes haciéndome compañía.

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Comentaros que el LED es un CREE XP-G2, que ya es un clásico en el mundo de las linternas de pequeño tamaño y que su tonalidad es bastante fría. No aprecio rastro de PWM en ninguno de sus modos y la linterna se supone que resiste caídas de metro y medio e inmersiones de hasta 2 metros. Mi consejo es que esto último no os lo toméis al pie de la letra y que simplemente penséis que aguanta un trato duro y que no pasa nada si se moja un poco.

En cuanto a precio, normalmente en Amazon suele encontrarse por unos treinta y muchos euros, pero cuando la vi fue gracias a una de esas “ofertas flash” que aparecen de vez en cuando y si no recuerdo mal me salió por aproximadamente veinte euros, que para mi gusto no está mal para un producto de este tipo.

Y poco más os puedo contar de esta pequeña linterna porque creo que con lo que os he expuesto os haréis una buena idea del servicio que puede prestar. De todos modos, para que se aprecie el tamaño que tiene he hecho la fotografía que tenéis bajo estas líneas en la que he juntado la Wuben con una Olight i3E EOS, una Nitecore Tube y una moneda de 2 euros de origen italiano.

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¡Nos leemos!

Review: Orbiter spinner

Hay ciertas cosas que me llaman la atención poderosamente. Algunas ya las conocéis como las linternas, la luz ultravioleta, la termografía… Y si os paráis un momento a pensarlo, lo que todas tienen en común es que son capaces de hacer visible lo invisible.

Ya desde pequeño siempre sentí gran atracción (nunca mejor dicho) por los imanes. Posiblemente porque con apenas cinco o seis años me regalaron unos en forma de herradura con los que empecé a entender de qué iba eso del campo magnético. Y no os quiero ni contar el día que mi padre apareció en casa con un puñado de limaduras de hierro, pues al ponerlas sobre un papel y colocar uno de esos imanes debajo se dibujaron, como por arte de magia, las líneas del campo magnético generado que no era visible a nuestros ojos pero ahí estaba.

Pues bien, curioseando el otro día por los casi infinitos mundos de Amazon tropecé con un invento que al principio confundí con uno de tantos fidget spinners que están hasta en la sopa pero que en realidad no tenía nada que ver con ellos. Se trataba de un orbiter spinner que funciona por puro magnetismo sin necesitar ningún tipo de rodamiento ni casquillo ni nada que se le parezca; así que ni corto ni perezoso me hice con un par de ellos que a día de hoy ya tengo en mis manos para contaros de qué va el invento acompañado de algunas fotografías para que veáis sus detalles.

Orbital spinner

¿Qué es un orbiter spinner?

Un orbiter spinner se compone de dos partes: un cuerpo metálico con un imán en su parte central y una bola de acero. La parte del cuerpo está construida como si de una hamburguesa se tratara siendo “el pan” dos partes iguales hechas en material metálico con ciertos relieves que luego veremos y “la carne” un potente imán de neodimio, todo ello fijado entre si y sin ningún tipo de movimiento.

Por su parte, la esfera metálica no es más que una bola de rodamiento fabricada en acero que se ve fuertemente atraída por el imán del cuerpo hasta el punto de que se adhiere a cualquier punto de éste, pero especialmente al carril que el imán traza justo entre los bordes de “los panes”.

Orbital spinner

Se llama orbiter spinner porque al fin y al cabo su funcionamiento recuerda a las órbitas que describen los satélites en torno a los planetas, ya que no hay una unión física entre el cuerpo y la bola; dependiendo su estrecha relación exclusivamente de la fuerza magnética que el imán ejerce sobre la bola.

En cuanto a peso y dimensiones, los dos conjuntos de bola y cuerpo que yo he comprado (hablaremos de eso al final del artículo) dan en la báscula 58 gramos en ambos casos; siendo la bola de 15 mm de diámetro y el cuerpo de 14 mm de altura por 23 de diámetro.

Modos de uso

El uso de un orbiter spinner es muy simple aunque, las cosas como son, este invento tampoco es que tenga una utilidad práctica tangible; pero lo bien fabricado que está (es un gustazo pasar el dedo por su superficie y comprobar que no tiene ni una sola arista) y sus propiedades físicas lo convierten en la típica frikada que “mola” y casi sin darte cuenta lo tienes en la mano para juguetear con él.

Y bueno, aunque esto es muy libre y depende de la imaginación de cada uno, digamos que hay cuatro maneras básicas de usar un orbiter spinner dependiendo del lugar en el que la bola esté colocada, así que os voy a comentar la esencia de cada uno de ellos acompañando cada caso de una imagen para que os hagáis una mejor idea de cómo sería.

1. Pista exterior

Orbital spinner

Aquí es donde la bola de acero está firmemente pegada al cuerpo del orbiter spinner porque se encuentra escasamente a un milímetro de la superficie del imán y la cosa consiste en hacerla girar todo lo rápido que podamos con el movimiento de la muñeca o bien golpearla con un dedo para que vaya trazando círculos. Como os podéis imaginar, la sujeción se realiza poniendo un dedo en el rebaje circular que hay en el centro de cada una de las caras del cuerpo para así sostener el invento con comodidad y firmeza.

Por la fuerza que ejerce el imán veréis que por muy rápido que hagáis girar la bola, la fuerza de atracción magnética es superior a la de la fuerza centrífuga, de modo que no saldrá volando. Aun así, yo no haría pruebas muy bestias cerca de algo delicado por si acaso sois una batidora humana y al final ganáis el desafío de la física.

Lo más chulo de este modo es la suavidad con la que la bola se mueve debido a que es fuertemente atraída por el imán pero no llega a tocarlo, rodando por las dos finísimas pistas que conforman los bordes de las mitades superior e inferior del cuerpo (lo podéis ver en detalle en la fotografía que encabeza este apartado).

2. Vértice superior

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Este es el modo más complicado para mantener dando vueltas la bola, ya que esta enseguida tiende a caer en la pista del imán que os decía antes. Lo que ocurre es que es muy visual porque en ese punto la bola parece estar en un equilibrio imposible que en realidad es provocado por la atracción que ejerce el imán pese a estar separados casi un centímetro.

Aquí o bien sujetamos el cuerpo por la parte inferior y lo vamos balanceando suavemente para que la bola vaya dando vueltas o bien vamos acompañando a la bola en su periplo con la yema de un dedo. Eso ya es cosa vuestra (y de vuestras habilidades motrices).

3. Pista superior

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En la parte superior e inferior del cuerpo del orbiter spinner vais a ver que existen dos carriles circulares por donde podemos mover la bola si hacemos un leve movimiento circular. La metodología en este caso es muy similar a la anterior, sólo que podemos ir algo más rápido porque el equilibrio de la bola es bastante más estable.

4. Centro (trackball)

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Si dejamos la bola en la parte central que hay en cada una de las caras superior e inferior del cuerpo del orbiter spinner podemos deslizar el dedo sobre ella y veréis que esta gira sobre si misma de una forma bastante suave, recordando a un trackball de aquellos que se pusieron de moda entre los portátiles de hace más de una década.

El el modo más sencillo de los cuatro que os comento, ya que la bola no se desplaza de su sitio; pero a mí al menos me gusta sentir la bola deslizarse cuando estoy concentrado en algo. Además usándolo de esta manera no hace ruido ninguno, de modo que incluso podéis usarlo en la oficina sin cabrear a vuestros compañeros 😛

Consejos y comentarios

Lo primero de todo es que no olvidéis que se trata de un elemento fuertemente imantado, de modo que nada de acercarlo a tarjetas de crédito, pendrives, discos duros, tarjetas de memoria… porque tenemos bastantes papeletas para cargarnos la información almacenada en ellos. Menos mal que ya no se usan diskettes, porque ellos sí que morían como les acercaras un imán medianamente potente.

En cuanto al orbiter spinner como tal, en general los hay en acabado metálico y también en diferentes colores. Como veis en las fotos, yo me compré uno de cada tipo; y aunque reconozco que me parece más bonito el rojo, también hay que tener en cuenta que la pintura acaba saltando con el roce. Lo tengo desde hace unos días y como veis la pista por donde suele rodar la bola la mayoría de las veces ya está casi totalmente pelada. Lo que ocurre es que, lejos de ser un problema para mí, ese tipo de desgaste creo que le da al cacharro un aspecto más chulo que cuando está recién sacado de la caja, así que no me importa en absoluto.

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Si lo del desgaste de la pintura no os gusta y queréis que con el paso del tiempo el orbiter spinner siga teniendo un aspecto más o menos impoluto, os recomiendo que os decantéis por uno en acabado metálico, pues así no se os pelarán las zonas de rodadura.

Por cierto, a mí no me ha pasado todavía, pero si se os cae al suelo y se marca la bola o alguna zona de rodadura del cuerpo luego la bola se os atascará ahí y os desquiciará un poco. De primeras la bola rueda con una facilidad pasmosa, pero simplemente con que haya una mota de polvo en la pista de rodadura ya notaréis un “salto” en su recorrido, así que tened cuidado con eso.

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Ah, y una última cosa: no os molestéis en tratar de usar dos bolas al mismo tiempo en la misma pista de rodadura, porque al ir dándose golpes una contra otra el movimiento es muy caótico y no hay manera de hacerlas girar con regularidad.

Dónde comprarlos y precio

Por último, quería hablar del precio de estos inventos y dónde comprarlos, ya que en general hay dos opciones: gastaros del orden de sesenta euros en el Orbiter original comercializado por la marca TEC cuyas caras superior e inferior están fabricadas en titanio o bien recurrir a las “versiones alternativas” que se encuentran por Amazon o eBay y que suelen costar entre cuatro y seis euros gastos de envío incluidos estando fabricados en acero inoxidable.

Los que yo me he comprado son de Amazon, pero también os digo que días después de adquirirlos desaparecieron por completo del mapa y de momento no han vuelto a hacer acto de presencia; así que lo mismo el fabricante de los originales ha puesto algún tipo de queja o algo así y los han tenido que retirar. Sea como sea, si buscáis en eBay se encuentran multitud de ellos tanto en tiendas asiáticas como europeas.

Comentar que, en general, además del conjunto de cuerpo + bola suelen venir con un pequeño saco de tela en el que guardarlo para que no esté por ahí dando vueltas cuando no estemos usándolo.

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No sé si con el tiempo pasará como con los fidget spinners y te los encontrarás hasta en los frutos secos de la esquina, pero de momento todavía no he visto a nadie más con uno de estos por la calle y no sé si será una cosa pasajera o también acabarán pegando fuerte. Si lo acaban petando recordad quién os habló de ellos por primera vez 😉

Y hasta aquí el artículo sobre este pequeño invento que, si bien hay que reconocer que no tiene mucha utilidad, es una de esas pequeñas cosas que tanto me gustan y a las que difícilmente me puedo resistir (y una excusa perfecta para desempolvar mi objetivo macro).

¡Nos leemos!

Después de un montón de años he cambiado de reloj

Hace unos meses os hablé del reloj que hasta hace apenas un rato me solía acompañar siempre. Un curioso modelo con más de 10 años cuya correa elástica y sus manecillas en forma de espinas de pescado suelen llamar la atención de mi interlocutor a la vez que presenta la ventaja de ser comodísimo de llevar. Como se ajusta a la muñeca sin apretar demasiado pueden pasar días enteros y olvidarte de que lo tienes puesto; pero claro, tiene dos inconvenientes:

Por un lado no es resistente al agua, por lo que incluso para darme una simple ducha tenía que andar poniéndomelo y quitándomelo. Teniendo en cuenta lo despistado que soy para ese tipo de cosas tan mecánicas, más de una vez me he dado cuenta de que lo tenía puesto ya metido en la ducha y me ha tocado hacer malabarismos para dejarlo en la estantería del baño.

Por otra parte, no casaba demasiado con mi atuendo en la oficina: si vas con una camiseta y zapatillas pega muy bien; pero cuando vistes con camisa y zapatos, un reloj tan brillante y de aspecto desenfadado “canta” un poco más de la cuenta. Buscaba, por tanto, un término medio (yo siempre llevo el mismo reloj; paso de andar cambiándomelo según la ropa que lleve) que me sirviera tanto para cuando voy más o menos “formal” como para cuando me lanzo a la calle con unos vaqueros viejos y una camiseta de Barrio Sésamo.

Así que nada; sin tener ninguna idea preconcebida de marca, modelo o presupuesto y haciendo caso a uno de esos “impulsos consumistas” que de vez en cuando experimento :mrgreen: , me acerqué esta misma tarde a la relojería Román situada en la Calle Mayor; lugar donde suelo acudir siempre que hay que cambiar alguna pila o correa.

Al final, después de un par de minutos hablando con la chica de la relojería, me decanté por un modelo de Lotus bastante sencillo (fecha y hora; no necesito más), con caja y correa de titanio y de un tamaño más o menos contenido, pues en mis finústicas muñecas no pegan absolutamente nada relojes mastodónticos. Me tiró mucho lo del titanio porque hace años ya tuve un modelo de este material que me gustaba especialmente por su poco peso y porque es un metal extremadamente resistente que no se pone feo con el paso del tiempo. Tal vez sea una simple manía, pero si llevo algo en las muñecas ha de lo suficientemente ligero como para no acordarme de que está ahí al caminar o al teclear. Por cierto, aquel modelo que os digo murió cuando Joe decidió comprobar en la piscina sin mi permiso si era resistente al agua… 😦

A grandes rasgos os puedo comentar que se trata del modelo denominado 15327/1 (un nombre todavía más intuitivo que los que emplea Nokia para sus teléfonos móviles), pesa 54 gramos, es de color gris mate, la esfera tiene el fondo blanco con números negros en cursiva, la caja tiene un espesor de apenas 7 milímetros y es resistente a la inmersión hasta 50 metros. De todos modos, os pongo una fotografía del reloj en su estuche, que será más explicativa que cualquier texto descriptivo que pueda escribir.

Lotus 15327/1

En fin, reconozco que la compra de este reloj ha podido tener una cierta componente de capricho más allá de una necesidad real, pero… ¿Acaso no nos merecemos todos que nos regalemos algo de vez en cuando?  😉