La importancia de tener la cámara siempre a punto

Hay dos motivos por los que es importante llevar siempre nuestra cámara preparada para disparar; y es que por experiencia os puedo decir que volveréis a casa sin una triste foto si vais paseando con vuestra réflex metida en una mochila.

El final del día

Cada foto es irrepetible

Cada fotografía es única en el mundo, ya que captura desde nuestro propio punto de vista un instante que no se volverá a repetir jamás. Y de nada sirve contemplar un precioso atardecer, mirar la hora y pensar que volviendo al día siguiente al mismo lugar y en el mismo momento tendremos una “segunda oportunidad” porque ese atardecer no se volverá a repetir nunca (esto es algo que me enseñó el maestro Baldo). Por tanto, si vemos algo interesante lo mejor es cazarlo sin demora y así evitar que se escape para siempre.

Bendición de San Antón 2011

La perezosa inercia

Igual de importante es ser consciente de que con la cámara metida en la mochila habrá muchos pequeños detalles que fotografiaríamos si la tuviéramos en la mano o colgada del hombro pero que al final no retratamos porque pensamos que no merece la pena el esfuerzo de detenernos, abrir la mochila, sacar la cámara, quitar la tapa del objetivo, volver a cerrar la mochila… Por eso, si dais un paseo con la cámara en la mano o colgada al hombro os daréis cuenta de que hacéis muchas fotografías que de otro modo no tomaríais por no hacer el proceso que os comentaba antes.

Yo mismo me doy cuenta de que hasta que no saco la cámara de la mochila y la llevo en la mano no hago apenas ninguna foto pese a ver algunas cosas que me llaman la atención lo suficiente como para retratarlas a través del visor.

Precaución y sentido común

Paso elevado de la estación de Alcalá (II)

Obviamente, cuando os recomiendo ir con la cámara en la mano me refiero a lugares transitables con cierta seguridad. No se os ocurra ir luciendo vuestra flamante Nikon D700 (especialmente cuando en la correa de la cámara viene esto mismo escrito en color amarillo) por lugares “poco recomendables” porque tendréis muchas posibilidades de que vuestro juguete favorito acabe cambiando de dueño sin vuestro consentimiento.

Algunos consejos para pasar desapercibidos con nuestra réflex

Para pasear por lugares en los que no sea del todo seguro andar luciendo una cámara os puedo dar tres consejos básicos que harán que paséis un poco más desapercibidos. Claro está que lo mejor sería optar por una compacta que siempre resulta mucho más discreta y no es tan “golosa” a los ojos de un posible ladrón; pero como los que tenemos una cámara réflex sabemos que una vez que la pruebas ya no puedes vivir sin ella, pues me centraré en cómo hacer que esta no destaque demasiado:

  • Colocar cinta adhesiva negra sobre los logos del cuerpo de la cámara y los objetivos. Incluso si la mochila que llevamos es de marca reconocida en temas fotográficos (Lowepro, Kata…) tampoco es descabellado tapar los logos de algún modo porque puede delatar lo que lleva dentro.
  • La funda que algunas de estas mochilas llevan para la lluvia puede ser un buen aliado en lugares muy concurridos como celebraciones deportivas, el metro en hora punta, la Gran Vía un sábado a las siete de la tarde… Daos cuenta de que al cubrir por completo la mochila impide que alguien pueda abrirnos la cremallera y sacar parte del equipo sin que nos demos cuenta.
  • No llevar montado un objetivo-pepino que se vea a kilómetros. Es decir, que si os dais una vuelta por alguna zona poco recomendable no os llevéis un Nikon 70-200 f/2.8 VR; sino que sería mejor optar por algo más discreto que no llame la atención de los amigos de lo ajeno. En caso de necesitar una focal larga tal vez sea mejor opción optar por un 55-200 f/4-5.6 VR (o un 70-300 f/4.5-5.6 VR si nuestra cámara es de tipo Full Frame) o, mejor todavía, usar una focal fija de 35 o 50 mm como hacía Henri Cartier-Bresson para retratar todo lo que veía.
  • Otra idea recomendable para estas situaciones es cambiar la correa de nuestra cámara por una de color negro liso que no diga a gritos al resto de la humanidad la marca y el modelo de lo que estamos usando para hacer fotos.
  • Además de todo esto, algo que nos dará mucha discreción es no llevar la cámara colgada del cuello o con la correa cruzada en el pecho; sino enrollarla en la muñeca y llevarla así porque de ese modo la gente apenas se dará cuenta de que lleváis una réflex encima.

Uno contra todos

Y recordad que no se trata de ir con miedo por la vida; pero sí de ir prevenido de modo que las cosas no nos pillen por sorpresa. Normalmente se aprende a base de errores, pero si nos podemos evitar algún que otro susto, mejor para nosotros.

Siempre listos para salir por la puerta

Por otra parte, no es menos importante tener nuestra cámara siempre preparada para que si surge la ocasión no tengamos más que agarrarla, elegir qué ópticas nos van a acompañar ese día y salir a la calle para empezar a retratar el mundo.

Para ello hay dos cosas que debemos cuidar:

1. La batería siempre cargada. No es necesario recargarla si hemos hecho cuatro fotos y está al 98%; pero no hay nada peor que quedarse sin batería en la cámara en medio de una excursión (y aunque llevéis el cargador encima, seguro que el enchufe más cercano está a varios kilómetros de distancia). Por lo tanto, recargadla siempre que podáis, sobre todo teniendo en cuenta que a las baterías de ion litio les sientan muy bien las recargas frecuentes.

2. La tarjeta de memoria siempre descargada. Al igual que antes, si tenemos una docena de imágenes en la tarjeta no hace falta que las pasemos al ordenador antes de salir a disparar más fotos; pero sí que deberíamos descargar nuestras fotos con cierta frecuencia tanto para prevenir posibles pérdidas de datos por fallos de la propia tarjeta como para así asegurarnos de tener siempre espacio en la misma para disparar sin preocupaciones. Ponerse a borrar fotos en medio del campo es una mala costumbre que os recomiendo evitar porque fotos que “sobre el terreno” parecían abocadas a la papelera a veces vistas en el monitor ganan muchos puntos. En cualquier caso, siempre es recomendable llevar encima una tarjeta de reserva.

La magia de la luz

Pues bien, hasta aquí esta entrada que en principio iba a ser una especie de reflexión personal y que al final se ha convertido en una recopilación de consejos más o menos útiles que considero que os pueden venir bien en alguna ocasión.

¡Hasta el próximo artículo!

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Los megapixels son lo de menos

Para estas épocas de compras navideñas en las que las cámaras digitales ocuparán los primeros puestos en la lista de los regalos más populares he pensado que sería de utilidad comentaros un tema que espero contribuya a desmentir el mito de los megapixels.

Amanece (que no es poco)

Si os acercáis a cualquier centro comercial y echáis un vistazo al stand donde están las cámaras digitales veréis que en muchos casos el único dato que se da de cada modelo es la cantidad de megapixels de las fotos que es capaz de captar del mismo modo que en multitud de ocasiones he escuchado a gente decir que una cámara es mejor que otra simplemente por tener más megapíxels.

La carrera comercial de los megapixels

Hace una década se estilaban las cámaras de uno y dos megapixels, que fueron aumentando poco a poco hasta plantarse en los siete u ocho millones de pixels allá por el año 2006 y aumentar hasta los diez megapixels dos años más tarde; cifra que ha aumentado hasta los doce o incluso catorce megapixels en algunos modelos recientes pero que, en general, se ha mantenido más o menos estable desde entonces.

Edificio España

Los megapixels son lo de menos

Pues bien, si tenéis en cuenta que la densidad de fotocaptores del sensor influye directamente en la nitidez de la imagen por culpa de la difracción, entenderéis que en una compacta no conviene pasarse con el número de megapixels si no queremos que nuestras imágenes aparezcan emborronadas; especialmente en los bordes que es donde las ópticas “sufren” más.

De hecho, vistas a escala 1:1 observo mayor nitidez en las imágenes que captaba allá por el 2005 con mi Canon Powershot A75 que con las últimas compactas que he tenido. Cierto es que en los modelos actuales contamos con sistemas avanzados de enfoque, exposición precisa incluso en situaciones de iluminación complicada, sensibilidades elevadas, zooms ópticos cada vez más potentes, sistemas electrónicos de reducción de ruido… pero en lo que respecta a la nitidez general de la imagen me da la sensación de que en los modelos con mayor densidad de pixels hemos dado un ligero paso atrás; algo que no me hace ninguna gracia dado que en mis fotografías siempre intento que el motivo principal aparezca perfectamente definido.

Urban style

Y ojo, que no estoy diciendo que desempolvar una de aquellas primeras Sony Mavica que hacían las fotos a 1024 x 768 y se grababan en diskettes sea una buena opción; pero sí que es verdad que empleando una cámara de “tan sólo” 6 ó 7 megapíxels tendremos más que de suficiente para obtener fotos de calidad sin comprometer la calidad general de imagen ni el espacio ocupado en la tarjeta de memoria.

Además, el incremento de tamaño de las fotografías es cada vez menos perceptible a medida que aumenta el número de megapíxels porque, por ejemplo, pasar de 10 Mpixels (3648 x 2736) a 14.7 Mpíxels (4416 x 3312) supone un salto no demasiado perceptible en cuanto al tamaño de la imagen; ya que para duplicar tanto la altura como la anchura de una imagen necesitaríamos cuadriplicar el número de pixels de la misma, lo que os dará una idea del sensor que necesitaríamos para lograr este propósito.

Los sensores grandes ofrecen mayor nitidez

En el caso de las cámaras réflex tenemos algo más de margen porque sus sensores son mucho más grandes que en el caso de las compactas; y de ahí que las equipadas con sensores APS-C se muevan actualmente entre los doce y los catorce megapixels sin demasiados problemas y las que llevan sensor Full Frame puedan aguantar resoluciones de más de veinte megapixels sin que se aprecie difracción en las imágenes empleando aperturas intermedias.

Lechuza

Es por esto que, en términos generales, cuanto más grande es el sensor que lleva una cámara digital más nitidez y calidad vamos a obtener en nuestras fotografías y por ese motivo para fotografías de paisaje y de moda se suelen emplear cámaras de medio formato que llevan sensores mucho más grandes que los de cualquier réflex del mercado y que dan una calidad de imagen espectacular.

Obviamente un minúsculo sensor de menos de un centímetro cuadrado y catorce megapixels no es lo más adecuado para obtener una calidad de imagen impactante; pero aun así hay vendedores y encargados de marketing empeñados en meternos en la cabeza la falsa idea de que cuantos más megapixels tenga una cámara mejores fotos haremos.

Lo importante es la resolución (y no tiene nada que ver con los megapixels)

Como conclusión de todo esto, me gustaría que después de lo aquí expuesto no confundierais megapíxels con resolución; porque la resolución tiene que ver con esa nitidez de la que os hablaba antes y, como habéis visto en este artículo, los megapixels poco tienen que ver con este publicitado parámetro que no es, ni mucho menos, el más importante a la hora de decantarnos por uno u otro modelo.

Escalera

Bajo mi punto de vista, más vale tener una fotografía con pocos píxels pero muy nítida a otra de tropecientos mil megapíxels en la que los colores y las texturas aparezcan de forma sucia y poco definida. Y como os digo, un sensor de pequeño tamaño y/o poca calidad unido a una densidad de fotocaptores desmesurada van a degradar la calidad de la imagen considerablemente.

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La rubia de la mesa del fondo

Dejé la cámara en la mesa, apuré el último sorbo de mi té rojo y me puse en pie. En aquel local abarrotado nadie pareció extrañarse por aquello a excepción de mi hermana y su novio.

¿Te apetece un té?

-¿Cómo que no me atrevo? Pues fijaos bien, porque igual os lleváis una sorpresa.

Saqué de mi cartera un pequeño rectángulo de cartulina y me lo guardé en el bolsillo de la camisa mientras salía con cierta torpeza del estrecho hueco que había entre el asiento y la mesa. Frente a mí, mis dos acompañantes me miraban con una mueca muy particular mezcla de sorpresa e incredulidad.

A la vista de cualquiera no aparentaba estar nervioso, pero confieso que por dentro me estaba empezando a arrepentir de haber tomado aquella precipitada decisión. Suelo pensar mis actos al menos una vez (a veces incluso más de dos) pero en esta ocasión actué movido por un impulso que no sabía muy bien dónde me llevaría y ya era demasiado tarde para echarse atrás.

Abotoné los puños de mi camisa que hasta ese momento había estado remangada y comencé a recorrer los escasos metros que me separaban de la mesa que ocupaba aquella chica rubia de ojos muy pintados y sus amigas. Al tercer paso se percató de mi presencia y posó su mirada suavemente sobre mí como quien observa casi sin moverse a un gato callejero para que no salga corriendo; algo que me hizo plantearme por un instante dar la vuelta y abortar aquella tontería. Sin embargo seguí adelante y una vez plantado junto a su silla comencé a improvisar un monólogo del que no tenía muy claro que fuera a obtener algo positivo.

-Hola -dije tratando de parecer seguro de mí mismo-. Verás, es que me he dado cuenta de que hemos cruzado la mirada un par de veces y cuando se lo he comentado a mi hermana y a su novio me han retado a que me acercara y te dijera algo. En un primer momento había pensado en preguntarte cualquier cosa intrascendente y volver a mi asiento sin más, pero ya que me he lanzado a la piscina quería darte esta tarjeta porque una vez metido en este fregado sé que puede salir algo interesante de la experiencia y me gustaría que lo leyeras.

Tarjeta de presentación blog

-Ah, claro -continué-. Primero te tendría que haber dicho que me gusta escribir relatos cortos de vez en cuando, pero como siempre he sido un poco negado a la hora de enfrentarme al reto de la hoja en blanco se me ha ocurrido aprovechar esta extraña situación para redactar algo cuando llegue a casa y me siente delante del teclado. Y oye, supongo que estarás pensando que soy el típico pesado que debería de haberse quedado sentadito en su sitio, pero bueno, como me conozco sé que no podía quedarme de brazos cruzados sin más porque en el fondo más vale arrepentirse de algo que has hecho que arrep…

Una ligera sonrisa empezó a esbozarse en sus labios y cuando me di cuenta detuve en seco mis palabras. Tanto ella como sus compañeras de mesa me miraban con expresión divertida, pero eso es algo con lo que ya contaba desde el momento en que se me pasó por la cabeza llevar a cabo aquella pequeña locura. Sin embargo, lejos de molestarse aquella chica comenzó a hablar y dijo algo que me sorprendió muchísimo:

-Bueno, hay que admitir un poco pirado sí que estás; pero te estaba mirando porque te he reconocido en cuanto te he visto con la cámara. Eres Luis y sigo tu blog desde hace unos meses. Lo encontré buscando fotos de la estatua de Cervantes para ilustrar un trabajo de la universidad y a partir de ahí empecé a leer todo lo que escribes. Además, sé que vienes mucho al VIPS y como nosotras cenamos aquí a menudo ya había pensado que antes o después acabaríamos encontrándonos.

Admito que aquello era lo último que podía esperar y me quedé bastante desconcertado: aquella chica era una de esas personas que se pasan de vez en cuando por mi blog y leen mis pequeñas aventuras de cada día. Por las estadísticas que publico cada mes veo que hay bastante gente que lo hace, pero en contadas ocasiones puedes ponerle voz y rostro a esas visitas casi siempre anónimas. Sin embargo, pese a lo sorprendido que me encontraba logré recomponerme con relativa rapidez y sacar de la chistera una respuesta más o menos ingeniosa para aquella extraña situación:

-Vaya, pues sí que está cogiendo fama el dichoso blog. Al final voy a tener que venir a tomar un té con gafas de sol para pasar desapercibido -dije mientras me rascaba la barbilla con mi dedo índice y ponía cara de circunstancias.

Aquello pareció hacerle gracia porque se rió abiertamente y a continuación me invitó a que me sentara a su lado, de modo que acepté su ofrecimiento y estuvimos charlando unos minutos sobre Alcalá y algunos artículos del blog, sorprendiéndome muy gratamente por la cantidad de detalles de diversas entradas que recordaba; sobre todo de aquellas que ilustran con fotografías diferentes rincones de la ciudad. Así, me enteré de que se llamaba Sandra, que había estado hace cinco o seis años pasando un par de semanas en Oropesa del Mar, que tenía una Canon 450D y que me había visto hace unos días haciendo fotos a los rosales de la plaza de Cervantes.

-Bueno, en cualquier caso guárdate la tarjetita. Aunque ya conozcas el blog es un recuerdo simpático de este encuentro.

-Muchas gracias -me dijo al tiempo que la miraba con curiosidad por ambas caras-. Seguro que mañana escribes un relato o algo así de esto, ¿verdad?

-Sí, eso seguro. Ya veo que me conoces bien -dije entre risas-. No sé si será mañana o dentro de unos días porque últimamente no tengo tanto tiempo para escribir; pero como te decía antes, estas cosas son siempre las que me dan la chispa para desarrollar mis relatos y mis historias. Si te pasas dentro de una semana por el blog seguro que te encuentras una entrada que te resulta familiar.

-Vale, estaré atenta. Y gracias por la tarjeta, es muy original.

Nos dimos dos besos a modo de despedida y solté un alegre “hasta luego” a las tres acompañantes de Sandra antes de levantarme y dirigirme de regreso hacia mi mesa. Mientras me acercaba las caras alucinadas de Estela y Joe pedían información sobre lo que había sucedido con la rubia de la mesa del fondo.

-No os lo vais a creer… -dije nada más sentarme.

Quilmes

Roban la cuenta de iTunes a mi hermana y usan su tarjeta para hacer compras

Mi hermana es una de esas personas que se loguea alegremente para mirar el correo en cualquier ordenador. Por eso tampoco me extrañó mucho que esta mañana (ahora mismo está en Alcalá pasando unos días) me comentara que le habían llegado un par de pagos de la iTunes store por cosas que no había comprado. En concreto tenía un pago de un euro de hace un par de semanas y otro de 28 euros del jueves pasado. El caso es que entre mi hermano, ella y yo estuvimos “atando cabos” y llegamos a reconstruir lo que había ocurrido; así que os lo comento aquí para que no os ocurra lo mismo que a ella:

Como os decía, mi hermana no tiene reparos a la hora de hacer login en cualquier ordenador para mirar el correo; siendo desde mi punto de vista una práctica muy poco recomendable tal y como os comenté hace ya unos meses. Obviamente a ella también le comenté este asunto en su momento pero, como mucha gente, no creía que fuera a pasar nada (y ya sabéis que nunca pasa nada… hasta que pasa). No sé si en aquel momento pensaría que era un poco exagerado en cuanto a medidas de seguridad a la hora de navegar por Internet; pero el caso es que al final parece que algo de razón tengo.

El problema es que mi hermana no sólo se saltó mi regla básica de no hacer login más que en ordenadores propios; sino que además tenía la misma contraseña en todos sitios, de modo que el agujero de seguridad era bastante grande. La cosa es que en alguno de los ordenadores desde los que consultó el correo alguna vez debía de haber un troyano de tipo keylogger que, sin que nos demos cuenta, se dedica a mandar todo lo tecleado a una dirección de Internet, de tal modo que no tiene ninguna ciencia descubrir el nombre de usuario y la contraseña de la persona que está utilizándolo.

Pues bien, una vez que la persona recibió los datos de mi hermana se ve que aprovechó para entrar a su correo y al ver que tenía cuenta en la iTunes store (suponemos que leyó algún correo remitido por Apple) intentó meterse allí empleando los mismos datos de acceso de la cuenta de email para ver si “sonaba la flauta”. Y puesto que la contraseña para ambos sitios era la misma, a partir de ese momento pudo hacer y deshacer a voluntad todo lo que quiso; algo especialmente peligroso si tenemos en cuenta que toda cuenta de iTunes store va asociada a una tarjeta bancaria (si no, no se puede crear dicha cuenta).

Lo primero que hizo el ladrón fue cambiar la dirección de email asociada con la cuenta de la iTunes store por una con el mismo nombre de usuario pero asociada a una sospechosa web China, de modo que a partir de ese momento todas las facturas de las compras realizadas ahí irían al mail de esa persona en lugar del de mi hermana. De ese modo, a no ser que ella mirara los movimientos de la cuenta bancaria, no se daría cuenta de que alguien estaba haciendo compras con su cuenta. Además, como es lógico, también cambió la contraseña de acceso para así hacerla perder el control por completo de su propia cuenta de iTunes.

Tal y como os comenté al principio, el ladrón hizo dos pagos con la cuenta una vez robada: uno de un euro (suponemos que para comprobar que tenía acceso) y luego unos días después otro por valor de 28 euros. Ya sé que no es una gran suma, pero daos cuenta de que es muy lógico actuar así por parte del ladrón. Si tenemos la nómina y varios recibos domiciliados en la cuenta, entre los movimientos de cada mes un pago de unos treinta euros de vez en cuando se nos puede pasar completamente desapercibido. De hecho, si no llega a ser porque se metió en la web del banco y miró el extracto de su cuenta muy posiblemente ni se hubiera dado cuenta.

Obviamente ese tío no va a salir de pobre con esos 28 euros, pero pensad que si todos los días fusila alguna que otra cuenta y se dedica a hacer compras por importes similares (que de algún modo luego recibirá en dinero contante y sonante; aunque eso no sé cómo lo llevará a cabo) en un par de meses puede juntar una suma importante. Es decir, que como se suele decir: “Grano no hace granero, pero ayuda al compañero”.

Lo que hemos hecho para solucionar el tema es llamar al banco y comentarles esto mismo, anulando al momento la tarjeta de mi hermana. Dentro de unos días le llegará otra con un número diferente, de tal modo que a partir de este momento el ladrón no podrá comprar nada más en la iTunes store usando la cuenta de mi hermana; pero aun así me temo que los 29 euros que le han robado no va a poder recuperarlos. De todos modos, el lunes llamará a Apple para comentar el caso (la atención al cliente sólo funciona de lunes a viernes) para ver si se puede hacer algo más.

Cómo evitar este tipo de fraudes

Para evitar que os suceda algo así, os remito a lo que aconsejé en la entrada reseñada anteriormente sobre cómo navegar con seguridad en Internet y que se resume en no mirar el correo más que en ordenadores de confianza y tener una contraseña para cada sitio en el que estemos registrados. No hace falta que sean contraseñas completamente distintas; pero sí que es una buena idea tener una “raíz común” en todas ellas y luego añadir un sufijo diferente para cada web.

Por ejemplo, podemos tener como raíz una combinación extraña de letras y números (por ejemplo 3498crynjarv88) y luego para cada sitio añadir algo relacionado pero no excesivamente sencillo de adivinar. Podemos usar buzoneo para el email, amigotes para Facebook, piopio para Twitter… El caso es echarle un poco de imaginación. Del mismo modo, os recomiendo que desactivéis la pregunta secreta para recuperar las contraseñas olvidadas, porque representa un riesgo considerable para la integridad de nuestros datos.

Hay que reconocer que mi hermana ha tenido relativa buena suerte, porque aunque el cargo ha sido de 29 euros en total, también podría haber sido diez veces esa cantidad y el ladrón igualmente hubiera salido tan campante; de tal modo que haber aprendido esta lección sobre seguridad en Internet no le ha salido demasiado caro dentro de lo que cabe. En cualquier caso, tentar a la suerte no es una buena idea, así que mejor os recomiendo extremar las precauciones y siempre actuar con lógica en todo aquello relacionado con los datos personales en Internet.

La tarjeta que no es una tarjeta

No tenía previsto hacer una serie de entradas sobre cosas que no son lo que parecen; pero dado que el otro día me regalaron algo que cumple con esta característica, he decidido escribir una entrada similar a aquella en la que os mostraba un disquete y un posavasos para enseñaros lo que me dieron en la presentación de Darksiders el pasado Lunes.

No es lo que parece

Normalmente, a lo medios que acudimos a este tipo de eventos se nos facilita a la entrada un dossier de material gráfico y notas de prensa que viene bien para preparar el posterior reportaje del acto. Lo habitual es proporcionar esa información grabada en un CD o DVD por ser el medio más barato y universal para pasar datos, pero con la llegada de los ultraportátiles sin unidades ópticas y la bajada de precios de las memorias flash, a THQ se les ha ocurrido darnos el material grabado en esa tarjeta que podéis ver en la imagen y que en realidad es…

No es lo que parece

¡Un pendrive USB de 1 GB!

A mí me parece una idea muy práctica y a la vez un bonito recuerdo de la presentación. Estaría bien que esto se pusiera de moda entre las compañías y así coleccionar tarjetas/pendrive de cada evento que se celebre en el futuro  😛

La velocidad de las tarjetas de memoria en fotografía

De nada sirve hacerse con una Nikon D3 y su capacidad de disparar nueve fotografías por segundo (una auténtica ametralladora) si luego nuestra tarjeta de memoria es tan lenta que representa un cuello de botella que la deja parada durante varios segundos al transferir hasta ella los datos del buffer intermedio de la cámara.

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(Imagen extraída de dpreview.com)

Dicho buffer no es más que una rápida memoria RAM de tipo FIFO (“First In, First Out” o “primero en entrar primero en salir”) en la que se almacenan las fotografías recién capturadas para dotar al sistema de una cierta agilidad en sus operaciones de escritura. Nunca se escribe directamente en la tarjeta porque la operación sería mucho más propensa a errores de sincronización y el rendimiento de la máquina dependería mucho de la tarjeta empleada (de hecho depende, pero mucho menos gracias al empleo de esa memoria intermedia que ya está optimizada para rendir al máximo).

Al tomar fotografías sueltas, nada más terminar la exposición la cámara genera la imagen internamente con los datos captados por el sensor, la pasa al buffer y a continuación la graba en la tarjeta. Por muy lenta que esta sea, nosotros no notaremos esa operación de escritura porque se realiza antes de que nos de tiempo siquiera a componer la siguiente imagen en el visor.

En modo ráfaga el proceso es algo diferente: mientras mantengamos el dedo presionando el disparador, la cámara va generando las imágenes, pasándolas al buffer y a continuación a la tarjeta de memoria. Esa operación de escritura se irá realizando en segundo plano de forma continuada y completamente transparente para nosotros, de tal modo que las imágenes van entrando por un lado del buffer y almacenándose allí temporalmente durante el tiempo necesario para que la tarjeta las vaya grabando en ella. Para hacernos una idea un poco más gráfica, es como un depósito de agua con una tubería de entrada (el sensor) y un grifo a la salida (la tarjeta de memoria).

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Todo irá como la seda si la tarjeta es tan rápida como para grabar los datos según entran al buffer (dejamos el grifo abierto y según entra agua al depósito sale por el otro lado). En el caso contrario las imágenes se irán acumulando en dicho buffer hasta que se llene. En ese momento, la cámara dejará de disparar hasta que se transfiera a la tarjeta la suficiente información como para tener espacio de almacenamiento interno para una imagen más. Es como si nuestro depósito estuviera lleno, el grifo no diera más de si y en la tubería el agua se quedara acumulada esperando a entrar. Evidentemente no podrá pasar más líquido al interior del depósito hasta que el grifo lo vacíe un poco.

Es decir, que la ráfaga funcionará a toda velocidad siempre que haya espacio suficiente en el buffer para almacenar al menos una fotografía más, así que cuando estamos rozando el límite de llenado de esa memoria intermedia, la cámara dejará de disparar y se pondrá a transferir información a la tarjeta de memoria con objeto de liberar espacio en el buffer; y hasta que eso no suceda no va a seguir disparando hagamos lo que hagamos, por lo que la cadencia de la ráfaga disminuirá considerablemente.

Baldo

Aquí es donde entra en juego la velocidad de la tarjeta de memoria, pues cuanto más rápida sea, menos va a tardar la cámara en transferir los datos desde el buffer. Si la tarjeta es lenta (grifo de poco caudal) enseguida se va a ir llenando esa memoria intermedia y comenzarán los parones en la ráfaga, mientras que con una tarjeta rápida (grifo por el que puede salir gran cantidad de agua) vamos a poder disparar a máxima velocidad durante todo el tiempo que queramos (al menos en formato JPG) porque las fotografías se graban en la tarjeta al mismo ritmo que entran en el buffer. Además, en caso de alcanzar el límite de llenado del buffer, usando una tarjeta rápida la operación de vaciado será más breve que si escribimos en una tarjeta de velocidad inferior.

Por cierto, hablando de velocidad, actualmente hay una forma más o menos estándar de conocer la velocidad de las tarjetas SD, que consiste en buscar un círculo con una C y una cifra a continuación que indicará la rapidez de la tarjeta. Las más lentas son las de clase 2 (C2), mientras que por encima irán las C4 y las más rápidas a día de hoy son las C6 C10 (gracias a K0J1 por el apunte 😉 ).

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Para poneros un ejemplo concreto, en el buffer de mi Nikon D40 caben cuatro imágenes en RAW o nueve en JPG a máxima calidad, pero hay cámaras profesionales cuyo buffer es muchísimo más grande (66 en JPG y 17 en RAW en el caso de la Nikon D3). Mi velocidad de disparo es de 2.6 fotografías por segundo en cualquiera de los dos formatos, y la diferencia entre emplear la tarjeta marca “Nisupa” que me regalaron con la cámara y la Sandisk Extreme III de 4 GB que compré poco después es que antes la ráfaga en JPG se me ralentizaba cuando llevaba unas cuantas fotografías y ahora puedo disparar en dicho formato hasta 99 fotografías (limitado por firmware) a máxima velocidad porque la información se graba en la tarjeta de memoria al mismo ritmo que entra en el buffer.

Disparar en formato RAW ya es otra historia, pues al ocupar seis megabytes cada fotografía sí que alcanzo a llenar el buffer en ráfagas de más de seis disparos, ralentizando la ráfaga a aproximadamente dos imágenes por segundo (que tampoco está nada mal para una cámara tan sencilla); aunque ese llenado se alcanza tan pronto como sucedía con la tarjeta más lenta y además la memoria intermedia se vacía más rápidamente como os decía hace un par de párrafos. De cualquier modo, apenas empleo el modo ráfaga (hasta el momento nada más que en los recientes fuegos artificiales en Oropesa del Mar), por lo que la compra de la nueva tarjeta respondió más al deseo de tener un medio de almacenamiento fiable que a una necesidad real de velocidad.

Y es que para temas de fotografía siempre merece la pena invertir un dinero extra en el medio de almacenamiento; ya sea por el tema de la velocidad si acostumbráis a disparar en ráfaga o porque una tarjeta barata nos puede dejar tirados el día que hemos hecho las mejores fotografías de nuestra vida (la Ley de Murphy es poderosa).

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