Primeras impresiones con la D300

Aunque después de la entrada anterior esto no os pillará por sorpresa, me gustaría contaros que al final he decidido liarme la manta a la cabeza y hacerme con una cámara réflex de altas prestaciones; concretamente una Nikon D300. Cámara que llegó a mis manos hace apenas unas horas y de la que me gustaría compartir con vosotros algunas impresiones iniciales.

Relevo generacional

Confieso que ya llevaba un tiempo pensando en comprar una D90 que sustituyera a mi humilde D40; pero ante la inminente presentación de su sucesora decidí dejar el tema aparcado durante un tiempo para ver qué iba a ofrecer la marca japonesa, no fuera a ser que luego me arrepintiera por no haber sido capaz de esperar un par de meses.

Sin embargo, hace cosa de una semana llegué a la conclusión de que ya que antes o después iba a renovar la cámara (y viendo que esto de la fotografía es algo que tengo muy arraigado) tal vez sería más lógico subir otro escalón más y hacerme con una cámara de prestaciones profesionales como esta D300 que ahora descansa en mi escritorio. No es que una D90 sea una mala cámara ni mucho menos; pero está claro que si la D300 ha sido hasta hace pocos meses el buque insignia de Nikon en lo que a formato DX se refiere, sé que no me iba a arrepentir si me hacía con ella por mucho que mejoren la D90 en su próxima encarnación.

Lo que le pedía a la nueva cámara

Tal vez algunos ya sepáis que a la hora de plantearme la compra de algún nuevo “gadget” siempre hago una lista de requisitos que ha de cumplir; y en el caso de la nueva cámara estas eran mis peticiones:

  • Buen rendimiento a ISOs altos: sobre todo pensando en fotografías realizadas en interiores y bajo condiciones de iluminación escasa.
  • Compatibilidad con objetivos AF: hay joyas por ahí a precios interesantes que me permitirían hacer muy buenas fotos. De hecho, una de mis metas a largo plazo es hacerme con un teleobjetivo f/2.8; y al tener una cámara compatible con ópticas AF el abanico se amplía considerablemente.
  • Formato DX: tener una cámara Full Frame implica una inversión en ópticas bestial y no estoy dispuesto a ello.

Es verdad que una D90 también cumplía con estos puntos; pero a la hora de decidirme a dar este salto también pesaron en mi decisión cosas como las 51 zonas de enfoque, el cuerpo sellado contra lluvia y suciedad, los RAW a 14 bits, la pantalla de 3″ y 920000 puntos, el amplio visor con 100% de cobertura, la medición matricial con objetivos sin CPU, la velocidad de disparo en ráfaga… Son cosas que, si bien no son indispensables para mí, podrían ser de utilidad bajo determinadas circunstancias.

Primeras impresiones

Para poneros un poco en antecedentes, os contaré que la Nikon D300 se presentó junto con la D3 compartiendo con ella muchas de sus características y que hasta la aparición de la D300s a finales de 2009 fue la Nikon tope de gama en formato DX. Dicha revisión añadió la posibilidad de grabar vídeo (cosa que a mí ni me va ni me viene) pero mantuvo el resto de características prácticamente idénticas que su predecesora, por lo que sigue siendo una grandísima cámara en todos sus aspectos.

De cualquier modo, no es momento para hablaros a nivel técnico de la nueva máquina; más que nada porque hoy ha sido un día muy intenso en la oficina y apenas he podido probar un rato la cámara a última hora de la tarde. Sin embargo, sí que os puedo narrar mis primeras sensaciones al poner mis manos sobre la D300.

En primer lugar he de decir que la cámara es grande y pesada como ella sola. Mi impresión cuando la saqué de la caja y sostuve el cuerpo en mis manos por primera vez fue la de estar sujetando un ladrillo: tanto por su robustez (el chasis está fabricado con una aleación de magnesio) como por la sobriedad de sus líneas y sus 925 gramos de peso. De hecho, en la siguiente imagen que he captado hace apenas un rato tenéis a la D300 junto a la D40 que me ha acompañado a todas partes durante los últimos veinte meses para que podáis ver de un simple vistazo la diferencia de tamaño entre ambas (y en Flickr hay una imagen más clarificadora todavía).

También me gustaría comentaros que el cuerpo de la cámara posee una gran cantidad de palancas y botones que nos van a permitir cambiar instantáneamente cosas como el modo y los puntos de enfoque, la medición de la luz, la sensibilidad ISO, el balance de blancos… Se nota que las cámaras de esta gama están diseñadas con la velocidad en mente, ya que si estamos inmortalizando un evento deportivo o el vuelo de un águila sobre unos peñascos no podemos permitirnos el lujo de ponernos a navegar por los menús para cambiar algún parámetro y de ahí la razón de ser de todos esos accesos directos.

Otra cosa que me ha llamado mucho la atención es que los objetivos que parecían grandes en la D40 ahora parecen haber encogido una vez montados en la nueva cámara. Mención especial para el clásico Nikkor AF 50mm f/1.8 D, que parece desaparecer entre las formas de la D300. En estos cuerpos tan grandes quedan mucho más balanceados los pepinos como los 70-200 f/2.8 o cosas así, ya que las cámaras de pequeño tamaño parecen casi de juguete cuando se acoplan a ópticas de semejantes dimensiones. Todavía no he probado mi ojo de pez Falcon en la D300, pero seguro que no queda tan aparatoso como en la que hasta ahora ha sido mi cámara habitual.

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

En otro orden de cosas el visor es bastante más grande que el de la D40, los 51 puntos de enfoque me parecen casi infinitos, el disparo en ráfaga va a ritmo de metralleta y el agarre es magnífico gracias al recubrimiento de goma blanda en las zonas adecuadas. Pequeños detalles que redondean el conjunto que conforma toda la máquina.

Ya poco más me queda por contaros; sobre todo teniendo en cuenta que mi contacto con la máquina ha sido bastante breve durante el día de hoy. En estos momentos me estoy estudiando el manual de 450 páginas que viene con la cámara y estoy configurando diversos aspectos para dejar la máquina a mi gusto, ya que una de las mejores cosas que tienen las cámaras de gama alta es que las posibilidades de personalización son tan grandes que con un poco de tiempo puedes adaptar la cámara perfectamente a tu estilo de fotografía.

De momento no os puedo ofrecer ninguna imagen tomada con la recién llegada porque antes de lanzarme a hacer fotografías como un loco (supongo que este fin de semana será el estreno “de verdad”) quiero familiarizarme con ella. Ya sabéis lo importante que es para mí conocer bien el equipo fotográfico para así sacarle todo el rendimiento posible; de modo que prefiero tomarme las cosas con calma y así no verme desbordado por la cantidad de opciones y posibilidades que ofrece una máquina de estas características. Lo único que sé es que ahora se abre una nueva etapa en mi relación con la fotografía y que aprender a dominar esta D300 será un reto muy divertido del que saldrán varios artículos relacionados.

Miradas

Reviews consultadas antes de la compra de la D300 (en inglés)

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

¿Qué es la difracción?

Cuando el otro día hablábamos de cómo obtener la máxima nitidez posible en nuestras fotografías, os comenté que los objetivos tenían un rango focal en el que daban su rendimiento más óptimo y que si nos salíamos del mismo perderíamos algo de definición en la imagen obtenida.

Pues bien, resulta que aunque los objetivos profesionales (que son, por lo general, los más caros) están diseñados para dar una nitidez tremenda incluso empleando las aperturas más grandes, ningún modelo por muy de gama alta que sea se libra de un fenómeno físico inherente a la propia naturaleza ondulatoria de la luz y que hace que en las aperturas más cerradas perdamos bastante definición: la difracción.

Trasera Nikkor 50mm 1.8D (f/22)

Objetivo Nikon 50mm AF f/1.8 D con su diafragma cerrado a f/22

¿Qué es la difracción?

La difracción es un fenómeno que tiene lugar cuando las ondas que forman la luz atraviesan un orificio estrecho, ya que estas se deforman y a partir de ese punto no avanzarán en forma de haz; sino que “se abrirán” como los faros de un coche en mitad de la noche debido a que el orificio actúa como un nuevo emisor. Y claro, como ya os estaréis imaginando esto es lo que ocurre cuando empleamos las aperturas más pequeñas disponibles en un objetivo, puesto que estamos obligando a pasar a la luz por un agujero diminuto de un modo muy similar a lo mostrado por la siguiente imagen.

Difracción de una onda al pasar a través de un orificio de pequeño tamaño

Por tanto, la difracción hace que la luz ya no se concentre en un punto preciso, sino que se va a dispersar formando lo que se conoce como un disco de Airy; que no es más que la representación de esa deformación de la onda que veíamos en la figura anterior pero tal y como se proyectaría sobre el plano (el sensor de la cámara en este caso) perpendicular a su dirección de avance.

Disco de Airy

Siempre os digo que en fotografía todo es cuestión de equilibrio; así que si necesitamos capturar una imagen con una gran profundidad de campo para que todo aparezca enfocado, no todo es cerrar el diafragma a tope y disparar. Es verdad que cuanto más cerremos el diafragma más cosas aparecerán enfocadas en la fotografía, pero no es menos cierto que llegará un momento a partir del cual cerrar más el diafragma va a dar lugar a una pérdida general de nitidez por lo que os comentaba anteriormente.

Comparación visual: f/5.6 vs f/14

Fijaos en los siguientes dos recortes sin escalar de la zona central de una imagen que capté hace unos días con mi Nikon D40 y el objetivo Nikkor AF-S DX 35mm f/1.8 G. La primera está disparada a f/5.6 (apertura a la que, en teoría, esta óptica da la máxima nitidez) y en ella podréis ver que se aprecian todas las imperfecciones y los detalles del óxido presente en una valla de acero sobre la que daba el sol directamente:

Nikkor AF-S DX 35mm f/1.8 G @ f/5.6

Sin embargo, si hacemos esa misma fotografía a f/14 podréis comprobar que la pérdida de detalle es bastante notoria. Y que conste que todavía hice una fotografía más cerrando el diafragma a f/22 que ofrecía aun menos detalle, pero entre toma y toma el trípode se me desplazó un pelo y ya las fotografías no quedaron exactamente igual encuadradas, por lo que opté por usar la toma a f/14 para ilustrar la pérdida de nitidez porque el efecto de la nitidez ya era tan patente que se podía apreciar a simple vista.

Nikkor AF-S DX 35mm f/1.8 G @ f/14

La difracción en función del tamaño de sensor y su resolución

En función del tamaño del sensor de las cámaras y su resolución va a haber una determinada apertura a partir de la cual comenzaremos a notar el efecto de la difracción. Vamos a comprobar que cuanto más pequeño es el sensor y más alta la resolución la difracción aparecerá a aperturas cada vez mayores; pero en cualquier caso, estos valores no han de tomarse como una frontera infranqueable, sino como una apertura orientativa sobre la que nos podemos mover con tranquilidad si necesitamos profundidad de campo pero que no deberíamos superar ampliamente si pretendemos mantener el nivel de nitidez de la fotografía resultante.

Paisaje costero

Como vais a ver en la siguiente relación calculada gracias a una aplicación web disponible en Cambridge in Colour, tendremos más “margen de maniobra” en sensores de igual tamaño cuando su resolución es menor; y de ahí que las cámaras compactas con muchos megapixels presenten difracción practicamente en todas las aperturas (por ese mismo motivo no suelen cerrar el diafragma más allá de f/8).

Por cierto, tal vez esteis pensando que el tamaño de la apertura del diafragma es más pequeño cuanto más corta es la distancia focal del mismo; pero aunque esto es así (el diámetro de la apertura del diafragma viene dado por el cociente “distancia focal / número f” ) tened en cuenta que la distancia entre el diafragma y el sensor es mayor cuanto más larga es la distancia focal (pensad en lo largo que es un teleobjetivo de 300 mm y lo corto que es un gran angular, por ejemplo) y esa distancia provoca que el disco de Airy se proyecte sobre el sensor de una forma más difuminada de tal modo que una cosa se compensa con la otra y al final la difracción sólo es producto de la apertura empleada.

Bueno, vamos con los ejemplos que os decía antes y las respectivas aperturas a partir de las cuales comenzaría a aparecer la temida difracción:

  • Sensor Full Frame (36 x 24 mm) de 24 Mpixels: f/9.6
  • Sensor Full Frame  de 12 Mpixels: f/13.6
  • Sensor Nikon DX (24 x 16 mm) de 12 Mpixels: f/9
  • Sensor Nikon DX de 6 Mpixels: f/12.7
  • Sensor Canon APS-C (22 x 15 mm) de 18 Mpixels: f/7
  • Sensor Canon APS-C de 10 Mpixels: f/9.3
  • Sensor 4/3 (17 x 13 mm) de 12 Mpixels: f/7.2
  • Sensor de 1/1.8″ (7 x 5 mm; habitual en compactas) de 12 Mpixels: f/3

Como veis, el tener una cámara con un montón de megapixels no siempre es lo mejor, ya que superando una cierta relación superficie / resolución la difracción aparecerá cada vez a aperturas más amplias con la merma que ello supone de cara a la calidad de las imágenes (fijaos en el ejemplo de la compacta de 12 Mpixels). De hecho, los fotógrafos profesionales especializados en moda y naturaleza suelen emplear cámaras de medio formato cuyos sensores son mucho más grandes que el negativo “estándar” de 35mm y que están en otra dimensión en cuanto a calidad de imagen, resolución y precio.

De todos modos, volveremos a este interesante tema de resolución vs. calidad de imagen en un futuro artículo que estoy comenzando a preparar. Mientras tanto, haced muchas fotos y disfrutad de estos días de sol.

Más información (en inglés)

Wikipedia (Diffraction)

Wikipedia (Airy disk)

Ken Rockwell

Cambridge in colour

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Los problemas de pasarse a Full Frame

Hace tiempo estuvimos hablando de los dos tamaños de sensor en las cámaras réflex digitales (al menos en lo que a Nikon se refiere, aunque esta distinción también se da en Canon o en Sony por ejemplo). En general, los modelos tope de gama de estas marcas son los que van equipados con sensores de tamaño completo (también denominados Full Frame o directamente FF) que tienen las mismas dimensiones que un negativo fotográfico de 35mm, mientras que las inferiores llevan sensores de tipo APS-C que poseen unas medidas más reducidas como podéis apreciar en la siguiente imagen.

Sensores Full Frame y APS-C

Pues bien, ya sabemos que el mundo de la electrónica de consumo siempre va de arriba a abajo, y poco a poco los modelos de cámaras equipadas con sensores de tamaño completo se van extendiendo por las gamas de los fabricantes. En el caso de Nikon, ya no sólo las D3, D3s y D3x van equipadas con estos sensores, sino que la D700 también lo lleva, siendo bastante más barata (aunque lo mejor sería decir “menos cara”) que sus hermanas mayores.

Algo más que una simple diferencia de precio

Como os digo, si vemos el catálogo completo de Nikon vamos a ver que la diferencia de precio entre una D300s (el tope de gama actual en sensor DX) y una D700 (que en esencia es una D300 con sensor FX) no es demasiado elevada; o al menos es lo suficientemente reducida como para hacernos dudar si no merecerá la pena dar directamente el salto a Full Frame. En concreto, la primera sale por unos 1300 euros y la segunda por aproximadamente 2000. Y aunque esos setecientos euros son una pasta se miren por donde se miren, hay muchos usuarios que aplican lo de “caballo grande ande o no ande” y acaban optando por la D700 sin saber muy bien qué es lo que buscan en una cámara.

Los sensores Full Frame tienen mayor rango dinámico, mejoran la relación señal / ruido a sensibilidades elevadas, tienen una definición muy buena, los angulares mantienen intacta su distancia focal… pero también llevan aparejadas una serie de desventajas en las que algunas personas no pensaron cuando se deshicieron de su cámara APS-C para pasarse al sensor FF.

Estamos de acuerdo en que la diferencia de precio entre una cámara APS-C tope de gama y una FF tal vez no sea demasiado elevada; pero el verdadero gasto vendrá a la hora de “calzar” dicha cámara con las ópticas adecuadas: en términos generales las ópticas para FF son mucho más caras que en APS-C, pesan y abultan mucho más y, lo que es peor, nos va a dar la sensación de que no nos acercan lo suficiente al motivo a fotografiar.

El factor de recorte

Técnicamente, al no haber factor de recorte, un objetivo de 200mm en una cámara Full Frame es un 200mm, no hay más. En APS-C ese 200mm cerraría su ángulo de visión para dar el equivalente a un 300mm en Nikon (1,5x) o 320mm en Canon (1,6x); algo que adoran los amantes de los animales salvajes y las competiciones deportivas. Sin embargo, en FF para “acercarnos” al sujeto como en nuestra anterior cámara APS-C tendremos que comprar un 300mm “de verdad” con las consecuencias que esto implica para el bolsillo y la espalda.

Vamos a ver esto empleando como ejemplo dos teleobjetivos fijos con características técnicas similares (AF-S, VR y f/2.8) montados sobre cámaras Nikon:

Teleobjetivo Nikkor 300 mm f/2.8 ED-IF AF-S VR

  • Dimensiones: 268 x 124 mm
  • Peso: 2850 gr
  • Precio aproximado: 5000 euros

Teleobjetivo Nikkor 400 mm f/2.8 G ED AF-S VR

  • Dimensiones: 368 x 159 mm
  • Peso: 4620 gr
  • Precio aproximado: 8000 euros

Como podéis ver, el teleobjetivo de 400mm pesa y cuesta prácticamente el doble que el de 300mm y además es 10 cm más largo. Y la cosa es que en términos de ángulo de visión, el 300mm montado sobre una cámara DX equivaldrá a un 450mm, por lo que ni siquiera con el 400mm montado en nuestra cámara FX podremos acercarnos tanto al motivo a fotografiar. Esto va a dar lugar al síndrome “no estoy lo bastante cerca” que ha afectado a numerosos usuarios que han dado el salto a Full Frame y se han encontrado con un 200mm se queda corto para fotografiar ese gorrión que saldrá volando si damos un paso más.

Además, hay otro “problema” añadido: la gente que pretende encontrar un objetivo todoterreno para FF como los 18-200 que hay en formato APS-C con los que se puede ir a pasar el día con la cámara a cuestas sin mayor problema lo llevan claro. Para conseguir esas distancias focales en FF apenas hay opciones; y de hecho casi lo único que hay en ese sentido es el Canon EF 28-300mm f/3.5-5.6L IS USM que cuesta 2500 euros, pesa 1,7 Kg y es un mostrenco que abulta como un 70-200 f/2.8. Vamos, ideal para ir de excursión a la montaña con la cámara colgada del cuello.

Los objetivos de focal variable para cámaras con sensor de 35mm rara vez alcanzan relaciones de zoom más allá de 3x o como mucho 4x. Ópticas como 14-24 (1,7x), 35-70 (2x), 24-85 (3,5x) ó 70-300 (4,3x) son lo habitual; mientras que en DX es muy común encontrar en el mercado zooms de rango focal 18-135 (7,5x), 18-200 (11,1x) e incluso un 18-270 (15x) fabricado por Tamron.

Conclusión

No hay duda de que una cámara Full Frame da una calidad de imagen impresionante, pero eso no quiere decir que las cámaras con sensor APS-C no tengan su público. De hecho, en el caso de que os gusten las fotografías de naturaleza así como retratar eventos en los que no nos queda más remedio que estar alejados del sujeto principal (partidos de tenis, mítines políticos, aviones despegando…) tenéis en el factor de recorte a un buen aliado, ya que para conseguir distancias focales semejantes en una cámara Full Frame vais a necesitar dos cosas: ser millonarios y estar bastante fuertes.

Evidentemente no seré yo el que os desaconseje la compra de una cámara FF “porque sí”, ya que son una verdadera maravilla visual y allá cada uno lo que haga con su dinero; pero sí que os diré que meditéis muy bien si realmente le vais a poder sacar todo el partido posible. Tened en cuenta que en el mundillo de las cámaras réflex son las ópticas y no la cámara las que marcan el límite entre las fotografías que podréis o no podréis hacer; y en Full Frame el dinero que hay que pagar por elevar ese límite aumenta considerablemente.

La comodidad de trabajar en Full HD

Cuando me compré mi último ordenador mi prioridad fundamental era que viniera con un buen monitor porque lo iba a emplear sobre todo para edición fotográfica. Los 1024 x 768 puntos de mi portátil se me quedaban bastante cortos a la hora de manejar Adobe Lightroom y necesitaba algo que me permitiera trabajar con comodidad. El tema de la lentitud de mi antiguo ordenador se podía solucionar a base de paciencia, pero al tener una resolución tan comprometida de pantalla estaba obligado a manejar el zoom constantemente y a cerrar y abrir las barras de los menús todo el tiempo; algo que era una locura.

Para que os hagáis una idea de la diferencia de resolución entre unos equipos y otros, os pongo una captura de pantalla de mi fondo de escritorio sobre la que he dibujado dos cuadros en color rojo. El más pequeño de los dos corresponde a la resolución de pantalla del Asus Eee PC 701 (800 x 480) y el mayor al Toshiba con sus 1024 x 768 píxels. La imagen al completo tiene la resolución del monitor de mi actual ordenador: 1920 x 1080. (Podéis pinchar sobre la imagen para que se abra en una nueva ventana a su resolución original).

Asus Eee PC 701 (800 x 480), Toshiba A55 (1024 x 768) y monitor Acer V223HQ (1920 x 1080)

Asus Eee PC 701 (800 x 480), Toshiba A50 (1024 x 768) y Acer V223HQ (1920 x 1080)

Como veis, la diferencia es abismal; y para que os hagáis una idea aún mejor de lo que es trabajar con Lightroom en uno y otro equipo os voy a poner dos capturas de pantalla durante el tratamiento de una misma fotografía en dicho programa. Además, os comento que he escalado las imágenes para que comparativamente tengáis la misma sensación que yo de diferencia “física” entre el tamaño de la pantalla de uno y otro equipo (15″ contra 22″). Si pusiéramos el portátil junto a la pantalla del sobremesa, la proporción entre tamaños sería exactamente esta:

Lightroom en Toshiba A-50 (1024 x 768)

Lightroom a 1024 x 768 (Toshiba A-50)

Lightroom en Full HD

Lightroom en Full HD (1920 x 1080)

Como veis, la captura extraída del Toshiba desaprovecha mucho espacio alrededor de la fotografía. Además, fijaos en que el tamaño de la barra de la derecha ocupa prácticamente una cuarta parte de la primera imagen y por lo tanto nos va a restar bastante espacio de trabajo para tratar las imágenes.

Quien dice Lightroom, dice cualquier otro programa; y es que cuanto mayor sea la resolución de pantalla más espacio de trabajo vamos a tener a nuestra disposición. Un monitor es más aprovechable para cualquier aplicación cuanto mayor sea su resolución; y no se me ocurre ningún motivo que haga aconsejable uno más reducido.

Además de todo esto, hay que tener en cuenta que el ratio anchura:altura de un monitor de 1024 x 768 será de 4:3 mientras que en uno de resolución Full HD es de 16:9; que lo hace mucho más adecuado para cualquier cosa que se visualice en formato panorámico (el famoso formato 3:2 de las cámaras reflex, películas, conciertos…).

En fin, reconozco que estoy contento con el rendimiento de mi ordenador; pero lo que más me gusta de él es la calidad de imagen que obtengo gracias al monitor. ¡La inversión mereció la pena!

Digan lo que digan, el tamaño importa

Pues sí; después de lo que os contaba ayer sobre máquinas inmensas me reafirmo en que el tamaño importa 😛  Y si no que me lo digan a mí cuando hace un par de días saqué del armario la videocámara de mis padres: una Philips Explorer de tipo VHS-C comprada en 1993 y que costó más de cien mil pesetas de la época. Colocada al lado de la JVC que me compré hace un par de semanas tengo la misma sensación que cuando veo un coche aparcado junto a una gran excavadora por las mañanas en el trabajo.

El tamaño importa (I)

El tamaño importa (II)

¡Pero si hasta la batería de la cámara antigua parece un auténtico ladrillo en comparación con el nuevo cacharro!

Bateria cámara antigua vs JVC GR-D820

En fin, ya sabéis que me encanta echar la vista atrás y comparar aquellas cosas que hace años eran último modelo y que ahora nos resultan unos armatostes pesados y enormes. ¡La vertiginosa evolución de la electrónica de consumo nunca deja de sorprenderme!