Mi historial de ordenadores

Haciendo un ejercicio de memoria, hoy me he puesto a pensar en los ordenadores que he tenido a lo largo de mi vida y me he dado cuenta de que son unos cuantos. Lo que más me ha gustado es comprobar que todavía recuerdo las principales características técnicas de cada uno de ellos, así que voy a aprovechar para describíroslos muy someramente en un artículo organizado cronológicamente.

Eso sí, no incluiré aquí los portátiles de trabajo, porque han pasado ya unos cuantos por mis manos y entonces no acabaríamos en todo el día. Estos son sólo ordenadores que han sido míos en algún momento. Bueno, y tampoco meteré las Raspberry Pi que aunque por funcionalidad podrían hacer la labor de un PC a la perfección prefiero dejarlas para otra entrada más específica. ¡Vamos allá!

ZX Spectrum +2

Mi primer ordenador fue un ZX Spectrum +2 que me regalaron mis abuelos en 1987 y que contaba con 128 KB de memoria RAM, lector-grabador de cintas de casette y sin ningún tipo de disco duro, claro está. Utilizado por mi hermano y por mí principalmente para jugar, con los años me arrepentí de no haberlo usado para aprender algo de programación; ya que si con esas edades (yo tenía 7 años cuando me lo regalaron) eres capaz de hacer algunos pinitos programando estoy seguro de que con los años serás todo un maestro del código. Con el tiempo nuestra colección de juegos llegó a superar la centena, pero recuerdo como si fuera ayer el título con el que lo estrené fue el mítico Kane.

Siemens Nixdorf 486 DX-2

A este modelo le siguió en 1994 un PC 486 DX-2 66 MHz con 8 MB de memoria (de serie traía 4 MB pero elegí una ampliación a 8 por 25000 pesetas del ala), disquetera de 3,5″, 420 MB de disco duro, sistema operativo OS/2 Warp de IBM e impresora Canon BJ-200. Venía también con un monitor de 14″ de resolución 1024 x 768 a 16 millones de colores y recuerdo que cuando venían mis amigos a casa y les ponía juegos como Monkey Island, F29 Retaliator o Fury3 (este último cuando cambié el SO a Windows 95, que me compré original en disquetes por cierto) flipaban en colores. A este ordenador, pasados un par de años, le metí un “kit multimedia” consistente en una unidad de CD-ROM 4x, una colección de juegos en ese novedoso formato (Nascar Racing, 3D Pool, etc) y una tarjeta de sonido Soundblaster 16. Una de sus últimas ampliaciones fue incrementar su memoria RAM a 24 MB.

AMD K6-2

Tiempo después vino en el año 2000 un PC “clónico” AMD K6-2 300 MHz con extensiones MMX que contaba con 32 MB de RAM (que con el tiempo amplié a 128 MB), tarjeta de sonido, CD-ROM, 4 GB de disco duro y SO Windows 98. En ese ordenador instalé una de las primeras aceleradoras 3D (una Voodoo Bashee de 3DFX) haciendo que juegos como Need for Speed III o Quake II mostraran unos gráficos sencillamente increíbles. De todos modos, dado que por aquella época nos dio fuerte a mi hermano y a mí por los videojuegos, andar actualizando el ordenador cada dos por tres para poder correr los últimos títulos costaba una pasta y acabamos pasándonos al oscuro mundo de las videoconsolas de la mano de una Playstation.

Toshiba Satellite A50

Mi primer portátil fue un Toshiba Satellite A50 comprado en 2002 que equipaba un micro Intel Centrino, 512 MB de RAM, 40 GB de disco duro y Windows XP. Fue mi primer ordenador con WiFi y me vino muy bien para seguir las clases en la universidad, aunque rara vez me lo llevaba a clase porque no era lo habitual en aquellos tiempos. Cuando dejé de usarlo se lo regalé a mi padre quien un día derramó sin querer un vaso de Cocacola sobre el teclado y de esta manera tan poco épica ese ordenador se fue al cielo de los portátiles.

Asus Eee-PC 701

El primer ultraportátil que llegó a los grandes mercados (el mítico Asus Eee-PC 701 4G) fue mi siguiente adquisición en el 2008, contando con un micro Intel Celeron, 512 MB de RAM y 4 GB de disco duro SSD. Pese a su pequeño tamaño lo usé para escribir multitud de reviews en este blog y a día de hoy, aún con la batería casi destruida, lo saco de vez en cuando para arrancarlo y recordar así aquel ordenador que a veces me bajaba a la piscina para escribir offline algunos borradores.

Acer Aspire X1700

En 2009 llegó un sobremesa de perfil estrecho: un Acer Aspire X1700 con micro Intel Core 2 Duo E7300,  3 GB de RAM, 320 GB de disco duro y Windows 7. En principio lo usaba para edición fotográfica cuando me compré la Nikon D40 y de hecho con los archivos RAW de esa cámara iba muy bien, pero cuando me pasé a la D300, el aumento de megapixels se le atragantó bastante al pobre y empezó a arrastrarse cada vez que le pedía hacer algún cambio en los archivos. Con el tiempo se lo acabé regalando a mi padre y a día de hoy todavía lo sigue usando para sus tareas habituales.

Dell Inspiron Mini 10

Ya en 2010 me hice aprovechando una oferta de Carrefour con un Dell Inspiron Mini 1012 que incorpora un procesador Intel Atom N450, 1 GB de RAM y 250 GB de disco duro. Este modelo venía con Windows, pero sin ni siquiera estrenarlo se lo sustituí por la última versión de Ubuntu. Ordenador que sigo usando a día de hoy para escribir cosillas en el blog, jugar a GL-Quake y para algunas tareas de ofimática ligera gracias a que le actualicé la memoria RAM a 2 GB y el disco duro por un SSD de 120 GB, de modo que todavía es capaz de funcionar medianamente suelto. Sorprendentemente su batería aún es capaz de aguantar un par de horas y me gusta por lo cómodo que es para usarlo en el sofá aunque su parte inferior se calienta más que una estufa de butano debido a que Dell decidió no incorporarle ventilador para que así fuera completamente silencioso.

HP Pavilion

Al poco de llegar a Oropesa en mayo de 2011 me compré una CPU HP Pavilion que contaba con un micro Intel Core i7 2600, 8 GB de RAM (que enseguida amplié a 16 GB), 1 TB de disco duro y Window 8 que al poco tiempo se actualizó automáticamente a Windows 10. Era un ordenador con mucha potencia de cálculo destinado a la edición fotográfica con Lightroom y mi Nikon D300 y de hecho a día de hoy sigo usándolo con muy buenos resultados en ese campo. Fue una inversión fuerte (era la CPU tope de gama de HP en ese momento) pero nunca me arrepentí porque lo usé muchísimo durante varios años.

Lenovo A10

Hacia febrero de 2014 tenía ganas de probar un ultraportátil con SO Android para ver si podía hacer las labores de un ordenador “al uso” y sin darle muchas vueltas me compré un Lenovo A10. Claro, precisamente por haber sido una compra totalmente a ciegas la experiencia fue un poco desastrosa porque resulta que venía muy capado en cuanto a almacenamiento y el software incorporado se comía una buena porción de la misma de manera que su memoria se llenaba en cuanto instalabas alguna aplicación más de la cuenta. Al final se quedó para ver películas con VLC cuando íbamos de camping y cosas así. Es un gusto sostenerlo en la mano porque no pesa nada y es super-fino, pero a día de hoy está en un maletero de casa de mis padres. No descarto desempolvarlo un día de estos para ver si se me ocurre algo que hacer con él.

Dell Inspiron 3000

En mayo de 2015 llegó el ordenador desde el que escribo esta entrada, que es un portátil Dell Inspiron 3000 con procesador Intel Celeron N2840, 4 GB de RAM DDR3, 500 GB de HD (que cambié inmediatamente por un SSD de 250 GB), pantalla de 15″ y sistema operativo Ubuntu. Fue una compra un poco impulsiva en parte porque tenía ganas de probar un equipo portátil nuevo diseñado con Ubuntu en mente y en parte porque aproveché una suculenta oferta de Dell por la que me salía el equipo por apenas 224 euros aplicando un descuento que tenía junto a una promoción de gastos de envío gratis. Estoy muy contento con él y de hecho es el ordenador que uso para todo a excepción de la edición fotográfica, que es para lo que está el HP del que os hablaba antes.

La verdad es que no sé cuándo me haré con un nuevo ordenador y eso que hace ya cinco años del último. Estuve tentado por un Macbook Air mucho tiempo, y también por algún portátil de gama alta de Dell y de HP; pero es que al final siempre pienso lo mismo: “para lo que voy a hacer puedo hacerlo en el que ya tengo y eso que me ahorro”. En total han sido 10 modelos hasta el momento, que no es poca cosa.

Actualización 15-10-2020

BMAX B1

A principios de octubre, después de ver una serie de vídeos en youtube, decidí que quería un miniordenador y opté por el BMAX B1. Un modelo súper básico cuyas principales características técnicas son procesador Intel Celeron N3060, 4 GB de RAM DDR3 no ampliable, HD EMMC de 64 GB soldado en placa, ranura para disco duro M.2 adicional, GPU integrada Intel HD Graphics 400, WiFi dual band, Bluetooth, Windows 10, salidas HDMI y VGA, conector de auriculares y micrófono, puerto RJ45, un total de 4 puertos USB (2 x 2.0 y 2 x 3.0) y un puerto microSD; todo ello metido en una caja de 12 x 12 x 3 cm y a un precio de poco más de 100 euros.

¿Es potente? Pues no mucho. ¿Es práctico? Según para lo que lo vayas a usar. ¿Es molón? Rotundamente sí.

Actualización 27-02-2021

Ryzen 5500X

Al final me animé a hacerme con un nuevo ordenador de sobremesa porque estaba un poco cansado del mundo de las consolas y sus casi obligatorias suscripciones a los servicios online; de modo que en diciembre de 2020 decidí hacerme con una serie de componentes y montarme un ordenador a medida con el que poder ejecutar algunos juegos que tenía pendientes y que con mi anterior PC no podía mover.

Al final ha quedado un conjunto muy equilibrado salvo por la tarjeta gráfica, ya que tal y como está el mercado ahora mismo es imposible hacerse con un modelo actual sin dejarse el sueldo de un mes en el intento; de modo que conseguí algo digno de segunda mano (Nvidia Geforce GTX 1060 3 GB) a la espera de que las cosas se tranquilicen un poco y pueda hacerme con una RTX de la serie 30 en alguna tienda.

El resto del hardware principal lo componen un micro AMD Ryzen 3500X con refrigeración líquida, 16 GB de memoria RAM DDR4 a 3000 MHz, disco duro SSD M.2, placa base MSI B450M, fuente de 750 W y monitor FHD 16/9 a 75 Hz.

En cualquier caso, redacté un artículo al respecto al poco de terminarlo; de modo que si tenéis interés es los detalles de cómo diseñé y monté este ordenador os recomiendo que le echéis un vistazo.

Mi nuevo ordenador de sobremesa

Viendo que mi Core 2 duo con 3 GB de RAM sufría más de la cuenta procesando mis fotografías en Lightroom decidí liarme la manta a la cabeza y renovar mi equipo, ya que cuando tienes que editar más de un centenar de imágenes y no dispones de mucho tiempo libre, quieres que el equipo vaya realmente fluido y no andar esperando a que desaparezca el sempiterno reloj de arena del Windows (aunque ahora sea un círculo azulado).

Caracol col col

Requisitos previos: Micro, memoria, disco duro y tarjeta gráfica

Puesto que mi filosofía a la hora de comprar algo es que si ese “algo” se va a usar con frecuencia merece la pena invertir algo más de dinero, me senté a ver qué es lo que necesitaba y tracé los requisitos más importantes: buscaba un ordenador con una buena dotación de memoria RAM y, sobre todo, con la mayor potencia de cálculo posible; así que opté por la gama más alta de Intel y busqué un micro Intel Core i7 de segunda generación (los llamados “Sandy Bridge”).

Una vez aclarado lo del microprocesador me puse a darle vueltas al tema de la RAM; y aunque en teoría con 4 GB Lightroom funciona perfectamente prefería que el ordenador contara con algo más de esa cantidad o que, en su defecto, tuviera la posibilidad de ser ampliada en el futuro. Eso sí, imprescindible que fuera DDR3; aunque en realidad los micros Core i7 necesitan funcionar con ese tipo de memoria forzosamente porque llevan el controlador de la RAM integrado en el propio micro y no son compatibles con DDR o DDR2.

En cuanto al disco duro, con 750 GB me llegaba; ya que tengo otros dos discos duros externos donde voy volcando todo lo que voy haciendo en lo que a fotografía se refiere. De hecho el Core 2 Duo tenía un disco de 320 GB y nunca tuve el más mínimo problema de espacio a pesar de que 70 GB estaban dedicados en exclusiva a la instalación de Ubuntu.

La tarjeta gráfica me daba exactamente lo mismo, ya que el ordenador de sobremesa sólo lo uso para edición de fotografía, escuchar música y ver alguna película; tareas para las que lo mismo da tener una gráfica integrada en placa que un pepino de 600 euros.

No me hacía falta monitor porque ya tengo uno que se adapta perfectamente al uso que le doy como os comenté en una entrada de hace ya bastante tiempo.

En busca del nuevo ordenador

No tardé demasiado en dar con un buen candidato para venirse a casa conmigo (y además cada vez invierto menos tiempo en buscar aparatos electrónicos; en cuanto veo uno que me convence saco la tarjeta sin darle muchas más vueltas). A medida que iba recorriendo la estantería donde reposaban las CPUs a la venta enseguida me llamó la atención un HP Pavilion de aspecto bastante sobrio y elegante cuyas características se acercaban bastante a lo que había pensado. Su precio era de 799 euros; pero estaba decidido a hacerme con un equipo que no se me quedara pequeño en un par de años y la verdad es que no me pareció excesivamente caro viendo lo que ofrecía:

  • Procesador Intel Core i7 2600 “Sandy Bridge” (3,4 GHz, modo turbo a 3,8 GHz, 4 núcleos, multithreading, 8 MB de caché)
  • 8 GB de memoria RAM DDR3 1333 MHz (de los cuatro slots disponibles hay dos libres)
  • Disco duro SATA de 1 TB
  • Tarjeta gráfica Ati Radeon HD 6450 con 1 GB GDDR3 dedicada
  • Tarjeta LAN, WiFi integrado, sonido 7.1, lector de tarjetas, grabador de DVD…
  • S.O. Windows 7 Home Premium

Cierto es que la tarjeta gráfica es una patata; pero el equipo cuenta con una buena cantidad de memoria RAM ampliable sin problemas y el microprocesador es ahora mismo uno de los modelos más altos del catálogo de Intel (aunque ya se sabe que dentro de tres meses habrán sacado un puñado de modelos que le darán mil vueltas) por lo que para edición fotográfica el equipo va que vuela; y es que las tarjetas gráficas potentes son esencialmente para videojuegos o aplicaciones de animación tridimensional, ya que los programas como Lightroom lo que necesitan es potencia de cálculo y mucha memoria RAM debido a que las transformaciones que realizan en las imágenes son aritmética pura y dura.

Atardecer

Llevo un par de semanas ya con el nuevo ordenador en casa y he decir que he notado un aumento de velocidad brutal en Adobe Lightroom: las fotografías disparadas con mi D300 en formato RAW a 14 bits se abren en una décima de segundo y cualquier cambio en ellas se refleja en pantalla sin ningún tipo de retraso o brusquedad; algo que provocaba ralentizaciones muy importantes en mi anterior Core 2 Duo que ahora regalaré a mis padres, que tienen un Pentium IV con 512 MB de RAM que incluso para navegar por Internet se las ve y se las desea. Ironías de la tecnología: lo que yo considero lento a ellos les parecerá que va a la velocidad del rayo.

Mi ordenador se empieza a arrastrar

Tengo desde hace algo más de cuatro años un ordenador portátil que no ha hecho más que darme alegrías porque jamás he tenido ni un sólo problema con él y lo considero una de las cosas más útiles que me he comprado. En concreto se trata de un Toshiba Satellite A-50 que originalmente consistía en un microprocesador Intel Centrino a 1.4 GHz, pantalla de 15″ (1024 x 768), 512 MB de RAM y un disco duro de 40 GB que con el tiempo amplié duplicando la memoria RAM, triplicando el tamaño del disco duro, añadiendo un monitor externo de 17″ (1280 x 1024) para trabajar con escritorio ampliado y también un disco duro USB de 250 GB para ir almacenando vídeos y fotos.

Mi zona informática

Lo que ocurre es que ahora que estoy manejando grandes volúmenes de información con las imágenes en RAW de la D40 (unos 5 MB por foto) y los vídeos que suelo grabar con mi cámara (1 GB cada 5 minutos), me doy cuenta de que el pobre ordenador se arrastra cada vez más (es terrible tratar de deslizar con precisión los controles de saturación, contraste y demás ajustes en Adobe Lightroom 2) y que para comprimir un vídeo de 10 minutos se tira un montón de tiempo procesando a tope y dejando al usuario (es decir; yo) sin poder hacer prácticamente nada hasta que termine la titánica tarea.

Es por esto que me estoy planteando hacerme con una CPU de sobremesa para sustituir a mi portátil. No me saldría muy caro porque sólo tendría que darle prioridad a la memoria RAM (4 GB) y al disco duro (mínimo 750 GB) por encima de tarjetas de vídeo y sonido (de hecho si encontrara una placa base que las integrara me vendría de maravilla). También me haría con un buen monitor panorámico de al menos 22″, pues para los temas de fotografía y para tener un montón de ventanas abiertas vienen muy bien. Con eso tendría equipo para rato, pues mi habitual portátil sigue siendo un equipo muy capaz para todo lo que hago menos esas dos tareas que os decía antes; pero el problema es que a esas labores dedico mucho tiempo y desespera un poco cuando todo va a velocidad de tortuga.

En fin, ya os contaré, pero cuando le doy tantas vueltas a una idea sé que al final la acabo llevando a la práctica; por lo que puede que un día de estos escriba un post desde un nuevo ordenador anunciando la noticia.

¡Pasad un buen Domingo!  😉