Mil kilómetros al volante del nuevo Audi A1

Como os dije en la entrada anterior, he estado recientemente de vacaciones con mi chica en Oropesa del Mar; pero dado que mi coche tiene ya unos cuantos años y no me apetecía quedarme tirado en medio de la autopista opté por acercarme a Europcar y alquilar un vehículo para afrontar el viaje con garantías.

Elegí un VW Polo que dejé reservado y pagado una semana antes de nuestra partida; pero llegado el momento de recogerlo me llevé la sorpresa de que ante el incremento de alquileres por culpa de la semana santa no había unidades disponibles de ese modelo y en compensación me dieron un Audi A1 prácticamente a estrenar (6500 Km de marcador) en color gris metalizado.

Audi A1

El caso es que en un principio no se me había pasado por la cabeza comentar nada sobre el mencionado coche porque son fregados en los que nunca me he metido en este blog; pero después de conducirlo durante seis días y haber hecho mil kilómetros tanto por carretera como por ciudad, creo que puede ser útil para algunas personas comentar a un nivel muy básico mis impresiones al volante.

A estas alturas creo que queda bastante claro que nadie se debería tomar estos párrafos como una prueba seria porque aunque he conducido unos cuantos coches en los últimos años, considero que no tengo perspectiva suficiente como para hacer un análisis a fondo; siendo esto más bien un resumen general de las sensaciones que me ha ofrecido el vehículo que he conducido durante los últimos días.

Primeras impresiones

El Audi A1 es un modelo que salió a la venta en el mercado español durante el pasado mes de Marzo; y siendo la primera vez que veía este coche “en vivo” he de reconocer que me sorprendió gratamente a primera vista. Es un coche muy bonito para mi gusto, bien proporcionado y con un discreto aire deportivo apreciable en cosas como los pasos de rueda, los faros rasgados o el discreto spoiler trasero que remata el techo.

De hecho, es un modelo tan reciente que no me he cruzado con ningún otro a lo largo de los seis días que ha estado en mis manos. Y claro, también era novedad para muchos transeuntes, de modo que era habitual ver cabezas girarse en los semáforos o al aparcar en la puerta de algún restaurante. Como os digo, es un coche que llama bastante la atención ahora mismo por ser novedad en el mercado español.

Sobre el papel

El motor que equipa al coche que me asignaron es el más básico de la gama: un 1.2 TFSI de 87 CV (motor de gasolina con cuatro cilindros en línea) cuya peculiaridad es que cuenta con sobrealimentación mediante un turbocompresor que inyecta aire a presión en los cilindros empleando la energía cinética de los gases de escape. Gracias a esto se consiguen unas prestaciones bastante aceptables al tiempo que los consumos no se disparan (5.1 l/100 Km de promedio según el fabricante alemán).

Por lo demás, el A1 está homologado para cuatro plazas, tiene un peso de 1115 Kg, un maletero de 270 litros y cuenta de serie (al menos en el acabado Ambition, que es el que equipaba el que me dieron) con ESP, sistema de entretenimiento multimedia con lector de CD, USB y tarjetas SD, navegador GPS con pantalla a todo color en el centro del salpicadero, seis airbags, control de velocidad, aire acondicionado, dirección asistida, sistema de recuperación de energía en las frenadas, sistema start & stop que detiene el motor en los semáforos y atascos, ordenador de a bordo, gestión electrónica del motor…

Interior

Imagen extraída de http://www.audi.es

El interior del Audi A1 es bastante acogedor: detalles como el forrado del volante en cuero, el mullido de los asientos, el diseño de los difusores del aire acondicionado, los múltiples huecos portaobjetos, el tablero de mandos con abundante información, los mandos integrados en el volante… son elementos que ayudan a que el conductor y su acompañante se encuentren “como en casa”.

Los que no irán tan cómodos serán los pasajeros de los asientos traseros, ya que dichas plazas son de un tamaño muy reducido (sobre todo por la longitud de las banquetas) y el pequeño tamaño de las ventanillas posteriores contribuirán a una cierta sensación de agobio. En general se trata de un coche en el que el metal se prodiga más que el cristal como sucede de un tiempo a esta parte en muchos de los nuevos modelos que aparecen en el mercado; pero al menos en las plazas delanteras del A1 tenemos una buena amplitud visual.

Imagen extraída de http://www.audi.es

No me hubiera importado que las plazas traseras fueran tan exiguas si el maletero hubiera sido de un tamaño considerable; pero no es así y con sus 270 litros apenas cabrá un par de maletas de tamaño mediano (tres si somos buenos jugadores de Tetris) y poco más. Por la experiencia extraída de estos días os puedo decir que es capaz de albergar el equipaje de dos personas para pasar unos días de vacaciones; pero no es un maletero para más personas o estancias largas.

Exterior

En el exterior destacan las líneas sobrias habituales en los modelos de Audi. Cintura alta, aspecto robusto y ventanillas cada vez más pequeñas. El coche es bastante bajo y si sois altos al principio os daréis más de un coscorrón al introduciros en el habitáculo. El coche es de dos puertas y el portón del maletero es bastante grande para un coche de su tamaño.

Como podéis ver en las fotos que acompañan a esta entrada (siento no ofreceros más, pero estas tres fotos son las únicas que le hice al coche durante el viaje) el A1 cuenta con detalles en color negro como la toma de aire frontal, el difusor trasero, los apoyos de los retrovisores y la zona de los faros antiniebla frontales. Todo lo demás es gris metalizado (al menos en esta unidad) y a mí particularmente me gusta mucho la zona de las ruedas traseras así como los nervios que recorren longitudinalmente la carrocería. Todo el coche tiene ese ADN de los últimos modelos de Audi y de añadir que las formas redondeadas de ciertas zonas me recuerdan un poco al precioso TT (salvando las distancias, claro está).

Audi A1

Primeras impresiones

Nada más salir de la oficina de Europcar me siento en el coche y veo que todo está al alcance de los dedos. Me ajusto el volante y el asiento, me pongo el cinturón y al arrancar compruebo que el motor apenas hace ruido durante su funcionamiento. Durante los primeros metros veo que no hay vibraciones ni ruidos de rodadura a bajas velocidades y en general me siento muy a gusto en mi asiento. Del mismo modo, enciendo la radio y veo que suena muy muy bien; aunque bajo bastante el volumen de la misma para poder escuchar el suave rumor del motor.

Entre el tráfico de la ciudad el coche se mueve con mucha agilidad gracias a su pequeño tamaño. Además, la dirección es muy precisa y tiene un tacto perfecto para mi gusto. El pedal del embrague va muy suave y el acelerador tiene suficiente recorrido como para conducir sin tirones ni brusquedades. Por cierto, el cierre centralizado bloquea las puertas en cuanto empezamos a movernos; un buen detalle que siempre estoy acostumbrado a hacer “a mano” en mi propio coche.

Llego a un semáforo y cuando el coche se detiene… ¡se para el motor! Ya no me acordaba de que el A1 está equipado con el sistema start & stop y en un primer momento pienso que se me ha calado. Superada la sorpresa inicial me doy cuenta de que no me acabo de sentir cómodo con el motor completamente parado y levanto el pie del freno pensando que arrancaría instantáneamente. El caso es que el arranque no se produce al soltar el freno; sino cuando volvemos a pisar el embrague para engranar la primera velocidad, de modo que no es un sistema para salir con prisas o incorporarnos a una glorieta con tráfico un poco apurados. Dado que el sistema no me termina de convencer decido desactivarlo momentáneamente (hay un botón en el salpicadero para ello).

Para evitar sustos una vez en autovía, me meto en en un tramo de carretera en las afueras de Alcalá con intención de ver cómo reacciona el coche y allí me dedico a ver qué tal se portan los frenos, cómo acelera… y tengo la suerte de que el riego por aspersión de una glorieta ha empapado el asfalto por completo en sus alrededores, de modo que aprieto el acelerador un poco más de la cuenta mientras la tomo aprovechando que a esas horas no hay nada de tráfico y observo que el ESP corrige levemente las reacciones del coche haciéndole seguir la trazada que yo le indico con el volante. Como dicen las instrucciones de los coches que equipan este sistema “el ESP no cambia las leyes de la física” y por tanto no está hecho para tomar una curva cerrada a 100 Km/h; pero hay que reconocer que es una ayuda que nos puede venir muy bien en más de una ocasión.

Conduciendo por autovía

El A1 no se desenvuelve mal por autovías, aunque no es el hábitat natural de este modelo (seguramente las versiones equipadas con motores 1.4 TFSI de 122 CV o 1.6 TDI de 105 CV tengan más cualidades rodadoras que esta de la que os estoy hablando). El coche se pone a 100 Km/h en 11.7 segundos y se nota que acelera con ganas en marchas cortas gracias a su escaso peso. También mantiene perfectamente la velocidad a la hora de subir cuestas en quinta por la autovía; pero cuando en esas mismas subidas necesitas coger más velocidad por ejemplo para adelantar es cuando el pequeño 1.2 TFSI muestra sus limitaciones y se muestra un poco perezoso para acelerar, requiriendo una reducción a cuarta para tener algo más de brío.

No obstante, como os digo, el coche mantiene los 110 Km/h perfectamente en toda condición y circulando así el consumo de combustible se mantiene en torno a los 5 l/100 Km; una cifra bastante contenida teniendo en cuenta que el motor gira en esas condiciones a 2800 RPM y los consumos más bajos suelen darse entre las 1500 y las 2000 vueltas. Por cierto, sigue siendo realmente silencioso y no se aprecian ruidos aerodinámicos de ningún tipo circulando a buen ritmo.

Carretera de montaña

Ya en Oropesa una tarde subimos al mirador del monte Bobalar para hacer un par de fotos desde allí (una de ellas es la que encabeza este artículo). Una ocasión perfecta para probar el coche en una carretera revirada con importantes desniveles. Puesto que se trata de un tramo en el que no se puede correr mucho, estuve empleando todo el tiempo la segunda y la tercera marcha apurando un poco más de lo normal las revoluciones del motor.

En esas circunstancias el coche me pareció muy ágil gracias a su reducido radio de giro y el tacto sólido de la dirección. Del mismo modo, la suspensión de tarado algo duro hace que el A1 no balancee en las curvas y las tome con mucho aplomo; al menos con más del esperado en un coche de 1115 Kg con 3.95 metros de largo (2.47 entre ejes) y 1.74 de ancho.

Con el motor alegre de vueltas un pisotón al acelerador nos da una respuesta inmediata en aceleración; sin retrasos causados por la realimentación del turbocompresor ni nada parecido. Sin embargo, si dejamos caer la aguja de las revoluciones más de la cuenta tendremos que esperar a que suba un poco antes de sentir que el coche acelera con ganas.

En general, he de decir que me gustó mucho recorrer arriba y abajo la carretera que os digo porque el tacto del coche (tanto a nivel de dirección como de suspensión) me dio mucha confianza en todo momento y jamás obtuve ninguna reacción rara por su parte. Obviamente fui con mucha precaución dado que es un tramo abierto al tráfico; pero incluso así uno se da cuenta del aplomo que tiene el pequeñín de Audi. Que nadie piense que tenemos un deportivo entre manos porque nada más lejos de la realidad y si apuramos demasiado luego vienen las lamentaciones; pero hay que reconocer que cuando la carretera se tuerce, el A1 es muy divertido de conducir.

Audi A1

Conclusiones

Después de exactamente 1016 Km al volante del Audi A1 diría que, al menos con el motor 1.2 TFSI, se trata de un coche eminentemente urbano pensado para dos personas que también quieran hacer alguna escapada de fin de semana. Pese a que cumple sobradamente para rodar a velocidades legales, no estamos ante un coche diseñado para devorar kilómetros por autovía tanto por la ajustada potencia de su motor como por su depósito de 45 litros de capacidad. Del mismo modo, es un coche muy cómodo para conductor y acompañante; pero no está hecho para un uso familiar porque las plazas traseras son para usos muy puntuales y el maletero tiene una capacidad muy reducida.

En cuanto a consumos se refiere, os puedo decir que el promedio a lo largo de todo el viaje ha sido de 5.7 l/100 Km; algo superior a lo declarado por el fabricante pero ya se sabe que esas cifras siempre se dan bajo unas condiciones que luego no se reproducen en el mundo real. Para que os hagáis una idea, con el depósito lleno hasta los topes el ordenador de a bordo marca que podemos hacer 700 Km; y es que el tema de los consumos es algo que a veces la gente no tiene muy en cuenta, pero para mí es algo fundamental sobre todo ahora que el precio de los carburantes está a niveles estratosféricos y amenazando con dispararse todavía más.

En todo caso, se trata de un coche que a mí particularmente me ha gustado mucho por comodidad, por la cantidad de detalles útiles que posee y por su estética elegante. Si lo que os comentaba sobre las plazas traseras y la capacidad del maletero no os suponen un problema, el recién llegado A1 os parecerá una pequeña maravilla.

Más información

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Las fotografías no se hacen; se sienten

Según va pasando el tiempo cada vez me doy más cuenta de que las fotografías no se hacen; se sienten.

Muchas veces os he hablado de aspectos técnicos sobre esta bonita disciplina; pero creo que nunca he compartido con vosotros mi forma de decidir entre hacer una fotografía de algo o no hacerla. Y os adelanto que eso es algo que no lleva asociada regla matemática alguna ni sistema científico de ningún tipo, ya que se basa fundamentalmente en la experiencia propia que sólo el tiempo es capaz de darle a cada uno.

Mirando hacia arriba

Como os decía, artículos técnicos hasta el momento he escrito muchos en estas entradas y todavía quedan unos cuantos más para el futuro; pero para no centrarme sólo en ese tipo de temas he decidido adentrarme también en aspectos algo más personales de la fotografía. Evidentemente mis fotos no sin ni mejores ni peores que las tuyas, estimado lector, porque al fin y al cabo una fotografía no es más que el punto de vista personal e intransferible de cada uno sobre aquello que le rodea; pero creo que lo que quiero contar hoy se puede aplicar a prácticamente todo el que tenga una cámara en las manos.

Sin darnos cuenta, en las fotografías se reflejan nuestros miedos, inquietudes, obsesiones, creencias, anhelos, deseos… Y eso las convierte en una herramienta muy válida para comprender la forma de sentir y de pensar de una persona. Después de haber subido más de tres mil fotografías a Flickr, creo que si alguien recorre mi galería de principio a fin descubrirá cosas sobre mí que tal vez incluso yo mismo desconozco.

Cabizbajos

Por eso digo que no puedo daros ninguna receta mágica para salir a la calle y hacer fotos; pero sí que os contaré qué es lo que me hace sentir el impulso de mirar por el visor y apretar a continuación el disparador.

Conociendo el equipo

Lo primero de todo, como ya recalqué hace unas cuantas semanas, es conocer las limitaciones de nuestro equipo fotográfico. Es decir, saber qué fotografías vamos a poder hacer y cuáles no con el material que tenemos disponible. Si tenemos una cámara sencilla con un objetivo zoom poco luminoso, no esperéis poder hacer la típica foto de un colibrí chupando el néctar de una flor con las alas extendidas, ya que para eso hace falta equipo muy caro y voluminoso. Sin embargo, conociendo cuales son los límites de nuestra cámara y nuestras ópticas, seremos conscientes de lo que podemos hacer bien y saldremos a la calle sabiendo en lo que podemos centrarnos para obtener una buena imagen. Y que conste que hay cientos de fotos fantásticas que podemos hacer con cualquier cámara por simple que esta sea, como ésta que hice meses atrás en Madrid con mi ya veterana Sony DSC-P200.

De Madrid al cielo

Para no alargarme demasiado no insistiré más en este aspecto, pues en la entrada reseñada anteriormente tenéis más información sobre la importancia de conocer lo que podemos hacer con el material que poseemos.

Los ojos siempre bien abiertos

Obviamente, un aspecto fundamental es ir por la calle con los ojos bien abiertos. Es decir, de nada sirve salir a hacer fotografías si no levantamos la mirada del suelo. Tal vez así descubramos un enlosado precioso al doblar una esquina; pero podéis dar por hecho que el 90% de las cosas fotografiables nos pasarán completamente desapercibidas.

Luces y sombras

En mi caso particular siempre intento buscar detalles no muy habituales: tejados con formas originales, hileras de cosas que se repiten, sombras, colores vivos, reflejos, gente… Elementos en los que no todo el mundo se fija y que son los que hacen de la fotografía de un lugar común toda una sorpresa. Por cierto, aprovecho para mencionar en este punto a Baldomero Perdigón, que es todo un maestro en esto de buscar los puntos de vista más originales de Alcalá.

La importancia de ser receptivo

Pese a lo anterior, hay que reconocer que hay días y días. Habrá ocasiones en las que saldremos con la cámara y todo nos llamará la atención y otras en los que ya nos pueden plantar en medio de los Campos Elíseos y no seremos capaces de ver nada digno de ser retratado. Sobre esto yo tengo una teoría según la cual todo tiene, por lo menos, una foto bonita. Lo complicado es encontrársela.

Traffic accident

En cualquier caso, pese a que en ocasiones la inspiración sea nula, lo mejor es salir a la calle con la idea en la cabeza de que la mejor foto del día puede estar en cualquier lugar. Abrir nuestras miras y no restringirnos sólo a dos o tres cosas es lo que hará de nuestras fotografías una experiencia muy gratificante.

Nunca borres fotos en plena calle

Alguna vez he visto una foto recién capturada en la pantalla de la cámara y he pensado en borrarla de inmediato; pero ya me ha ocurrido en varias ocasiones que he llegado a casa y al verla en el ordenador me he dado cuenta de que no era tan mala como pensaba o que tratándola en blanco y negro (o de algún otro modo) ganaba unos cuantos puntos.

Un ejemplo de esto que os digo es aquella imagen en la que la sombra de una persona no parecía corresponderse con la edad de su dueña. Hoy miro la fotografía y me parece bastante original, pero también recuerdo que nada más verla en la cámara pensé que no era gran cosa y que podría borrarla.

Juventud en la sombra

Al fin y al cabo, en las tarjetas actuales caben una barbaridad de fotografías, así que es mejor borrar las imágenes una vez que estemos cómodamente sentados delante del ordenador.

Lo importante es que te guste a ti

A la hora de hacer una fotografía (como al escribir en este blog) sólo sigo una norma: que me guste a mí. Nunca hago una fotografía pensando en que le guste a Fulanito o a Menganito, ya que entonces esto dejaría de ser algo completamente personal. A la hora de decidir qué fotos publico me guío por mi propio criterio, y así seguirá siendo a no ser que algún día acabe trabajando como fotógrafo para algún cliente.

Ramas secas

Creo que en la vida es importante seguir tu propio instinto en la medida de lo posible, y ya que tanto en el tema fotográfico como en lo que escribo por aquí tengo plena libertad para hacer lo que crea oportuno, la norma es simple: si estoy contento con el resultado lo publico; y si no, se va a la papelera.

Si luego la fotografía coincide con vuestros gustos y consideráis que es buena, yo me alegraré un montón; pero lo principal es que me guste a mí, porque sólo de ese modo se puede crear un estilo propio y personal a la hora de retratar las cosas.

Lo que digan los demás está de más

Algo muy ligado con lo anterior es la importancia de ser tú mismo a la hora de hacer fotografías. Que no te importe plantarte en medio de una calle atestada de gente para captar la imagen de algo que te ha llamado la atención. Yo a veces me he sentado en el suelo en busca de un ángulo diferente, me he subido a lugares elevados para hacer un plano picado, me he plantado en medio de una glorieta para hacer fotos de un atasco… Y siempre estará el típico idiota que te pitará con el coche o se reirá al verte intentar hacer una foto en una postura extraña; pero cuando llegas a casa y ves el resultado te das cuenta de que si no te hubieras atrevido a hacer esa foto, no podrías sentirte orgulloso de ella.

A contracorriente

Esto lo aprendí en mis experiencias como reportero de ultimONivel, ya que si bien en las primeras presentaciones a las que acudí yo me sentaba en mi sitio y trataba de no dar mucho el cante; pronto aprendí que aquí el que no corre vuela, de modo que empecé a sacar la cámara y ponerme a hacer fotos dónde y cuándo mejor me pareciera.

¡Disfrútalo!

Lo más importante es que la fotografía practicada como afición sea eso: una afición de la que disfrutar. Si un día teníais pensado salir a hacer fotos y no os apetece… ¡Quedaos en casa! Del mismo modo, si tenéis ganas de salir a la calle porque sentís que estáis inspirados y hay posibilidades de conseguir la foto de vuestra vida, no dejéis que un cambio de planes a última hora apague vuestra creatividad.

¿Te apetece un té?

Disfrutad. Haced lo que os de la gana con vuestra cámara, que para eso os la habéis comprado. Con ella en la mano tenéis la posibilidad de retratar el mundo como os parezca, y no habrá nadie que pueda demostrar que vuestro modo de ver las cosas sea mejor o peor que otro. Creed en vosotros mismos y veréis cómo vuestras fotos van ganando en calidad prácticamente sin que os deis cuenta.

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Una mirada fotográfica al pasado: Nikon EM (1979)

Cuando el día de los inocentes os contaba que me había comprado una Nikon analógica de hace treinta años supuse que un buen porcentaje de vosotros lo pondría en duda. Sin embargo, la cosa iba muy en serio porque me apetecía mucho tener las mismas sensaciones que los fotógrafos de finales de los setenta.

Nikon EM in the snow

Pues bien, tal y como os dije la semana pasada la cámara ya está en mis manos y he estado “trasteando” con ella durante unos días para acostumbrarme a su manejo antes de meter un carrete y ponerme a retratar rincones de la ciudad (que es en lo que estoy ahora mismo). Precisamente por eso me he animado a escribir hoy esta entrada compartiendo estas primeras impresiones con vosotros así como la información relacionada con la Nikon EM que he ido recopilando en las últimas fechas.

Nikon EM: Una réflex para todos los públicos

Lo primero que me gustaría comentar es que la EM nació con la misma filosofía que daría lugar a la Nikon D40 casi tres décadas después. Se trata de una cámara réflex de pequeño tamaño y de fácil manejo cuya finalidad era abrir el mercado de las SLR a personas que nunca se habían planteado tener una cámara de este tipo por su complejidad y aparatosidad.

Nikon EM (1979)

En principio Nikon dirigió este modelo al mercado femenino, que por aquellas épocas veía a las cámaras réflex como algo tosco y pesado. La EM era ligera y estilizada, pero puesto que las féminas no cambiaron demasiado sus tendencias pese a la campaña de publicidad lanzada por la marca (las compactas eran las cámaras preferidas de las mujeres de aquellos años) al final los japoneses enfocaron la EM hacia el segmento de población que nunca antes había manejado una réflex; más o menos lo que se ha hecho con las Nikon D40 y D60 en la actualidad.

Comparada con el resto de cámaras réflex de la época, la Nikon EM era sensiblemente más pequeña, aunque esto también se debe a que su electrónica interna es más sencilla, ya que cuenta sólo con tres modos de funcionamiento que ahora veremos más en profundidad.

Sencillez ante todo

La sencillez es la nota dominante de este modelo de Nikon. El modo más habitual de funcionamiento de la cámara es el llamado “AUTO”, que en realidad sería el modo de prioridad a la apertura en las réflex actuales. Consiste en que elegiremos la apertura a emplear por medio del anillo de diafragmas del objetivo y la cámara calculará la velocidad de disparo necesaria para conseguir una correcta exposición teniendo en cuenta la sensibilidad del carrete empleado (que marcaremos en un selector destinado a tal fin).

Este cálculo se realiza basándose sobre todo en el círculo central de la pantalla de enfoque, siendo en realidad el modo que hoy llamamos “medición ponderada al centro”. Y por si el sujeto está a contaluz disponemos de un botón en la parte frontal de la cámara que aclara la imagen dos pasos completos de tal modo que el sujeto quedará correctamente iluminado y el fondo sobreexpuesto del mismo modo que hacemos hoy en día cuando aplicamos una compensación de exposición positiva a nuestra toma.

El tiempo de exposición viene marcado mediante una aguja en la parte izquierda del visor que fluctua entre 1 segundo y una milésima. Dicha aguja, como es lógico, necesita alimentación eléctrica para su funcionamiento, y esta viene dada por dos pilas de botón que se alojan en la parte inferior de la cámara. Alimentación que, de todos modos, no nos impedirá tomar fotografías incluso en el caso de que las pilas se agoten en mitad de una excursión.

Nikon EM (1979)

Esto es gracias al modo M90, que originalmente se emplea para disparar con flash de forma sincronizada pero que dispara mecánicamente el obturador con un tiempo fijo de 1/90 segundos, por lo que la exposición debemos calcularla nosotros mismos “a ojo” mediante la elección de la apertura adecuada para dicha velocidad (aunque sin ningún tipo de ayuda, claro está). Esto, que puede parecer una incomodidad, hace que la cámara sea utilizable incluso a muchos grados bajo cero (las baterías de las cámaras digitales pueden quedar temporalmente inutilizadas a temperaturas extremas) o si nos quedamos sin energía en medio del desierto. De hecho, todavía hay muchos montañeros que emplean cámaras analógicas de tipo mecánico porque son una garantía de que podrán hacer fotografías en la cumbre por muchos grados bajo cero que se encuentren allí.

El tercer modo de disparo es el denominado B (de “Bulb”) que consiste en que mientras tengamos presionado el botón del disparador el obturador va a permanecer abierto. Obviamente se trata de un modo pensado para fotografía nocturna y para obtener unos resultados decentes necesitaremos un trípode así como un disparador remoto, porque si no sólo obtendremos un borrón en el negativo por muy buen pulso que tengamos.

La cámara en las manos

Nada más coger la cámara por primera vez me doy cuenta de que es realmente incómoda de sostener en las manos. No hay un grip ergonómico en la parte derecha con el que sujetar la cámara (eso llegaría años después) de tal modo que se hace muy complicado llevar la cámara a una mano durante largos periodos de tiempo como suelo hacer con mi D40. El cuerpo de pequeño tamaño tampoco contribuye a la comodidad de agarre, pues los laterales del mismo son realmente minúsculos, haciendo que las yemas de los dedos “tropiecen” con el objetivo continuamente.

Nikon EM (1979)

Por lo tanto, lo más lógico sería emplear la correa que viene con la cámara, pero que no es ni mucho menos tan cómoda como las que traen las cámaras actuales: apenas está acolchada en su zona central y además es muy estrecha; así que el uso de la correa tampoco es que sea la panacea en cuanto a comodidad.

La cámara está forrada de una especie de piel sintética en toda su parte central y, pese a que su tacto es de plástico, debajo de la misma hay un sólido armazon metálico que da rigidez al modelo. Desde luego, aunque la cámara no es la más cómoda del mundo a la hora de agarrarla, sí que tiene un buen tacto que a mí personalmente me gusta bastante.

Repartidos por el cuerpo de la cámara podemos encontrar algunos controles adicionales como la leva de arrastre de la película, el tirador para rebobinar, liberar el carrete y abrir la tapa trasera, el selector de sensibilidad, un temporizador para retardar el disparo de la fotografía, el pulsador para soltar el objetivo montado, el botón de comprobación de carga de la batería…

Lo que no tiene la EM (y tampoco la D40) es el pulsador para previsualizar la profundidad de campo, que consiste en que al presionarlo se cierra el diafragma a la apertura deseada para que podamos ver en el propio visor el efecto que esto tendrá sobre la profundidad de campo (excepto durante el disparo, los objetivos en las cámaras Nikon tienen el diafragma abierto a la máxima apertura posible).

Por cierto, me hace mucha gracia comprobar que en las réflex de esta época es muy habitual encontrar un recuadro negro en la carcasa trasera cuya utilidad no conocía hasta hace poco. Resulta que en ese “marco” podemos introducir la lengüeta de la caja de cartón del carrete para así recordar lo que llevamos puesto en la cámara. Si tenemos un sólo cuerpo no suele haber problema; pero los profesionales de la fotografía que iban con varios cuerpos iguales encima y un ayudante que iba cargando y descargando carretes podían llegar a hacerse un verdadero lío y no saber en qué cámara tenían cargado determinado rollo de película (y mejor será no ir abriendo todas las cámaras en busca del carrete perdido, porque como abras una con el carrete a medias adiós fotos).

Nikon EM (1979)

Cosas como esta hoy nos parecen un poco extrañas, pero hay que reconocer que una vez puestas en su contexto tienen todo el sentido del mundo.

Mirando el mundo a través del visor

Una de las razones más poderosas por las que me compré la EM es para mirar el mundo a través del visor de de una réflex analógica. Siempre habia leído que era complicado enfocar a través de una cámara de formato APS-C por el menor tamaño de su visor, y la verdad es que lo primero que noté nada más poner el ojo en la EM es que todo se veía de un tamaño inmenso.

Además, la pantalla de enfoque de la cámara cuenta con un par de ayudas para tal fin consistentes en una círculo de microprismas que forman una red de puntos que desaparecen cuando la imagen aparece nítida y una zona central partida que coincide cuando el motivo está perfectamente enfocado.

Nikon EM (1979)

Os pongo a continuación dos imágenes tomadas directamente a través del visor de la EM con una cámara compacta, de modo que no me es posible obtener una calidad de imagen demasiado elevada (de hecho las fotografías han quedado mucho más oscuras de lo que en realidad se ve a través del visor). Lo que tenéis en la parte izquierda es la aguja que marca el tiempo de exposición que se empleará y en la parte central tenéis el círculo de microprismas así como la zona partida que nos ayudará a enfocar. Por cierto, el objetivo que estaba puesto en la cámara es mi querido Nikon AF 50mm f/1.8 D y los puntos oscuros que se ven son algunas motas de polvo situadas en la cara interna de la pantalla de enfoque, por lo que no se pueden limpiar con facilidad (aunque en las fotografías tomadas con la EM no aparecerán).

Visor desenfocado

Imagen desenfocada. Fijaos en lo poco nítido que aparece todo, en el círculo de microprismas y, sobre todo, en la imagen partida del centro de la pantalla.

Enfocado

Cuando la imagen está correctamente enfocada el visor se ve con claridad, los microprismas desaparecen y la imagen del centro aparece de una pieza

Como os digo, lo de la pantalla de la EM me ha parecido una gran ventaja sobre las réflex digitales actuales. Es verdad que en todas las Nikon de ahora hay un punto verde que se ilumina cuando la imagen está enfocada, pero hay que reconocer que se enfoca mucho mejor con las pantallas clásicas de las réflex analógicas.

Un rápido vistazo al interior

Si abrimos la cubierta trasera de la cámara encontraremos el delicado obturador compuesto por varias laminillas metálicas así como el alojamiento para el carrete en la parte izquierda y el sistema de arrastre del mismo. Todo un mundo desconocido para aquellos que nunca han tocado una cámara analógica. De hecho, el obturador es algo que nunca podremos ver en una réflex digital a no ser que desmontemos la cámara casi al completo, pues a la altura de los rieles plateados que guían el recorrido de la película es donde se situaría el sensor de una cámara réflex actual.

Nikon EM (1979)

La verdad es que llama la atención la sobriedad de los materiales empleados en la construcción de los mecanismos de la EM. Todo es de un negro mate y no existen salientes ni bordes afilados que puedan dañar el carrete durante su arrastre. Una buena muestra de elaboración cuidada y atención a los detalles que siempre está presente en los productos japoneses.

Por cierto, me gustaría señalar que haciendo click sobre las fotografías que ilustran este artículo iréis a su correspondiente página en Flickr donde he señalado mediante notas qué es cada elemento de la cámara que se aparece en ellas.

A la espera de probarla “sobre el terreno”

Poco más os puedo contar por el momento, pues estoy esperando a que mejore un poco el tiempo y así poder irme a la calle a hacer fotos con ella. El concepto simplista de la EM me ha gustado bastante porque con treinta años a sus espaldas la cámara está casi como el día que salió de la tienda, demostrando que las cosas sencillas tienden a fallar menos que las más complejas.

Nikon EM (1979)

Cuando tenga en mi poder las primeras fotografías disparadas con la EM las colgaré por aquí y os contaré mis impresiones, pero de momento os puedo decir que me ha gustado mucho este regreso al pasado fotográfico que he sentido jugando un rato con esta cámara de hace treinta años.

Enlaces de interés (en inglés)

Nikon EM, 1979 (Photography in Malaysia)

Nikon EM (Wikipedia)

Nikon EM (Nikon.com)

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Después de 8 meses estoy escribiendo una nueva review para ultimONivel

Me gustaría comentaros que actualmente estoy redactando la review del videojuego “Emergency 4 edición oro” para ultimONivel. Una review que publicaré dentro de unos días y que estoy contento de escribir por representar una pequeña vuelta a una actividad que llevaba sin realizar desde hace ya un tiempo y que reconozco haber echado en falta alguna que otra vez.

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Todo comenzó por un error hace cosa de un mes, pues llegó un paquete a mi casa con dicho juego debido a que en la base de datos de FX Interactive tenían mi dirección postal como lugar de envío para las copias promocionales que mandan a la prensa. Lejos de reenviar el título a los responsables de la web, llamé al actual director y le comenté que me gustaría hacer la review para así recuperar un poco las sensaciones perdidas; cosa que le pareció perfecta.

Así que dicho y hecho: poco a poco empecé a jugar el título y una vez que tuve la experiencia necesaria para opinar con objetividad comencé con la redacción el pasado Viernes. La verdad es que lo he disfrutado bastante pese a ser un género (estrategia en tiempo real) en el que no me siento demasiado cómodo; pero más que por el juego en sí ha sido por el hecho de volver a experimentar cosas que creía que no volverían nunca más.

El próximo objetivo es volver a cubrir alguna presentación; pero debido a mi horario de trabajo eso está de momento un poco más complicado. Ya veremos en el futuro, pero las ganas están ahí, que es lo más importante.

¡Ya os avisaré por aquí cuando la review salga a la luz!  🙂

Fotografiando las nubes (III)

Tres ejemplos de fotografías de nubes, que es una disciplina que me encanta. Las hay algodonosas, dispersas, amenazadoras… mil y una formas para simple vapor de agua que, por los caprichos de la atmósfera, a cada uno nos evoca sensaciones diferentes. Tal vez, al igual que cada uno interpreta los sueños a su manera, la magia de las nubes resida en que para cada persona representan algo único.

Soplando las nubes

Mil nubes

Nubes apocalipticas

De acuerdo, me uno al retoque fotográfico creativo

¡Vaya tela! No sé cuántos años declarándome enemigo del retoque fotográfico y ahora, en apenas un par de semanas, empiezo a hacer fotos en RAW, descubro Adobe Lightroom y alucino con los resultados que se pueden obtener teniendo un poco de maña y paciencia.

Cierto es que si la imagen capturada originalmente no es buena no hay nada que hacer, y de ahí la importancia de la sensibilidad y los conocimientos técnicos subyacientes detrás de toda buena fotografía; pero no es menos cierto que estos programas son una herramienta alucinante para transmitir sensaciones y sentimientos a quienes se quedan mirando detenidamente las imágenes… ¿y no es eso acaso lo que busco en todo lo que hago?

A continuación cuatro ejemplos rápidos que he generado “jugando” un poco con la saturación selectiva de los colores. Otro día os doy una charla sobre el formato RAW y sus ventajas / desventajas 😉

Azul

Azul

Verde

Verde

Rojo

Rojo

Amarillo

Amarillo

No existen canciones buenas ni malas

Tengo una teoría sobre la música desde hace un montón de años: no existen en términos absolutos canciones buenas ni canciones malas. La buena música lo es para nosotros porque la asociamos con cosas agradables o experiencias pasadas muy gratificantes; del mismo modo esa misma canción que a nosotros nos parece una maravilla a muchas otras personas puede no hacerles sentir absolutamente nada.

Este sencillo razonamiento también se puede aplicar al cine, la pintura, la literatura… y es que el arte en general tiene la particularidad de que cada persona puede formarse su propia “visión mental” de lo que tiene ante si, demostrando una vez más que las verdades absolutas son algo en realidad inexistente.

Por ejemplo, ¿por qué me gusta tánto la música de Los Planetas? Pues porque llegaron a mi vida en un momento en el que su mensaje me llegó muy hondo y era justo lo que necesitaba en aquel instante. Y sé que a muchas otras personas el grupo formado por J y compañía les parece un gran bodrio; pero es que como os decía la buena música lo es para cada persona en particular.

Del mismo modo, a veces he escuchado una canción el día que me ha ocurrido algo realmente bueno y tiendo a asociar el recuerdo de aquello con esa canción, ganando por tanto muchos puntos en mi “escalafón musical”. ¿Nunca os ha pasado que una canción que antes no os decía nada se ha convertido de la noche a la mañana en una de vuestras favoritas? Pues si lo analizáis con calma seguro que al final llegáis a la conclusión de que es por algo de esto.

¿Cuál es por tanto la estrategia para encontrar buena música? Muy sencillo: escuchar tanta variedad musical como sea posible. Así tal vez algún día encontremos un grupo que no habíamos escuchado nunca antes y que podamos hacer propio y sentir cosas que nunca antes nos había proporcionado una canción.

¡Que viva la buena música! (de cada uno, claro  😉 )