La soledad del centro de salud

Siempre me llamó la atención el centro de salud de mi barrio; especialmente dos elementos: la iluminación de sus escaleras por la tarde gracias al sol que da de lleno en la cristalera y las salas de espera cuando no hay nadie en ellas. Acercarse a ese lugar después de comer garantiza unas imágenes llenas de soledad y tristeza, así que hoy me gustaría dejaros dos buenas muestras de ello:

Sala de espera sin esperas

Escalera a contraluz

Desde la sala de espera

Tubos fluorescentes iluminan una estancia repleta de rostros anónimos con la mirada perdida en el suelo esperando a que se abra esa gran puerta amarilla que preside el lugar. Sentado en el frío banco de metal observo frente a mí a una persona más o menos de mis años que mata los minutos con la ayuda de una Nintendo DS de color negro. Junto a él una pareja de mediana edad muestra una indiferencia total el uno con el otro. De no ser porque la mujer hace un rato le sacudió la chaqueta a su vecino de asiento para tratar de disimular unas arrugas en la tela cualquiera podría pensar que son unos completos desconocidos. Supongo que debe ser uno de esos matrimonios que tras muchos años se convierten en algo así como un “pacto de supervivencia”, porque puedo jurar que la comunicación era nula entre ambos.

En el banco de mi derecha se sienta un gigantón de inmensas zapatillas deportivas que no ha cambiado el gesto de su rostro desde que llegué hace ya un rato. Tiene una perilla tan recortada y tan densa que parece tatuada, pero no debe ser así porque cuando se rasca la cara se escucha el inconfundible sonido del vello recién cortado. Por cierto, si no fuera porque el grandullón mueve constantemente los pies al ritmo de la música que escupen sus auriculares blancos bien podría tratarse de una figura decorativa para dar color a la estancia.

Por ultimo, justo a mi derecha se sienta un tipo alto y delgado que respira como si fuera un búfalo y que no quita ojo a la pantalla del miniportátil en el que estoy escribiendo esto. No sé si es que le ha llamado la atención el pequeño tamaño del ordenador, mi actitud en la sala de espera o este pequeño texto que estoy escribiendo; pero sea como sea ya forma parte del mismo y retratado queda en él hasta el fin de los tiempos.

Por cierto, el siguiente en entrar a la consulta soy yo, así que voy a ir grabando esto y guardando todo el “equipo bloguero” a continuación. En cuanto llegue a casa publicaré este falso directo redactado en una sala de espera cualquiera, pero justo ahora se me viene a la cabeza la idea de que hay que ver lo que uno puede llegar a hacer para aprovechar los tiempos muertos de cada día.

En la sala de espera