Extraños especímenes oropesinos

Hace dos noches tuve la ocasión de asistir a un curioso fenómeno en el pub Roxanne de Oropesa del Mar. Fui allí con mi hermana y su novio para charlar un rato en la que sería nuestra última noche juntos por este año en la playa y nuestra sorpresa fue que en esos momentos eramos los únicos clientes en el establecimiento. Por no haber no había ni música puesta, y el dueño tras la barra veía una película con tiros y explosiones que en esos momentos estaban poniendo en La 2.

Para nosotros mejor, pues aunque la música que suelen poner en este lugar es de mi agrado a veces el volumen impide mantener una charla con tranquilidad. Lo que hicimos fue ponernos en la terraza acristalada que hay con aire acondicionado y tomarnos allí un par de coca-colas.

Cuando nos debía quedar aproximadamente un cuarto de la bebida aparecieron dos tipos ya mayorcitos (sobre treinta años) que entraron en el interior y salieron a los pocos segundos con un vaso cada uno en la mano. Por su aire misterioso y hermético los llamaremos de ahora en adelante X e Y.

La terraza estaba completamente vacía: de las ocho mesas que podría haber la única ocupada era la nuestra, y dio la casualidad de que X e Y se sentaron justo en la mesa contigua a nosotros. Tampoco es que representara ningún problema, pues no somos antisociales (más bien todo lo contrario) y nos llevamos bien con cualquier persona, pero algunos gestos de estos dos tipos nos empezaron a llamar la atención.

X e Y no cruzaban palabra alguna. Uno de ellos sacó un teléfono móvil del bolsillo y comenzó a utilizarlo. Parecía estar escribiendo un SMS o algo así, pero tras un rato de “trasteo” lo dejó sobre la mesa y éste comenzó a sonar. Lo que parecía una llamada de tantas se convirtió en un pensamiento por mi parte del estilo “debe ser que no lo quiere coger”, pero cuando pasó cerca de un minuto y el móvil seguía escupiendo notas de estilo pop indie a todo volumen por su altavoz ya empezamos a mirarnos entre nosotros tres buscando algún gesto de extrañeza; cosa que encontré tanto en la cara de mi hermana como en la de Joe.

A todo esto, X e Y seguían sin pronunciar palabra alguna en una actitud bastante surrealista. Fumaban sus cigarros, bebían de sus vasos sorbo a sorbo y movían la cabeza al ritmo de la música que ellos mismos se habían encargado de poner en un aparato que chirriaba como una vagoneta vieja. Sus miradas estaban dirigidas a puntos indefinidos del infinito y la verdad es que a mí me parecían más bien un par de autómatas sin rastro alguno de emociones humanas.

Pues bien, asumiendo que la cosa iba para largo, lo que hicimos en ese momento fue terminar nuestras bebidas a toda velocidad e irnos del local, pues el estridente sonido de aquel móvil estaba empezando a taladrar nuestros tímpanos. Joe tiene la teoría de que X e Y nos querían echar del Roxanne sin miramientos de ningún tipo; mi hermana piensa que eran unos poperos culturetas que no pueden estar en un sitio sin escuchar música ensimismados; y yo creo que aunque puede ser una mezcla de ambas cosas, principalmente es un problema de educación.

En fin, otro espécimen extraño que uno de vez en cuando se va encontrando por la vida. Nunca dejarán de sorprenderme las cosas que hacen algunas personas…