Un ejemplo práctico sobre el uso del flash de relleno

Pese a que lo del empleo del flash para evitar sombras y contraluces es algo que ya os comenté hace tiempo, me gustaría hoy retomar el tema porque considero que es algo útil e interesante al mismo tiempo. Hay quien cree que el flash sólo tiene utilidad cuando no tenemos luz ambiental, pero en realidad incluso a pleno sol podemos sacarle mucho partido.

Amanecer en la playa

Midiendo la luz

Cuando pulsamos el disparador hasta la mitad, la cámara mide la luz en el encuadre y ajusta la exposición en consecuencia para captar una fotografía que guarde cierto equilibrio entre las zonas más brillantes y más oscuras de la misma. Esta medición se realiza muestreando en un determinado número de puntos la imagen que entra a través del objetivo y dando más importancia a unos puntos u otros en función del modo de medición elegido (éste es un tema del que trataré dentro de poco en un artículo específico).

En el caso concreto que hoy nos ocupa (contraluz y medición matricial) vamos a ver que la cámara expone para no quemar las zonas más brillantes dando lugar a que las zonas en sombras queden casi completamente negras. Hay que tener presente que si una escena excede el rango dinámico que puede abarcar nuestra cámara no nos quedará más remedio que sacrificar las zonas más brillantes o más oscuras porque los dos extremos no los vamos a poder abarcar en la misma toma (a no ser que hagamos un HDR; pero eso es otra historia).

Carreteras

Puesto que por el modo de funcionamiento de los sensores digitales estos tienden a saturarse antes que la clásica película analógica en carrete, las cámaras actuales tienden a ser conservadoras en lo que a exposición se refiere y “en caso de duda” prefieren subexponer antes que sobreexponer. Es decir, que en caso de mezcla de zonas brillantes y oscuras, por defecto se tenderá a una cierta subexposición que evite la pérdida de datos en las zonas más claras.

Un ejemplo práctico

En la siguiente imagen podréis ver de un vistazo cómo la cámara ha expuesto la fotografía de tal modo que, efectivamente, el cielo no se ha quemado pero el sujeto principal es poco más que una silueta en medio del encuadre.

¿Que podemos hacer para solucionar esto? Pues o bien medimos de forma puntual sobre el sujeto que queremos retratar o bien mantenemos la medición matricial pero compensamos la exposición de forma positiva para aclarar en general toda la imagen. En ambos casos el cielo quedará irremediablemente quemado porque su luminosidad es mucho mayor que la del sujeto principal y si exponemos en base a él el cielo se abrasará; pero es que ya os dije antes que en estas circunstancias no nos queda más remedio que sacrificar por uno de los dos lados del histograma.

Llegados a este punto me gustaría recordaros que al final la luz es lo más importante a la hora de hacer una fotografía y que de ella va a depender el 99% del resultado final que obtengamos.

La solución más sencilla

Sin embargo, hay otra solución que nos va a permitir obtener una exposición correcta sin sacrificar nada: iluminar el sujeto principal de tal modo que la diferencia de luminosidad entre él y el fondo no sea tan grande; y para ello nada mejor que emplear un flash forzándolo a saltar pese a haber iluminación ambiental suficiente mediante la función llamada “flash de relleno”.

De hecho, a continuación tenéis el resultado de emplear el sencillo flash integrado que posee mi D300 y que ha logrado que el cielo no esté quemado y al mismo tiempo que mi hermana sea algo más que una silueta recortada sobre el cielo de Oropesa.

La traviesa funambulista

La diferencia es que ahora gracias al “flashazo” el primer plano y el fondo tienen una luminosidad similar, por lo que el rango dinámico de la cámara puede captar perfectamente todos los detalles sin dar lugar en la imagen zonas quemadas o completamente negras. Es decir, que hemos reducido la diferencia de luminosidad entre las zonas más brillantes y más oscuras de la escena a capturar.

No hace falta que os diga (aunque ya lo comenté en su momento) que con el minúsculo flash de una compacta no vais a poder iluminar el Empire State Building; pero para personas u objetos situados a un par de metros como mucho puede ser un recurso más que suficiente para salvar una foto que de otro modo desecharíamos sin ningún tipo de miramiento.

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

“D-lighting” y “Active D-Lighting”

Hay un sistema en las réflex Nikon llamado D-lighting (en Canon también existe en multitud de modelos bajo las denominaciones de Highlight Tone Priority y Automatic Lighting Optimizer) cuyo funcionamiento a grandes rasgos me gustaría comentaros hoy al ver que se trata de una tecnología que suscita bastantes dudas entre los usuarios después de ver algunos comentarios al respecto en este blog y numerosas consultas sobre este asunto en varios foros de fotografía.

Amanece (que no es poco)

¿Qué es el D-Lighting?

El D-lighting es un sistema que intenta expandir el rango dinámico de la cámara mediante el procesado de los datos del sensor una vez disparada la fotografía. Es decir, no se trata de un interruptor mágico que de repente mejora las prestaciones del sensor de la cámara; sino de una función implementada por software que, por tanto, podríamos realizar posteriormente “a mano” mediante un programa de revelado como Capture NX o Adobe Lightroom.

El truco del D-lighting consiste en oscurecer ligeramente las zonas más claras de la fotografía y aclarar un poco las zonas más oscuras de la misma tratando de evitar así los picos en los extremos del histograma; algo que, como os digo, no es nada que no podáis hacer en un ordenador mediante el postprocesado de la imagen.

La magia de la luz

El D-Lighting está presente en toda la gama de cámaras Nikon y lo habitual es emplearlo en imágenes captadas en formato RAW aprovechando que en dicho formato se captan más datos de los que el ojo es capaz de apreciar a simple vista, no siendo capaz de sacar mucho partido de las imágenes en JPG. Sin embargo, hay una pequeña contradicción en esto, ya que si disparamos en RAW el procesado lo haremos en nuestro ordenador una vez que estemos de regreso en casa y no tendremos ninguna necesidad de retocar las fotografías directamente en la cámara. Es más, si lo aplicamos a una imagen disparada en RAW, dicho archivo no se modificará sino que obtendremos una imagen JPG resultante del RAW procesado internamente.

¿Y el Active D-Lighting?

En las cámaras Nikon de gama media y alta, además del D-Lighting del que hablábamos anteriormente, también tenemos disponible la opción de emplear el Active D-Lighting (también denominado ADR; de Adaptative Dinamic Range) que se aplica directamente a la fotografía durante la toma de la misma en caso de que tengamos activada dicha función.

Sol y nubes

La diferencia en este caso es que parte del proceso del Active D-Lighting tiene lugar antes del disparo, ya que a grandes rasgos lo que se hace es subexponer ligeramente la imagen para así evitar quemar los tonos más claros y una vez que los datos están en la memoria de la cámara aclarar los tonos más oscuros para codificar finalmente la imagen en formato JPG y así evitar que esta quede demasiado apagada.

De hecho, para el buen funcionamiento del Active D-Lighting se recomienda emplear el modo de medición matricial, ya que al estar programado para funcionar sobre escenas con una iluminación global más o menos uniforme, no dará muy buenos resultados en caso de que hagamos una medición puntual sobre alguna de las zonas de luz de la escena (una bombilla, un claro en el cielo…).

De todos modos volvemos a lo de antes; y es que si disparamos en RAW podemos hacer esto mismo “a mano” si aplicamos a la exposición una pequeña compensación negativa para asegurarnos de no saturar los tonos más cercanos al blanco y luego en postproceso aclaramos ligeramente los tonos más oscuros.

D-Lighting, Active D-Lighting y el formato RAW

Aunque podemos emplear D-Lighting y Active D-Lighting disparando tanto en JPG como en RAW, si empleamos el formato RAW es una pérdida de tiempo utilizar cualquiera de los dos porque eso mismo lo podemos hacer en nuestro ordenador de una manera mucho más potente, precisa y personalizable como os decía anteriormente.

Hielo (26/12/2010)

El Active D-Lighting nos será de utilidad si disparamos en formato JPG, ya que en este caso lo habitual es emplear las imágenes según salen de la cámara sin ningún tipo de retoque posterior (es lo que se suele hacer en fotoperiodismo, donde segundos después de hacer la fotografía esta ya va de camino a la agencia gracias a la magia de los transmisores inalámbricos). Si lo empleamos con el formato RAW lo único que vamos a conseguir es una cierta subexposición dado que el aclarado posterior de los tonos oscuros de la imagen no queda reflejado en los datos de la imagen “en bruto” (que es lo que se graba en la tarjeta de memoria) y al final lo que vamos a lograr es una imagen ligeramente más oscura que si no empleáramos esta ayuda.

Por tanto, si disparáis exclusivamente en RAW (como yo) os recomiendo que desactivéis el Active D-Lighting y cualquier ajuste de la imagen lo hagáis íntegramente en vuestro ordenador empleando para ello el software adecuado. Sin embargo, disparando en JPG sí que es recomendable activar dicha ayuda en la cámara porque alguna vez nos puede salvar de quemar irremediablemente alguna zona amplia de la imagen. En cuanto al D-Lighting “a secas” la verdad es que disparando en RAW no le veo ninguna utilidad si empleamos un buen software de tratamiento de imágenes.

El trasluz del amanecer
La importancia de saber para qué sirven las cosas
Como os decía hace unos párrafos, lo que hace el D-lighting no es aumentar las prestaciones del sensor; sino “comprimir” el histograma de la fotografía de tal modo que no sobrepase los límites marcados por este vital componente de la cámara y evitando así en la medida de lo posible que tengamos zonas quemadas o totalmente a oscuras.

Lo que estos dos sistemas de ayuda que hemos visto hoy nos dan es, por tanto, un poco más de flexibilidad a la hora de enfrentarnos a escenas con fuertes contrastes lumínicos, pero no hay que hacer uso de ellos por sistema y sobre todo hay que ser conscientes de que no son útiles en todas las situaciones.

La calle Mayor

Habrá que hacer en este caso la misma observación que aparece en los manuales de los coches equipados con sistemas de control de tracción y que dice: “Advertencia: el ESP no cambia las leyes de la física”, porque al final las limitaciones de nuestro equipo fotográfico siempre están ahí y hay que tenerlas muy presentes.

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

El derecheo del histograma

Aunque esto que os voy a contar hoy no es nada nuevo (las primeras referencias al tema aparecen en 2004) la técnica del derecheo del histograma me resulta especialmente interesante por ser algo que aúna mi afición por la fotografía con los conocimientos técnicos de electrónica que adquirí en la carrera de ingeniería técnica industrial.

De hecho, hay abundante información sobre este asunto en diversos lugares de Internet, siendo el origen de esto un artículo publicado en la web The Luminous Landscape titulado Expose (to the) right, que abreviadamente se conoce pos sus siglas ETTR. A partir de ahí diversas webs y foros se han ido haciendo eco del tema, tanto en inglés como en castellano; por lo que mi contribución al asunto, como os decía, no es novedosa aunque sí que pretendo simplificar un poco las cosas para demostraros una vez más que en fotografía hay muchos modos de captar lo que nos rodea y ninguno es mejor o peor que el resto en términos universales. Cada metodología tiene sus ventajas e inconvenientes; eso es todo.

Luis en multiángulo

Eso sí, me gustaría dejar claro desde el principio que esta técnica no es demasiado útil en la mayoría de situaciones, y su empleo es más como “cosa curiosa” o algo instructivo que como un concepto realmente práctico. Desde luego, a mí no se me ocurriría ponerme a derechear cuando estoy en algún sitio haciendo fotos a todo lo que me llama la atención o en circunstancias de disparo complicadas como iluminación cambiante, sujetos en movimiento…

En general, el exposímetro de la cámara (encargado de medir la luz de la escena) hace en la mayoría de las ocasiones un trabajo estupendo y podemos confiar tranquilamente en que el cálculo de la exposición va a ser el más adecuado para lo que pretendemos fotografiar; pero si un día tenéis tiempo y ganas de aprender, ponerse a trastear con esto del derecheo del histograma puede ser un buen modo de ampliar vuestra “cultura fotográfica”.

Por lo tanto, aunque me temo que el artículo va a ser largo y bastante teórico, me voy a centrar en contar la teoría del derecheo del histograma con un lenguaje claro y conciso que os haga ver que aunque se base en una serie de principios bastante técnicos, en realidad se trata de algo muy sencillo de entender.

Recordando lo que es un histograma

Antes de meternos “en faena” es conveniente tener claro lo que es un histograma. Para profundizar en el tema podéis echarle un vistazo a la entrada que publiqué hace un par de meses en la que os hablaba de su enorme utilidad; pero para resumirlo un poco se puede decir que el histograma consiste en una representación gráfica de los valores de luminosidad que toman los pixels de una fotografía distribuidos de tal modo que a la derecha estará el blanco puro (RGB = 100% 100% 100%) y a la izquierda el negro (RGB = 0% 0% 0%).

Histograma habitual de una fotografía cualquiera

Por tanto, la utilidad del histograma es que nos permite conocer de un vistazo y sin depender de ningún tipo de calibración del monitor o condiciones de iluminación exterior la exposición de la fotografía que acabamos de hacer. Un pequeño detalle que representa una de las mayores ventajas a la hora de hacer fotografías con una cámara digital frente a una analógica.

Sensor digital vs. película analógica

Aunque el funcionamiento de una cámara digital se basa en los mismos principios básicos por los que se rigen las cámaras de película analógica desde hace varias décadas, hay una diferencia fundamental, que es el comportamiento de ambos componentes frente a la luz captada.

· Película analógica:

Werlisa club 35

En el caso del carrete se puede sobreexponer ligeramente el negativo porque antes de llegar a la saturación del mismo hay una zona en la que el comportamiento ante la luz captada deja de ser lineal para pasar a ser casi asintótico; es decir, que hay que pasarse bastante de exposición para llegar a saturar por completo la película, y gracias a ello cuesta alcanzar ese “punto de no retorno” más allá del cual habremos incurrido en el mayor pecado que se puede cometer en fotografía: perder información durante la captura. Digamos que con una luminosidad media el comportamiento del negativo es más o menos lineal; pero a partir de cierto punto presenta una cierta resistencia a la saturación que es la que nos va a permitir esa ligera sobreexposición sin arriesgar la integridad de la imagen.

· Sensor digital:

Puesto que los sensores digitales en esencia no son más que un ADC (conversor analógico-digital) estos van a reaccionar de forma completamente lineal ante la luz hasta llegar sin previo aviso al punto de su saturación que, como vimos en la entrada que hablaba sobre zonas quemadas en una imagen, no es más que aquella situación en la que el sensor no es capaz de almacenar más información en al menos uno de los tres canales correspondientes a los colores fundamentales en fotografía (rojo, verde y azul).

Es decir, que mientras estemos dentro del rango de funcionamiento del sensor, una señal el doble de luminosa que otra dará una señal digital proporcional a su salida; pero si la señal de entrada sobrepasa el valor máximo admisible, la señal digital tomará el valor máximo posible dando lugar al temido blanco puro que indica que hemos quemado una zona de la fotografía. Esto es algo que comprenderéis a la perfección viendo la siguiente gráfica.

Función de transferencia de un ADC de 12 bits. En función del valor de la señal continua de entrada, a la salida tenemos un valor digital concreto. Vref marca el punto de saturación a partir del cual la señal de salida será siempre la misma originando la pérdida de datos.

Para entender todo esto mejor, vamos a suponer que tenemos una cámara digital capaz de captar con detalle siete pasos de diafragma (un paso de diafragma, también denominado EV, significa un cambio del doble o la mitad en la cantidad de luz capturada). Esto se traduce en que entre las áreas más oscuras y más claras de la fotografía va a haber como máximo una diferencia de luminosidad de 2⁷, lo que significa que las zonas más claras pueden llegar a serlo 128 veces más que las más oscuras. Es algo que se puede explicar de un modo mucho más técnico; pero vamos a tratar de hacerlo de forma sencilla y asequible.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que el sensor va a ser capaz de capturar los detalles de la iluminación con una profundidad de 12 bits. La cámara internamente trabaja a 12 o 14 bits; pero lo normal es que el RAW se grabe a 12 bits en las cámaras más habituales y a 14 bits en las cámaras profesionales. Por supuesto, si grabamos las imágenes directamente en formato JPG sólo tendremos 8 bits de resolución; pero es que para aplicar la técnica del derecheo del histograma es absolutamente imprescindible trabajar en formato RAW para garantizar la integridad de los datos que estamos capturando.

Pues bien, esos 12 bits en los que ha sido codificada la información del fichero RAW nos va a dar un total de 2¹² = 4096 niveles diferentes a la hora de digitalizar los datos capturados. Ahora bien, por su funcionamiento interno, la electrónica encargada de estas tareas no se va a limitar a repartir esos 4096 niveles equitativamente entre los siete diafragmas; sino que lo hará de tal modo que al diafragma más claro le asignará 2048 (la mitad de todos los niveles disponibles), al siguiente 1024, al siguiente 512… y así sucesivamente hasta que al séptimo diafragma (el correspondiente a los tonos más oscuros) se le van a asignar tan sólo 32 niveles.

Por lo tanto, queda claro que en los tonos más claros de la imagen se va a almacenar mayor cantidad de información, y es por esto por lo que, en general, con una cámara digital vamos a poder recuperar datos de las zonas más claras de la fotografía siempre que disparemos en formato RAW. De hecho, en el caso de que tengamos una imagen ligeramente sobreexpuesta, siempre que no hayamos abrasado por completo alguna zona, vamos a poder ajustar los niveles de tal modo que vamos a obtener al final una imagen correctamente expuesta. Sin embargo, en el caso de una acusada subexposición, el aclarado de las zonas en sombra va a resultar en una generación de ruido considerable debido a la falta de detalle en esos tonos más oscuros tal y como vamos a ver a continuación.

¿De dónde proviene el ruido de una fotografía digital?

El ruido que os comento presente en las zonas más oscuras de las fotografías viene dado porque al haber un rango menor de niveles con los que digitalizar la luz que le llega al sensor, la conversión no es tan fina como debería y da lugar a imperfecciones que no aparecen cuando nos manejamos con muchos más niveles disponibles como sucede en los tonos más claros.

De hecho, los pixels de colores que aparecen como ruido en una fotografía no son otra cosa que puntos con valores pseudoaleatorios de luminosidad debido a que no se ha digitalizado correctamente la cantidad de luz que ha llegado hasta los fotocaptores del sensor. Algo que podemos ver claramente en la siguiente captura de una zona oscura de una fotografía subexpuesta cuya exposición he incrementado cuatro pasos en Adobe Lightroom:

Subexposición aclarada por software cuatro pasos

Sin embargo, puesto que al capturar los tonos más claros en una imagen la precisión es mayor, al aclarar los tonos esos mismos cuatro pasos en un RAW correctamente expuesto nos vamos a encontrar con una ausencia de ruido casi total como muestran las dos imágenes siguientes que corresponden a zonas de la fotografía que eran de color negro antes del incremento:

Exposición correcta aclarada por software cuatro pasos

Exposición correcta aclarada por software cuatro pasos

Para poner un ejemplo relacionado con cosas tangibles, imaginad que tenéis que clasificar a la población de una ciudad en función de su edad: si sólo tenéis posibilidad de hacerlo en tres grupos tendréis gente de muy diversos años dentro de un mismo grupo (ruido) mientras que si podéis clasificarlos en quince tramos de edades diferentes, dentro de cada grupo todo será mucho más homogéneo. Pues más o menos esto es lo que provoca el ruido en los tonos oscuros de las fotografías y la ausencia del mismo en las zonas más claras.

Obviamente, al subir la sensibilidad ISO de la cámara los errores al digitalizar la señal analógica se van a amplificar y por eso empeora la relación señal / ruido. Por lo tanto, debemos tener especial cuidado en obtener una imagen inicial correctamente expuesta en caso de disparar con una sensibilidad elevada tal y como vimos en la entrada que hablaba de este delicado tema.

Derecheando el histograma

Como os decía al hablar del histograma, los tonos claros se representan en la parte derecha del mismo y los oscuros a la izquierda. Por tanto, ya os estaréis imaginando que el concepto de derechear consiste en tratar de aclarar la imagen lo máximo posible (el histograma se cargará hacia la parte derecha) pero siempre sin llegar a quemarla para así disponer de la máxima información posible a la hora de capturar los colores.

De hecho, la técnica no es más que eso; aunque la forma de lograrlo va a variar considerablemente en función del tipo de iluminación de lo que queramos fotografiar. En este caso nos vamos a centrar en escenas en las que no haya variaciones demasiado grandes de iluminación, de modo que el histograma resultante sea más o menos estrecho; pues en caso de fuertes contrastes, aunque midamos en las luces más altas, los tonos oscuros se nos van a ir irremediablemente a la parte izquierda y tendremos poco margen para la modificación posterior de los niveles. Un ejemplo de estas escenas con zonas muy claras y muy oscuras al mismo tiempo es la imagen que tenéis a continuación, donde la nieve es prácticamente blanca y la ropa de mi hermano es negra casi por completo dando lugar a un histograma muy amplio.

Jump! (they say)

En la gran mayoría de las situaciones, la cámara va a exponer por defecto de tal modo que el histograma va a quedar más o menos centrado en la pantalla, así que para derechear el histograma lo que debemos hacer es compensar esta exposición positivamente de tal modo que la imagen resultante quede más clara de lo habitual pero sin llegar a quemarla. La teoría original dice que el procedimiento a emplear consiste en emplear medición puntual, medir en las luces más altas de la escena (la zona más clara) y a continuación compensar la exposición positivamente dos pasos, lo que en teoría hará que esta zona se quede justo al borde del quemado pero sin llegar a él.

Lo que pasa es que este método es demasiado rígido y además varía en cada cámara y para cada escena; por lo que debemos ser flexibles y compensar más o menos en función de los resultados que vayamos obteniendo. En todo caso, puesto que perseguimos ajustar el histograma a la parte derecha de la gráfica (pero sin llegar a tocar dicho extremo) también podemos disparar en modo manual hasta obtener el resultado deseado. Es decir, que no hay por qué cegarse en emplear medición puntual y poner la compensación en +2; sino que debemos ser flexibles y adaptarnos a las limitaciones de nuestro equipo y a las condiciones de iluminación existentes. Como de costumbre, lo mejor es ir probando para ver qué es lo que mejor se adapta a nuestra forma de trabajar, y de ahí la importancia de practicar mucho “sobre el terreno”.

Un ejemplo práctico

Hace unos días estuve por los márgenes del río Henares a su paso por el barrio de Nueva Alcalá tratando de obtener un ejemplo claro que me sirviera para ilustrar esta técnica que hoy os comento, de modo que me armé de paciencia y busqué un lugar que me permitiera captar una escena que diera lugar a un histograma lo suficientemente derecheado como para demostraros todo lo que esconde una fotografía en apariencia inservible. Por cierto, aprovecho para comentaros que haciendo click en las fotografías podéis acceder a una versión a más resolución de las mismas y así apreciar mejor los detalles de las mismas.

Histograma correspondiente a la imagen original, donde se puede ver que la mayor parte de los pixels están en la parte derecha del mismo pero sin llegar a saturar ninguna zona

Como podéis apreciar a simple vista, la fotografía está claramente sobreexpuesta y en condiciones normales se iría directamente a la papelera. Lo que ocurre es que mirando con detenimiento su histograma veréis que no existen zonas quemadas, por lo que podemos considerar que el derecheo ha sido correctamente llevado a cabo. Lo que debemos hacer entonces es cargar esta imagen RAW en nuestro revelador favorito (Capture NX, Adoble Lightroom, Photoshop + ACR…) y ajustar los niveles de exposición, brillo, contraste, intensidad, etc para obtener una imagen con una rica variedad cromática.

Modificando los niveles del RAW anterior hemos conseguido "estirar" el histograma hasta ocupar la totalidad de la gráfica, dando lugar a una imagen con una gran riqueza cromática

Si os fijáis en la imagen una vez ajustada veréis que además de haber obtenido una tonalidad y un colorido muy semejantes a los que nos hubiera dado la cámara empleando el valor por defecto usando la medida del exposímetro integrado, en las zonas más oscuras hay una ausencia de ruido total debido a que en la imagen anterior esas zonas no eran negras; sino de unos tonos medios que se guardaron con más precisión debido a lo que comentábamos anteriormente sobre la forma de trabajar de los conversores ADC.

De hecho, en la riqueza cromática no va a haber una gran diferencia en comparación con una exposición calculada de forma automática por la cámara, estando la única ventaja del derecheo en la disminución del ruido en las zonas oscuras de la fotografía.

Para ilustrar con otro ejemplo todo esto aquí tenéis una captura tomada directamente de Adobe Lightroom (haciendo click sobre ella podréis verla a su resolución nativa) para que veáis la gran diferencia entre la imagen original en la parte izquierda y la resultante tras unos minutos de ajuste de parámetros y niveles. Como veis, lo que en un principio parece una fotografía sobreexpuesta y carente de detalle, en realidad esconde dentro de ella una riqueza cromática que podremos aprovechar si disparamos en RAW y sabemos manejar mínimamente nuestro programa de edición digital.

Conclusiones

Una vez repasado y asimilado todo el proceso del derecheo del histograma he de advertiros que el resultado final después de ajustar el RAW original no es muy diferente al que obtendríamos mediante la exposición normal calculada por la propia cámara, y por eso os decía que esta técnica, aunque curiosa y resultona, no acaba de ser una opción viable para emplear continuamente en nuestras fotografías: aparte de correr el riesgo de quemar sin remedio las luces más altas de la escena, el nivel de compensación necesario para derechear el histograma correctamente variará considerablemente entre unas escenas y otras, de modo que el único modo de hacerlo bien será a base de tiempo, pruebas y errores. Un trío que no siempre podemos permitirnos a la hora de salir a hacer fotos.

Ramas desnudas

No obstante, sí que es cierto que comprendiendo bien las bases en las que se basa la técnica del derecheo habremos aprendido conceptos sobre la captura digital de imágenes de los que no se suele hablar demasiado. Ya sabéis que siempre he pensado que conocer bien nuestro equipo nos ayudará a conseguir mejores imágenes; y esto que hemos visto hoy no es otra cosa que una incursión más o menos profunda en el funcionamiento interno de una cámara digital.

De cualquier modo, si queréis extraer una conclusión práctica de este largo artículo, esta podría ser que entre subexponer y sobreexponer es mejor la segunda opción; pero siempre teniendo cuidado en no llegar a quemar nada. Luego todo es cuestión de postproceso.

Más información

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Dos formas distintas de fotografiar el atardecer

Ya os he dicho en alguna ocasión que el atardecer es mi momento favorito para hacer fotografías. El amanecer es igual de bello (a veces incluso más), pero por lo general tiene lugar a unas horas en las que no estamos demasiado creativos que digamos. De hecho, entre semana siempre me pilla en el coche yendo a trabajar, y muchas veces maldigo el no tener la posibilidad de aparcar en el arcén de la carretera, coger la cámara y ponerme a inmortalizar esos momentos.

Atardecer en Alcalá

En todo caso siempre tenemos la posiblidad de irnos de excursión con la cámara a última hora de la tarde y aprovechar esos rayos de sol de color naranja que alargan las sombras y dan una tonalidad muy especial a todo lo que tocan. Y el caso es que gracias al juego que nos da esta iluminación tan peculiar, tenemos dos posibilidades para este tipo de fotografías:

Disparar con el sol a nuestra espalda (o a un lateral)

De este modo sacaremos los edificios y los rincones que queramos retratar con una luz suave y que resalta los relieves de todo lo que toca. También es una buena forma de iluminar el rostro de alguien al que queramos hacer un retrato, ya que saldrá bastante favorecido y no se verá obligado a salir con los ojos medio cerrados como ocurre con las fotografías hechas con luz solar intensa. En estas situaciones (los retratos) un objetivo con una apertura generosa o un teleobjetivo es muy recomendable para desenfocar los fondos.

Atardecer invernal (II)

Disparar con el sol de frente

Esta posibilidad es la que más me gusta, pues permite hacer unos contraluces que pueden llegar a quedar muy bien manteniendo una velocidad de disparo bastante alta, lo que evitará trepidaciones en las fotos.

Faroles al atardecer

En este tipo de fotografías lo más importante es medir la luz de forma puntual en el cielo de tal modo que éste aparezca correctamente expuesto al tiempo que lo que tenemos a contraluz se muestra de un negro riguroso. Si medimos la luz en los edificios o empleamos medición matricial (que promedia toda la escena) lo que vamos a obtener es una imagen en la que las paredes se verán con algo de detalle pero el cielo no será más que una enorme zona de la fotografía completamente quemada.

Obviamente luego cada uno tendrá sus manías y su propio concepto de entender la fotografía; pero lo que hoy he querido mostraros son mis dos formas de afrontar los atardeceres cuando estoy detrás de la cámara. Si os sirve para daros alguna idea la próxima vez que salgáis a la calle con la cámara justo antes de que se oculte el sol, yo me daré por satisfecho.

¡Felices fotos!

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

¿Qué significa que una fotografía digital está quemada?

Seguro que más de una vez habéis escuchado (ya sea comentando alguna fotografía con alguien o leyendo algún foro sobre el tema) que “el cielo de tal o cual foto está quemado” o que “se han quemado las luces altas”. Si al escuchar expresiones como estas os quedáis con cara de no saber de qué va el tema voy a intentar explicaros con brevedad y concisión qué es lo que ha ocurrido.

¿Cómo se representan los colores en una fotografía digital?

Cualquier color del espectro visible se puede obtener mediante una combinación de los colores primarios (rojo, verde y azul; más comúnmente expresados con sus iniciales en inglés RGB). La cantidad de cada uno de estos tres colores se puede representar de diversos modos, pero para no liar más las cosas vamos a trabajar en porcentajes, que es como expresa estos parámetros el fantástico Adobe Lightroom 2.

paleta

Comenzaremos observando que los tonos primarios vendrán dados por su correspondiente valor RGB al 100% y el resto al 0%. El rojo será RGB=100%, 0%, 0% (a partir de ahora obviaré los símbolos de porcentaje, ¿OK?  😉 ), el verde será RGB=0, 100, 0 y el azul será RGB= 0, 0, 100. Como veis, estos tres valores son una especie de “paleta virtual” en la que podemos mezclar los tonos primarios que conforman los píxeles de cualquier monitor tal y como comenté en una entrada de hace ya unos meses.

Recordaréis que en el colegio nos enseñaron que el negro es la ausencia de color, por lo que este tono se representará con los colores RGB=0, 0, 0. Del mismo modo, el color blanco puro no es otra cosa que la mezcla de los tres colores primarios a su máximo valor; algo que expresaremos como RGB=100, 100, 100. Por otra parte, los tonos grises vendrán dados por valores idénticos de los tonos primarios (RGB=20, 20, 20 para un gris oscuro, RGB=75, 75, 75 para otro mucho más claro…).

Pues bien, ya os estaréis imaginando cómo funciona todo el invento de representar los colores: otorgando un valor entre 0 y 100 a cada uno de los tres colores primarios, así que vamos a ver cómo nos afecta todo eso a la hora de hacer una fotografía digital.

El rango dinámico

Las cámaras digitales tienen una limitación a la hora de representar una escena compuesta por luces y sombras llamada rango dinámico. El rango dinámico no es otra cosa que la máxima diferencia que la cámara puede captar entre la zona más oscura de una fotografía y la más clara. Esa diferencia, por lo general, es más grande cuanto más alto es el escalón que la cámara ocupa en la gama del fabricante; pero a rasgos generales se puede decir que las cámaras réflex tienen un rango dinámico bastante más alto que las compactas y las bridge por el tamaño y la calidad de los sensores que emplean.

Un rango dinámico elevado nos va a permitir, por ejemplo, realizar un retrato de alguien que está situado en la sombra sin que el cielo se quede completamente blanco o sacar un cielo lleno de nubes sin que el suelo quede demasiado oscuro. Sin embargo, esa misma situación en una cámara con escaso rango dinámico va a hacer que en cuanto haya una cierta diferencia de iluminación entre el sujeto y el fondo tengamos que elegir entre sacar oscuro al retratado y correctamente expuesto el fondo o conseguir un rostro correctamente iluminado y un fondo “quemado” (ya tenemos aquí la famosa palabrita).

Luces, sombras y barrotes

En esta fotografía hay luces y sombras; pero no hay zonas quemadas porque la diferencia entre unas y otras no es demasiado elevada. No hemos excedido el rango dinámico de la cámara.

¿Pero lo que se quema no queda negro?

Bueno, un bosque o una pila de papel sí; pero en el caso de la fotografía, lo que queremos decir cuando una zona se nos ha quemado es que hemos llegado al límite superior de los canales RGB (100, 100, 100); algo que se puede ver echando un vistazo al histograma de la imagen tanto en la propia cámara como en nuestro programa de retoque digital favorito porque cuanto más alta es la barra pegada al límite derecho del mismo más píxels “quemados” habrá en la imagen. Es lo mismo que sucede cuando estamos grabando un sonido y excedemos la capacidad de captación del micrófono porque estamos hablando demasiado alto: perdemos información al estar saturando el sensor.

Si nuestra zona completamente blanca no lo fuera tanto (imaginad por ejemplo que en vez de 100, 100 ,100 fuera 99.5, 98.7, 99.8) tendríamos toda la información necesaria de los tres canales y podríamos tratarla con los algoritmos de nuestro programa de retoque fotográfico habitual; pero en el momento que los tres datos están al 100% (también perderemos información si saturamos tan sólo uno de los tres, pero vamos a suponer que los saturamos todos) sólo sabemos que la luz en esa zona era excesiva para el sensor de la cámara y hemos excedido su límite; pero puede ser por sólo un poquito o porque en esa zona de la fotografía brillaba una luz más potente que la del sol. Precisamente por eso decimos que hemos perdido información y es imposible saber la intensidad de la luz en ese punto. Vamos a verlo con un ejemplo:

NOTA: podéis hacer click sobre las imágenes de ejemplo para que se abran a su tamaño original en una nueva ventana/pestaña y así poder los detalles que os comento al pie de las mismas.

Fotografía en la que buena parte del cielo se ha quemado. Fijáos en el histograma de la derecha y en los valores medidos sobre la zona más brillante del cielo: los tres canales RGB están al 100%

Fotografía en la que buena parte del cielo se ha quemado. Fijaos en el histograma de la derecha y en los valores medidos sobre la zona más brillante del cielo: los tres canales RGB están al 100%

Mal remedio tiene una zona completamente quemada a la hora de corregir niveles en una fotografía digital (y en este punto aprovecho las bondades de disparar en RAW para este tipo de labores). Se podrá oscurecer, pero como no sabemos el porcentaje de cada color que había originalmente, ese blanco puro se convertirá en un tono de gris más oscuro cuanto más rebajemos la luminosidad; pero claro, tal vez en la escena original esa luz no era gris sino que tenía una cierta componente azulada que nos hemos cargado al saturar los tres canales del sensor.

Fijaós en que al oscurecer la fotografía en general, las partes completamente quemadas del cielo siguen igual de blancas (las nubes) y el azul ha quedado de un tono muy extraño (señal de que el canal de ese tono estaba saturado)

Fijaós en que al oscurecer la fotografía en general, las nubes (que estaban completamente quemadas) siguen igual de blancas en algunas zonas y lo que era azul claro ha quedado de un color muy poco natural (señal de que el canal de ese tono estaba saturado)

Cómo evitar “el incendio”

A la hora de hacer una fotografía es importante darse cuenta de los contrastes de luz que hay en la escena. Si toda la imagen está uniformemente iluminada (aunque sea con gran intensidad) no habrá problema, pues sólo tendremos que ajustar los parámetros del disparo para que no llegue demasiada luz hasta el sensor ya sea cerrando el diafragma, reduciendo el tiempo de exposición…

Del mismo modo, si la iluminación es uniforme pero escasa tendremos que utilizar los recursos que tenemos a mano para conseguir que la fotografía quede correctamente expuesta (abrir el diafragma lo máximo posible, aumentar la sensibilidad ISO, incrementar el tiempo de exposición…).

El problema es que ambas situaciones son completamente contrapuestas, por lo que en caso de una escena con zonas muy iluminadas y otras a la sombra vamos a tener que elegir un compromiso entre los dos casos antes vistos si no queremos arruinar la imagen. No siempre es sencillo; y puestos a elegir es mejor medir la luz en las zonas más brillantes (aquí sería útil emplear el modo de medición puntual) quedando las sombras demasiado oscuras antes que exponer correctamente las sombras quedando las luces completamente “quemadas”. Si conseguimos que en la fotografía no haya ninguna zona en el límite del 100% podremos subir y bajar la exposición de tal modo que todos los tonos quedarán equilibrados; no como en el caso del ejemplo que vimos anteriormente.

Fotografía sin zonas quemadas. La exposición ha quedado equilibrada entre las zonas de luces y de sombras.

Fotografía sin zonas quemadas. La exposición ha quedado equilibrada entre las zonas de luces y de sombras.

Al bajar la exposición de la fotografía todos los colores quedan equilibrados porque no había zonas saturadas

Al bajar la exposición de la fotografía todos los colores quedan equilibrados porque no había zonas saturadas

Por el mismo motivo podremos subir bastante la exposición de la fotografía manteniendo el equilibrio tonal original

Por el mismo motivo podremos subir bastante la exposición de la fotografía manteniendo el equilibrio tonal

La importancia de la práctica

De cualquier modo, el único modo de salvar los muebles en este tipo de situaciones es practicar lo máximo posible y conocer bien las posibilidades de nuestra cámara para, llegado el caso, conseguir una imagen de la que poder sentirnos orgullosos. No siempre es sencillo, pero con un poco de paciencia los resultados son más que satisfactorios.

Las iluminaciones uniformes son muy útiles para sacar una fotografía bien expuesta sin complicarnos demasiado la vida, pero hay que reconocer que los juegos de luces y sombras pueden dar lugar a imágenes muy bonitas; por lo que merece la pena intentar sacar provecho de esos contraluces que a veces aparecen en los más insospechados rincones.

De cualquier modo, me gustaría daros una última indicación: la luz a primera hora de la mañana y a última de la tarde no sólo es mejor porque al ser casi perpendicular al motivo a fotografiar realza su volumen, sino que también, al tener menos intensidad, reduce bastante la diferencia entre las luces y las sombras; algo que nos va a facilitar mucho las cosas a la hora de conseguir una buena fotografía.

Ya no me asomo a la reja

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia