Recuerdos de Oropesa (XI)

Hay un término en fotografía que se aplica a aquellas imágenes captadas al emplear una exposición larga en el periodo de tiempo durante el que a simple vista parece que ya es de noche pero en realidad todavía queda bastante luz en el cielo. Esto se denomina blue hour y viendo la siguiente fotografía entenderéis perfectamente el por qué de ese nombre.

Blue hour

Cuando disparé esta fotografía eran casi las ocho de la tarde de un 12 de enero, por lo que la oscuridad era casi total. De hecho, recuerdo que donde estaba situado (un monte cercano al mirador de Torre Colomera) apenas podía ver mi mano si estiraba el brazo, lo que os dará una idea de la luz ambiental que había disponible.

Sin embargo, al plantar la cámara sobre el trípode y dejar abierto el diafragma durante medio minuto a f/11 y con ISO 200, en la pantalla de la cámara apareció esa infinidad de puntos luminosos y un cielo con un precioso degradado de azul oscuro a naranja salpicado de pequeñas nubes. Milagros de la capacidad de recolectar fotones del sensor de la cámara.

Para situaros un poco , comentar que lo que tenéis en primer término son diversos chalets de la urbanización Torre Bellver (perteneciente al término municipal de Oropesa del Mar) y que más al fondo se puede distinguir perfectamente la amplia bahía que comienza en Benicassim y muere en las inmediaciones del puerto de Castellón.

¿Por qué no empleé una apertura mayor para así captar más luz? Pues porque entonces la profundidad de campo se vería reducida y todas esas luces del fondo serían apenas un borrón. Digamos que lo que tenéis aquí es una aplicación de la distancia hiperfocal sólo que en horario nocturno; de modo que se imponen diafragmas bastante cerrados para maximizar los elementos que permanecen enfocados en la composición.

“Efectivamente, es la hora azul”, pensé, y con la satisfacción de haber conseguido la fotografía que había previsualizado en mi cabeza días atrás marche hacia casa a cenar.

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El botón de previsualización de la profundidad de campo

En las cámaras réflex de gama media y alta hay un pequeño botón situado cerca de la bayoneta del objetivo que, por lo que leo en algunos foros de fotografía, es un gran desconocido para mucha gente: se trata de la previsualización de la profundidad de campo (PDC) y su utilidad es mayor de lo que podría parecer porque nos va a permitir saber antes de hacer la fotografía qué elementos vamos a tener enfocados a una determinada apertura de diafragma.

Medición a plena apertura

Cuando montamos un objetivo en una réflex éste abre su diafragma al máximo para que la mayor cantidad de luz posible alcance los sensores encargados del enfoque y la exposición, realizando la electrónica de la cámara un sencillo cálculo en base a la apertura seleccionada y otros factores para decidir la exposición óptima. Además, al tener la máxima luminosidad posible en el visor, la escena vista a través del mismo aparecerá clara, nítida y brillante cualquiera que sea la apertura seleccionada para inmortalizarla.

Cuando presionamos el disparador, el diafragma se cierra a la apertura elegida para hacer la fotografía y la imagen se impresiona ya sea en película o sobre la superficie de un sensor digital para volver a abrirse al máximo a continuación tal y como veíamos a cámara lenta en una entrada de hace ya unos meses.

Nikon D40 + Nikkor 50mm 1.8D

El problema de la PDC en el visor

Pues bien, si recordamos cómo influye la apertura del diafragma sobre la profundidad de campo resultante enseguida nos daremos cuenta de que el problema de la medición a plena apertura es que por el visor de la cámara vamos a ver lo que obtendríamos disparando con el diafragma más abierto disponible, dejando fuera de foco algunos elementos que aparecerán nítidos en la imagen final si empleamos una apertura menor.

¿Cómo solucionamos esto? Pues simplemente presionando este botón al que me refería al principio, pues su cometido es cerrar el diafragma a la apertura que tengamos seleccionada mientras lo mantenemos pulsado, obteniendo así una previsualización real de la PDC que vamos a encontrarnos al final en nuestra imagen.

Obviamente, al cerrar el diafragma la visión por el ocular de la cámara se va a oscurecer más cuanto más pequeña sea la apertura seleccionada (entra menos luz a través del objetivo), por lo que si estamos en un lugar débilmente iluminado y estamos tratando de maximizar la PDC empleando una apertura muy reducida prácticamente no vamos a distinguir nada a través del visor óptico. Vamos a ver esto a través de un par de imágenes que os he preparado y que muestran lo que se observaría a través del visor óptico de la cámara empleando dos aperturas diferentes:

Previsualización PDC 35mm a f/1.8

Previsualización PDC 35mm a f/11

Como podéis apreciar, en la primera imagen la PDC es mínima y el brillo es máximo porque estamos empleando el objetivo a plena apertura. Sin embargo, en la segunda imagen estamos previsualizando la profundidad de campo con una apertura de f/11, lo que hace que los botes de colonia en segundo plano se distingan con claridad pero también que la imagen sea más oscura.

Por supuesto, si hacemos la fotografía a f/11 esta quedará tan brillante como la primera porque la cámara compensa la menor entrada de luz con una tiempo de disparo mayor de forma que la exposición será la misma en ambos casos; pero como lo que estamos haciendo al previsualizar la PDC es básicamente mirar a través de un objetivo con un diafragma bastante cerrado todo se verá más oscuro como muestra la imagen de ejemplo.

Un botón que no tienen todas las cámaras

Me gustaría señalar que en las cámaras réflex más básicas no solemos tener disponible este botón (sin ir más lejos, mi D40 carecía de él) pero más que por un tema de ahorro de costes se hace porque en las cámaras de esa gama el visor es de pequeño tamaño y no demasiado luminoso; de modo que nos costaría mucho distinguir si en realidad un elemento situado a unos cuantos metros de nosotros está enfocado o no a determinada apertura.

En el caso de que no tengáis botón de previsualización de la PDC, lo que os recomiendo es tan simple como disparar nuestra fotografía y comprobar el resultado en la pantalla de la cámara ampliando la imagen lo necesario. Si necesitamos una PDC mayor tan sólo tendremos que repetir el disparo empleando una apertura más pequeña. De todos modos, a base de hacer fotos y más fotos acabaremos sabiendo la apertura que vamos a necesitar en cada situación praćticamente “por instinto”, por lo que aunque es una característica bastante útil, tampoco es que sea imprescindible.

Dragones

La importancia de las pequeñas ayudas

Siempre os digo que las modernas cámaras digitales tienen tantas posibilidades que algunas de ellas o bien las desconocemos o sencillamente no hacemos uso de ellas. En el caso del botón de previsualización de la PDC del que hemos hablado hoy, se trata de un pequeño detalle que a mucha gente pasa inadvertido pero que nos puede echar una mano a conseguir la fotografía que hemos visualizado en nuestra mente un momento antes.

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Jugando con la profundidad de campo

Aunque el tema de la profundidad de campo ya lo vimos muy por encima tanto en aquella primera entrada que hablaba sobre los cuatro principios básicos de la fotografía digital como en la que trataba de explicar qué es la distancia hiperfocal, hoy me gustaría explicaros con unas imágenes muy descriptivas la influencia de la apertura en este importante parámetro.

Detalles complutenses (I)

¿Qué es la profundidad de campo?

La profundidad de campo (PDC para los amigos) es la distancia por delante y por detrás del plano enfocado dentro de la cual los elementos se muestran nítidamente en la fotografía resultante.

Esta PDC está influenciada por cuatro factores: la distancia focal del objetivo, el tamaño del sensor de la cámara, la distancia a la que se encuentra el motivo a retratar y la apertura empleada a la hora de captar la imagen; y aunque en esta entrada me quiero centrar en la influencia de la apertura sobre la PDC, me gustaría también tocar ligeramente los tres primeros factores.

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1. Distancia focal

Cuanto mayor es la distancia focal del objetivo más estrecha va a ser la PDC, y es por eso que para retratos e imágenes en las que se busca desenfocar de forma prominente los fondos se tiende a emplear teleobjetivos y, en general, ópticas largas.

Más información en: Tipos de ópticas en fotografía

2. Tamaño del sensor

Cuanto más grande es el sensor más acusado es el desenfoque a una misma apertura y distancia focal, de modo que en términos generales un mismo objetivo va a desenfocar más el fondo a la hora de hacer un retrato si lo montamos en una cámara equipada con un sensor FF que en una que lleve uno de tipo APS-C.

Más información en: Los dos tamaños de sensor en las réflex Nikon

Parking en línea

3. Distancia al motivo

La profundidad de campo es menor cuanto más cerca estamos del motivo a retratar. Por eso en fotografía macro la PDC puede llegar a ser en ocasiones de menos de un milímetro, por lo que cualquier desajuste en el enfoque de la cámara dará al traste con la nitidez de la fotografía resultante.

4. Apertura empleada

Aunque cada persona entiende la fotografía de una manera, para mí la profundidad de campo es el concepto más importante a la hora de hacer una fotografía; y eso se nota en que la inmensa mayoría de mis imágenes han sido realizadas empleando el modo de disparo conocido como “prioridad a la apertura” (se elige una apertura de diafragma y la cámara calcula la velocidad necesaria para que la exposición sea correcta). Hay otras personas que se centran más en el movimiento mediante la variación de la velocidad de disparo; pero como suelo fotografiar elementos estáticos (con excepciones) tiendo a centrarme más en los desenfoques y la nitidez de los elementos de la escena.

Como os decía, lo que pretendo con esta entrada es que asociéis la mayor o menor apertura empleada a la hora de disparar una fotografía con el efecto que esto produce sobre la profundidad de campo: ya sabemos que las aperturas grandes típicas de objetivos muy luminosos producen grandes desenfoques, pero hasta ahora no me había puesto a hablar de este tema ejemplificándolo de forma visual, así que vamos a ponernos manos a la obra con una serie de imágenes muy ilustrativas:

Aperturas intermedias (f/6.3 – f/11)

Estas son las aperturas a las que suelo disparar la mayoría de mis imágenes porque representan un buen compromiso entre nitidez, PDC y tiempo de disparo. Todos los objetivos rinden más o menos bien a f/8 como os decía en la entrada que hablaba de la importancia de conocer las limitaciones de nuestro equipo fotográfico, de modo que si queréis aseguraros un buen resultado podéis disparar a estas aperturas intermedias.

50mm 1.8D (f/8)

Un objetivo de 50mm con una apertura seleccionada de f/8. Fijaos en el bonito “juego” que hacen las laminillas del diafragma para abrirse y cerrarse a voluntad.

f/8

Como podéis ver, a f/8 las hojas en primer plano aparecen completamente enfocadas porque entran dentro de la PDC resultante, pero en el fondo de la imagen apenas se distinguen las formas difusas de unos árboles en la parte derecha y la fachada de un edificio debido al fuerte desenfoque.

Aperturas pequeñas (f/16 – f/22)

Las aperturas más pequeñas dan como resultado una gran profundidad de campo, aunque el tiempo de exposición va a alargarse bastante debido a la menor cantidad de luz que entrará a través del objetivo. Del mismo modo os recuerdo que perderemos algo de nitidez por efecto de la difracción de la luz al atravesar un orificio de pequeño tamaño.

50mm 1.8D (f/22)

Notad cómo el orificio del diafragma resultante a f/22 es minúsculo, dejando pasar muy poca luz hasta el sensor y aumentando considerablemente el tiempo de exposición. De cualquier modo, precisamente por el efecto del paso de los rayos de luz por un diafragma tan cerrado es por lo que la profundidad de campo es tan alta.

f/22

A la mínima apertura disponible podemos apreciar perfectamente detalles del fondo como farolas, señales de tráfico e incluso un campanario o una grúa de color rojo que se encuentran muy alejados del motivo retratado en primer plano.

Aperturas grandes (f/1.8 – f/2.8)

Las aperturas grandes son un bien preciado en fotografía, ya que cualquier objetivo se puede cerrar hasta aperturas bastante pequeñas (f/22 o incluso superiores) no hay ninguna manera de abrir el diafragma más allá de la máxima apertura.

Es decir, que el típico objetivo 18-55 que viene con las cámaras más básicas podremos cerrarlo hasta, por ejemplo, f/22 sin ningún problema más que los asociados a la mencionada difracción; pero si queremos abrir el diafragma más allá de f/3.5 no nos va a ser posible porque esa es la apertura máxima de la óptica (y ese f/3.5 suele ser a 18mm; ya que a distancias superiores la apertura máxima será menor).

50mm 1.8D (f/1.8)

En la imagen podéis ver un 50mm f/1.8 abierto a su máxima apertura. Además, gracias a que a esta apertura las palas del diafragma se esconden completamente en la estructura del barril, el bokeh resultante va a ser más suave que en las aperturas intermedias.

f/1.8

Fijaos que en la apertura más grande disponible (f/1.8) el desenfoque del fondo es tan fuerte que lo único que se aprecian son manchas de colores. De hecho, ni tan siquiera todas las hojas están completamente enfocadas debido a que la PDC es tan estrecha no llega a abarcar los pocos centímetros que separan las más cercanas a la cámara de las que están detrás de ellas. De hecho, aunque los dos objetivos fijos que poseo (sin contar mi ojo de pez) tienen una apertura máxima de f/1.8 no suelo abrir el diafragma más allá de f/2.5 a no ser que sea absolutamente imprescindible.

Usando la PDC a nuestro antojo

Jugando con la PDC podemos dar a nuestras imágenes una personalidad propia y mostrar en ellas lo que más nos interese resaltando el motivo principal y desenfocando el resto. Si tenéis ocasión de probar un objetivo de apertura generosa os recomiendo que fotografiéis algo a un par de metros de distancia empleando las aperturas más grandes disponibles para comprobar el aspecto que adquiere la fotografía resultante porque estoy seguro de que os va a sorprender.

Por contra, a la hora de fotografiar paisajes, carreteras que se pierden a lo lejos o inmensos campos de trigo lo que os recomiendo es que empleéis aperturas cerradas para aumentar la profundidad de campo y que así todo aparezca enfocado en la imagen resultante.

Volando aviones en las cercanías del cerro del viso

Controlar pequeños detalles como estos son los que nos van a permitir expresarnos como nosotros queramos; y por esto mismo siempre digo que es una pena tener una cámara réflex y emplearla en modo automático. Sacudios la pereza y animaos a usar los modos semiautomáticos (o incluso el modo manual) y ya veréis cómo vuestras imágenes ganan muchos enteros al ser vosotros los que definís lo que queréis obtener en vez de dejar a la electrónica de la cámara la toma de estas decisiones.

Más información (en ingles)

Depth of field (Wikipedia)

Depth of Field (Toothwalker.org)

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Review: ojo de pez Falcon 8mm fisheye f/3.5

Sí; lo reconozco: hasta yo mismo estoy sorprendido por haber comprado un ojo de pez para mi cámara réflex. Hace ya un tiempo pasé ligeramente sobre este tipo de objetivos en aquella entrada que hablaba sobre las principales clases de ópticas que existen y también hablé del tema cuando fabriqué uno de ellos con ayuda de un adaptador de gran angular para cámaras compactas, pero hasta ahora no me había planteado hacerme con algún modelo porque su uso es bastante ocasional y cuesta un poco “pillarles el truco” para sacar buenas fotografías.

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

Sin embargo, el otro día me encontré con una tienda inglesa de eBay llamada Mike’s Camera Accesories en la que vendían un ojo de pez diagonal con montura para cámaras Nikon en formato DX por 299 dólares con gastos de envío por UPS incluidos (unos 203 euros al cambio) y tras buscar por Internet la poca información que hay sobre este modelo, me decidí a dar el paso y adquirirlo. Por cierto, aprovecho para comentaros que este modelo también está disponible en monturas Canon, Olympus, Pentax y Sony/Minolta.

Un poco de teoría sobre ojos de pez

La gran diferencia de un objetivo gran angular con respecto a un ojo de pez es que el primero tiene una fórmula óptica calculada para que la proyección de la imagen sobre el sensor de la cámara sea rectilínea; es decir, sin distorsiones (en teoría, claro) mientras que en el caso del ojo de pez va a existir una distorsión más que acusada a medida que nos acercamos a los extremos de la fotografía.

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Fotografía de samyang.pl

Esta falta de corrección en las distorsiones ópticas es lo que permite al ojo de pez alcanzar un ángulo de visión de 180º (en algunos casos incluso mayor, llegando a los 220º en un mastodóntico modelo de Nikon que podéis ver en la siguiente fotografía y que es capaz de encuadrar cosas que se encuentren incluso detrás de la propia cámara) mientras que un ultra-gran angular no suele llegar más allá de los 110º. De hecho, lo más bestia que ha hecho Nikon hasta el momento en ese sentido es un 13mm para cámaras réflex de 35mm cuyo ángulo de visión son 118º.

fisheyegroup

Un ojo de pez recibe esta peculiar denominación porque originalmente se basaban en la difracción del agua. Si nos sumergimos en el mar y miramos hacia el cielo comprobaremos que nuestro campo de visión se amplía considerablemente, aunque percibiremos los extremos de dicho campo bastante deformados debido a la curvatura que se produce en los rayos de luz al atravesar el líquido elemento. Sin ir más lejos, los primeros ojos de pez no eran más que una lente llena de agua.

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Como curiosidad me gustaría comentaros que los objetivos de este tipo fueron desarrollados originalmente para aplicaciones científicas e industriales. Con ellos se podía capturar la bóveda celeste al completo así como fotografiar espacios interiores muy reducidos. Prueba de ello es que hoy en día los aficionados a la astrofotografía suelen emplear este tipo de ópticas para capturar los sorprendentes trazos que dejan en el cielo el movimiento de las estrellas durante la noche.

Fisheye star trails finish size

Dicho esto hay que aclarar que existen dos tipos de objetivos ojo de pez: los circulares y los diagonales. El circular tiene un campo de visión de 180º tanto en el eje vertical como en el horizontal, y lo que obtenemos con él es un círculo inscrito dentro del sensor de la cámara, por lo que las imágenes obtenidas serán como la siguiente.

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Los de tipo diagonal, también llamados de cuadro completo, alcanzan los 180º en la diagonal del sensor (de ahí su denominación), por lo que el círculo de imagen estará circunscrito en el sensor de la cámara, de tal modo que la imagen obtenida será similar a la que os muestro a continuación.

Fisheye lens

Las peculiaridades del Falcon 8mm fisheye f/3.5

El ojo de pez del que hoy estamos hablando es de tipo diagonal y válido únicamente para sensores de tipo APS-C (el famoso formato DX en Nikon), por lo que las fotografías que podemos hacer con él serán similares a la imagen de la vaca que tenéis aquí encima, si bien este modelo posee una característica que hasta ahora no se ha visto en ningún otro: su proyección es de tipo estereográfica, que consigue una menor deformación de los elementos de la imagen al ser más lineal que en los ojos de pez clásicos; cosa que trataré de explicar con ayuda de la siguiente gráfica que relaciona la fórmula de proyección con la longitud focal y el ángulo de visión resultante:

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Diagrama de lenstip.com

La línea roja pertenecería a un objetivo ultra-gran angular (rectilíneo), y en ella podéis ver que en el hipotético caso de conseguir fabricar uno de tan sólo 6mm tendríamos un campo de visión de 135º, sin llegar en ningún caso a los 180º de un ojo de pez.

La línea azul oscura pertenecería a la fórmula óptica de un Nikkor Fisheye 10.5mm f/2.8 (un ojo de pez “de toda la vida” para formato DX) que, como veis, alcanza los 180º en diagonal a dicha distancia focal. (Los 180º están representados por esa línea horizontal de color marrón que hay en la parte media de la gráfica).

Como podéis apreciar, el Falcon (que estaría representado por la línea de color azul claro) está a medio camino entre el ojo de pez clásico y el objetivo rectilíneo: pertenece al grupo de los primeros porque alcanza los 180º a una distancia focal aproximada de unos 8mm, pero no llega a distorsionar tanto la imagen como los segundos, siendo por tanto un punto intermedio muy interesante para fotografía. De hecho, es el primer ojo de pez que emplea la proyección estereográfica en su fórmula óptica.

17047_samyang_8mm_bud

Diagrama de samyang.pl

Eso sí, el empleo de dicha proyección representa un pequeño inconveniente (en todos los aspectos de la vida lo que se gana por un lado se pierde por otro), y es que el tamaño y el peso del Falcon 8mm fisheye f/3.5 es considerablemente mayor que el de los ojos de pez de la competencia: su cuerpo es algo más largo y su elemento frontal tiene una forma tan curvada que sobresale de la superficie del mismo, siendo necesario emplear una aparatosa tapa  que se engancha en los laterales del parasol para protegerlo con la desventaja de que impide usar cualquier tipo de filtro.

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

Aprovecho para comentar que podéis encontrar este objetivo comercializado bajo diferentes denominaciones: Vivitar, Phoenix, Bowens, Polar, Falcon y Samyang. En todos los casos lo único que varía es la tipografía de las letras que hay en la superficie del cuerpo, porque internamente todos ellos son exactamente iguales debido a que están fabricados por una misma empresa Coreana que está tratando de hacerse un hueco en el mercado de las ópticas para cámaras réflex.

Reconozco que un ojo de pez no es el objetivo más práctico del mundo. Siempre lo he dicho y siempre lo diré, pero también tengo que admitir me llaman mucho la atención los grandes angulares y esto no deja de ser un caso muy extremo de este tipo de ópticas. En fotografía siempre trato de buscar nuevos puntos de vista y considero que con un objetivo como éste puedo captar algunas imágenes bastante curiosas.

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

Ahora bien, si en su momento os decía que disparando con un angular es recomendable tratar de sacar algún elemento en primer plano, con un ojo de pez esto se convierte en el pan nuestro de cada día. Para conseguir imágenes sorprendentes el secreto está en acercarse al objeto a retratar casi hasta tocarlo con el extremo. De ese modo exageraremos las proporciones del motivo para meter al espectador en un mundo extraño e irreal.

En cualquier caso, vamos a dejarnos de tanta teoría y vamos a poner nuestras manos sobre esta óptica tan peculiar a ver qué tal se comporta.

Desempaquetando el objetivo

Antes de tener el paquete en mis manos pensé en darle un poco más de bombo al proceso de desembalaje del objetivo, pero como de lo que tenía ganas era de montarlo en la cámara y empezar a hacer pruebas con él, al final no hice fotografías ni nada, de modo que me limitaré a deciros que el objetivo viene con la tapa que os decía antes de 75mm de diámetro para proteger el elemento frontal, una tapa para la bayoneta trasera, una sencilla hoja de instrucciones y una funda de tela para guardarlo a salvo de polvo y rayones muy similar a la que incluye el Nikkor AF-S 35mm f/1.8 G.

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

El objetivo en la mano y en la cámara

El objetivo en la mano impresiona por el tamaño de su elemento frontal, recordando un poco en su aspecto al mítico Nikkor 14mm f/2.8 ED AF. salvando, obviamente, las distancias en cuanto a tamaño y peso, pues el objetivo de Nikon es bastante más grande y pesado que éste (del precio mejor no hablar).

Sus 417 gramos lo convierten en una óptica no demasiado pesada pero sí sólida. Quiero decir que se puede sostener en la mano sin esfuerzo, pero pesa bastante más que los objetivos de kit habituales. Si vuestra cámara réflex es ligera y la lleváis colgada al cuello con este objetivo montado la notaréis bastante “cabezona”, sobre todo porque casi todo el peso está en la parte frontal; aunque no es habitual pegarse largas caminatas con un ojo de pez, sino que se suele llevar en la bolsa para emplearlo en situaciones puntuales.

Este objetivo es un modelo de funcionamiento completamente manual sin ningún tipo de contacto electrónico con la cámara ni autofocus, por lo que en mi D40 no puedo emplearlo en ningún modo automático ni semiautomático; únicamente en manual y sin medición de luz. La bayoneta es metálica, la apertura se elije mediante un anillo de tacto muy suave y el enfoque se varía con un otro más grueso, forrado de goma e igualmente preciso. Por suerte, un ojo de pez se basa en la composición y nunca en el enfoque o la profundidad de campo, por lo que no va a haber grandes problemas con este aspecto.

De todos modos, es lógico que las prestaciones de esta óptica sean algo limitadas, pues de algún sitio había que recortar gastos para mantener el precio por debajo de los trescientos dólares, y prefiero que haya sido en electrónica en lugar de calidad óptica pues, como veremos en el siguiente apartado, el objetivo es capaz de hacer fotografías muy nítidas y con un aspecto francamente bueno.

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

En un objetivo de 8mm, aplicando la teoría de la distancia hiperfocal tenemos que empleando una apertura de f/5.6, si enfocamos a 0,6 metros vamos a verlo todo nítido entre 30 cm y el infinito. Curiosamente, esta óptica alcanza su máxima nitidez a f/5.6 y es capaz de enfocar a 30 cm como mínimo, por lo que la configuración anterior será la que emplearemos en el 90% de las ocasiones.

En todo caso, se trata de un objetivo “de prueba y error” con el que debemos realizar la fotografía a ojo y según lo que veamos en pantalla jugar con la velocidad, la apertura y la sensibilidad ISO. Algo a lo que ya estoy acostumbrado cuando disparo empleando mi 35-70 con tubos de extensión. No es una óptica para ir con prisas, y de ahí que sea un elemento un poco “experimental” dentro de mi equipo fotográfico.

Usando un ojo de pez en el mundo real

La primera vez que miré a través del visor de la cámara con el ojo de pez montado en ella tuve una sensación extrañísima: mi habitación era kilométrica, y si miraba a mis pies parecía haber crecido hasta más allá de los tres metros de altura. Observar el mundo a través de un ojo de pez es variar nuestro sistema de percepción de la realidad, dando lugar a fenómenos a los que no estamos acostumbrados. Pero al margen de esta primera impresión hay sobre todo dos cosas que me han llamado la atención:

Por una parte está el hecho de que las cosas parecen estar mucho más lejos de lo que en realidad están. Si ponemos nuestra mano a escasos centímetros del frontal del objetivo y miramos a través de la cámara nos va a parecer que está como mínimo a medio metro de distancia. Esto, que de primeras nos llevará a acercarnos muchísimo a los elementos a fotografiar puede representar un peligro para el curvado elemento frontal, pues podemos acercarnos tanto que lleguemos a golpear dicha lente de cristal y rayarla o, en el peor de los casos, romperla.

En la imagen que tenéis a continuación yo estaba prácticamente pegado a la fuente de piedra, pero como el ángulo de visión del ojo de pez es inmenso, incluso así sobra espacio en el encuadre de la fotografía (qué bien me hubiera venido un objetivo así para alguna rueda de prensa multitudinaria en la que apenas podía despegar los codos del cuerpo…).

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

La verdad es que se hace realmente extraño que las cosas que tenemos a nuestro lado aparezcan dentro del visor. Acostumbrado a objetivos rectilíneos, me parecía alucinante que poniéndome casi en paralelo con un objeto, mirando a través de la cámara lo estuviera observando en el encuadre, por lo que a la hora de componer debemos tener cuidado porque se nos pueden “colar” en la fotografía cosas que normalmente damos por sentado que quedarán fuera de la imagen (la correa de la cámara, una pata del trípode, un dedo de la mano que está sujetando el objetivo, el propio sol…).

Fijaos en las dos fotografías siguientes, porque con la ayuda de mi hermano, mientras yo captaba la imagen con el ojo de pez él me fotografió a mí con otra cámara de tal modo que podéis apreciar que estando junto a la columna, esta ocupa una buena parte del encuadre.

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

Por cierto, es evidente que en un objetivo con un campo de visión tan amplio muchas veces se nos va a meter el sol en el encuadre; algo que podría provocar molestos reflejos y flares por lo prominente del elemento frontal. En el caso es de éste modelo de objetivo no parece ser un gran problema, porque incluso metiendo al astro rey en una esquina de la fotografía no he podido más que provocar un pequeño halo azulado en el centro de la imagen, no siendo demasiado molesto que digamos. Del mismo modo, me he encontrado con un halo similar pero algo más definido en caso de que se nos meta en una esquina del encuadre alguna luz puntual de mucha potencia (un foto, una luz halógena…)

Eso sí, lo que es absolutamente inevitable es que en lugares muy abiertos vamos a tener diferencias de iluminación enormes debido a que si hacemos fotografías entre cuatro paredes es más que probable que estemos sacando tres de ellas en el encuadre, por lo que según la incidencia de la luz solar podemos tener al mismo tiempo zonas muy oscuras y otras muy claras, lo que podría representar un problema si excedemos el rango dinámico de nuestra cámara.

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

Ah, y del flash integrado en la cámara olvidaros por completo: si empleando un gran angular se pueden producir sombras en la parte inferior de la imagen, os podéis imaginar que con el ángulo de visión de un ojo de pez casi habría en la fotografía más sombras que luces. O disparamos con la luz que haya en el ambiente o bien empleamos un par de flashes externos controlados remotamente, porque un sólo destello lanzado desde la cámara no es capaz de cubrir todo el área a fotografiar ni de casualidad.

Por otra parte, me gustaría comentar que es importante tener la superficie de la lente frontal lo más limpia posible. En un objetivo con una profundidad de campo tan bestia, el polvo o los rayones en su superficie podrían llegar a apreciarse en las fotografías, por lo que ante la imposibilidad de emplear un filtro para proteger el objetivo, es importante limpiarlo con relativa frecuencia así como colocar entre disparo y disparo la tapa que viene de serie aunque sólo sean intervalos de medio minuto. De este modo nos evitaremos sustos y posteriores disgustos.

Conclusiones

Tras probar el ojo de pez en interiores y en exteriores durante unos días me reafirmo en que no es un objetivo para emplear habitualmente. El espectacular efecto que consigue en ciertos tipos de imágenes puede llegar a cansar al espectador si abusamos de él, pero empleado con lógica y puntualmente puede llevarnos a conseguir resultados sorprendentes.

La forma de componer con un ojo de pez es diferente si pretendemos lograr amplitud en las tomas o bien un desequilibrio entre los conceptos de “cerca” y “lejos”. En el primer caso vamos a jugar con las líneas del horizonte, siendo necesario romper la regla de los tercios para situarlo en el centro del encuadre; único lugar donde las rectas se verán rectas. A partir de ahí se trata de llevar las paredes del recinto a los extremos del visor donde se curvarán potenciando la sensación de amplitud.

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

En el caso de primeros planos, aquí ya hay más juego, pues podemos colocar el elemento a destacar en cualquier lugar del encuadre, pero siempre teniendo en cuenta las deformaciones que se producen a medida que nos alejamos del centro de la imagen. En todo caso, el secreto aquí está en acercarse lo máximo posible al objeto a fotografiar para conseguir impactar al espectador con un cambio en las proporciones que se sale de toda lógica. Fijaos en la siguiente fotografía y podréis ver que las proporciones corporales de mi hermano están completamente desvirtuadas (sale paticorto) y que incluso aparezco yo en la fotografía al apuntar la cámara ligeramente hacia abajo.

De todos modos, con el Falcon 8mm fisheye f/3.5 no vamos a poder aplicar esto que os digo a elementos muy pequeños (como una flor por ejemplo) porque su distancia mínima de enfoque de 30 cm medidos desde el plano del sensor es relativamente larga para una óptica de este tipo ya que, como os decía antes, todo parece estar más lejano en el visor de lo que realmente está.

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

Vídeo del objetivo

He decidido adjuntar un vídeo que he grabado en el que muestro el objetivo en la mano y montado en mi Nikon D40. Creo que será de utilidad para aquellas personas que se están preguntando qué aspecto tiene “en vivo” esta peculiar óptica.

Imágenes varias

Algunas imágenes obtenidas con este objetivo y mi Nikon D40 para que os hagáis una idea de lo que se puede esperar de él.

(NOTA: iré añadiendo algunas más en los próximos días)

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

Terraza de la escuela politécnica

El patio de la escuela politécnica

En medio del asfalto

Desfile de coches

Andamios y carteles

El filo de un cuchillo

A ras de suelo

Los carteros también se pierden

Tomando algo en el VIPS

Recreativa de Initial D

Recreativa de Initial D

Colegio de Málaga a vista de pez

Colegio de Málaga a vista de pez

Hangares abandonados en el campus de Alcalá

Mercado medieval 2009

Aparcamiento en Nueva Alcalá

De viaje

Alcalá Magna a vista pez

Bajando las escaleras con comodidad

Más información (en inglés)

Samyang 8 mm f/3.5 Aspherical IF MC Fish-eye review (Lenstip.com)

Samyang Fisheye Lens short review (Michel Thoby)

Ficha técnica del fabricante

Fisheye lens (Wikipedia)

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Distancia hiperfocal: la mejor herramienta para fotografiar paisajes

La distancia hiperfocal es uno de los conceptos más importantes si, como a mí, os gusta la fotografía de paisajes. De cualquier modo, es algo íntimamente ligado a la profundidad de campo, de modo que vamos a ver en qué consisten ambas cosas porque una vez conocidas, nuestras fotografías ganarán muchos puntos.

Azul cielo

La profundidad de campo

Cuando hacemos un retrato a alguien siempre tratamos de desenfocar el fondo de tal modo que la atención del espectador se centre en aquello que pretendemos destacar. Sin embargo en caso de querer fotografiar un paisaje, por lo general vamos a tratar de tener enfocado tanto el primer plano como los elementos más alejados de nuestra posición.

Con lo que estamos jugando en ambos casos se llama profundidad de campo (PDC para los amigos), y es algo de la que ya hablamos en aquella entrada que trataba sobre los conceptos más básicos de la fotografía. Sin embargo, podemos resumir ese concepto comentando que la profundidad de campo indica el rango de distancias entre las que tendremos los elementos de la fotografía enfocados por delante y por detrás del sujeto principal. Con una PDC pequeña, todo lo que esté ligeramente por delante o por detrás del punto enfocado aparecerá borroso en la fotografía, mientras que una PDC grande hará que la zona en la que los elementos de la imagen aparecen nítidos sea mucho más amplia.

¿Cómo podemos modificar la profundidad de campo?

Los elementos de la cámara que influyen en la profundidad de campo son dos: la distancia focal (cuanto más largo sea el objetivo utilizado menor PDC) y la apertura empleada (cuanto más abierto esté el diafragma del objetivo menor PDC). Todo esto sin mover la cámara de lugar y sin variar la posición del elemento a retratar, pues la distancia entre ambos elementos también varía la profundidad de campo, siendo esta más pequeña cuanto más próximos estén cámara y elemento enfocado.

Precisamente por esto, a la hora de realizar un retrato nos vendrán mejor objetivos largos y luminosos mientras que para fotografías de paisaje nos serán más útiles grandes angulares cuyo diafragma podamos cerrar bastante sin perder demasiada calidad en la imagen.

Es decir, un gran angular no sólo tiene la ventaja de que “entran más cosas en la foto”, sino que nos va a permitir tener todos los elementos de nuestra composición enfocados gracias a su pequeña distancia focal.

Cómo descubrí todo esto

Antes de descubrir esta técnica lo que hacía era encuadrar la fotografía, enfocar al infinito y disparar. De ese modo, lo que aparecía en primer plano aparecía desenfocado mientras que el fondo quedaba nítido; y es que mi razonamiento consistía en que al admirar un paisaje solemos mirar al infinito y no a lo que tenemos más cerca, por lo que puestos a elegir prefería destacar el horizonte frente al primer plano.

Hasta hace poco no sabía que podía evitar aquella elección teniéndolo todo enfocado empleando la técnica de la distancia hiperfocal, que es lo que me gustaría contaros hoy. Una técnica que descubrí de pura casualidad esta Semana Santa y que a mi regreso a Alcalá, ya con conexión a Internet, comprendí por completo buscando información por la red.

Todo comenzó con las fotografías de paisaje que realicé recientemente en Oropesa del Mar: puesto que la luminosidad era altísima debido a lo limpia que estaba la atmósfera me veía obligado a cerrar bastante el diafragma (f/11, f/13…) a la hora de realizar las fotografías, aumentando por tanto la profundidad de campo de la imagen resultante como ya sabía desde los tiempos de mi Canon A75. Sin embargo, al seguir con mi mala costumbre de enfocar al infinito no había grandes diferencias con respecto a las imágenes que hacía antes, pues lo que estaba situado más o menos cerca de mí seguía apareciendo desenfocado por mucho que cerrara el diafragma. Sin embargo, en un par de imágenes me dio por enfocar a algún elemento más o menos próximo porque me parecía interesante resaltarlo llevándome una agradable sorpresa.

Paisaje costero

Pues bien, cuando llegué a casa y vi el resultado en el ordenador me di cuenta de que había una diferencia abismal con respecto a mis anteriores fotografías de paisajes: ahora TODO estaba enfocado y la sensación de profundidad era enorme. Me di cuenta, por pura casualidad, de que al cerrar tanto el diafragma la profundidad de campo aumentaba de tal manera que aunque enfocara a poca distancia, se podía ver nítidamente incluso el horizonte.

La distancia hiperfocal

La hiperfocal es una distancia determinada que varía según la distancia focal del objetivo, la apertura empleada y la cámara utilizada y que viene dada por una ecuación matemática. Lo interesante del asunto es que si en una fotografía enfocamos a la distancia hiperfocal, se verá nítido todo elemento que se encuentre entre el plano correspondiente a la mitad de dicha distancia y el infinito, de modo que obtendremos la máxima profundidad de campo posible.

dof_hyperfocal

Imagen explicativa extraída de DOFmaster

Es decir, que si por ejemplo tenemos una distancia hiperfocal de 3 metros, si enfocamos nuestra cámara a esa distancia, sabemos que en la fotografía quedará nítido todo lo que esté situado entre 1,5 metros por delante de nosotros y el infinito. Supongo que con este ejemplo (y la ilustración anterior) el concepto os habrá quedado claro, pero vamos a ver un caso real para que os deis cuenta de cómo varía esta distancia en función de los parámetros que empleemos a la hora de disparar con la cámara:

Un rincón para contemplar las nubes

Si tomamos como referencia los 18mm empleados en esta fotografía que realicé hace apenas unos días y tenemos en cuenta que fue disparada con una Nikon D40 a una apertura de f/13, aplicando la fórmula correspondiente (o consultando la calculadora online de DOFmaster) tenemos que la distancia hiperfocal es de tan sólo 1,3 metros, lo que significa que si enfocamos a algo que esté a esa distancia, aparecerá nítido todo lo que se encuentre entre 65 centímetros y el horizonte. De ahí que tanto el banco que hay en primer plano como las nubes del fondo aparezcan perfectamente definidas en la imagen.

Fijaos en que si en esta misma cámara montáramos un ultra-gran angular con una distancia focal de 10mm cerrando al diafragma a f/22, la distancia hiperfocal sería de tan sólo 23 cm, por lo que enfocando en ese punto aparecerá nítido absolutamente todo lo que tengamos en el visor de la cámara (entre 12 cm y el infinito; es decir, TODO). Del mismo modo, en un teleobjetivo de 300mm con apertura f/4, la distancia hiperfocal será de 1125 metros, por lo que en caso de emplear esta técnica tendremos enfocado todo lo que esté entre 560 metros y el infinito; dándonos a entender por qué no se suelen emplear este tipo de objetivos para la fotografía de amplios paisajes.

Conclusión

Os aseguro que hay una gran diferencia en cuanto a calidad entre la técnica que usaba anteriormente para hacer fotografía de paisajes y el empleo de la distancia hiperfocal. Creo que este tipo de fotografías (las que más suelo hacer) han ganado bastantes enteros desde esta Semana Santa, y la verdad es que estoy contento con los progresos realizados y de ahí que quiera compartir todo esto con vosotros. Ya sólo me queda deciros que aunque hoy os haya comentado la teoría sobre este tema, lo mejor para dominarla es practicar y practicar hasta llegar a un punto en el que no tengamos que pensar demasiado en lo que estamos haciendo porque ya nos sale prácticamente por si mismo.

Enlaces de interés (en inglés)

DOFmaster

Depth of field (Wikipedia)

Hyperfocal distance (Wikipedia)

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

¿Cómo se mide la luminosidad de un objetivo?

En todo objetivo fotográfico hay dos parámetros fundamentales grabados en alguna parte de su cuerpo. El primero se refiere a la distancia focal y viene dado en milímetros; pero hay un segundo dato que, pese a ser de vital importancia, mucha gente ignora ya sea por desconocimiento o porque, en general, se hace más hincapié en la distancia focal a la hora de venderle una lente a una persona que no esté habituada a estos temas: la apertura máxima.

Nikkor 18-55 II (frontal)

¿QUÉ ES ESO DE LA APERTURA?

La apertura máxima de un objetivo nos va a dar una idea de lo luminoso que éste puede llegar a ser, ya que se refiere al diámetro máximo que puede adoptar el diafragma; que no son más que unas laminillas que se cierran y se abren en función de los parámetros que les pase la cámara de una forma muy parecida a cómo reaccionan nuestras pupilas ante los cambios de luz.

La apertura expresa una relación entre dos parámetros ópticos; y para un valor de, por ejemplo, 3.5 nos podemos encontrar una representación del tipo f/3.5 (la que suelo emplear yo), en la forma 1:3.5 o directamente con el número 3.5 sin ningún otro acompañamiento. Las tres expresiones quieren decir exactamente lo mismo, pero lo que significan lo veremos dentro de unos párrafos  😉

Trasera Nikkor 50mm 1.8D (f/11)

El Nikkor 50mm f/1.8D visto desde su montura (f/8)

Trasera Nikkor 50mm 1.8D (f/22)

El Nikkor 50mm f/1.8D visto desde su montura (f/22)

El dato que se nos da se refiere a la apertura máxima; pero esto no quiere decir que sea la única, ya que, al menos en las cámaras reflex y las compactas de gama media/alta, vamos a tener muchas otras más pequeñas para elegir a la hora de disparar nuestras fotografías que vienen definidas por la tabla del número f de la que os pongo un extracto bastante significativo en el que aparecen algunos pasos de apertura y los tamaños relativos entre ellos.

aperture_diagram2

Relación entre número f y apertura del diafragma (extraído de Wikipedia)

Un paso  implica un cambio del doble o la mitad en la cantidad de luz que entra por el objetivo. Si nos pusiéramos a calcular las áreas de los círculos representados veríamos que f/2 es exactamente la mitad que f/1.4; pero es el doble que f/2.8 y ocho veces más que f/5.6. Lo que ocurre es que como son variaciones muy grandes las que se dan entre un paso y otro, lo habitual es que en las cámaras actuales los incrementos se produzcan en tercios de paso para que podamos afinar mejor a la hora de componer nuestra fotografía. En la siguiente tabla (extraída de Wikipedia) tenéis todas las aperturas que tendríamos disponibles en una cámara que tuviera un objetivo con apertura máxima de f/1 y mínima de f/22.

tablatercios500

En general, cuanto más bajo sea el número indicado, más luminoso va a ser el objetivo porque mayor va a ser la apertura de su diafragma. En el caso de un objetivo de focal fija (28mm, 50mm, 80mm, 300mm…) se nos va a dar una sola cifra de apertura máxima; pero en el caso de objetivos zoom (18-55mm, 55-200mm…) la mayoría de las veces nos vamos a encontrar con dos dígitos: uno para la distancia más corta y otro para la más larga. Supongo que a estas alturas ya os habréis dado cuenta de que en un objetivo con una apertura f/1.4 entra 16 veces más luz que en uno de apertura f/5.6, con la ventaja que esto implica a la hora de disparar en condiciones de iluminación escasa (teóricamente podríamos pasar de disparar a una velocidad de 1/10″ a 1/160″; aunque luego veremos que no es conveniente usar por sistema las aperturas más extremas).

¿QUÉ SIGNIFICAN ESAS CIFRAS?

Lo que esos números grabados en el objetivo indican no es más que una relación entre la distancia focal y el diámetro de apertura del diafragma de la forma siguiente:

N = distancia focal / diámetro del diafragma

Despejando el diámetro del diafragma en la ecuación anterior vamos a obtener la siguiente expresión:

diámetro del diafragma = distancia focal / N

Es decir, que el diámetro del diafragma va a ser el resultado de dividir la distancia focal entre la apertura. Traducido a ejemplos prácticos nos encontramos con que en un objetivo de 18mm con una apertura de 3.5 significa que el diámetro máximo que puede tomar el diafragma es de 5.14mm; mientras que en uno de 85mm con apertura 1.4 quiere decir que el diafragma se puede abrir hasta abarcar un diámetro de 60.7mm.

Como ejemplo concreto que conozco por mí mismo os puedo hablar del Nikkor AF-D 50mm 1.8 llegado a mis manos hace muy pocos días: su diámetro máximo de diafragma será de 50 / 1.8 = 27.7mm; del mismo modo que el diafragma más pequeño (f/22) será de 2.27mm; existiendo un buen número de aperturas intermedias entre esos dos valores extremos (ver tabla en tercios de paso un poco más arriba).

50mm 1.8D (f/8)

f/11

En el caso de los objetivos zoom os decía antes que hay dos aperturas máximas para los dos valores extremos de distancia focal. Por ejemplo, en el Nikkor AF-S 18-55 3.5-5.6 tenemos que para los 18mm el diámetro máximo del diafragma será de 18  / 3.5 = 5.14mm y para los 55 será de 55 / 5.6 = 9.82mm. La mayor distancia focal implica pérdida de luz debido a la longitud del cuerpo, y por tanto hay que tratar de compensarla mediante una apertura generosa; pero no se puede agrandar demasiado o el objetivo oscurecería las esquinas de la imagen en un efecto denominado viñeteo por la profundidad a la que está el diafragma en este tipo de lentes.

Los objetivos zoom más luminosos suelen ser los que mantienen una apertura de 2.8 a lo largo de todo su recorrido. En el caso del 70-200 2.8 VR que comercializa Nikon a unos 1700 euros, esto nos da unos diámetros máximos de 25mm para la distancia más corta y 71.4mm para la más larga; lo que implica unos elementos ópticos de un tamaño más que considerable para lograr una calidad de imagen prácticamente perfecta. Otro ejemplo extremo de objetivo muy luminoso es el Canon 600mm f/4, cuyo precio es de unos 7300 euros y que deja a los objetivos a los que estamos acostumbrados a la altura de simples juguetes.

fenice

De todos modos, si tenéis tanto dinero que no sabéis en qué gastarlo podéis hacer feliz al dueño de vuestra tienda de fotografía favorita dándole 99000 euros para que os los cambie por un Canon 1200mm f/5.6 que, hasta donde yo sé, es el objetivo más caro del planeta y que, para colmo, acabará con nuestra espalda con sus más de 16 Kg de peso y sus 83cm de largo; ideal para las excursiones al monte, vaya.

Evidentemente, la lente frontal del objetivo (la más grande) ha de tener un diámetro como mínimo del tamaño de la apertura máxima, por lo que en un hipotético (imposible de construir) objetivo de 600mm f/1.2 necesitaríamos una lente frontal (y un diafragma) de… ¡medio metro de diámetro! Además, las aperturas grandes representan un auténtico dolor de cabeza para los ingenieros a la hora de evitar aberraciones cromáticas y otros defectos visuales. Debido a ello, hablando en términos generales, cuanto más grande es la distancia focal de un objetivo más pequeña será su apertura.

LA IMPORTANCIA DE ELEGIR LA APERTURA ADECUADA

Aunque ya salió el tema en una entrada de este verano hablando sobre términos básicos en fotografía, no está demás recordar que un diafragma muy abierto deja pasar mucha luz al sensor y en consecuencia baja el tiempo de exposición. Por el contrario, un diafragma cerrado va a incrementar ese tiempo de exposición porque la cantidad de luz que dejará pasar es menor.

Lo que ocurre es que no todo es tan simple como como esto, pues los diafragmas muy abiertos o muy cerrados conllevan una serie de “daños colaterales” que me gustaría comentaros.

· APERTURAS GRANDES

50mm 1.8D (f/1.8)

AF-D Nikkor 50mm 1.8 con su diafragma a f/1.8

Emplear una apertura grande nos va a ayudar a fotografiar elementos con iluminación débil; sin embargo, debido a una serie de principios ópticos vamos a encontrarnos con que la profundidad de campo (la distancia por delante y por detrás del sujeto enfocado que permanece nítida) es muy pequeña. A la hora de retratar elementos cercanos, con aperturas extremadamente grandes y a distancias focales largas la profundidad de campo puede llegar a ser de apenas un par de milímetros, lo que puede ser muy útil para retratar ciertas cosas pero una pesadilla para elementos móviles o pulsos temblones.

Por otra parte, las aperturas más grandes de un objetivo suelen dar, por lo general, menos nitidez (por el efecto de la dispersión de la luz) que otras algo más pequeñas. En principio, si las condiciones de luz son escasas y no queremos emplear flash dispararemos a la máxima apertura posible, pero siempre que podamos mantener una velocidad de disparo decente deberíamos cerrar un poco más el diafragma.

Os pongo los recortes de dos imágenes tomadas consecutivamente: una a f/1.8 y la otra a f/8 para que podáis ver lo que digo sobre la pérdida de nitidez en las imágenes, ya que si bien en la imagen completa puede no apreciarse con claridad, en una zona ampliada a su resolución original sí que salta a la vista la diferencia entre ambas.

f/1.8

090124_0302

f/8

De todos modos, pese a sus inconvenientes, las aperturas grandes son un bien preciado en fotografía, y prueba de ello son algunos objetivos famosos en la historia de la fotografía como el mítico Noctilux de Leica, el 50mm f/1.0 de Canon o el 28mm f/1.4 de Nikon. Objetivos que se han convertido en pequeños tesoros y cuyo valor ha ido aumentando con los años.

· APERTURAS PEQUEÑAS

50mm 1.8D (f/22)

AF-D Nikkor 50mm 1.8 con su diafragma a f/22

Emplear las aperturas más pequeñas tampoco es la solución a todos nuestros problemas: en el caso de utilizarlas vamos a comprobar cómo se pierde nitidez en la fotografía debido a la difracción de la luz al pasar por un orificio muy pequeño y aumenta la profundidad de campo (un problema si queremos hacer retratos); además, al entrar menos luz por el objetivo el tiempo de exposición va a ser elevado y nos veremos obligados a emplear un trípode para mantener fija la cámara a no ser que la iluminación sea realmente intensa.

· APERTURAS INTERMEDIAS

Por lo tanto, lo que más nos interesa a la hora de lograr una buena fotografía es emplear una apertura intermedia. En el caso concreto del objetivo AF-D Nikkor 50mm 1.8D, aunque no se comporta mal en todo su rango de aperturas, es preferible usarlo a partir de 2.5 si las condiciones de iluminación no son muy favorables y a partir de 4 si tenemos bastante luz. En cualquier caso, tampoco deberíamos subir de 16 si queremos  conseguir una buena nitidez.

Bandada

Sin ir más lejos os muestro sobre estas líneas un ejemplo de nitidez captado con este objetivo que os digo en una apertura intermedia. Estaba en los alrededores de mi barrio buscando algún elemento que fotografiar para ilustrar esta entrada cuando una gran bandada de pájaros pasó por encima de mi cabeza. No tuve mucho tiempo de pensar en la toma ideal, pues los pájaros iban a toda velocidad, de modo que puse el modo de prioridad a la apertura, cerré el diafragma a f/6.3, enfoqué al infinito, apunté al centro de la bandada y disparé. Al llegar a casa y ver la imagen a su tamaño original aluciné de la brutal definición de los pájaros pese a la distancia desde la que está tomada la fotografía. Tened en cuenta que está hecha con un 50mm montado en una cámara DX, por lo que en realidad las aves estaban más altas de lo que parece.

Fijaos en este recorte de la imagen a su resolución original y enteréis lo que os digo sobre la nitidez, ya que no estoy acostumbrado a que elementos tan pequeños se vean tan definidos:

090124_040-recorte

CONCLUSIÓN

Hasta aquí nuestra breve charla sobre ese parámetro tan importante en cualquier objetivo y que mucha gente no conoce. La próxima vez que queráis comprar una cámara fotográfica o un objetivo para vuestra reflex tened en cuenta que ese simple numerito nos va a abrir o cerrar puertas para hacer ciertos tipos de fotografías además de su clara influencia en la nitidez de la imagen a la hora de optar por una determinada apertura cuando intentemos capturar una instantánea del mundo que nos rodea.

Reconozco que yo mismo ignoraba este concepto primordial cuando me compré mis primeras cámaras; pero ahora que empiezo a saber algunas cosillas más avanzadas de este peculiar mundillo que es la fotografía no quiero perder la oportunidad de compartir estos conocimientos con vosotros, porque es posible que os sean útiles alguna vez.

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Cuatro principios básicos sobre fotografía

Aunque hay cientos de cursos realmente completos sobre fotografía en internet y en multitud de libros, no me puedo resistir a hablaros hoy con sencillez sobre algunos aspectos técnicos de la misma que os pueden ayudar a comprender un poco mejor este mundillo tan peculiar y que posee un lenguaje un poco extraño para el que no está acostumbrado a él.

Antes de nada me gustaría deciros que si sois de los que hacéis las fotos en modo automático y no tenéis intención de cambiar vuestra forma de emplear la cámara podéis dejar de leer ya mismo porque dentro de un rato os habréis dado cuenta de que habéis leído un rollo de cuidado y os habéis quedado igual que al principio. De cualquier modo también os digo que si no empleáis el resto de modos con los que suelen contar la mayoría de cámaras actuales no le sacaréis ni el 20% de sus posibilidades. El modo automático es muy útil para disparar fotografías sin preocuparse de más, y de hecho lo suelo usar en cumpleaños y ocasiones en las que no le vas a pedir a la gente que se espere unos segundos para ajustar tiempos de exposición, aperturas y demás, pero es algo así como usar un coche con cambio automático: es cómodo y suele funcionar bien, pero es él y no el piloto quien toma las decisiones.

Sin embargo, si os gusta el mundillo de la fotografía y queréis conocer algunos parámetros fundamentales que influyen decisivamente a la hora de captar lo que hay delante del objetivo creo que este artículo os resultará interesante y puede que os de alguna idea para la próxima vez que salgáis con vuestra cámara. ¡Empezamos!

1. APERTURA

El valor de apertura indica lo abierto o cerrado que está el diafragma del objetivo en el momento de disparar la fotografía. Viene indicado por una cifra que oscilará en diversos pasos entre un valor mínimo (máxima apertura del diafragma) y un valor máximo (que representa la apertura más pequeña). En el caso concreto de mi Konica Minolta Dimage Z2 esos valores son 2.8 y 8.0 con más de una decena de valores intermedios; pero en cámaras de mayor tamaño (por ejemplo en las réflex) veréis que ambos valores pueden irse todavía más a los extremos.

Hay un factor muy importante controlado por la apertura del diafragma: la profundidad de campo, que es la distancia por delante y por detrás del motivo enfocado que se verá nítida en la imagen final. Si queremos realizar un retrato con el fondo desenfocado debemos abrir mucho el diafragma empleando un valor bajo de apertura, mientras que si lo que queremos inmortalizar es un paisaje lo ideal será emplear un valor elevado (diafragma bastante cerrado) para que así obtengamos nitidez en la mayor parte de los elementos fotografiados.

Vamos a ver esto con un ejemplo empleando para componer las imágenes una simpática muñeca “Matrioska” (esas figuras rusas que se encajan unas dentro de otras) y un típico fondo playero de apartamentos.

F 3.2

Apertura f/3.2

En la primera de las fotografías he empleado una apertura del diafragma de f/3.2, de tal modo que el fondo aparece bastante desenfocado.

F 8.0

Apertura f/8

En la segunda el valor de apertura es de f/8.0, que es el máximo que me permite esta cámara y con el que se puede apreciar cómo el fondo aparece algo más nítido que en la anterior. Este efecto es mucho más acusado en cámaras réflex por el mayor tamaño del sensor y también por diversos parámetros ópticos que se derivan del mismo motivo y que iremos viendo en futuros artículos.

2. TIEMPO DE EXPOSICIÓN

Lo que este parámetro controla es el tiempo que el objetivo va a permanecer abierto durante la captura de la imagen. Sus valores suelen oscilar entre menos de una milésima de segundo y varios segundos. Como es lógico, valores elevados harán que más luz llegue hasta el sensor de la cámara y por lo tanto más clara sea la fotografía.

El problema de los valores altos de exposición es que ante el más mínimo movimiento de la cámara la fotografía quedará borrosa. Se supone que hasta 1/50 segundos (o si tenemos buen pulso a 1/30) una imagen puede quedar nítida si mantenemos la cámara firmemente sujeta mientras disparamos. A velocidades más lentas se va a hacer necesario el uso de un trípode para asegurarnos de que la cámara no se mueva absolutamente nada.

Volvamos a coger la cámara para ilustrar esto:

Barrido 1/1000

Exposición de 1/1000 seg

En esta primera imagen he empleado un tiempo de exposición de una milésima de segundo mientras hacía un barrido de izquierda a derecha. Al ser una exposición tan breve el movimiento ha quedado bastante congelado (de un modo similar a las gotas de agua de hace unos días).

Barrido 1/50

Exposición de 1/50 seg

Sin embargo, en esta segunda imagen he usado un tiempo veinte veces más bajo (dos centésimas de segundo) para realizar el mismo barrido. Como veis, la imagen resulta considerablemente más borrosa que la primera.

3. SENSIBILIDAD ISO

La sensibilidad ISO es la capacidad que tiene el sensor tiene para captar la luz de forma similar a cómo hacían los carretes fotográficos de hace años; sólo que en este caso podemos variarla a voluntad. Cuanto más alto es el valor ISO más facilidad por parte del sensor para captar la luz que le llega a través del objetivo; y claro, podríamos pensar que la táctica a emplear es poner siempre el mayor valor posible. Sin embargo siempre hay algo que sacrificar, y un valor alto va a hacer que aparezca más ruido en la imagen, por lo que siempre debemos buscar un compromiso intermedio entre sensibilidad y ruido.

Vamos a ver con un sencillo ejemplo qué es eso del ruido en las imágenes y cómo varía en función del valor ISO empleado.

Matrioska ISO 50

ISO 50

En esta primera fotografía he empleado el valor ISO más bajo posible. A estos niveles el ruido no es apenas apreciable.

Matrioska ISO 400

ISO 400

Sin embargo, a ISO 400 el ruido se hace patente en ciertas zonas de la imagen; sobre todo en la parte gris de la cabeza de la muñeca, de la cual podéis ver una ampliación 1:1 a continuación.

detalle matrioska iso 400

ISO 400 (detalle)

¿Entendéis ahora por qué hemos de evitar valores ISO altos por sistema? Un ISO demasiado elevado puede no notarse demasiado si vemos la imagen a pequeño tamaño en la pantalla del ordenador, pero una ampliación en papel puede revelar importantísimos defectos en los colores de la composición.

4. DISTANCIA FOCAL

Si no queréis liaros demasiado con este parámetro (es el más “raro” de todos) podéis considerarlo como el nivel de zoom óptico empleado a la hora de realizar la fotografía. Según el objetivo de la cámara utilizada puede tener consecuencias en la luminosidad que llega hasta el sensor; pero como os digo esto depende de la cámara u objetivos empleados, y si en mi antigua Canon lo notaba mucho, en la actual Konica Minolta el efecto es apenas perceptible (cosa que agradezco).

En definitiva, lo que se modifica con la distancia focal es el ángulo de visión del objetivo, por lo que empleando distancias focales pequeñas tendremos una perspectiva de la escena muy amplia mientras que una distancia focal elevada hará que nos centremos sobre una pequeña zona del encuadre.

Lo más curioso del empleo de diferentes distancias focales es la variación de cómo percibimos los objetos en primer plano y de fondo. Si recurrimos de nuevo a nuestra particular “Matrioska” vamos a ver que el edificio del fondo varía su tamaño considerablemente en función de la distancia empleada.

38mm

38mm

En la primera imagen he tomado la fotografía a pocos centímetros de la muñeca de tal modo que todo parece proporcionado y muy similar a cómo lo vemos con nuestros ojos.

380mm

380mm

Para la siguiente me he alejado lo suficiente como para que con el empleo de la distancia máxima quede del mismo tamaño para que se aprecie mejor la distorsión del fondo del escenario.

Bien, una vez presentados y conocido lo básico de cada uno de los parámetros anteriores vamos a meternos en la “chicha” de la fotografía, que es la sabia combinación de todos ellos para conseguir la mejor fotografía posible dentro de la situación ambiental que tenemos delante de nuestras narices:

Si queremos captar la mayor luminosidad posible de una escena tenemos las siguientes opciones:

  • Emplear la mayor apertura del objetivo posible. Lo malo es que esto nos va a limitar en la profundidad de campo disponible.
  • Usar un tiempo de exposición elevado. El problema es que si no disponemos de un trípode la fotografía va a aparecer borrosa.
  • Poner la sensibilidad ISO a un valor elevado. El contratiempo va a ser que el ruido en la imagen va a ser apreciable.

Por lo tanto, la ventaja de conocer estos parámetros es que bajo unas condiciones dadas podemos rápidamente pensar en cómo modificarlos para no “destrozar” mucho la imagen y a la vez conseguir más o menos la escena que pretendíamos captar.

Por ejemplo, en el caso de un paisaje de montaña al atardecer vemos que si disparamos en automático la imagen queda demasiado oscura, así que nos vamos al modo manual (es el que permite tocar todos los parámetros anteriores y algunos más) para colocar una apertura intermedia, un tiempo de exposición de 1/100 segundos, y la sensibilidad ISO en 400. La cámara nos dice que la fotografía sigue siendo oscura, así que como no tenemos trípode subimos el tiempo de exposición a 1/60 segundos.

Disparamos y la imagen todavía no está lo suficientemente clara, pero al no disponer de un trípode no podemos bajar más el tiempo de exposición. También podríamos subir la sensibilidad a 800 ISO, pero entonces empezaría a aparecer un apreciable ruido que daría al traste con nuestra imagen.

La única posibilidad que nos queda es emplear una apertura más grande de modo que entre más luz al objetivo. Si inicialmente era 6.3 probamos a bajarlo a 5.0 y cuando volvemos a realizar un disparo de prueba observamos que por fin la imagen está tal y como queríamos en un primer momento. Hemos sacrificado un poco de profundidad de campo, pero al menos hemos obtenido una buena imagen sin necesidad de emplear un trípode y obteniendo un resultado bastante majo en términos generales; cosa que nos hubiera sido imposible empleando el modo automático de la cámara.

Y con este ejemplo hemos llegado al final de esta primera lección. ¿Os ha gustado? 😉

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia