Cómo diseñé y monté mi nuevo ordenador de sobremesa

El PC de sobremesa que he usado hasta ahora tiene ya más de 9 años y aunque es verdad que me seguía dando muy buen servicio, estas Navidades decidí renovarlo porque en los últimos tiempos han ido surgiendo avances en la informática que quería probar y si algo he aprendido de todos los años que llevo trasteando con este tipo de cacharros es que actualizar un ordenador que tiene más de un lustro suele ser a base de «parches» que no le permiten sacar todo el rendimiento posible y es mejor hacer una renovación total del mismo.

Es decir, podría actualizar el microprocesador, pero sólo a uno de la tercera generación Core de Intel (actualmente van ya por la undécima) debido al socket 1155 de la placa, por lo que pasaría de un i7 2600 a un i7 3770 en el mejor de los casos. También podría cambiar la tarjeta gráfica Radeon HD6450 pero el bus de la placa es PCIe 2.0 y el conector de alimentación de la fuente es de seis pines, podría ampliar la RAM pero estoy condenado a que sea DDR3 a 1333 MHz, también podría meter un disco M.2 pero tendría que montarlo en una placa adaptadora a PCIe 1x con el cuello de botella que esto supone… Vamos, que sería una actualización parcial que enseguida vi que no merece mucho la pena porque al final el incremento de rendimiento no era demasiado elevado.

Con esto en mente decidí por tanto hacerme un ordenador a medida empleando para ello componentes que iría comprando en diversos proveedores; si bien ya os adelanto que no he conseguido todo lo que quería y habrá alguna cosa que actualizaré en los próximos meses si las circunstancias lo permiten. Os iré desarrollando todo esto a lo largo del artículo porque creo que es interesante, no os preocupéis.

Sea como sea, mi intención con esta renovación es seguir usando el ordenador como de costumbre para escribir, edición fotográfica… pero también para ejecutar algún que otro juego de vez en cuando porque si algo tengo claro es que de momento no me voy a meter en la nueva generación de videoconsolas y la PS3 la tengo ya muy trillada.

No es que sea yo un hardcore gamer, pero sí que le estoy cogiendo el gustillo a echar alguna partidilla de vez en cuando si el resto de obligaciones laborales y personales me lo permiten. Por tanto, al igual que con mis dos últimos sobremesas pasé olímpicamente de la tarjeta gráfica porque para jugar usaba videoconsolas, en este caso sí que quiero una GPU digna que me permita jugar con soltura a lo que hay ahora mismo en el mercado.

Planificación

A la hora de plantearme este tipo de cosas hay un aspecto que disfruto especialmente, que no es otro que la planificación. Con esto lo que consigo es acotar de una forma bastante precisa qué necesito y hasta dónde estoy dispuesto a gastar para evitar así despilfarrar a lo loco y comprar cosas que no voy a emplear.

Por tanto, lo primero que hice fue crear una hoja de cálculo en la que planteé tres configuraciones diferentes especificando los componentes principales al detalle junto a sus precios: una muy básica, una media y una extrema. Al final viendo los presupuestos y rendimientos decidí que partiría de la base de la media, ya que para crear la básica casi que me quedaba con el ordenador que tenía y la extrema se iba completamente de madre en términos económicos (Core i9 10900K, 64 GB RAM 3600 MHz, RTX 3080, placa gaming de gama alta, SSD M.2 2 TB…). Y es que, como en la vida misma, la virtud se encuentra en el punto intermedio.

Os dejo a continuación la tabla con la configuración más bestia que se me ocurrió y que, como os decía, se va totalmente del presupuesto que podría estar dispuesto a gastar, de modo que quedó desechada.

Por tanto, el plan inicial adoptado para el nuevo ordenador consistía en un procesador Intel Core i5 de décima generación, una placa microATX con su caja correspondiente (las torres ATX me parecen un mamotreto), 16 GB de RAM DDR4, disco duro SSD de 240 GB para el SO y aprovechar el HDD de 1 TB que ya tenía para datos. En cuanto a la tarjeta gráfica la idea era hacerme con una Nvidia GeForce RTX 2070 o similar y también comprar un nuevo monitor Full-HD con altavoces incorporados porque el Acer que tenía desde hace más de 10 años sólo tenía conector VGA y estaba un poco harto de tener que hacer apaños con conversores y demás. Y bueno, ya que estaba quería darme el capricho de poner algún detalle de iluminación en color azul, cosa que haría con un par de ventiladores de caja. Ah, y también iba a necesitar una licencia de Windows 10, pues la que tenía el HP era OEM y por tanto no se podía transferir al nuevo PC.

Buscando los componentes

Con esta configuración en mente comencé a buscar componentes a principios de diciembre y me encontré con que el mercado de los procesadores, la memoria RAM y, especialmente, las tarjetas gráficas estaba completamente arrasado. Y no es una forma de hablar, es que las tarjetas gráficas más altas de gama que encontraba en stock eran las GeForce GT 730 o como mucho alguna GT 1030 suelta. La recién aparecida serie 30 no estaba ni se la esperaba a medio plazo salvo que estuvieras dispuesto a dejarte casi 2000 euros en una de las pocas RTX 3090 disponibles, pero es que pasaba lo mismo con la serie 20 e incluso con la 16. Sé que existe la opción de las gráficas de AMD que también van muy bien, pero habiendo pasado por ambas marcas en el pasado me quedo con Nvidia por pura preferencia personal.

Como os digo, lo de los procesadores también estaba muy complicado en esos momentos. Placas con socket LGA 1200 había bastantes disponibles, pero los microprocesadores estaban fuera de stock en la mayoría de los casos excepto los i3 10100 y similares, así que empecé a replantearme ciertas cosas y a pensar por primera vez en más de 20 años en comprar algo que no fuera de Intel.

Y así, buscando información en muy diversas fuentes llegué a dar con un microprocesador que para mí conseguía una buena relación precio/prestaciones y que además tenían en stock en una conocida tienda online de componentes de PC: el AMD Ryzen 5 3500X.

Claro, esto implica conseguir una placa con socket AM4, pero esto no fue un problema porque en la misma tienda eché al carro una B450M PRO-M2 MAX de MSI. Primero estuve mirando sus especificaciones y vi que se adecuaba perfectamente a lo que necesitaba: soporte directo de la familia 3000 de Ryzen (y de la 5000 con una próxima actualización de firmware), 2 ranuras de memoria DDR4 de hasta 4133 MHz y 32 GB, un zócalo M.2 NVMe, 4 puertos SATA y una BIOS que permite trastear bastante con los parámetros de velocidad de microprocesador, memoria y ventiladores.

En cuanto a la RAM, después de mucho mirar compré un pack de dos módulos de 8 GB cada uno de Corsair, en concreto las Vengeance LPX de 3000 MHz con disipador incorporado. Me hubiera gustado comprarlas de 3200 MHz, pero estuve esperando casi dos semanas y no había stock por ningún lado así que viendo que las diferencias de rendimiento iban a ser mínimas opté por las de 3 GHz y si en el futuro veo que merece la pena a lo mejor las sustityo por 32 GB de más velocidad, pues la placa soporta hasta 4133 MHz.

El disco duro elegido fue un Kingston A2000 NVMe de 240 GB conectado en el puerto M.2 de la placa en el que irá instalado únicamente el sistema operativo y los programas que uso habitualmente. El resto de programas, librerías, descargas y demás irá en un segundo disco duro que en principio pensé en que fuera el HDD de 1 TB del PC anterior, pero al final descarté esta opción y compré un SSD de 480 GB también de la marca Kingston conectado por SATA. Bueno, y también dediqué otro SSD Crucial SATA de 240 GB que tenía por casa exclusivamente para almacén de material multimedia y copias de seguridad. Por tanto en este ordenador han quedado desterrados los discos de tipo mecánico, que siempre ralentizan mucho el trasiego de datos de acá para allá.

En cuanto a la caja, compré una Aerocool Bolt Mini, que me gustó tanto por el panel lateral transparente (es metacrilato; no cristal templado) como por la línea quebrada que tiene en la parte frontal que se puede iluminar en diferentes tonos o bien que haga algunos efectos pintones. Ya os dije que me apetecía hacer la frivolidad de darle un toque de color a mi PC para que no sea la típica caja negra, sosa e invisible bajo la mesa.

El monitor es un Philips 243V7QDAB de 24″, FHD, 16/9, 75 HZ, con altavoces incorporados (hay cosas para las que no necesito gran calidad de sonido, y para las que lo necesito uso auriculares) y que dispone de conexiones HDMI, DVI y VGA. Un monitor sencillo pero en consonancia con el espacio de la casa que estaba dispuesto a asignar al ordenador, pues veo una tontería hacerse con un monitor 4K si no es de al menos 32 pulgadas, y en mi mesa algo de ese tamaño me iba a devorar.

Viendo que localizar la gráfica que quería iba a ser un jaleo y que no iba a encontrar en mucho tiempo un modelo como el que tenía pensado, decidí hacer otra cosa porque si no mi proyecto de nuevo ordenador no iba a arrancar en meses. Estuve mirando mi librería de Steam y vi que realmente para lo que tenía pendiente de jugar podía hacerlo con un modelo de hace unos años que podría comprar de segunda mano y mientras tanto esperar a que se normalice la situación y de aquí a un tiempo comprar una gráfica más actual para poder entonces empezar a hacerme con títulos «de ahora».

Siendo el monitor FHD 75 Hz vi que una GeForce 750 Ti podía hacerme el apaño y di con una MSI de doble ventilador nuevecita por apenas 50 euros, de modo que no me lo pensé mucho y fui a por ella, ya que tampoco es que hubiera muchas a la venta en el mercado de segunda mano. Se ve que el mundillo de las gráficas está muy parado y estamos todos esperando a que haya stock para renovar nuestro hardware. Por cierto, nada más llegar a casa con ella le desmonté todo el conjunto de radiador y ventiladores, le limpié el poco polvo que tenía y aproveché para cambiarle la pasta térmica porque vi que estaba algo reseca.

Relacionado con esto de la gráfica, de momento decidí mantener la fuente de alimentación del antiguo PC, ya que es de 500 W y tiene potencia de sobra para mover todo esto. Cuando vuelva a haber stock de tarjetas gráficas compraré una fuente acorde con la GPU que compre; aunque puede que pille antes una con potencia y conectores de sobra para cualquier modelo actual y eso que llevo por adelantado.

Un capricho de última hora

Y bueno, ya que me estaba montando un ordenador a mi gusto, aparte del tema de los detalles de la iluminación LED, tenía ganas de probar algo que me llamaba la atención desde hacía mucho tiempo: una refrigeración líquida para el microprocesador. Y en concreto elegí la MasterLiquid Lite 120 de Cooler Master. Un modelo AIO sencillo de instalar, fiable y que ya lleva tiempo en el mercado.

Al final estos sistemas funcionan como el radiador de un coche: hay una bomba que mantiene el líquido refrigerante dando vueltas en un circuito hermético y éste pasa por el disipador del procesador absorbiendo el calor que emite. Líquido que se vuelve a enfriar al pasar por el radiador que montamos en la parte trasera del PC y por el que pasa aire impulsado por un ventilador que girará más rápido cuanto más se caliente el micro.

Estuve a punto de comprar el modelo de 240 mm de largo (radiador con dos ventiladores) pero vi que el Ryzen 3500X no emite mucho calor con su TDP de tan sólo 65 W y que por tanto con el 120 mm iba de sobra, quedando mucho más discreto y silencioso que el modelo grande.

Y sí, algunos me diréis que es mejor un conjunto de disipador y ventilador, que las refrigeraciones líquidas acaban dando problemas de fugas y sedimentaciones, que son nada más que postureo… Todo eso ya lo sé, pero la cosa es que tenía ganas de probar una por mí mismo y para montar el ventilador que trae en la caja el Ryzen puedo hacerlo en cualquier momento, pues lo tengo guardado en el armario.

Montando el nuevo PC

Justo la semana antes de Navidad conseguí la gráfica y también me llegó la placa base, la memoria y el micro; así que con esto ya tenía todo lo necesario para poder empezar a montar el nuevo PC; pues la caja, la refrigeración líquida y los ventiladores ya los había comprado unos días antes y la fuente de alimentación es del antiguo ordenador.

Hay gente que puede considerar que este tipo de cosas son un auténtico tostón, pero en mi caso es algo que disfruto y que me encanta hacer. De hecho comentaba con mi chica el otro día que a un ordenador que tuvimos mi hermano y yo allá por el año 2000 le cambiamos tantas cosas a lo largo de su vida útil que al final la única pieza original que le quedaba era la disquetera. Eramos unos locos del hardware y por aquella época, dentro de lo que nuestros limitados recursos económicos nos permitían, manteníamos el PC acualizado a base de cambiar componentes cada dos por tres.

Así pues, empecé montando micro y memoria en la placa base, luego monté el conjunto en la nueva caja, monté la fuente de alimentación del antiguo PC y pasé todo el cableado por la parte trasera del chasis, monté los discos duros, conecté todas las alimentaciones y cables de datos a la placa y a los discos, monté la refrigeración líquida, la tarjeta gráfica y la tarjeta WiFi (el ordenador está lejos del router y no quiero andar pasando cables por todos lados) y por último instalé Windows 10, detectando todo a la primera y funcionando sin errores desde el primer instante empezando así a actualizar drivers e instalar actualizaciones del SO y mis programas habituales.

Por último, aproveché para comprar una alfombrilla XXL con iluminación LED fabricada por Mars Gaming y ya puestos una tira LED RGB de dos metros para iluminar todo el contorno inferior de mi mesa y así darle un toque más molón. Sé que el ordenador funcionaría igual sin estos dos elementos, pero como ya os he dicho en un par de ocasiones a lo largo de este artículo, me apetecía darle alguna pincelada de estilo tanto al ordenador como al cuarto donde lo tengo ubicado.

Aun así, todavía tengo alguna cosa pendiente como organizar los cables que se ven tras la CPU y cambiar la fuente por una de color negro para que no cante como la gris que tengo montada ahora mismo. Aparte de esto, como ya os dije en algún momento cambiaré la tarjeta gráfica por un modelo actual para alcanzar así el punto al que quería llegar con este ordenador.

Conclusiones

¿Qué he conseguido con este ordenador? Pues además de tener un equipo actual al que sólo le falta una gráfica más moderna y una fuente acorde con ella para mover todo lo que le echen, una motivación para haberme estudiado la arquitectura Zen de los nuevos micros de AMD, descubrir en qué se basan las mejoras de rapidez del conector M.2, conocer de memoria la gama de Nvidia al completo, unas cuantas horas viendo vídeos de hardware en Youtube (mi gran «descubrimiento» de estos días ha sido el canal de Nate Gentile) y un día entero de puro disfrute montando todo el conjunto de hardware y software, pues comencé a primera hora de la tarde montando el Ryzen en la placa base y terminé instalando los últimos drivers de la tarjeta gráfica en Windows a las tres de la madrugada.

Mientras se alinéan los astros para que aparezca una gráfica potente a un precio justo, usaré la 750 Ti con juegos como Metro 2033 Redux, Alan Wake, The witcher, Sleeping dogs o Bioshock 2 por ejemplo, ya que como tienen algunos años puedo ponerlos con el nivel de detalle al máximo corriendo a los 75 Hz nativos de mi monitor. Son títulos que tenía comprados desde hace bastante, pero que por falta de tiempo y/o porque en mi anterior ordenador no iban muy finos hasta ahora no he podido disfrutarlos como merecen. Al fin y al cabo siempre he dicho que las obras de arte son atemporales, así que nunca es tarde para disfrutar de estas cosas.

En cualquier caso, estoy más que contento con el resultado porque es la primera vez que monto un PC completamente desde cero y me ha sorprendido la ausencia de problemas y errores. No os digo más que en el primer arranque tenía una linterna en la mano porque estaba convencido de que al pulsar el botón de encendido pegaría algún chispazo y saltaría la luz de casa, pero no fue así.

Soy consciente de que no es un ordenador bonito en términos absolutos como algunas creaciones que se ven por ahí y que están diseñadas por gente que tiene mucho arte para estas cosas, pero al final es algo que he hecho yo de principio a fin dándole mi propio toque personal y estoy orgulloso de ello.

¡Nos leemos!

Actualización 28-01-2021

He conseguido una Gigabyte GTX 1060 Windforce OC 3 GB por 100 euros, que no es la tarjeta de mis sueños pero que obtiene un rendimiento de algo más del doble que la 750 Ti y eso se nota en algunos juegos como Shenmue III o Project Cars. Aunque con la fuente anterior hubiera sobrado para alimentar todo el conjunto, también me he hecho con una Tooq TQXGEII de 700 W que dispone de dos conectores de 6+2 pines para alimentar tarjetas gráficas (la 1060 sólo usa uno de 6 pines, mientras que la 750 Ti se alimentaba exclusivamente a través del bus PCIe). Sea como sea, el mercado de las tarjetas gráficas nuevas está, a dia de hoy, todavía peor que antes de Navidad. Espero llegar a hacerme con una RTX 3060 algún día, pero creo que la cosa va a estar muy muy complicada.

Por cierto, también he cambiado la tarjeta Wifi por una más rápida, ya que tengo contratada en casa fibra de 300 Mb/s y con la anterior no pasaba de 80 Mb/s. Con la nueva estoy en torno a los 270 Mb/s y eso es algo que se nota cuando toca descargar grandes cantidades de datos (los 68 GB de Doom, por ejemplo).

Un detalle más: en ocasiones, sobre todo cuando los ventiladores giraban rápido, a veces la tapa de metacrilato vibraba un poco y emitía un sonido que, aunque leve, me molestaba bastante. Lo que he hecho para silenciarlo ha sido pegar unos pequeños círculos adhesivos de goma de apenas 0,2 mm de grosor en las esquinas y la parte central de los largueros metálicos del chasis donde apoya el metacrilato. Desde ese momento se acabaron las vibraciones.

Actualización 13-02-2021

Hoy he comprado un nuevo disco duro SSD de 960 GB; concretamente un Kingston A400. Lo he añadido de tal modo que en él irá el grueso de mi biblioteca de Steam, ya que el de 480 GB se estaba quedando muy justo y las rebajas del año nuevo Chino han sido la puntilla.

Todavía queda en la placa base un puerto SATA libre para un quinto disco duro, pero de momento lo descarto, ya que como podéis ver en la imagen anterior el de 480 GB ha quedado vacío, los otros dos están todavía bastante libres y en el nuevo todavía hay unos 320 GB disponibles.

Actualización 22-05-2021

Hace unos días se me puso a tiro una tarjeta gráfica RTX 2060 a precio digno y no me lo pensé dos veces, de modo que me hice con ella y actualicé el ordenador. En concreto es una MSI RTX 2060 Gaming Z 6GB que aunque se come tres slots PCIe, gracias a su generoso disipador y sistema de refrigeración hace que a plena carga no pase de 72 grados.

Más que por la potencia bruta (al jugar en 1080p no necesito un pepino tipo 3090) tenía ganas de actualizarme a la gama RTX por poder utilizar juegos como Quake II RTX o jugar a Control, Battlefield V o Shadow of Tomb Raider en todo su esplendor.

Comentar que tuve algunos problemas al instalarla porque el ordenador no detectaba la gráfica incluso antes de poder entrar a la BIOS, pero trasteando un poco vi que era porque debido a su elevado peso la tarjeta tendía a flexar un poco hacia abajo y alguno de los pines del slot PCIe no hacía buen contacto. Lo que he hecho ha sido introducir una pieza entre la gráfica y el chasis de la caja a modo de calzo y así la tarjeta queda totalmente horizontal y no da problemas.

Actualización 20-09-2021

Aunque estaba más que contento con el Ryzen 5 3500X he cambiado el microprocesador por un Ryzen 7 3700X, pasando de tener seis núcleos y seis hilos a ocho núcleos y dieciseis hilos. ¿Se nota en los juegos? Pues muy poco, la verdad, porque ahí casi todo depende de la tarjeta gráfica. ¿Se nota en los Benchmarks? En 3D Mark sí que se nota algo porque además de la gráfica hay partes de los tests que tiran de procesador puro y duro; pero esto se nota sobre todo en los benchmarks de cálculo tipo CPU-Z o Cinebench; donde el rendimiento en multinucleo duplica al del procesador anterior.

Lo que también ha aumentado son las temperaturas de funcionamiento, rodando los 35 grados en idle hasta los 77 aproximadamente que se alcanzan en pruebas de rendimiento largas en las que se le exige el 100% al procesador. Con el 3500X en idle estaba por un estilo mientras que las máximas rondaban los 63 grados. Sigo manteniendo la misma refrigeración líquida del principio, eso sí.

Actualización 05-10-2021

En parte porque en las últimas semanas me he emparanoiado con que cualquier día mi refrigeración líquida podría tener una fuga liándomela parda en el PC y en parte porque tenía ganas de experimentar, me he pasado a refrigeración a base de aire; aunque bien es verdad que la líquida la tengo bien guardada por si al final vuelvo a ella; que no lo descarto.

El disipador que estoy empleando ahora mismo es el Wrigth Prism de la propia AMD que venía en la caja del Ryzen 7 3700x. Lo tengo conectado nada más que al conector «CPU fan» de modo que muestra iluminación RGB cíclica pero no la puedo controlar a no ser que conecte un cable a uno de los conectores USB de la placa; cosa que de momento no voy a hacer porque primero me quiero asegurar de que el sistema refrigera correctamente.

Los ventiladores azules molones que tenía la caja (los que veis en la fotografía que hay sobre estas líneas) han dejado paso a unos sin iluminación pero regulados por PWM desde la BIOS a través de un hub y capaces de mover mucho más caudal, de modo que ahora tengo control preciso sobre la cantidad de aire que quiero hacer circular dentro de la caja, algo importante si en un espacio tan reducido tienes una tarjeta gráfica y un microprocesador funcionando a temperaturas que pueden rondar perfectamente los 70 grados centígrados. Si no eres capaz de sacar ese aire caliente de ahí dentro en pocos minutos empezarás a tener problemas de thermal throttling y otros fenómenos poco deseables; además de acortar la vida de los componentes del PC. Por tanto, la renovación del aire de la caja es algo de suma importancia.

El esquema es el clásico de dos ventiladores metiendo aire fresco por el frontal de la caja, uno en la parte trasera para sacarlo fuera y dos en la parte de arriba para ayudar todo lo posible a evacuar el calor de ahí dentro ayudando a la convección natural. Por tanto, el flujo de aire de salida gana al de entrada, lo que quiere decir que estoy generando una presión negativa dentro de la caja y convirtiéndola así en un pequeño aspirador para el polvo que haya en los alrededores de la torre. Aún así, como es una caja muy sencilla de abrir y cerrar de vez en cuando le pego una buena limpieza a todo y Santas Pascuas.

Me estuve pensando si generar una presión positiva o negativa, pero al final me quedé con la negativa porque tengo la sensación de que es más importante sacar todo el aire caliente posible por la parte superior de la caja que meter aire fresco, el cual por la presión negativa buscará cualquier hueco para entrar dentro de la caja.

En cualquier caso, en un uso exigente como es jugar a Cyberpunk 2077 durante un par de horas arroja unas temperaturas estabilizadas de unos 72 grados centígrados para la CPU, 70 para la GPU y 55 para el interior de la caja (no sé en qué punto de la placa base estará el sensor que mide esta última). Pueden parecer elevadas, pero he ajustado las curvas de los ventiladores para que llegados a ese punto todavía no hagan demasiado ruido. Si los subo de velocidad puedo bajar algún grado más, pero para una CPU Ryzen 7 y una gráfica de la serie «Gaming Z» de MSI rondar los 70 grados no es ninguna locura.

Actualización 12-10-2021

Cuando la temperatura de la CPU se dispara, el Wraith Prism es un avión en pleno despegue gracias a sus 3750 RPM de velocidad máxima. Es verdad que refrigera bien y mantiene las temperaturas del 3700X en la media de lo que es normal en este microprocesador, pero el ruido es bastante bestia y con la casa en completo silencio puede llegar a ser incluso molesto; de modo que me he animado a cambiarlo por un NOX Hummer H-212 que tiene fama de eficiente y silencioso.

Con éste modelo mantengo las temperaturas más o menos en rango que daba el disipador de AMD pero a costa de un ruido muy inferior incluso cuando su ventilador (cónico de 120 –> 92 mm) gira a toda velocidad, que son 1600 RPM. Tenía en el punto de mira un modelo de Cooler Master y otro de Noctua, pero la anchura de la caja me limitaba a modelos de como mucho 140 mm de alto, y no tenía ganas de recurrir a modelos de perfil bajo que siempre dan menos rendimiento.

Con esta configuración y una temperatura ambiente de 23 ºC tengo en IDLE el micro a unos 38 grados, la gráfica a 28 grados y la caja a 26 grados. Tras una hora jugando a Cyberpunk 2077 las temperaturas son de 68 grados en el micro, 70 en la gráfica y 53 en la caja, que no lo veo mal para ser microATX, la verdad.

Y la verdad es que el punto en el que está el ordenador a día de hoy me parece que no le tocaré muchas más cosas. No me planteo un micro más potente ni memoria RAM más rapida, puesto que creo que las ganancias de rendimento no serían muy destacables. Tampoco creo que me meta en una gráfica más potente, pues tal y como está el mercado prefiero seguir con mi RTX 2060 y ya para el siguiente PC me plantearé algo más potente si los precios de las gráficas han vuelto a sus niveles pre-locura tecnológica.

Lo único que se me pasa por la cabeza a medio plazo es cambiar de caja a una que tenga mejor flujo de aire, porque creo que aunque le metí dos ventiladores en el frontal, por la forma que éste tiene no consiguen que entre mucho más aire fresco del que entraría por aspiración de los otros ventiladores que extraen aire de la caja.

En cualquier caso, no descarto elaborar un par de artículos en base al sistema que he montado de monitorización de temperaturas en tiempo real, la experiencia del paso de refrigeración líquida a aire y el control de curvas de ventiladores a través de PWM; ya que me parecen temas interesantes sobre los que, si mi escaso tiempo libre lo permite, me gustaría explayarme a gusto. A ver si tengo ocasión de sentarme largo y tendido a aporrear teclas un día de estos.

Actualización 17-10-2021

He publicado un artículo que trata de cómo visualizar en tiempo real los parámetros principales del PC usando un Stream Deck; y es como es algo que he hecho en el ordenador sobre el que trata esta entrada he creído interesante enlazarlo. Espero que os parezca interesante.

Review: Imalent HR70

En los últimos años he probado multitud de linternas pero la de hoy es de un tipo que todavía no había pasado por mis manos, ya que se trata de un potente frontal que también se puede desmontar de su soporte para sostenerla en la mano, fijarla con el clip metálico que incluye o adherirla a ciertas superficies metálicas. Hoy le echaremos un vistazo en profundidad a la Imalent HR70.

El cuerpo

Si vemos la linterna de lejos no parece muy diferente de una de tantas otras que han pasado por aquí: cuerpo cilíndrico en aluminio color negro, tapa trasera roscada para alojar la batería, un sólo botón para controlar tanto el encendido y apagado como los diferentes modos disponibles… Sin embargo al verla con atención veremos que en esta caso la luz no sale por la parte delantera del «tubo» como en una linterna al uso, sino por un lateral.

Si vamos a las medidas, estas son de 103 mm de longitud, 26 mm de diámetro en su zona más gruesa (la fuente de luz) y tiene un peso con batería de 100 gramos. Como os digo, es más pequeña de lo que podríamos pensar viendo su potencia y creo que con una imagen os podréis hacer una idea.

En este caso nos encontramos ante una linterna con batería de ion-litio tipo 18650 de 3000 mAh de capacidad que se recarga a través de un puerto magnético consistente en dos círculos concéntricos justo detrás del emisor LED y al que va conectado un cable-cargador USB. Este punto, que en la recientemente analizada Imalent LD70 me parecía su principal pega, aquí no lo es tanto ya que si perdemos el cable siempre podemos recargar la batería en un cargador externo; pero aun así sigue siendo más complejo que si hubieran implementado un simple cable microUSB o, mejor aun, USB-C porque siempre tenemos alguno a mano.

En la caja se incluye además de la linterna con su batería dentro y el juego de cintas para la cabeza, el cable-cargador que os decía, un par de juntas de goma de recambio y el clip de sujección (bastante útil en este tipo de linternas como os comentaré más adelante).

El botón se encuentra sobre la cabeza de la linterna. En este caso es de goma, con algo de relieve y he de decir que tiene un tacto muy bueno, ya que los clicks son precisos y certeros. Junto a él se encuentran dos leds (uno verde y uno rojo) que nos indicarán el estado de la linterna y la batería como ahora os explicaré.

Como os digo, lo mejor de este botón es su tacto y su colocación, ya que accederemos a él con total facilidad y además no fallaremos en el cambio de modos o el encendido y apagado de la HR70; algo importante en una linterna que normalmente no va a ir en nuestra mano sino en nuestra cabeza y por tanto nos va a tocar buscar «a tientas» el botón.

Es importante en linternas potentes (y que por tanto se calientan bastante) el disponer de algún tipo de bloqueo que evite encendidos accidentales en bolsillos, mochilas y demás lugares «incontrolados». En el caso de la HR70 hay dos modos de hacer esto:

  • A nivel físico podemos girar media vuelta la cabeza de la linterna y de ese modo cortaremos el contacto entre el polo positivo de la batería y la cabeza. Evidentemente es el método más fiable (bueno, lo es maś todavía extraer la batería de la linterna directamente) pero tiene el inconveniente de que para volver a «reactivarla» tendremos que usar las dos manos, lo que no siempre es cómodo según la actividad que estemos realizando.
  • A nivel lógico, la solución es matener pulsado el botón durante unos 5 segundos, lo que provocará el parpadeo del LED rojo que hay junto a él indicando que la linterna está bloqueada. Para desbloquearla debemos realizar la misma operación.

Un elemento que me ha gustado mucho son las cintas para llevar la linterna en la cabeza. Son de un material suave, ajustables en todas sus dimensiones y además el sistema para sujetar la linterna es tan sencillo como firme: dos aros de goma en los que insertar la linterna de modo que quedará en horizontal con el LED desplazado a un lado y con los que podremos regular su inclinación con facilidad.

Es la primera vez que uso este sistema y he de reconocer que si se tensan medianamente las cintas en la cabeza, la linterna no se mueve aunque cambiemos la orientación de la cabeza con cierta brusquedad. Al principio probé a ir caminando y enseguida me sentí confiado, de modo que empecé a trotar un poco y vi que el conjuno se mantenía perfectamente en su sitio. Para ver dónde estaba el límite, aprovechando que estaba en una zona oscura y sin gente empecé a hacer un head-banging contenido y ahí es cuando empecé a notar que en cualquier momento la linterna podía salir volando pero, claro, no es una situación muy habitual a no ser que entrenemos con el Smells like teen spirit de Nirvana.

Por cierto, si hablamos del agarre en mano, he de decir que la HR70 posee un knurling en la parte cilíndrica de su cuerpo así como un ranurado en los laterales del emisor de luz que aunque está pensado para mejorar la disipación de calor (incrementa la superficie en contacto con el aire) también hace que la linterna no se nos resbale de las manos aunque estén húmedas y/o frías.

Por último, la linterna tiene certificación IPx8 (podríamos sumergirla un metro en agua sin problemas) y según el fabricante aguanta caídas de hasta 1,5 metros sin romperse. He probado a meter la linterna bajo la ducha y ha aguantado perfectamente, pero no he hecho pruebas de caídas ni voluntarias ni involuntarias.

La luz

La HR70 es una linterna más luminosa de lo que podríamos pensar a primera vista por sus contenidas dimensiones, y es que en su interior cuenta con un potente LED Cree XHP70.2 idéntico al que lleva la LD70, sólo que en esta ocasión «limitado» a un máximo de 3000 lumens (que no es precisamente poco).

El LED es de un tamaño considerable y está montado al fondo de un bonito reflector de piel de naranja que permite reflejar la luz de un modo suave y sin anillos o halos en la proyección del haz luminoso. Del exterior lo separa una lente lisa totalmente transparente encajada en un anillo color metálico que remata esa zona de la linterna.

Los modos de funcionamiento se estructuran del siguente modo:

  • Bajo: 30 lumens (50 horas)
  • Medio Bajo: 300 lumens (4 horas y 15 minutos)
  • Medio: 700 lumens (1 hora y 36 minutos)
  • Alto: 1500 lumens (3 minutos) –> 1000 lumens (69 minutos)
  • Turbo: 3000 lumens (1,5 minutos) –> 1000 lumens (66 minutos)

No observo rastro de PWM en ningún modo, y es que ya sabéis que a veces en los modos más bajos esto es algo muy evidente y, aunque estando quietos no sea muy visible, en una linterna que está hecha para usarla siempre en movimiento va a ser evidente y en muchas ocasiones molesto. Como os digo, no es el caso de la HR70 en la que la iluminación siempre es estable.

Al ser una linterna orientada a alumbrar el camino cuando estamos andando o corriendo por lugares poco iluminados, su haz está diseñado para concentrarse en la zona central. Esto da lugar a una luz muy potente y de bastante alcance pero la contrapartida es que las zonas circundantes quedarán en penumbra y por contraste a nuestros ojos les parecerán completamente negras.

Lo bueno es que el camino vamos a poder distinguirlo perfectamente. Si vamos caminando por un sendero sencillo en completa oscuridad el modo Bajo nos proporciona luminosidad más que suficiente, mientras que si vamos corriendo o el camino tiene algo de relieve es más recomendable el modo Medio, ya que nos va a revelar más detalles y además veremos lo que tenemos más adelante desde una distancia mayor y por tanto podremos anticipar nuestros movimientos.

Para que os hagáis una idea mejor de lo que podemos ver con la HR70 funcionando en el modo Medio de 700 lumens os dejo dos imágenes a continuación. En la primera de ellas podéis ver (o más bien no ver) la visibilidad que tenía en la zona donde estaba probando la linterna; mientras que en la otra tengo la linterna encendida en mi cabeza y gracias a ella puedo vislumbrar perfectamente unos cuantos metros del camino que estoy recorriendo.

Los modos más potentes los veo bien para usarlos puntualmente en situaciones donde necesitamos distinguir algo en la lejanía (un cartél, una bifurcación, un lobo siberiano…) para luego volver al uso normal de los dos modos más bajos. Salvo que los usemos en un descenso vertiginoso a toda velocidad por un bosque en mountain bike, que entonces mejor emplear todos los lumens posibles, como en la siguiente imagen tomada mientras tenía el modo Turbo activado con la linterna en mi mano izquierda.

Para conocer el estado de la batería sólo tenemos que consultar los dos LEDs que hay junto al botón mientras la estamos utilizando, ya que el de color verde va a estar encendido (podéis verlo en la imagen que hay sobre estas líneas) si la batería está bien de carga pasando a iluminarse el rojo si su tensión baja de los 3,2 voltios, lo que será la indicación de que nos va a tocar recargarla más pronto que tarde.

Me hubiera gustado que la HR70 incorporara un modo Moonlight de un lúmen de esos que me gusta tanto utilizar por casa de noche; pero también es verdad que en una linterna pensada para salir por el campo no tiene mucho sentido porque en realidad no nos sirve para ver casi ni nuestros pies. Eso sí, el modo Bajo de 30 lumens es demasiado potente para usar al levantarnos de la cama de madrugada porque alumbra tanto que vais a despertar hasta a los vecinos.

Las sensaciones

Era la primera vez que usaba un frontal y la experiencia fue muy instructiva porque gracias a la cambiante climatología de estas semanas de inicio del otoño pude comprobar que una linterna de este tipo no es colocarla en la cabeza mirando hacia delante y ya está; sino que hay que tener en cuenta algunos factores más.

Lo primero es que la ligereza en este tipo de modelos es muy importante, ya que si bien en una linterna que llevamos en la mano unos gramos de más no representan un problema, en algo que va a ir fijo a nuestra cabeza y sujeto a nuestros movimientos un exceso de peso se va a traducir en una inercia que vamos a notar a cada paso.

El diseño de la linterna y la forma de colocarla en las correas para la cabeza está diseñado para poder regular en un momento el ángulo del haz de luz con respecto al suelo. Y es que si colocamos la linterna muy horizontal y usamos los modos más potentes para así poder ver muy lejos, vamos a deslumbrar a todo el que se cruce con nosotros de modo que comenzaremos a escuchar insultos y palabras malsonantes hacia nuestra persona. Si estamos solos en medio del bosque no hay problema, pero si no es así mejor usar un modo con menos lumens y apuntar el haz ligeramente hacia el suelo con un simple gesto de rotación con nuestra mano.

El primer día que estuve haciendo pruebas con esta linterna me acerqué a una arboleda al anochecer cuando justo se estaba levantando algo de niebla, lo que me vino muy bien para comprobar algo: si en esas condiciones la fuente de luz está a la altura de tus ojos se refleja en las minúsculas gotas suspendidas en el aire y sólo ves un halo blanco. Es lo mismo que cuando vamos conduciendo y ponemos las largas: que ves menos que si vas con las luces de cruce y por esto los faros antiniebla van lo más pegados posible al suelo.

En estos casos es cuando el clip que incluye la HR70 tiene todo el sentido, porque lo que debemos hacer en estos casos es alejar la fuente de luz de nuestros ojos; así que una buena solución es colgar la linterna de nuestra cintura y así podremos ver mucho mejor. En serio, si vais con un frontal y os ocurre algo de esto probad lo que os digo y enseguida notaréis la diferencia.

Si la queremos usar en la mano, su forma en L nos obligará a girarla 90 grados hacia arriba lo que resulta algo más incómodo que con una linerna «clásica», pero aun así no es una cosa grave y es perfectamente usable. Además, la base magnética que tiene permite colocarla en ciertos elementos metálicos como el capó de un coche, un poste o el interior de un cuadro eléctrico si necesitamos que alumbre de manera fija. Es un imán de neodimio de tamaño generoso, por lo que en superficies de hierro o acero se pega con mucha fuerza y a mí me da la suficiente confianza como para probar cosas como las de la imagen que tenéis a continuación.

Conclusión

El mundo de las linternas frontales no lo había explorado todavía, y he de reconocer que me ha parecido muy útil cuando te da por hacer deporte en zonas sin iluminar o si necesitas una buena fuente de luz a la hora de trabajar que te ilumine justo donde estás mirando y además te permita tener las manos libres.

Uno de los mayores rivales de la linterna que hoy hemos visto está dentro de la propia marca, y no es otra que la ya mencionada LD70 con sus picos de 4000 lumens y su gran autonomía en los modos más bajos. Aun así, se trata de un modelo con un enfoque diferente y si necesitamos una linterna frontal la LD70 no es una alternativa viable, ya que no hay una forma fácil de llevarla fija porque no se puede acoplar a un sistema de correas ni incluye ningún tipo de pinza para sostenerla en el tirante de una mochila o en la ropa.

Por tanto, si sois aficionados al deporte en plena naturaleza, ahora que las tardes son cada vez más cortas la HR70 puede ser un buen complemento para encontrar el camino de vuelta a casa cuando se va el sol y de repente nos vemos envueltos de la más completa oscuidad.

Lo bueno

  • Versatilidad
  • Potencia lumínica
  • Sistema de correas simple y efectivo

Lo malo

  • Cable propietario
  • Algo incómoda de sostener si la usamos como linterna de mano

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Review: Imalent LD70

En el último año de colegio mi profesor de matemáticas usaba un portatizas porque decía que sufría alergia al yeso, de modo que siempre le recuerdo llegando a clase y sacando aquel cilindro azul de su maletín para ponerse a escribir fórmulas en la pizarra.

No sé si tendrá que ver, pero cuando vi las primeras fotos de la Imalent LD70 no podía dejar de ver aquel portatizas que os digo: el tamaño, la forma, el volumen… Se hubiera quedado en una anécdota simpática si no hubiera visto también las características técnicas de este pequeño cañón de luz, ya que es capaz de lanzar por momentos 4000 lumens (sí, cuatro mil: un cuatro seguido de tres ceros) y al final eso es lo que me animó a hacerme con ella.

El cuerpo

La LD70 tiene un aspecto bastante futurista; especialmente si la adquirimos en uno de los tres colores alternativos al clásico negro como son azul eléctrico, dorado y verde militar, que es la que al final me he comprado. Estuve a punto de comprar la azul, pero he de reconocer que desde el primer momento la verde me hizo tilín y al final decidí seguir mi instinto. Creo que hice bien, porque en la mano es bien bonita y contrasta mucho con el negro de ciertas partes de su cuerpo, el azul del anillo externo de la lente frontal y el amarillo del propio LED.

La linterna es básicamente la fusión entre un octógono redondeado hasta el punto de ser casi un cilindro, está fabricada en aluminio y el color principal está aplicado mediante un anodizado que, como os decía, está disponible en cuatro colores principales. En cualquier caso, el «fondo» siempre es negro y lo que cambia es la capa exterior.

Tiene una longitud de 81 mm, un diámetro de 27 mm y un peso de 87 gramos, lo que la situa en la familia de las linternas EDC pero no de las que, como la Rovyvon Aurora A1 o la Nitecore Tiki pueden ir colgadas en nuestro llavero a todas horas sin que notemos que están ahí. En el caso de la LD70 su emplazamiento natural es una mochila o, como mínimo, un bolsillo amplio como en el caso de, por ejemplo, la Olight S1 Baton.

De hecho, Imalent incluye como complemento a este modelo una correa de muñeca con el nombre de la marca bordado en ella, lo que nos está indicando dos cosas: que la linterna no puede ir en un llavero y que está tan pulida (no tiene ningún tipo de knurling) que se nos puede resbalar de las manos si hace mucho frío y/o somos torpes. Lo bueno es que por obra y gracia de las aristas longitudinales de su cuerpo no rodará si la dejamos apoyada en una superficie inclinada.

Continuando con el repaso a la anatomía de esta linterna, el botón de encendido y apagado (y cambio de modos) está integrado en la parte trasera, pero no se trata del típico botón de las linternas tailcap que hace click-clack al accionarlo; sino que es más bien un botón electrónico de muy poco recorrido pero gran precisión.

Como continuación de la filosofía de diseño de este modelo de linterna el botón es de forma muy simple, de diámetro generoso y completamente plano, y he de decir que desde que tengo esta linterna no he fallado ni una sola vez en el número de clicks, que van entre uno y cuatro en función de lo que queramos hacer; así que parece que los diseñadores han clavado el tacto idóneo que ha de tener un pulsador de este tipo. Eso sí, para prevenir encendidos accidentales es importante bloquear la linterna (cuatro clicks seguidos para bloquear y desbloquear) si no la vamos a utilizar durante un tiempo, porque un sólo click provoca el encendido de la LD70 en el último modo empleado y, como luego veremos, puede llegar a calentarse bastante en los más potentes.

Al estar este botón enrasado con la cara trasera de la LD70 podremos hacer tailstanding sin ningún tipo de problema, cosa que se agradece en una linterna tan potente como esta porque nos va a permitir iluminar una estancia bastante grande de forma muy homogénea al rebotar la luz en el techo. También dispone de una hendidura a cada lado para poder colocar la correa que trae donde más cómodo nos resulte, si bien no podremos acomodar ahí una anilla de llavero.

En cuanto al frontal he de reconocer que me gusta mucho: si os fijáis, consiste en una serie de círculos concéntricos generados por el propio diseño «a capas» de la linterna que rodean un bonito reflector de piel de naranja que ayuda a repartir la luz que emite el generoso LED sobre el que gira todo el diseño de este modelo y una lente lisa frontal perfectamente transparente que sella el conjunto y le da un aire muy elegante.

Cerca del botón de encendido veremos dos contactos metálicos que no son otra cosa que el lugar donde se conecta el cable-cargador magnético que viene con la linterna y que representa uno de los principales problemas que le veo a este modelo de Imalent: si perdemos ese cable tendremos un problema. Cierto es que un puerto microUSB o USB-C hace que la linterna quede más expuesta a daños por humedad si se moja porque puede entrar agua al interior, pero mediante su uso puedo cargar una linterna en casi cualquier lugar porque cables de ese tipo los tengo por todas partes.

Sin embargo, al tener un cable propietario he de cargar con él en todo momento si quiero cargar la linterna en la oficina, en el coche, con un powerbank o en un McDonald’s y si por lo que sea lo pierdo o se rompe (cosa mucho más probable al vernos obligados a llevar el cable de acá para allá todo el día) me tocará comprar uno nuevo, el cual se vende en la web de la marca por unos 7 €.

De hecho, estoy pensando en hacerme con una LD10 que cuesta unos 30 € y así ya tengo dos cables de carga, pues ambas llevan el mismo sistema magnético; aunque también he de decir que el modelo que os digo no me atrae tanto como éste empezando por un motivo muy sencillo: sólo está disponible en color negro.

No lo he comentado todavía, pero a estas alturas de la review creo que ya lo tendréis claro; y es que la batería de la linterna es interna y no reemplazable por el usuario pese a que en realidad es una 18350 de 1100 mAh (dato aportado por la propia marca en sus especificaciones del modelo) cuya carga si la hemos dejado tiritando nos llevará una hora y media. Lo bueno es que si con el tiempo la batería se acaba cortocircuitando internamente o algo así, al menos al ser una linterna con un diseño bonito el pisapapeles en el que se habrá convertido quedará chulo en el escritorio.

Otro detalle molón de la Imalent LD70 es la minúscula pantalla OLED monocromática que lleva incorporada al extremo contrario de los contactos de carga. Mediante su uso podremos saber si la linterna está bloqueada o desbloqueada, el modo en que nos encontramos y, lo más importante, la tensión de la batería en todo momento (si la linterna está apagada y desbloqueada este dato podemos consultarlo con un triple click). Del mismo modo, mientras la estamos cargando muestra el símbolo de una pila con cinco segmentos que se van rellenando. Como os digo, la pantalla es pequeña y muy discreta, pero tiene bastante utilidad.

En términos globales la linterna no tiene un tamaño excesivo y no va a suponer una molestia en el bolsillo de una chaqueta ni llevándola en la mano durante mucho tiempo. Por cierto, en cuanto a resistencia a los elementos y a los golpes, el fabricante certifica que la LD70 es IPx8 y que podría soportar caídas desde 1,5 metros.

Hablemos ahora de los modos de la linterna, pues hay bastante que contar. Y es que a diferencia de la mayoría de modelos, esta se enciende con un sólo click y para cambiar entre los cuatro modos estándar (al más potente se accede de otra manera como enseguida os contaré) hay que mantener pulsado el botón.

Para apagarla en todos los casos se hace mediante un click simple y al volver a encenderla esta lo hará en el último que la hayamos usado (a excepción de los modos Turbo y Estroboscópico).

  • Bajo: 20 lumens (15 horas)
  • Medio-Bajo: 200 lumens (3,5 horas)
  • Medio: 900 lumens (45 minutos)
  • Alto: 2000 lumens (1,5 minutos) –> 900 lumens (39 minutos)
  • *Turbo: 4000 lumens (1 minuto) –> 900 lumens (38 minutos)

Como os decía antes, el modo Turbo no está comprendido en el ciclo de modos normales, y es que la forma de acceder a él es con una doble pulsación en el botón de la linterna. Posteriormente, otra doble pulsación pasará al modo Estroboscópico, que no es más que el modo de máxima potencia pero encendiendo y apagando la linterna a una frecuencia de aproximadamente 10 Hz en lugar de mantenerla constantemente encendida. Ideal para epilépticos, vaya.

Como en muchos modelos que cuentan con modos muy potentes, estos no son utilizables continuamente; sino que cuando los activamos se inicia un contador interno que cambia a un modo inferior cuando ha pasado un tiempo estipulado. Del mismo modo, si la electrónica de la linterna detecta que está alcanzando una temperatura interna «peligrosa» bajará la potencia lumínica y no nos dejará volver a los modos superiores hasta que se enfríe algunos grados.

La luz

La luz que emite este modelo de Imalent es bastante blanca, especialmente en los modos más luminosos. También noto que es una linterna más enfocada a iluminar una zona amplia con su amplio haz que a lanzar un «tubo» de luz que puede llegar muy lejos pero que fuera de su perímetro mantendrá todo a oscuras.

El LED encargado de esto es un Cree XHP70.2 bastante novedoso y que representa un paso adelante en el mundo de las linternas, ya que es capaz de sacar mucha más luz que sus antecesores y, por tanto, lograr prestaciones de linternas grandes en un formato de bolsillo.

Para que os hagáis una idea de lo que podemos esperar de este modelo, una noche me acerqué a una arboleda cercana a mi casa para probar los modos más potentes y me fijé en que al apuntar a lo lejos no era capaz de distinguir cosas que estaban muy distantes; pero a cambio podía ver a mi alrededor con mucha claridad gracias a que el haz se abre bastante al salir de la linterna y no tenemos esa sensación de ceguera periférica que ocurre con otros modelos más orientados a alcanzar grandes distancias.

Sobre estas líneas tenéis una de las pruebas que hice. En la primera imagen tenéis lo que se veía cuando estaba allí con la linterna apagada (era ya casi totalmente de noche) y en la segunda lo que podemos llegar a vislumbrar con la linterna funcionando en modo Turbo.

Me gustaría que os fijárais en cómo la luz se reparte también hacia los lados haciendo que no sólo el camino central esté iluminado, sino también los senderos laterales que discurren entre los árboles. Seguramente en un día claro llegaríamos a ver incluso a más distancia, pero en esos momentos se estaba empezando a formar algo de niebla y eso se nota en el aspecto blanquecino de la imagen. Aun así, estimo que en esas condiciones de niebla ligera podría distinguir a alguien que viniera andando a aproximadamente 100 metros de distancia.

Como os decía, ese es el modo de 4000 lumens de la linterna, que está pensado para ser empleado durante unos instantes para ver en la lejanía con algo de detalle y luego pasar a un modo más normal. Por ejemplo, para caminar tranquilamente tenemos el modo de 200 lumens con el que veremos nuestro entorno perfectamente incluso en completa oscuridad y con el que tendremos una duración de batería más que decente; aunque si queremos más chicha podemos pasar al modo de 900 lumens que emite un porrón de luz y que podremos mantener encendido continuamente durante tres cuartos de hora.

Aprovecharé para comentar que el modo de 20 lumens se queda un poco en tierra de nadie: son demasiados para andar por la casa a oscuras (ya sabéis que para eso considero ideal un modo Moonlight de aproximadamente 1 lumen) pero pocos para caminar por el campo; aunque lo bueno que tiene es que no muestra rastro de PWM. Lo veo bien para buscar algo a oscuras en el garaje o para leer en oscuridad sin quedarnos cegatos por el reflejo de una luz potente en el papel; pero como os digo creo que como modo más bajo es demasiado intenso.

ACTUALIZACIÓN: Aprovechando una noche clara y sin ápice de niable, volví al mismo sitio para repetir la fotografía que tenéis unos párrafos más arriba, así que os la dejo a continuación.

Las sensaciones

He de reconocer que aunque de primeras no me convencía mucho el hecho de que la LD70 no tuviera ningún tipo de textura rugosa en su superficie, he de reconocer que el agarre es bastante seguro gracias a las hendiduras que posee. Si además de eso hacemos uso de la correa para la muñeca que incluye, podremos utilizar este modelo sin miedo a que se nos vaya al suelo.

Más allá de esto, lo que más me gusta de este modelo de Imalent (aparte del mogollón de luz que suponen esas ráfagas de 4000 lumens) es su pantalla OLED con la que podemos ver en todo momento qué tensión tiene la batería. De hecho me parece una buena cosa observar cómo en los modos más bajos la tensión de la batería se mantiene más o menos constante pero cuando vamos a los dos más altos el voltaje cae de golpe varias décimas de voltio que luego se recuperan en buena medida al apagar, señal de que la gran cantidad de corriente que estamos extrayendo de la batería en esos momentos la acerca a su límite de rendimiento.

También me gusta mucho su tacto en la mano: aunque el diseño es diferente al resto de linternas habituales, al sostenerla se nota que es sólida y está muy bien ensamblada. La prueba de agitarla por si se nota algún componente suelto en su interior la pasa sin problemas y por mucha fuerza con la que la aprieto no consigo percibir movimiento o crujidos entre las piezas, y eso que por su forma constructiva (tipo «rollito de primavera») uno tiende a pensar que va a crujir o a flexar ligeramente.

Haciendo uso de sus modos más potentes, enseguida apreciaremos que la LD70 se calienta considerablemente. En los modos de 20 y 200 lumens es imperceptible y en el de 900 lumens notaremos que el cuerpo se templa pasados unos minutos; pero en los de 2000 y especialmente 4000 lumens si sostenemos la linterna aproximadamente un minuto con la mano desnuda comenzaremos a sentirnos incluso incómodos por la temperatura que alcanza la superficie metálica de la linterna.

Sé de gente que siente decepcionada con esta linterna porque los modos más potentes sólo se puedan mantener durante breves lapsos de tiempo, ya sea por la temperatura (si alcanza cierto nivel no nos dejará volver a los modos más potentes hasta que se enfríe) o porque la duración de la batería se resiente; pero es que estamos hablando de 4000 lumens en un aparato que es incluso algo más pequeño que la típica barra de pegamento Pritt.

Y claro, es que al cabo de un minuto de uso del modo más potente he llegado a medir en su superficie temperaturas que superaban los 56 grados y la batería se ha descargado casi un 20% durante ese tiempo; lo cual es perfectamente normal porque hasta que no la ves funcionar «en directo» no te haces una idea de la cantidad de luz que es capaz de emitir esta pequeña linterna.

Pero es que, insisto, esos 4000 lumens son para usar en un momento determinado y luego volver a los modos de 200 o 900 lumens, que proveen capacidad lumínica más que suficiente para los usos que podemos darle a una linterna como esta. Si os compráis un modelo de este tamaño pretendiendo iluminar constantemente a ese nivel tenéis dos opciones: esperar unos cuantos años a que la tecnología LED avance considerablente o haceros con una linterna capaz de dar picos de 20000 lumens en la que 4000 lumens será uno de los modos intermedios que podrá mantener sin problemas durante bastante tiempo; pero tened claro que ni va a abultar lo que esta ni va a costar 60 €.

Conclusión

No creo que haya ahora mismo en el mercado ningún modelo que supere a éste en relación «peso, volumen o precio / lumens máximos». Desde luego entre las que he probado hasta el momento podría tener como rivales a la ya mencionada Olight Baton S1 o a la Nitecore TIP2; pero ambos modelos no tienen nada que hacer en cuanto a luminosidad máxima y tampoco disponen de pantalla multifunción. La que sí posee este elemento (pero todavía no ha pasado por mis manos) es la Nitecore TUP, que comparte filosofías de uso y diseño con la LD70 pero su modo turbo se queda en «sólo» 1000 lumens.

Para ponerse a la altura en capacidad de iluminación tendríamos que irnos a una Thrunite TC20 o a una Fenix E35 V3.0 aunque ambos modelos tienen un diseño más clásico y además tampoco disponen de pantalla OLED; y es que la LD70 ahora mismo es un producto único en su segmento por diseño, tamaño y prestaciones y además no me parece que tenga un precio muy disparatado, de modo que me parece un modelo muy recomendable.

Lo bueno

  • Intensidad lumínica brutal en una linterna de este tamaño (aunque sólo durante breves lapsos de tiempo)
  • Calidad de construcción robusta y precisa
  • Diseño moderno y original
  • Pantalla OLED de gran utilidad

Lo malo

  • Cargador no estándar
  • Batería no reemplazable
  • No posee modo Moonlight

Más información

Mi nuevo ordenador de sobremesa

Viendo que mi Core 2 duo con 3 GB de RAM sufría más de la cuenta procesando mis fotografías en Lightroom decidí liarme la manta a la cabeza y renovar mi equipo, ya que cuando tienes que editar más de un centenar de imágenes y no dispones de mucho tiempo libre, quieres que el equipo vaya realmente fluido y no andar esperando a que desaparezca el sempiterno reloj de arena del Windows (aunque ahora sea un círculo azulado).

Caracol col col

Requisitos previos: Micro, memoria, disco duro y tarjeta gráfica

Puesto que mi filosofía a la hora de comprar algo es que si ese «algo» se va a usar con frecuencia merece la pena invertir algo más de dinero, me senté a ver qué es lo que necesitaba y tracé los requisitos más importantes: buscaba un ordenador con una buena dotación de memoria RAM y, sobre todo, con la mayor potencia de cálculo posible; así que opté por la gama más alta de Intel y busqué un micro Intel Core i7 de segunda generación (los llamados «Sandy Bridge»).

Una vez aclarado lo del microprocesador me puse a darle vueltas al tema de la RAM; y aunque en teoría con 4 GB Lightroom funciona perfectamente prefería que el ordenador contara con algo más de esa cantidad o que, en su defecto, tuviera la posibilidad de ser ampliada en el futuro. Eso sí, imprescindible que fuera DDR3; aunque en realidad los micros Core i7 necesitan funcionar con ese tipo de memoria forzosamente porque llevan el controlador de la RAM integrado en el propio micro y no son compatibles con DDR o DDR2.

En cuanto al disco duro, con 750 GB me llegaba; ya que tengo otros dos discos duros externos donde voy volcando todo lo que voy haciendo en lo que a fotografía se refiere. De hecho el Core 2 Duo tenía un disco de 320 GB y nunca tuve el más mínimo problema de espacio a pesar de que 70 GB estaban dedicados en exclusiva a la instalación de Ubuntu.

La tarjeta gráfica me daba exactamente lo mismo, ya que el ordenador de sobremesa sólo lo uso para edición de fotografía, escuchar música y ver alguna película; tareas para las que lo mismo da tener una gráfica integrada en placa que un pepino de 600 euros.

No me hacía falta monitor porque ya tengo uno que se adapta perfectamente al uso que le doy como os comenté en una entrada de hace ya bastante tiempo.

En busca del nuevo ordenador

No tardé demasiado en dar con un buen candidato para venirse a casa conmigo (y además cada vez invierto menos tiempo en buscar aparatos electrónicos; en cuanto veo uno que me convence saco la tarjeta sin darle muchas más vueltas). A medida que iba recorriendo la estantería donde reposaban las CPUs a la venta enseguida me llamó la atención un HP Pavilion de aspecto bastante sobrio y elegante cuyas características se acercaban bastante a lo que había pensado. Su precio era de 799 euros; pero estaba decidido a hacerme con un equipo que no se me quedara pequeño en un par de años y la verdad es que no me pareció excesivamente caro viendo lo que ofrecía:

  • Procesador Intel Core i7 2600 «Sandy Bridge» (3,4 GHz, modo turbo a 3,8 GHz, 4 núcleos, multithreading, 8 MB de caché)
  • 8 GB de memoria RAM DDR3 1333 MHz (de los cuatro slots disponibles hay dos libres)
  • Disco duro SATA de 1 TB
  • Tarjeta gráfica Ati Radeon HD 6450 con 1 GB GDDR3 dedicada
  • Tarjeta LAN, WiFi integrado, sonido 7.1, lector de tarjetas, grabador de DVD…
  • S.O. Windows 7 Home Premium

Cierto es que la tarjeta gráfica es una patata; pero el equipo cuenta con una buena cantidad de memoria RAM ampliable sin problemas y el microprocesador es ahora mismo uno de los modelos más altos del catálogo de Intel (aunque ya se sabe que dentro de tres meses habrán sacado un puñado de modelos que le darán mil vueltas) por lo que para edición fotográfica el equipo va que vuela; y es que las tarjetas gráficas potentes son esencialmente para videojuegos o aplicaciones de animación tridimensional, ya que los programas como Lightroom lo que necesitan es potencia de cálculo y mucha memoria RAM debido a que las transformaciones que realizan en las imágenes son aritmética pura y dura.

Atardecer

Llevo un par de semanas ya con el nuevo ordenador en casa y he decir que he notado un aumento de velocidad brutal en Adobe Lightroom: las fotografías disparadas con mi D300 en formato RAW a 14 bits se abren en una décima de segundo y cualquier cambio en ellas se refleja en pantalla sin ningún tipo de retraso o brusquedad; algo que provocaba ralentizaciones muy importantes en mi anterior Core 2 Duo que ahora regalaré a mis padres, que tienen un Pentium IV con 512 MB de RAM que incluso para navegar por Internet se las ve y se las desea. Ironías de la tecnología: lo que yo considero lento a ellos les parecerá que va a la velocidad del rayo.