La tarjeta que no es una tarjeta

No tenía previsto hacer una serie de entradas sobre cosas que no son lo que parecen; pero dado que el otro día me regalaron algo que cumple con esta característica, he decidido escribir una entrada similar a aquella en la que os mostraba un disquete y un posavasos para enseñaros lo que me dieron en la presentación de Darksiders el pasado Lunes.

No es lo que parece

Normalmente, a lo medios que acudimos a este tipo de eventos se nos facilita a la entrada un dossier de material gráfico y notas de prensa que viene bien para preparar el posterior reportaje del acto. Lo habitual es proporcionar esa información grabada en un CD o DVD por ser el medio más barato y universal para pasar datos, pero con la llegada de los ultraportátiles sin unidades ópticas y la bajada de precios de las memorias flash, a THQ se les ha ocurrido darnos el material grabado en esa tarjeta que podéis ver en la imagen y que en realidad es…

No es lo que parece

¡Un pendrive USB de 1 GB!

A mí me parece una idea muy práctica y a la vez un bonito recuerdo de la presentación. Estaría bien que esto se pusiera de moda entre las compañías y así coleccionar tarjetas/pendrive de cada evento que se celebre en el futuro  😛

Un pendrive de 40 GB

Hace ya un par de meses decidí cambiarle el disco duro a mi portátil. Sus 40 GB originales se me quedaban un poco cortos, sobre todo si tenemos en cuenta que mi librería de iTunes ocupa ya más de 20 GB y el Windows XP cada día tiende a engordar más y más, asi que me dirigí a mi tienda habitual y me hice con un disco duro de 2.5″ y 120 GB de capacidad.

Claro, en un sobremesa podríamos dejar el disco duro original y añadir el otro como unidad secundaria sin ningún problema, pero en un portátil que, por lo general, sólo tiene una bahía para instalar unidades de almacenamiento tenemos que elegir entre una unidad o la otra.

En mi caso lo que hice fue dejar la unidad de 120 GB en el portátil (lógico) con la consabida reinstalación del sistema operativo y los programas que más se utilizan. Pensando en la unidad de 40 GB opté por hacerme con una carcasa externa para poder emplearlo como unidad de almacenamiento auxiliar, pero como tampoco tenía muchas ganas de dar vueltas en busca de dicha carcasa la compré en el mismo lugar donde compré el nuevo disco duro.

Un pendrive de 40 GB

Es verdad que su estética es más que cuestionable, pero al menos funciona muy bien y es bastante ligera. La colocación del disco en su interior no reviste ninguna dificultad y a partir de ese momento con un sencillo cable USB como los que llevan muchas cámaras digitales y reproductores de MP3 ya tenemos el disco preparado para funcionar.

Es de agradecer que no necesite ningún tipo de transformador externo para funcionar (aunque la carcasa tiene una entrada dedicada por si el USB no es capaz de dar la corriente requerida por el disco duro) ni rollos raros de dobles cables ni cosas por el estilo.

Una vez en funcionamiento la transmisión de los datos se realiza de manera bastante rápida (es USB 2.0) y a todas luces el sistema operativo lo detecta como si de un pendrive se tratara. Además, a la hora de desconectarlo del bus USB escucharemos cómo la cabeza se aparca y por tanto podemos llevar el disco en una mochila sin riesgo para su integridad (siempre que no vayamos a practicar motocross con él encima, claro). Como podéis ver en la fotografía que os colocaba antes su tamaño no es ni mucho menos grande (de hecho podéis verlo junto a un pendrive de Kingston) y lo podréis guardar en cualquier sitio sin problemas.

Es un “cacharro” especialmente indicado para realizar backups de cosas importantes, para llevarnos toda una colección de música a casa de un amigo o bien para copiar / mover grandes cantidades de datos entre equipos sin tener que usar la red que, sobre todo si es WiFi, a veces es un poco lenta para esas tareas.