Lluvia en la habitación

Hoy tuve un extraño sueño en el que veía cómo gotas de agua resbalaban por los cristales de la habitación en la que estaba. Hasta cierto punto es lógico porque con las tormentas que está habiendo por esta zona sería normal soñar con lluvias; pero el caso es que llovía dentro de la habitación en vez de hacerlo fuera.

Sentía que no hacía frío allí, pero el agua se colaba por la disquetera de un viejo ordenador para refrescarlo; cosa que el sistema operativo agradecía con frecuentes pantallazos azules y una robótica voz que decía algo así como “gracias por no permitir que me derrita”. Yo estaba tranquilo y relajado sentado en mi silla mientras miraba cómo el líquido elemento iba mojando las paredes de aquel extraño y aséptico lugar.

Cogí el teléfono para tratar de avisar a los de la limpieza, pero lo único que escuché es que Telefónica me decía que el número marcado no se encontraba disponible en aquel momento. Fue entonces cuando alguien miró con gesto curioso a través del cristal y lo entendí todo: estaba dentro de una pecera y la estaban empezando a llenar de agua.

Bola acuática

Me desperté y me di cuenta de que la oreja derecha me dolía horrores: me había quedado dormido con los auriculares puestos y eran las seis y media de la mañana. Media docena de horas planchado contra la almohada habían hecho que el pequeño casquito blanco se me tatuara a fuego en mi pabellón auditivo.

En la calle llovía a cántaros; pero al menos dentro de casa no.