Alcalá desde el aire (IV): Vía Complutense en 1990

Vía Complutense a su paso por el centro de la ciudad es uno de los rincones de Alcalá que menos ha cambiado en las dos últimas décadas. De hecho, en la imagen que tenéis a continuación aparecen casi todos los elementos que hay actualmente por allí dando lugar a uno de mis lugares favoritos.

 

Vía Complutense

Vía Complutense en 1990. Fotografía extraída del libro "15 años de ayuntamientos democráticos". (Click sobre la imagen para ver notas y localización geográfica).

 

La única diferencia apreciable a simple vista es que la plaza de toros que aparece en la parte derecha de la imagen ya no existe y en su lugar hay unos bloques de viviendas. Aquel viejo coso taurino constituía un conjunto arquitectónico de lo más interesante que se eliminó de un plumazo dejándonos a muchos con cara de extrañeza (y eso que yo era pequeño cuando se derribó).

Fijándonos un poco en los detalles de la fotografía podemos apreciar elementos que hoy siguen ahí como la gasolinera de la parte izquierda que más bien parece una nave de Star Trek, el boulevard que recorre esta parte de Vía Complutense por su parte central y la actual facultad de derecho en la esquina inferior derecha. Un paisaje conocido para todos los alcalaínos que apenas ha variado en los últimos tiempos y que hoy podemos ver a vista de pájaro.

¡Hasta el próximo vuelo!

Alcalá desde el aire (III): el barrio de El Ensanche en 1990

A algunos de vosotros se os hará raro ver el barrio de El Ensanche en sus inicios (bueno, para ser exactos, cuando todavía no existía como tal). De hecho, los que conozcáis la ciudad reconoceréis la zona por la disposición del trazado de las calles y las marcas de las glorietas en el terreno, pues en aquellos años dicha zona de Alcalá estaba prácticamente “en proyecto” y de ahí que esta imagen que os muestro a continuación sea tan diferente a lo que hay allí actualmente.

El Ensanche

El barrio de El Ensanche en 1990. Fotografía extraída del libro "15 años de ayuntamientos democráticos". (Click sobre la imagen para ver notas y localización geográfica).

Para situaros un poco os diré que la línea recta que se dirige hacia la esquina superior derecha de la fotografía es la carretera A-2 y que el conglomerado de casas que se aprecia en la esquina inferior derecha es el barrio “el campo del ángel”; aunque si queréis más detalles podéis hacer click sobre la propia imagen y os llevará a su página de Flickr donde tenéis varias notas aclaratorias.

En cualquier caso, se trata de una de las zonas de Alcalá que más radicalmente ha cambiado en los últimos tiempos, ya que de una gran extensión de terreno se ha creado todo un barrio con multitud de bloques de viviendas, comercios y servicios. Milagros del urbanismo.

¡Hasta la próxima visita aérea!

La paciencia en fotografía siempre tiene premio

Camino por aceras ardientes gracias a un sol implacable. En el bolsillo un poco de música y en la mano la cámara de fotos dispuesta a captar cualquier instante irrepetible.

Llego a una plaza sombría del centro de la ciudad y diviso una fuente que, con sus finos hilos de agua, invita a congelar su movimiento en una imagen capaz de refrescar al espectador. Lo intento una y otra vez; cambio parámetros, vuelvo a disparar… no estoy conforme con lo que capto, le falta algo… Tal vez sea por la férrea mirada de la dama de hierro que me mira desde su pedestal.

La dama de hierro

De repente una sombra pasa sobre el agua de la fuente y observo que una paloma se ha posado en la parte más alta de la misma dispuesta a dar algún que otro trago de agua. Aprovecho la situación y disparo otra ráfaga más, pero sigue sin convencerme: una paloma bebiendo agua es algo tan común que las fotografías que capto son insulsas y aburridas. El movimiento de un niño que corre en las cercanías espanta a la paloma y empiezo a pensar que no es el día de conseguir una buena imagen; puede que mañana en la tranquilidad del mediodía del lunes obtenga mejores resultados.

Sin embargo, cuando ya estaba poniendo la tapa al objetivo, un lindo gorrión aparece entre las ramas de los árboles, se coloca bajo la jaula de agua que forman los débiles caños de la fuente y allí parece feliz por un instante disfrutando de una ducha fresca que parecía necesitar. El movimiento alegre de sus alas me inspira y me hace volver a encender la cámara con mucho cuidado. Me coloco, uso el teleobjetivo y disparo unas cuantas fotografías justo antes de que otra paloma asuste al gorrión y desista definitivamente de seguir captando instantáneas.

Reviso esas últimas fotos y entre unas cuantas un poco movidas y alguna que no me decía absolutamente nada descubro una y sólo una que realmente me llena y me hace decir decir en voz alta “¡me mola!”. Ese simpático gorrión me dio un pequeño premio a la paciencia que disfruté con una sonrisa mientras me dirigía hacia casa: hoy volví a descubrir el placer de esperar pacientemente a que las buenas imágenes aparezcan ante los ojos.

Una buena ducha