Hoy la memoria RAM es 6000 veces más barata que en 1994

Aunque mi primer ordenador fue un ZX Spectrum +2, el PC llegó a mi vida allá por 1994 en forma de 486 DX2-66 con 8 MB de RAM y 420 MB de disco duro.

Recuerdo que aquel ordenador venía de serie con 4 MB de RAM que era lo habitual por aquellos tiempos; pero a la hora de configurarlo decidí aumentar la memoria otros 4 “megas” más por los que me cobraron la friolera de 19900 pesetas (120 euros al cambio actualmente).

Os comento esto porque ayer mismo compré un par de módulos de memoria DDR3 de 4 GB cada uno para mi nuevo ordenador de sobremesa de tal modo que ahora mismo dispongo de un total de 16 GB de memoria que ayudarán a que las aplicaciones de fotografía que suelo utilizar funcionen de forma fluida durante años. Aprovecho para apuntar que estos 8 GB “extras” me han costado 39 euros.

Familia de condensadores

El caso es que si ponemos las cosas en perspectiva y tenemos en cuenta que cuando hice la ampliación de memoria al 486 el mega de memoria RAM cotizaba a 30 euros, si hubieran existido unos hipotéticos módulos de 4 GB de RAM por aquella época y hubiera comprado un par de ellos, hubiera tenido que desembolsar aproximadamente 245000 euros (algo más de cuarenta millones de las antiguas pesetas); es decir, que actualmente la memoria RAM es unas 6300 veces más barata que hace diecisiete años. Casi nada.

Unas sencillas cuentas que nos dan una idea del ritmo vertiginoso al que avanza el mercado de la electrónica de consumo.

Mi nuevo ordenador de sobremesa

Viendo que mi Core 2 duo con 3 GB de RAM sufría más de la cuenta procesando mis fotografías en Lightroom decidí liarme la manta a la cabeza y renovar mi equipo, ya que cuando tienes que editar más de un centenar de imágenes y no dispones de mucho tiempo libre, quieres que el equipo vaya realmente fluido y no andar esperando a que desaparezca el sempiterno reloj de arena del Windows (aunque ahora sea un círculo azulado).

Caracol col col

Requisitos previos: Micro, memoria, disco duro y tarjeta gráfica

Puesto que mi filosofía a la hora de comprar algo es que si ese “algo” se va a usar con frecuencia merece la pena invertir algo más de dinero, me senté a ver qué es lo que necesitaba y tracé los requisitos más importantes: buscaba un ordenador con una buena dotación de memoria RAM y, sobre todo, con la mayor potencia de cálculo posible; así que opté por la gama más alta de Intel y busqué un micro Intel Core i7 de segunda generación (los llamados “Sandy Bridge”).

Una vez aclarado lo del microprocesador me puse a darle vueltas al tema de la RAM; y aunque en teoría con 4 GB Lightroom funciona perfectamente prefería que el ordenador contara con algo más de esa cantidad o que, en su defecto, tuviera la posibilidad de ser ampliada en el futuro. Eso sí, imprescindible que fuera DDR3; aunque en realidad los micros Core i7 necesitan funcionar con ese tipo de memoria forzosamente porque llevan el controlador de la RAM integrado en el propio micro y no son compatibles con DDR o DDR2.

En cuanto al disco duro, con 750 GB me llegaba; ya que tengo otros dos discos duros externos donde voy volcando todo lo que voy haciendo en lo que a fotografía se refiere. De hecho el Core 2 Duo tenía un disco de 320 GB y nunca tuve el más mínimo problema de espacio a pesar de que 70 GB estaban dedicados en exclusiva a la instalación de Ubuntu.

La tarjeta gráfica me daba exactamente lo mismo, ya que el ordenador de sobremesa sólo lo uso para edición de fotografía, escuchar música y ver alguna película; tareas para las que lo mismo da tener una gráfica integrada en placa que un pepino de 600 euros.

No me hacía falta monitor porque ya tengo uno que se adapta perfectamente al uso que le doy como os comenté en una entrada de hace ya bastante tiempo.

En busca del nuevo ordenador

No tardé demasiado en dar con un buen candidato para venirse a casa conmigo (y además cada vez invierto menos tiempo en buscar aparatos electrónicos; en cuanto veo uno que me convence saco la tarjeta sin darle muchas más vueltas). A medida que iba recorriendo la estantería donde reposaban las CPUs a la venta enseguida me llamó la atención un HP Pavilion de aspecto bastante sobrio y elegante cuyas características se acercaban bastante a lo que había pensado. Su precio era de 799 euros; pero estaba decidido a hacerme con un equipo que no se me quedara pequeño en un par de años y la verdad es que no me pareció excesivamente caro viendo lo que ofrecía:

  • Procesador Intel Core i7 2600 “Sandy Bridge” (3,4 GHz, modo turbo a 3,8 GHz, 4 núcleos, multithreading, 8 MB de caché)
  • 8 GB de memoria RAM DDR3 1333 MHz (de los cuatro slots disponibles hay dos libres)
  • Disco duro SATA de 1 TB
  • Tarjeta gráfica Ati Radeon HD 6450 con 1 GB GDDR3 dedicada
  • Tarjeta LAN, WiFi integrado, sonido 7.1, lector de tarjetas, grabador de DVD…
  • S.O. Windows 7 Home Premium

Cierto es que la tarjeta gráfica es una patata; pero el equipo cuenta con una buena cantidad de memoria RAM ampliable sin problemas y el microprocesador es ahora mismo uno de los modelos más altos del catálogo de Intel (aunque ya se sabe que dentro de tres meses habrán sacado un puñado de modelos que le darán mil vueltas) por lo que para edición fotográfica el equipo va que vuela; y es que las tarjetas gráficas potentes son esencialmente para videojuegos o aplicaciones de animación tridimensional, ya que los programas como Lightroom lo que necesitan es potencia de cálculo y mucha memoria RAM debido a que las transformaciones que realizan en las imágenes son aritmética pura y dura.

Atardecer

Llevo un par de semanas ya con el nuevo ordenador en casa y he decir que he notado un aumento de velocidad brutal en Adobe Lightroom: las fotografías disparadas con mi D300 en formato RAW a 14 bits se abren en una décima de segundo y cualquier cambio en ellas se refleja en pantalla sin ningún tipo de retraso o brusquedad; algo que provocaba ralentizaciones muy importantes en mi anterior Core 2 Duo que ahora regalaré a mis padres, que tienen un Pentium IV con 512 MB de RAM que incluso para navegar por Internet se las ve y se las desea. Ironías de la tecnología: lo que yo considero lento a ellos les parecerá que va a la velocidad del rayo.

Corrección de defectos ópticos con Lightroom 3

Los que me conocéis o habéis seguido un poco la evolución de este blog sabréis que desde hace tiempo Lightroom es todo lo que necesito para el procesado de las fotografías que disparo desde que salen de la tarjeta de memoria hasta que las subo a mi Flickr. Me parece una solución completísima tanto para las operaciones de procesado como tal sobre los ficheros RAW como para la clasificación y organización de los mismos; y de ahí que siempre que alguien me pregunta sobre qué software utilizar le recomiende esta opción de Adobe.

El refresco del dragón

Pues bien, en la versión 3 (que lleva ya unos meses a la venta) una de las novedades más jugosas es la incorporación de una función de corrección de defectos ópticos de forma automática siempre que el conjunto de cámara y objetivo empleado para hacer la fotografía esté en la base de datos del programa (en caso contrario tenemos la opción de hacerlo manualmente). Una base que sigue ampliándose poco a poco hasta el punto de que ya abarca a la mayoría de mis ópticas y que si queréis consultar podéis mirar en el blog oficial de Adobe Lightroom donde se han ido comentando las ópticas y cámaras que se han añadido en cada revisión lanzada (actualmente está disponible la 3.3).

¿Qué defectos corrige Lightroom 3?

Los defectos corregidos de manera automática por Lightroom son el viñeteo, las aberraciones cromáticas y las distorsiones ópticas; precisamente los tres tipos de defectos que hemos visto en otros tantos artículos del blog.

Estas correcciones se llevan a cabo sin más que activar la opción correspondiente a la hora de procesar una fotografía determinada; pero no penséis que están hechas “a capón” porque por ejemplo, como ya os dije en el artículo correspondiente, la distorsión geométrica en objetivos de focal variable varía en función de la distancia empleada; y ya que esta información se graba en los datos EXIF de la imagen, Lightroom hace uso de ella para que la corrección sea precisa y al final obtengamos líneas rectas en todo el encuadre. De hecho, si tenemos un ojo de pez Nikon podemos linealizar la imagen resultante de forma totalmente automática.

Lo mismo ocurre con el viñeteo (que también varía en función de la distancia focal y la apertura empleada) así como las aberraciones cromáticas, por lo que empleando Lightroom 3 podremos disparar con cierta tranquilidad sabiendo que en post-procesado podemos corregir estos defectos que os comento sin demasiadas complicaciones.

Sea como sea, el programa siempre nos da la opción de variar la cantidad de aplicación de cada uno de los tres parámetros según nuestros gustos, porque tal vez para un retrato nos interese mantener un cierto oscurecimiento en las esquinas que siempre centra la atención del espectador en la zona central de la imagen. Esto se realiza mediante los tres controles deslizantes que se pueden apreciar en la captura de pantalla anterior.

Un ejemplo sencillo

A modo de ejemplo, os ofrezco un ejemplo un poco extremo realizado con mi Nikkor AF-S 16-85 f/3.5-5.6 VR en el que disparé a la mínima distancia focal y máxima apertura de forma perpendicular a una pared de ladrillos con objeto de dejar patente tanto la distorsión de barril como el viñeteo producido.

Nikon AF-S 16-85 VR @ 16mm f/3.5 (sin corrección por software)

Una vez procesada la imagen en Lightroom 3 el resultado es similar a haber realizado la fotografía con un objetivo de mayor calidad al no quedar apenas rastro de defectos ópticos como se puede apreciar en la siguiente imagen.

Nikon AF-S 16-85 VR @ 16mm f/3.5 (corregido por software)

¿Y si mi objetivo no aparece en Lightroom 3?

Si por lo que sea determinado objetivo no está todavía incluido en la base de datos del programa, siempre podéis echar mano de la corrección manual de los parámetros antes descritos para mejorar mediante postprocesado el rendimiento del mismo aunque, como comprenderéis, lo más cómodo es contar con una óptica soportada por el programa para que con un simple click nos olvidemos de los dichosos defectos ópticos y que además las correcciones se adapten a la focal (si es que el objetivo es de tipo zoom) y la apertura empleadas en cada fotografía.

Siempre es mejor partir de una buena base

Obviamente siempre es mejor emplear un objetivo que no introduzca ningún tipo de defecto óptico en nuestras imágenes, porque en fotografía cuando mejor sea “la base” mejores resultados obtendremos al final. Sin embargo, no debemos ignorar la opción que nos da Lightroom de mejorar la calidad de nuestras ópticas sin más que hacer un click de ratón.

Aparcamiento

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Review: Dell Inspiron Mini 10

Dell Inspiron Mini 10

Después de casi dos años de uso diario de mi pequeño Asus EeePC 701 me he animado a dar el salto a un nuevo netbook. Es cierto que el pionero de los ultraportátiles destinados al gran público me ha prestado muy buen servicio y no me ha dado ningún tipo de problema en todo este tiempo; pero como decía hace unos días, hay algunos aspectos que han sido mejorados en las generaciones posteriores de ultraportátiles y precisamente por usarlo todos los días me he dado cuenta de que merecía la pena invertir en un nuevo modelo que supliera dichas carencias.

El nuevo netbook

Pues bien, después de mucho buscar me decidí por un Dell Inspiron Mini 10 recién salido del horno (se presentó hace aproximadamente un mes) cuyas características técnicas son las siguientes:

  • Microprocesador Intel Atom N450
  • Memoria RAM de 1 GB
  • 250 GB de disco duro
  • Pantalla de 10″ con resolución de 1024 x 600 pixels
  • Conectividad Wi-Fi, Bluetooth y Ethernet
  • Webcam de 1.3 Mpixels
  • Batería de seis celdas
  • Tres puertos USB 2.0 y un puerto VGA para monitor externo
  • Lector de tarjetas de memoria SD, MMC y Memory Stick
  • Sistema operativo Windows 7 Starter Edition

Todo ello por 299 euros, que es lo mismo que me costó en su momento el EeePC y que se perfila como el precio más estándar para un ultraportátil en España.

Primeras impresiones

Una vez fuera de la caja y colocado junto a mi anterior netbook se nota que el nuevo ordenador es algo más grande, aunque tampoco es una diferencia escandalosa. Del mismo modo, el peso también es ligeramente superior, quedándose en unos 1360 gramos frente a los 920 del Asus. Como en tantas otras cosas, una imagen (en este caso dos) vale más que mil palabras:

Dell Inspiron Mini 10 vs. Asus EeePC 701

Dell Inspiron Mini 10 vs. Asus EeePC 701

A nivel estético constrasta muchísimo la superficie negra lacada del Dell en comparación con el blanco mate del pequeño Asus. El problema es que aunque estéticamente ese negro brillante sea más atractivo, tiene toda la pinta de rayarse con estornudar, por lo que habrá que tener cuidado; máxime cuando con el ordenador no se incluye ningún tipo de funda (cosa que sí venía en la caja del EeePC 701).

Del mismo modo, si el ordenador anterior podía manosearlo todo lo que quisiera sin que en su carcasa quedara marca alguna, en la superficie del Dell las huellas dactilares se quedan marcadas al más mínimo roce, por lo que deberéis resignaros a llevar el ordenador lleno de dedos a no ser que lo utilicéis con guantes.

Dell Inspiron Mini 10

Como podéis comprobar en una de las imágenes anteriores, en este ordenador la pantalla no “sale” desde la parte trasera, sino que la bisagra está adelantada un par de centímetros con respecto al borde. Esto es una novedad con respecto a la versión anterior del más pequeño de los portátiles de Dell y que veréis mejor en la siguiente fotografía que muestra esta zona desde un lateral del equipo.

Dell Inspiron Mini 10

Lo que conseguimos con esto es, por un lado, tener la pantalla más próxima a nuestros ojos y por otro conseguir que el sistema sea más estable al estar el peso más balanceado. La contrapartida es que la pantalla sólo se puede inclinar hacia atrás unos 45 grados, lo que puede ser insuficiente si somos muy altos y utilizamos el ordenador directamente sobre nuestras piernas.

Lo importante está en el interior

Internamente lo que da vida a este ultraportátil es uno de los nuevos micros que Intel puso a la venta el pasado 11 de Enero bajo la denominación Pineview y que comercialmente se conoce como Intel Atom N450 (y que era el requisito más importante que le pedía a mi nuevo netbook).

En este caso los ingenieros de Intel no han seguido el camino habitual de crear un microprocesador con mayores prestaciones; sino que se ha optimizado tanto el consumo de energía como la integración de los componentes vitales del sistema para así incrementar la autonomía de la batería. Concretamente el consumo eléctrico es un 40% menor y en un mismo encapsulado se encuentran ahora además del procesador principal, el sistema de vídeo y el controlador de memoria.

En cualquier caso, también hay una serie de mejoras con respecto a la generación anterior de micros Intel Atom (N270 y N280), siendo la más destacada la inclusión de la arquitectura de 64 bits en el nuevo modelo, pudiendo ejecutar nativamente software diseñado para esta plataforma con la consecuente ganancia de rendimiento (aunque luego veremos que el sistema operativo que viene “de serie” no saca provecho de esto).

Dell Inspiron Mini 10

Técnicamente nos encontramos ante un microprocesador que cuenta con un sólo núcleo funcionando a 1667 MHz, con tecnología Hyper-Threading y que cuenta con una memoria caché interna de 512 KB disipando una potencia total de 5.5 vatios entre todo el conjunto de microprocesador, controlador de memoria DDR2-667 MHz y sistema gráfico Intel GMA 3150 funcionando a 400 MHz.

Obviamente los ordenadores que incluyen este microprocesador no están pensados para tareas muy exigentes como edición de vídeo, juegos o proceso intensivo de imágenes; sino a las típicas labores ofimáticas y a la navegación por Internet. De todos modos, a no ser que seáis unos jugones empedernidos pensad: ¿cuántas veces usáis vuestro ordenador para algo que realmente no podáis hacer con un netbook?

Dell Inspiron Mini 10

En mi caso particular los netbooks son un invento fantástico: me dan unas prestaciones correctísimas para hacer cualquier cosa relacionada con Internet contando con un peso y un tamaño muy contenidos (usar el portátil grande en el sofá es incomodísimo). Para retocar fotografías, editar vídeos y cosas así ya cuento con mi ordenador de sobremesa y su monitor Full-HD; pero para todo lo demás siempre acabo echando mano de mi netbook.

Windows 7 Starter Edition o cómo mermar las prestaciones de un netbook

El ordenador venía originalmente con Windows 7 Starter Edition. Un sistema operativo de Microsoft basado en la última versión para ordenadores “grandes” y que me dejó bastante frío en cuanto lo probé.

Para empezar, esta versión de Windows es para microprocesadores de 32 bits; y siendo los Atom N450 de 64 bits ahí ya hay una cierta pérdida de rendimiento (sobra decir que los micros de 64 bits son retrocompatibles con el software de 32 bits). Pérdida que no sé si será responsable de que el equipo se tire un minuto y medio para arrancar, pero que me pareció un tiempo a todas luces excesivo teniendo en cuenta que mi sobremesa gobernado por Windows 7 lo hace en menos de medio minuto y que el pequeño Asus EeePC 701 con Arch Linux necesita poco más de quince segundos para estar “listo para la acción”.

Ya me di cuenta de esta lentitud general cuando estuve probando el ordenador en la tienda; pero pensé que sería debido a que como está al alcance de todo el mundo en el expositor alguien habría desconfigurado algo. Sin embargo, una vez puestas las manos sobre mi propio ordenador tranquilamente sentado en el sofá de casa me di cuenta de que esa falta de rendimiento también se daba en mi propio equipo.

Lo peor del asunto no es el arranque, sino el funcionamiento global del ordenador bajo este sistema operativo. En general las aplicaciones tardan más de la cuenta en arrancar y el sistema no da la sensación de fluidez que se espera de un ordenador recién estrenado. Estuve un par de horas configurando el equipo y empleando algunas de sus aplicaciones y tenía la sensación de que había dado un paso atrás con respecto a velocidad general comparado con mi veterano EeePC 701, generando en mí una cierta frustración.

Por lo tanto, dado que con el ordenador venía un DVD para reinstalar Windows en caso de problemas, me animé a eliminar esta versión de Windows del disco duro e instalar Ubuntu Linux 9.10 en su versión de 64 bits; proceso que me llevó poco más de media hora y durante el cual no me encontré con ningún problema digno de mención.

Con el nuevo sistema ya instalado el ordenador respondía como se esperaba y todo funcionaba de manera instantánea y estable. El arranque del ordenador se realiza en 20 segundos exactos y todas las funciones “raras” del ordenador funcionan a la perfección (ajuste de brillo y volumen, captura de pantalla, Wi-Fi…).

Dell Inspiron Mini 10

En definitiva, aunque mis impresiones positivas del ordenador se vinieron un poco abajo cuando empecé a trastear con el Windows 7 Starter Edition, fue instalar Ubuntu 9.10 y recuperar las buenas sensaciones. Y que conste que en mi ordenador de sobremesa Windows 7 funciona a las mil maravillas; pero creo que Microsoft ha sido demasiado optimista a la hora de programar esta versión destinada a portátiles sencillos de su recién estrenado sistema operativo.

Pruebas de rendimiento

Una vez que el sistema estuvo completamente configurado, con ayuda del programa Hardinfo he podido testear el rendimiento de otras cuatro máquinas que ejecutan sistemas operativos Linux para compararlas con el Dell, siendo estas las características principales de cada una:

  1. Asus EeePC 701: Micro Intel Celeron 900 MHz @ 630 MHz, 1 GB de RAM
  2. Apple Ibook G4: Micro PowerPC 7447A 1.4 GHz, 1 GB de RAM
  3. PC compatible PIV: Micro Intel Pentium IV 2.8 GHz, 2 GB RAM (single channel)
  4. Acer Aspire X1700: Micro Intel Core 2 Duo E7300, 3 GB de RAM
  5. Dell Inspiron Mini 10: Micro Intel Atom N450, 1 GB de RAM

Pues bien, una vez ejecutados los seis diferentes tests de rendimiento disponibles los resultados (ordenados por puntuación de forma decreciente) son los siguientes:

CPU Blowfish (Más bajo es mejor)

Acer Aspire X1700 – 6.42

Dell Inspiron Mini 10 – 16.91

PC compatible PIV – 19.70

Apple Ibook G4 – 47.13

Asus EeePC 701 – 55.17

CPU Cryptohash (Más alto es mejor)

Acer Aspire X1700 – 200.60

Dell Inspiron Mini 10 – 56.34

PC compatible PIV – 42.80

Apple Ibook G4 – 27.88

Asus EeePC 701 – 20.46

CPU Fibonacci (Más bajo es mejor)

Acer Aspire X1700 – 2.93

PC compatible PIV – 5.27

Dell Inspiron Mini 10 – 8.95

Apple Ibook G4 – 14.93

Asus EeePC 701 – 16.42

CPU N-Queens (Más bajo es mejor)

Acer Aspire X1700 – 8.51

PC compatible PIV – 9.88

Dell Inspiron Mini 10 – 17.23

Apple Ibook G4 – 31.09

Asus EeePC 701 – 37.82

FPU FFT (Más bajo es mejor)

Acer Aspire X1700 – 4.67

PC compatible PIV – 7.71

Dell Inspiron Mini 10 – 18.32

Asus EeePC 701 – 27.52

Apple Ibook G4 – 45.78

FPU Raytracing (Más bajo es mejor)

Acer Aspire X1700 – 6.20

Dell Inspiron Mini 10 – 18.11

PC compatible PIV – 26.37

Apple Ibook G4 – 43.28

Asus EeePC 701 – 76.98

A modo de resumen, mirando todas las pruebas en conjunto se puede decir que el rendimiento puro y duro del microprocesador Atom N450 estaría más o menos a la par que el obtenido con un Pentium 4 a 2,8 GHz. En algunos apartados uno gana al otro y en el resto la situación se invierte (esencialmente en los que están involucradas las unidades de cálculo en coma flotante), por lo que para tareas en general queda claro que se trata de un micro que se defiende bastante bien. Es obvio, como os decía antes, que los netbooks no son ordenadores enfocados a trabajos especialmente complejos; pero con las prestaciones que dan podréis internetear y ejecutar cualquier tarea ofimática sin ningún tipo de problema.

De todos modos, en los diferentes apartados de la prueba podéis ver que el ordenador de sobremesa equipado con un microprocesador Core 2 Duo goza de mucha más potencia de cálculo que el resto y que el pequeño Asus EeePC 701, como es lógico, palidece con respecto al resto de máquinas que participaron en la prueba. En la informática no existen los milagros, así que no esperéis rendimiento de sobremesa en un equipo que apenas consume electricidad porque es como si pretendéis tener las prestaciones de un Porsche 911 con un motor que gaste lo que un Opel Corsa.

Una pantalla brillante

La pantalla que equipa el Dell Inspiron Mini 10 es de tipo brillante, aunque no tanto como en los portátiles de Apple por ejemplo. Tiene un ángulo de visualización lateral amplísimo, pero no así en su visualización vertical, pues los colores se falsean bastante en cuanto la inclinamos unos grados por encima o por debajo del ángulo óptimo. Como os comenté anteriormente, la pantalla se puede abatir hacia atrás un máximo de unos 45 grados al estar limitada por la especial construcción de su carcasa.

Dell Inspiron Mini 10

En cualquier caso, hay que reconocer que la pantalla es realmente nítida y da una calidad de imagen muy buena. Con una resolución de 1024 x 600 pixels y un tamaño de 10″ no se aprecian dientes de sierra en las líneas diagonales ni artefactos raros en las zonas con degradados. Del mismo modo, el contraste es mucho más amplio de lo que era en mi anterior EeePC, ya que en el Dell los negros son realmente negros y el blanco es puro y luminoso. En algo se tienen que notar los dos años de diferencia entre un ordenador y el otro, ¿no?

Como todos los portátiles, la visualización bajo la luz directa del sol no es todo lo buena que debería, aunque es cierto que las pantallas brillantes se defienden mejor que las mates en este aspecto. Para comprobar esto he colocado el ordenador delante de una ventana abierta a pleno sol y he hecho una fotografía directamente a la pantalla. Como podéis ver, aunque ya os adelanto que el reflejo es molesto para la vista, al menos las letras oscuras sobre fondo claro se pueden leer perfectamente.

Dell Inspiron Mini 10

No quisiera dejar pasar por alto el hecho de que este modelo de ordenador no posee ningún tipo de sensor de luminosidad ambiental que ajuste automáticamente el brillo de la pantalla, algo que sí tiene mi portátil del trabajo o el mismísimo iPod Touch y que es un detalle realmente útil para no tener que andar ajustando a mano este parámetro. Es una pena no haberlo integrado en la carcasa, porque es un detalle nimio pero que se agradece.

Dell Inspiron Mini 10

Teclado y touchpad: al servicio del tacto

El teclado es una absoluta delicia. Y no sólo si lo comparamos con el del EeePC 701, cuyas dimensiones son bastante más reducidas; sino en términos absolutos. Es de unas dimensiones adecuadas (Dell afirma que su tamaño representa el 93% de un teclado de portátil estándar) y tiene un tacto sencillamente perfecto. De hecho, esta review está escrita íntegramente usando el recién estrenado Dell y doy fe de que la comodidad al teclear es prácticamente insuperable.

Dell Inspiron Mini 10 vs. Asus EeePC 701

Lo que no me ha gustado tanto es que por defecto las teclas de función no estén asignadas a las conocidas F1, F2… hasta F12; sino a las funciones especiales del sistema que controlan al volumen de los altavoces, el brillo de la pantalla… Es decir, que si pulsamos lo que sería F2 vamos a activar / desactivar el Wi-Fi, mientras que para obtener la función comúnmente asignada a F2 (que suele ser cambiar el nombre de un fichero) habrá que pulsar la combinación Fn + F2.

Entiendo que es una tontería sin importancia y que a todo se acostumbra uno; pero si toda la vida esas teclas han tenido su función no sé qué necesidad había de darle la vuelta a las cosas que funcionan bien.

En cuanto al touchpad, hay que reconocer que su superficie es bastante generosa, pero cuenta con la peculiaridad de que los dos botones con los que cuenta están integrados en su propia superficie, que bascula a izquierda y derecha.

Dell Inspiron Mini 10

Esto logra que dicho dispositivo quede perfectamente integrado en la carcasa del ordenador, pero hasta que nos hagamos con el funcionamiento del touchad tendremos que pasar por un periodo de adaptación durante el cual nos ocurrirá en más de una ocasión que el puntero del ratón se nos moverá al tener que presionar la propia superficie para ejercer la pulsación como tal.

Opciones de conectividad

El apartado de conectividad del Dell Inspiron Mini 10 queda resuelto de varias formas: por un lado contamos con tres puertos USB 2.0 para conectar ratones, pendrives, discos duros externos… Disponemos de uno en el lado derecho y dos en el izquierdo, no contando con ninguno de ellos en la parte trasera.

En cuanto a las comunicaciones inalámbricas contamos con una tarjeta Wi-Fi que cumple los estándares b y g así como un módulo Bluetooth útil para sincronizar los contenidos de nuestro teléfono móvil o PDA.

Mención aparte para el puerto VGA, que situado en el lateral izquierdo del pequeño ordenador nos permitirá conectarlo a un monitor externo o un proyector si queremos emplearlo para dar algún tipo de conferencia o similar. También contamos con los habituales conectores para auriculares y micrófono empleando un jack de 3,5 mm así como un discreto lector de tarjetas compatible con los formatos SD, MMC y Memory Stick.

Dell Inspiron Mini 10

A excepción del Bluetooth, es lo típico que suelen traer todos los netbooks, de modo que poco más que reseñar en este apartado.

Uso diario e impresiones generales

En cuanto a lo que el uso diario y habitual se refiere, me gustaría comentaros una serie de puntos que me han llamado la atención en mayor o menor medida:

El ordenador no cuenta con ningún tipo de ventilador, por lo que es absolutamente silencioso en su funcionamiento, siendo el aparcado de las cabezas del disco duro el único ruido mecánico que escucharemos durante su uso. Ahora bien, la ausencia de ventilador implica que la zona de la carcasa bajo la que se encuentra el microprocesador del equipo se va a calentar bastante. En el caso de usarlo sobre una mesa o similar nos va a dar un poco igual, pero si lo colocamos sobre nuestras piernas, pasado un tiempo nos vamos a dar cuenta de que la temperatura de nuestro muslo derecho se empezará a elevar más de la cuenta; siendo esa es la única zona de la carcasa que se calentará hasta el punto de resultar molesta, quedando las demás a una temperatura bastante agradable.

Dell Inspiron Mini 10

Como ya dije en los primeros compases de la review, el teclado es una verdadera delicia. Tiene un tacto impecable y la fuerza necesaria para la pulsación de cada tecla es mínima, por lo que resulta muy descansado para nuestros dedos y muñecas. Y precisamente hablando de ergonomía, gracias a que la carcasa posee una superficie libre de unos cinco por diez centímetros a cada ladodel touchpad podremos emplearla a modo de reposamuñecas y ganar así en comodidad a la hora de escribir.

Por cierto, no puedo pasar por alto el singular acabado de la superficie interior de la carcasa que rodea al teclado, pues lejos de ser lisa tiene grabadas una serie de “serpientes” que podéis apreciar en algunas de las fotos que ilustran este análisis.

La cobertura de la red inalámbrica parece estar bien resuelta, ya que en las zonas de la casa en las que el Asus EeePC 701 se me desconectaba frecuentemente, este Dell mantiene una conexión estable y con un tráfico de datos muy fluido. Comentar también que la tarjeta instalada es una Broadcom BCM 4312; dato que podría ser de utilidad para aquellas personas que pretendan hacer algún tipo de “uso alternativo” de la misma.

Otros detalles que me han gustado especialmente son el pequeño y discreto botón de encendido situado en la equina superior izquierda del teclado así como el pequeño LED presente en la clavija del adaptador de corriente que indica si el mismo está alimentado o no y que os muestro en la siguiente fotografía:

Dell Inspiron Mini 10

Por lo demás el ordenador rinde muy bien si lo usamos para lo que ha sido diseñado y se maneja de forma correcta y agradable. Aunque pese unos gramos más que el EeePC 701 esto apenas se nota y ese par de centímetros extras a lo largo y a lo ancho (el grosor es prácticamente le mismo) permiten integrar un teclado y un touchpad de tamaño adecuado; cosa que se agradece mucho.

Por cierto, los altavoces están situados debajo de la carcasa; concretamente bajo las zonas destinadas a reposar nuestras muñecas que os comentaba hace unos párrafos, por lo que si colocamos el portátil sobre una cama o similar no se escuchará demasiado alto incluso subiendo el volumen considerablemente. Para esos casos es mejor emplear auriculares.

La webcam (como todas las webcams) se ve bien si la luz ambiental es intensa y con mucho ruido si estamos en penumbra. Posee un micrófono estéreo y un LED que indica su actividad. Por lo demás, si pensáis en la cámara de un teléfono móvil grabando vídeo estaréis muy cerca de lo que puede dar de si este componente del ordenador.

En cuanto al tiempo de autonomía de la batería a mí me parece que está más que bien: el sistema operativo anuncia unas ocho horas de duración cuando la batería está completamente cargada y me encuentro navegando por Internet mediante conexión Wi-Fi; algo que se ajusta bastante a la realidad por lo que he podido ver hasta el momento. Lo normal es que tras las primeras cargas de batería esta autonomía aumente ligeramente (del orden de un 10 o un 15 por ciento) pero aunque no fuera así la marca de ocho horas está más que bien, sobre todo comparado con las poco más de dos horas de autonomía que me daba mi EeePC 701 y su procesador Celeron a 630 MHz.

Antes de que se me olvide, si alguien se está preguntando la posibilidad de ampliar la memoria RAM del ordenador he de decir que no es un proceso tan sencillo de realizar como en el Asus EeePC 701 y su fácil acceso a este componente. En el caso del Dell Inspiron Mini 10 hay que desmontar todo el portátil como muestra este tutorial, y la verdad es que a no ser que sea estrictamente necesario yo no metería mano al ordenador tan a fondo como para tener que quedarme con la placa base “al desnudo”.

Conclusiones

Después de haber estado todo el fin de semana empleando el nuevo netbook sólo puedo contar alabanzas de este modelo de Dell. Es verdad que había alguna opción por encima de él en mi lista inicial de candidatos para sustituir a mi antiguo ultraportátil; pero cuando tuve ocasión de probarlo en la tienda me quedé enamorado del tacto de sus teclas y la calidad de la pantalla.

Tal vez con otros modelos podría haber arañado una horita más de batería o haberme ahorrado veinte o treinta euros en el precio final; pero la inclusión de esos noventa gigabytes más de disco duro, el módulo Bluetooth integrado y los pequeños detalles de los que hace gala este pequeño portátil me hicieron ver que la búsqueda de mi nuevo netbook había llegado a su fin.

Dell Inspiron Mini 10

Estoy seguro de que mi relación con el Dell Inspiron Mini 10 será larga y fructífera. De momento sus teclas han alumbrado esta review al completo y eso ya dice mucho en su favor, de modo que si estáis contemplando la opción de haceros con un netbook éste puede ser un modelo a tener en cuenta. A mí, desde luego, me tiene encantado.

¡Ha sido un Dell! (ya tengo nuevo netbook)

Después de 21 días mirando netbooks, hoy por fin tengo en mis manos un modelo que se ajusta a lo que buscaba y que he estrenado hace apenas unas horas. Se trata de un Dell Inspirion Mini 10 equipado con un microprocesador Intel Atom N450, 1 GB de memoria RAM, 250 GB de disco duro, Wi-Fi, pantalla de 10″ con 1024 x 600 pixels de resolución,Bluetooth, webcam de 1.3 MPixels, batería de seis celdas y sistema operativo Windows 7 Starter Edition además de los consabidos conectores USB, ethernet, VGA…

Dell Inspiron Mini

Al final he optado por este modelo porque tras haber estado ayer por la tarde recorriendo varios centros comerciales seguía sin haber apenas stock de netbooks equipados con el nuevo micro de Intel y, además, éste viene con un equipamiento de lo más completo: el bluetooth es un añadido no muy habitual y los 250 GB de disco duro representan un plus con respecto a los 160 que suelen venir en la mayoría (aunque ya os dije que eso no era algo determinante). De todos modos, lo que más me gustó fue el tacto y el tamaño del teclado, pues tuve la oportunidad de estar probando el ordenador en la tienda durante un buen rato y sobre todo me fijé en ese aspecto.

Aprovecho para comentar que me ha costado 299 euros en Carrefour y que además me han hecho un cheque regalo de 59 euros (el 20% del precio del equipo) por una promoción que tienen estos días. A modo de curiosidad os diré que en la web de Dell todavía no tienen como opción el bluetooth ni el disco de 250 GB en estos equipos, por lo que el precio está más que bien teniendo en cuenta que el modelo sin BT y con disco de 160 GB sale con los gastos de envío incluidos por el mismo precio que me ha costado éste a mí.

El miniportátil como tal me ha encantado; pero no así el sistema operativo que trae “de serie”. Siendo un netbook salido al mercado hace menos de un mes, esta versión de Windows tarda bastante en arrancar y, en general, el sistema no se movía con la soltura que tienen los ordenadores nuevos cuando se estrenan.

El caso es que como con el ordenador viene un DVD para reinstalar el sistema original en caso de problemas, estuve poco más de una hora echándole un vistazo general y a continuación procedí a eliminar sin ningún tipo de miramiento la partición en la que estaba alojado Windows 7 S.E. para instalar la conocida distribución de Linux Ubuntu 9.10.

Dicho sistema operativo arranca en unos 20 segundos y se mueve con una soltura admirable. Además, he de decir que absolutamente todos los elementos del sistema funcionan sin problemas y que en general se integra de maravilla con el pequeño Dell hasta el punto de que las teclas especiales de función para subir y bajar el volumen o el brillo de la pantalla, comprobar la carga de la batería o activar / desactivar el Wi-Fi ejecutan sus funciones a la perfección contando incluso con un OSD en pantalla.

De momento poco más os puedo contar, ya que hasta el momento no he tenido oportunidad de usarlo demasiado al haberlo comprado ayer a última hora de la tarde. ¡Ya habrá tiempo más adelante de hablar largo y tendido sobre este nuevo compañero de aventuras!

NOTA: enlace a la review del Dell Inspiron Mini 10

Impresiones tras varios días mirando netbooks

Durante esta semana he estado visitando algunas tiendas en Alcalá de Henares y alrededores en busca del netbook que más se adapte a lo que busco. Tengo claro lo que quiero encontrar, pero de momento a las tiendas “físicas” todavía no han llegado los últimos modelos de ultraportátiles presentados a principios de Enero y disponibles (en teoría) desde hace un par de semanas.

Concretamente he estado en Mediamarkt, El Corte Inglés, Carrefour, Worten y PC-Box; y en todos estos lugares me he encontrado con el mismo panorama: los modelos con microprocesador Intel Atom N450 todavía no han llegado. La excepción está en Carrefour, donde ya tienen el Dell Inspirion Mini 10 de última generación; pero aunque es un modelo que no me disgusta, ahora mismo es mi tercera opción por detrás de los modelos de Toshiba y Asus respectivamente.

¿A qué se debe esta ausencia de nuevos modelos en las tiendas? Pues la cosa es sencilla: antes de poner a la venta los netbooks más recientes (que deben de estar esperando en los almacenes de las tiendas) se está haciendo una fuerte campaña de publicidad para sacarse de encima los que incorporan el Atom N270 porque dentro de un par de meses el gran público estará enterado de las bondades del nuevo modelo de procesador y no querrán un ordenador equipado con uno de los anteriores ni en pintura.

Si os fijáis un poco, en los catálogos que encontraréis estos días en el buzón aparecen grandes ofertas de estos pequeños portátiles. Muchos modelos a unos 250 euros que, si bien no están mal de precio, están desfasados desde el momento en el que Intel presentó sus nuevos micros para dispositivos móviles. Es verdad que la mayoría de las características técnicas son similares entre ambos, pero la ventaja del menor consumo del N450 (hasta un 30% inferior) y la mayor integración de los componentes del sistema, que permite diseñar unos chasis de menor tamaño, hace que los modelos anteriores pierdan gran parte de su atractivo.

Lo que voy a hacer es esperar unas semanas a que en las estanterías de las tiendas estén colocados los modelos nuevos; y recomiendo hacer lo mismo a todo aquel que esté pensando estos días en comprarse un netbook, pues por un precio similar al habitual (rondando los 300 euros) va a obtener un ordenador que se calentará menos y cuya batería durará más tiempo (además de los lógicos avances de la electrónica de consumo). Parece lo más lógico, ¿no creéis?

Enlaces de interés

Me quedo con Vista + Debian

Al final conseguí que Debian funcionara perfectamente en el PC de sobremesa. Sin embargo, el verdadero problema fue la instalación de Windows XP, que no era capaz de ejecutarse adecuadamente sobre el hardware del ordenador pese a que me había descargado los drivers necesarios de la web de Acer.

Al final he recapacitado y he vuelto a instalar Windows Vista, pues aunque en la última semana me ha hecho un par de faenas gordas, he de reconocer que durante todo este tiempo ha funcionado muy bien en mi PC. De todos modos, una vez instalado, lo que he hecho ha sido reducir la partición que lo alberga para dejar 50 GB libres destinados a Debian.

Detalle monitor

Veo en los comentarios de las dos entradas anteriores que algunos pensáis que lo de Debian es más un capricho que una necesidad; y aunque hay algo de verdad en ello porque todo lo que hago en Debian lo puedo hacer en Windows, también es cierto que tengo mis motivos para emplear este sistema operativo, así que paso a enumerarlas:

– Me atrae mucho la filosofía del software libre. Hay programas de este tipo incluso mejores que algunos de tipo comercial. Sin ir más lejos, Open Office se ha convertido en la única suite ofimática que tengo instalada en mis tres ordenadores ya sea bajo Windows o bajo GNU / Linux.

– El sistema de gestión de paquetes por medio de Aptitude me parece algo grandioso. Todo el software disponible centralizado y actualizable a la versión más actual con apenas un par de comandos.

– GNU / Linux es un software capaz de sacar todo el rendimiento posible a las máquinas sobre las que se instala. Su consumo de memoria es muy bajo, no ocupa demasiado en el disco duro y está tan optimizado que todo funciona a mayor velocidad que en Windows.

– Del mismo modo, al haber miles de personas actualizando constantemente el sistema, se adapta con rapidez al hardware más actual, de tal modo que empelando la versión 64 bits de Debian me aseguro de que le estoy sacando todo el rendimiento posible a mi ordenador.

– Debian es el sistema operativo que empleo en mi Asus EeePC 701 casi desde el primer día; y pese a haber estado centenares de horas utilizándolo, jamás he tenido ni un sólo cuelgue, pérdida de datos ni problemas en general.

– Además de todo esto, hay que tener en cuenta que me gusta mucho probar cosas por mí mismo, y cualquier variante de GNU / Linux es un sistema operativo ideal para esto porque tiene una filosofía de uso y mantenimiento muy diferente a Windows, de tal modo que al final sabes manejar ambos (siempre he pensado que cuantos más conocimientos se tengan en la vida, mejor).

Pues bien, una vez comentado todo esto os comento que el software de mi ordenador ya está totalmente instalado y, por lo tanto, no os daré más la lata sobre este asunto  😛 . Cuando tenga que retocar fotografías me pondré con Windows; sistema en el que también he instalado el gestor de correo Mozilla Thunderbird, por lo que al final será el sistema que más tiempo emplee. Sin embargo, a la hora de dedicar una tarde a “internetear”, escribir una larga entrada en el blog o querer experimentar un poco con el sistema arrancaré Debian y lo emplearé para estas cosas y algunas más.

Lightroom

Eso sí, antes de terminar estos párrafos me gustaría daros las gracias a todos los que habéis comentado alguna cosa en las entradas relacionadas con este tema, ya que vuestros puntos de vista y reflexiones me han ayudado a darme cuenta de que renunciar por completo a Vista puede ser un quebradero de cabeza a largo plazo. Esta claro que Vista no es ninguna maravilla, pero bueno, después de ver cómo va XP en este ordenador prefiero quedarme como estoy; pero además ahora con la posibilidad de ejecutar Debian cuando me apetezca.

¡Un saludo!

Bye bye Windows Vista

Cansado de querer hacerse el amo del sistema por encima de su verdadero dueño (es decir; yo) hoy he ajusticiado al puñetero Windows Vista desinstalándolo del ordenador grande pese a que al comprarlo pagué su correspondiente licencia original.

Ahora estoy instalando GNU/Linux (concretamente Debian Squeeze) para virtualizar a continuación Windows XP como aplicación dentro de VirtualBox y así poder seguir empleando Adobe Lightroom con soltura. De momento la instalación de Debian ha ido muy bien y sólo tengo que solventar un problema con el refresco de ciertos elementos del sistema gráfico; pero creo que dejar todo a punto me va a llevar unos días porque ahora mismo apenas veo la luz al final del tunel.

Caminando bajo el andamio

Así me siento ahora (informáticamente hablando)

De cualquier modo, el único problema “real” es del refresco que os comento; pues en caso de que no pueda virtualizar XP, optaría por instalarlo en una partición aparte para poder arrancar con él cuando tuviera que ponerme a editar mis fotografías; pero el caso es que no quiero volver a Vista bajo ningún concepto, porque gracias a sus “jugarretas” he perdido todas las listas de reproducción de iTunes así como los podcasts suscritos (menos mal que la música no) y además no se puede ejecutar de ninguna manera el siguiente juego que tenía pensado analizar para ultimONivel pese a que las especificaciones de mi ordenador sobrepasan con creces los requisitos que pide el juego.

Siento el rollazo, pero tenía que darle algún tipo de salida a todo un día delante del ordenador casi sin parpadear…

¡A mi portátil le ha dado un calentón!

Ayer me ocurrió algo muy raro con mi portátil. No me refiero al pequeño Asus EeePC 701 que tánto ha hecho por la popularidad de este blog, sino a mi ya veterano Toshiba comprado en otoño de 2004.

El caso es que había estado usándolo como tantas otras veces. Era más o menos mediodía y me daba un poco de pereza encender el sobremesa, de modo que cogí el maletín del Toshiba, lo saqué, me lo puse sobre las rodillas y estuve mirando unos ficheros del proyecto de fin de carrera para ordenar unas tablas.

Toshiba A50

En un momento determinado me di cuenta de que casi era la hora de comer pero aún no había terminado con mi labor. Como estaba usando el portátil con su batería opté (como había hecho muchas veces en el pasado) por simplemente cerrar la tapa para que se pusiera en modo suspendido y meterlo en la maleta para no dejarlo “por ahí tirado” con el consecuente riesgo de arañazos o golpes, así que, como os digo, metí el ordenador en su maletín, lo cerré y me fui a comer para continuar un poco más tarde con aquello.

Un par de horas después me acordé de que tenía lo del proyecto a medias, de modo que fui a coger de nuevo el maletín y cuando me senté y me lo puse sobre las piernas para abrirlo y sacar el ordenador me di cuenta de que el exterior de dicho maletín estaba bastante caliente. Me extrañó mucho; era como si lo hubiera dejado pegado a un radiador en funcionamiento, pero en realidad estuvo encima de la cama todo el tiempo.

Temiéndome lo peor abrí la cremallera y saqué el ordenador, cuya carcasa estaba tan caliente que apenas se podía sujetar en las manos. Lo dejé sobre la cama al tiempo que soltaba un palabro malsonante, miré los leds del frontal y me fijé que en vez de estar encendido el naranja parpadeante del modo suspendido sólo estaba iluminado el que indica que el ordenador está en funcionamiento. Mi estimado Toshiba había estado encendido a plena marcha durante dos horas embutido en un habitáculo completamente cerrado y sin apenas espacio para que se mueva el aire que saca por un lateral (el maletín está hecho para que el portátil encaje y no se mueva en su interior); algo nada recomendable para su integridad.

Al mismo tiempo me fijé que el ventilador, que apenas se escucha durante el funcionamiento normal del portátil, estaba dando vueltas a una velocidad mucho mayor de lo habitual, indicando que la temperatura interna del equipo debía ser más o menos como la del infierno. Abrí la pantalla y vi que no encendía, cosa que no me hizo mucha gracia, así que opté por apagar el ordenador lo más rápidamente posible mediante la pulsación prolongada del botón de encendido.

Un instante después, el disco duro se aparcó con un suave “clack” y todo quedó en silencio, así que dejé el ordenador en la mesa de la terraza aprovechando que hacía fresquito en la calle con objeto de que su temperatura se normalizara lo antes posible. Durante los eternos diez minutos que lo dejé allí “ventilando” empecé a temer que podría haber perdido todo el avance de la última semana en el proyecto de fin de carrera, pues suelo hacer backups cada Domingo y estábamos justamente a Sábado (la omnipresente Ley de Murphy). Empecé a imaginar la pantalla medio derretida internamente por la acumulación de calor, y deseé que se enfriara rápido para ver las consecuencias del desastre.

Haciendo tiempo empecé a hacer conjeturas sobre lo que podría haber ocurrido. Yo cerré la tapa, y durante los últimos cuatro años y medio esto implica que el ordenador pasa a modo suspendido sin más problemas. Se me ocurrían dos posibles explicaciones: que el ordenador no se hubiera suspendido por un problema de software o que, al ser un sistema magnético el que le dice a la BIOS si la tapa está abierta o cerrada, algún inusual campo magnético lo hubiera “despertado” dentro del maletín sin que yo lo supiera.

Toqué el ordenador, vi que ya estaba frío y procedí a encenderlo pensando que no arrancaría o que si lo hacía algo no funcionaría. Sin embargo, me equivoqué: Windows XP arrancó como de costumbre y la pantalla se mostraba tan nítida y brillante como siempre. El calentón no parecía haber afectado al ordenador y la verdad es que respiré aliviado al comprobarlo.

De hecho hoy he estado usando el equipo por la mañana y, sin ir más lejos, este post lo estoy redactando desde él; pero ahora, cada vez que lo suspendo, me quedo mirando los LEDs hasta que veo que el naranja empieza a parpadear. La verdad es que no me quiero volver a pegar un susto como el de ayer, porque no se pasa demasiado bien que digamos…

No es lo mismo Dual Core que Core2Duo

Si en estos días echamos un vistazo a un catálogo de un centro comercial cualquiera nos vamos a encontrar siempre con una amplia oferta de ordenadores, la mayoría de los cuales cuentan con un microprocesador Intel en su interior ya sea “Dual Core” o “Core 2 Duo”. Lo que ocurre es que pese a que la denominación de los dos micros que más se emplean actualmente es muy similar, hay grandes diferencias entre ellos; y por eso me he animado a escribir este pequeño artículo aclaratorio que puede venir bien a aquellos que no estén muy al tanto de este tema y anden pensando en hacerse con un nuevo ordenador.

Intel Dual Core (o Core Duo)

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Los micros Dual Core de Intel (también llamados Core Duo) están basados en la arquitectura del conocido Pentium 4 rebautizada como “Intel Core”, y fueron el primer intento de la compañía de crear un procesador de bajo coste con doble núcleo (anteriormente se había empleado una técnica de multiproceso en los P4 llamada Hyper-threading que se fundamentaba en procesar dos hilos de ejecución al mismo tiempo con un sólo núcleo).

Estos micros consisten básicamente en una modificación de los últimos P4 para dotarlos de dos núcleos en lugar de uno y así obtener una mayor potencia de proceso sin necesidad de elevar la frecuencia de reloj del circuito y, por lo tanto, disparar el consumo de energía (bajar tan sólo un 15% la velocidad del procesador implica un consumo energético del 50%).

El problema de los Dual Core es que, como os digo, su arquitectura es algo antigua y por lo tanto van a estar algo “lastrados” debido a que la tecnología avanza a pasos cada vez más grandes. El hecho de contar tan sólo con 2 MB de memoria caché, un bus de 533 ó 667 MHz y estar construidos con una estructura interna de 32 bits hace que no rindan tanto como pudiéramos pensar de un micro de última generación (porque de hecho no lo son).

Intel Core 2 Duo

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Los Core 2 Duo se basan en una arquitectura completamente nueva llamada “Intel Core 2” compatible con las anteriores pero con un diseño completamente de 64 bits. La tecnología empleada es de 45 ó 65 micras en según qué modelos de microprocesador y tenemos las variantes de una unidad con dos núcleos (Core 2 Duo) o con dos unidades de dos núcleos cada una (Core 2 Quad). Sin embargo nos vamos a centrar en la versión con dos núcleos, pues es la que lleva a confusión con la generación anterior de procesadores por la similitud de nombres. Estos micros están equipados con buses a 800, 1066 y 1333 MHz y cuentan con memoria caché de 2, 3, 4, ó 6 MB.

Los microprocesadores Core 2 Duo no son mucho más caros que los Dual Core y el aumento de rendimiento puede ser bastante evidente en función de lo que vayamos a hacer con el ordenador. Puede que si lo vamos a emplear para jugar no lo notemos demasiado, pues la mayor parte del proceso va a recaer en la tarjeta gráfica; pero si necesitamos potencia de cálculo pura y dura (retoque fotográfico, edición de sonido…) los Core 2 Duo nos van a dar cierta ventaja, sobre todo al poder emplear instrucciones de 64 bits que aprovecharán programas como Adobe Photoshop Lightroom 2 y algunos sistemas operativos actuales; aunque bien es cierto que en esos casos podemos sacar todavía más rendimiento si optamos por un Core 2 Quad.

En resumen

Los Core 2 Duo (también llamados de forma abreviada “C2D”) implementan una velocidad de bus mayor, una caché más amplia y un rendimiento general más alto que los Dual Core; siendo por lo tanto mucho más recomendables que estos, pues podremos ejecutar aplicaciones más complejas en menor tiempo. Es cierto que los dos procesadores cuentan con dos núcleos en su interior, pero su concepción y estructura interna son diferentes; siendo el primero de ellos un “apaño” para sacar al mercado un procesador multinúcleo y el segundo una solución ya más estudiada y optimizada.

Un consejo final que me gustaría daros es que hoy en día ya no nos podemos fiar del rendimiento de los microprocesadores sólo fijándonos en el número de megahertzios como hacíamos en los tiempos del 386 y los primeros Pentium. De un tiempo a esta parte veréis que todos los micros de Intel cuentan con un número a continuación de su denominación que indica, a título orientativo, su situación en relación con el resto de modelos de la misma familia (Core 2 Duo, Core 2 Quad, Celeron, Core Duo, i7…) no siendo válido para comparar modelos de distintas familias.

Si, por ejemplo, vamos a la página de Intel y consultamos el listado de micros Core 2 Duo nos vamos a encontrar con una lista que a día de hoy parte del modelo E4300 (el más básico) y termina en el E8500 ; estando entre medias todos los modelos restantes (como por ejemplo el E7300 que equipa mi nuevo ordenador).

En fin, espero que la charla de hoy le sirva a alguien para que cuando coja un catálogo entienda la diferencia que puede haber entre un ordenador equipado con un microprocesador Dual Core y otro con un Core 2 Duo; pues aunque el nombre y el precio pueden ser muy similares, el hecho de elegir uno u otro puede condicionar el rendimiento de nuestro nuevo equipo.

Y os aseguro que hay mucha gente que ignora este detalle, pues yo mismo no sabía nada de esto hasta que me informé de todo antes de comprar mi reciente ordenador y mi cuñado lo descubrió unos minutos antes de comprarse un nuevo portátil hace apenas una semana (menos mal que fui con él y se lo comenté).

Estrenando mi nuevo ordenador

Todo comenzó por culpa de un catálogo.

El viernes, al llegar de trabajar, cayó en mis manos un panfleto de Carrefour en el que aparecía una oferta muy tentadora de un monitor Acer de resolución full HD (1920 x 1080), 22″ de tamaño y formato 16:9. El caso es que ya llevaba unos días pensando en lo de hacerme con un ordenador nuevo por dos motivos: el incómodo formato 4:3 de la pantalla del portátil y la lentitud de proceso de dicho equipo con programas de edición de fotografía y vídeo. Aunque la duda inicial consistía en si ampliar la memoria de lo que ya tenía o directamente comprar un nuevo ordenador, al final opté por la segunda opción, pues la memoria salía bastante cara en comparación con el ligero aumento de rendimiento que iba a obtener; y eso sin tener en cuenta que seguiría limitado por su pantalla.

Escritorio

El escritorio de Windows Vista

Pues bien, leyendo el catálogo que os digo se me ocurrió una idea: ir a por el monitor aprovechando su bajo precio (149€) y, cuando dentro de un tiempo me comprara una nueva CPU, estrenar las dos cosas a la vez. Después de comer me acerqué al Carrefour de Alcalá, lo compré y lo que ocurrió es que una vez que me vi con el monitor en el maletero del coche me dije: “¿Y por qué no me quito ya de encima lo de la CPU y así dejo finiquitado el tema del nuevo ordenador?”.

Total, que me acerco a un conocido centro comercial de Alcalá de Henares y me dedico a dar vueltas por diversas tiendas en busca de una CPU que tuviera al menos 3 GB de RAM, disco duro SATA, que ocupara poco espacio y sin necesidad de tener una excesiva potencia gráfica, pues jamás uso el PC para jugar. Tenía claro que el nuevo ordenador sería para navegar por internet, escuchar música y, sobre todo, edición digital de fotografía y vídeo; por lo que buscaba sobre todo un buen monitor y un equipo que moviera Adobe Lightroom con soltura. Por supuesto, el presupuesto era limitado, pues no está la economía como para andar tirando el dinero y siempre es bueno ahorrar un poco todos los meses para cualquier gasto imprevisto que pueda surgir en el futuro. De todos modos, contaba con que junto con el ordenador me tendría que comprar también una tarjeta Firewire para poder conectar la cámara de vídeo y así montar mis propias creaciones como hacía hasta el momento con el portátil (que incluía dicha conexión “de serie”).

CPU

La pequeña CPU

Pero volviendo a la búsqueda del nuevo ordenador, al final, tras casi desesperarme porque todas las CPUs eran del tamaño habitual (excesivo para el espacio del que dispongo en mi mesa) me encontré en Mediamarkt un equipo Acer Aspire X1700 (curiosamente del mismo fabricante que el monitor) que me llamó poderosamente la atención por tener un tamaño bastante contenido y un aspecto atractivo para mis ojos, por lo que me acerqué a echarle un vistazo con detenimiento y fijarme en sus características técnicas:

– Micro Intel Core 2 Duo E7300

– 3 GB memoria RAM DDR2 800 MHz

– HDD SATA de 320 GB

– Grabadora de DVDs

– Tarjeta gráfica Nvidia GeForce 7100

– Tarjetas de sonido y red integradas en placa

– 5 puertos USB frontales y 3 traseros

– Salida de sonido 7.1 óptica y analógica

– Conexión HDMI trasera

– Conexión IEEE 1394 (Firewire) frontal

– Lector de tarjetas integrado

– Conector de auriculares y micrófono frontal

– Windows Vista Home Basic preinstalado

Todo ello por 419€, por lo que el equipo al completo me salía por algo menos de 600€ (568€ si somos rigurosos). De todos modos, antes de tomar una decisión definitiva opté por charlar un rato con el vendedor para ver qué me contaba de este ordenador y me dijo (sin yo decirle nada previamente sobre el uso que le iba a dar) que es un ordenador que lleva ya unas semanas a la venta, que no ha dado problemas y que es ideal para todo menos para jugar a los juegos más recientes porque la gráfica no es demasiado potente.

No sé si es que el vendedor me vio cara de “jugón empedernido” o qué; pero me dijo aquello como quien reconoce un pecado mortal que le llevará a los infiernos de cabeza. Debió pensar que en cuanto escuchara lo de la gráfica saldría corriendo de allí, pero curiosamente aquello fue lo que me convenció del todo para comprar este equipo; pues más que potencia bruta buscaba fiabilidad, y por lo que este hombre me dijo es lo que me iba a encontrar tras aquella pequeña carcasa metálica.

En fin, el resto ya os lo podéis imaginar: llegué a casa a media tarde, hice una foto de las cajas, la colgué en el blog y a continuación empecé a montar todo y posteriormente a configurar Windows hasta tenerlo a mi gusto y con los programas que empleo habitualmente instalados. Una labor que terminé hoy a la hora de comer y tras la que hice unas cuantas fotografías para compartir con vosotros en esta entrada.

Detalle monitor

Detalle de la enorme resolución del monitor

De momento he de decir que Adobe Lightroom vuela (no en vano aprovecha las capacidadades multinúcleo del nuevo microprocesador), que Vista no me ha hecho ninguna cosa rara (posiblemente porque le he amenazado diciendo que a la mínima de cambio formateo e instalo el XP de mi antiguo portátil) y que trabajar con un monitor a 1920 x 1080 pixels de resolución es una auténtica delicia. Ya os comentaré algún que otro detallito más adelante, pero hoy me apetecía contaros un poco por encima mis primeras sensaciones a los mandos de la nueva máquina  😉

Lightroom

Abobe Lightroom 2.2 en todo su esplendor

¡Un saludo!

Mi ordenador se empieza a arrastrar

Tengo desde hace algo más de cuatro años un ordenador portátil que no ha hecho más que darme alegrías porque jamás he tenido ni un sólo problema con él y lo considero una de las cosas más útiles que me he comprado. En concreto se trata de un Toshiba Satellite A-50 que originalmente consistía en un microprocesador Intel Centrino a 1.4 GHz, pantalla de 15″ (1024 x 768), 512 MB de RAM y un disco duro de 40 GB que con el tiempo amplié duplicando la memoria RAM, triplicando el tamaño del disco duro, añadiendo un monitor externo de 17″ (1280 x 1024) para trabajar con escritorio ampliado y también un disco duro USB de 250 GB para ir almacenando vídeos y fotos.

Mi zona informática

Lo que ocurre es que ahora que estoy manejando grandes volúmenes de información con las imágenes en RAW de la D40 (unos 5 MB por foto) y los vídeos que suelo grabar con mi cámara (1 GB cada 5 minutos), me doy cuenta de que el pobre ordenador se arrastra cada vez más (es terrible tratar de deslizar con precisión los controles de saturación, contraste y demás ajustes en Adobe Lightroom 2) y que para comprimir un vídeo de 10 minutos se tira un montón de tiempo procesando a tope y dejando al usuario (es decir; yo) sin poder hacer prácticamente nada hasta que termine la titánica tarea.

Es por esto que me estoy planteando hacerme con una CPU de sobremesa para sustituir a mi portátil. No me saldría muy caro porque sólo tendría que darle prioridad a la memoria RAM (4 GB) y al disco duro (mínimo 750 GB) por encima de tarjetas de vídeo y sonido (de hecho si encontrara una placa base que las integrara me vendría de maravilla). También me haría con un buen monitor panorámico de al menos 22″, pues para los temas de fotografía y para tener un montón de ventanas abiertas vienen muy bien. Con eso tendría equipo para rato, pues mi habitual portátil sigue siendo un equipo muy capaz para todo lo que hago menos esas dos tareas que os decía antes; pero el problema es que a esas labores dedico mucho tiempo y desespera un poco cuando todo va a velocidad de tortuga.

En fin, ya os contaré, pero cuando le doy tantas vueltas a una idea sé que al final la acabo llevando a la práctica; por lo que puede que un día de estos escriba un post desde un nuevo ordenador anunciando la noticia.

¡Pasad un buen Domingo!  😉