Compañeros de viaje

Hay algo bello y romántico en el arte de escribir a mano. Nunca negaré que los sistemas electrónicos tienen la ventaja de la inmediatez y la facilidad para mandar las palabras de un lado a otro en apenas unos segundos; pero el encanto que tiene un bolígrafo y una hoja de papel es algo que no ha sabido suplir ninguna otra cosa y precisamente por eso hace un tiempo me hice con dos elementos que desde entonces me acompañan durante buena parte del día:

Compañeros de viaje

Ese Moleskine negro que tenéis en la imagen es mi diario de viaje en el que de vez en cuando me pongo a anotar ideas, pensamientos, esbozos y cosas así. Gracias a él he descubierto lo mucho que se despierta la imaginación en la mesa de un bar, en el banco de un parque o en un tren de cercanías y lo importante que es plasmar las ideas en el momento que se presentan porque, como los sueños, instantes después comienzan a deshilacharse y acaban por perderse para siempre. Pero esto que os digo no es más que una especie de entrenamiento para un proyecto que tengo en la cabeza y que mezcla geografía, fotografía y literatura a partes iguales.

Por otra parte, el cuaderno azul que tenéis debajo del Moleskine es una libreta que me sirve como diario de trabajo. En ella voy apuntando el día a día en mi trabajo para así tener todas mis ideas organizadas y poder consultarlas en cualquier momento. Esta libreta la tengo siempre a mano para anotar cualquier cosa que me llame la atención o considere de importancia porque se trata de cosas que siempre puede venir bien tener a mano.

¡Gracias por leerme!

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¡Siempre son los cuatro mismos acordes!

Para comenzar el Domingo con un rato de buen humor, os dejo la demostración de que muchas de las canciones más exitosas de la historia de la música se basan siempre en las mismas cuatro notas:

Por supuesto, también tenemos una versión de canciones de nuestro país (aunque en esta ocasión los que cantan no afinan tanto como en el vídeo anterior :mrgreen: ).

De cualquier modo, es más que probable que estos dos vídeos más o menos recientes estén basados en el siguiente que descubrí hace ya unos meses en el que un tipo demuestra, guitarra en mano, que las míticas ocho notas del famoso Pachelbel Canon pueden llegar a ser una pesadilla que nos perseguirá allá donde vayamos…