Haciendo balance del 2010

Como cada tarde del 31 de diciembre, llega el momento de echar la vista atrás y hacer balance de los últimos doce meses en una costumbre que viene ya de lejos y que considero imprescindible para afrontar el nuevo año con perspectiva.

Enero de 1987

Un año para recordar

He de admitir que 2010 ha sido el mejor año de mi vida en todos los aspectos: laboralmente las cosas han ido francamente bien y en lo personal el año comenzó con un viaje por Bruselas y alrededores que me dio una perspectiva muy interesante. Durante aquellos cuatro días, además de visitar lugares fantásticos, me conocí mejor a mí mismo y afiancé todavía más mi idea de que la felicidad reside en las pequeñas cosas. Como os digo, aquel viaje lo aproveché al 100% y prueba de ello es que de él vienen recuerdos a mi memoria prácticamente a diario.

A medida que fue pasando el año prosiguieron las buenas sensaciones por unas cosas o por otras (vacaciones, amigos, cafés…) y ya casi terminando el 2010 sentimentalmente también me llevé una buena alegría conociendo a una persona maravillosa con la que me encanta compartir el tiempo y junto a la que me siento plenamente feliz.

La fotografía

En temas fotográficos, si miro mi evolución a lo largo del año me doy cuenta de que he aprendido y he mejorado mucho durante los últimos doce meses. En este momento me siento fotográficamente completo y con el equipo del que actualmente dispongo puedo plasmar las cosas desde mi particular punto de vista sin echar grandes cosas en falta. La llegada de la D300 supuso un buen impulso a mis aspiraciones fotográficas; algo a lo que también contribuyeron decisivamente los diferentes objetivos que han ido llegando a mis manos y a los que cada día saco más partido.

Prohibido...

Sin embargo, más allá de las cámaras y los objetivos que pueda tener, lo que más me gusta es ver que día a día se me ocurren nuevas ideas para hacer fotografías y gracias a ello cada vez que salgo a la calle de safari fotográfico disfruto como un auténtico niño.

El blog

Y en cuanto al blog, pues no podría estar más contento: vuestra afluencia sigue al alza, compruebo que los artículos de fotografía son apreciados y valorados, mucha gente enlaza a este rincón de Internet en foros y en otros blogs… Si bien tengo la espinita clavada de llevar tiempo sin responder a los comentarios pendientes y el hecho de que tengo una buena colección de consultas realizadas por email a la espera de contestación (pido perdón por ello). Quisiera poder llevar todo eso al día, pero en los últimos meses dispongo de tan poco tiempo libre que si saco un rato para el blog lo invierto en crear nuevos artículos. Sea como sea, espero encontrar una solución a esto en breve plazo de tiempo porque ya os digo que para mí es el único “pero” relacionado con el blog.

Dell Inspiron Mini 10

El futuro

No soy adivino y por lo tanto no tengo ni la menor idea de cómo será este 2011 que comienza en apenas unas horas; pero sí que os puedo decir que en No sé ni cómo te atreves seguiréis encontrando nuevos contenidos porque por mucho trabajo que tenga siempre sacaré unos minutos para hablaros de alguna técnica fotográfica, contaros alguna historia cotidiana o mostraros alguna imagen de la que me sienta orgulloso. Además, si todo sigue los cauces previstos, durante este 2011 habrá muchas vivencias que contaros de un tipo que siempre le pone ganas e ilusión a todo lo que hace.

Tonos pastel

Muchas gracias por vuestras visitas (mañana os daré algunas cifras tanto del mes de diciembre como del 2010 al completo), estrenad el año en buena compañía, sed constantes en todo lo que hagáis y empeñaos en ser felices todos los días de vuestra vida.

Después de todo esto ya sólo me queda desearos…

¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!

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Las fiestas de la glotonería

No sé cómo habréis pasado vosotros el primer día del 2009, pero yo lo he hecho empachado; y mucho.

Las fiestas de Navidad son las de la glotonería: comenzamos sobre el día 22 de Diciembre con el típico festejo en la oficina y ya es un no parar de zampar hasta el mismísimo 6 de Enero. Vamos a desglosarlo un poco para darnos cuenta de la magnitud del tema:

Antes de la cena de Nochebuena

22 de Diciembre: nos ponemos de tortilla de patatas, jamón, champagne y empanada hasta las orejas en el trabajo.

24 de Diciembre: cena de Nochebuena con su típico asado super-grasiento, langostinos, turrón para parar un barco… la copita de sidra final es ya una especie de apocalipsis estomacal que nos dejará sentados en el sofá hasta las tantas de la madrugada porque nadie en su sano juicio se acostaría con semejante cantidad de comida en su cuerpo.

25 de Diciembre: si ya estábamos con el estómago hecho un cuatro con la cena de ayer, hoy toca una comilona tan copiosa (o más) como lo que nos hemos metido al cuerpo catorce horas antes. En caso de sobrevivir tenemos empacho asegurado hasta el día 27 como mínimo.

31 de Diciembre: cena de fin de año que, si bien no es tan copiosa como la de Nochebuena, a estas alturas de las fiestas ya empieza a suponer toda una proeza conseguir digerirlo todo. Para colmo, a las 12 de la noche nos toca meternos otras tantas uvas a presión en nuestro sistema digestivo; en el cual comienza a parpadear una luz roja indicando que el colapso está a punto de producirse.

1 de Enero: comida de año nuevo con su marisco, su pavo, su vino tinto y los inevitables turrones. Si para colmo han sobrado embutidos y similares de la cena anterior, también se añadirán a todo lo que hay ya en la mesa de por si. Para cuando están retransmitiendo los habituales saltos de skí en La 2, es muy probable que nosotros estemos tumbados en el sofá con una indigestión de las grandes.

6 de Enero: desayuno a base de roscón de reyes (muy digestivo) y chocolate a la taza (todavía más ligero que lo anterior). Por si no hemos tenido suficiente, a las dos de la tarde nos espera una comida en casa de la abuela de una magnitud próxima a la de la cena de Nochebuena, por lo que existe un grave riesgo de que no lleguemos vivos a la hora de cenar.

Pero es que incluso en el extraño caso de que hayamos llegado íntegros al día siete y, por tanto, hayamos logrado sobrevivir a las fiestas de la glotonería; comprobaremos con horror como de todas esas tabletas de turrón y de las cuatro cajas de polvorones que se compramos a primeros de Diciembre, apenas se ha consumido la tercera parte, por lo que tenemos asegurada una dieta hipercalórica basada principalmente en almendras, azúcar y harina hasta que llegue la primavera.

Ya no sé qué hacer: mi estómago me está pidiendo a gritos la independencia alimenticia y todavía estamos a mitad de las fiestas… A este paso se me declara en huelga; ya veréis, ya.