Review: ojo de pez Falcon 8mm fisheye f/3.5

Sí; lo reconozco: hasta yo mismo estoy sorprendido por haber comprado un ojo de pez para mi cámara réflex. Hace ya un tiempo pasé ligeramente sobre este tipo de objetivos en aquella entrada que hablaba sobre las principales clases de ópticas que existen y también hablé del tema cuando fabriqué uno de ellos con ayuda de un adaptador de gran angular para cámaras compactas, pero hasta ahora no me había planteado hacerme con algún modelo porque su uso es bastante ocasional y cuesta un poco “pillarles el truco” para sacar buenas fotografías.

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

Sin embargo, el otro día me encontré con una tienda inglesa de eBay llamada Mike’s Camera Accesories en la que vendían un ojo de pez diagonal con montura para cámaras Nikon en formato DX por 299 dólares con gastos de envío por UPS incluidos (unos 203 euros al cambio) y tras buscar por Internet la poca información que hay sobre este modelo, me decidí a dar el paso y adquirirlo. Por cierto, aprovecho para comentaros que este modelo también está disponible en monturas Canon, Olympus, Pentax y Sony/Minolta.

Un poco de teoría sobre ojos de pez

La gran diferencia de un objetivo gran angular con respecto a un ojo de pez es que el primero tiene una fórmula óptica calculada para que la proyección de la imagen sobre el sensor de la cámara sea rectilínea; es decir, sin distorsiones (en teoría, claro) mientras que en el caso del ojo de pez va a existir una distorsión más que acusada a medida que nos acercamos a los extremos de la fotografía.

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Fotografía de samyang.pl

Esta falta de corrección en las distorsiones ópticas es lo que permite al ojo de pez alcanzar un ángulo de visión de 180º (en algunos casos incluso mayor, llegando a los 220º en un mastodóntico modelo de Nikon que podéis ver en la siguiente fotografía y que es capaz de encuadrar cosas que se encuentren incluso detrás de la propia cámara) mientras que un ultra-gran angular no suele llegar más allá de los 110º. De hecho, lo más bestia que ha hecho Nikon hasta el momento en ese sentido es un 13mm para cámaras réflex de 35mm cuyo ángulo de visión son 118º.

fisheyegroup

Un ojo de pez recibe esta peculiar denominación porque originalmente se basaban en la difracción del agua. Si nos sumergimos en el mar y miramos hacia el cielo comprobaremos que nuestro campo de visión se amplía considerablemente, aunque percibiremos los extremos de dicho campo bastante deformados debido a la curvatura que se produce en los rayos de luz al atravesar el líquido elemento. Sin ir más lejos, los primeros ojos de pez no eran más que una lente llena de agua.

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Como curiosidad me gustaría comentaros que los objetivos de este tipo fueron desarrollados originalmente para aplicaciones científicas e industriales. Con ellos se podía capturar la bóveda celeste al completo así como fotografiar espacios interiores muy reducidos. Prueba de ello es que hoy en día los aficionados a la astrofotografía suelen emplear este tipo de ópticas para capturar los sorprendentes trazos que dejan en el cielo el movimiento de las estrellas durante la noche.

Fisheye star trails finish size

Dicho esto hay que aclarar que existen dos tipos de objetivos ojo de pez: los circulares y los diagonales. El circular tiene un campo de visión de 180º tanto en el eje vertical como en el horizontal, y lo que obtenemos con él es un círculo inscrito dentro del sensor de la cámara, por lo que las imágenes obtenidas serán como la siguiente.

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Los de tipo diagonal, también llamados de cuadro completo, alcanzan los 180º en la diagonal del sensor (de ahí su denominación), por lo que el círculo de imagen estará circunscrito en el sensor de la cámara, de tal modo que la imagen obtenida será similar a la que os muestro a continuación.

Fisheye lens

Las peculiaridades del Falcon 8mm fisheye f/3.5

El ojo de pez del que hoy estamos hablando es de tipo diagonal y válido únicamente para sensores de tipo APS-C (el famoso formato DX en Nikon), por lo que las fotografías que podemos hacer con él serán similares a la imagen de la vaca que tenéis aquí encima, si bien este modelo posee una característica que hasta ahora no se ha visto en ningún otro: su proyección es de tipo estereográfica, que consigue una menor deformación de los elementos de la imagen al ser más lineal que en los ojos de pez clásicos; cosa que trataré de explicar con ayuda de la siguiente gráfica que relaciona la fórmula de proyección con la longitud focal y el ángulo de visión resultante:

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Diagrama de lenstip.com

La línea roja pertenecería a un objetivo ultra-gran angular (rectilíneo), y en ella podéis ver que en el hipotético caso de conseguir fabricar uno de tan sólo 6mm tendríamos un campo de visión de 135º, sin llegar en ningún caso a los 180º de un ojo de pez.

La línea azul oscura pertenecería a la fórmula óptica de un Nikkor Fisheye 10.5mm f/2.8 (un ojo de pez “de toda la vida” para formato DX) que, como veis, alcanza los 180º en diagonal a dicha distancia focal. (Los 180º están representados por esa línea horizontal de color marrón que hay en la parte media de la gráfica).

Como podéis apreciar, el Falcon (que estaría representado por la línea de color azul claro) está a medio camino entre el ojo de pez clásico y el objetivo rectilíneo: pertenece al grupo de los primeros porque alcanza los 180º a una distancia focal aproximada de unos 8mm, pero no llega a distorsionar tanto la imagen como los segundos, siendo por tanto un punto intermedio muy interesante para fotografía. De hecho, es el primer ojo de pez que emplea la proyección estereográfica en su fórmula óptica.

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Diagrama de samyang.pl

Eso sí, el empleo de dicha proyección representa un pequeño inconveniente (en todos los aspectos de la vida lo que se gana por un lado se pierde por otro), y es que el tamaño y el peso del Falcon 8mm fisheye f/3.5 es considerablemente mayor que el de los ojos de pez de la competencia: su cuerpo es algo más largo y su elemento frontal tiene una forma tan curvada que sobresale de la superficie del mismo, siendo necesario emplear una aparatosa tapa  que se engancha en los laterales del parasol para protegerlo con la desventaja de que impide usar cualquier tipo de filtro.

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

Aprovecho para comentar que podéis encontrar este objetivo comercializado bajo diferentes denominaciones: Vivitar, Phoenix, Bowens, Polar, Falcon y Samyang. En todos los casos lo único que varía es la tipografía de las letras que hay en la superficie del cuerpo, porque internamente todos ellos son exactamente iguales debido a que están fabricados por una misma empresa Coreana que está tratando de hacerse un hueco en el mercado de las ópticas para cámaras réflex.

Reconozco que un ojo de pez no es el objetivo más práctico del mundo. Siempre lo he dicho y siempre lo diré, pero también tengo que admitir me llaman mucho la atención los grandes angulares y esto no deja de ser un caso muy extremo de este tipo de ópticas. En fotografía siempre trato de buscar nuevos puntos de vista y considero que con un objetivo como éste puedo captar algunas imágenes bastante curiosas.

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

Ahora bien, si en su momento os decía que disparando con un angular es recomendable tratar de sacar algún elemento en primer plano, con un ojo de pez esto se convierte en el pan nuestro de cada día. Para conseguir imágenes sorprendentes el secreto está en acercarse al objeto a retratar casi hasta tocarlo con el extremo. De ese modo exageraremos las proporciones del motivo para meter al espectador en un mundo extraño e irreal.

En cualquier caso, vamos a dejarnos de tanta teoría y vamos a poner nuestras manos sobre esta óptica tan peculiar a ver qué tal se comporta.

Desempaquetando el objetivo

Antes de tener el paquete en mis manos pensé en darle un poco más de bombo al proceso de desembalaje del objetivo, pero como de lo que tenía ganas era de montarlo en la cámara y empezar a hacer pruebas con él, al final no hice fotografías ni nada, de modo que me limitaré a deciros que el objetivo viene con la tapa que os decía antes de 75mm de diámetro para proteger el elemento frontal, una tapa para la bayoneta trasera, una sencilla hoja de instrucciones y una funda de tela para guardarlo a salvo de polvo y rayones muy similar a la que incluye el Nikkor AF-S 35mm f/1.8 G.

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El objetivo en la mano y en la cámara

El objetivo en la mano impresiona por el tamaño de su elemento frontal, recordando un poco en su aspecto al mítico Nikkor 14mm f/2.8 ED AF. salvando, obviamente, las distancias en cuanto a tamaño y peso, pues el objetivo de Nikon es bastante más grande y pesado que éste (del precio mejor no hablar).

Sus 417 gramos lo convierten en una óptica no demasiado pesada pero sí sólida. Quiero decir que se puede sostener en la mano sin esfuerzo, pero pesa bastante más que los objetivos de kit habituales. Si vuestra cámara réflex es ligera y la lleváis colgada al cuello con este objetivo montado la notaréis bastante “cabezona”, sobre todo porque casi todo el peso está en la parte frontal; aunque no es habitual pegarse largas caminatas con un ojo de pez, sino que se suele llevar en la bolsa para emplearlo en situaciones puntuales.

Este objetivo es un modelo de funcionamiento completamente manual sin ningún tipo de contacto electrónico con la cámara ni autofocus, por lo que en mi D40 no puedo emplearlo en ningún modo automático ni semiautomático; únicamente en manual y sin medición de luz. La bayoneta es metálica, la apertura se elije mediante un anillo de tacto muy suave y el enfoque se varía con un otro más grueso, forrado de goma e igualmente preciso. Por suerte, un ojo de pez se basa en la composición y nunca en el enfoque o la profundidad de campo, por lo que no va a haber grandes problemas con este aspecto.

De todos modos, es lógico que las prestaciones de esta óptica sean algo limitadas, pues de algún sitio había que recortar gastos para mantener el precio por debajo de los trescientos dólares, y prefiero que haya sido en electrónica en lugar de calidad óptica pues, como veremos en el siguiente apartado, el objetivo es capaz de hacer fotografías muy nítidas y con un aspecto francamente bueno.

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

En un objetivo de 8mm, aplicando la teoría de la distancia hiperfocal tenemos que empleando una apertura de f/5.6, si enfocamos a 0,6 metros vamos a verlo todo nítido entre 30 cm y el infinito. Curiosamente, esta óptica alcanza su máxima nitidez a f/5.6 y es capaz de enfocar a 30 cm como mínimo, por lo que la configuración anterior será la que emplearemos en el 90% de las ocasiones.

En todo caso, se trata de un objetivo “de prueba y error” con el que debemos realizar la fotografía a ojo y según lo que veamos en pantalla jugar con la velocidad, la apertura y la sensibilidad ISO. Algo a lo que ya estoy acostumbrado cuando disparo empleando mi 35-70 con tubos de extensión. No es una óptica para ir con prisas, y de ahí que sea un elemento un poco “experimental” dentro de mi equipo fotográfico.

Usando un ojo de pez en el mundo real

La primera vez que miré a través del visor de la cámara con el ojo de pez montado en ella tuve una sensación extrañísima: mi habitación era kilométrica, y si miraba a mis pies parecía haber crecido hasta más allá de los tres metros de altura. Observar el mundo a través de un ojo de pez es variar nuestro sistema de percepción de la realidad, dando lugar a fenómenos a los que no estamos acostumbrados. Pero al margen de esta primera impresión hay sobre todo dos cosas que me han llamado la atención:

Por una parte está el hecho de que las cosas parecen estar mucho más lejos de lo que en realidad están. Si ponemos nuestra mano a escasos centímetros del frontal del objetivo y miramos a través de la cámara nos va a parecer que está como mínimo a medio metro de distancia. Esto, que de primeras nos llevará a acercarnos muchísimo a los elementos a fotografiar puede representar un peligro para el curvado elemento frontal, pues podemos acercarnos tanto que lleguemos a golpear dicha lente de cristal y rayarla o, en el peor de los casos, romperla.

En la imagen que tenéis a continuación yo estaba prácticamente pegado a la fuente de piedra, pero como el ángulo de visión del ojo de pez es inmenso, incluso así sobra espacio en el encuadre de la fotografía (qué bien me hubiera venido un objetivo así para alguna rueda de prensa multitudinaria en la que apenas podía despegar los codos del cuerpo…).

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

La verdad es que se hace realmente extraño que las cosas que tenemos a nuestro lado aparezcan dentro del visor. Acostumbrado a objetivos rectilíneos, me parecía alucinante que poniéndome casi en paralelo con un objeto, mirando a través de la cámara lo estuviera observando en el encuadre, por lo que a la hora de componer debemos tener cuidado porque se nos pueden “colar” en la fotografía cosas que normalmente damos por sentado que quedarán fuera de la imagen (la correa de la cámara, una pata del trípode, un dedo de la mano que está sujetando el objetivo, el propio sol…).

Fijaos en las dos fotografías siguientes, porque con la ayuda de mi hermano, mientras yo captaba la imagen con el ojo de pez él me fotografió a mí con otra cámara de tal modo que podéis apreciar que estando junto a la columna, esta ocupa una buena parte del encuadre.

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

Por cierto, es evidente que en un objetivo con un campo de visión tan amplio muchas veces se nos va a meter el sol en el encuadre; algo que podría provocar molestos reflejos y flares por lo prominente del elemento frontal. En el caso es de éste modelo de objetivo no parece ser un gran problema, porque incluso metiendo al astro rey en una esquina de la fotografía no he podido más que provocar un pequeño halo azulado en el centro de la imagen, no siendo demasiado molesto que digamos. Del mismo modo, me he encontrado con un halo similar pero algo más definido en caso de que se nos meta en una esquina del encuadre alguna luz puntual de mucha potencia (un foto, una luz halógena…)

Eso sí, lo que es absolutamente inevitable es que en lugares muy abiertos vamos a tener diferencias de iluminación enormes debido a que si hacemos fotografías entre cuatro paredes es más que probable que estemos sacando tres de ellas en el encuadre, por lo que según la incidencia de la luz solar podemos tener al mismo tiempo zonas muy oscuras y otras muy claras, lo que podría representar un problema si excedemos el rango dinámico de nuestra cámara.

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

Ah, y del flash integrado en la cámara olvidaros por completo: si empleando un gran angular se pueden producir sombras en la parte inferior de la imagen, os podéis imaginar que con el ángulo de visión de un ojo de pez casi habría en la fotografía más sombras que luces. O disparamos con la luz que haya en el ambiente o bien empleamos un par de flashes externos controlados remotamente, porque un sólo destello lanzado desde la cámara no es capaz de cubrir todo el área a fotografiar ni de casualidad.

Por otra parte, me gustaría comentar que es importante tener la superficie de la lente frontal lo más limpia posible. En un objetivo con una profundidad de campo tan bestia, el polvo o los rayones en su superficie podrían llegar a apreciarse en las fotografías, por lo que ante la imposibilidad de emplear un filtro para proteger el objetivo, es importante limpiarlo con relativa frecuencia así como colocar entre disparo y disparo la tapa que viene de serie aunque sólo sean intervalos de medio minuto. De este modo nos evitaremos sustos y posteriores disgustos.

Conclusiones

Tras probar el ojo de pez en interiores y en exteriores durante unos días me reafirmo en que no es un objetivo para emplear habitualmente. El espectacular efecto que consigue en ciertos tipos de imágenes puede llegar a cansar al espectador si abusamos de él, pero empleado con lógica y puntualmente puede llevarnos a conseguir resultados sorprendentes.

La forma de componer con un ojo de pez es diferente si pretendemos lograr amplitud en las tomas o bien un desequilibrio entre los conceptos de “cerca” y “lejos”. En el primer caso vamos a jugar con las líneas del horizonte, siendo necesario romper la regla de los tercios para situarlo en el centro del encuadre; único lugar donde las rectas se verán rectas. A partir de ahí se trata de llevar las paredes del recinto a los extremos del visor donde se curvarán potenciando la sensación de amplitud.

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

En el caso de primeros planos, aquí ya hay más juego, pues podemos colocar el elemento a destacar en cualquier lugar del encuadre, pero siempre teniendo en cuenta las deformaciones que se producen a medida que nos alejamos del centro de la imagen. En todo caso, el secreto aquí está en acercarse lo máximo posible al objeto a fotografiar para conseguir impactar al espectador con un cambio en las proporciones que se sale de toda lógica. Fijaos en la siguiente fotografía y podréis ver que las proporciones corporales de mi hermano están completamente desvirtuadas (sale paticorto) y que incluso aparezco yo en la fotografía al apuntar la cámara ligeramente hacia abajo.

De todos modos, con el Falcon 8mm fisheye f/3.5 no vamos a poder aplicar esto que os digo a elementos muy pequeños (como una flor por ejemplo) porque su distancia mínima de enfoque de 30 cm medidos desde el plano del sensor es relativamente larga para una óptica de este tipo ya que, como os decía antes, todo parece estar más lejano en el visor de lo que realmente está.

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

Vídeo del objetivo

He decidido adjuntar un vídeo que he grabado en el que muestro el objetivo en la mano y montado en mi Nikon D40. Creo que será de utilidad para aquellas personas que se están preguntando qué aspecto tiene “en vivo” esta peculiar óptica.

Imágenes varias

Algunas imágenes obtenidas con este objetivo y mi Nikon D40 para que os hagáis una idea de lo que se puede esperar de él.

(NOTA: iré añadiendo algunas más en los próximos días)

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

Review Falcon 8mm fisheye f/3.5

Terraza de la escuela politécnica

El patio de la escuela politécnica

En medio del asfalto

Desfile de coches

Andamios y carteles

El filo de un cuchillo

A ras de suelo

Los carteros también se pierden

Tomando algo en el VIPS

Recreativa de Initial D

Recreativa de Initial D

Colegio de Málaga a vista de pez

Colegio de Málaga a vista de pez

Hangares abandonados en el campus de Alcalá

Mercado medieval 2009

Aparcamiento en Nueva Alcalá

De viaje

Alcalá Magna a vista pez

Bajando las escaleras con comodidad

Más información (en inglés)

Samyang 8 mm f/3.5 Aspherical IF MC Fish-eye review (Lenstip.com)

Samyang Fisheye Lens short review (Michel Thoby)

Ficha técnica del fabricante

Fisheye lens (Wikipedia)

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Preparando el instrumental para mañana…

He estado preparando algunas cosas para la presentación de mañana, y aunque suelo llevar la cámara Sony DSC P200 a estas cosas por su pequeño tamaño y su gran autonomía, esta vez me llevaré la Konica-Minolta Dimage Z2 porque sus prestaciones me vendrán muy bien en el sitio al que vamos a ir.

Mi set de herramientas

Konica Minolta Dimage Z2

¡Cómo me gusta esta cámara! 🙂

Dos tercios de mi vida haciendo fotografías

Luis disparando

Mi afición por la fotografía no me viene de ahora; todo comenzó cuando me regalaron por mi comunión (a la tierna edad de 9 añitos) una cámara de fotos de marca Werlisa de lo más simple pero con la que hice multitud de carretes.

Con ella conseguí realizar algunas fotografías bastante buenas de puestas de sol y vistas de la playa (dos temas que han seguido repitiéndose con el paso de los años) pero pronto se me quedó un poco “corta” aquella cámara sin ajustes de ningún tipo y me hice allá por 1992 con otro modelo (también de carrete, claro) que contaba con autofocus, flash integrado y motor de arrastre.

Aquella cámara fue con la que hice todas las fotografías de mi juventud (amigos, vacaciones, cumpleaños…) hasta que allá por el año 2000 me hice con mi primera cámara digital y comencé a darme cuenta de las ventajas de poder ver las imágenes poco después de disparar y seleccionar las mejores tranquilamente en casa para después ir a una tienda y sacar en papel únicamente las que yo quisiera.

Como ya ha pasado mucho tiempo desde aquello y varios modelos de cámaras han llegado hasta mis manos, creo que podría ser interesante hacer una retrospectiva (como ya hice con mis teléfonos móviles) y contaros cuáles son esos modelos y algunas de sus características principales:

· Medion Digital Camera

Más que una cámara digital propiamente dicha aquello era una webcam que llevaba un par de pilas AAA de tal modo que podíamos capturar hasta 40 fotografías a una resolución de 640 x 480 pixels sin tener que estar conectada a ningún PC. Vendría a dar una calidad más o menos como la de la cámara del Motorola RAZR V3 y sus dos grandes problemas consistían en que al gastarse las pilas se perdían todas las fotografías almacenadas y que no contaba con ningún tipo de pantalla en la que ver las imágenes capturadas, por lo que hasta que no las veías en el PC no sabías si habías conseguido una imagen decente o no.

· Genius D-211

En su momento me parecía pequeñísima y a años luz de la anterior. Estaba en lo cierto, pero en aquella época nos encontrábamos un poco en la primera era de las cámaras digitales “de consumo” y poco me podía imaginar que con el tiempo esta cámara sería casi de juguete. No obstante fue el modelo de cámara que me hizo ver que lo mío era la fotografía digital. Comentar que no tenía zoom óptico y que el modo macro enfocaba siempre las fotografías a una distancia de unos 20 cm, por lo que las limitaciones eran evidentes.

Con 1.3 Mpixels y sensor CMOS daba unas capturas con colores muy falseados y sobre todo un balance de blancos que era tan pésimo que arruinaba cualquier imagen que por su temática pudiera parecer medianamente interesante. También grababa vídeo pero sin sonido.

· HP Photosmart 635

Una cámara que ya conseguía hacer fotos medianamente decentes y con la que empecé a asimilar conceptos como apertura, profundidad de campo, exposición y demás términos relacionados con la fotografía. Tenía 2.1 Mpixels y zoom óptico de 3x.

Sin embargo, precisamente por familiarizarme con ese tipo de términos, empecé a echar muchas cosas en falta en aquella cámara: era prácticamente automática y lo único que se podía elegir era emplear flash o no y utilizar el enfoque en modo macro o normal.

La estuve utilizando durante casi dos años, pero al final me cansé de no poder sacar partido a las ideas que se me ocurrían y opté por hacerme con una cámara con más prestaciones. También aprendí gracias a esta HP que a la hora de hacerse con una cámara digital lo mejor es optar por marcas que lleven toda la vida metidas en fotografía analógica, pues si no los resultados obtenidos son más bien mediocres.

También entendí que las pilas recargables eran a la larga mucho más económicas que las alcalinas, pues por muy “Duracell” que estas fueran al final duraban poco menos que un suspiro por su poca capacidad para entregar grandes cantidades de corriente (que es lo que precisan las cámaras digitales para la alimentación de sus componentes y especialmente del flash).

· Canon Powershot A75

Por fin una cámara que me permitía hacer más o menos todo lo que quería: tenía modo manual, exposición de hasta 30 segundos, 3.2 Mpixels, una óptica bastante decente y la calidad de una marca como Canon.

Con ella hice más de 10000 fotografías (muchas de las cuales han sido publicadas en este mismo blog) y a día de hoy todavía es capaz de hacer fotografías muy buenas incluso comparada con cámaras actuales.

Recuerdo que en el momento de hacerme con ella estuve dudando mucho entre esta y otro modelo del que luego hablaremos, pero al final el bolsillo impuso sus razones y la Canon se vino a mi casa para iniciar una bonita amistad.

Junto con la cámara me compré un buen trípode y una bolsa de fotografía que actualmente todavía empleo con mi cámara actual. Como curiosidad comentar que esta cámara se la regalé hace poco a mi padre cansado de que muchas de las fotografías que hacía se le arruinaran por la poca calidad de la cámara que él tenía hasta ese momento.

· Sony DSC P200

La cámara que (hasta hoy) me ha acompañado a todas las presentaciones de ultimONivel, pues hice mis primeras fotos con ella el día que asistí a la de Gothic 3 (¡mi primera presentación! 😉 ). Sus 7.2 Mpixels me permitían captar bastantes detalles y la gran duración de su batería conseguía que me despreocupara de cargar pilas y llevar otro juego de recambio.

Tenía un zoom óptico de 3x (nótese que el zoom digital siempre lo ignoro, y de hecho en cuando estreno una cámara lo primero que hago es desactivarlo) y una óptica que si bien era de bastante calidad en condiciones de mucha luz daba bastantes problemas en entornos oscuros como pude comprobar en la presentación de Juiced 2.

La mayor pega de esta cámara es el uso de tarjetas Memory Stick, pues en comparación con las habituales SD o CF eran mucho más caras. Recuerdo haber pagado casi 50€ por una tarjeta de 2 GB cuando su equivalente en SD rondaba los 20€ en sustitución de la Lexar de 1 GB que traía originalmente y que se estropeó poco tiempo después de estrenarla.

Es una cámara que cabe en un bolsillo y que graba vídeo a 640 x 480 a 30 fps, por lo que me ha servido para grabar multitud de recuerdos en movimiento, algunos de los cuales están grabados en Youtube y Google Video.

Pese a que ahora cuento con otra cámara que posee más posibilidades pienso seguir utilizando ésta a menudo gracias a su autonomía, su capacidad de apuntar y disparar y a sus reducidas dimensiones.

· Konica-Minolta Dimage Z2

La última en llegar, aunque en realidad tendría que haberme hecho con ella mucho antes. En concreto ésta es la famosa cámara que me provocó tantos dilemas a la hora de hacerme con la Canon A75. Siempre me quedó la espinita clavada de tenerla y al final me he podido hacer con una a un precio mucho menor del que me hubiera costado en su momento.

Cuenta con 4.2 Mpixels, zoom óptico 10x y un modo super-macro capaz de enfocar a sólo 3 cm de distancia; pero todo esto y mucho más ya lo comenté hace unos días en la entrada correspondiente a su estreno y la cual os remito.

Podría pensarse que esta Dimage Z2 es un “paso atrás” con respecto a la P200 de Sony, pero a mi modo de ver es todo lo contrario, ya que es una cámara que cuenta con prestaciones bastante avanzadas y que me vienen muy bien para las presentaciones de ultimONivel así como todo tipo de fotografías “artísticas”: los 4 Mpixels son suficientes para captar suficiente detalle, pero esa falta de resolución con respecto a la máquina de Sony se compensa con una óptica muy luminosa, un zoom mucho más potente y un control bastante más preciso (la Sony es muy de “apuntar y disparar”; útil para fotos de cumpleaños, pero una lata en entornos “raros” o fotografías un poco “caprichosas”).

De ella de momento no os puedo contar mucho más porque todavía no llevo ni 100 fotografías disparadas, pero de momento estoy muy contento con su adquisición y ya estoy deseando tener algún “sarao” para probarla en condiciones “de batalla”.

Y hasta aquí (de momento) mi historial de cámaras digitales. Como veis es una afición que me viene de lejos y que ya me ha hecho pasar por unos cuantos modelos. Tengo claro que lo próximo que me compraré será una réflex digital, y aunque recientemente he estado tentado de gastarme una pequeña fortuna en una creo que es mejor que disfrute con lo que tengo y aprovechar que poco a poco están saliendo modelos con mayores prestaciones y a menores precios, porque seguro que si ahora mismo me hago con una DSLR dentro de unos meses me arrepentiré de haber corrido tanto.

Por el momento tengo muchas fotografías que hacer con la reciente Z2 y con la ya veterana DSC-P200, de modo que ya habrá tiempo de meterse de lleno en el mundo de las réflex con sus objetivos, sus flashes y toda la parafernalia propia de un estudio de fotografía.

Mi nuevo juguete para cazar recuerdos…

No tengo nada en contra de mi habitual Sony DSC-P200, pero antes de tener esa tuve una Canon Powershot A75 con la que hice más de 10000 fotografías; y en el momento de hacerme con ella dudé muchísimo entre ella o una Konica-Minolta Dimage Z2. El problema es que la Z2 se me salía mucho de presupuesto, de modo que al final me quedé con la Canon y la Z2 se quedó ahí como una pequeña espinita clavada.

Pues bien, como parece que la cosa últimamente va de ajustar cuentas con el pasado, me surgió la oportunidad de conseguir a muy buen precio una Z2 cuidada como oro en paño y no dudé en hacerme con ella. Ahora mismo ya la tengo en mis manos y la verdad es que me ha hecho bastante ilusión trastear por sus menús y probar sus características (apenas he podido tocar nada hoy debido a que cuando me ha llegado ya era casi de noche, así que mañana me la bajaré a la calle para hacer alguna fotografía) porque en su día me quedé con las ganas.

Es cierto que es una cámara de hace ya cuatro años, pero sus características me van a venir muy bien para el tipo de fotografía que suelo hacer: zoom óptico de 10x (38-380 equivalente) y modo supermacro capaz de enfocar a tan sólo 3 cm del objetivo.Lo “malo” es que la cámara cuenta con un CCD de 4.2 Mpixels (frente a los 7.2 de laP200) y funciona mediante pilas recargables en lugar de batería de litio, pero entre que me ha salido realmente bien de precio y que era ya casi algo personal el hacerme con esta cámara, la verdad es que estoy bastante contento y con muchas ganas de empezar a trastear con ella ahora que tengo bastante tiempo libre.

Para los que entendéis de fotografía os comento a continuación algunas de sus características técnicas:

  • Objetivo 38-380 equivalente con zoom óptico 10x, autofocus extrarápido y modo supermacro. Apertura máxima de 2.8f / 3.7f
  • CCD de 4.2 Mpixels que captura imágenes a 2272 x 1704.
  • Visor de 1.5 pulgadas con posibilidad de visualización a través de visor óptico con corrector de dioptrías. Tasa de refresco de 60 Hz y amplificación de luz en condiciones de poca iluminación.
  • Modo ráfaga ultrarápido a 1280 x 960 a 10 fps. A máxima resolución 1.5 fps.
  • Enfoque manual y automático.
  • Modos de disparo automático, semiautomático, prioridad a la apertura, prioridad a la velocidad, manual y varias escenas predefinidas.
  • Velocidad de disparo entre 1/1000 y 15 seg con modo bulb hasta 30 seg.
  • Vídeo a 640 x 480 a 30 fps o 800 x 600 a 15 fps ambos con sonido.
  • ISO 50, 100, 200 y 400.
  • Algoritmo de reducción de ruido para capturas de más de un segundo.
  • Flash de tipo pop-up incorporado y zapata para flash externo.

Comentar que aparte del uso más o menos “artístico” que le pueda dar, sobre todo es una cámara que me puede venir muy bien para las presentaciones a las que suelo asistir como reportero de ultimONivel, pues aparte de poseer una óptica bastante luminosa, el flash incorporado en la cámara es bastante más potente que el de la Sony (algo que me desesperaba en ambientes poco iluminados) y tanto el modo supermacro como el zoom de 10x me van a permitir captar detalles que de otra manera no podría.

En fin, como el movimiento se demuestra andando ya os iré poniendo alguna fotografía hecha con la cámara durante los próximos días. Eso sí, quisiera dar las gracias desde aquí al usuario paquito29 del foro elotrolado.net porque es él quien me ha vendido la cámara y se nota que la ha tratado siempre con un especial mimo y cuidado.

¡Un saludo desde Alcalá de Henares! 🙂