Los modos de medición

Ya comenté en una entrada reciente que cuando pulsamos hasta la mitad el disparador de la cámara, esta mide la luz que entra a través del objetivo para calcular una exposición acorde a las condiciones de iluminación existentes. Cómo se realiza esta medición y de qué manera podemos influir en ella es lo que voy a tratar de contaros en este artículo.

The sky is in flames!

Midiendo la luz

La luz que entra en la cámara a través del objetivo llega a una serie de sensores repartidos por todo el encuadre de tal modo que en función de la cantidad de luz que alcance cada uno de ellos y de la importancia que queramos dar a cada zona de la imagen se calculará una determinada exposición mediante la variación de apertura, tiempo y sensibilidad.

Nikon EM (1979)

Como os digo, aunque en las modernas cámaras digitales hay multitud de sensores encargados de medir la luminosidad de la escena (1005 en el caso de la Nikon D300) nosotros vamos a poder dar la misma importancia a todos ellos o bien definir una zona en la que la medición de la luz se tenga más en cuenta que en el resto a través de los modos de medición.

Los tres modo de medición

Para esto que os comentaba antes, en la práctica totalidad de cámaras digitales (no sólo réflex) vamos a contar con tres modos de medición de la luz: matricial, ponderada al centro o puntual; y aunque por lo general la primera de ellas suele ser la más empleada por su flexibilidad, enseguida vamos a ver que las otras dos pueden sernos de mucha utilidad en condiciones de iluminación complicadas o para ciertos tipos de imágenes.

Luces, sombras, siluetas y reflejos (versión en vertical)

En los siguientes párrafos intentaré haceros ver en qué consiste cada uno de los tres modos y acompañar la parrafada con un ejemplo gráfico que os de una idea del tipo de situación en el que nos puede venir bien dicho modo. Vamos con ello:

1. Matricial

Como os decía antes, en la inmensa mayoría de los casos el modo de medición matricial funcionará correctamente y dará como resultado una exposición correcta y ajustada; sobre todo cuando la iluminación de la escena es más o menos uniforme. Algo que podremos comprobar con el histograma que incluye cualquier cámara digital.

Y es que la medición matricial no es más que un promedio de las lecturas de todos los sensores presentes en el encuadre, por lo que en caso de que haya una pequeña zona subexpuesta o sobreexpuesta esto apenas tendrá influencia sobre la exposición de la fotografía.

Sin embargo, en caso de que el resultado no sea el esperado (la fotografía ha quedado más clara o más oscura de lo deseado) podremos ajustarla a nuestro gusto con la compensación de exposición volviendo a realizar el disparo a continuación. En cualquier caso, para situaciones en las que queramos afinar más (o escenas en las que haya zonas con niveles de iluminación muy dispares) es por lo que existen los dos modos que vamos a ver después.

En el ejemplo que tenéis a continuación podréis ver que aunque las palmeras están ligeramente subexpuestas (más oscuras de lo deseado) debido al contraluz reinante, la cámara ha calculado una exposición tal que el cielo no se ha quemado y el degradado que busca el horizonte ha quedado con unos tonos muy naturales.

Atardecer en Oropesa

2. Ponderada al centro

El modo ponderado al centro tiene una utilidad fundamental: los retratos. En ese tipo de imágenes lo que buscamos es dar protagonismo a la persona que aparece en el centro de la imagen tratando de que el espectador se olvide de todo lo demás. Por tanto, la medición ponderada al centro lo que hace es dar más importancia a la zona media del encuadre, influyendo menos en el cálculo de la exposición la luz que haya en la parte más externa.

En el ejemplo que acompaña a este apartado podéis ver un caso típico de retrato en el que usar la medición ponderada al centro de tal modo que el rostro de la persona quede correctamente expuesto sin importar demasiado si el fondo queda algo más claro o más oscuro de lo deseado. Al fin y al cabo de lo que se trata es de “aislar” el primer plano del fondo de la imagen.

Apmomp (retrato vertical)

3. Puntual

La medición puntual tiene en cuenta solamente una pequeña zona de la imagen (en el centro del encuadre o en el punto de enfoque seleccionado) para realizar el cálculo de la exposición. Se suele emplear en fotografías en las que es importante destacar un detalle para que el espectador se centre fundamentalmente en él, de tal modo que los amantes del macro recurren a él con frecuencia.

Se trata de un modo que también se emplea a veces en los retratos; pero normalmente para primerísimos planos en los que lo que ha de quedar correctamente expuesto (y enfocado) son los ojos de la persona a la que estamos fotografiando.

En las flores que ilustran este apartado medí la luz sobre los pétalos de la que está perfectamente enfocada; pues aunque la iluminación de las tres flores era bastante uniforme, no quería que el fondo oscuro provocara una sobreexposición y, por tanto, un quemado irremediable de los pétalos blancos.

Días floridos II

Conclusión

Como señalé anteriormente, lo más habitual a la hora de hacer fotografías es emplear el modo de medición matricial, pues los avances de la electrónica presentes en las cámaras actuales hacen que esta calcule casi siempre una exposición correcta. En caso de que la fotografía resultante sea más clara o más oscura de lo que teníamos previsto jugaremos con la compensación de exposición para acercarnos al resultado deseado.

Sin embargo, para ciertas escenas en las que hay zonas de luces y sombras muy marcadas en el encuadre, a la hora de hacer retratos o si nos enfrentamos a trabajos en macro, los modos de medición ponderada al centro y puntual nos pueden venir muy bien para atinar con la exposición en la primera toma.

20090809-DSC_0244

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Un ejemplo práctico sobre el uso del flash de relleno

Pese a que lo del empleo del flash para evitar sombras y contraluces es algo que ya os comenté hace tiempo, me gustaría hoy retomar el tema porque considero que es algo útil e interesante al mismo tiempo. Hay quien cree que el flash sólo tiene utilidad cuando no tenemos luz ambiental, pero en realidad incluso a pleno sol podemos sacarle mucho partido.

Amanecer en la playa

Midiendo la luz

Cuando pulsamos el disparador hasta la mitad, la cámara mide la luz en el encuadre y ajusta la exposición en consecuencia para captar una fotografía que guarde cierto equilibrio entre las zonas más brillantes y más oscuras de la misma. Esta medición se realiza muestreando en un determinado número de puntos la imagen que entra a través del objetivo y dando más importancia a unos puntos u otros en función del modo de medición elegido (éste es un tema del que trataré dentro de poco en un artículo específico).

En el caso concreto que hoy nos ocupa (contraluz y medición matricial) vamos a ver que la cámara expone para no quemar las zonas más brillantes dando lugar a que las zonas en sombras queden casi completamente negras. Hay que tener presente que si una escena excede el rango dinámico que puede abarcar nuestra cámara no nos quedará más remedio que sacrificar las zonas más brillantes o más oscuras porque los dos extremos no los vamos a poder abarcar en la misma toma (a no ser que hagamos un HDR; pero eso es otra historia).

Carreteras

Puesto que por el modo de funcionamiento de los sensores digitales estos tienden a saturarse antes que la clásica película analógica en carrete, las cámaras actuales tienden a ser conservadoras en lo que a exposición se refiere y “en caso de duda” prefieren subexponer antes que sobreexponer. Es decir, que en caso de mezcla de zonas brillantes y oscuras, por defecto se tenderá a una cierta subexposición que evite la pérdida de datos en las zonas más claras.

Un ejemplo práctico

En la siguiente imagen podréis ver de un vistazo cómo la cámara ha expuesto la fotografía de tal modo que, efectivamente, el cielo no se ha quemado pero el sujeto principal es poco más que una silueta en medio del encuadre.

¿Que podemos hacer para solucionar esto? Pues o bien medimos de forma puntual sobre el sujeto que queremos retratar o bien mantenemos la medición matricial pero compensamos la exposición de forma positiva para aclarar en general toda la imagen. En ambos casos el cielo quedará irremediablemente quemado porque su luminosidad es mucho mayor que la del sujeto principal y si exponemos en base a él el cielo se abrasará; pero es que ya os dije antes que en estas circunstancias no nos queda más remedio que sacrificar por uno de los dos lados del histograma.

Llegados a este punto me gustaría recordaros que al final la luz es lo más importante a la hora de hacer una fotografía y que de ella va a depender el 99% del resultado final que obtengamos.

La solución más sencilla

Sin embargo, hay otra solución que nos va a permitir obtener una exposición correcta sin sacrificar nada: iluminar el sujeto principal de tal modo que la diferencia de luminosidad entre él y el fondo no sea tan grande; y para ello nada mejor que emplear un flash forzándolo a saltar pese a haber iluminación ambiental suficiente mediante la función llamada “flash de relleno”.

De hecho, a continuación tenéis el resultado de emplear el sencillo flash integrado que posee mi D300 y que ha logrado que el cielo no esté quemado y al mismo tiempo que mi hermana sea algo más que una silueta recortada sobre el cielo de Oropesa.

La traviesa funambulista

La diferencia es que ahora gracias al “flashazo” el primer plano y el fondo tienen una luminosidad similar, por lo que el rango dinámico de la cámara puede captar perfectamente todos los detalles sin dar lugar en la imagen zonas quemadas o completamente negras. Es decir, que hemos reducido la diferencia de luminosidad entre las zonas más brillantes y más oscuras de la escena a capturar.

No hace falta que os diga (aunque ya lo comenté en su momento) que con el minúsculo flash de una compacta no vais a poder iluminar el Empire State Building; pero para personas u objetos situados a un par de metros como mucho puede ser un recurso más que suficiente para salvar una foto que de otro modo desecharíamos sin ningún tipo de miramiento.

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Medición fotométrica empleando objetivos sin CPU

Las cámaras réflex Nikon pertenecientes a la gama profesional tienen una característica que me parece muy útil: la posibilidad de calcular la exposición correcta sin necesidad de que el objetivo cuente con una CPU que se comunique directamente con la electrónica de la cámara.

Eso se hace mediante un “saliente” que posee el anillo de diafragmas de las ópticas antiguas que indica a la cámara la apertura seleccionada en función de su posición. Posición que la cámara interpreta gracias a una pequeña pestaña que posee en la parte externa de su montura y que gira solidariamente con el anillo de diafragmas del objetivo utilizado.

De hecho, esto que os comento no es nada nuevo ya que antes de la aparición de los objetivos con CPU (que se distinguen por los pequeños pines metálicos de sus bayonetas) es lo que se hacía para saber a qué diafragma se iba a disparar la fotografía y hacer así los cálculos de exposición correspondientes. Sin ir más lejos, mi Nikon EM posee este acoplamiento que os digo como podéis apreciar en la parte superior derecha de la montura en la siguiente imagen:

Nikon EM (1979)

Ya sabéis que las cámaras réflex siempre emplean la máxima apertura disponible a la hora de enfocar y componer la imagen, por lo que de algún modo necesitan saber a qué apertura se cerrará el diafragma en el momento del disparo. En las cámaras actuales esto se hace mediante los diales de control del propio cuerpo; pero en los objetivos más antiguos se hacía mediante el anillo de diafragmas que poseen en la base del barrilete y que podéis ver en las fotos de alguna de mis ópticas.

AF Zoom Nikkor 35-70mm f/3.3~4.5S MACRO MK I (II)

Girando ese anillo seleccionábamos la apertura a la que íbamos a hacer nuestra fotografía y de ahí que la cámara necesitara algún medio mecánico para saber en qué posición se encontraba. Precisamente este sistema de notificación física de la posición del anillo de diafragmas es lo que se ha eliminado en las cámaras digitales más sencillas con objeto de ahorrar costes y el motivo por el que usando objetivos antiguos esos cuerpos no son capaces de utilizar el exposímetro.

Eso sí, aunque tengamos una cámara de gama alta que nos permita usar el exposímetro en objetivos sin CPU debemos de indicarle un par de parámetros para que pueda calcular con precisión la exposición: la distancia focal del objetivo a utilizar y la apertura máxima del mismo.

Si introducimos estos dos datos correspondientes a nuestro objetivo (en la D300 disponemos de nueve posiciones diferentes de memoria para ello) podremos disparar nuestras fotografías empleando la medición matricial de la luz, lo que garantiza en la mayoría de los casos una exposición equilibrada incluso en situaciones de iluminación complicadas porque, de hecho, ese es uno de los puntos fuertes de las cámaras Nikon.

Abonando el campo

Si empleaba un objetivo sin CPU en mi D40 tenía que calcular la exposición “a ojo” consultando el exposímetro en la pantalla de la cámara después de cada disparo y haciendo las correcciones pertinentes hasta lograr la exposición deseada. Sin embargo, en la D300 puedo disparar con un objetivo sin CPU sabiendo que la fotografía estará correctamente expuesta. De hecho, me sorprender ver cómo incluso imágenes tan complicadas de exponer de forma equilibrada como las captadas a través de mi ojo de pez quedan perfectas haga lo que haga.

En mi propio encuadre

En definitiva: si disponéis en vuestra cámara de esta característica y contáis en vuestro arsenal con un objetivo antiguo, haced uso de ella y veréis lo bien expuestas que quedan las imágenes. Eso sí, en caso de que no contéis con este tipo de medición tampoco os preocupéis porque lo mejor de las cámaras digitales es que podemos disparar veinte fotografías cambiando diversos parámetros hasta dar con el resultado deseado.

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La utilidad del histograma

Aunque tengamos una vista de lince, el histograma es el modo más fiel de comprobar la correcta exposición de la fotografía que acabamos de hacer. Las pantallas LCD incorporadas en las cámaras actuales están a años luz de la calidad que daban hace unos años pero, aun así, en situaciones de mucha luz ambiental lo que vemos en la pantalla de la cámara después de disparar y lo que obtendremos luego en el monitor del ordenador puede no coincidir del todo.

Limpiando la cámara (III)

De hecho, si miráis bajo la luz del sol alguna fotografía que acabéis de hacer con vuestra cámara os va a parecer que está más oscura de lo que en realidad está; y precisamente por eso aprendí a no borrar ni una sola imagen “sobre el terreno”, ya que siempre hay fotografías que al verlas en la calle me parecen demasiado oscuras y al llegar a casa comprobaba que estaban correctamente expuestas.

Como os decía, para evitar esto tenemos en el histograma a un fiel aliado, ya que se va a encargar de darnos la información sobre la exposición de la fotografía en forma de gráfica, de modo que no afectarán las condiciones de visualización de la pantalla de la cámara.

Histograma en la pantalla de mi Nikon D40 correspondiente a la fotografía visualizada

¿Qué es un histograma?

Un histograma no es más que un gráfico de barras en el que se colocan los pixels de la fotografía según su tonalidad: los tonos más oscuros a la izquierda y los más claros a la derecha, de tal modo que los extremos representan el negro absoluto y el blanco puro respectivamente. La altura de cada barra representa la frecuencia de aparición de los píxels de esa tonalidad, por lo que si una de las barras (en este caso será más bien un conjunto de barras) sobresale por encima del resto es porque hay una gran cantidad de pixels de ese color.

Me gustaría comentaros que hay histogramas que sólo miden un canal y otros que miden varios (ya sea en forma de varias gráficas o una misma superpuesta). En el caso de mi Nikon D40 en la pantalla se ve un histograma monocanal; aunque se puede ver uno que comprende los canales rojo, verde y azul entrando en el menú de retoque e insertando un filtro de color. Por su parte, en Lightroom tengo en la esquina superior derecha un histograma multicanal, que siempre es de gran ayuda a la hora de tocar los niveles de la fotografía porque nos aseguramos de que no vamos a “quemar” ninguno.

Un ejemplo

Mirad la siguiente imagen y su correspondiente histograma al pie.

Ese pico que se ve en la parte izquierda corresponde a un tono oscuro con mucha presencia en la fotografía, que no es otra cosa que el asfalto de la calle. Por otra parte, las líneas amarillas están representadas por ese aŕea del mismo color en la parte central del histograma, ya que a la altura a la que se encuentra indica que se trata de un tono con una luminosidad media. Creo que con ello entenderéis bien en qué se basa el histograma.

Como podéis apreciar, con un simple vistazo podremos saber si una fotografía está subexpuesta (demasiado oscura) porque la “montaña” del histograma estará en la parte izquierda. Del mismo modo, si la imagen ha quedado sobreexpuesta (demasiado clara o “quemada”) lo veremos porque el histograma está desplazado hacia la parte derecha.

Vamos a ver ambos casos mediante unos ejemplos prácticos. Para ello, me situé en una calle de Alcalá y disparé a la puerta de un edificio empleando la misma sensibilidad ISO y la misma apertura, de tal modo que para variar la exposición de la fotografía sólo cambié el tiempo de exposición (los datos de cada imagen están al pie de su histograma correspondiente).

Fotografía subexpuesta (histograma hacia la izquierda)

Fotografía sobreexpuesta (histograma hacia la derecha)

De esto se deduce que una fotografía correctamente expuesta será aquella que aparece centrada en el histograma sin tocar sus lados; aunque tampoco hay que tomarse esto al pie de la letra, ya que un histograma plano con un pico en el centro implica que no hemos usado más que una pequeña parte del rango dinámico que es capaz de abarcar nuestra cámara. Lo ideal sería que el histograma apareciera uniformemente repartido a lo largo del histograma pero sin llegar a tocar apenas los bordes del mismo; más o menos como en la siguiente imagen:

Desde luego, aun podíamos haber aumentado un poco más la exposición y todavía no estaríamos tocando la parte derecha del histograma (es el límite que marca la sobreexposición); pero es un ejemplo rápido para que os hagáis una idea de cómo podría ser una exposición más o menos correcta de esta imagen que estamos empleando para explicar este concepto. En todo caso, lo que quiero indicaros es que se trata de que no se nos “amontone” el histograma en ninguno de los dos lados a no ser que estemos buscando precisamente ese efecto (fotografiad una bombilla encendida y tendréis un histograma con un pico a la derecha y todo lo demás casi completamente plano).

En fin, como os digo, si viendo la pantalla de la cámara no tenéis muy claro si la fotografía que acabáis de hacer ha quedado bien expuesta o no, podéis cambiar al modo histograma y salir de dudas en un instante. Y es que se trata de una de esas funciones que a veces no usamos por desconocimiento (o por pereza, que es peor) y cuando nos decidimos a hacerlo nos damos cuenta de que es tremendamente útil.

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