Un ejemplo práctico sobre el uso del flash de relleno

Pese a que lo del empleo del flash para evitar sombras y contraluces es algo que ya os comenté hace tiempo, me gustaría hoy retomar el tema porque considero que es algo útil e interesante al mismo tiempo. Hay quien cree que el flash sólo tiene utilidad cuando no tenemos luz ambiental, pero en realidad incluso a pleno sol podemos sacarle mucho partido.

Amanecer en la playa

Midiendo la luz

Cuando pulsamos el disparador hasta la mitad, la cámara mide la luz en el encuadre y ajusta la exposición en consecuencia para captar una fotografía que guarde cierto equilibrio entre las zonas más brillantes y más oscuras de la misma. Esta medición se realiza muestreando en un determinado número de puntos la imagen que entra a través del objetivo y dando más importancia a unos puntos u otros en función del modo de medición elegido (éste es un tema del que trataré dentro de poco en un artículo específico).

En el caso concreto que hoy nos ocupa (contraluz y medición matricial) vamos a ver que la cámara expone para no quemar las zonas más brillantes dando lugar a que las zonas en sombras queden casi completamente negras. Hay que tener presente que si una escena excede el rango dinámico que puede abarcar nuestra cámara no nos quedará más remedio que sacrificar las zonas más brillantes o más oscuras porque los dos extremos no los vamos a poder abarcar en la misma toma (a no ser que hagamos un HDR; pero eso es otra historia).

Carreteras

Puesto que por el modo de funcionamiento de los sensores digitales estos tienden a saturarse antes que la clásica película analógica en carrete, las cámaras actuales tienden a ser conservadoras en lo que a exposición se refiere y “en caso de duda” prefieren subexponer antes que sobreexponer. Es decir, que en caso de mezcla de zonas brillantes y oscuras, por defecto se tenderá a una cierta subexposición que evite la pérdida de datos en las zonas más claras.

Un ejemplo práctico

En la siguiente imagen podréis ver de un vistazo cómo la cámara ha expuesto la fotografía de tal modo que, efectivamente, el cielo no se ha quemado pero el sujeto principal es poco más que una silueta en medio del encuadre.

¿Que podemos hacer para solucionar esto? Pues o bien medimos de forma puntual sobre el sujeto que queremos retratar o bien mantenemos la medición matricial pero compensamos la exposición de forma positiva para aclarar en general toda la imagen. En ambos casos el cielo quedará irremediablemente quemado porque su luminosidad es mucho mayor que la del sujeto principal y si exponemos en base a él el cielo se abrasará; pero es que ya os dije antes que en estas circunstancias no nos queda más remedio que sacrificar por uno de los dos lados del histograma.

Llegados a este punto me gustaría recordaros que al final la luz es lo más importante a la hora de hacer una fotografía y que de ella va a depender el 99% del resultado final que obtengamos.

La solución más sencilla

Sin embargo, hay otra solución que nos va a permitir obtener una exposición correcta sin sacrificar nada: iluminar el sujeto principal de tal modo que la diferencia de luminosidad entre él y el fondo no sea tan grande; y para ello nada mejor que emplear un flash forzándolo a saltar pese a haber iluminación ambiental suficiente mediante la función llamada “flash de relleno”.

De hecho, a continuación tenéis el resultado de emplear el sencillo flash integrado que posee mi D300 y que ha logrado que el cielo no esté quemado y al mismo tiempo que mi hermana sea algo más que una silueta recortada sobre el cielo de Oropesa.

La traviesa funambulista

La diferencia es que ahora gracias al “flashazo” el primer plano y el fondo tienen una luminosidad similar, por lo que el rango dinámico de la cámara puede captar perfectamente todos los detalles sin dar lugar en la imagen zonas quemadas o completamente negras. Es decir, que hemos reducido la diferencia de luminosidad entre las zonas más brillantes y más oscuras de la escena a capturar.

No hace falta que os diga (aunque ya lo comenté en su momento) que con el minúsculo flash de una compacta no vais a poder iluminar el Empire State Building; pero para personas u objetos situados a un par de metros como mucho puede ser un recurso más que suficiente para salvar una foto que de otro modo desecharíamos sin ningún tipo de miramiento.

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Retratos con focales largas y aperturas grandes

Las aperturas grandes y las distancias focales largas son dos bienes muy preciados para realizar retratos. Conjugando ambos factores podremos realzar las facciones de la persona retratada así como fundir el fondo de la imagen resaltando el sujeto principal de nuestra fotografía, aportando con ello un toque de profesionalidad a nuestras imágenes.

Retrato

Hasta ahora os he mostrado algunos ejemplos realizados con objetivos de 35 y 50 mm ambos de apertura f/1.8; y aunque de amplitud de diafragma no vamos mal, la distancia focal se queda un poco corta para el retrato puro y duro, lo que da lugar a ciertas deformaciones en caso de realizar tomas en las que la cara del sujeto ocupe la mayor parte del encuadre. Además, en tales casos nos veremos obligados a echarnos encima de la persona retratada, lo que restará naturalidad al posado.

Una focal fija de 85 o 105 mm de apertura generosa es un caso clásico de objetivo “retratero” por excelencia ya que aplana las facciones, permite un buen desenfoque y nos va a hacer trabajar a una distancia prudencial del sujeto. De todos modos, cada vez son más los fotógrafos que optan por la polivalencia de un teleobjetivo de apertura f/2.8 constante para realizar este tipo de fotografías.

Nikkor 80-200 f/2.8 en soledad

Precisamente para poner a prueba en tales circunstancias a mi Nikkor AF 80-200mm f/2.8D me he animado a lanzarme a la calle acompañado de mi hermano y así tener la ocasión de disparar algunas fotografías que os puedan dar idea del rendimiento de un objetivo de este tipo para la realización de retratos y de paso repasar algunos conceptos básicos a aplicar a esta disciplina.

Por cierto, ya que hablamos de retratos, aprovecho para comentaros que lo más habitual es realizar estos en formato vertical; si bien el horizontal puede ser igual de válido o, ya puestos, también los podemos hacer en diagonal si nos sentimos especialmente creativos. De cualquier modo, he optado por el mencionado formato vertical en los tres ejemplos que os voy a poner a continuación para que veáis que el resultado obtenido es bastante natural y se adapta mejor a la morfología humana.

1. Retrato de cuerpo entero

El retrato de cuerpo entero es uno de los que más agradece el uso de aperturas amplias. Al tener que situarnos a cierta distancia del sujeto o emplear una distancia focal más corta va a ser complicado conseguir un desenfoque acusado del fondo debido a que la profundidad de campo será más grande si se incrementa la distancia al sujeto o disminuye la distancia focal del objetivo. Por tanto, si queremos compensar ese menor desenfoque de los fondos causado por la combinación de los dos factores anteriores no nos quedará más remedio que emplear una apertura generosa (que es el tercer factor que influye sobre la PDC).

Retrato cuerpo entero

Distancia focal: 200 mm. Apertura: f/3.2. Distancia al sujeto: 14.1 metros.

Las columnas de la calle Mayor de Alcalá de Henares todavía son identificables, pero están mucho más desenfocadas que si hubiéramos empleado un objetivo con apertura máxima a esta distancia focal de, por ejemplo, f/5.6 como le ocurre a mi Nikon 55-200 VR. De todos modos, para maximizar la nitidez de la imagen he decidido emplear una apertura de f/3.2 para realizar esta fotografía, por lo que podríamos haber desenfocado todavía un poco más el fondo en caso de haber bajado hasta f/2.8 (bueno, tampoco mucho, pues la diferencia es de apenas un tercio de paso).

2. Retrato de medio cuerpo

El retrato de medio cuerpo es otro clásico de la fotografía “social”. En este caso nos vamos a situar algo más cerca del motivo a retratar, por lo que la PDC se reducirá y el fondo de la imagen se fundirá hasta el punto de quedar prácticamente irreconocible gracias al bokeh que originará cada punto de luz situado en la lejanía.

Apmomp (retrato de medio cuerpo)

Distancia focal: 200 mm. Apertura: f/2.8. Distancia al sujeto: 7 metros.

En este caso he optado por emplear la mayor apertura posible para centrar así la atención sobre mi hermano. Podríamos haber potenciado un poco más la nitidez de la imagen si hubiéramos cerrado el diafragma un par de tercios de paso, pero aun así creo que el resultado es bastante presentable.

3. Retrato clásico

El formato más clásico de retrato (y el que la mayoría de nosotros asociamos con esta denominación) es aquel en el que el rostro del sujeto ocupa la mayor parte del encuadre. Lo principal en este formato es centrar la atención en la mirada del retratado, y de ahí que la nitidez del primer plano sea uno de los puntos más importantes de la fotografía junto con el desenfoque lo más acusado posible del fondo.

Apmomp (retrato vertical)

Distancia focal: 145 mm. Apertura: f/2.8. Distancia al sujeto: 3.5 metros.

En este caso he empleado una distancia focal ligeramente inferior a la de los dos casos anteriores para así maximizar la nitidez (en los objetivos de focal variable la zona más nítida suele estar en torno a la parte central del recorrido) pese a emplear la máxima apertura disponible. Como podéis ver, el fondo es totalmente irreconocible; pero aun así, en caso de que hubiéramos querido potenciar más ese desenfoque deberíamos de habernos situado algo más lejos y haber estirado la distancia focal hasta los 200 mm aunque eso hubiera implicado una ligera merma en la nitidez general del primer plano.

Los dos factores clave (a nivel técnico)

Como veis, un zoom largo de apertura constante puede ser un instrumento realmente poderoso para realizar retratos. Un 50mm a máxima apertura nos puede servir para realizar un retrato de cuerpo entero sin problemas con un buen desenfoque del fondo, pero para cosas más cercanas se nos va a quedar un poco corto. Ya sabéis que las distancias focales largas tienden a comprimir los planos, y de ahí que nos vengan tan bien para fotografiar personas. Realizar un retrato clásico con un angular hará que la nariz y la barbilla de nuestro sujeto aparezcan más grandes de lo que son del mismo modo que las orejas aparentarán ser más pequeñas; dando lugar a una caricatura más que a un retrato como tal.

En cuanto a la apertura, disponer de un diafragma amplio nos va a permitir difuminar el fondo hasta el punto de que el espectador se va a olvidar completamente del mismo para centrar toda su atención en el sujeto retratado. Además, en caso de disponer de una luz tenue para realizar las fotografías (algo muy recomendable para retratar personas) nos va a permitir mantener unos tiempos de exposición breves que darán lugar a imágenes sin rastro de trepidación.

Apmomp (retrato horizontal)

Aun así, esto de lo que hoy os he hablado se refiere exclusivamente a la parte técnica de los retratos, que es la más sencilla de todas. Mucho más complicado es saber extraer la esencia de cada persona retratada y ser capaz de expresarla en una sola imagen. Para eso no hay apertura ni técnica que valga, porque las fotografías no se hacen; se sienten.

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Probando el Nikon AF 80-200 f/2.8 en el fútbol

El pasado fin de semana estuve en el campo de fútbol Felipe de Lucas “Pipe” (que pese a lo que os comenté hace unos meses, todavía no ha desaparecido) haciendo unas fotillos con mi recién adquirido Nikon AF 80-200mm f/2.8 para probar qué tal se portaba en uno de los usos más habituales de este tipo de objetivos: las competiciones deportivas.

Día de partido

Las ventajas de un dosocho

Un teleobjetivo de apertura amplia y constante consigue dos cosas muy deseables en estos eventos: aislar los sujetos del fondo y conseguir unos tiempos de exposición breves que consigan congelar el movimiento de los jugadores. Por eso mismo las imágenes que ilustran esta entrada están todas hechas entre f/2.8 y f/3.5; ya que para disparar a f/8 directamente me hubiera llevado mi Nikon 55-200 VR que hubiera aligerado considerablemente mi mochila esa mañana.

Día de partido

Día de partido

Velocidad de enfoque

La velocidad de enfoque, al menos en mi D300, es más alta de lo que me había imaginado. Siempre leí que por ser un objetivo de tipo AF, no era capaz de seguir a elementos que se movieran con rapidez, pero cuando estaba empleando el modo de seguimiento continuo me di cuenta de que el foco no se perdía pese a que los jugadores no paraban de moverse de lado a lado del campo.

Día de partido

Sacando el máximo partido al objetivo

A nivel óptico os puedo decir que en caso de tener luz de sobra es mejor disparar cerrando ligeramente el diafragma antes que hacerlo a plena apertura. Aunque las imágenes a f/2.8 son perfectamente utilizables, a dicha apertura los bordes de las zonas más brillantes presentan un cierto halo brillante que, si bien podemos eliminar en postproceso, hará que disminuya un poco el contraste general de la imagen.

Día de partido

Día de partido

Del mismo modo, con la apertura más amplia la profundidad de campo es tan pequeña que a nada que el sujeto varíe su distancia hasta nosotros se notará un ligero desenfoque. Por ese motivo es por lo que os comento que es recomendable cerrar ligeramente el diafragma si necesitamos asegurar el disparo y obtener la máxima nitidez.

Pero que nadie piense que las imágenes a f/2.8 son inutilizables, pues apenas distinguiremos defectos en las mismas a no ser que las veamos a escala 1:1. Podemos recurrir a la máxima apertura siempre que lo necesitemos ya sea por falta de luz o por capacidad de desenfoque; pero si queremos sacar lo mejor de esta óptica debemos de emplear diafragmas ligeramente más cerrados (f/3.5 representa un paso menos con respecto a f/2.8) que nos proporcionarán una nitidez increíble.

Día de partido

Día de partido

Día de partido

Ya sabéis lo importante que es conocer bien nuestro equipo fotográfico para sacarle el máximo partido; y yo todavía estoy en ese proceso con mi D300 y este 80-200 f/2.8 con el que he capturado las imágenes que ilustran esta entrada. Supongo que con el paso del tiempo iré sacándole más partido; pero de momento estoy muy contento con los desenfoques que permite y la nitidez general de las escenas fotografiadas a través de él.

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El botón de previsualización de la profundidad de campo

En las cámaras réflex de gama media y alta hay un pequeño botón situado cerca de la bayoneta del objetivo que, por lo que leo en algunos foros de fotografía, es un gran desconocido para mucha gente: se trata de la previsualización de la profundidad de campo (PDC) y su utilidad es mayor de lo que podría parecer porque nos va a permitir saber antes de hacer la fotografía qué elementos vamos a tener enfocados a una determinada apertura de diafragma.

Medición a plena apertura

Cuando montamos un objetivo en una réflex éste abre su diafragma al máximo para que la mayor cantidad de luz posible alcance los sensores encargados del enfoque y la exposición, realizando la electrónica de la cámara un sencillo cálculo en base a la apertura seleccionada y otros factores para decidir la exposición óptima. Además, al tener la máxima luminosidad posible en el visor, la escena vista a través del mismo aparecerá clara, nítida y brillante cualquiera que sea la apertura seleccionada para inmortalizarla.

Cuando presionamos el disparador, el diafragma se cierra a la apertura elegida para hacer la fotografía y la imagen se impresiona ya sea en película o sobre la superficie de un sensor digital para volver a abrirse al máximo a continuación tal y como veíamos a cámara lenta en una entrada de hace ya unos meses.

Nikon D40 + Nikkor 50mm 1.8D

El problema de la PDC en el visor

Pues bien, si recordamos cómo influye la apertura del diafragma sobre la profundidad de campo resultante enseguida nos daremos cuenta de que el problema de la medición a plena apertura es que por el visor de la cámara vamos a ver lo que obtendríamos disparando con el diafragma más abierto disponible, dejando fuera de foco algunos elementos que aparecerán nítidos en la imagen final si empleamos una apertura menor.

¿Cómo solucionamos esto? Pues simplemente presionando este botón al que me refería al principio, pues su cometido es cerrar el diafragma a la apertura que tengamos seleccionada mientras lo mantenemos pulsado, obteniendo así una previsualización real de la PDC que vamos a encontrarnos al final en nuestra imagen.

Obviamente, al cerrar el diafragma la visión por el ocular de la cámara se va a oscurecer más cuanto más pequeña sea la apertura seleccionada (entra menos luz a través del objetivo), por lo que si estamos en un lugar débilmente iluminado y estamos tratando de maximizar la PDC empleando una apertura muy reducida prácticamente no vamos a distinguir nada a través del visor óptico. Vamos a ver esto a través de un par de imágenes que os he preparado y que muestran lo que se observaría a través del visor óptico de la cámara empleando dos aperturas diferentes:

Previsualización PDC 35mm a f/1.8

Previsualización PDC 35mm a f/11

Como podéis apreciar, en la primera imagen la PDC es mínima y el brillo es máximo porque estamos empleando el objetivo a plena apertura. Sin embargo, en la segunda imagen estamos previsualizando la profundidad de campo con una apertura de f/11, lo que hace que los botes de colonia en segundo plano se distingan con claridad pero también que la imagen sea más oscura.

Por supuesto, si hacemos la fotografía a f/11 esta quedará tan brillante como la primera porque la cámara compensa la menor entrada de luz con una tiempo de disparo mayor de forma que la exposición será la misma en ambos casos; pero como lo que estamos haciendo al previsualizar la PDC es básicamente mirar a través de un objetivo con un diafragma bastante cerrado todo se verá más oscuro como muestra la imagen de ejemplo.

Un botón que no tienen todas las cámaras

Me gustaría señalar que en las cámaras réflex más básicas no solemos tener disponible este botón (sin ir más lejos, mi D40 carecía de él) pero más que por un tema de ahorro de costes se hace porque en las cámaras de esa gama el visor es de pequeño tamaño y no demasiado luminoso; de modo que nos costaría mucho distinguir si en realidad un elemento situado a unos cuantos metros de nosotros está enfocado o no a determinada apertura.

En el caso de que no tengáis botón de previsualización de la PDC, lo que os recomiendo es tan simple como disparar nuestra fotografía y comprobar el resultado en la pantalla de la cámara ampliando la imagen lo necesario. Si necesitamos una PDC mayor tan sólo tendremos que repetir el disparo empleando una apertura más pequeña. De todos modos, a base de hacer fotos y más fotos acabaremos sabiendo la apertura que vamos a necesitar en cada situación praćticamente “por instinto”, por lo que aunque es una característica bastante útil, tampoco es que sea imprescindible.

Dragones

La importancia de las pequeñas ayudas

Siempre os digo que las modernas cámaras digitales tienen tantas posibilidades que algunas de ellas o bien las desconocemos o sencillamente no hacemos uso de ellas. En el caso del botón de previsualización de la PDC del que hemos hablado hoy, se trata de un pequeño detalle que a mucha gente pasa inadvertido pero que nos puede echar una mano a conseguir la fotografía que hemos visualizado en nuestra mente un momento antes.

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Review: AF Nikkor ED 80-200 f/2.8 D

Siempre me han llamado mucho la atención los teleobjetivos de apertura constante fabricados por Nikon. Tienen una construcción robustísima, la calidad óptica es sobresaliente y son auténticos referentes en el mundillo de la fotografía. Por eso, uno de mis sueños fotográficos (recientemente materializado) era tener uno de ellos y poder emplearlo para retratar las cosas desde mi particular punto de vista haciendo uso de las posibilidades que dan a la hora de dar rienda suelta a la creatividad de la persona que está detrás de la cámara.

La familia de teleobjetivos Nikon

Dentro de estos teleobjetivos hay varios modelos: por un lado están los de apertura fija y focal larga, siendo el máximo exponente de esto en la gama Nikon los 200mm f/2 VR (3800 euros), 300mm f/2.8 VR (5000 euros) y 400mm f/2.8 VR (8000 euros) así como los 500mm f/4 VR (7000 euros) y 600mm f/4 VR (8700 euros). Aprovecho para hacer una observación; y es que con estas dos últimas focales de 500 y 600 milímetros es complicado conseguir una gran luminosidad y por eso son f/4 en lugar de f/2.8. También hay un 300mm f/2 de primeros de los 80 que hoy en día es prácticamente imposible de encontrar y que representa lo más bestia que ha hecho Nikon en cuanto a relación focal/apertura se refiere.

Luego están los teleobjetivos de focal variable (zoom) y apertura constante a lo largo de todo su recorrido; siendo dos de los más punteros el muy apreciado por los amantes de la fotografía de naturaleza 200-400 f/4 VR (que cuesta la friolera de 7000 euros) y el mítico 70-200 f/2.8 VR; que es un instrumento indispensable en la bolsa de cualquier reportero gráfico y que tiene un precio cercano a los 2000 euros.

Por supuesto, no pensaba gastarme semejante fortuna en un objetivo cuando la fotografía no deja de ser un hobby para mí. Si viviera de ello no me quedaría más remedio que dejarme unas cuantas nóminas en un equipo que no hiciera concesiones a la calidad de imagen; pero al no ser así hay que valorar siempre factores como la usabilidad, las prestaciones y, sobre todo, el precio de la óptica.

Por eso mismo decidí hacerme con un AF Nikkor ED 80-200 f/2.8 D, ya que considero que representa un buen compromiso entre coste y rendimiento debido a que se trata de una óptica con unos años ya a sus espaldas, sin estabilización óptica y que sólo enfocará automáticamente en cámaras dotadas con motor integrado en el cuerpo (como mi D300).

Nikkor 80-200 f/2.8 en soledad

La historia de los Nikkor 80-200 f/2.8

El modelo del que hoy os hablo no es el primero ni el último dentro de una misma gama de ópticas de Nikon. De hecho ha habido dos modelos anteriores y cuatro posteriores, por lo que me gustaría hacer un breve repaso a esta subfamilia de objetivos para que os hagáis una idea de cómo ha ido evolucionando el asunto:

El primero de los modelos aparecidos con una distancia focal de entre 80 y 200 milímetros y una apertura constante de f/2.8 lo hizo en el año 1982 y se trataba de un objetivo dotado de enfoque manual y aspecto bastante colorido como era habitual en los modelos de esta época. Sus líneas rojas, azules y amarillas marcando la profundidad de campo disponible a diferentes aperturas así como un peculiar anillo dorado en la base de la zona móvil del objetivo le daban un aire de lo más retro que no casa demasiado bien con las cámaras actuales.

Posteriormente, en 1988 salió al mercado la evolución de esta óptica manteniendo sus prestaciones pero añadiendo el enfoque automático, un diseño óptico exactamente igual al del modelo que hoy os presento y un aspecto externo muy similar. Durante los cinco años que se mantuvo a la venta tuvo bastante éxito y fueros muchos los fotógrafos que se interesaron por él debido a sus atractivas prestaciones.

Precisamente el modelo sobre el que se centra este artículo fue el siguiente en aparecer: lo hizo en 1993 y se mantuvo en producción durante cuatro años, siendo uno de los modelos más vendidos dentro de la gama profesional de teleobjetivos Nikon. Mejoró algo los acabados y evitó el giro del frontal durante el enfoque, lo que facilitó la vida a los usuarios de filtros polarizadores.

De todos modos, como en el mundo de la fotografía ninguna empresa puede permitirse dormirse en los laureles, tiempo después (concretamente en el año 1997) fue sustituido por otro que siguió manteniendo el mismo diseño óptico; pero en lugar de poseer un zoom de tipo push-pull lo implementó mediante el habitual anillo giratorio engomado; practica que se mantendría hasta nuestros días. Del mismo modo, por primera vez se incluyó un collar para trípode, lo que facilitó su uso en fotografías de paisaje y similares. Como curiosidad, se trata de un modelo que se sigue fabricando a día de hoy pese a que posteriormente han ido saliendo otros modelos más modernos y de mayores prestaciones.

En el año 1999 apareció en el mercado un modelo que implementó el autofocus de tipo AF-S, por lo que podríamos emplearlo sin problemas en cámaras sin motor de enfoque en el cuerpo como las actuales D40, D60, D3000 o D5000. Ya sé que por aquella época la D1 acababa de aparecer en el mercado y lo de no contar con motor de enfoque en la cámara era algo impensable; pero es que lo de los motores ultrasónicos no es un invento actual ni mucho menos, y de hecho estos objetivos enfocaban perfectamente en las cámaras analógicas de la época como la, por entonces tope de gama, Nikon F5.

La evolución de estos cuatro modelos de teleobjetivos nos llevaría a una óptica ya mítica dentro del catálogo de Nikon y que ampliaba ligeramente el rango focal: el 70-200 f/2.8 VR que apareció en el año 2003 y no tardaría en convertirse en todo un referente en cuanto a teleobjetivos luminosos se refiere. Desde entonces, si os fijáis en la mayoría de los fotógrafos que emplean material Nikon en ruedas de prensa y eventos de ese tipo, podréis observar que el uso de este objetivo es prácticamente unánime. Por supuesto, Canon tiene su propio 70-200 f/2.8 estabilizado, siendo también una herramienta imprescindible para cualquier reportero gráfico usuario de esta marca y que por su luminosidad y rango focal se adapta perfectamente a todo tipo de situaciones (y de ahí su éxito).

Por último, en 2009 apareció la evolución del modelo anterior, manteniendo las mismas características ópticas pero incorporando una evolución del sistema VR para hacerlo todavía más efectivo y optimizando más si cabe la calidad de imagen, dando lugar a una óptica que es todo un oscuro objeto del deseo desde el mismo día que salió a la venta.

Primeras impresiones con el AF Nikkor ED 80-200 f/2.8 D

Como podéis ver en algunas de la imagen que ilustran este artículo, el 80-200 f/2.8 tiene un tamaño y un peso considerables: colocadle su parasol y un filtro UV de 77mm de diámetro y tendréis unas dimensiones de 24,5 cm de largo por 10,5 cm de diámetro en el extremo anterior así como un peso que se planta en el kilo y medio justo. Si a eso le unís el kilo de peso de la D300 en la que lo llevo montado os podréis imaginar que el conjunto es de todo menos discreto, ligero y manejable.

En todo caso, una vez que tenemos la cámara en la mano con el 80-200 montado nos daremos cuenta de que todo queda más o menos equilibrado. El cuerpo de la cámara es voluminoso y robusto y el objetivo sigue pareciendo grande pero no da la sensación de “¿qué es eso que cuelga de la montura del objetivo?” que enseguida se le planteará a cualquiera que monte esta óptica en una cámara tan compacta como D40 según muestra la siguiente imagen.

Nikon D300 y AF Nikkor ED 80-200 f/2.8 D

Nikon D40 y AF Nikkor ED 80-200 f/2.8 D

Es cierto que para conjuntos que se plantan en más de dos kilos es recomendable emplear un trípode o al menos un monopie para no acabar con los brazos agarrotados; aunque a mí (que no soy Sansón precisamente) me parece que para una o dos horas de fotos se puede manejar perfectamente. Reconozco que no es la óptica con la que me iría a subir una montaña llevando la cámara colgada del cuello, pero el peso es soportable durante un buen rato y la construcción es tan sólida (todo el cuerpo es de aleación metálica) que nos permitirá despreocuparnos un poco de pequeños golpes y arañazos que se pueda llevar el 80-200 durante su uso.

Usando el objetivo en condiciones reales

Tras estar unos cuantos días llevando el 80-200 montado en la cámara casi permanentemente hay muchas cosas que me gustan de él; pero también algunas que no me terminan de convencer. Su capacidad de desenfocar los fondos disparando a f/2.8 es espectacular (sobre todo a medida que nos vamos acercando a los 200mm) y ese es el principal motivo por el que uno se compra un teleobjetivo con una apertura como esta.

Sin embargo, la calidad de imagen, aunque es muy alta en todas las distancias focales, pierde un poco a plena apertura y 200mm. No es que se note demasiado, pero sí que mirando las imágenes en el monitor a tamaño 1:1 se aprecia una ligera merma de nitidez sobre todo en los bordes de la imagen (y eso que estoy usando una cámara APS-C, porque el objetivo está diseñado para Full Frame y por lo tanto “va sobrado” en la D300).

Como muestra de esto que os digo, en la siguiente imagen tenéis un recorte al 100% de una fotografía realizada a 200mm y f/2.8; y en ella podréis apreciar que aunque sería posible contar cada pelo que aparece, hay un ligero velo borroso en los bordes de todos ellos. En todo caso, hay que tener en cuenta que estamos usando las condiciones más desfavorables del objetivo y que esto que tenéis a continuación es un área de 500 x 333 píxels recortada de una fotografía de 4288 x 2848.

Definición a 200mm y f/2.8 (recorte 100%)

Del mismo modo, empleando las aperturas más grandes (hasta f/4 aproximadamente) nos vamos a encontrar con algunas aberraciones cromáticas consistentes en zonas azuladas en los bordes de las zonas más brillantes de la imagen. Si bien esto no es un defecto especialmente grave porque ya incluso las últimas cámaras corrigen esto por software (también lo podemos hacer nosotros mismos en postproducción) lo ideal sería que las transiciones entre áreas claras y oscuras fueran totalmente nítidas y sin ningún tipo de tinte. Pensad que en digital podemos corregirlo de manera más o menos sencilla; pero este objetivo apareció en la época analógica, y por tanto era mucho más complicado eliminar esos defectos cromáticos de las copias impresas.

Estas aberraciones cromáticas a las que me refiero las podéis apreciar con claridad en el siguiente recorte al 100% disparado como en el caso anterior a 200mm y f/2.8 aunque, como os decía antes, sería posible eliminar esos tonos azulados por software una vez tengamos la imagen descargada en el ordenador (preferiblemente en formato RAW).

Aberraciones cromáticas a f/2.8 (recorte 100%)

De cualquier modo, la calidad de imagen cualquiera que sea la distancia focal y la apertura empleada es magnífica incluso viendo las imágenes resultantes a buen tamaño. Es una tontería ponerse a examinar este tipo de cosas a escala 1:1 porque para que eso se apreciara en una impresión necesitaríamos hacerla a tamaño cartel publicitario de parada de autobús y para que se apreciara en un monitor tendríamos que tener la resolución de una pantalla de cine, y con lo que hay que quedarse es que la gama de focales y aperturas que dan un máximo rendimiento en una óptica de este estilo es mucho más amplia que en los modelos más básicos.

El principal problema de este objetivo es su peso y su tamaño, ya que si no estamos acostumbrados a ópticas de este tipo la impresión inicial al tenerlo en las manos es, cuanto menos, la de estar sujetando un obús de la segunda guerra mundial. Además, al no contar con rosca para trípode en el propio objetivo (algo habitual en ópticas de este peso y dimensiones) en caso de montar la cámara en algún sistema de sujeción, la montura de la misma así como la propia rosca de la base del cuerpo van a recibir una tensión considerable debido a que todo el peso va a recaer en la parte delantera del conjunto por culpa de la gran cantidad de cristal que posee en su interior (un total de 16 elementos, 3 de ellos de baja dispersión).

Por cierto, un detalle curioso de esta óptica es que el zoom no se realiza mediante un anillo giratorio como es habitual en la práctica totalidad de los objetivos actuales; sino con una amplia zona del barrilete que desliza hacia delante y hacia atrás de tal modo que en su posición más adelantada estaremos disparando a 80 milímetros y en la más pegada al cuerpo de la cámara a 200. Esto, que al principio se hace un poco raro, se convierte luego en una opción muy cómoda y rápida para variar el encuadre de nuestras fotografías gracias al tacto suave y sólido al mismo tiempo de este mecanismo.

En cuanto a otros detalles menores del 80-200 os diré que el anillo de diafragmas no tiene nada de especial, y va desde f/2.8 hasta f/22 contando con una pequeña pestaña para bloquearlo en este último valor y así emplearlo en las cámaras actuales. Del mismo modo, la “ventana” que hay en la parte delantera de la óptica nos va a mostrar la distancia de enfoque pero sin ningún tipo de marcas para saber la profundidad de campo con la que vamos a contar. Un pequeño interruptor junto a la misma nos va a permitir acotar en dos tramos el rango de distancias enfocables para así agilizar un poco el proceso de búsqueda de foco y un anillo en la parte inferior será el que nos permita elegir entre enfoque manual o automático.

Por cierto, como podéis ver en la imagen que tenéis sobre estas líneas, la vista frontal del objetivo con el diafragma abierto a f/2.8 es sencillamente espectacular y os puede dar una idea del poder de captar luz que tienen este tipo de ópticas. Es verdad que los objetivos fijos de 50mm y 35mm que poseo tienen aperturas mayores que éste (ambos son f/1.8) pero no debemos olvidar que esa apertura de f/2.8 aquí la tenemos disponible incluso a 200mm con lo que esto implica en cuanto a captación de luz y capacidad de desenfoque.

Como os decía antes, el peso del 80-200 f/2.8 es más que considerable y a no ser que sepamos bien lo que esto supone no deberíamos de adquirir una óptica de este tipo para pasar el día en el campo con la cámara colgada al cuello. En mi caso particular la idea es emplearlo en esas excursiones por algunos pueblos que vengo haciendo en las últimas semanas en las que es el coche el que carga con el equipo la mayor parte del tiempo.

Nikon D300 y AF Nikkor ED 80-200 f/2.8 D

Además, en caso de que tengáis una mochila de mediano tamaño para transportar vuestro equipo deberíais ir pensando en cambiarla por una más grande, ya que en la Lowepro Slingshot 100 en la que suelo llevar la D300 con un objetivo montado y dos más “en la reserva”, me cabe nada más que la cámara con el 80-200 (y va muy justa) por lo que cuando llevo esta óptica no puedo llevar ninguna otra con lo que esto supone en cuanto a limitación de rango focal, ya que lo ideal sería acompañar este 80-200 con mi 16-85 VR.

Por otra parte, la ausencia de VR implica que no debemos descuidar la regla de la inversa de la focal. Es decir, que si estamos disparando sin ningún tipo de apoyo con el zoom del objetivo al máximo (200mm) deberíamos de emplear un tiempo de disparo más rápido de 1/300 en formato DX y 1/200 en formato FX o réflex analógicas para evitar trepidación en las imágenes resultantes.

Comparación con el Nikkor AF-S DX 55-200mm f/4-5.6 G ED VR

Si colocamos este objetivo junto a mi Nikon 55-200 VR diseñado específicamente para cámaras DX, veremos enseguida que la diferencia de tamaños es notable. Y aunque es verdad que el 80-200 es notablemente más grande, os aseguro que donde más se nota es la diferencia es en el peso de uno y otro; porque cuando ahora sostengo en mis manos el 55-200 me da la sensación de que está hecho de cartón-piedra.

Apreciaréis claramente esa diferencia de tamaños que os comentaba hace un momento en la siguiente fotografía:

Nikon 55-200 f/4-5.6 VR vs Nikon 80-200 f/2.8

Obviamente, que una óptica esté diseñada para el formato FX y que además posea una apertura constante de f/2.8 hace que sea mucho más voluminoso, pesado y caro; lo cual puede ser una desventaja importante a la hora de movernos por el campo o la ciudad con la cámara al hombro.

A modo de resumen

Me gustaría resumir un poco todo lo anterior en apenas unas líneas en las que trataré de expresar lo mejor y lo peor de esta óptica, pues ya sabéis que tiendo a irme mucho por las ramas al hablar de estas cosas y a estas alturas puede que algunos ya ni os acordéis de lo que comentaba en los primeros párrafos.

En la parte positiva está, como es lógico, la calidad general de imagen obtenida prácticamente en todo su rango focal y de diafragmas, su luminosidad, su capacidad de desenfocar los fondos y la construcción casi indestructible del objetivo. Es lo que se espera de un tele de este tipo, y en ese sentido el 80-200 f/2.8 no defrauda en absoluto.

Sin embargo, tampoco debemos de olvidar que el objetivo presenta algunas aberraciones cromáticas bajo ciertas condiciones y que al no poseer estabilizador óptico tendremos que vigilar que la velocidad de disparo no sea demasiado baja si estamos disparando a pulso.

Del mismo modo, os recuerdo que el objetivo no posee motor de enfoque propio y debido a ello no es tan rápido buscando el foco como en los modernos modelos AF-S profesionales (además de que nos obligará a enfocar manualmente en las actuales réflex de gama baja). Debido a ello no es el objetivo más adecuado para retratar elementos en continuo y rápido movimiento como un coche de carreras o un águila en pleno vuelo.

Por su parte, el peso y el volumen de esta óptica la vamos a notar en nuestros brazos y nuestra espalda si cargamos con el equipo durante varias horas. Kilo y medio de objetivo no es demasiado para estar un rato haciendo fotografías; pero estar toda una tarde con la cámara en ristre puede ser un esfuerzo considerable si no estáis acostumbrados.

Imágenes de ejemplo

Os ofrezco a continuación algunas imágenes capturadas con mi D300 y este objetivo para que podáis ver por vosotros mismos de lo que es capaz el conjunto. Lo que más me gusta del 80-200 f/2.8 es su capacidad para aislar los sujetos del segundo plano incluso estando situados a cierta distancia y es principalmente en lo que se centran estas imágenes, ya que si sé de antemano que voy a disparar todo el rato a f/8 lo más lógico es que me lleve mi 55-200 VR que ni pesa ni abulta y deje este voluminoso modelo en casa para otra ocasión más propicia.

No es complicado desenfocar el fondo con cualquier objetivo cuando tenemos la cámara pegada a la cara de la persona a la que estamos retratando; pero conseguir ese mismo efecto colocados con nuestra cámara a unos cuantos metros es algo que sólo puede hacer una óptica de focal larga y apertura generosa como esta; así que como una imagen vale más que mil palabras os dejo con una selección de fotografías que iré ampliando en fechas posteriores.

Nikkor 80-200 f/2.8

Ferias y Fiestas Alcalá 2010

Nikkor 80-200 f/2.8

Ferias y Fiestas Alcalá 2010

Nikkor 80-200 f/2.8

Ferias y Fiestas Alcalá 2010

A por el pan

Grabados

Confidencias a media tarde

Enlaces de interés

· Ficha técnica (foro Nikonistas)

· Review de la versión de dos anillos (Photozone)

· Nikkor 80-200 f/2.8 partes I, II, III, IV y V (Photography in Malaysia)

· Historia de los 80-200 f/2.8 (Ken Rockwell)

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Diferencias entre tubos de extensión y duplicadores

Leyendo algunos foros de fotografía me doy cuenta de que hay bastante gente que confunde dos accesorios que poco tienen que ver entre ellos: los tubos de extensión y los duplicadores.

Éste equívoco que os comento se debe a que ambos elementos tienen una forma externa muy similar y se utilizan del mismo modo: colocándolos entre la bayoneta de la cámara y nuestro objetivo; aunque enseguida vamos a ver que la finalidad de ambos no tiene nada que ver.

Tubos de extensión

Aunque ya hablé extensamente de mis tubos de extensión en una entrada sobre fotografía macro económica, no está de más recordar que se trata de un elemento metálico hueco regulable en longitud al estar dividido en varios tramos que se pueden encajar entre si y que se utiliza para reducir la distancia mínima de enfoque de un objetivo mediante la separación física de la óptica con respecto al plano del sensor, logrando así ratios de ampliación mayores.

De todos modos, la gran desventaja de utilizar tubos de extensión es que vamos a perder la posibilidad de enfocar a infinito, de modo que el empleo de este elemento sólo tiene sentido para fotografías de tipo macro porque la cámara se va a volver “miope” mientras los estemos empleando. Además, al intercalar los tubos entre la cámara y el objetivo vamos a perder algo de calidad de imagen así como cierta luminosidad en función de la longitud empleada y con los tubos más básicos también perderemos todos los automatismos de la cámara.

Duplicadores

Los duplicadores (hay gente que también los llama multiplicadores) son elementos ópticos que se colocan entre el cuerpo de la cámara y el objetivo aumentando la distancia focal del mismo al multiplicarla por un factor determinado pero sin reducir la distancia mínima de enfoque. En concreto, lo más habitual es que los duplicadores se fabriquen en 1.4x, 1.7x y 2x y, como os digo, se trata de un elemento con lentes en su interior cuyo inconveniente principal es la pérdida de nitidez y luminosidad con la que lastra al objetivo al que se acopla; pero con la ventaja de que siempre vamos a poder seguir enfocando a infinito.

Los duplicadores se emplean con grandes teleobjetivos muy luminosos (200 f/2, 70-200 f/2.8, 300 f/2.8…) porque en objetivos de prestaciones inferiores la pérdida de calidad va a ser muy notable y, en muchos casos, ni siquiera encajará físicamente en la montura de la óptica si esta no tiene la lente trasera bastante “hundida” en el cuerpo. Por tanto, si empleamos un duplicador de 2x en un 200 f/2.8 vamos a aumentar su distancia focal al doble (se convierte en un 400 mm) pero también vamos a perder dos pasos completos de apertura máxima, por lo que se quedará en un discreto f/5.6, que puede ir muy justito para fotografiar escenas con iluminación escasa. Del mismo modo, con determinados modelos podemos perder el autofocus o el sistema VR.

Resumiendo

Por lo tanto, para fotografiar la luna llena tratando de llenar el encuadre de nada os van a servir unos tubos de extensión porque sencillamente no podremos enfocar al infinito con ellos; siendo en ese caso necesario un objetivo con una distancia focal muy larga o, en su defecto, emplear un duplicador si nuestro teleobjetivo lo admite.

Luna llena de Agosto

Del mismo modo, los tubos de extensión os serán de utilidad si queréis hacer una fotografía a algo a escasos milímetros de distancia y no disponéis de un objetivo macro tal y como vimos en la entrada que os referencié anteriormente y que está ilustrada con algunos ejemplos gráficos. Puede que un duplicador nos permita acercarnos algo más al motivo a retratar debido al aumento de la distancia focal, pero se trata de elementos que cuestan varios cientos de euros y el resultado no será tan espectacular como con unos sencillos tubos de extensión.

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Conoce las limitaciones de tu equipo fotográfico

Hay algo muy importante en fotografía que todavía no he comentado en estos artículos: es vital conocer las prestaciones y, sobre todo, las limitaciones de nuestro equipo fotográfico. Del mismo modo que conviene conocer los límites de un coche para saber cómo va a reaccionar en una situación de riesgo, debemos saber lo que nuestra cámara y objetivos son capaces de hacer para ser conscientes de lo que podemos esperar de ellos ante una determinada escena.

Lo que hay habitualmente en mi bolsa de fotografía

Un objetivo poco luminoso no tiene por qué ser un lastre a la hora de hacer fotografías si sabemos cómo emplearlo. Por ejemplo, sé que mi 55-200 consigue captar imágenes bastante nítidas si empleo una apertura que ronde f/8. A pleno sol puedo disparar con dicho valor de apertura a pulso sin problemas porque la cámara va a pedir velocidades de 1/400 o superiores (este objetivo no dispone de sistema VR); y si el motivo que quiero fotografiar está a la sombra soy consciente de que tendré que subir la sensibilidad ISO a 400 para que la velocidad de obturación no caiga demasiado y en consecuencia las fotografías queden trepidadas.

Del mismo modo, el 55-200 es un objetivo cuyo rendimiento baja drásticamente en las focales más largas; por lo que a no ser que sea físicamente imposible acercarme más al sujeto a fotografiar, siempre trato de evitar sobrepasar los 135 ó 150 mm de longitud focal.

Otro ejemplo de limitaciones está en el AF 50mm f/1.8 D; pues disparando a su máxima apertura se pierde bastante nitidez (podéis ver el ejemplo del cartel en la entrada de las aperturas al que me he referido hace un par de párrafos), por lo que a no ser que las condiciones de iluminación lo exijan suelo emplearlo a f/3.5 o superior, que es donde esta óptica empieza a dar lo mejor de si misma. No ocurre lo mismo con el AF-S DX 35mm f/1.8 G, pues se puede disparar con él a su máxima apertura sin apenas pérdida de nitidez.

AF-D Nikkor 50mm 1:1.8 (III)

El rango dinámico de la cámara es algo que también tendremos que tener el cuenta. Como ya os dije hace tiempo, si fotografiamos algo uniformemente iluminado no vamos a tener ningún tipo de problema empleemos la cámara que empleemos; pero si la escena está llena de contraluces, las cámaras profesionales llevarán ventaja sobre las amateur porque son capaces de captar grandes diferencias de iluminación en la misma fotografía sin empastar las sombras o quemar las luces. Si somos conscientes de cómo se comporta nuestra cámara ante los contraluces acusados, antes incluso de hacer la fotografía ya sabremos si lo que pretendemos capturar va a quedar bien o será una completa chapuza.

18-55 vs. 18-55 VR (III)

En resumen (como veis la entrada de hoy es de lo más sencilla), no hace falta tener un equipo de 10000 euros para hacer fotografías bastante majas. Más importante que eso es saber hasta dónde nos permite llegar nuestra cámara y los objetivos que empleamos con ella. Y es que, en el fondo, todo es una cuestión de optimización de recursos  😉

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