Las fotos no las hace la cámara

Hay una frase que a todos los amantes de la fotografía nos saca de quicio: “Claro, con esa pedazo de cámara no me extraña que te salgan tan bien las fotos”.

Gaviotas

A todo el que tenga esa idea en la cabeza me gustaría decirle que una réflex tiene tal cantidad de controles y parámetros configurables que durante las primeras semanas de uso no es nada fácil conseguir alguna foto medianamente decente y que para ir mejorando progresivamente hay que practicar mucho. Además, para sacarle todo el partido a la cámara después de la sesión de disparos toca pasarse un buen rato en el ordenador revelando los RAWs; algo que también implica saber emplear un software de cierta complejidad.

Está claro que una cámara que quintuplica en peso, volumen y precio a una compacta tiene que tener “algo” que la haga merecer la pena; porque si no fuera así nadie cargaría con un mochilón a la espalda hasta lo alto de una montaña para hacer una foto del atardecer.

Vista desde el castillo de Vilafamés

Como os digo, si a una persona acostumbrada a usar una compacta en modo automático le pones una réflex de gama alta en las manos es casi seguro que se sentirá tan perdida ante la profusión de botones y ruletas que no sepa muy bien por dónde empezar e incluso no tenga muy claro cómo sujetarla.

Además, debido al tamaño de sensor de las cámaras réflex, la PDC de las fotografías resultantes es menor que en el caso de una compacta; de modo que esta va a ser menos tolerante con los fallos de enfoque, ya que en las compactas podemos enfocar un poco más cerca o más lejos del motivo principal y éste aparecerá igualmente nítido mientras que en una réflex empleando la misma apertura el motivo aparecerá ligeramente desenfocado.

Sólo envases de vidrio

Pero vamos, que al margen de detalles concretos, lo que quería comentar a grandes rasgos es que una cámara réflex no hace ni mucho menos sola las fotos y que si se le quiere exprimir a tope hay que practicar durante mucho tiempo para conocer sus limitaciones y tener una cierta soltura en teoría fotográfica. Si no es así, la diferencia entre las imágenes captadas con una cámara compacta y una réflex no serán tan grandes como para justificar la diferencia en peso y precio.

Recordad que al final el que elige los parámetros, encuadra y pulsa el disparador es el fotógrafo y no la cámara.

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Conoce las limitaciones de tu equipo fotográfico

Hay algo muy importante en fotografía que todavía no he comentado en estos artículos: es vital conocer las prestaciones y, sobre todo, las limitaciones de nuestro equipo fotográfico. Del mismo modo que conviene conocer los límites de un coche para saber cómo va a reaccionar en una situación de riesgo, debemos saber lo que nuestra cámara y objetivos son capaces de hacer para ser conscientes de lo que podemos esperar de ellos ante una determinada escena.

Lo que hay habitualmente en mi bolsa de fotografía

Un objetivo poco luminoso no tiene por qué ser un lastre a la hora de hacer fotografías si sabemos cómo emplearlo. Por ejemplo, sé que mi 55-200 consigue captar imágenes bastante nítidas si empleo una apertura que ronde f/8. A pleno sol puedo disparar con dicho valor de apertura a pulso sin problemas porque la cámara va a pedir velocidades de 1/400 o superiores (este objetivo no dispone de sistema VR); y si el motivo que quiero fotografiar está a la sombra soy consciente de que tendré que subir la sensibilidad ISO a 400 para que la velocidad de obturación no caiga demasiado y en consecuencia las fotografías queden trepidadas.

Del mismo modo, el 55-200 es un objetivo cuyo rendimiento baja drásticamente en las focales más largas; por lo que a no ser que sea físicamente imposible acercarme más al sujeto a fotografiar, siempre trato de evitar sobrepasar los 135 ó 150 mm de longitud focal.

Otro ejemplo de limitaciones está en el AF 50mm f/1.8 D; pues disparando a su máxima apertura se pierde bastante nitidez (podéis ver el ejemplo del cartel en la entrada de las aperturas al que me he referido hace un par de párrafos), por lo que a no ser que las condiciones de iluminación lo exijan suelo emplearlo a f/3.5 o superior, que es donde esta óptica empieza a dar lo mejor de si misma. No ocurre lo mismo con el AF-S DX 35mm f/1.8 G, pues se puede disparar con él a su máxima apertura sin apenas pérdida de nitidez.

AF-D Nikkor 50mm 1:1.8 (III)

El rango dinámico de la cámara es algo que también tendremos que tener el cuenta. Como ya os dije hace tiempo, si fotografiamos algo uniformemente iluminado no vamos a tener ningún tipo de problema empleemos la cámara que empleemos; pero si la escena está llena de contraluces, las cámaras profesionales llevarán ventaja sobre las amateur porque son capaces de captar grandes diferencias de iluminación en la misma fotografía sin empastar las sombras o quemar las luces. Si somos conscientes de cómo se comporta nuestra cámara ante los contraluces acusados, antes incluso de hacer la fotografía ya sabremos si lo que pretendemos capturar va a quedar bien o será una completa chapuza.

18-55 vs. 18-55 VR (III)

En resumen (como veis la entrada de hoy es de lo más sencilla), no hace falta tener un equipo de 10000 euros para hacer fotografías bastante majas. Más importante que eso es saber hasta dónde nos permite llegar nuestra cámara y los objetivos que empleamos con ella. Y es que, en el fondo, todo es una cuestión de optimización de recursos  😉

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