El balancín de la libélula

Caminando el otro día por el campo un insecto captó mi atención: era una minúscula libélula que parecía estar dibujada en el aire porque el rápido batir de sus alas escapaba a mi percepción. Iba probando el olor de todas las flores sin aparente orden ni sentido, pero no parecía contenta con ninguna hasta que se aferró con fuerza a una espiga mecida por el viento.

Allí, con un suave vaivén, la libélula se sintió feliz por unos instantes. Feliz como un niño subido en uno de esos columpios que apenas son un neumático y un par de cadenas atadas a un tronco. Feliz como un ejecutivo que explota una hoja de burbujas de plástico. Feliz como un perro que juega con un calcetín viejo… A veces, alcanzar la felicidad por un rato es más simple de lo que parece; y si no, que se lo digan a aquella libélula en su improvisado balancín.

El balancín de la libélula

* Enlace directo a la versión de la foto a su máxima resolución.