El formato micro cuatro tercios

Micro cuatro tercios (m4/3 para los amigos) es un formato de cámaras digitales desarrollado por Olympus y Panasonic que fue presentado al mundo en 2008. Desde entonces, ambas marcas han sacado al mercado varias cámaras y objetivos intercompatibles (entre ellas la E-PL1 que tengo desde hace unos cuantos meses) que han dado lugar a un ecosistema muy interesante para aquellos que quieran obtener una buena calidad de imagen empleando una cámara no mucho más grande que una compacta.

Cielo y tierra

Cuestión de evolución

El origen del sistema m4/3 no es otro que el cuatro tercios; sólo que se ha eliminado el sistema de espejo basculante, el sistema de enfoque por detección de fase y el visor óptico mediante pentaprisma que caracteriza a las cámaras réflex clásicas dando lugar a máquinas más pequeñas y más ligeras que ya llevaban tiempo avisando de su éxito.

De hecho, el sensor (el auténtico corazón del sistema m4/3) tiene un tamaño y proporciones exactamente iguales que su predecesor; sólo que al no haber un espejo dentro de la cámara la distancia entre sensor y montura se ha reducido drásticamente (exactamente de 38,67 mm se ha pasado a 19,25 mm). Del mismo modo, el diámetro de la montura se ha reducido en 6 mm y se ha pasado de 9 contactos eléctricos a 11.

Esto hace que además de la reducción del tamaño de las propias cámaras, también el volumen de las ópticas diseñadas expresamente sea inferior; dando lugar a conjuntos livianos y manejables ideales para gente que quiera ir “ligera de equipaje” fotográficamente hablando.

Olympus E-PL1 y Nikon D300

Algo muy relacionado con esto es la posibilidad de emplear ópticas de cámaras réflex en las máquinas que cumplen la especificación m4/3 porque al tener una distancia tan corta entre sensor y montura, es sencillo suplementar esta distancia con ayuda de algún tipo de adaptador muy sencillo de desarrollar. Si bien es cierto que en tal caso tendremos que enfocar manualmente y que perderemos la ventaja de la ligereza de las ópticas expresamente diseñadas para estas cámaras.

El sensor

El sensor m4/3 posee una proporción 4:3 (la habitual en las cámaras compactas frente al 3:2 de las réflex) y un factor de recorte de 2x frente a una cámara con sensor full frame. Por tanto, en lo que a tamaño se refiere, se sitúa un escalón por debajo del habitual formato APS-C (factor de recorte de 1,6x) de las cámaras réflex más habituales de diferentes marcas. En cualquier caso, es cierto que su tamaño es aproximadamente un 40% inferior que los sensores APS-C a los que me refería hace un momento, pero del orden de 10 veces más grande que los sensores que equipan la mayor parte de las cámaras compactas.

Olympus E-PL1

¿Qué implica un menor tamaño de sensor? Pues básicamente una mayor profundidad de campo, una relación señal/ruido menor y un cierto “alargamiento” de las focales debido al factor de recorte (un objetivo de 200 mm cerrará su ángulo de visión para asemejarse a un 400 mm).

Sea como sea, el sistema m4/3 lleva aparejadas una serie de características interesantes. Una de ellas es la corrección de distorsiones ópticas mediante el propio firmware de la cámara. Es decir, que aunque el objetivo de turno provoque algún tipo de aberración cromática, viñeteo o deformación de la imagen, la fotografía obtenida tendrá corregidos estos defectos sin que nosotros nos tengamos que preocupar de nada.

Oropesa en soledad

Por otra parte, todas las cámaras que cumplen la especificación m4/3 emplean live view para componer nuestras imágenes, pueden grabar vídeo, poseen un sistema integrado de limpieza del sensor, pueden disparar en formato RAW e implementan el enfoque mediante contraste. La estabilización óptica también es una característica estándar, pero en el caso de Olympus va integrada en el propio sensor (con lo que cualquier óptica queda estabilizada) mientras que Panasonic lo hace en los objetivos (al estilo de lo que hacen Nikon y Canon en su gama réflex).

Oropesa al anochecer

Ópticas

En cuanto a las ópticas disponibles, a día de hoy tenemos zooms sencillos que suelen formar parte de los kits (tipo 14-42 mm), algún teleobjetivo (con focales estilo 40-150 mm) y alguna que otra focal fija muy interesante (14mm, 17mm, 20mm, 50mm…). Por el momento la totalidad de los objetivos disponibles están firmados por las dos marcas creadoras del estándar; y seguramente a corto plazo seguirá siendo así porque ya se han cuidado de que el formato no sea abierto de tal modo que si un fabricante quiere sacar al mercado ópticas compatibles con m4/3 deberá de pagar un canon a los fabricantes del estándar.

Cierto es que por el momento la oferta no es tan amplia como en otros fabricantes y que faltan teleobjetivos de apertura generosa, algún objetivo macro, ojos de pez, ópticas tilt-shift para arquitectura… pero viendo el éxito que está teniendo este sistema es de esperar que la familia de objetivos siga creciendo y, de hecho, Sigma y Tamron anunciaron hace poco que iban a empezar a diseñar ópticas para cámaras m4/3.

Olympus E-PL1

Mi experiencia

En cuanto a mi experiencia personal con la Olympus E-PL1 he de decir que aunque logra una buena calidad de imagen, no es comparable a la de por ejemplo mi Nikon D300 ya que ni el rango dinámico, ni la relación señal/ruido ni la nitidez son comparables; factores todos ellos achacables a priori a un sensor de menor tamaño y una mayor densidad de pixels.

No quiere esto decir que sea una mala cámara, porque de hecho durante los últimos meses he captado con ella algunas imágenes de las que me siento orgulloso. Lo que ocurre es que ni tiene la ergonomía de una réflex a la hora de sujetarla ni la cantidad de controles externos habitual mediante los que podemos cambiar cualquier parámetro en un par de segundos (una de las características que más valoro en mi D300).

Paseo por la playa al atardecer

Sin embargo, reconozco que en los últimos viajes que he hecho la E-PL1 ha sido mi compañera, dejando a las réflex en casa, ya que su escaso peso y la versatilidad que tiene la hacen insustituible a la hora de ir ligero de peso. Si el viaje es eminentemente fotográfico la D300 o incluso la D40 serán las cámaras que me lleve sin dudarlo ni un instante; pero si sólo pretendo llevar una cámara que me permita retratar los lugares por los que voy pasando con una calidad más que decente, las m4/3 son una opción muy a tener en cuenta. Para eso compré la E-PL1 y para eso la estoy usando desde entonces.

Viaje a Barcelona (Diciembre 2011)

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Compatibilidad del autofocus entre objetivos y cámaras Nikon

Por lo que leo en los comentarios, muchos de vosotros tenéis dudas sobre qué objetivos son compatibles con vuestras réflex Nikon; de modo que he decidido crear esta entrada para tratar de orientaros de un modo sencillo sobre la compatibilidad de objetivos y cámaras de esta marca.

Mis tres primeros objetivos

Aclarar desde el principio que en esta entrada me referiré exclusivamente al tema del enfoque automático en las cámaras réflex Nikon; dejando el tema de la medición automática de la luz y otros aspectos para el futuro. Además, sólo me retrotraeré en el tiempo hasta la época de los objetivos AF, ya que hablar de los AI-S y AI puede hacer que os liéis para nada, ya que si os acabáis de comprar vuestra primera réflex no creo que os vayáis a poner a comprar objetivos manuales de los años 60.

· Cámaras sin motor de enfoque en el cuerpo

Todas aquellas cámaras Nikon que no dispongan de un saliente en forma de “destornillador” en la bayoneta donde se montan los objetivos carecen de motor de enfoque y, por tanto, necesitaremos ópticas que lo incorporen por si mismas (esta idea la estrenó la D40 de cara a realizar un cuerpo más pequeño, ligero y barato).

En estas cámaras tendrán plena funcionalidad los objetivos en cuyo nombre aparezcan las siglas AF-S o AF-I (estos últimos son extremadamente raros de ver).

Nikon D40 + Nikkor 50mm 1.8D

Podéis montar objetivos sin motor de enfoque (ahí arriba tenéis mi D40 con un Nikkor AF 50mm f/1.8D montado) pero tendréis que enfocarlos manualmente; algo que no siempre es práctico o sencillo.

El listado de cámaras que, a día de hoy, no incluyen motor de enfoque es el siguiente:

D40, D40x, D60, D3000, D3100, D5000, D5100

· Cámaras con motor de enfoque en el cuerpo

Apéndice metálico que permite enfocar automáticamente objetivos de tipo AF

El resto de réflex digitales Nikon sí incluyen motor de enfoque en su cuerpo (la fotografía anterior es de la montura de mi D300) por lo que además de los objetivos de tipo AF-S también enfocarán automáticamente todos los de tipo AF, que son precisamente los que emplean el “destornillador” al que me refería antes.

Otras cosas a tener en cuenta

Por descontado, los objetivos de enfoque manual no enfocarán automáticamente en ninguna cámara tenga o no motor de enfoque, ya que son anteriores a la aparición de dicho sistema. Recordemos que hasta la popularización del autofocus a medidados de los 80 el fotógrafo siempre tenía que enfocar a mano.

Baldo

Me gustaría añadir que desde hace tiempo las segundas marcas de objetivos también se han subido al carro de la inclusión de motores de enfoque en el cuerpo, distinguiéndose estos por la inclusión de las siglas HSM en el caso de Sigma.

Tokina y Tamron no suelen incluir este aspecto en las denominaciones de sus objetivos (hace años Tamron solía añadir BIM; iniciales de Build In Motor, pero parece que ha dejado de hacerlo) por lo que si nuestra cámara no posee motor de enfoque lo mejor es preguntar al vendedor sobre este aspecto antes de comprar para asegurarnos de que no nos estamos llevando un modelo antiguo que no enfocará automáticamente en nuestra cámara.

En cualquier caso, si os interesa el tema, os recomiendo echar un vistazo a la entrada (de hace tiempo ya) titulada Diferencias fundamentales entre objetivos Nikon AF y AF-S.

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Corrección de defectos ópticos con Lightroom 3

Los que me conocéis o habéis seguido un poco la evolución de este blog sabréis que desde hace tiempo Lightroom es todo lo que necesito para el procesado de las fotografías que disparo desde que salen de la tarjeta de memoria hasta que las subo a mi Flickr. Me parece una solución completísima tanto para las operaciones de procesado como tal sobre los ficheros RAW como para la clasificación y organización de los mismos; y de ahí que siempre que alguien me pregunta sobre qué software utilizar le recomiende esta opción de Adobe.

El refresco del dragón

Pues bien, en la versión 3 (que lleva ya unos meses a la venta) una de las novedades más jugosas es la incorporación de una función de corrección de defectos ópticos de forma automática siempre que el conjunto de cámara y objetivo empleado para hacer la fotografía esté en la base de datos del programa (en caso contrario tenemos la opción de hacerlo manualmente). Una base que sigue ampliándose poco a poco hasta el punto de que ya abarca a la mayoría de mis ópticas y que si queréis consultar podéis mirar en el blog oficial de Adobe Lightroom donde se han ido comentando las ópticas y cámaras que se han añadido en cada revisión lanzada (actualmente está disponible la 3.3).

¿Qué defectos corrige Lightroom 3?

Los defectos corregidos de manera automática por Lightroom son el viñeteo, las aberraciones cromáticas y las distorsiones ópticas; precisamente los tres tipos de defectos que hemos visto en otros tantos artículos del blog.

Estas correcciones se llevan a cabo sin más que activar la opción correspondiente a la hora de procesar una fotografía determinada; pero no penséis que están hechas “a capón” porque por ejemplo, como ya os dije en el artículo correspondiente, la distorsión geométrica en objetivos de focal variable varía en función de la distancia empleada; y ya que esta información se graba en los datos EXIF de la imagen, Lightroom hace uso de ella para que la corrección sea precisa y al final obtengamos líneas rectas en todo el encuadre. De hecho, si tenemos un ojo de pez Nikon podemos linealizar la imagen resultante de forma totalmente automática.

Lo mismo ocurre con el viñeteo (que también varía en función de la distancia focal y la apertura empleada) así como las aberraciones cromáticas, por lo que empleando Lightroom 3 podremos disparar con cierta tranquilidad sabiendo que en post-procesado podemos corregir estos defectos que os comento sin demasiadas complicaciones.

Sea como sea, el programa siempre nos da la opción de variar la cantidad de aplicación de cada uno de los tres parámetros según nuestros gustos, porque tal vez para un retrato nos interese mantener un cierto oscurecimiento en las esquinas que siempre centra la atención del espectador en la zona central de la imagen. Esto se realiza mediante los tres controles deslizantes que se pueden apreciar en la captura de pantalla anterior.

Un ejemplo sencillo

A modo de ejemplo, os ofrezco un ejemplo un poco extremo realizado con mi Nikkor AF-S 16-85 f/3.5-5.6 VR en el que disparé a la mínima distancia focal y máxima apertura de forma perpendicular a una pared de ladrillos con objeto de dejar patente tanto la distorsión de barril como el viñeteo producido.

Nikon AF-S 16-85 VR @ 16mm f/3.5 (sin corrección por software)

Una vez procesada la imagen en Lightroom 3 el resultado es similar a haber realizado la fotografía con un objetivo de mayor calidad al no quedar apenas rastro de defectos ópticos como se puede apreciar en la siguiente imagen.

Nikon AF-S 16-85 VR @ 16mm f/3.5 (corregido por software)

¿Y si mi objetivo no aparece en Lightroom 3?

Si por lo que sea determinado objetivo no está todavía incluido en la base de datos del programa, siempre podéis echar mano de la corrección manual de los parámetros antes descritos para mejorar mediante postprocesado el rendimiento del mismo aunque, como comprenderéis, lo más cómodo es contar con una óptica soportada por el programa para que con un simple click nos olvidemos de los dichosos defectos ópticos y que además las correcciones se adapten a la focal (si es que el objetivo es de tipo zoom) y la apertura empleadas en cada fotografía.

Siempre es mejor partir de una buena base

Obviamente siempre es mejor emplear un objetivo que no introduzca ningún tipo de defecto óptico en nuestras imágenes, porque en fotografía cuando mejor sea “la base” mejores resultados obtendremos al final. Sin embargo, no debemos ignorar la opción que nos da Lightroom de mejorar la calidad de nuestras ópticas sin más que hacer un click de ratón.

Aparcamiento

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Distorsiones ópticas en fotografía

Después de aquella entrada en la que os hablaba de las aberraciones cromáticas tenía pendiente escribir un artículo sobre otro de los defectos ópticos más habituales en nuestras imágenes: las distorsiones tanto de barril (barrel distortion en inglés) como de cojín, llamada pincushion distortion en el idioma de Shakespeare.

Ida y vuelta

¿Qué es la distorsión?

La distorsión en fotografía son aquellas deformaciones ópticas de la imagen causadas por el objetivo empleado (o la óptica de la cámara en caso de ser una compacta o una bridge) y que diferencian la imagen capturada de lo que realmente había delante de la cámara en el momento de disparar. Por lo tanto, la distorsión es algo a evitar pero que cualquier sistema de tratamiento de señales va a introducir en mayor o menor medida durante el proceso. En el caso de la fotografía, estas distorsiones serán más evidentes cuanto más nos acerquemos a los bordes de la imagen quedando el centro de la misma, por lo general, libre de estos defectos ópticos.

En un mundo ideal no hay distorsiones; y por lo general ese paradigma se da tanto en los objetivos fijos de 50mm como en aquellas ópticas de gama profesional diseñadas para dar la más alta calidad de imagen posible. Ya sea por la simpleza y la simetría de las lentes que conforman un 50mm como por la complejidad óptica de, por ejemplo, un 70-200 f/2.8, en esos objetivos no vamos a encontrarnos con distorsiones apreciables a simple vista en las imágenes resultantes.

Verde

En caso de emplear una óptica diseñada para formato completo en una cámara réflex equipada con un sensor de tipo APS-C, al emplear solamente la parte central de la misma estaremos prácticamente exentos de cualquier defecto óptico, ya que como os decía antes, la zona más “conflictiva” de los objetivos es la parte exterior de los mismos.

En cualquier caso, hay objetivos que buscan expresamente esas distorsiones geométricas tal y como sucede con los ojos de pez, que emplean una exageradísima distorsión de barril para poder encajar en la imagen un campo de visión de 180 grados.

Luis en multiángulo

Las ópticas más conflictivas en cuanto a esto de las distorsiones van a ser, por tanto, los zooms de gama baja diseñados para formato APS-C y aquellos objetivos en los que el rango focal sea muy elevado (un ejemplo clásico es el habitual “18-200 VR” de Nikon que mucha gente monta el primer día en su cámara para no tener que cambiarlo nunca). Lo habitual en estos modelos es que tengamos un punto intermedio en su recorrido donde no exista ninguno de los dos tipos de distorsión pero en los extremos nos encontremos con ciertas deformaciones de la imagen que se harán más patentes cuanto más nos acerquemos a las esquinas de la misma.

Distorsión de barril (barrel distortion)

La distorsión de barril es la más común y suele darse por lo general en distancias focales cortas. Como su propio nombre indica, se trata del abombamiento de la imagen de tal modo que las líneas situadas en los extremos del encuadre aparentarán salir hacia el exterior. Puesto que este defecto óptico se suele dar sobre todo en objetivos angulares; al ser estos empleados habitualmente para paisajes, en cuanto llevemos a los extremos del encuadre un edificio de varias plantas o el mismo horizonte se apreciará claramente la distorsión. También se suele dar habitualmente en la posición de gran angular de las cámaras compactas así como en los modos macro de las mismas.

A modo de ejemplo, podéis fijaros en el abombamiento del horizonte de la fotografía que tenéis a continuación y que fue tomada hace ya unos cuantos años con mi Konica Minolta dimage Z2.

Vista desde la planta de coronación

Distorsión de cojín (pincushion distortion)

La distorsión de cojín suele pasar más desapercibida porque se da, por lo general, en los teleobjetivos y consiste en que los extremos de la imagen parecen curvarse hacia dentro. Como os decía, se suele dar más frecuentemente en distancias focales largas; pero al usar de forma habitual este tipo de ópticas para aislar detalles del fondo enfocando nuestra atención en la zona central del encuadre, el efecto de la distorsión muchas veces pasará completamente desapercibido.

De hecho, he tenido que buscar durante un rato en mi archivo fotográfico hasta dar con una imagen en la que se apreciara este efecto con cierta claridad; y lo he encontrado en la siguiente fotografía tomada hace poco más de un año con mi Werlisa Club 35 y en la que podéis apreciar claramente la distorsión de cojín en las líneas que trazan los ladrillos de la pared.

Octubre09_8

Distorsión de bigote (moustache distortion)

Aunque en ocasiones veréis este tipo de distorsión tratarse por separado, en realidad es una combinación de las dos anteriores y su efecto consiste en que a lo largo de las líneas paralelas a los extremos del encuadre se dará distorsión de barril en la zona central y de cojín en las exteriores; dando lugar a una forma que recuerda a un bigote.

Este tipo de distorsión suele aparecer en algunos angulares extremos cuando se llevan a su focal más baja (entre 10 y 12 mm) debido a la complejidad de mantener la linealidad de la imagen empleando ángulos de visión en torno a los 108º.

Las ventajas de la fotografía digital

Columnas

En la época de las cámaras analógicas era muy complicado eliminar estas deformaciones ópticas durante el proceso de revelado (aunque no me atrevo a decir que era imposible porque puede que hubiera algún método) pero hoy en día es bastante sencillo corregirlo en formato digital. De hecho, una vez repasados los principales defectos ópticos que suelen aparecer en nuestras imágenes (básicamente el viñeteo, las aberraciones cromáticas y las distorsiones vistas hoy) me gustaría abordar en una futura entrada la corrección de dichos defectos mediante el programa Adobe Lightroom 3, pues incluye una función específica este fin.

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Consejos para mejorar la nitidez de nuestras fotos

En varias ocasiones me habéis comentado que os llama la atención la nitidez de mis fotografías; y precisamente por eso (y porque creo que compartir conocimientos es bueno) me he animado a escribir esta entrada en la que voy a tratar de enumerar los puntos más importantes para lograr que nuestras imágenes luzcan de la mejor manera posible.

Apmomp en ByN

¿Qué es la nitidez?

Lo que define a una fotografía nítida es que el motivo enfocado en la imagen no aparece borroso, movido ni difuminado. Por tanto, lo que busca una fotografía nítida es emular en la medida de lo posible lo que veríamos con nuestros propios ojos.

Esto no quiere decir que las fotografías que no tengan una nitidez perfecta sean peores, ya que la cada persona entiende la fotografía a su manera y tiene su propio estilo de contar las cosas. Sin ir más lejos, el gran Baldo es alguien que suele plasmar el movimiento en sus imágenes mediante tiempos de exposición largos y es algo que hace maravillosamente bien. Sin embargo, yo casi siempre opto por mostrar las cosas desde un punto de vista más estático y tratando de obtener la máxima nitidez posible dentro de las limitaciones de mi equipo fotográfico.

Paisaje costero

Consideraciones previas

Aunque puede parecer una perogrullada, conviene recordar que vivimos en un mundo tridimiensional y que, por tanto, no es posible enfocar más que un sólo plano perpendicular al objetivo en nuestras imágenes (a no ser que usemos objetivos descentrables; pero eso es otra historia). Quiere esto decir que si tenemos a una persona delante de nosotros y un edificio a su espalda vamos a tener que elegir si enfocamos a nuestro modelo o a la fachada que hay detrás en función de lo que queramos destacar. Lo habitual es enfocar aquello que está más cerca del espectador porque nuestros ojos tienden a interpretar que enfocado significa cerca y desenfocado lejos; pero la fotografía es un arte cuyas reglas son de libre interpretación y allá cada uno con su forma de plasmar las cosas.

Desenfoques con el Nikon AF-S 35mm f/1.8 G DX

El caso es que no va a ser posible enfocar las dos cosas al mismo tiempo por encontrarse a diferentes distancias del sensor de la cámara; aunque si cerramos el diafragma lo suficiente podemos conseguir que ambos elementos aparezcan nítidos en la imagen final; pero esto es por una serie de parámetros ópticos y físicos que se escapan del ámbito de este artículo y que dan lugar a lo que llamamos profundidad de campo, que es el rango de profundidad dentro del cual las cosas se ven nítidas en la imagen.

En cualquier caso, os remito al artículo sobre la distancia hiperfocal para profundizar sobre esto que os digo; aunque a grandes rasgos se podría resumir en que diafragmas abiertos (número f bajo) implican profundidad de campo pequeña y diafragmas cerrados (número f alto) conllevan una profundidad de campo elevada.

Aspectos que condicionan la nitidez de las fotografías

Una vez hecho el repaso de lo que es la nitidez y el modo en que el diafragma empleado influye sobre la profundidad de campo, vamos a enumerar entonces aquellos factores determinantes para la nitidez de una fotografía explicando cómo influye cada uno de ellos y cómo podemos mejorar la nitidez de la imagen resultante:

1. Velocidad de disparo y distancia focal: Hay una regla numérica que dice que para disparar a pulso sin que la fotografía aparezca trepidada necesitamos hacerlo una velocidad superior a la que obtenemos aplicando la inversa de la distancia focal que estamos empleando en su equivalente en sensor de 35mm.

Esto es debido a que cuanto mayor es la distancia focal del objetivo empleado, más se van a magnificar todos los temblores que nuestro pulso va a transmitir a la cámara. Y podéis hacer la prueba con cualquier objetivo de distancia focal variable o con una cámara compacta, ya que si ponéis la máxima distancia focal disponible (zoom a tope) vais a ver que la imagen que se ve por el visor es bastante más inestable que en la distancia focal más corta.

En lo que a réflex se refiere, si por ejemplo estamos usando un objetivo de 200 mm en una cámara Nikon con sensor DX (factor de recorte de 1.5x) debemos disparar a una velocidad de, por lo menos, 1/300 debido al factor de recorte.  Si se trata de una cámara Canon con factor de recorte de 1,6x debemos disparar al menos a 1/320. Con una cámara que cumpla con el estándar cuatro tercios (factor de recorte de 2x) debemos hacerlo a 1/400 y en el caso de una cámara con sensor de tamaño completo tendríamos que disparar al menos a 1/200 puesto que no hay factor de recorte.

La sombra del agua

Si nuestra fotografía está trepidada (por poco que sea) jamás podremos conseguir una nitidez demasiado alta, de modo que disparar a una velocidad elevada aumentará nuestras posibilidades de éxito. El problema es que no siempre es posible conseguir una velocidad muy elevada debido a condiciones de poca luz o a que necesitamos cerrar bastante el diafragma por necesitar una buena profundidad de campo. Como siempre en fotografía, lo que se gana por un lado se pierde por otro.

De todos modos, en el caso de que contéis con un objetivo o cámara con estabilizador óptico esta regla numérica ya no se puede aplicar debido a que podemos mantener la imagen estable a velocidades de disparo inferiores a las teóricas con la ventaja que esto supone en condiciones de iluminación insuficiente. Además, el propio pulso del fotógrafo también va a ser un factor determinante, ya que la regla anterior está hecha a modo orientativo.

En cualquier caso, si vamos a disparar a una velocidad de disparo muy baja (medio segundo, un segundo… o incluso superior) va a ser imposible poder hacerlo a pulso incluso contando con un sistema de estabilización óptica; de modo que en esos casos la única opción viable es la del trípode.

2. Precisión del enfoque: Para lograr nitidez la precisión del enfoque es fundamental. De nada sirve montar la cámara en un buen trípode para que no se mueva ni una décima de milímetro si luego enfocamos unos centímetros por delante o por detrás del motivo principal de la fotografía. Debemos ser muy cuidadosos con el punto de enfoque de la cámara, y más cuanto más cerca esté el motivo a fotografiar, ya que la profundidad de campo se reduce considerablemente según nos acercamos.

Dell Inspiron Mini 10

3. Sujección de la cámara: Aunque la velocidad de disparo sea alta, debemos tener cuidado con el modo en el que sujetamos la cámara para que esta sea lo más estable posible (siempre hablando de disparar a pulso, claro está). Ya os hablé del tema en una entrada de hace unos meses, pero no está de más recordar que una correcta sujeción de la cámara nos va a permitir disparar a pulso a velocidades relativamente bajas.

De hecho, con mi objetivo Nikon AF 50mm f/1.8 D montado en la D40 he conseguido sacar fotografías completamente nítidas disparando a pulso a 1/15 (la que tenéis a continuación es un ejemplo de ello) cuando, según la regla de la inversa de la focal que vimos antes, disparando a menos de 1/75 debería haber obtenido una fotografía trepidada.

Blue hour

4. Objetivo utilizado: El objetivo empleado también influye mucho en la nitidez de las imágenes, y por eso las ópticas de gama alta valen lo que cuestan. Aunque un Nikon 55-200 f/4-5.6 VR (230 euros) y un Nikon 70-200 f/2.8 VR (2000 euros) tengan un rango focal muy parecido, nada tiene que ver el uno con el otro; siendo el segundo un objetivo típico de reporteros gráficos que necesitan calidad y luminosidad a cualquier precio. De todos modos, si conocemos las limitaciones de nuestro equipo (lo vuelvo a enlazar porque me parece uno de los asuntos más importantes para lograr buenas fotos) vamos a poder obtener una buena calidad de imagen como os comentaré en el punto siguiente.

Torres y faroles

5. Apertura y distancia focal empleadas: Todos los objetivos tienen un rango de aperturas y de distancia focal en el que rinden bastante bien (el llamado sweet spot). En las ópticas profesionales este rango es mucho más amplio, y en el caso del 70-200 f/2.8 VR que os comentaba anteriormente, vamos a poder usarlo a cualquier apertura y distancia focal sin merma de calidad.

Los objetivos de gama baja, por lo general, se defienden mal en los extremos de ambos parámetros (aunque hay excepciones), así que el truco para sacarle el máximo rendimiento está en no usar ni las aperturas más grandes o más pequeñas ni los extremos de la distancia focal. Es decir, que en el caso del Nikon 55-200 f/4-5.6 VR lo mejor es emplearlo entre 85 y 165 mm aproximadamente y en el rango de aperturas entre f/7.1 y f/13; y os lo comento porque es lo que he sacado de mi propia experiencia usándolo prácticamente a diario desde hace casi cuatro meses.

Gato tamaño XXL en Redueña

Por encima y por debajo de estos parámetros no es que vayamos a sacar fotografías terribles; pero sí que es verdad que las imágenes pierden un poquito de nitidez, que es justo lo que pretendemos evitar en este artículo.

Como os decía hace un par de párrafos, con un objetivo de gama profesional podemos emplear todo el rango focal y de aperturas sabiendo que la calidad va a ser en todos los casos excelente; y por eso son ópticas dirigidas principalmente a gente que vive de la fotografía y que no se pueden permitir perderse una foto porque simplemente no habrá posibilidad de repetirla.

6. Iluminación: La iluminación del motivo a fotografiar juega un papel crucial en la nitidez de la fotografía, ya que una luz demasiado dura, muy tenue o demasiado escasa no permitirá ver con claridad los detalles del retratado. En general, lo mejor es emplear luz suave ya sea porque el día está medio nublado o porque algo hace de difusor impidiendo que los rayos del sol lleguen a dar directamente a nuestro modelo.

En el caso de la siguiente imagen, está hecha bajo un sol de justicia; pero tuve la suerte de que el halcón estaba bajo una sábana muy fina que le servia de toldo y que filtraba la luz para hacerla mucho más suave.

Mercado medieval 2009

7. Sensibilidad ISO: Una sensibilidad ISO demasiado elevada junto con una iluminación insuficiente dará como resultado un ruido apreciable en la imagen que restará bastante nitidez. No hay que tener miedo de elevar el ISO si las circunstancias lo requieren; pero en tal caso hay que asegurarse de que la foto no está subexpuesta porque entonces perdería mucha calidad. Por cierto, aprovecho para indicaros que ya tratamos el tema de los ISOS altos y la iluminación en esta entrada del pasado verano.

Rosales podados

8. Fondo distanciado y contrastante: Ayuda mucho a apreciar la nitidez del modelo retratado que el fondo contraste fuertemente con sus tonalidades. Se trata de buscar un plano secundario que no distraiga al espectador y que podamos desenfocar en mayor o menor medida porque esté situado a una distancia prudencial del motivo fotografiado. En la siguiente imagen podéis ver cómo algo tan sencillo como la arena de un parque pone de manifiesto la silueta del alegre cochecito de madera.

Sin estrenar

9. Limpieza de ópticas y filtros: Un objetivo rematadamente sucio también nos va a restar algo de nitidez por el sencillo motivo de que el polvo y la grasa no dejan pasar la luz y por tanto van a dar lugar a zonas borrosas en la fotografía al igual que si caen gotas de lluvia sobre la superficie de cristal del mismo.

Si lleváis gafas habitualmente sabéis de lo que os hablo, puesto que una mota en el centro del cristal se convierte en un manchón con el que no hay quien vea una película ni lea un libro a gusto. Pues con los objetivos (y los filtros que ponemos delante de ellos) ocurre lo mismo y hay que procurar llevarlos bien limpios. Por cierto, los filtros rematadamente malos también restan algo de nitidez. Yo empleo unos Kenko MC Protector y ni se notan que están ahí; aunque os recuerdo que para fotografía nocturna es recomendable retirar cualquier filtro por bueno que este sea para así evitar reflejos indeseados.

Limpiando objetivos (II)

10. Configuración de la cámara: También podemos hacer otra cosa para elevar el nivel de nitidez general de nuestras fotografías, que consiste en incrementar dicho parámetro en el menú de configuración de la cámara. En la mayoría de los modelos podremos encontrar esta opción bajo el nombre de nitidez; pero también puede aparecer como sharpness, definición o términos similares.

En cualquier caso, tened en cuenta que no es conveniente subir la nitidez de la cámara a tope por sistema porque puede dar lugar a efectos de tipo moire al fotografiar algunos elementos (como ciertos tipos de telas) o dientes de sierra en las líneas diagonales que aparezcan en la imagen.

Un remanso de paz

11. Compresión JPG: Es conveniente que si disparáis en formato JPG lo hagáis con la máxima calidad posible, ya que es una pena que andéis cuidando mucho la nitidez de lo que capturáis y luego se vaya a traste porque estáis comprimiendo tanto la imagen que por el camino se pierden un montón de detalles. Y es verdad que en términos generales no hay demasiadas diferencias visuales entre los niveles de compresión disponibles en las cámaras; pero si queremos afinar al máximo hay que cuidar todos los detalles.

En caso de disparar en formato RAW, en la conversión final a JPG empleando nuestro programa habitual para revelar este tipo de archivos debemos asegurarnos de que no estamos comprimiendo excesivamente la imagen de salida. En mi caso particular, empleo un nivel de compresión de 85 en Adoble Lightroom y nunca me he encontrado ningún defecto visible debido a esto.

Light me up!

Conclusiones

Como veis, obtener imágenes con un buen nivel de nitidez no es demasiado complicado. Sólo hay que tener en cuenta tres cosas principales (velocidad de disparo suficiente, cámara estable y precisión en el enfoque) y luego una serie de factores secundarios que nos ayudarán a mejorar todavía más el resultado final.

Como de costumbre, mi último consejo es que practiquéis todo lo posible, pues sólo así es como se llegan a dominar las cosas. Se puede tener una buena base teórica de cualquier cosa; pero si al final no se lleva a la práctica, nuestro dominio de la materia siempre se quedará algo cojo.

Visión doble

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Nikon AF-S 35mm f/1.8 G DX vs. Nikon AF 50mm f/1.8 D

Algunas de las entradas sobre fotografía que he ido escribiendo en el blog tratan temas basados en dudas que me han llegado por e-mail o que he visto por varios foros de Internet y que considero pueden ser de interés general.

Entre ellas, una muy recurrente es la que voy a plantear hoy; y es que de hecho en la última semana me han llegado dos correos preguntándome exactamente la misma cuestión: Entre los objetivos Nikon AF 50mm f/1.8 y Nikon AF-S 35mm f/1.8 G DX, ¿cuál elegir para una cámara DX?

Review AF-S Nikkor 35mm f/1.8 DX

En principio es una duda muy general que habría que estudiar para cada usuario y para cada cámara, y precisamente por eso lo que voy a hacer es dar unos puntos básicos a tener en cuenta y que a grandes rasgos serán los que a cada fotógrafo le den la pauta sobre qué óptica se adapta más a sus necesidades. ¡Vamos allá!

Autofocus

Lo primero a tener en cuenta es si la cámara donde se montará el objetivo tiene motor de enfoque en el cuerpo. Os recuerdo que las cámaras Nikon más básicas (D40, D40x, D60, D3000 y D5000 en este momento) no cuentan con motor de enfoque en la propia cámara, por lo que en ese caso los objetivos AF tendrán que ser enfocados a mano; cosa que en una cámara DX puede resultar costoso en ciertas situaciones. Para estas cámaras lo más recomendable es buscar objetivos de tipo AF-S, pues son los que poseen un pequeño motor ultrasónico que les permitirá enfocar automáticamente en las cámaras anteriormente citadas. Más información sobre estos dos métodos de enfoque automático en el artículo titulado “Diferencias entre objetivos AF y AF-S”.

AF-D Nikkor 50mm 1:1.8 (III)

Si queremos emplear el enfoque manual, a aperturas más o menos cerradas (f/6.3 ó f/7.1 en adelante) y disparando a elementos lejanos no hay mucho problema porque la profundidad de campo es relativamente grande; pero para cosas que estén cerca y disparando a aperturas amplias es bastante complicado afinar al máximo el enfoque y una pequeña imprecisión puede dar al traste con la nitidez de la foto. Y es cierto que las cámaras poseen un punto verde en el visor cuya activación indica que la imagen está enfocada, pero éste posee una pequeña tolerancia que bajo ciertas circunstancias puede fastidiar la imagen.

Dado que el AF 50mm f/1.8 no posee motor de enfoque y que el AF-S 35mm f/1.8 sí, en este caso mi recomendación sería para el segundo si disponéis de una cámara sin motor de enfoque.

Compatibilidad

Tened en cuenta que el AF-S 35mm f/1.8 es un objetivo DX, por lo que no podremos emplearlo en una cámara FX sin que la imagen viñetee considerablemente a no ser que empleemos el modo recorte que poseen dichos modelos de cámaras. El AF 50mm f/1.8 es una óptica que proviene de la época de los carretes, por lo que es perfectamente utilizable en todo tipo de cámaras ya sean DX o FX.

Review AF-S Nikkor 35mm f/1.8 DX

Punto de vista

También está el hecho de que el AF-S 35mm f/1.8 en una cámara DX da como resultado una visión muy natural de lo que retratéis, ya que el ángulo resultante es de unos 45 grados, que es el considerado como “normal” en fotografía (coincide con el cono de visión detallado que capta el ojo humano). El AF50mm f/1.8 en una cámara DX se “estiraría” hasta comportarse como un 75mm y se quedaría un poco en tierra de nadie: corto para retrato puro y duro pero largo para fotografía en general. Y os aseguro que para retratos podría servir; pero para fotografía general (ciudades, fotos campestres y demás) es demasiado largo, por lo que quedaría para inmortalizar detalles de las calles y cosas así al comportarse como un teleobjetivo corto. Más información sobre el factor de recorte de los objetivos en el artículo “Los dos tamaños de sensor en las cámaras Nikon”.

Por tanto, si queréis un objetivo que de un punto de vista muy natural en una cámara DX el AF-S 35mm f/1.8 es vuestra elección. De todos modos, en un apartado posterior veremos que el AF 50mm f/1.8 también tiene sus usos aparte de lo de los retratos.

Nitidez

Otra razón para decantarse por el AF 35mm f/1.8 es que a su apertura más grande (f/1.8) ya es bastante nítido; cosa que el AF 50mm f/1.8 no consigue hasta que no subimos a f/4 aproximadamente. De hecho, os pongo a continuación una fotografía que hice recientemente con el AF-S 35mm f/1.8 completamente abierto para que os hagáis una idea del desenfoque que podéis obtener con él y la nitidez que da a f/1.8. Tened en cuenta que la foto está hecha a mano con una velocidad de obturación de 1/10, por lo que con la cámara en un trípode se hubiera podido sacar algo más de nitidez incluso.

Desenfoques con el Nikon AF-S 35mm f/1.8 G DX

AF-S 35mm f/1.8 DX (f/1.8, 1/10, ISO 400)

Distorsión

Un objetivo fijo de 50mm tiene una cosa muy buena: no distorsiona absolutamente nada. Yo uso el mío de un tiempo a esta parte para sacar las fotografías de mis libros sobre Alcalá y así incorporarlas a la sección “Alcalá de Henares ayer y hoy” del blog. Si hacéis una foto a un cuadro con el AF-S 35mm f/1.8 veréis que los bordes se comban un poco hacia afuera por su parte central; pero con el AF 50mm f/1.8 las líneas rectas siempre serán rectas. Esto es un efecto que no se nota ni en retratos ni en paisaje ni en ninguna otra disciplina en la que la geometría sea un elemento fundamental, pero para ciertos casos concretos como el que comento sí que se puede llegar a apreciar.

Por tanto, si la ausencia de distorsiones geométricas es fundamental para el uso que le vais a dar a la óptica, el AF 50mm f/1.8 es vuestro amigo.

Distancia focal

Por último, en cuanto a la distancia focal es verdad que dentro de estas dos ópticas, el AF 50mm f/1.8 es más apropiado para retratos (y de hecho para retratos de caras se emplean distancias aún más largas como un 85mm o un 105mm) pero lo del uso para retratos depende un poco del concepto que tengáis del asunto: si os gusta hacer retratos de un rostro sin más, el AF-S 35mm f/1.8 se puede quedar un poco corto. Corto en el sentido de que al ser angular puede llegar a “deformar” un poco las facciones de la cara; no que no pueda enfocar desde cerca, porque es capaz de hacerlo a tan sólo 30cm del sensor. Sin embargo, el AF-S 35mm f/1.8 para retratos de cuerpo entero o de grupos de personas es genial, y ahí es donde el AF 50mm f/1.8 se os quedaría un poco largo; algo que tiene difícil solución si no se pueden dar “un par de pasos hacia atrás”.

AF-D Nikkor 50mm 1:1.8 (I)

Entonces, con respecto a la distancia focal, si bien es cierto que el AF-S 35mm f/1.8 tiene un uso más general, el AF 50mm f/1.8 os puede venir muy bien para realizar retratos de medio cuerpo, pues esa equivalencia a 75mm que obtendremos sobre un sensor DX es la distancia ideal para ese tipo de imágenes.

Si lo que queréis es “callejear” con la cámara y retratar el mundo desde vuestro punto de vista, entonces el AF-S 35mm f/1.8 será más adecuado para vuestros propósitos.

Precio y disponibilidad

El AF-S 35mm f/1.8 se vende a un precio de unos 200 euros, pero el problema es que apenas hay existencias en las tiendas. Sé de gente que lo tiene encargado desde hace meses y todavía no tiene noticias de que vayan a reponer unidades; y es que esta óptica se ha convertido en un éxito tal que las unidades que llegan a las tiendas vuelan en cuestión de horas.

El AF 50mm f/1.8 se puede encontrar por algo menos. En concreto unos 130 euros, si bien tampoco es habitual verlo por las tiendas debido a que por su bajo precio se suele agotar enseguida, aunque por lo que tengo entendido los plazos de espera hasta que reponen existencias son bastante breves.

Fotografías realizadas con con el Nkon AF-S 35mm f/1.8 en una D40

Hangares abandonados en el campus de Alcalá

Mercado medieval 2009

El Henares en Noviembre

Mi hermano junto a un farol

20090809-DSC_0244

Fotografías realizadas con el Nikon AF 50mm f/1.8 en una D40

Blue eyes (II)

Mi hermano consultando el e-mail bajo una palmera

Testigo del anochecer

Bajo la puerta del COIE

A través del cristal

Conclusión

Como veis con ambas ópticas se pueden conseguir imágenes bastante chulas, pues eso es algo que al final siempre depende del ojo de quien está detrás de la cámara. El tema del enfoque manual en el AF 50mm f/1.8 puede ser crítico a aperturas grandes; aunque no imposible. De todos modos, a modo de opinión personal, puestos a elegir una de las dos yo me quedaría con el AF-S 35mm f/1.8 porque de hecho siempre digo que es la única óptica con la que me atrevo a salir a la calle sin nada más metido en la bolsa de fotografía. Es muy polivalente y da una calidad de imagen muy buena en todas sus aperturas, y con él vamos a poder hacer fotografías muy nítidas y naturales.

Más información

Si queréis información más específica sobre estas dos ópticas os dejo a continuación los enlaces a las reviews que hice en su momento de cada una de ellas así como los análisis correspondientes de Photozone, pues la considero una de las webs más fiables a la hora de consultar el comportamiento de una óptica mediante ensayos técnicos.

Nikon AF-S 35mm f/1.8 G DX (luipermom)

Nikon AF-S 35mm f/1.8 G DX (Photozone)

Nikon AF 50mm f/1.8 D (luipermom)

Nikon AF 50mm f/1.8 D (Photozone)

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Los problemas de pasarse a Full Frame

Hace tiempo estuvimos hablando de los dos tamaños de sensor en las cámaras réflex digitales (al menos en lo que a Nikon se refiere, aunque esta distinción también se da en Canon o en Sony por ejemplo). En general, los modelos tope de gama de estas marcas son los que van equipados con sensores de tamaño completo (también denominados Full Frame o directamente FF) que tienen las mismas dimensiones que un negativo fotográfico de 35mm, mientras que las inferiores llevan sensores de tipo APS-C que poseen unas medidas más reducidas como podéis apreciar en la siguiente imagen.

Sensores Full Frame y APS-C

Pues bien, ya sabemos que el mundo de la electrónica de consumo siempre va de arriba a abajo, y poco a poco los modelos de cámaras equipadas con sensores de tamaño completo se van extendiendo por las gamas de los fabricantes. En el caso de Nikon, ya no sólo las D3, D3s y D3x van equipadas con estos sensores, sino que la D700 también lo lleva, siendo bastante más barata (aunque lo mejor sería decir “menos cara”) que sus hermanas mayores.

Algo más que una simple diferencia de precio

Como os digo, si vemos el catálogo completo de Nikon vamos a ver que la diferencia de precio entre una D300s (el tope de gama actual en sensor DX) y una D700 (que en esencia es una D300 con sensor FX) no es demasiado elevada; o al menos es lo suficientemente reducida como para hacernos dudar si no merecerá la pena dar directamente el salto a Full Frame. En concreto, la primera sale por unos 1300 euros y la segunda por aproximadamente 2000. Y aunque esos setecientos euros son una pasta se miren por donde se miren, hay muchos usuarios que aplican lo de “caballo grande ande o no ande” y acaban optando por la D700 sin saber muy bien qué es lo que buscan en una cámara.

Los sensores Full Frame tienen mayor rango dinámico, mejoran la relación señal / ruido a sensibilidades elevadas, tienen una definición muy buena, los angulares mantienen intacta su distancia focal… pero también llevan aparejadas una serie de desventajas en las que algunas personas no pensaron cuando se deshicieron de su cámara APS-C para pasarse al sensor FF.

Estamos de acuerdo en que la diferencia de precio entre una cámara APS-C tope de gama y una FF tal vez no sea demasiado elevada; pero el verdadero gasto vendrá a la hora de “calzar” dicha cámara con las ópticas adecuadas: en términos generales las ópticas para FF son mucho más caras que en APS-C, pesan y abultan mucho más y, lo que es peor, nos va a dar la sensación de que no nos acercan lo suficiente al motivo a fotografiar.

El factor de recorte

Técnicamente, al no haber factor de recorte, un objetivo de 200mm en una cámara Full Frame es un 200mm, no hay más. En APS-C ese 200mm cerraría su ángulo de visión para dar el equivalente a un 300mm en Nikon (1,5x) o 320mm en Canon (1,6x); algo que adoran los amantes de los animales salvajes y las competiciones deportivas. Sin embargo, en FF para “acercarnos” al sujeto como en nuestra anterior cámara APS-C tendremos que comprar un 300mm “de verdad” con las consecuencias que esto implica para el bolsillo y la espalda.

Vamos a ver esto empleando como ejemplo dos teleobjetivos fijos con características técnicas similares (AF-S, VR y f/2.8) montados sobre cámaras Nikon:

Teleobjetivo Nikkor 300 mm f/2.8 ED-IF AF-S VR

  • Dimensiones: 268 x 124 mm
  • Peso: 2850 gr
  • Precio aproximado: 5000 euros

Teleobjetivo Nikkor 400 mm f/2.8 G ED AF-S VR

  • Dimensiones: 368 x 159 mm
  • Peso: 4620 gr
  • Precio aproximado: 8000 euros

Como podéis ver, el teleobjetivo de 400mm pesa y cuesta prácticamente el doble que el de 300mm y además es 10 cm más largo. Y la cosa es que en términos de ángulo de visión, el 300mm montado sobre una cámara DX equivaldrá a un 450mm, por lo que ni siquiera con el 400mm montado en nuestra cámara FX podremos acercarnos tanto al motivo a fotografiar. Esto va a dar lugar al síndrome “no estoy lo bastante cerca” que ha afectado a numerosos usuarios que han dado el salto a Full Frame y se han encontrado con un 200mm se queda corto para fotografiar ese gorrión que saldrá volando si damos un paso más.

Además, hay otro “problema” añadido: la gente que pretende encontrar un objetivo todoterreno para FF como los 18-200 que hay en formato APS-C con los que se puede ir a pasar el día con la cámara a cuestas sin mayor problema lo llevan claro. Para conseguir esas distancias focales en FF apenas hay opciones; y de hecho casi lo único que hay en ese sentido es el Canon EF 28-300mm f/3.5-5.6L IS USM que cuesta 2500 euros, pesa 1,7 Kg y es un mostrenco que abulta como un 70-200 f/2.8. Vamos, ideal para ir de excursión a la montaña con la cámara colgada del cuello.

Los objetivos de focal variable para cámaras con sensor de 35mm rara vez alcanzan relaciones de zoom más allá de 3x o como mucho 4x. Ópticas como 14-24 (1,7x), 35-70 (2x), 24-85 (3,5x) ó 70-300 (4,3x) son lo habitual; mientras que en DX es muy común encontrar en el mercado zooms de rango focal 18-135 (7,5x), 18-200 (11,1x) e incluso un 18-270 (15x) fabricado por Tamron.

Conclusión

No hay duda de que una cámara Full Frame da una calidad de imagen impresionante, pero eso no quiere decir que las cámaras con sensor APS-C no tengan su público. De hecho, en el caso de que os gusten las fotografías de naturaleza así como retratar eventos en los que no nos queda más remedio que estar alejados del sujeto principal (partidos de tenis, mítines políticos, aviones despegando…) tenéis en el factor de recorte a un buen aliado, ya que para conseguir distancias focales semejantes en una cámara Full Frame vais a necesitar dos cosas: ser millonarios y estar bastante fuertes.

Evidentemente no seré yo el que os desaconseje la compra de una cámara FF “porque sí”, ya que son una verdadera maravilla visual y allá cada uno lo que haga con su dinero; pero sí que os diré que meditéis muy bien si realmente le vais a poder sacar todo el partido posible. Tened en cuenta que en el mundillo de las cámaras réflex son las ópticas y no la cámara las que marcan el límite entre las fotografías que podréis o no podréis hacer; y en Full Frame el dinero que hay que pagar por elevar ese límite aumenta considerablemente.

¿Qué es el bokeh?

Bokeh es un término japonés empleado en el mundo de la fotografía que se refiere a la apariencia de las zonas que aparecen desenfocadas en una imagen. Un buen bokeh es el que aparece en fotografías donde lo que hay tras el sujeto principal se desenfoca de tal modo que parece una mezcla fundida y neblinosa. La siguiente fotografía es un ejemplo de un bokeh medianamente bueno:

Mercado medieval 2009

Conseguir un buen bokeh depende de varios factores, pero el más importante de todos es el objetivo empleado: hay ópticas que están diseñadas para dar un buen desenfoque de los fondos (teleobjetivos de apertura generosa, ópticas fijas, objetivos macro…) y otras como los ultra-gran angulares que no son capaces de hacer buenos desenfoques por su construcción ya que, para empezar, será complicado conseguir desenfoques acusados en ese tipo de objetivos con una profundidad de campo tan grande. De todos modos, van a influir mucho en la obtención de un buen bokeh los siguientes elementos:

– Emplear una gran apertura

– Distancia elevada entre sujeto y fondo

– Diafragma de forma circular

La forma del diafragma es fundamental, pues los puntos desenfocados van a tener la misma forma que el diafragma utilizado (a no ser que empleemos la máxima apertura, en cuyo caso será completamente circular). No obstante, en lugar de escribir un largo y pesado texto explicando esto, he preferido grabar un vídeo de poco más de un minuto con el que espero saber transmitiros este concepto:

Un buen bokeh consiste en fondos desenfocados como si fueran queso fundido y luces lejanas en forma de círculos luminosos al estilo Hollywood (son los términos habituales, no me los he inventado yo 😀 ). Con esto conseguiremos imágenes bonitas y fondos que no distraerán la atención del espectador (o sí).

Bokeh

No siempre es sencillo conseguir ambas cosas (y en muchos casos ni siquiera una de las dos) pero, además del aspecto técnico, el fotógrafo también influye mucho en la obtención de un buen bokeh: la iluminación del sujeto principal y el fondo, el uso de determinadas aperturas, usar distancias focales largas…

Hay objetivos que por si mismos no son propensos a dar un buen bokeh, pero conociendo sus limitaciones y tratando de emplearlos en situaciones adecuadas podemos conseguir fotografías muy majas, como esta que hice hace apenas un par de días del caño de la fuente que hay en la quinta de Cervantes o la del halcón que encabeza esta entrada; ambas realizadas con mi sencillo teleobjetivo Nikon AF-S 55-200 f/4-5.6.

Agua

Por su parte, la fotografía del semáforo que tenéis unos párrafos más arriba está realizada con mi AF-S 35mm f/1.8G, demostrando que también puede conseguir un bokeh bastante bonito pese a no contar con una distancia focal demasiado larga.

El bokeh; ese término extraño y que no se puede medir con ningún parámetro. Es curioso: en fotografía tendemos a medirlo todo (resolución de las ópticas, velocidades de disparo, aperturas, longitudes focales…) pero el bokeh es algo que gusta o no gusta; sin más. No hay forma de cuantificarlo, y seguramente es lo único que hoy en día no podemos usar para hacer comparativas entre unos equipos y otros. No sé a vosotros, pero a mí este tipo de cosas refuerzan mi pasión por la fotografía como forma personal e intransferible de plasmar la realidad.

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Limpiando los objetivos

Aunque reconozco que soy un poco maniático con el tema de la limpieza de los objetivos, visto en perspectiva no es necesario tener los elementos frontales y traseros de las ópticas absolutamente inmaculados en todo momento como si nos fuera la vida en ello, porque es normal que si nos vamos a dar una vuelta con la cámara a cuestas vuelva con algo de polvo sobre su superficie. En cualquier caso, sí que es recomendable tratar de mantenerlos libres de impurezas excesivas porque, en el caso de que el sol pegue “de refilón” a la hora de hacer una fotografía, podrían dar lugar a molestas manchas luminosas (flares) que afearían el resultado final.

Motas de polvo

Limpiando objetivos (I)

Las típicas motas de polvo que se adhieren a absolutamente a todo (sí, a todo; en la pantalla del ordenador en el que estás leyendo este artículo verás que hay multitud de ellas por muy pulcro que seas) no representan ningún problema, ya que con emplear un pincel o la sencilla pera sopladora que usamos para limpiar el sensor saldrán volando sin más. Sin embargo, hay dos elementos que sí pueden resultar “peligrosos” para nuestras ópticas: la arena y los líquidos.

Elementos sólidos

Los elementos sólidos (pequeños granos de arena, por ejemplo) pueden rayar la lente si tratamos de eliminarlos directamente con la típica gamuza de microfibra para limpiar gafas porque al arrastrarlos pueden dejar marcas sobre la superficie del cristal; así que lo que lo ideal sería eliminar a base de aire a presión esos granitos de arena y luego, una vez que ya no quede ninguno, pasar la gamuza bien limpia (es importante que la gamuza no tenga restos de arena o similares, porque sería casi peor el remedio que la enfermedad) para los restos de polvo que puedan quedar.

Limpiando objetivos (II)

Líquidos

Del mismo modo, aunque el agua como tal no representa ningún problema (en pequeñas cantidades, claro) sí que nos puede amargar la fiesta si se trata de agua de mar o barro porque los componentes en disolución se pueden solidificar sobre la lente y darnos el mismo problema que el que os comentaba con los granitos de arena.

En tal caso lo mejor será humedecer la lente ligeramente depositando una o dos gotas de agua en su zona central para disolver los residuos y luego, con mucho cuidado y sin hacer ningún tipo de presión, pasar algún elemento absorbente (un trozo de papel de cocina sirve perfectamente) para que vaya “chupando” todo el líquido sobre la lente. Una vez totalmente limpia podemos pasar nuestra útil gamuza para rematar la faena.

Pinchando globos

Ojo con los recubrimientos de la lente frontal

Aunque el cristal que se emplea hoy en día para fabricar los objetivos es bastante duro, las capas antirreflectantes que llevan son algo más delicadas, y se pueden dañar si no tenemos un poco de cuidado al limpiarlas. Puede que un granito de arena no llegue a rayar el cristal del objetivo si no hacemos mucho el bruto al “restregarlo” sobre la lente, pero la finísima capa exterior dedicada a la prevención de flares y reflejos parásitos puede verse afectada y, con ello, la calidad general de las imágenes que captemos a partir de entonces con esa óptica.

Limpiando objetivos (III)

La ventaja de usar filtros

Si solemos emplear filtros UV como medida de protección en la parte frontal de nuestros objetivos no hace falta ser demasiado cuidadoso con su limpieza. En tal caso podemos soplar nosotros mismos sobre su superficie (que además es completamente lisa) para eliminar lo más gordo y pasar a continuación una gamuza suave o algo de tela que tengamos a mano para rematar el resultado. Al fin y al cabo, si rayamos un filtro con cambiarlo tendremos una óptica nueva a todos los efectos; pero aun así tampoco es plan ponerse hacer el bruto, que los filtros (especialmente los de más calidad) no es que los regalen precisamente.

Filtro UV

Bueno, y eso sin contar con que un filtro puede salvar la lente frontal de nuestro objetivo en caso de una caída desde poca altura, un “chinazo” provocado por el paso de un coche en un rally o un pequeño desprendimiento en la típica excursión por la montaña.

Sentido común

Como veis, todo lo que os he comentado en este artículo no es más que una simple aplicación del sentido común. No creo que se os ocurra limpiar una óptica con un estropajo; pero aun así creo que no está de más recordar estas pequeñas cosillas de vez en cuando para evitar disgustos y desagradables sorpresas.

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¿Por qué un 50mm no deforma las imágenes?

Siempre se ha dicho que un objetivo con una focal fija de 50mm no produce deformaciones en las imágenes. Las líneas rectas fotografiadas a través de ellos serán completamente rectas y, por lo general, van a ser los objetivos que más calidad de imagen den, mayor apertura tengan y, además, vamos a poder adquirirlos a un precio bastante asequible para las prestaciones que ofrecen.

Nikon D40 + Nikkor 50mm 1.8D

¿Dónde está el secreto de estas ópticas? ¿Por qué pagamos veinte veces más por un objetivo 70-200 f/2.8 que no es tan luminoso ni tan nítido como un simple AF Nikkor 50mm f/1.8 D que nos ha costado apenas 120 euros?

Pues bien, no hay truco ni secreto: la sencillez es la clave de todo esto. Un 50mm es un objetivo con una construcción óptica simplísima. Con apenas seis o siete lentes dispuestas de una forma totalmente simétrica ya tenemos el objetivo diseñado, por lo que el coste es muchísimo menor que el de una óptica con veintiuna lentes y un montón de capas especiales puestas para evitar flares y aberraciones varias.

50mm14

Diseño óptico de un 50mm f/1.4

La ausencia de distorsión de un 50mm se debe precisamente a esa simetría a la que me refería hace un momento: la imagen atraviesa la óptica sin apenas necesidad de variar su amplitud. En un gran angular lo que se hace es condensar un campo de visión muy amplio sobre la pequeña superficie del sensor, y de ahí que siempre existan deformaciones.

Del mismo modo, empleando un teleobjetivo hay de adaptar el estrecho ángulo de visión resultante a la superficie del sensor; algo que se hace mediante un complejo sistema de lentes que se puede apreciar en el esquema óptico de cualquier objetivo de este tipo.

Sin embargo, el 50mm no tiene esa necesidad porque prácticamente se limita a dejar pasar la realidad a través de sus lentes sin necesidad de expandirla y contraerla a continuación o viceversa. Un 50mm es casi como poner un tubo vacío delante del objetivo y dejar que a través de él pasen todas las cosas que vemos.

50mm_big

Es esa misma simpleza la que le hace ser tan nítido (no es lo mismo atravesar siete lentes que veintiuna), tener una gran apertura y, sobre todo, ser relativamente barato. Su pega es que sobre un sensor de tamaño DX (o APS-C como también se les llama) se queda un poco “largo” y perdemos su similitud con la vista humana tal y como os contaba en la review del Nikkor AF-S DX 35mm f/1.8 G; pero el resto de características quedan intactas, por lo que sigue siendo una gran óptica para darse cuenta de que en fotografía muchas veces lo más sencillo es lo que mejor funciona.

Testigo del anochecer

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Las ópticas en fotografía: del ojo de pez al teleobjetivo

A la hora de escribir artículos más o menos técnicos sobre fotografía a veces doy por sentado que quien los lee domina ciertos conceptos y determinado vocabulario relacionado con el tema. Sin embargo, hace unos días el comentario de un lector habitual me hizo pensar que podría ser útil repasar las diferentes clases de objetivos que existen para que quede clara la aplicación a la que está enfocado cada uno de ellos así como sus principales características.

Esto, que puede ser trivial para aquellas personas relacionadas con la fotografía, no siempre es algo tan simple como puede parecer a primera vista. Vamos a ver, pues, uno por uno los diferentes tipos de ópticas que existen para que quede todo bien claro:

Normal, estándar o prime

normalstock

Estos son los objetivos más “clásicos” y, por lo general, más luminosos de todos. Pensad en la obra del fotógrafo Henri Cartier-Bresson y os aproximaréis a lo que ofrece una óptica de este tipo: una distancia focal fija, un diseño óptico relativamente simple, un ángulo de visión similar al del ojo humano, una gran nitidez y una capacidad de realizar desenfoques realmente sorprendentes gracias a su generosa apertura.

La distancia focal de un objetivo normal (a los que también se les denomina bajo el nombre de estándar o prime) es la de la diagonal del sensor de la cámara en la que va montado. En el caso de una cámara con sensor de 35 mm, FX o full frame (dimensiones de 36 x 24 mm) es fácil comprobar mediante el teorema de Pitágoras que esa diagonal medirá √(36²+24²) = 43,2mm, aunque a efectos prácticos, se consideran 45 ó 50mm como la longitud focal necesaria para catalogar como tal a un objetivo de este tipo.

El problema es que un objetivo de esta longitud montado sobre una cámara con sensor de tipo DX va a alargar su distancia focal un 50% en términos de ángulo de visión (algo que ocurre con TODAS las ópticas que se monten en cámaras equipadas con estos sensores), por lo que aunque mantendremos las prestaciones que os comentaba antes, su ángulo de visión se cerrará en proporción y perderemos esa identificación con la vista humana que os comentaba hace un momento.

Me gustaría aclarar que en el caso de estos sensores de menor tamaño (24 x 18 mm), un objetivo normal debería tener una longitud focal de √(24²+18²) = 30 mm; aunque también se suele aceptar que la óptica normal en una cámara DX tenga una longitud focal de 35 mm.

No obstante, para evitar confusiones, a lo largo de este artículo no volveré a referirme a los sensores de tamaño reducido, de tal modo que todo lo referente a ángulos y longitudes focales de los objetivos comentados hasta el final de la entrada se basará únicamente en cámaras equipadas con sensores de tamaño completo.

Tenéis bastante información sobre los dos tipos de sensor que montan las cámaras réflex digitales Nikon en esta entrada del blog que publiqué hace unos días para arrojar algo de luz sobre un tema que a todos (a mí el primero) nos ha vuelto un poco locos en alguna ocasión.

normalsample

Suelen ser unos objetivos empleados para retratos de medio cuerpo o para recorrer las ciudades arriba y abajo en busca de escenas que fotografiar (vuelvo a hacer mención en este punto a Cartier-Bresson; un auténtico genio en ese tipo de cosas). Son ligeros, de pequeño tamaño y con un precio bastante contenido: en el caso del 50mm f/1.4 que tenéis sobre estos párrafos estamos hablando de unos 320 euros, mientras que la versión con apertura f/1.8 sale por unos 130 euros, siendo el objetivo más barato comercializado por Nikon y uno de los que ofrece mayor nitidez.

Angular

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Angular es todo objetivo cuya distancia focal esté por debajo de la que correspondería a un objetivo normal hasta llegar a los 24 mm. Por debajo de eso estaríamos hablando de un ultra-gran angular; pero eso lo dejamos para dentro de un rato. Un angular es capaz de abarcar más ángulo de visión que los objetivos normales, suele poseer una apertura algo menor que estos y su construcción sigue siendo más o menos simple aunque no tanto como en un 50 mm.

Los objetivos angulares pierden la similitud con la visión humana, pues además de que el ángulo de visión es más ancho (el 35 mm que tenéis encima abarca 62º) tienden a agrandar aquello que está cerca del objetivo con respecto al fondo como consecuencia de su menor longitud focal. Por lo tanto no son las mejores ópticas para retratar el rostro de una persona debido a que en tomas muy cercanas van a dar unos rasgos faciales un poco desproporcionados, aunque son bastante empleados en retratos de cuerpo entero o de grupo y también para “callejear” por las ciudades.

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Sus precios son algo más altos que los de un objetivo normal porque, como os decía hace un momento, su construcción es un poco más compleja. En concreto, el objetivo que os he puesto a modo de ejemplo en esta categoría (un Nikon 35mm f/2) se vende a unos 400 euros hoy en día.

Teleobjetivo

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El teleobjetivo es una óptica cuya distancia focal es superior a la de un objetivo normal y capaz de acercarnos a los elementos más lejanos (de hecho son el juguete favorito de los paparazzi). Sus aperturas rara vez van más allá de f/2.8 debido al tamaño de las lentes necesarias para fabricarlos; y además hay que tener en cuenta que es más complicado tener una apertura grande cuanto más elevada es la distancia focal, aunque hay alguna excepción en teleobjetivos cortos como el espectacular Canon 85mm f/1.2.

Este tipo de ópticas tienden a comprimir los planos en el eje Z (todo parece más próximo entre si) aunque también logran importantes desenfoques en los fondos, por lo que son ideales para fotografía de naturaleza y también para retratos.

telesample

Los teleobjetivos más habituales suelen rondar los 200 ó 300 mm, aunque los modelos orientados al mercado profesional pueden llegar con facilidad a los 500 ó 600mm empleando aperturas de f/4 aunque a un precio prohibitivo (concretamente el 400 f/2.8 que tenéis encabezando este apartado cuesta la friolera de 8000 euros).

Ultra-gran angular

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El ultra-gran angular, como os podéis imaginar por su nombre, es un objetivo angular llevado al extremo; es decir, con una distancia focal bastante pequeña y, por tanto, capaz de abarcar grandes ángulos de visión. En concreto el 14 mm que tenéis sobre estas líneas es capaz de captar paisajes con un ángulo de 119º (recordemos que la visión humana abarca 45º aproximadamente).

Estos objetivos espacian mucho más que los angulares “simples” los planos en el eje Z de la imagen, por lo que disparar a un paisaje con un elemento en primer plano, va a dar una perspectiva poco habitual que exagerará muchísimo los conceptos de “cerca” y “lejos” que tenemos asimilados desde la infancia. Siempre se ha dicho que estos objetivos deforman la perspectiva, pero en realidad lo que hacen es darnos un nuevo punto de vista de las cosas. Sus aperturas no son demasiado grandes y se suelen caracterizar por poseer un elemento óptico frontal muy amplio así como un diseño de sus lentes internas bastante complejo. Dos factores que elevan su precio hasta situarse en no menos de 500 euros para los modelos más sencillos y subir más allá de los 1500 euros que hay que pagar para hacerse con el modelo de Nikon que encabeza este apartado.

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Su uso principal, como os podréis imaginar, es para captar fotografías muy amplias en plena naturaleza o en entornos urbanos. El paisaje es su especialidad tanto por su inmensa profundidad de campo (recordad lo que hablábamos hace poco sobre la distancia hiperfocal) como por las espectaculares perspectivas que es capaz de ofrecer.

Objetivos zoom

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Los objetivos zoom siguen los mismos principios ópticos que los fijos, pero teniendo en cuenta que pueden variar su longitud focal en cualquier momento. Una óptica de este tipo será más versátil a la hora de componer nuestras fotografías porque podremos jugar con los efectos que dan las diferentes longitudes focales disponibles (como hemos visto al comentar los diferentes tipos existentes) pero siempre serán más restrictivos que los fijos en términos de nitidez, peso y longitud focal debido a la mayor cantidad y complejidad de los elementos ópticos implicados en su construcción.

A la hora de diseñar una óptica fija se tiene en cuenta su longitud focal y se emplean lentes específicamente calculadas para ella. Sin embargo, en un objetivo zoom hay que tener en cuenta la variación del rango y emplear unas lentes creadas con un margen suficiente como para que se adapten bien a todo el recorrido del objetivo; de ahí que no se pueda “afinar” tanto como en un objetivo de longitud focal única.

Hay objetivos zoom de distancias focales cortas, largas, intermedias… Son objetivos que, en general, se emplean para multitud de tareas en función del rango de su recorrido; desde paisaje, hasta retrato en primer plano, aunque hay que tener en cuenta que, por lo general, cuanto mayor sea su rango de alcance peor calidad de imagen va a dar por lo que os comentaba anteriormente.

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Aprovecharé para comentar que últimamente se están poniendo de moda los objetivos zoom de gran recorrido, a los que la gente suele denominar “todoterrenos”, pues evitan cambiar la óptica cada dos por tres y están especialmente indicados para viajes en los que no queramos / podamos cargar con nuestra colección completa de objetivos.

Un ejemplo de estas ópticas el AF-S 24-120 f/3.5-5.6 VR que tenéis sobre estos párrafos y que, por los 500 euros que cuesta, cumple labores de angular y de teleobjetivo corto sumando además el sistema de reducción de vibraciones VR para evitar la trepidación en las fotografías.

Ojo de pez

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El ojo de pez es un objetivo que se sale bastante de lo normal: es capaz de abarcar un ángulo de visión de 180º e incluso superior en algunos casos, lo que hará que disparando una fotografía de paisaje aparezcan nuestros propios pies en en el encuadre.

La característica principal de los ojos de pez es que distorsionan fuertemente las líneas rectas que aparecen en las fotografías. En el resto de los objetivos aquí comentados el campo de visión es más o menos amplio pero las líneas rectas siempre son rectas; sin embargo, en estas ópticas las líneas rectas se vuelven más curvas cuanto más se alejan del centro de la imagen.

Su aplicación es sobre todo de tipo creativa. Las fotografías resultantes sorprenden al espectador y le llevan a un mundo donde nada es lo que parece. Un retrato hecho con un ojo de pez muestra unas facciones exageradamente desproporcionadas, con una nariz inmensa, una frente muy alargada y con el fondo que parece situarse a decenas de metros de distancia.

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El Fisheye Nikkor 16 mm que tenéis ahí arriba es un ojo de pez comercializado por Nikon desde 1993 y actualmente os podéis hacer con uno por aproximadamente 1000 euros, lo que da una idea de lo específicas que son estas ópticas que siempre ofrecen resultados espectaculares (aunque pueden llegar a cansar si se emplean compulsivamente).

Macro

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Los objetivos macro son capaces de reproducir las cosas a escala 1:1 en el sensor de la cámara. Esto significa que si tenemos una flor que mide lo mismo que el sensor, en la foto que obtendremos al final la flor ocuparía la imagen al completo. Esto, que en cámaras compactas es muy sencillo de conseguir, no es algo tan simple en el caso de cámaras réflex debido precisamente al gran tamaño de su sensor, por lo que tendremos que recurrir a estas ópticas para fotografías de este estilo si queremos resultados profesionales.

Las distancias focales de este tipo de objetivos suelen estar entre los 60 y los 200 mm en función del modelo; y por lo general suelen ser fijas para conseguir una máxima precisión y nitidez. Precisamente esas dos características son las que hacen de estos objetivos un prodigio de la ingeniería. Por cierto, el modelo que tenéis sobre estos párrafos es el Micro Nikkor 105 mm f/2.8 VR que se comercializa en Europa a un precio que ronda los 750 euros y con el que podréis hacer fotografías como la que tenéis a continuación.

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Estos objetivos se emplean para fotografía de precisión de cosas realmente pequeñas, pero nada impide emplearlos como un objetivo general que nos permitirá capturar cualquier imagen con gran nitidez pero siempre contando con la limitación de su longitud focal fija.

NOTA IMPORTANTE: todas las imágenes empleadas en este artículo han sido extraídas de la página web de Nikon España. En todos los casos se trata de la fotografía “oficial” de la óptica así como una fotografía realizada con ese mismo objetivo para demostrar las prestaciones que puede ofrecer.

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

El proceso de fabricación de un objetivo

Si alguna vez os habéis puesto a mirar precios de objetivos para cámaras réflex os habréis dado cuenta de que aunque hay algunos más o menos asequibles, en cuanto nos metemos en teleobjetivos luminosos y cosas un poco especiales los precios se van con una facilidad pasmosa por encima de los mil euros.

La razón de estos astronómicos precios es que el proceso de fabricación de semejantes “cacharros” es largo y complejo. La gran cantidad de vídrio óptico necesario, el ensamblaje milimétrico de cada componente y la extrema pulcritud obligatoria en todo momento hace que la cadena de producción de estos artilugios de plástico, cristal y metal pareza ser más propia de la NASA.

Para que lo veáis por vosotros mismos, os pongo a continuación un documental de Discovery Channel (dividido en tres partes y con el audio en inglés) en el que podéis ver todo el proceso de fabricación de un objetivo Canon EF 500 f/4.0 L IS USM cuyo precio en la calle es de unos 6000 euros. En él podréis ver desde el proceso de fundición del vídrio óptico para crear las lentes hasta cuidadoso montaje de la unidad pasando por las exigentes pruebas a las que se somete cada elemento del objetivo.

Después de verlo os aseguro que ya no os asombraréis tanto de los precios de estos cristalitos 😉

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Los dos tamaños de sensor en las réflex digitales Nikon

Hoy vamos a tocar un poco por encima la historia de los sensores de las réflex digitales fabricadas por Nikon (lo siento por el resto de marcas, pero tengo por costumbre hablar sólo sobre las cosas que conozco de primera mano) para ver las diferencias principales entre los dos tamaños de sensor que hay actualmente en las cámaras de esta conocida compañía japonesa.

Ya en una entrada de hace unos meses, cuando estaba dudando entre dar el salto a réflex o no, os puse una tabla en la que podíamos ver los tamaños relativos de los diferentes sensores que emplean las cámaras digitales. En ella os comentaba que a no ser que nos fuéramos a cámaras DSLR de gama alta actuales, en las que el sensor es del mismo tamaño que un negativo de 35mm (el carrete “de toda la vida”), éste siempre era menor de dicho tamaño, con una serie de inconvenientes más acusados cuanto menor era el tamaño de este vital elemento presente en todo aparato capaz de grabar imágenes.

AF Zoom Nikkor 35-70mm f/3.3~4.5S MACRO MK I (III)

El pequeño gran salto del carrete al sensor

La evolución de las cámaras de carrete a las digitales no es tan grande como pudiera parecer. Lo que se ha hecho a grandes rasgos es sustituir la película fotosensible que quedaba impresa con la imagen que había delante del objetivo por un sensor que reacciona ante la luz que le llega y a continuación transmitir esa información a una tarjeta de memoria. El resto de elementos ha permanecido prácticamente invariable, y una persona habituada a manejar una réflex analógica se acostumbrará con rapidez a emplear el último modelo digital aparecido en el mercado.

Lo que ocurre es que fabricar un sensor es un proceso caro (y más aún hace una década), así que cuando en Nikon se plantearon dar el salto a digital, optaron por fabricar un elemento algo más pequeño que un negativo de 35mm, pues en aquellos momentos el precio de una oblea de silicio de gran tamaño era absolutamente prohibitivo. Luego, con el paso de los años, los precios de los semiconductores bajaron considerablemente y fue entonces cuando se decidieron a fabricar algunos modelos de cámara con sensores de tamaño completo.

En Nikon, por tanto, hay dos tipos de sensores (siempre hablando de cámaras réflex, claro) en función de su tamaño: los DX y los FX que ahora veremos con más detalle; pero en ambos casos lo que se ha hecho es colocar el sensor en un cuerpo de cámara prácticamente idéntico al de las antiguas réflex de carrete y exactamente en la misma posición que ocupaba el negativo fotográfico de tal modo que, al ser la montura de las cámaras fabricadas desde hace varias décadas totalmente compatible como os comentaba hace unos días, podremos emplear nuestros antiguos objetivos en las modernas DSLR sin demasiados problemas.

Un sensor FX junto a otro de tipo DX. Fotografía por cortesía de Nikon.

Un sensor FX junto a otro de tipo DX. Fotografía por cortesía de Nikon.

Formato DX (también llamado APS-C)

Éste es el formato de sensor que Nikon sacó al mercado cuando presentó su primera réflex digital allá por 1999; la Nikon D1. Tiene un tamaño de 24 x 16 milímetros y su resolución varía en función del modelo de cámara, aunque de momento no ha superado los 12 MP porque si aumentamos demasiado la densidad de fotocaptores en la superficie del sensor empezaremos a tener problemas de ruido en las imágenes (es lo que ocurre en las cámaras compactas). En la siguiente fotografía tenéis el sensor de una Nikon D40 visto a través de la montura de la cámara.

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Sensor de tamaño DX. Fotografía extraída de dpreview.com

Formato FX

Los sensores FX (también llamados full frame) tienen el mismo tamaño que un negativo de 35mm (36 x 24 milímetros) y en las cámaras Nikon aparecieron por primera vez en la D3 presentada en el verano de 2007. Como veis por sus medidas, su área es exactamente el doble que la de un sensor DX, así que el círculo de imagen proyectado por el objetivo ha de ser forzosamente mayor y de ahí que en una cámara FX no podamos emplear nativamente un objetivo DX aunque sí el caso contrario (objetivo FX en cámara DX). A continuación tenéis la fotografía del sensor de una Nikon D3 en la que podéis ver claramente la diferencia de tamaño con respecto al anterior.

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Sensor de tamaño FX. Fotografía extraída de dpreview.com

Ya os estaréis imaginando que tener un sensor del mismo tamaño que el clásico negativo de 35mm nos va a dar una compatibilidad con las ópticas antiguas prácticamente total. De hecho, éste es uno de los motivos que llevaron a la marca japonesa a embarcarse en el diseño de un sensor de tamaño completo, pues muchos usuarios “de toda la vida” querían tener exactamente las mismas sensaciones en digital que con sus antiguas cámaras analógicas.

En el momento de escribir estas líneas, sólo hay tres cámaras en todo el catálogo de Nikon que emplean sensores FX: la D3x, la D3 y la D700; equipando el resto de la gama (incluido el modelo D5000 presentado hace apenas unos días) sensores DX para demostrar que a este formato todavía le queda mucha guerra por dar.

Desde mi punto de vista, el formato FX nunca será asequible para el bolsillo del común de los mortales. Creo que Nikon ha enfocado los sensores de tamaño completo para los profesionales de la fotografía, por lo que por mucho que bajen los precios de fabricación de los semiconductores, no veremos sensores de tamaño completo en las cámaras réflex de gama media o baja, pues para el mercado al que están destinadas ese tipo de máquinas los sensores DX se adaptan mejor. Los sensores FX irán montados en las cámaras tope de gama de Nikon; eso es algo que tengo más que asumido después de haber leído bastante sobre el tema y ver cómo ha sido la estrategia de marketing de la marca en los últimos tiempos.

El círculo de proyección

Bueno, volvamos a los aspectos más técnicos del tema, que para eso hemos venido, ¿no?  😉  Lo que hace el objetivo que tenemos montado en la cámara cuando presionamos el disparador es recoger la luz que entra por su extremo y, a través de una serie de lentes, proyectarla sobre el sensor o película que hay en el fondo de la cámara. Cuando sólo había cámaras de carrete está claro que los objetivos estaban calculados para que esa proyección tuviera el tamaño justo para cubrir ese rectángulo de 36 x 24 milímetros; pero con la llegada de las primeras réflex digitales y sus sensores DX se estaba “desperdiciando” parte de la imagen proyectada porque el sensor era de menor tamaño.

Precisamente por eso surgió la idea de fabricar objetivos para cámaras con sensores DX: al ser el círculo a proyectar sobre el sensor de un tamaño más pequeño, se podían construir objetivos ópticamente más sencillos, ligeros y baratos. La pega es que si empleamos este tipo de objetivos en una réflex de película veremos las esquinas negras, y si los montamos en una réflex digital con sensor FX tendremos que recurrir al “modo recorte”, que emplea sólo la parte central del sensor, para evitar esas esquinas oscurecidas (efecto conocido como viñeteo). Esto lo podéis ver a continuación en la imagen que amablemente me ha cedido Raul Cotrina (a quien le encanta la fotografía en blanco y negro  😉 ).

Viñeteo provocado por emplear un objetivo DX en una cámara réflex analógica. Fotografía cedida por Raul Cotrina.

Efecto de viñeteo producido por emplear un objetivo DX en una cámara réflex analógica (negativo fotográfico de 35mm). Fotografía cedida por Raul Cotrina.

De todos modos, el viñeteo no es algo necesariamente negativo en todos los casos, pues a veces provoca un efecto artístico en fotografías antiguas que da un aire añejo a las mismas. De hecho, yo mismo lo he añadido en alguna fotografía procesada en Lightroom porque quería darle un toque retro.

Aunque la gente tiende a evitar el viñeteo a toda costa, hace años era algo de lo más normal, y os invito a que lo comprobéis observando esos álbumes de fotografías antiguas de vuestros bisabuelos que seguramente tendréis por casa o visualizando alguna película monocroma de los primeros tiempos del cine.

AF-D Nikkor 50mm 1:1.8 (II)

Viendo la fotografía que hay sobre este párrafo podéis ver cómo la lente trasera de mi querido Nikkor 50mm 1.8D es de un tamaño considerable precisamente porque es un objetivo diseñado para cámaras réflex de carrete y, por lo tanto, capaz de proyectar un círculo de imagen capaz de cubrir todo un sensor de 35mm. En el caso de haber sido diseñado para formato DX su tamaño y su peso se podrían haber reducido algo.

El factor de recorte

El factor de recorte es un concepto con el que algunas personas se hacen un poco de lío, pero creo que si hasta aquí habéis comprendido todo lo expuesto, lo captaréis al instante. Este factor no es otra cosa que una forma de cuantificar cómo cambia el ángulo de visión de un objetivo para 35mm cuando es montado sobre un sensor DX. Con ayuda de la siguiente imagen lo entenderéis mucho mejor:

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La línea roja indica lo que se proyectaría sobre un negativo de película de 35mm o sobre un sensor FX. En azul está marcado lo que se proyecta sobre un sensor DX.

Lo que estamos haciendo es capturar nada más que la parte central de la imagen que recoge el objetivo (marcada en azul), por lo que estamos obteniendo un ángulo de visión más estrecho de lo que en realidad indica la distancia focal del objetivo. Si estamos empleando un objetivo con una distancia focal de 50mm sobre una cámara FX tendrá un ángulo de visión de 45º, pero si lo montamos en una cámara DX, el ángulo resultante se va a reducir a 32º (que correspondería a un objetivo de 75mm montado en una cámara FX). El objetivo seguirá siendo un 50mm lo montemos donde lo montemos, con sus características ópticas inalteradas, pero lo que ocurre es que en un caso aprovecharemos toda la superficie proyectada sobre el plano del sensor y en el otro solamente la parte central.

El factor de recorte en las cámaras Nikon de tipo DX viene dado por la diferencia de tamaño con respecto a un negativo de 35mm y esta es de 1,5. Esto implica que cualquier objetivo que montemos en una de ellas (la distancia focal de los objetivos específicamente diseñados para DX viene igualmente en equivalente para FX) equivaldrá en términos de ángulo de visión a uno con distancia focal 1,5 veces más larga. Es decir, que nuestro 200mm en DX tiene el mismo ángulo de visión que un 300 en FX, por lo que el formato DX no es una mala cosa para los amantes de los teleobjetivos.

Del mismo modo, lo que es una ventaja para los objetivos “largos”, se convierte en una desventaja para los grandes angulares, pues un espectacular 13mm se convierte en formato DX en un simple 20mm, perdiendo la mayor parte de su “gracia”. De ahí que últimamente se estén viendo en el mercado objetivos de tipo ultra-gran angular exclusivamente para formato DX cuya longitud focal comienza en 10mm, y que por lo tanto tendrán un ángulo de visión equivalente a un 15mm en FX.

La gran ventaja del sensor DX al emplear objetivos FX

Es cierto que al usar un objetivo FX en una cámara con sensor de tamaño DX se nos “alarga” un 50% la distancia focal del objetivo, lo cual en ciertos casos puede ser una molestia; pero no es menos cierto que esta situación conlleva una ventaja: obtenemos mejor calidad de imagen y evitamos cualquier indicio de viñeteo.

La vida a través de un objetivo

Es lógico, pues al captar nada más que la zona central del círculo de imagen proyectado por el objetivo sobre el sensor, estamos empleando la zona central de la óptica, que siempre da más calidad que los bordes. De hecho, por lo general la mejor calidad de una fotografía se da en la zona central, perdiendo algo de definición y contraste en las esquinas de la misma como podréis comprobar casi en cualquier review de toda óptica disponible en el mercado.

Del mismo modo, al calcular el círculo proyectado por un objetivo a veces los ingenieros son un poco “optimistas” y en según qué casos podemos encontrarnos con que las esquinas se nos oscurecen un poco. Una situación que evitaremos si tomamos nada más que la zona central de dicho círculo.

Obviamente, al emplear objetivos DX en una cámara DX podemos encontrarnos nuevamente con falta de definición en las esquinas y cierto viñeteo porque en esta ocasión el círculo proyectado está calculado para un sensor de tamaño inferior y tal vez los ingenieros vuelvan a ser “demasiado optimistas” y ajusten demasiado el tamaño de dicho círculo.

En la penumbra

En resumen

Como veis, aquella “simple” decisión tomada por Nikon hace una década ha provocado que hoy en día mucha gente se pueda hacer un pequeño lío con la compatibilidad entre cámaras y objetivos debido a los dos tamaños de sensor que hoy hemos visto.

Sin embargo, no es tan compleja la cosa, pues el único caso de incompatibilidad manifiesta debido a este tema nos lo vamos a encontrar si intentamos emplear un objetivo diseñado para un sensor DX en una cámara réflex de carrete. En el caso de montarlo en una cámara digital de sensor FX, automáticamente esta va a advertirnos del problema y va a conmutar a un modo de recorte que sólo usa una porción central del sensor, lo que a todas luces será como emplear una cámara DX.

Obviamente, al margen quedan otros tamaños de sensores empleados por otras marcas o por las cámaras compactas; pero como habréis podido ver, con sólo analizar los dos tamaños de las cámaras réflex de Nikon ya hemos pasado un largo rato divagando, así que si hiciéramos un compendio de todo lo que hay disponible en el mercado podríamos pasar toda la semana dando vueltas sobre mismo tema  😉

Enlaces de interés (en inglés)

Image sensor format (Wikipedia)

Nikon DX format (Wikipedia)

Nikon FX format (Wikipedia)

6mpixel.org

Entrevista el ingeniero encargado del desarrollo del sensor FX

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Distancia hiperfocal: la mejor herramienta para fotografiar paisajes

La distancia hiperfocal es uno de los conceptos más importantes si, como a mí, os gusta la fotografía de paisajes. De cualquier modo, es algo íntimamente ligado a la profundidad de campo, de modo que vamos a ver en qué consisten ambas cosas porque una vez conocidas, nuestras fotografías ganarán muchos puntos.

Azul cielo

La profundidad de campo

Cuando hacemos un retrato a alguien siempre tratamos de desenfocar el fondo de tal modo que la atención del espectador se centre en aquello que pretendemos destacar. Sin embargo en caso de querer fotografiar un paisaje, por lo general vamos a tratar de tener enfocado tanto el primer plano como los elementos más alejados de nuestra posición.

Con lo que estamos jugando en ambos casos se llama profundidad de campo (PDC para los amigos), y es algo de la que ya hablamos en aquella entrada que trataba sobre los conceptos más básicos de la fotografía. Sin embargo, podemos resumir ese concepto comentando que la profundidad de campo indica el rango de distancias entre las que tendremos los elementos de la fotografía enfocados por delante y por detrás del sujeto principal. Con una PDC pequeña, todo lo que esté ligeramente por delante o por detrás del punto enfocado aparecerá borroso en la fotografía, mientras que una PDC grande hará que la zona en la que los elementos de la imagen aparecen nítidos sea mucho más amplia.

¿Cómo podemos modificar la profundidad de campo?

Los elementos de la cámara que influyen en la profundidad de campo son dos: la distancia focal (cuanto más largo sea el objetivo utilizado menor PDC) y la apertura empleada (cuanto más abierto esté el diafragma del objetivo menor PDC). Todo esto sin mover la cámara de lugar y sin variar la posición del elemento a retratar, pues la distancia entre ambos elementos también varía la profundidad de campo, siendo esta más pequeña cuanto más próximos estén cámara y elemento enfocado.

Precisamente por esto, a la hora de realizar un retrato nos vendrán mejor objetivos largos y luminosos mientras que para fotografías de paisaje nos serán más útiles grandes angulares cuyo diafragma podamos cerrar bastante sin perder demasiada calidad en la imagen.

Es decir, un gran angular no sólo tiene la ventaja de que “entran más cosas en la foto”, sino que nos va a permitir tener todos los elementos de nuestra composición enfocados gracias a su pequeña distancia focal.

Cómo descubrí todo esto

Antes de descubrir esta técnica lo que hacía era encuadrar la fotografía, enfocar al infinito y disparar. De ese modo, lo que aparecía en primer plano aparecía desenfocado mientras que el fondo quedaba nítido; y es que mi razonamiento consistía en que al admirar un paisaje solemos mirar al infinito y no a lo que tenemos más cerca, por lo que puestos a elegir prefería destacar el horizonte frente al primer plano.

Hasta hace poco no sabía que podía evitar aquella elección teniéndolo todo enfocado empleando la técnica de la distancia hiperfocal, que es lo que me gustaría contaros hoy. Una técnica que descubrí de pura casualidad esta Semana Santa y que a mi regreso a Alcalá, ya con conexión a Internet, comprendí por completo buscando información por la red.

Todo comenzó con las fotografías de paisaje que realicé recientemente en Oropesa del Mar: puesto que la luminosidad era altísima debido a lo limpia que estaba la atmósfera me veía obligado a cerrar bastante el diafragma (f/11, f/13…) a la hora de realizar las fotografías, aumentando por tanto la profundidad de campo de la imagen resultante como ya sabía desde los tiempos de mi Canon A75. Sin embargo, al seguir con mi mala costumbre de enfocar al infinito no había grandes diferencias con respecto a las imágenes que hacía antes, pues lo que estaba situado más o menos cerca de mí seguía apareciendo desenfocado por mucho que cerrara el diafragma. Sin embargo, en un par de imágenes me dio por enfocar a algún elemento más o menos próximo porque me parecía interesante resaltarlo llevándome una agradable sorpresa.

Paisaje costero

Pues bien, cuando llegué a casa y vi el resultado en el ordenador me di cuenta de que había una diferencia abismal con respecto a mis anteriores fotografías de paisajes: ahora TODO estaba enfocado y la sensación de profundidad era enorme. Me di cuenta, por pura casualidad, de que al cerrar tanto el diafragma la profundidad de campo aumentaba de tal manera que aunque enfocara a poca distancia, se podía ver nítidamente incluso el horizonte.

La distancia hiperfocal

La hiperfocal es una distancia determinada que varía según la distancia focal del objetivo, la apertura empleada y la cámara utilizada y que viene dada por una ecuación matemática. Lo interesante del asunto es que si en una fotografía enfocamos a la distancia hiperfocal, se verá nítido todo elemento que se encuentre entre el plano correspondiente a la mitad de dicha distancia y el infinito, de modo que obtendremos la máxima profundidad de campo posible.

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Imagen explicativa extraída de DOFmaster

Es decir, que si por ejemplo tenemos una distancia hiperfocal de 3 metros, si enfocamos nuestra cámara a esa distancia, sabemos que en la fotografía quedará nítido todo lo que esté situado entre 1,5 metros por delante de nosotros y el infinito. Supongo que con este ejemplo (y la ilustración anterior) el concepto os habrá quedado claro, pero vamos a ver un caso real para que os deis cuenta de cómo varía esta distancia en función de los parámetros que empleemos a la hora de disparar con la cámara:

Un rincón para contemplar las nubes

Si tomamos como referencia los 18mm empleados en esta fotografía que realicé hace apenas unos días y tenemos en cuenta que fue disparada con una Nikon D40 a una apertura de f/13, aplicando la fórmula correspondiente (o consultando la calculadora online de DOFmaster) tenemos que la distancia hiperfocal es de tan sólo 1,3 metros, lo que significa que si enfocamos a algo que esté a esa distancia, aparecerá nítido todo lo que se encuentre entre 65 centímetros y el horizonte. De ahí que tanto el banco que hay en primer plano como las nubes del fondo aparezcan perfectamente definidas en la imagen.

Fijaos en que si en esta misma cámara montáramos un ultra-gran angular con una distancia focal de 10mm cerrando al diafragma a f/22, la distancia hiperfocal sería de tan sólo 23 cm, por lo que enfocando en ese punto aparecerá nítido absolutamente todo lo que tengamos en el visor de la cámara (entre 12 cm y el infinito; es decir, TODO). Del mismo modo, en un teleobjetivo de 300mm con apertura f/4, la distancia hiperfocal será de 1125 metros, por lo que en caso de emplear esta técnica tendremos enfocado todo lo que esté entre 560 metros y el infinito; dándonos a entender por qué no se suelen emplear este tipo de objetivos para la fotografía de amplios paisajes.

Conclusión

Os aseguro que hay una gran diferencia en cuanto a calidad entre la técnica que usaba anteriormente para hacer fotografía de paisajes y el empleo de la distancia hiperfocal. Creo que este tipo de fotografías (las que más suelo hacer) han ganado bastantes enteros desde esta Semana Santa, y la verdad es que estoy contento con los progresos realizados y de ahí que quiera compartir todo esto con vosotros. Ya sólo me queda deciros que aunque hoy os haya comentado la teoría sobre este tema, lo mejor para dominarla es practicar y practicar hasta llegar a un punto en el que no tengamos que pensar demasiado en lo que estamos haciendo porque ya nos sale prácticamente por si mismo.

Enlaces de interés (en inglés)

DOFmaster

Depth of field (Wikipedia)

Hyperfocal distance (Wikipedia)

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Diferencias principales entre objetivos Nikon AF y AF-S

Hay que ver cómo ha cambiado el aspecto de los objetivos Nikon de unos años a esta parte. Ya os hablé de la buena impresión que me había causado el AF 35-70 f/3.3-4.5 que compré hace unas semanas, así que se me ha ocurrido que estaría bien comentaros las diferencias principales que hay entre un objetivo básico (zoom estándar de tipo AF) de hace más de 20 años y uno actual de tipo AF-S.

De cualquier modo, como ya comenté en la entrada que hablaba específicamente del 35-70, la compatibilidad de los objetivos Nikon antiguos con las cámaras modernas y viceversa es algo sorprendente, y vamos a ver cómo estos dos objetivos tienen más cosas en común de lo que podríamos suponer (aunque también poseen importantes diferencias internas).

Diferencias en las lentes frontales

Vista frontal

En la parte izquierda de la imagen tenéis el objetivo zoom que traen las Nikon de gama baja actuales. Es un 18-55 AF-S con aperturas f/3.5-5.6 respectivamente. En la parte derecha tenemos el 35-70 que os decía y que data del año 1986.

Desde este punto de vista apenas se aprecian cambios: la electrónica interna y los cuerpos de los objetivos han cambiado bastante en estas dos décadas, pero lo que son las ópticas se mantienen prácticamente iguales. Se han introducido capas antirreflectantes y elementos que evitan las aberraciones ópticas, pero la forma de los elementos frontales sigue siendo básicamente la misma, porque… ¿para qué cambiar algo que funciona perfectamente?

Diferencias en los cuerpos

Vamos a apreciar los cambios observando los cuerpos de los objetivos de lado, pues desde esa perspectiva las diferencias son bastante más evidentes:

Vista de los cuerpos

Como veis, poco tiene que ver un objetivo con el otro vistos de lado. Para empezar el diámetro del cuerpo del 35-70 es algo más grande que el del más nuevo, aunque hay que tener en cuenta que es un objetivo diseñado para película de 35mm (o para un sensor full-frame) mientras que el 18-55 es exclusivamente para sensores DX (son 1,5 veces más pequeños que los full-frame).

Por otra parte, en el objetivo fabricado hace apenas un año podréis ver que hay un elemento que se echa en falta con respecto al más antiguo: el anillo de diafragmas.

De hecho, el anillo de diafragmas es algo que hoy en día prácticamente se ha perdido porque de su control se encarga la propia cámara. Los modelos actuales llevan una letra ‘G’ en su nombre completo que indica que no tienen anillo de diafragmas; cosa que no influye para nada en las fotografías digitales “normales”, pero que impedirá usar dicho objetivo en el caso de emplear tubos de extensión básicos o emplearlo en una cámara analógica antigua.

De cualquier modo, a efectos prácticos, lo que se hace en las cámaras actuales con objetivos que cuentan con anillo de diafragmas es bloquearlo en su apertura más pequeña mediante un pequeño interruptor que tienen en el cuerpo y a partir de ahí manejarlo exclusivamente con el dial de la propia cámara.

Anillo de diafragmas

También podéis ver la ventana de la escala de distancias en la parte superior del 35-70; un elemento que no está presente en el 18-55. Esta escala de distancias venía bien sobre todo para enfocar manualmente en estudio y situaciones en las que conocíamos la distancia al sujeto. Esta escala de distancias todavía está presente en los objetivos actuales, pero suele ser en modelos de gama alta, habiendo desaparecido de los objetivos más básicos para reducir costes.

Si os fijáis un poco, en el modelo más moderno hay un interruptor que conmuta entre modo de enfoque manual o automático, mientras que en el antiguo no está presente ningún tipo de interruptor de este tipo. No obstante, esto se debe a que aunque ambos objetivos son autofocus (son capaces de enfocar automáticamente según las ordenes de la cámara) el proceso lo realizan de maneras completamente diferentes como veremos en la vista de las monturas, así que luego profundizaremos en este interesante aspecto.

Diferencias en las monturas

Vista de las monturas

Bien, en esta vista están las diferencias más importantes que distinguen a un objetivo fabricado hace un par de décadas de uno diseñado en la actualidad. Para empezar podéis ver que el más antiguo tenía la montura fabricada en metal y el actual en plástico; un detalle que ya deja entrever que hoy en día se hace todo lo posible para reducir costes (aunque Nikon lo justifica diciendo que el plástico es más ligero).

Sin embargo, hay detalles mucho más sutiles, así que vamos a ir viendo los dos objetivos muy de cerca comenzando por el más nuevo:

Montura AF-S 18-55

Aquí podéis ver de cerca la estructura de la montura del 18-55. Fijaos en los tres tornillos que cierran el cuerpo porque a continuación veremos una importante diferencia con respecto al 35-70. Del mismo modo, en la parte superior tenemos siete contactos metálicos encargados de la comunicación entre el objetivo y el cuerpo de la cámara (control de diafragma, distancia al sujeto fotografiado, autofocus…).

Y hablando de autofocus, es hora de fijarnos en la más importante diferencia entre un modelo antiguo y uno nuevo, pues en los objetivos AF-S (presentados en el año 1996) el enfoque se realiza mediante unos pequeños motores que van embutidos en el propio objetivo y que son los encargados de ajustar las lentes del mismo para enfocar más lejos o más cerca.

Si nos fijamos ahora en la montura del 35-70 vamos a apreciar dos diferencias importantes:

Montura AF 35-70

Como veis, están presentes los habituales tres tornillos de estrella para sellar el cuerpo del objetivo, pero aquí tenemos además una especie de “tornillo plano” en la parte inferior que es el encargado de modificar el enfoque. Tornillo que gira según ordene un apéndice presente en el cuerpo de las cámaras, no necesitando por tanto ningún tipo de contacto eléctrico entre cámara y objetivo para realizar esta acción (aunque sí para otras). Un enlace mecánico entre cámara y objetivo que no está presente en las réflex más sencillas de Nikon, y de ahí lo que siempre se dice acerca de que en las D40/D40X/D60 tendremos que enfocar a mano si empleamos objetivos antiguos.

Derivado de esto, si nos fijamos en la parte superior del 35-70 podremos ver que hay sólo cinco contactos eléctricos, ya que en este modelo no están presentes los correspondientes al motor interno de enfoque debido a que en este caso se realiza de forma mecánica en vez de electrónica.

Bueno, y ahora que tenemos a la vista las dos monturas vamos a mirar algunas diferencias más:

Por un lado es evidente que el desgaste de una montura plástica es superior al de una metálica. Fijaos en las marcas que ha ido dejando la acción de montar y desmontar la óptica en la cámara (la montura de la cámara siempre es metálica) porque son bastante evidentes en el caso del 18-55 mientras que la del 35-70 está como si por ella no hubieran pasado los años.

Las dos hendiduras que podéis ver en la parte izquierda de las monturas son las que sirven al cuerpo de la cámara para confirmar que hay un objetivo montado, ya que hay un pequeño pin que encaja perfectamente cuando el objetivo está correctamente colocado en la cámara.

Por último, como elemento común tenemos esa especie de pestaña en la parte derecha de las monturas. Ese elemento tiene la misión de controlar la apertura del diafragma, y como podéis ver, estaba presente incluso en objetivos que todavía contaban con anillo de diafragmas para su control. Lo que hace la cámara al variar la apertura del diafragma es mover esa pequeña leva, que en reposo (tal y como aparece en las fotografías) deja el diafragma en su posición más cerrada y en su tope superior en su posición más abierta.

De todos modos, antes de terminar esta entrada me gustaría ofreceros un vídeo que explica visualmente estas mismas cosas que habéis leído en los párrafos anteriores, esperando que os entretenga y satisfaga al mismo tiempo vuestra curiosidad.

En fin, después de este breve repaso visual a dos objetivos fabricados con más de dos décadas de diferencia os habréis dado cuenta de que aunque los dos modelos sean físicamente y funcionalmente compatibles, en su interior hay diferencias bastante notables; y es que la tecnología va avanzando a pasos agigantados aunque no nos demos cuenta.

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