Rincones: Parque Juan Carlos I (Madrid)

Al Parque Juan Carlos I nunca puedo decirle que no. Da igual la época del año, el clima o las circunstancias que me rodeen en ese momento. Me gusta perderme por sus infinitos rincones y disfrutar de ellos ya sea a pie, en bicicleta, patinando (aunque esto es algo en lo que me estoy iniciando) o, como en esta ocasión, haciendo fotografías.

Parque Juan Carlos I (Madrid)

En principio no quería enrollarme mucho dando datos sobre el parque, pero precisamente buscando algo de información en internet me he dado cuenta de que en realidad lo que hay escrito sobre este pedacito de Madrid es bastante poco y además está muy deslavazado; de modo que voy a tratar de contaros algunas cosas curiosas sobre este lugar mezcladas con mis propias impresiones y algunas imágenes que he captado durante mi última visita.

Ubicación, extensión y servicios añadidos

El parque Juan Carlos I es el segundo en extensión de la ciudad de Madrid, sólo superado por la Casa de Campo. Con sus 220 hectáreas situadas en el distrito de Barajas (zona Este de la capital) representa un auténtico pulmón para una región de Madrid que se había desarrollado considerablemente en la década de los 80 con la construcción de Ifema y los numerosos edificios de oficinas del “Campo de las Naciones”, pero que más allá de estas edificaciones aquella era una zona de Madrid anclada en tiempos pasados y con cierto aire de abandono, de modo que con este parque se le quería dar un soplo de modernidad urbana al distrito.

Parque Juan Carlos I (Madrid)

Comentaros también que el parque cuenta con algunos servicios añadidos como el préstamo gratuito de bicicletas, la ruta (también gratuita) que un tren realiza por el anillo principal así como un amplio aparcamiento de libre acceso y un auditorio al aire libre.

Por si no lo sabéis, en el Juan Carlos I podéis realizar algunas actividades que en principio uno no está acostumbrado a ver en Madrid pero que aquí se han convertido ya casi en tradición. Una de las más curiosas es que en las explanadas que hay cerca de la entrada principal durante los fines de semana encontraréis bastante gente volando cometas de las más diversas formas y tonalidades.

Parque Juan Carlos I (Madrid)

Del mismo modo, en dichas explanadas podéis acercaros en verano a cenar un bocadillo cómodamente sentados en la hierba o, como ya hemos hecho un par de veces mi chica y yo, llevar un portátil para ver una película al frescor de la noche. Actividades que, como os digo, parecen más propias de un lugar de playa pero que en este rincón de Madrid podéis practicar con total libertad.

Historia del parque Juan Carlos I

Este parque se inauguró en el año 1992 con motivo de que Madrid fuera designada capital europea de la cultura. Sí, aunque mucho menos sonado que los JJOO de Barcelona y la “Expo” de Sevilla, Madrid también tuvo su ratito de gloria aquel año inolvidable.

La verdad es que recuerdo aquella época como la de las grandes obras (viaductos, instalaciones deportivas, trasvases, túneles, urbanizaciones infinitas…) y la del parque Juan Carlos I también debió de ser de las gordas pues duró tres años; aunque por desgracia no tuve ocasión de verla con mis propios ojos porque, sencillamente, era una zona de Madrid que por aquel entonces ignoraba por completo.

Parque Juan Carlos I (Madrid)

Por lo que he podido leer, el parque se asienta sobre unos terrenos que en la década de los ochenta estaban un poco dejados de la mano de Dios y cuyo único elemento reseñable era un olivar centenario (el llamado “Olivar de la Hinojosa”) que a la hora de proyectar las instalaciones se decidió respetar (de ahí que buena parte de la zona central esté tapizada de esta especie de árbol tan típicamente nuestra).

Parque Juan Carlos I (Madrid)

Durante los tres primeros años de funcionamiento pasaron por el parque millón y medio largo de personas, lo que da una idea de su éxito entre los madrileños. Recuerdo haber ido con mis padres en aquellos tiempos de mediados de los 90 algún domingo por la mañana cargando con mi bicicleta en el maletero y haberme agotado dando vueltas por los inumerables caminos del parque que, sumados todos, dan un total de 13 kilómetros.

Las esculturas

Dispersas por el parque se encuentran diecinueve esculturas de estilo abstracto y diversas temáticas. Muchos conoceréis esa que consiste en unos dedos blancos que salen de la tierra, pero hay otras muchas que os animo a descubrir por vosotros mismos dando un paseo que, por lo separadas que están unas de otras, tendrá que ser bastante extenso.

Parque Juan Carlos I (Madrid)

La que os muestro sobre estas líneas es una de las menos conocidas, ya que está en un rincón del parque poco transitado y no llama demasiado la atención al transeunte, que al pasar por allí tiende a fijarse más en las piraguas que hay por el canal circular o el bonito puente que lo atraviesa. Por lo que he podido saber, se trata de un homenaje a Galileo Galilei y me gusta especialmente por su mezcla aparentemente caótica de líneas rectas y curvas.

Sin embargo, estoy seguro de la que os voy a mostrar a continuación sí que os resulta mucho más familiar, pues es, sin duda, la más conocida de las diecinueve que pueblan el lugar.

Parque Juan Carlos I (Madrid)

Efectivamente, esa especie de donut de color rojo intenso situado a final de una rampa de bloques de granito es la escultura correspondiente al llamado “Espacio México”, la cual se erige en un lugar visible desde casi cualquier lugar del parque y que, por tanto, llama la atención de todo el que se acerque a dar una vuelta por allí.

Además de estas dos esculturas que os muestro en estas fotografías tenéis 17 más repartidas por las 160 hectáreas del parque, de modo que os animo a que tratéis de localizarlas dando un paseo porque hay algunas que merece la pena contemplar con atención (no os perdáis “Fisiocromía para Madrid” porque es otra de mis favoritas pese a que en esta ocasión no la he plasmado en mis fotografías).

El agua

Os hablaba hace un momento de un “canal circular”, y es que hay un anillo de aproximadamente un kilómetro de diámetro que divide el parque en dos partes (exterior e interior) que en su mayor parte discurre paralelo a una ría que consiste en un canal con algo de desnivel, dos estanques en sus respectivos extremos y unas bombas que elevan y trasladan el agua entre los estanques para volver a iniciar su recorrido.

Parque Juan Carlos I (Madrid)

En el parque Juan Carlos I el agua es un elemento muy importante, ya que además de este canal que os comento, hay unos chorros de agua que salen del suelo donde en verano siempre hay niños jugando, un embarcadero donde actualmente hay un barco que en tiempos recorría el canal, numerosos cauces por los que se desvía el agua de la ría principal para ornamentar algunas zonas…

Como os digo, se trata de un elemento al que se recurre en muchos rincones y que da al lugar un aire muy especial. De hecho, en el parque hay unos 130000 metros cuadrados de lámina de agua, lo que os dará una idea de su papel protagonista.

La estufa fría

Parque Juan Carlos I (Madrid)

La estufa fría es un invernadero situado cerca del centro geográfico del parque que contiene multitud de especies arbóreas y arbustivas. Yo no entiendo mucho de plantas y no sería capaz de ponerme a describir subespecies y familias; pero sí os puedo decir que en este lugar la vegetación prácticamente nos rodea (hay zonas de bambú realmente densas) y hay una marcada tranquilidad que nos invita a permanecer un rato contemplando el lugar.

Parque Juan Carlos I (Madrid)

En cualquier caso, no os dejéis engañar por el oxímoron que da nombre al lugar, ya que ni es una estufa ni está fría; sino todo lo contrario. Me explico: efectivamente se trata de un invernadero porque por sus lados está cerrado con unas paredes casi transparentes. Sin embargo, el techo está hecho de lamas inclinadas las cuales no dejan entrar la luz del sol directamente pero dejan escapar el aire caliente, de modo que lo que conseguimos es una temperatura más suave que en el exterior (más fresco en verano y más templado en invierno) pero sin llegar al calor que hace en un invernadero “típico” cuyo interior es completamente cerrado y, por tanto, no deja salir el aire caliente cuando le da el sol.

Parque Juan Carlos I (Madrid)

Por cierto, comentaros que en uno de sus extremos (fuera de la nave principal) hay un pequeño “jardín zen” con sus especies típicamente orientales y su grava blanca perfectamente rastrillada. Otro de esos rincones especiales de este parque y que no mucha gente conoce.

Las vistas

El Juan Carlos I no es un parque plano como podría ser, por ejemplo, el Retiro. A lo largo y ancho de su extensión nos vamos a encontrar con multitud de lomas desde las que podemos admirar unas bonitas vistas de la capital tal y como podéis ver en algunas de las fotografías que acompañan a este artículo.

Parque Juan Carlos I (Madrid)

Desconozco si es el caso, pero lo habitual es que este tipo de montículos estén formados por la arena y las piedras que se han sacado durante la fase del movimiento de tierras mientras se construía el parque, de modo que así se aprovecha el material y se rebajan costes al no tener que trasladar este material muy lejos de su origen.

Si tuviera que apostar diría que la mayor parte de estos montículos que hay en el Juan Carlos I están hechos del material sacado a la hora de excavar el canal circular de agua; aunque como os comentaba antes, no he visto este dato por ningún lado y me baso exclusivamente en lo que he ido viendo durante mi vida profesional en infraestructuras hidráulicas.

Parque Juan Carlos I (Madrid)

Mi loma favorita es una con forma de pirámide de cuatro caras la cual está coronada por una semiesfera plateada. Desde allí arriba tenéis una bonita vista de todo el parque y además podréis distinguir edificios emblemáticos de Madrid como “el pirulí”, la T4 del aeropuerto de Barajas o las cuatro torres así como también divisar en la lejanía localidades como Coslada, Paracuellos del Jarama o incluso la sierra.

Parque Juan Carlos I (Madrid)

Parque Juan Carlos I (Madrid)

En definitiva, el parque Juan Carlos I es un buen lugar donde perderse en Madrid. No está tan lleno los fines de semana como el Retiro ni es tan bullicioso y además hay espacio de sobra para caminar, patinar, montar en bici, jugar al fútbol o pasear al perro. Si vivís en Madrid o sus alrededores y todavía no os habéis dejado caer por allí os recomiendo que os acerquéis un día de sol y disfrutéis de todo lo que este rincón de la capital tiene que ofreceros.

Parque Juan Carlos I (Madrid)

Más información

 

Naturaleza y tiempo

Hace unos años alguien de Santa Pola pensó en emplear una barca antigua como macetero, de modo que la colocó en medio del jardín y plantó en ella un puñado de flores y algunos cactus. Lo que no imaginaba entonces es que mucho tiempo después la propia barca acabaría abriéndose como una sandía madura ante el empuje del jardín que allí creció.

Barca-maceta

La barca es de 1986, pero… ¿en qué momento salió del mar para formar parte del paisaje de la ciudad?

La fuerza de la naturaleza y el paso del tiempo; una combinación a veces explosiva y que siempre capta mi atención.

Espectáculo de agua y flores en la plaza de Cervantes

Ayer estaba dando una vuelta a primera hora de la mañana por la plaza de Cervantes cuando un sonido llamó mi atención: se habían activado los aspersores de los parterres del lugar, así que me acerqué a uno de ellos para ver si conseguía alguna imagen que pudiera resultar mínimamente interesante.

Regando los jardines de la Plaza de Cervantes (I)

Regando los jardines de la Plaza de Cervantes (II)

Desde lejos la cosa puede no parecer muy interesante; pero si no nos importa mojarnos un poco (toda una bendición en pleno mes de Julio) y nos acercamos a las flores podremos disfrutar de un fantástico espectáculo como muestran las siguientes fotografías:

Regando los jardines de la Plaza de Cervantes (III)

Regando los jardines de la Plaza de Cervantes (IV)

Regando los jardines de la Plaza de Cervantes (V)

Regando los jardines de la Plaza de Cervantes (VI)

Regando los jardines de la Plaza de Cervantes (VII)

Por cierto, aprovecho para comentaros que estas son las primeras imágenes realizadas con la D300 que os muestro por aquí. Hay muchas cosas que me gustan de esta cámara, aunque también hay que reconocer que pesa un quintal. De todos modos, ya me explayaré un poco más sobre este tema cuando la tenga algo más dominada y lleve ya unos cuantos cientos de fotos hechas con ella.

Apacible soledad

Se me hizo raro ver mi urbanización de toda la vida casi en completa soledad durante la semana que pasé recientemente en Oropesa del Mar. Habituado al barullo vacacional de los meses de Julio y Agosto la sensación al sentarme en el jardín después de comer y no escuchar absolutamente nada a mi alrededor fue toda una novedad para mí.

Rodeado

Prueba de ello es esta imagen que capté en unos de esos momentos de tranquilidad que os comento y que muestra el ambiente reinante durante aquellos días.

¡Cómo me gusta descubrir ese tipo de sensaciones!  ^__^

Aquellos aterradores tubos verdes

La respiración del suelo

Cuando era pequeño estos tubos nos infundían un gran temor a todos los niños del barrio. El simple hecho de pasar cerca de ellos disparaba la imaginación y nos hacían pensar en historias de cavernas subterráneas llenas de murciélagos hambrientos y criaturas que se arrastran por un suelo húmedo que nunca había visto la luz del sol.

Además, si aguzabas el oído podías escuchar un susurro que provenía de Dios sabe dónde cuando te acercabas a ellos. Algo parecido al aliento de un dragón furioso que una noche saldría de allí y nos achicharraría a todos. Si aquellos misteriosos tubos fueran un elemento estático y silencioso podría asumirse incluso que podría ser una extraña escultura; pero la perpetua actividad en su interior era una prueba irrefutable de que bajo aquel jardín había algo que ninguno de nosotros conocía.

El día que me enteré de que no eran más que el respiradero de un aparcamiento subterráneo me sentí aliviado, pero desde ese preciso instante los aterradores tubos de color verde perdieron todo su atractivo y pasaron a ser un elemento más del paisaje urbano.

Esto sí que es un buen emulador de Windows

¿Tienes un cuarto interior (por lo tanto sin ventanas) en el que te ataca una cierta sensación de claustrofobia cada vez que entras? Tu solución está en este “simulador de ventana” que me he encontrado de pura casualidad dando una vuelta por internet.

El invento no consiste más que en una luz blanca ante la cual hay una persiana entreabierta que hace que parezca que la inexistente ventana de tu cuartucho da a un precioso jardín lleno de sol, flores y almendros.

Eso sí, no trates de asomarte o los ladrillos se encargarán de recordarte dónde estás realmente 😛