Una mirada fotográfica al pasado: Nikon EM (1979)

Cuando el día de los inocentes os contaba que me había comprado una Nikon analógica de hace treinta años supuse que un buen porcentaje de vosotros lo pondría en duda. Sin embargo, la cosa iba muy en serio porque me apetecía mucho tener las mismas sensaciones que los fotógrafos de finales de los setenta.

Nikon EM in the snow

Pues bien, tal y como os dije la semana pasada la cámara ya está en mis manos y he estado “trasteando” con ella durante unos días para acostumbrarme a su manejo antes de meter un carrete y ponerme a retratar rincones de la ciudad (que es en lo que estoy ahora mismo). Precisamente por eso me he animado a escribir hoy esta entrada compartiendo estas primeras impresiones con vosotros así como la información relacionada con la Nikon EM que he ido recopilando en las últimas fechas.

Nikon EM: Una réflex para todos los públicos

Lo primero que me gustaría comentar es que la EM nació con la misma filosofía que daría lugar a la Nikon D40 casi tres décadas después. Se trata de una cámara réflex de pequeño tamaño y de fácil manejo cuya finalidad era abrir el mercado de las SLR a personas que nunca se habían planteado tener una cámara de este tipo por su complejidad y aparatosidad.

Nikon EM (1979)

En principio Nikon dirigió este modelo al mercado femenino, que por aquellas épocas veía a las cámaras réflex como algo tosco y pesado. La EM era ligera y estilizada, pero puesto que las féminas no cambiaron demasiado sus tendencias pese a la campaña de publicidad lanzada por la marca (las compactas eran las cámaras preferidas de las mujeres de aquellos años) al final los japoneses enfocaron la EM hacia el segmento de población que nunca antes había manejado una réflex; más o menos lo que se ha hecho con las Nikon D40 y D60 en la actualidad.

Comparada con el resto de cámaras réflex de la época, la Nikon EM era sensiblemente más pequeña, aunque esto también se debe a que su electrónica interna es más sencilla, ya que cuenta sólo con tres modos de funcionamiento que ahora veremos más en profundidad.

Sencillez ante todo

La sencillez es la nota dominante de este modelo de Nikon. El modo más habitual de funcionamiento de la cámara es el llamado “AUTO”, que en realidad sería el modo de prioridad a la apertura en las réflex actuales. Consiste en que elegiremos la apertura a emplear por medio del anillo de diafragmas del objetivo y la cámara calculará la velocidad de disparo necesaria para conseguir una correcta exposición teniendo en cuenta la sensibilidad del carrete empleado (que marcaremos en un selector destinado a tal fin).

Este cálculo se realiza basándose sobre todo en el círculo central de la pantalla de enfoque, siendo en realidad el modo que hoy llamamos “medición ponderada al centro”. Y por si el sujeto está a contaluz disponemos de un botón en la parte frontal de la cámara que aclara la imagen dos pasos completos de tal modo que el sujeto quedará correctamente iluminado y el fondo sobreexpuesto del mismo modo que hacemos hoy en día cuando aplicamos una compensación de exposición positiva a nuestra toma.

El tiempo de exposición viene marcado mediante una aguja en la parte izquierda del visor que fluctua entre 1 segundo y una milésima. Dicha aguja, como es lógico, necesita alimentación eléctrica para su funcionamiento, y esta viene dada por dos pilas de botón que se alojan en la parte inferior de la cámara. Alimentación que, de todos modos, no nos impedirá tomar fotografías incluso en el caso de que las pilas se agoten en mitad de una excursión.

Nikon EM (1979)

Esto es gracias al modo M90, que originalmente se emplea para disparar con flash de forma sincronizada pero que dispara mecánicamente el obturador con un tiempo fijo de 1/90 segundos, por lo que la exposición debemos calcularla nosotros mismos “a ojo” mediante la elección de la apertura adecuada para dicha velocidad (aunque sin ningún tipo de ayuda, claro está). Esto, que puede parecer una incomodidad, hace que la cámara sea utilizable incluso a muchos grados bajo cero (las baterías de las cámaras digitales pueden quedar temporalmente inutilizadas a temperaturas extremas) o si nos quedamos sin energía en medio del desierto. De hecho, todavía hay muchos montañeros que emplean cámaras analógicas de tipo mecánico porque son una garantía de que podrán hacer fotografías en la cumbre por muchos grados bajo cero que se encuentren allí.

El tercer modo de disparo es el denominado B (de “Bulb”) que consiste en que mientras tengamos presionado el botón del disparador el obturador va a permanecer abierto. Obviamente se trata de un modo pensado para fotografía nocturna y para obtener unos resultados decentes necesitaremos un trípode así como un disparador remoto, porque si no sólo obtendremos un borrón en el negativo por muy buen pulso que tengamos.

La cámara en las manos

Nada más coger la cámara por primera vez me doy cuenta de que es realmente incómoda de sostener en las manos. No hay un grip ergonómico en la parte derecha con el que sujetar la cámara (eso llegaría años después) de tal modo que se hace muy complicado llevar la cámara a una mano durante largos periodos de tiempo como suelo hacer con mi D40. El cuerpo de pequeño tamaño tampoco contribuye a la comodidad de agarre, pues los laterales del mismo son realmente minúsculos, haciendo que las yemas de los dedos “tropiecen” con el objetivo continuamente.

Nikon EM (1979)

Por lo tanto, lo más lógico sería emplear la correa que viene con la cámara, pero que no es ni mucho menos tan cómoda como las que traen las cámaras actuales: apenas está acolchada en su zona central y además es muy estrecha; así que el uso de la correa tampoco es que sea la panacea en cuanto a comodidad.

La cámara está forrada de una especie de piel sintética en toda su parte central y, pese a que su tacto es de plástico, debajo de la misma hay un sólido armazon metálico que da rigidez al modelo. Desde luego, aunque la cámara no es la más cómoda del mundo a la hora de agarrarla, sí que tiene un buen tacto que a mí personalmente me gusta bastante.

Repartidos por el cuerpo de la cámara podemos encontrar algunos controles adicionales como la leva de arrastre de la película, el tirador para rebobinar, liberar el carrete y abrir la tapa trasera, el selector de sensibilidad, un temporizador para retardar el disparo de la fotografía, el pulsador para soltar el objetivo montado, el botón de comprobación de carga de la batería…

Lo que no tiene la EM (y tampoco la D40) es el pulsador para previsualizar la profundidad de campo, que consiste en que al presionarlo se cierra el diafragma a la apertura deseada para que podamos ver en el propio visor el efecto que esto tendrá sobre la profundidad de campo (excepto durante el disparo, los objetivos en las cámaras Nikon tienen el diafragma abierto a la máxima apertura posible).

Por cierto, me hace mucha gracia comprobar que en las réflex de esta época es muy habitual encontrar un recuadro negro en la carcasa trasera cuya utilidad no conocía hasta hace poco. Resulta que en ese “marco” podemos introducir la lengüeta de la caja de cartón del carrete para así recordar lo que llevamos puesto en la cámara. Si tenemos un sólo cuerpo no suele haber problema; pero los profesionales de la fotografía que iban con varios cuerpos iguales encima y un ayudante que iba cargando y descargando carretes podían llegar a hacerse un verdadero lío y no saber en qué cámara tenían cargado determinado rollo de película (y mejor será no ir abriendo todas las cámaras en busca del carrete perdido, porque como abras una con el carrete a medias adiós fotos).

Nikon EM (1979)

Cosas como esta hoy nos parecen un poco extrañas, pero hay que reconocer que una vez puestas en su contexto tienen todo el sentido del mundo.

Mirando el mundo a través del visor

Una de las razones más poderosas por las que me compré la EM es para mirar el mundo a través del visor de de una réflex analógica. Siempre habia leído que era complicado enfocar a través de una cámara de formato APS-C por el menor tamaño de su visor, y la verdad es que lo primero que noté nada más poner el ojo en la EM es que todo se veía de un tamaño inmenso.

Además, la pantalla de enfoque de la cámara cuenta con un par de ayudas para tal fin consistentes en una círculo de microprismas que forman una red de puntos que desaparecen cuando la imagen aparece nítida y una zona central partida que coincide cuando el motivo está perfectamente enfocado.

Nikon EM (1979)

Os pongo a continuación dos imágenes tomadas directamente a través del visor de la EM con una cámara compacta, de modo que no me es posible obtener una calidad de imagen demasiado elevada (de hecho las fotografías han quedado mucho más oscuras de lo que en realidad se ve a través del visor). Lo que tenéis en la parte izquierda es la aguja que marca el tiempo de exposición que se empleará y en la parte central tenéis el círculo de microprismas así como la zona partida que nos ayudará a enfocar. Por cierto, el objetivo que estaba puesto en la cámara es mi querido Nikon AF 50mm f/1.8 D y los puntos oscuros que se ven son algunas motas de polvo situadas en la cara interna de la pantalla de enfoque, por lo que no se pueden limpiar con facilidad (aunque en las fotografías tomadas con la EM no aparecerán).

Visor desenfocado

Imagen desenfocada. Fijaos en lo poco nítido que aparece todo, en el círculo de microprismas y, sobre todo, en la imagen partida del centro de la pantalla.

Enfocado

Cuando la imagen está correctamente enfocada el visor se ve con claridad, los microprismas desaparecen y la imagen del centro aparece de una pieza

Como os digo, lo de la pantalla de la EM me ha parecido una gran ventaja sobre las réflex digitales actuales. Es verdad que en todas las Nikon de ahora hay un punto verde que se ilumina cuando la imagen está enfocada, pero hay que reconocer que se enfoca mucho mejor con las pantallas clásicas de las réflex analógicas.

Un rápido vistazo al interior

Si abrimos la cubierta trasera de la cámara encontraremos el delicado obturador compuesto por varias laminillas metálicas así como el alojamiento para el carrete en la parte izquierda y el sistema de arrastre del mismo. Todo un mundo desconocido para aquellos que nunca han tocado una cámara analógica. De hecho, el obturador es algo que nunca podremos ver en una réflex digital a no ser que desmontemos la cámara casi al completo, pues a la altura de los rieles plateados que guían el recorrido de la película es donde se situaría el sensor de una cámara réflex actual.

Nikon EM (1979)

La verdad es que llama la atención la sobriedad de los materiales empleados en la construcción de los mecanismos de la EM. Todo es de un negro mate y no existen salientes ni bordes afilados que puedan dañar el carrete durante su arrastre. Una buena muestra de elaboración cuidada y atención a los detalles que siempre está presente en los productos japoneses.

Por cierto, me gustaría señalar que haciendo click sobre las fotografías que ilustran este artículo iréis a su correspondiente página en Flickr donde he señalado mediante notas qué es cada elemento de la cámara que se aparece en ellas.

A la espera de probarla “sobre el terreno”

Poco más os puedo contar por el momento, pues estoy esperando a que mejore un poco el tiempo y así poder irme a la calle a hacer fotos con ella. El concepto simplista de la EM me ha gustado bastante porque con treinta años a sus espaldas la cámara está casi como el día que salió de la tienda, demostrando que las cosas sencillas tienden a fallar menos que las más complejas.

Nikon EM (1979)

Cuando tenga en mi poder las primeras fotografías disparadas con la EM las colgaré por aquí y os contaré mis impresiones, pero de momento os puedo decir que me ha gustado mucho este regreso al pasado fotográfico que he sentido jugando un rato con esta cámara de hace treinta años.

Enlaces de interés (en inglés)

Nikon EM, 1979 (Photography in Malaysia)

Nikon EM (Wikipedia)

Nikon EM (Nikon.com)

* Todos los artículos de este tipo en https://luipermom.wordpress.com/fotografia

Pankun and James

He de reconocer que he caído en las redes de Pankun y James: los dos personajes estrella de un programa de televisión japonés que me mostró mi hermana hace un par de semanas. La peculiaridad de esta pareja es que son un chimpancé y un perro que tienen unas habilidades ciertamente sorprendentes y una relación bastante especial el uno con el otro.

Si tuviera que elegir uno de los múltiples vídeos que circulan por Internet sobre este fenómeno, os recomendaría éste en el que nuestro sorprendente chimpancé cocina mejor que muchos de nosotros (ved el vídeo y entenderéis lo que quiero decir 😛 ). Es el vídeo con el que mi hermana me mostró a Pankun y realmente es el que más me ha sorprendido de todos, pese a que hay también otros geniales.

¿Sorprendidos? Pues tras esta breve demostración de lo aplicado que puede ser un mono, podéis seguir viendo vídeos de este curioso programa en el siguiente enlace a Youtube.

Una última advertencia: ¡Cuidado que engancha! :mrgreen:

Conociendo a esos gigantes de metal que nacen en Japón

Hoy me he animado a escribir un artículo que os va a resultar curioso y que no hubiera podido escribir hace apenas un par de meses, pues la vida son perspectivas que vamos cogiendo gracias a lo que vivimos y yo ahora tengo una que antes ni hubiera imaginado.

Veréis, ya os he comentado alguna vez que actualmente estoy trabajando en la delegación de Komatsu España que hay en Alcalá de Henares. Komatsu es una importante multinacional de origen japonés que fabrica maquinaria para la construcción (excavadoras, bulldozers, camiones…) y que está presente en prácticamente todo el mundo. Aunque mi puesto está en el departamento de asistencia técnica tengo libertad para moverme por las instalaciones de la empresa; y uno de los lugares más impresionantes de la misma es, a mi juicio, los talleres por las inmensas máquinas que te puedes encontrar allí y por lo mucho que aprendes cuando las ves “fuera del papel y del ordenador”.

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El caso es que todos hemos visto alguna que otra vez las excavadoras que se suelen emplear para las obras públicas. Impresionan bastante, pero os aseguro que hay máquinas muchísimo más grandes enfocadas a trabajo de minería, demoliciones y cosas así. Si las máquinas que soléis ver por la calle os parecen grandes, esperad a leer los siguientes párrafos y cambiaréis vuestro punto de vista   😉

En el caso de las excavadoras (que es lo más habitual en una obra cualquiera) la marca Komatsu emplea para su nomenclatura dos letras que pueden ser PC (cadenas) o PW (ruedas) seguidas de una cifra que indica los centenares de kilogramos que pesa la máquina.

pc35

Una PC35. Muy apta para trabajos sencillos.

Es muy normal ver abriendo cualquier zanja en la ciudad a una PC35 por ser un modelo ligero y muy versátil, pero ya es algo menos habitual por ejemplo ver trabajar a una PW220. Según lo que os he dicho antes la primera tiene un peso de 3500 kilogramos y la segunda de 22 toneladas, lo que ya es algo considerable, y es que no en vano es un trasto bastante grande.

De cualquier modo, os aseguro que por muchas fotografías que os enseñe la sensación no es comparable a estar al lado de cualquiera de estas máquinas. La PW220 de la siguiente imagen parece grande; pero es que en realidad lo es mucho más pese a ser un modelo relativamente sencillo dentro de la gama.

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La PW220 ya tiene un aspecto menos “familiar”.

Como os decía, estos modelos son casi “de juguete” comparados con los pesos pesados que fabrica esta firma japonesa. En España el modelo más grande de excavadora que se comercializa es la PC2000; un modelo de 200 toneladas de peso capaz de mover trece metros cúbicos de material en cada palada. Sin ir más lejos, hace unos días estuve haciendo un informe sobre una que está en el puerto de Barcelona y que está dedicada a mover grandes contenedores de mercancías.

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Una PC2000 y un camión que a su lado parece una miniatura.

Como os decía, la PC2000 es el modelo más grande disponible en nuestro país y no hay muchas de ellas en nuestro territorio, pero eso no significa que sea el más grande que se fabrica a nivel mundial, pues el buque insignia de la gama de excavadoras Komatsu es la PC8000: una colosal excavadora de 800 toneladas de peso que se puede ver en las faraónicas obras de presas asiáticas y también en algunas minas americanas a cielo abierto.

Os pongo a continuación un breve vídeo de dicho modelo trabajando en una importante obra. Viéndola en un entorno tan amplio podría no parecer tan grande; pero si os fijáis en los operarios que están sobre la estructura de la máquina en los últimos segundos del vídeo os daréis cuenta de la enormidad de este prodigio de la ingeniería.

En dos semanas dejas el Everest en una simple colina…

Por supuesto, de nada serviría semejante capacidad de extracción de material si luego no tenemos un modo de transportar todo eso a otro lugar; y ahí es donde entran en acción los que son, sin duda, mis máquinas favoritas: los dump trucks.

Se trata de vehículos con una capacidad de carga alucinante y resistentes hasta decir basta. Incluso el modelo más simple (el HD325 con sus 36 toneladas de capacidad) impresiona a cualquiera al ponerse junto a una de sus ruedas; pero si queremos conocer el modelo más grande que se comercializa aquí tendremos que fijarnos en el alucinante HD785, que tiene una capacidad de carga de 90 toneladas y en el que he tenido la suerte de subirme hace un par de semanas por disponer de una unidad en talleres a la espera de ser entregada a su dueño. No os podéis hacer una idea del vértigo que produce ponerse de pie sobre la parte superior de la carrocería y la sensación de poder absoluto que tienes al sentarte tras su volante pese a que el motor no estaba arrancado.

hd785

Un HD785; perfecto para aparcar por el centro de Madrid.

Sin embargo, el HD785 no es ni de lejos el camión más grande que fabrica Komatsu. Para aquellas aplicaciones que requieran un movimiento de materiales absolutamente brutal se diseñó el modelo 960E con más de 300 toneladas de capacidad de carga. Un monstruo con unas ruedas de casi cuatro metros de diámetro y del que os podéis hacer una buena idea de sus dimensiones viendo el siguiente vídeo, que no es de un 960E, sino de un 930E, por lo que el modelo del que os hablo es incluso algo más grande del que vais a ver en las imágenes:

Ni el final de Terminator 2 era tan bestia

En fin, como podéis apreciar el concepto de grande y pequeño en realidad es un poco difuso y depende mucho de lo que estemos hablando. Antes de entrar a trabajar a Komatsu había visto alguna vez algo de esto gracias a que mi padre está metido en temas de geología, minerales y demás; pero ahora que día a día trabajo junto a estos gigantes de metal me doy cuenta de que son algo fascinante y como tal me gustaría compartirlo con vosotros. Este no será el único artículo sobre maquinaria de obras, pues la gama es amplia y bastante espectacular. ¡Espero que os haya gustado la charla de hoy!  😉

El apasionante mundo del té

Soy un apasionado del té; eso es algo que todo el que me conoce sabe muy bien. Una estampa muy habitual en mí es el estar en el ordenador escribiendo con una humeante taza de té al lado para “inspirarme” sea la época del año que sea.

El caso es que hoy os quería hablar un poco por encima del mundo del té, pues degustar un té es mucho más que el mero hecho de tomarse un cierto tipo de infusión, ya que el té es toda una ceremonia con su ritual particular, sus elementos y sus características propias.

No os preocupéis, pues me voy a quedar en la superficie del tema, ya que esto da para escribir párrafos y párrafos y no es ni mucho menos mi intención el aburriros de mala manera; el tiempo en general escasea y no seré yo el que os lo haga perder.

Vamos a repasar un poco de carrerilla qué es el té, qué variedades hay y qué formas hay de prepararse una buena bebida en casa que sea capaz de dar una alegría al paladar y que además tenga propiedades saludables. Espero que os guste este pequeño reportaje 😉

¿QUÉ ES EL TÉ?

Bajo el nombre de “té” (o “cha” en Japón, Rusia y Portugal) se oculta todo un entramado de términos, variedades, procesos y elementos que al no iniciado en este mundillo pueden sonar un poco a chino.

El té es una bebida preparada con las hojas de un arbusto llamado camellia sinensis que crece principalmente en China, India, Japón, Kenia y Nepal, aunque puede ser cultivado en muchos otros lugares de forma artificial. Estas hojas se cortan del arbusto, se someten a un proceso de oxidación y se desecan para dar lugar al té que luego nosotros prepararemos en casa mediante un proceso de infusión en agua caliente.

Básicamente todos los tipos de té provienen de la misma planta, y sus diferencias vienen dadas por el proceso de elaboración que luego veremos más en detalle y las sustancias que acompañen a dichas hojas. Por ejemplo, el típico “té verde con menta” no son más que hojas de té recién cortadas con algunas hojas de hierbabuena añadidas.

TRES FORMAS DE PREPARAR UN TÉ

Bueno, de primeras he de comentar que hay varios “niveles” a la hora de preparar un té, y normalmente están basados en el tiempo del que dispongamos o lo que nos queramos complicar a la hora de prepararlo. Cuanto más alto sea el escalón mejor quedará el té (siempre que lo preparemos correctamente, claro) y mayor satisfacción personal obtendremos:

I – En un primer escalón están las bolsitas de té que todos conocemos: es un medio rápido y sencillo de tomar un té. Se calienta agua, se mete la bolsita, se espera el tiempo especificado (tema del que luego os hablaré), se saca la bolsita y se bebe con cuidado de no quemarnos.

Hay muchos tipos y muchas marcas de té en bolsitas, pero si me tuviera que quedar sólo con una sería la de Earl Gray Tea de la marca Twinnings.

II – Si tenemos más ganas y más tiempo podemos optar por liarnos la manta a la cabeza un poco y comprar té en una tienda para prepararlo con ayuda de una de esas bolas metálicas que os pueden vender en el mismo establecimiento.

Podemos prepararlo de la siguiente manera (que es lo que yo hago cuando estoy un poco perezoso como para afrontar el tercer escalón): cogéis una taza y calentáis agua hasta que vaya a hervir. Hay una serie de temperaturas para cada tipo de té, pero podemos asumir que cuando el agua esté empezando a hervir está en su punto. Los puristas dirán que hay que calentar el agua a fuego lento (y les doy toda la razón; el método original es ese) pero si lo hacemos con ayuda de un microondas obtendremos un resultado bastante decente a cambio de un esfuerzo mínimo.

A continuación ponemos en la bola una cucharada de té del sabor que más nos guste e introducimos la bola en la taza dejándola reposar unos entre dos y cinco minutos en función de tipo de té que sea.

III – Por último está el modo de preparación con el que mejor suele quedar el té y por lo tanto el más recomendable cuando dispongamos de tiempo suficiente y ganas de saborear una buena infusión:

Podemos coger una tetera o bien una de esas tazas que tienen una especie de rejilla dentro para las hojas del té. La cosa es que esta vez en lugar de dejar las hojas dentro de una bola metálica o una bolsita de fieltro lo que vamos a hacer es dejar que las hojas se infusionen directamente en el agua, por lo que tendrán más espacio para expandirse y soltar en el agua las sustancias que contienen.

Claro, al final lo que vamos a tener es un “puré” de té bastante particular, pero si usamos una tetera con un poco de habilidad conseguiremos que lo que salga por ella al servirlo sea té sin muchas hojas en suspensión. Del mismo modo, si empleamos una de esas tazas que os comentaba no hay más que sacar la rejilla para que las hojas se queden en ella y podamos tomarnos el té sin necesidad de colarlo ni nada parecido.

LOS TIPOS DE TÉ

Aunque si vamos a una tienda especializada en té es muy posible que nos mareemos con la inmensa variedad existente en las estanterías, en realidad no hay más que cuatro tipos principales de té, siendo todo lo demás variaciones sobre lo mismo. Vamos a ir comentándolos desde el punto de vista de la oxidación.

La oxidación del té es el proceso de maduración del mismo. Muy similar al que sufren los vinos, pues dependiendo del tiempo de maceración se da lugar a sabores y olores muy diferentes. Nada más recoger las hojas del arbusto del té no están oxidadas nada en absoluto, de modo que en función del tiempo que luego esté almacenado en condiciones especiales vamos a obtener un tipo de té u otro:

· Té blanco: es un té recién recogido que es desecado sin dejarlo oxidar. Tiene un sabor muy suave y se suele tomar sin ningún tipo de edulcorante, pues cualquier sabor añadido lo desvirtuaría por completo. Su tiempo de infusión es muy breve, entre 2 y 3 minutos, pues los tés de este tipo dan un sabor muy amargo si los dejamos en infusión demasiado tiempo. Del mismo modo, la temperatura del agua ha de ser menor (del orden de 80 grados centígrados) para no “quemar” las delicadas hojas del té blanco.

· Té verde: el té verde se deja oxidar ligeramente antes de ser desecado. Lo más habitual en este tipo de té es hacer pequeñas bolitas con las hojas dándoles el nombre de gunpowder. El té verde, al igual que el blanco precisa de un tiempo de infusión breve y de una temperatura del agua no demasiado elevado. Lo peor que podemos probar en el mundo del té es uno de este tipo con demasiados minutos de infusión, pues adquirirá un sabor muy amargo que ni todo el azucar del mundo conseguirá eliminar.

Es un tipo de té famoso por sus beneficios para la salud y el más consumido en Japón y Asia en general. De hecho las ceremonias del té japonés se suelen realizar con este tipo de té.

· Oolong: está a medio camino de los tés verde y negro, pues lleva un proceso de oxidación de unos tres días. Es una variedad muy popular en China y posee el aroma del té negro pero con el sabor suave del té verde. Al igual que el té verde se suelen formar pequeñas bolitas con las hojas del té a la hora de envasarlo para su puesta a la venta.

Como curiosidad añadiré que la palabra “oolong” sinifica en chino “dragón negro”, y es que el origen de este tipo de té está envuelto en leyendas asiáticas que hablan de dinastías, montes, dragones de piel oscura y todo tipo de historias que van pasando de generación en generación.

· Té negro: es lo que los occidentales solemos conocer como “té”, pues la inmensa mayoría del que se consume por aquí es de esta variedad. El nombre proviene del color de sus hojas, pues han sido sometidas a un fuerte proceso de oxidación, aunque en China se le llama “té rojo” porque al fin y al cabo la bebida resultante es de ese color vista al trasluz.

El té negro suele estar muy picado (habitual en las bolsitas ya preparadas a las que antes me refería) o bien en hojas enrolladas sobre si mismas. Por lo general, cuanto más picado está el té de peor calidad será, pero como en todo en la vida hay excepciones y también en ello entra el gusto personal de cada uno, así que no voy a dar más vueltas sobre ese tema.

El té negro es el que más temperatura del agua precisa para poder ser infusionado correctamente, ya que idealmente ha de estar entre 90 y 100 grados centígrados (es decir, que cuando veamos que el agua comienza a hervir es el momento de apagar el fuego y poner el té en ella).

· Pu-erh: el llamado pu-erh es una variedad de té con características un poco peculiares, pues además de la oxidación propia del té después es sometido a un proceso de fermentación que puede durar bastantes años. El pu-erh se prepara en “ladrillos” que luego son desmenuzados a la hora de ponerlo a la venta en herbolarios y tiendas especializadas en té e infusiones.

Este tipo de té es de gran popularidad en China por sus propiedades digestivas y antioxidantes hasta tal punto que allí es considerado una bebida medicinal y artífice de una buena salud para la gente que lo toma habitualmente. Aquí lo podemos encontrar en estado puro con su sabor intenso no tolerado por todo el mundo o bien mezclado con otros sabores (os recomiendo los de canela y vainilla 😉 )

EL TIEMPO DE INFUSIÓN: LA DIFERENCIA ENTRE UN BUEN Y UN MAL TÉ

El tiempo de reposo que han de estar las hojas del té en el agua caliente es tal vez el parámetro más importante a la hora de preparar un té: en general el tiempo de infusión varía entre los dos y los cinco minutos. Ya os dije al hablar de los diferentes tipos de té que en los blancos y verdes no ha de ser superior a tres minutos y en los tés negros no debemos superar los cinco o seis como máximo.

Esto por supuesto es algo que se aprende con la práctica, y de todos modos, lo que a mí me puede parecer un té amargo e imbebible, a otra persona le puede parecer que tiene un sabor fantástico, por lo que como os digo, lo mejor es coger un cronómetro e investigar por vuestra cuenta.

UNOS CONSEJOS FINALES

· Jamás de los jamases echéis agua a un té para enfriarlo. Si se quiere un té helado hay formas de prepararlo, pero enfriar unos grados un té caliente añadiendo agua o un cubito de hielo sólo consigue estropearlo por completo (comprobado personalmente).

· La leche casa muy bien con el té negro, pero no se os ocurra echar leche a un té verde o blanco, pues la leche casi seguro que se cortará y os quedará una bebida de color gris con terrones de nata flotando en la superficie (verificado por mi amigo Tomás 😉 )

· Puestos a elegir es mejor quedarse corto en el tiempo de infusión que pasarse. Si nos quedamos cortos vamos a obtener un té flojito de sabor, pero si nos pasamos nada será capaz de eliminar la sensación de amargor.

· El té contiene teína, que no es otra cosa que cafeína, de tal modo que un té oscuro antes de ir a la cama garantiza una fantástica noche de insomnio. La cantidad de teína / cafeína va en función del “color” del té, pues tiene que ver con la oxidación: los tés negros tienen casi tanta como una taza de café y los tés blancos apenas contienen nada.

· Las teteras no se friegan. Aunque pueda parecer una guarrada, una tetera es mejor cuantos más tés lleva hechos, ya que se forma una capa oscura en su interior que hace que los que se preparen en el futuro sepan todavía mejor. Al fin y al cabo la tetera está más que desinfectada porque cada vez que preparamos un té en ella estamos hirviendo el agua y por tanto mueren todos los microbios que pueda haber en ella.

Y bueno, poco más tengo que añadir. Me queda comentaros nada más que llegué al mundo del té por un amigo que era aficionado y se empeñó en contarme las excelencias de esta bebida, que, aunque parezca difícil de creer es la más consumida en el mundo después del agua. Por detrás del té están el eterno café y la omnipresente coca-cola, y es que aunque en nuestro país no sea una costumbre muy extendida, en otros lugares del mundo la ceremonia del té es una verdadera religión.

Si nunca os habéis parado a probar un buen té, esta es una buena idea pedirle a algún amigo / familiar que sepa del tema que os prepare uno. O si no también podéis pedir uno la próxima vez que vayáis a una cafetería. Ya veréis como poco a poco le vais cogiendo el gusto al tema y os empieza a picar el gusanillo de probar nuevos tipos de tés, mezclarlos, probar con diferentes técnicas y en definitiva montar vuestro propio universo alrededor de estas hojas que todos los días se consumen en el mundo por toneladas.

Si alguno de vosotros, después de leer esto, se levanta y decide prepararse un té entonces el tiempo invertido en este post habrá merecido la pena.

¡Un saludo! 🙂