El GORE-TEX: ¡Qué gran invento!

Seguro que conocéis esa reconfortante sensación de haber hecho una buena inversión. Siempre he pensado que a la hora de comprar algo es importante tener claro lo que necesitamos para luego centrar nuestra búsqueda en aquello que cubra esas necesidades (ya os lo comenté cuando andaba buscando mi nuevo netbook). Sólo así tendremos la certeza de que nos estamos gastando el dinero en algo a lo que vamos a sacar mucho provecho.

En mi caso, a la hora de plantear el material necesario para el pasado viaje a Bruselas tenía dos cosas muy claras: iba a llover mucho y sólo podía llevar un juego de calzado por lo limitado del espacio en mi maleta. Por lo tanto, necesitaba algo que no se empapara con la lluvia para estar seguro de que al día siguiente llevaría los pies secos y calientes, porque no hay nada peor que andar dando vueltas con frío todo el día con unas zapatillas caladas hasta los tobillos.

Reflejos urbanos

Informándome un poco vi que las botas de GORE-TEX eran perfectas para mis necesidades: este material consiste en una capa de tejido sintético que se sitúa entre la piel exterior de la bota y el forro interno y cuyas cualidades físicas hacen que sea impermeable y transpirable al mismo tiempo, ya que básicamente consiste en que posee millones de poros microscópicos que permiten pasar el agua en forma de vapor, pero no en forma líquida. Es un material muy habitual en equipos de montaña ya sea en forma de calzado o prendas de ropa, pues nos mantendrá secos aunque llueva con fuerza y no nos empaparemos en sudor incluso realizando actividades físicas intensas.

Para no alargarme demasiado os diré que al final me compré unas Chiruca modelo Xacobeo 07 que me hicieron un apaño tremendo durante el viaje, pues en ocasiones estuvo lloviendo durante horas y al final del día tenía los pies secos, calientes y sin ningún tipo de molestia. De todos modos, la verdadera prueba de fuego (más bien de agua) llegó el pasado fin de semana cuando me acerqué al río para captar las imágenes que os mostré en la entrada anterior.

No me podía resistir a tratar de obtener alguna fotografía de la pequeña cascada que hay detrás de Nueva Alcalá, así que poco a poco me fui acercando cada vez más al cauce del río hasta que me di cuenta de que si quería obtener el punto de vista que deseaba no me quedaba más remedio que apoyar el pie en medio de una zona por la que el agua bajaba a toda velocidad; y lo que más me sorprendió es que aunque el GORE-TEX ya es de por si impermeable, la propia piel vuelta de las botas lleva un tratamiento de hidrofugado que hace que el agua no lo moje, sino que se queda en forma de gotas sobre su superficie para resbalar a continuación. Os dejo una prueba gráfica del fenómeno:

Chiruca I

Chiruca II

Como veis, el agua no llega a penetrar bajo la capa externa de las botas ni aun metiendo el pie en un cauce de agua que circula a gran velocidad, de modo que en esta situación ni siquiera la capa de Goretex necesita “ponerse a trabajar”. De todos modos, en situaciones de lluvia intensa durante mucho tiempo (como sucedió en Brujas) la piel de las botas se acaba mojando un poco, pero en esas situaciones el GORE-TEX no deja pasar el agua al interior y los pies se mantienen secos.

En fin, con todo esto lo único que quiero decir es que cuando uno tiene claro lo que necesita y por qué lo necesita, es fácil comprar algo que nos proporcione un buen nivel de satisfacción. Llevo un mes y pico usando estas botas a diario y estoy encantado con ellas; y como sabéis en los días de viaje por Europa estuve caminando casi sin descanso con ellas puestas desde primera hora de la mañana hasta última de la tarde. La sensación de llegar a casa y notar que los pies están descansados y frescos es algo incomparable y por si misma ya merece la pena el coste del par de botas.