Las palomas de Madrid

Siempre me ha llamado la atención lo valientes que son las palomas de Madrid (bueno, en general todas las que habitan en las grandes ciudades). Supongo que están tan habituadas al continuo tránsito de la gente que a no ser que estés a punto de pisarlas ni se molestan en apartarse; pero el caso es que gracias a esta actitud es posible fotografiarlas muy de cerca sin que salgan volando.

Las palomas de Madrid

Precisamente hace unos días estuve dando una vuelta por Madrid y a media mañana pasé por un concurrido parque lleno de estas aves, de modo que aprovechando que varias de ellas se estaban refrescando en las inmediaciones de una fuente saqué mi cámara de la mochila e hice las fotografías que ilustran esta breve entrada.

Las palomas de Madrid

Las palomas de Madrid

Las palomas de Madrid

Las palomas de Madrid

Por la tarde hubo más fotos; pero esas os las mostraré en una próxima entrada.

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Fotos a cuatro grados bajo cero

Cuando me levanté de la cama esta mañana vi que el termómetro marcaba cuatro grados negativos y que la mínima de la noche había sido todavía más baja, por lo que ante la idea de que la fuente del parque Tierno Galván volviera a estar congelada, cogí mis aparejos fotográficos y me dirigí hacia allí bien abrigado para retratar los efectos del frío.

Hielo (26/12/2010)

Hielo (26/12/2010)

Hielo (26/12/2010)

Hielo (26/12/2010)

Hielo (26/12/2010)

¡La fuente estaba preciosa, pero había que andar con mucho cuidado al caminar por sus alrededores porque el suelo estaba completamente congelado!

Tres rincones de Alcalá a vista de pez

Hacia tiempo que no montaba mi ojo de pez en la cámara y me iba a dar una vuelta por la ciudad para captar sus rincones desde ese punto de vista tan especial que da una óptica con un campo de visión de 180º. Una distorsión de la realidad mediante la cual el entorno parece rodearnos por completo y hacernos sentir en el mismo centro del universo.

Obras magistrales

Como ya os he dicho alguna vez, no se trata de un objetivo para usar todos los días; pero si sabes reservarte para uno de esos “momentos de inspiración” los resultados pueden tan bellos como llamativos. De hecho, un lunes por la mañana no se me ocurriría salir a pasear con él porque sé que no lograría gran cosa; pero una soleada tarde de domingo puede ser de lo más creativa cuando se juntan una serie de factores.

Trinitarios

Las tres imágenes que ilustran esta entrada son producto de un simple paseo por el centro de Alcalá con la mente bien despierta y los ojos abiertos de par en par. De ese modo, el hecho de buscar el punto de vista deseado y plasmarlo en una imagen se convierte en el acto más simple que existe.

Fuente de la plaza de San Diego

Espero que os hayan gustado las fotografías; sobre todo a los que tenéis la suerte de vivir en Alcalá, pues reconoceréis al instante los lugares aquí retratados.

¡Nos vemos por las calles!   😉

Recuerdos de la infancia: el parque Manuel Azaña

Hoy me apetece hacer un poco de memoria, así que os hablaré de un parque cerca de mi casa que construyeron en 1987 y que supuso una pequeña revolución en la fisonomía de esta zona de la ciudad por sus novedosas formas: el parque Manuel Azaña.

Si cierro los ojos y me traslado a finales de la década de los ochenta o principios de los noventa, recuerdo tenuemente una gran montaña de tierra en la que los niños jugábamos a subirla y bajarla sin descanso (poniéndonos la ropa hecha un asco, claro). También me acuerdo de una estructura de cemento en forma de laberinto situada en el centro de una especie de castillo donde jugábamos con pistolas de fogueo y lanzándonos petardos como si fueran cartuchos de dinamita… Una original construcción que tiempo después fue desmantelada por razones de seguridad. Seguro que los que ahora rondan la treintena y pasaron su infancia en los barrios de Nueva Alcalá y Tabla Pintora saben de lo que estoy hablando.

Parque Manuel Azaña a finales de los 80

Parque Manuel Azaña a finales de los 80. Pinchando sobre la imagen accederéis a versiones de más resolución y notas informativas de cada elemento.

Por cierto, para situaros un poco os comentaré que esa fábrica de ladrillos que se ve en la parte superior derecha de la imagen es donde actualmente está emplazado el local del supermercado Champion de Ronda Fiscal que lleva cerrado varios años. Del mismo modo, en ese solar que se ve en la esquina superior izquierda hoy podéis ver un bonito parque donde el otro día hice un par de fotos.

Una cosa bastante curiosa es que por aquella época surcaban el parque Manuel Azaña una serie de canales de aproximadamente medio metro de ancho por los que corría agua y que en invierno se congelaban de tal modo que, si no pesabas mucho, hasta podías ponerte en pie sobre ellos. Canales que no tardaron en convertirse en una acumulación de suciedad y también en el destino de algún que otro niño al que sus amigos hacían la trastada de turno en pleno invierno, de modo que el ayuntamiento decidió enterrarlos para evitar cualquier posible problema.

Es una pena que no tenga más fotografías del parque por aquellas épocas (la que tenéis ahí arriba es todo lo que he podido encontrar), pero lo que sí puedo hacer es ofreceros unas imágenes que capté el otro día en el auditorio que forma parte del parque desde el primer día y que actualmente sigue en pie con el mismo aspecto que entonces (bueno, la estatua de Azaña se ha trasladado a una glorieta cercana y el lugar está lleno de pintadas; pero básicamente se encuentra como en mis recuerdos).

En este auditorio se han realizado mítines electorales, funciones de teatro, conciertos, campañas benéficas… y eso que es un horno en verano, un congelador en invierno y una incomodidad durante todo el año. Sin embargo, aunque el lugar es feo con ganas, es una de las pocas cosas que quedan del proyecto original, por lo que cada vez que paso cerca de este sitio me acuerdo de todas las tardes pasadas allí trotando entre sus gradas.

Auditorio Manuel Azaña

Auditorio Manuel Azaña

Auditorio Manuel Azaña

Auditorio Manuel Azaña

Auditorio Manuel Azaña

Hoy en día el parque Manuel Azaña no es más que una extensión de tierra con arbustos anexa al auditorio donde no se ven muchos niños que digamos y por la que no es muy recomendable pasar de madrugada. Sin embargo, dando una vuelta por allí no puedo evitar recordar aquellos años de mi infancia en los que mis únicas preocupaciones al salir del colegio era ver un rato la televisión y salir a jugar con mis amigos.

En aquellas épocas, caer rodando por una ladera de tierra o acabar metido hasta las rodillas en un riachuelo de agua helada no representaba ningún problema y, qué queréis que os diga: aquí seguimos todos, así que tampoco parece que fuera algo tan peligroso, ¿no?

Primeras fotos con el teleobjetivo

Como os decía ayer, por fin pude estrenar el teleobjetivo que me llegó a mediados de semana. Aprovechando que hacía una mañana con bastante sol me acerqué a la plaza del Palacio Arzobispal en busca de gorriones bañándose en las aguas de la fuente que hay allí presente.

Por desgracia a ningún pajarillo le dio por acercarse a darse una ducha durante el rato que anduve por allí, pero sin embargo conseguí un par de fotografías más o menos decentes de la fuente que me sirvieron para comprobar que en las distancias largas la profundidad de campo es bastante reducida y por lo tanto hay que ser cuidadoso con lo que enfocamos porque todo lo demás no quedará nítido en absoluto.

La ducha de la hoja

Salpicaduras

Justo cuando me iba a marchar de la plaza miré hacia las ramas de los árboles y me encontré con un par de gárgolas que me observaban desde una de las fachadas del propio palacio.

Gárgolas

Por último, y ya de camino a casa, me encaminé hacia la calle Mayor y allí, cuando trataba de encuadrar sus columnas, una mujer se cruzó por delante del objetivo. La fotografía resultante no era gran cosa (como digo, estaba “de pruebas”) pero me hizo gracia esa mirada distraída de la señora que parecía más pendiente de los escaparates que de cualquier otra cosa.

Intrusa

Sé que son unas imágenes muy flojitas, pero tenía ganas de mostrároslas porque son las primeras que hago con el nuevo teleobjetivo y porque seguro que dentro de un tiempo las vuelvo a ver y me doy cuenta de que he progresado bastante en esto de la fotografía (o al menos eso espero 😉 ).

PD: se chafó a última hora lo del 50 1.8D. La búsqueda de ese objetivo se está convirtiendo en una especie de maldición, porque llevo dando vueltas detrás de él desde Navidades y todavía no he sido capaz de encontrarlo en ninguna tienda. Ya os contaré otro día.

Agua congelada… ¡que gustazo!

Para un día tan caluroso como el que tenemos hoy… ¿qué mejor que una refrescante imagen a contraluz tomada hace una semana en Alcalá de Henares? En ella, y gracias a la intensa luz del cielo que se ve al fondo, el agua aparece completamente suspendida en el aire debido al ínfimo tiempo de exposición empleado (una milésima de segundo).

Contraluz acuático

Esta fotografía pertenece a la serie que hice hace unos días en la fuente de la Plaza de las Bernardas de Alcalá de Henares dónde apareció sin avisar un gracioso gorrión dispuesto a darse una ducha.

El tema del movimiento del agua completamente congelado siempre es algo que me llama mucho la atención…  😉

La paciencia en fotografía siempre tiene premio

Camino por aceras ardientes gracias a un sol implacable. En el bolsillo un poco de música y en la mano la cámara de fotos dispuesta a captar cualquier instante irrepetible.

Llego a una plaza sombría del centro de la ciudad y diviso una fuente que, con sus finos hilos de agua, invita a congelar su movimiento en una imagen capaz de refrescar al espectador. Lo intento una y otra vez; cambio parámetros, vuelvo a disparar… no estoy conforme con lo que capto, le falta algo… Tal vez sea por la férrea mirada de la dama de hierro que me mira desde su pedestal.

La dama de hierro

De repente una sombra pasa sobre el agua de la fuente y observo que una paloma se ha posado en la parte más alta de la misma dispuesta a dar algún que otro trago de agua. Aprovecho la situación y disparo otra ráfaga más, pero sigue sin convencerme: una paloma bebiendo agua es algo tan común que las fotografías que capto son insulsas y aburridas. El movimiento de un niño que corre en las cercanías espanta a la paloma y empiezo a pensar que no es el día de conseguir una buena imagen; puede que mañana en la tranquilidad del mediodía del lunes obtenga mejores resultados.

Sin embargo, cuando ya estaba poniendo la tapa al objetivo, un lindo gorrión aparece entre las ramas de los árboles, se coloca bajo la jaula de agua que forman los débiles caños de la fuente y allí parece feliz por un instante disfrutando de una ducha fresca que parecía necesitar. El movimiento alegre de sus alas me inspira y me hace volver a encender la cámara con mucho cuidado. Me coloco, uso el teleobjetivo y disparo unas cuantas fotografías justo antes de que otra paloma asuste al gorrión y desista definitivamente de seguir captando instantáneas.

Reviso esas últimas fotos y entre unas cuantas un poco movidas y alguna que no me decía absolutamente nada descubro una y sólo una que realmente me llena y me hace decir decir en voz alta “¡me mola!”. Ese simpático gorrión me dio un pequeño premio a la paciencia que disfruté con una sonrisa mientras me dirigía hacia casa: hoy volví a descubrir el placer de esperar pacientemente a que las buenas imágenes aparezcan ante los ojos.

Una buena ducha