Review: Nitecore TIP2

De un tiempo a esta parte Nitecore se ha convertido por derecho propio en mi marca de linternas favorita, concretamente gracias a su serie T enfocada a instalarse en bolsillos, llaveros y similares. Sus diseños me parecen muy atractivos ya que, por lo general, son una combinación de tamaño reducido, prestaciones y versatilidad siendo la Tiki un claro ejemplo de ello. Tan prendado quedé de este modelo que he decidido hacerme con otro que nada tiene que ver ni en su forma ni en su filosofía de uso, pero que también ha atraído poderosamente mi atención desde que supe de su existencia hace ya unos meses: la Nitecore TIP2.

Para poneros en antecedentes os diré que estamos ante un modelo que pertenece a una serie de linternas de la marca Nitecore cuyos nombres precisamente comienzan por la letra T y a la cual, además de la Tiki que antes os decía, también pertenece la minimalista Tube que apareció por aquí hace un tiempo y otros modelos como la Thumb (antecesora de la Tiki y prima hermana de la Tube), la Tini o la TUP.

Todas ellas tienen en común diseños diferentes al de la típica linterna cilíndrica, batería de litio integrada, pulsadores de forma plana para su control y un tamaño reducido que las hace idóneas para llevar a todas partes. A día de hoy por encima de esta TIP2 sólo se encuentra la TUP dentro de esta gama que os digo, pero el caso es que esta última no me atrae tanto sobre todo por su diseño excesivamente cabezón, así que decidí hacerme con el modelo que hoy nos ocupa.

Como os podéis imaginar por el nombre de la linterna, hubo una antecesora llamada simplemente TIP y presentada en 2017 cuya diferencia principal es que cuenta con un sólo LED y su forma es más achaflanada por los bordes. Nunca me gustó demasiado, pero si algún día se me cruza la versión en cobre lo mismo me doy un capricho alegando locura transitoria.

El cuerpo

La TIP2 tiene unas medidas de 63 x 27 x 13 mm y un peso de 38 gramos; recordando a la típica pila de 9 voltios (formalmente llamada 6LR61) que todos conocemos. Su robustez es muy elevada porque su chasis está hecho a partir de un bloque de aluminio y llama la atención su doble LED en el frontal. Por cierto, a diferencia de otros modelos de la marca, la TIP2 sólo está disponible en color negro.

Por bucear un poco en la historia, la estética de esta linterna proviene de un modelo llamado Concept 2 que Nitecore presentó a mediados de 2018 y que rompió las formas y las prestaciones clásicas de las linternas que había en ese momento en busca de una manera diferente de hacer las cosas. Digamos que fue una prueba para ver qué tal acogía el mercado otra forma de entender las linternas y de ella derivan principalmente las actuales TM10K (un pequeño monstruo de 10000 lumens y precio estratosférico) y esta TIP2 que parece su hermana pequeña y que sale por unos 45 euros.

Hay otros modelos de la marca que también han heredado los pilares de diseño de la Concept 2, pero pertenecen a otras gamas más enfocadas hacia sectores como fuerzas de seguridad o exploradores y por tanto no me voy a meter ahí ya que, como sabéis, mi pasión son las pequeñas linternas que podemos llevar siempre encima casi sin darnos cuenta. Lo que viene siendo el concepto EDC, vaya.

Los rasgos iniciados por la Concept 2 son: chasis en forma de bloque de aluminio sólido, batería interna recargable, control activo por temperatura, monitorización del estado de la carga, manejo a base de botones… rasgos todos ellos presentes en la TIP2 como ahora iremos desgranando.

Un detalle que me gusta mucho (y que de momento es único de la TIP2) es que en la parte trasera posee una tapa que se acopla magnéticamente gracias a los dos potentes imanes de neodimio que lleva la linterna. En esa tapa es donde se coloca la anilla para el llavero, de modo que si queremos podemos llevar la linterna colgando de, por ejemplo, el tirante de una mochila y si necesitamos hacer uso de ella sólo tendremos que tirar con fuerza para que se desacople.

Si estáis pensando en que se puede caer sin darnos cuenta he de decir que a mí también me preocupaba eso al principio, pero en cuanto tratas de separar la tapa del cuerpo te das cuenta de que hay que hacer tanta fuerza que por accidente no se va a soltar nunca. Según la propia Nitecore podríamos colgar hasta 2,5 Kg de la anilla sin que se suelte, y yo les creo.

Por cierto, esos dos imanes (entre los cuales está el puerto microUSB para recargar la linterna) nos van a permitir fijar la TIP2 a ciertas superficies metálicas como postes de farolas, capós de coches, patas de bancos… Esto también lo incorporaba la Olight S1 Baton y es un añadido interesante cuya única desventaja es que si llevamos cosas sueltas de metal en los bolsillos a veces sacaremos la linterna y veremos que lleva pegada alguna pequeña moneda, una llave o un clip.

Como os decía antes, una de las características de la TIP2 es que está construida a partir de un bloque de aluminio macizo torneado por CNC, de modo que no os vais a encontrar aristas de ningún tipo, soldaduras mal acabadas ni cosas así. Su acabado general es simplemente perfecto. Además, el aluminio ayuda a disipar el calor generado en los LED (los cuales, por cierto, van montados sobre una placa de cobre por su mayor conductividad térmica) porque viendo la cantidad de luz que puede salir de algo tan pequeño la evacuación del calor es un factor que en Nitecore han tenido muy en cuenta.

En relación a esto aprovecharé para comentar que la linterna incorpora un control interno por temperatura, que quiere decir que va a regular la potencia de salida en función de la temperatura que detecta en su interior. Por tanto, en situaciones de mucho frío podremos extraer más potencia lumínica de forma continua que en si usamos la linterna en un lugar que esté, pongamos, a 35 grados. Vamos, que si la TIP2 detecta que la temperatura en su interior se está disparando, bajará los lumens para así mantenerse estable y no acabar dañando la batería o algún componente interno.

En cuanto al control de la carga, en modelos como la TUP o la TM10K disponemos de una pequeña pantalla OLED en la que se muestra el voltaje de la batería, el modo en el que estamos o incluso el tiempo de autonomía restante. En la TIP2 no disponemos de esto pero sí que al menos hay un minúsculo indicador LED entre los botones de control que nos indicará el estado de la carga de la siguiente manera cuando le damos un breve toque al botón de encendido:

  • Tres parpadeos: Entre el 50% y el 100% de carga
  • Dos parpadeos: Entre el 10% y el 50% de carga
  • Un parpadeo: Menos del 10% de carga
  • Parpadeo continuo cada tres segundos: Batería sin carga. La linterna no encenderá hasta que la recargues

La pantalla LED de los modelos superiores es una pasada y uno de los factores que me hicieron dudar seriamente entre comprarme la TUP o la TIP2; pero al menos en este modelo disponemos de un modo de saber en qué punto está la batería, no como en la Tiki donde no hay forma de conocer este dato (y se podría haber implementado con ayuda del LED azul de carga, que no se usa para nada más).

Por cierto, la batería interna de iones de litio tiene una capacidad de 500 mAh y se carga completamente en aproximadamente una hora y media, parpadeando durante el proceso el LED azul que os decía antes y quedándose fijo cuando finaliza. Ya os advierto que en la caja no viene ni cargador ni cable USB, por lo que tendréis que usar alguno de las varias docenas que tendréis por casa.

En lo que a accesorios se refiere, la linterna incluye dos elementos “de amarre”: una anilla de llavero tipo mosquetón y un clip lateral; ambos desacoplables. El resto de cosas que vienen en la caja son papeleo y nada más, ya que esta linterna no lleva ni juntas tóricas ni pilas.

Comentar que la TIP2 tiene certificación IP67, lo que la hace resistente al polvo en toda condición y a inmersiones en agua a una profundidad máxima de un metro durante 30 minutos. En cuanto a impactos, se supone que aguanta caídas desde hasta un metro de altura manteniendo su integridad física.

La luz

La TIP2 es la primera linterna que poseo que alumbra con más de un LED simultáneamente, ya que en su cabeza lucen en sus cuatro modos dos emisores Cree XP-G3 S3. Hasta el momento todas mis linternas iluminaban con un sólo LED, y en caso de tener más de uno (como la ya varias veces mencionada Tiki de la misma marca) sólo podía haber uno de ellos activo al mismo tiempo, así que esto es para mí una novedad.

Según Nitecore cada uno de ellos es capaz de proporcionar hasta 360 lumens y de ahí la potencia máxima total de 720 lumens que, como veremos enseguida, tiene truco porque el modo turbo no puede mantenerse continuamente ya que achicharraríamos la electrónica de la linterna (batería incluida) en poco tiempo.

De hecho el modo Turbo tiene dos limitaciones: sólo estará activo mientras estemos presionando el botón de Modo y sólo lucirá hasta que el control térmico integrado considere que ya está bien de tanto calor o hayamos agotado la batería al haber sumado unos 15 minutos de fogonazos. Por tanto, tendréis que “conformaros” con el modo Alto y sus 200 lumens durante la hora y cuarto que puede lucir si queréis usar la linterna de forma continua, que no es poca cosa para una linterna de este tamaño.

Los modos de iluminación (sin rastro de PWM en ninguno de ellos) y sus autonomías oficiales están distribuidos de la siguiente manera:

  • Bajo: 1 lumen, 3 metros, 55 horas
  • Medio: 30 lumens, 18 metros, 8 horas
  • Alto: 200 lumens, 48 metros, 1 hora 15 minutos
  • Turbo: 720 lumens, 93 metros, 15 minutos.

El potente modo Turbo tiene su ser en iluminar repentina y contundentemente algo que necesitemos vislumbrar en la lejanía (esto mismo ya lo dije en la Tiki) pero no es necesario alumbrar con tanta intensidad un paseo por la playa a medianoche a no ser que queramos que se nos presente la Guardia Civil pensando que están ante el desembarco de un alijo de contrabando.

La verdad es que lo de la batería integrada es un gustazo; y es que después de los quebraderos de cabeza que me dio la Olight S1 Baton con la tasa máxima de descarga de la CR123A que emplea empecé a cogerle el gusto a las linternas que incluyen una batería recargable interna, ya que esta se ha calculado para funcionar específicamente con cada modelo de linterna y así nos aseguramos la total ausencia de problemas relacionados con la alimentación eléctrica.

Lo único malo en este sentido es que este tipo de linternas, por su concepción, son de usar y tirar; ya que cuando la batería integrada llegue al final de su vida útil la linterna se convertirá en un bonito pisapapeles porque sencillamente no habrá forma de cambiarla. Igual algún manitas llegado el caso se atreve a meter alguna batería compatible (total, de perdidos al río) pero perderemos la estanqueidad y por mucho cuidado que pongamos las piezas nunca ajustarán igual que cuando era nueva.

Cada uno de los emisores de la TIP2 cuenta con una lente TIR (en realidad es una lente TIR rectangular que abarca todo el frontal de la linterna) lo que permite que el haz de luz esté bastante controlado. Es decir, que aunque haya dos LED emitiendo luz a la vez, al final no vamos a ver dos círculos de luz sino que las lentes buscan distribuirlos de tal modo que se genere una única zona lumínica circular, suave y difuminada. Como ya os dije hace tiempo, los reflectores son mucho más bonitos, pero la ventaja de las lentes TIR es que permiten a los diseñadores controlar la distribución de la luz de una forma muy precisa.

Por la forma rectangular de la linterna vamos a ver que los bordes más exteriores del haz de luz no son redondos sino cuadrados y dan una cierta tonalidad amarilla; y aunque de primeras llame mucho la atención porque estamos acostumbrados a linternas cilíndricas que generan un haz redondo, es lógico que la proyección tenga forma cuadrada en este caso. Sea como sea, la zona más intensa, como os decía antes, sí que forma un círculo completamente blanco.

Una última cosa a reseñar es que la linterna tiene dos modos de funcionamiento: el modo Daily y el modo Demo. Por defecto la linterna viene configurada en este último, que consiste en que se apagará pasados 30 segundos para evitar que nos la podamos dejar encendida. Como no le veo mucho sentido a este modo, nada más estrenarla la cambié al Daily, cosa que se realiza pulsando ambos botones con la linterna apagada, la cual parpadeará para confirmar su activación. Haciendo otra vez la operación volveremos al modo Demo.

Las sensaciones

La idea de hacerme con la TIP2 fue en parte, como os decía hace unos párrafos, porque quería seguir la senda de las baterías internas recargables y en parte porque su forma me recordaba a la mítica Cegasa azul y blanca con la que leía tebeos metido en mi cama cuando era pequeño. Su perfil cuadrado me parece muy original y además tener un modo moonlight que dura más de dos días, el sistema de enlace magnético con el llavero y la posibilidad de alumbrar (aunque sea durante poco tiempo) a 720 lumens me parecía una combinación muy interesante.

Cuando sacas la linterna de su caja lo primero que te llama la atención es su pequeño tamaño y a continuación su extrema robustez. En serio, es como un bloque metálico macizo que da la impresión de que le podría pasar un autobús por encima sin que le pasara absolutamente nada. No estoy por la labor de hacer pruebas de ese tipo, pero desde el minuto uno tengo claro que esta linterna puede vivir en el bolsillo de unos vaqueros apretados sin miedo a que cruja, se deforme o se estropee. El tiempo me dirá si tengo razón o no.

La parte frontal contribuye a esa comparación que os hacía con una pila de 9 voltios, ya que al tener dos LEDs estos parecen ser los polos de la mencionada pila. En realidad la TIP2 es ligeramente más larga y algo más estrecha que una de esas pilas, pero desde que la tuve en la mano esa fue mi sensación y en volumen total sí que ambos elementos andarán más o menos a la par.

Lo que se puede convertir en una odisea (sobre todo la primera vez) es quitar la tapa trasera, ya que entre la fuerza de los imanes y que de fábrica parece que la pintura se ha terminado de secar con la tapa ya puesta vais a tener que hacer mucho esfuerzo para poder quitarla. Una vez retirada y pasando la uña por la zona de unión entre linterna y tapa para dejarla limpia de impurezas la fuerza a realizar en sucesivas ocasiones ya es más normal y acorde a lo estipulado por la marca, pero la primera vez no se olvida.

Tras la tapa tenemos dos potentes imanes de neodimio y entre ellos un puerto microUSB sin otro fin que el de recargar su batería interna. Por cierto, en las instrucciones pone que antes del primer uso carguemos completamente la batería, de modo que buscaos un cable de ese tipo y dejadla conectada hasta que la luz azul que parpadea se quede fija; cosa que en esta primera ocasión no debería llevar más de media hora porque, al menos la mía, venía bastante cargada de fábrica.

Una pulsación larga sobre el botón de encendido encenderá los LED en el modo de 200 lumens, ya que por defecto la linterna viene así de fábrica. Con pulsaciones breves sobre el boton de cambio de modo (el de las tres rayitas) iremos cambiando cíclicamente entre Bajo – Medio – Alto y la linterna siempre recordará el modo en el que nos hemos quedado para encenderse de nuevo la próxima vez por mucho tiempo que haya pasado. Ah, no hay ningún modo de bloquear la linterna; lo más parecido es activar el modo Demo y de esa forma si se os enciende en el bolsillo a los 30 segundos se apagará por si sola.

Al modo Turbo se accede manteniendo pulsado el botón de cambio de modo, volviendo al estado anterior cuando levantemos el dedo. El arreón de luz que suelta es visible incluso en pleno día, ya que son 720 lumens y en una cosa tan pequeña impresiona. Como os digo, a mí me recuerda al flash externo de una cámara réflex cuando se dispara, ya que se trata de una luz muy blanca y además con una gran capacidad de relleno. Dentro de casa es a todas luces (nunca mejor dicho) excesivo, pero en campo abierto viene muy bien si queremos ver desde lejos si el sendero que estamos siguiendo se abre paso hacia un claro o se desvía hacia un espeso bosque lleno de lobos y plantas carnívoras.

La TIP2 en la mano es agradable de llevar. Su tacto inicialmente es bastante frío, pero si la empleamos en el modo Turbo enseguida veremos que tiende a calentarse. Esto no es ningún defecto, y de hecho está estudiado para que así sea, ya que ese calor que sentís es el que se genera en el interior y que se disipa hacia la superficie mediante el chasis de aluminio. Si no fuera así, la electrónica interna se llevaría un buen calentón y no digamos ya la batería, elemento siempre muy sensible a ese tipo de excesos.

En cuanto a los elementos de sujeción creo que el clip no está a la altura de la linterna. Se trata de un modelo de plástico que se acopla a los laterales de la TIP2 muy en la línea del que incluía la TIP original; y aunque la solución para ponerlo y quitarlo es rápida e ingeniosa, me da una sensación de fragilidad (tanto porque se pueda partir como porque creo que se puede soltar de la linterna) que no seré yo el que lo use. Sé que de clips de este tipo hechos de metal (como el que lleva la Olight S1 Baton) me puedo fiar totalmente, pero como os digo, he hecho la prueba de colgar la linterna del cinturón con el mencionado clip y mi impresión es que si le doy un golpe con algo al caminar la linterna va a salir volando.

De la anilla mosquetón no puedo decir nada malo salvo que es de un estilo que a mí particularmente no me hace mucho tilín. Si me da por usarlo (que no creo porque veo a este modelo más en el bolsillo de las monedas o en un apartado de una mochila) emplearé el de la Lumintop EDC01, ya que es mucho más robusto y estético.

En cuanto a modos, considero que el escalonamiento de las intensidades de iluminación es correcto; aunque echo en falta un modo Baliza para señalizar mi posición si me quedo a oscuras en una zona de tránsito de vehículos. Y hablando de modos, no quiero pasar por alto que me gusta especialmente el funcionamiento de los dos botones de control de la linterna, ya que además de ser sólidos tienen un tacto al presionarlos perfectamente definido y preciso.

Conclusión

Me gusta mucho la TIP2, pero no tanto como para que se convierta en mi linterna favorita. Dentro de casa no necesito tanta luz bajo ninguna circunstancia, aunque en campo abierto sí que le veo ventajas como disponer de una autonomía elevada, una calidad de construcción a toda prueba, la posibilidad de llevarla colgada siempre a mano y el hecho de saber que puedo pegar un buen fogonazo de luz si me hace falta.

Quiero decir con esto que dentro de la serie T el modelo más interesante a día de hoy me sigue pareciendo (por el uso que yo le doy a este tipo de linternas) la Tiki por su minúsculo peso y tamaño y también por sus múltiples funciones; pero aún así la TIP2 representa un buen compromiso entre potencia lumínica y dimensiones además de un diseño original dentro de una marca que ya de por si es valiente en ese sentido.

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Review: Lumintop EDC01

Llevaba tiempo con ganas de probar alguna linterna de Lumintop, ya que se trata de una marca que en los foros especializados sale a relucir cuando se habla de buenos fabricantes de este tipo de dispositivos. De primeras no es que sea yo muy fan de las formas que, en general, sus diseñadores le suelen dar a esta firma de linternas, pero se me puso a tiro una EDC01 y pensé que sería una buena oportunidad para comprobar por mí mismo qué puede ofrecernos.

Este modelo viene presentado en una pequeña caja de color blanco que incluye, además de la linterna, dos juntas tóricas de recambio, un pequeño mosquetón y un difusor traslúcido de goma blanda que se acopla al frontal y permite usarla como luz ambiental. Es un detalle en un aparato que cuesta apenas 15 euros porque el resto de las marcas no suelen incluirlo. Lo que no trae la caja es una simple pila AAA, de modo que os tocará comprar si no tenéis una en casa. Pista: si tienes muchas ganas de probarla, el mando de la TV suele llevar ese tipo de pilas…

El cuerpo

En apariencia la Lumintop EDC01 no es muy diferente a la mayoría de linternas de cabeza roscada que funcionan con una pila AAA: cuerpo de aluminio 6061 anodizado en negro, knurling romboidal en la cabeza, el logo de la marca grabado en color blanco, lente TIR con difusor frontal, certificación IP68 (con resistencia a inmersiones a 2 metros y caídas de 1,5 metros), enganche para anilla en la parte posterior y posibilidad de hacer tailstanding. Lo que sí es diferente aquí es el relieve del cuerpo principal, ya que hace una especie de “olas” (o algo parecido a los anillos de un gusano) con idea de mejorar el agarre y maximizar la superficie de contacto con el aire para así disipar mejor el calor.

Sus dimensiones son de 66 x 14,5 mm y tiene un peso de 12 gramos (sin contar la pila AAA). De tamaño anda en la media del sector, pero he de reconocer que el peso está muy contenido ya que las linternas de estas medidas y material suelen rondar entre los 15 y 20 gramos. La sensación de ligereza en la mano es muy acusada, pero al mismo tiempo la de robustez, lo cual es un punto a favor de esta EDC01.

Una cosa curiosa es que el frontal de la linterna posee una junta interior de color verde que además de servir para garantizar la estanqueidad de esa zona, también es fotoluminiscente; de modo que por la noche nos va a ser más fácil localizarla en plena oscuridad. No lo comenté antes, pero el difusor de luz ambiental también lleva pigmentos del mismo tipo y cuando apaguemos la linterna veremos cómo brilla en color verde si estamos en penumbra. Eso sí, el tiempo de duración del brillo de ambos elementos es más bien escaso.

La luz

El LED que incorpora la EDC01 es un Creed XP-G3 (R5), un clásico de las linternas de este tipo y que emite una luz muy blanca, cosa que a mí me gusta bastante en estas linternas de pequeño tamaño en las que solemos buscar claridad por encima de fidelidad cromática. Sobre él tenemos una lente TIR cuyo frontal además difumina la luz gracias a un original patrón de hexágonos, por lo que esta es suave y no se concentra especialmente en ninguna zona del haz.

En cuanto a los modos de funcionamiento, tenemos 3 disponibles. El primero de ello con 5 lumens es bastante brillante en comparación con los modos moonlight de casi todas las linternas de este tipo que poseo, ya que estos suelen llegar como mucho a 1 lumen, así que en ese sentido mal por Lumintool porque valoro tener un primer modo lo más bajo posible por si me levanto de la cama a horas intempestivas y no quiero despertar a nadie en casa. Usando ese modo disponemos de 36 horas de luz.

Los otros dos modos disponen de 32 y 120 lumens con unas autonomías oficiales de 4 horas y 30 minutos respectivamente, valores habituales dentro de este tipo de linternas que se alimentan con una minúscula pila AAA. De hecho la Olight i3E-Cu EOS dando esos mismos 120 lumens tiene una autonomía de 35 minutos por lo que, como os decía, andamos en la media.

Para cambiar entre los tres modos de funcionamiento, como es norma este tipo de modelos que no cuentan con ningún botón, debemos girar la cabeza de la linterna con rapidez. Ahora bien, la secuencia de modos es un poco rara, ya que comienza en el modo Medio para pasar luego al Alto, volver de nuevo al Medio y a continuación al Bajo; haciendo ya ese ciclo (Alto – Medio – Bajo) hasta que mantengamos la linterna apagada durante un par de segundos, momento en el que volveremos al punto inicial.

En este caso no pondré el grito en el cielo como con la Olight i3S EOS porque el modo más bajo son 5 lumens no siendo un modo moonlight de un lumen o inferior; pero aun así que haya que pasar por los modos Medio – Alto – Medio antes de llegar al nivel Bajo me parece un error porque si nuestra intención era pasar desapercibidos, con la linterna hemos conseguido montar un espectáculo de luces digno de Chimo Bayo.

Las sensaciones

Lo primero que llama la atención de la EDC01 cuando la sostienes en la mano es el original relieve de su cuerpo. Esos seis anillos intermedios que hay entre la cabeza y la parte trasera de la linterna sólo los he visto en algunos de los modelos de esta marca otorgándole así una identidad propia.

Desde mi punto de vista, no es un relieve técnico destinado a que la linterna se agarre mejor, ya que para eso es más adecuado un knurling pronunciado como el que tiene en la cabeza. Como os decía en los compases iniciales de este artículo creo que su finalidad es más la originalidad y la diferenciación que el rendimiento puro y duro. Del mismo modo, esas formas onduladas no van a ser un factor determinante para mejorar la disipación de calor, ya que no se trata de modelos que, en general, se calienten demasiado debido a la escasa entrega de potencia de la pila que usan para funcionar.

Lo que sí está por encima de la media es el nivel de acabados de la linterna y su robustez general, ya que no apreciaremos defecto alguno incluso a niveles casi microscópicos como demuestran algunas de las fotos que ilustran este artículo. No hay aristas afiladas, los bordes están micrométricamente perfilados, la rosca gira con una suavidad asombrosa, si la echamos a rodar veremos que es un cilindro perfecto… En ese sentido la EDC01 se gana la fama que atesora la marca y lo considero el punto fuerte de este modelo.

Por último, no quiero dejar de destacar el hipnótico diseño de la lente TIR y de la colorida placa electrónica que controla el funcionamiento de la linterna porque creo que son detalles muy cuidados y que demuestran que el departamento de diseño de Lumintop tiene mucha fuerza dentro de la empresa.

Conclusión

Si bien no me disgusta, sé que la Lumintop EDC01 nunca será una de mis linternas favoritas. Su calidad de acabados es muy buena, su relieve es original, la luz que entrega es adecuada, no es en absoluto fea… pero al igual que me ocurre con la i3S antes mencionada, se trata de un modelo que me deja un poco frío.

Su único defecto es lo comentado sobre el orden de los modos; y aunque tengo que reconocer que el resto de cualidades son más que notables, por alguna razón este modelo no me apasiona a nivel global como otros de los que ya os he hablado por aquí alguna vez; y es que lo que a mí lo que me gusta es sostener una linterna en la mano y que mi único pensamiento sea “me encanta”.

La EDC01 no me parece una mala linterna y ni mucho menos me arrepiento de haberla comprado; pero tengo claro que simplemente será un modelo más en mi colección de linternas. Al fin y al cabo estas reviews van, sobre todo, de las sensaciones que me transmiten.

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Review: Fenix E01

La primera linterna LED que me compré (antes de que llegaran por este orden la Fenix E05 2014, la Olight i3S EOS y la S1 Baton) fue una sencilla Fenix E01 en color gris de la que guardo muy buenos recuerdos y que me acompañó a todas partes durante una buena temporada. Esa linterna en concreto actualmente está en casa de mis padres, pero tengo por aquí una en color dorado que usaré para hacerle unas fotos y hablaros de ella hasta que me pueda traer el grueso de mi colección cuando podamos volver a circular por la calle libremente.

La E01 es la sencillez en estado puro y todo un clásico del mundo linternil. Aparecida en el 2009 como uno de los primeros modelos LED para las masas, sólo tiene un modo de funcionamiento, el reflector es simple como él sólo, sus formas son muy básicas… Pero eso hace también que sea extremadamente fiable y que su autonomía sea muy elevada; factores que compensan su sencillez y que me recuerda en parte a la Olight i3E EOS pero con menos lumens.

El cuerpo

Como podéis apreciar en la imagen que hay un poco más arriba, el cuerpo de la E01 está fabricado en aluminio anodizado y en su práctica totalidad tenemos un knurling con el típico acabado romboidal. Su relieve no es demasiado agresivo pero ayuda a sostener la pequeña linterna con más seguridad.

En la parte trasera tenemos una superficie trilobular y en una de sus patas contamos con un agujero para pasar una anilla o correa y así sujetarla a cualquier parte. Por su diseño también es capaz de sostenerse de pie en cualquier superficie plana por si necesitamos iluminar (tenuemente, eso sí) una estancia.

La cabeza es de pequeño tamaño (tal vez la más pequeña de todas las que he usado) y su rosca va protegida con una junta tórica de modo que podemos pegarle un remojón poco profundo sin que le pase nada. En cuanto a dimensiones la E01 mide 71 mm de largo por 14 mm de diámetro con un peso de 14 gramos, lo que representa un tamaño algo mayor que la media de las actuales linternas alimentadas con una pila AAA; pero es que estamos hablando de un modelo que tiene ya más de diez años y desde entonces todo ha evolucionado.

La luz

Lo más llamativo de esta linterna es que cuenta con un LED de 5 mm marca Nichia colocado directamente en el centro de su reflector de aluminio liso bien sellados entre ambos para que no pueda entrar agua ni polvo al interior. No hay lente frontal de protección ni nada que impida que podamos tocarlo; pero es que en realidad es un LED encapsulado como los que se usan en las prácticas de electrónica, sólo que capaz de emitir 10 lumens durante 21 horas con una simple pila AAA (en realidad luce durante unas 12 horas a 10 lumens y luego baja de intensidad durante casi otras diez hasta que se apaga).

Cierto es que por su tipo de LED y lo rectilíneo de su reflector el haz de luz va a estar bastante concentrado, pero al no emitir una cantidad de lumens demasiado elevada este efecto queda en parte compensado. Es la típica linterna que viene bien tener a mano para ver en el garaje si no hay luz, levantarte por la noche y no darte con la mesa baja del salón, atinar con la llave en la oscuridad del descansillo… Ya sabéis lo fan que soy de los modos poco potentes para no andar molestando al personal. La potencia bruta viene muy bien, pero sólo cuando la ocasión lo requiera; porque casi siempre con unos pocos lumens llega para ver de sobra lo que estamos haciendo.

Las sensaciones

Aunque no fue mi primera linterna LED (todo comenzó con un modelo sin marca que me regalaron como os comenté en el artículo inicial de esta serie) sí que recuerdo que con la Fenix E01 me di cuenta de lo útil que es tener una luz siempre a mano ya sea en el fondo de la mochila, en el bolsillo o colgada del llavero. Por sus dimensiones y peso no me molestaba nada en absoluto y lo único que no me acababa de convencer era que el reflector se llenaba de polvo y pelusas al ir siempre en mi bolsillo y no llevar ningún tipo de lente en el frontal.

Recuerdo también hacer pruebas de autonomía y alucinar viendo que la linterna podía permanecer encendida durante todo un día con una minúscula pila AAA. Dado que en ese momento casi todas las linternas que habían pasado por mis manos habían sido de bombilla incandescente y que, dando mucha menos luz, en apenas una hora ya se merendaban las pilas, aquello era casi de ciencia-ficción.

Tanto me gustó aquella sensación de poder ver en la oscuridad en todo momento que empecé a informarme y a buscar modelos que por uno u otro motivo me apetecía tener. Poco después de la E01 vino la E05 en tres colores diferentes, a continuación un par de modelos de Olight, luego comencé a buscar alguna fabricada en titanio, otras que incorporaran baterías internas recargables… Y así hasta hoy, que tengo una lista de modelos que me gustaría conseguir que crece casi cada día.

Como os decía, la Fenix E01 es el germen con el que comenzó esta pequeña aventura lumínica que me apasiona y que trato de compartir con vosotros a través de mis fotos y mis experiencias. Espero que al menos el viaje os esté resultando entretenido, que con los tiempos que corren ya es bastante.

¡Nos leemos!

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Página oficinal de la Fenix E01

Review: Olight i3E-Cu EOS

Tengo que admitir que, de primeras, las linternas de cobre no me decían absolutamente nada y de hecho incluso me parecían feas. A elementos como el titanio siempre les he hecho ojitos y prueba de ello es que tengo dos linternas de ese duro metal entre mi colección; pero cuando veía en foros o en webs especializadas algún modelo fabricado en cobre pasaba de largo como si nada. Sin embargo, a raíz de aquel artículo que escribí sobre el envejecimiento de las linternas me di cuenta de que podría tener cierto encanto hacerme con algún ejemplar fabricado en cobre y observar cómo día a día su aspecto externo va cambiando.

Como veis, la linterna elegida para esto fue la Olight i3E-Cu EOS por el sencillo motivo de que es un modelo que me gusta mucho, es de las pocas fabricadas en cobre que se pueden encontrar con facilidad en el mercado y porque la otra que podía conseguir (una Nitecore Tini Cu) nunca me ha gustado por la extraña forma que tiene y, ya que estamos, prefería realizar la experiencia con un modelo de mi agrado. Por cierto, el precio oficial de la Olight que aparece aquí es de 25 euros frente a los escasos 10 euros de la versión en aluminio, así que el sobrecoste es notable. Espero que haya merecido la pena.

La idea de esta entrada es hacer una review de la linterna con fotos de cuando fue abierta y mis impresiones para posteriormente ir añadiendo al final más fotografías que vayan dando cuenta de cómo evoluciona su aspecto a lo largo del tiempo. No me impongo fechas, plazos ni límites; simplemente publicaré fotos nuevas cuando vea algún cambio y hasta que me canse.

En principio (con el tiempo ya veremos) no va a ser una linterna que vaya a llevar en mi llavero todos los días porque para eso ya está la Nitecore Tiki; pero sí que trataré de usarla con frecuencia y llevarla encima de vez en cuando para su envejecimiento sea algo real y no producto del simple efecto del oxígeno sobre su superficie porque en ese caso cambiaría de aspecto homogéneamente haciendo de esto un experimento de laboratorio.

El cuerpo

La linterna como tal es idéntica a la i3E EOS ya analizada en este blog hace tiempo, pero con la salvedad de que esta versión ha sido fabricada en cobre en lugar de aluminio anodizado y que se presenta en una funda típica de la marca en lugar del habitual blister del resto de modelos de la gama i3E. La electrónica interna es la misma, el perfil de la rosca es exactamente igual… Vamos, que el molde utilizado ha sido el mismo que para las i3E de aluminio, lo cual no es mala cosa.

Eso sí, al estar íntegramente fabricada en cobre esta i3E es algo más pesada que su equivalente en aluminio (21 gr contra 19 sin contar la correspondiente pila AAA) y una de las cosas que más me gusta de ella es que sus acabados son perfectos la mires por donde la mires al igual que sucede con sus hermanas de aluminio. He de reconocer que estrenarla es un gustazo, y espero ser capaz de transmitirlo en las fotografías que ilustran esta entrada porque debemos tener claro que ya nunca más volverá a tener ese aspecto.

Esto es así porque en el momento que cualquier elemento de cobre entra en contacto con el aire comienza a reaccionar formándose en su superficie una capa de óxido llamada pátina de tono oscuro (al principio con un cierto tono marrón verdoso y con el tiempo prácticamente negro) que es lo que le da el encanto a este tipo de linternas; ya que aunque de fábrica salen todas con el mismo aspecto, con el tiempo se convierten en piezas únicas en función del uso que le de su dueño.

Otro problema inherente al cobre es que mecánicamente es bastante blando. Más incluso que el aluminio que, como ya visteis en la entrada que os comentaba, envejece mal en presencia de llaves, monedas y otros elementos similares que lo puedan ir rozando y arañando. Por tanto, si se os cae una linterna de cobre sobre una superficie dura seguro que se os va a marcar, tenedlo en cuenta.

La luz

El LED que incorpora esta versión de la i3E EOS es el mismo del resto de la gama; sólo que en este caso va a ser capaz de emitir más lumens (120 contra los 90 habituales) en teoría debido a la mayor conductividad térmica que tiene este metal rojizo y que hace que sea capaz de disipar mejor la temperatura generada.

Lo curioso es que la versión en aluminio pulido también da estos mismos 120 lumens, lo que me lleva a pensar si los procesos de anodizado conllevan un empeoramiento de la capacidad de disipación de calor a través del cuerpo de la linterna o estamos ante un simple caso de marketing para dar un argumento de venta adicional a las ediciones especiales.

Eso sí, como es lógico el tiempo de autonomía va a ser algo menor que en los modelos de 90 lumens y sus 45 minutos, quedándose esta versión que hoy nos ocupa en unos 35 minutos si empleamos una pila alcalina AAA. Ojo, que si le metemos una bateria de litio 10440 con sus 3,7 voltios el LED tiene los segundos contados porque no está diseñado para soportar ese voltaje y cargárselo sería una pena porque es dificilmente reemplazable.

Por su parte, al igual que las i3E de aluminio, el LED lleva incorporada una lente TIR para controlar la dispersión de la luz, dando lugar a un haz bien repartido, suave y definido. No sé si lo he comentado alguna vez, pero aunque son muy eficientes lo peor de las lentes TIR es que son mucho menos estéticas que los bonitos reflectores que llevan algunas linternas (como el maravilloso de piel de naranja que incorpora la i3S EOS).

Las sensaciones

Sacar la linterna de la caja por primera vez y verla en su bolsa hermética transparente es una mezcla rara de sensaciones. Por un lado estás deseando abrirla y tenerla en tus manos para apreciar el tacto del cobre, recrearte en sus detalles, observar la perfección de su acabado… pero sin los brillos del grueso celofán que la asfixia. Sin embargo, frente a esos pensamientos casi lujuriosos se opone la idea de que en cuanto abramos la bolsa protectora se acabará la eterna juventud del cobre y la linterna poco a poco se irá avejentando y perdiendo ese brillo inicial que podéis observar en las fotos de hoy.

Por supuesto, aunque de primeras se vea preciosa, yo no considero otra opción más que sacar la linterna de su bolsa y poder así apreciarla en condiciones disfrutando de todos sus detalles aunque su superficie se vaya haciendo cada vez más mate. Sinceramente, no le veo el sentido a dejarla dentro de un celofán transparente como si fuera uno de esos chorizos picantes que venden a granel en el supermercado.

Me gustaría aprovechar para comentar la primera idea que se me vino a la cabeza cuando la tuve en mis manos y, por primera vez, observaba con mis propios ojos una linterna de cobre: “Ese color no se consigue con ningún anodizado”. Y es que es así: hay anodizados amarillo-anaranjados que parecen tratar de buscar el aspecto de una linterna de cobre, pero realmente no hay forma de imitar el brillo inicial que tiene este material cuando ha salido de la fábrica herméticamente sellado y la atmósfera todavía no se ha puesto en contacto con él. En serio, la i3E-Cu es realmente bonita de contemplar cuando es nueva. A partir de ahora iremos viendo lo que van haciendo sobre ella el tiempo y el oxígeno.

Añadiré que el tacto del cobre en los dedos me parece diferente al del aluminio o al del titanio: se trata de un tacto más suave, más blando más cálido… Un tacto que también da la sensación de que si apretaras fuerte con la uña podrías dejar una marca en el metal (aunque en realidad no es así). No sé, como os digo se nota que es algo distinto al de los materiales más habituales y eso le da un punto de exotismo. Por otro lado, también se nota la mayor conductividad térmica del cobre porque cuando utilizamos la linterna esta se calienta y se enfría con mayor rapidez que los modelos fabricados en aluminio.

A nivel técnico no puedo pasar por alto que las finas roscas de perfil cuadrado tienen un tacto exquisito al girar la cabeza y si le echáis un vistazo al interior de la cabeza podréis ver la minúscula placa electrónica que controla el LED que está por su otra cara así como el contacto metálico donde toca el polo positivo de la batería.

Precisamente viendo esta foto que tenéis aquí encima podemos comprobar que las linternas se prueban en fábrica antes de salir al mercado, ya que la imagen está tomada antes de ponerle ninguna pila (las fotos de la review inicial están hechas nada más sacar la linterna de su bolsa hermética) y podéis ver cómo el contacto central tiene un ligero roce; señal de que alguien, como os lógico, ha comprobado que la linterna enciende y apaga correctamente.

Volviendo a lo que decía hace unos párrafos, por supuesto que tienen el mismo derecho a comprarse una linterna de este material aquellos que las coleccionan para tenerlas siempre metidas en una vitrina y enseñárselas a las visitas; pero creo que el proceso de envejecimiento de un modelo de cobre en esas condiciones no va a ser tan natural como el de aquella que ha sufrido el sudor de las manos de su dueño, el roce contra telas de pantalones, bolsos y mochilas, encuentros con elementos más duros que él que hacen mella en su cuerpo, humedad ambiental al estar cerca de la costa… Como os comenté en el artículo sobre el desgaste de las linternas EDC, cuando una linterna tiene tantas cicatrices es porque su dueño y ella han compartido juntos muchas aventuras.

Algo curioso y particular de las linternas hechas de cobre es que desprenden un olor muy particular que, desde luego, no gusta a todo el mundo. No es sólo que la linterna huela; sino que enseguida vais a ver que ese olor se impregna en vuestros dedos y luego cuesta un poco sacárselo de encima. Es un olor parecido al del acero inoxidable; un aroma que para mí no es ni mucho menos desagradable, pero sé de gente que no puede soportarlo (siempre he dicho que las manías y los miedos son muy libres).

Por último, os voy a dejar con una imagen de las que a día de hoy son mis tres linternas favoritas: de izquierda a derecha la Nitecore Tiki, la Olight i3E-Cu EOS y la Thrunite Hi Ti. Dignos representantes de la practicidad, el exotismo y la belleza dentro del campo de las linternas de pequeño tamaño.

Conclusión

Como veréis, en esta ocasión no me he detenido mucho en datos técnicos, ya que al fin y al cabo esta versión en cobre es casi un calco de la i3E que ya analicé hace tiempo; de modo que os remito al artículo correspondiente si queréis más información.

La intención de esta entrada, como ya os comentaba en los párrafos iniciales, es ser un documento gráfico que vaya dando cuenta de la evolución de la linterna a medida que su aspecto externo vaya cambiando. Si os interesa el tema estad pendientes porque de vez en cuando iré añadiendo dos o tres fotos nuevas al final de la review.

Fotografías de la Olight i3E-Cu EOS

15-04-2020: Instantes después de sacar la linterna de la bolsa hermética que la mantiene en su estado original

20-04-2020: Apenas cinco días después de su estreno y habiéndola tenido en el bolsillo del pantalón sin más compañía la linterna ha perdido ya su brillo inicial y empieza a estar recubierta de un tono marrón oscuro con algunas zonas que viran levemente a violeta.

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23-04-2020: He limpiado la superficie externa de la linterna con un trapo de microfibra seco y ha quedado bastante brillante; contrastando con aquellos recovecos en los que el trapo no alcanza a limpiar y que tienen un tono más oscuro. Os dejo unas fotos de cómo ha quedado, porque al igual que en las anteriores se veía más “viejuna” con este acabado la linterna vuelve a lucir realmente bonita

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04-05-2020: Desde hace unos días he decidido llevar la linterna en el bolsillo del pantalón junto a llaves y monedas para ver qué tal lleva ese duro trato. De momento no hay grandes destrozos, pero su superficie se está plagando de pequeños arañazos y óxido de cobre como podéis apreciar en las siguientes imágenes.

09-05-2020: La linterna sigue con su proceso de desgaste/oxidación al convivir con otros elementos metálicos en el bolsillo de mi pantalón. Como curiosidad, ahora mismo ya casi no se ven las inscripciones en el cuerpo

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30-05-2020: La i3E sigue con su proceso de oxidación y si os fijáis, con respecto a las fotografías de hace tres semanas la linterna se ha oscurecido algo más y además cada vez aparecen más reflejos verde-azulados.200530_124325

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Review: Olight i3S EOS

La Olight i3S fue una de mis primeras adquisiciones linterniles, pero por uno u otro motivo todavía no había hablado de ella por aquí y me apetecía hacerlo ahora aunque sea un poco a posteriori.

Me costó decidirme porque recuerdo que costaba unos 30 € en una conocida tienda madrileña de linternas y accesorios de outdoor pero ya que me había dado el paseo hasta allí no quería volver con las manos vacías, así que finalmente me lancé y la verdad es que no me decepcionó; aunque con el tiempo me he ido dando cuenta de que tiene algunos fallos que otros modelos similares de otras marcas no presentan.

El cuerpo

La i3S está fabricada en aluminio anodizado y en mi caso elegí el color azul porque me parece, con diferencia, el más bonito de los que hay disponibles para este modelo. Las dimensiones del cuerpo son 69 mm de largo por 14 mm de diámetro, tiene un peso sin batería de 15 gramos y además viene en un elegante estuche habitual en algunos modelos de la marca.

Posee una anilla trasera por si la queremos enganchar a nuestro llavero, la parte posterior es plana por si se tercia dejarla de pie haciendo lo que se llama tailstanding, tiene un bonito reflector parabólico con relieve de piel de naranja así como un clip metálico para fijarla al bolsillo o a la visera de una gorra. Pequeños y elegantes detalles que van revelando el carácter de esta pequeña linterna.

La luz

El encargado de generar los fotones es un LED Cree XP-G2 que absorbe energía de una pila AAA y ofrece un tinte algo amarillento, contando esta linterna con tres modos de funcionamiento y uno adicional medio oculto. Me explico:

Cuando encendemos la linterna esta siempre lo hace en el modo intermedio (20 lumens, 8 horas). Si aflojamos la cabeza y la volvemos a apretar con rapidez cambiará al modo alto (80 lumens, 35 minutos) y si volvemos a repetir la operación pasaremos al modo bajo (0,5 lumens, 60 horas). Haciendo este ciclo dos veces completas, en el siguiente avance activaremos el modo estroboscópico no apto para epilépticos.

Aprovecho para comentar que me parece la secuencia más absurda de todas las posibles porque si implementas un modo moonlight de 0,5 lumens se supone que es para usarlo en plena oscuridad y para no molestar al resto de gente, y diseñando una secuencia medio – alto – bajo sólo conseguimos tres cosas:

  1. Que al encender la linterna siempre en modo medio habremos fracasado en nuestro intento de no molestar a la persona que está a nuestro lado en completa oscuridad.
  2. Que para ir al modo bajo tendremos que pasar antes por el modo alto, por lo que nuestro propósito en el paso anterior habrá fracasado más aun si cabe.
  3. Que si no habíamos desistido de nuestro intento y finalmente conseguimos llegar al modo más bajo posible no nos va a servir de nada porque a estas alturas de la película estaremos tan deslumbrados que el modo moonlight nos va a alumbrar lo mismo que una berenjena.

En fin, como os digo, cualquier otra secuencia de funcionamiento hubiera sido infinitamente mejor. Para mi gusto lo ideal sería bajo – medio – alto; pero si por lo que sea crees que el usuario va a tener preferencia por el modo de más lumens puedes implementar la secuencia bajo – alto – medio. Con cualquiera de esas dos secuencias el modo bajo tiene sentido, porque de otra manera es casi mejor ahorrárselo.

Lo bueno es que en ninguno de sus modos hay rastro alguno de PWM, lo que indica que el controlador del LED es de los que regulan de forma continua la corriente sin recurrir a los encendidos y apagados de alta frecuencia que al final, ante elementos en movimiento, siempre se aprecian y fatigan la vista cuando usamos la linterna durante mucho tiempo.

Las sensaciones

Dado que la i3S fue la primera linterna “noble” que tuve (poco después vino su prima S1 Baton) recuerdo que al principio me encantaba contemplar el esmero con el que su cuerpo está tallado, notándose que estamos ante una linterna fina y elegante: el relieve para mejorar el agarre son unas tenues líneas que recorren la recorren longitudinalmente, las aristas están completamente suavizadas, la cabeza gira con una suavidad pasmosa, la lente es muy finita… La S1 Baton sin embargo es más guerrera y tiene una construcción más sólida, dando la impresión de que podemos usarla para cascar nueces con ella.

No quiero decir que la i3S sea frágil al tacto, porque para nada lo es, pero sí que tiendes a sostenerla con la yema de los dedos con delicadeza mientras que otros modelos más angulosos parecen incitarnos a agarrarlos con toda la manaza. Yo la veo como una linterna para tener cerca en la mesilla de noche o en el escritorio más que para llevarla en el fondo de una mochila o en un bolsillo lleno de llaves y monedas.

Conclusión

Pese a la fascinación que me produjo cuando la vi por primera vez en persona he de reconocer que la i3S no despierta en mi hoy en día demasiadas sensaciones: no es de un material noble, no tiene la elegante sencillez de la i3E (ojo, que de esta volveremos a hablar en breve), tampoco tiene un tamaño diminuto que la haga ser casi inapreciable en el bolsillo, su potencia no es para tirar cohetes ni tampoco es que posea multitud de funciones.

Podemos decir que es una linterna que hay que tener por lo que supuso en la evolución de las linternas de pequeño tamaño; ya que cuando salió al mercado fue toda una revolución porque la gran mayoría de los modelos de la época en tamaño AAA eran prácticamente clones unos de otros y su calidad, sobre todo a nivel de acabados, dejaba bastante que desear. Llegó la i3S y todo empezó a cambiar; siendo ese su verdadero mérito más allá de prestaciones y el motivo por el que muchos le tenemos un especial cariño.

Más información

Review: Nitecore TIKI

A estas alturas muchos sabréis de mi debilidad por los diseños miniaturizados en general y los de las linternas en particular. De hecho tengo algún modelo tan diminuto que se puede colocar en el llavero sin apenas notarlo; de modo que la aparición de la Nitecore TIKI supuso una agradable sorpresa para mí por aunar lo mejor de dos mundos y además añadir alguna funcionalidad extra que también considero bastante interesante.

El envoltorio de este modelo es sumamente sencillo: apenas un trozo de cartón amarillo y negro con un plástico transparente insertado en su parte central que nos deja ver tanto la propia linterna como la anilla de llavero que trae por si se la queremos acoplar en la zona trasera. En el empaquetado aparecen también unas resumidísimas instrucciones y si queremos profundizar más nos remiten directamente a la web del fabricante mediante un código QR.

Por cierto, me resulta curioso que en el propio envoltorio nos animen a probar la linterna, y por si la gente se pasa de la raya y la dejan seca el diseño del paquete permite abrir por la parte trasera la tapa de goma del puerto microUSB y recargarla de nuevo. No me parece nada bien porque lo mismo te llevas a casa una linterna con varios ciclos de carga y descarga sin saberlo; pero se ve que la idea es que los clientes la puedan probar en la tienda y al ver cómo brilla no sean capaces de resistirse a comprarla. Algo a lo que su precio de entre 15 y 25 euros también ayuda, desde luego.

A grandes rasgos, lo que la TIKI nos ofrece es lo siguiente:

  • Luz principal en cuatro intensidades diferentes mediante un LED frontal Osram P8 y lente TIR con los siguientes modos de funcionamiento y tiempos de autonomía:
    • Ultralow: 1 lumen, 40 horas
    • Low: 15 lumens, 4 horas
    • Medium: 60 lumens, 60 minutos
    • High: 300 lumens, 30 minutos
  • Luz ambiental (22 lumens, 90 minutos) y destellos (22 lumens, 20 horas, 1 Hz aprox) mediante un LED lateral con CRI 90 y temperatura de color de 4500K
  • Luz ultravioleta mediante un segundo LED lateral (365 nm, 500 mW, 45 minutos)
  • Batería interna de iones de litio 130 mW recargable por puerto microUSB. Tiempo de recarga completo de 80 minutos aprox.
  • Cuerpo en policarbonato resistente al agua y al polvo con certificación IP-66 y a impactos desde 1 metro
  • Cabezal en acero inoxidable para mejor disipación de calor y dar estabilidad en modo iluminación ambiental
  • Posibilidad de funcionamiento continuo mediante conexión a powerbank, adaptador USB o similar
  • Dimensiones de 55 x 14,7 mm y un peso de 12 gramos

El cuerpo

Como os decía antes, el cuerpo de la linterna es una mezcla de acero inoxidable en el cabezal y policarbonato semitransparente de textura ligeramente rugosa en el resto; lo que hace que podamos atisbar en su interior la placa de circuito impreso que la controla y la batería que lleva implementada al dorso de esta. Como fan que soy de los productos transparentes me parece una decisión muy acertada tanto en los estético como en lo funcional.

Y es que, además de que a mi parecer la TIKI tiene un aspecto moderno, su estudiado diseño tiene dos ventajas evidentes: el cuerpo semitransparente hace de difusor para los LED secundarios situados en el lateral y el mayor peso del cabezal metálico (deliciosamente bien torneado, por cierto) permite que la linterna se pueda mantener erguida y estable para poder ser utilizada como luz ambiental en una tienda de campaña o similar. Lo que no tiene esta linterna es ningún tipo de clip, de modo que no podremos engancharla con facilidad a una gorra para poder alumbrar algo manteniendo las manos libres salvo que la sujetemos con los dientes.

El peso es absolutamente irrisorio. No llega al extremo de la Tube con sus 10 gramos, pero son apenas 2 gramos más a cambio de unas prestaciones muy superiores; de modo que si al hueco de la parte trasera (que Nitecore asegura que soporta una tracción de hasta 30 Kg) le acoplamos un cordel, anilla o similar podamos colgarla de la cremallera de una mochila o incluirla en nuestro llavero sin que moleste para nada. Parece mentira que algo tan ligero y diminuto sea capaz de emitir 300 lumens durante media hora. En serio, es una pasada.

Por su parte, la interfaz con el usuario consiste en un sólo botón de pulsación firme y definida; solución cada vez más habitual frente a los típicos dos botones (encendido/apagado y cambio de modo) que hasta hora solían llevar este tipo de linternas con batería integrada.

La cosa consiste en que con la linterna apagada haciendo doble click se encenderá en su modo Ultralow. A partir de ahí, pulsaciones breves en el botón irán cambiando entre los modos haciendo el ciclo Low –> Medium –> High –> Ultralow –> Low –> Medium… Con la linterna encendida en cualquiera de sus modos una pulsación larga la apagará. Da igual el modo en el que apaguemos la linterna porque el ciclo siempre empezará en el Ultralow.

Si dejamos la TIKI fija en el modo High veremos que más o menos al cabo de un minuto la linterna baja automáticamente al modo Medium para no castigar la batería en exceso, lo cual prolongará la vida útil de la misma. De cualquier modo nada nos impide volver a cambiar al modo High cuantas veces nos haga falta, si bien notaremos que el cabezal empieza a calentarse si abusamos de dicho modo.

También podemos acceder directamente al modo High si mantenemos pulsado el botón, apagándose la linterna en cuanto lo soltemos (útil para alumbrar rápida y contundentemente un objeto).

Junto al mencionado botón, en el interior del cuerpo, podremos encontrar un pequeño LED azul que se ilumina durante la carga de la batería y se apagará al finalizar la misma. Por cierto, no hay forma de saber cómo está el nivel de carga en ningún momento y, de hecho, en las instrucciones pone que si la linterna se apaga o parpadea es que hay que recargar la batería; así de simple. Hubiera estado muy bien que cuando la batería estuviera en las últimas el LED azul de carga parpadeara alguna vez mientras estamos usando la linterna o algo así.

En cuanto a los modos auxiliares, la forma de acceder a ellos es hacer triple click con la linterna apagada y eso encenderá la luz ultravioleta. Luego a base de clicks breves recorreremos un ciclo consistente en Lectura –> Destellos –> Ultravioleta –> Lectura –> Destellos… Hasta que decidamos apagar la linterna con un click largo. Al igual que antes, el ciclo siempre comenzará en el modo Ultravioleta aunque la hayamos apagado en cualquiera de los otros dos.

Creo que ya os he comentado alguna vez lo mucho que me fascina ver cómo los diseñadores se exprimen el coco para sacar la máxima funcionalidad a un simple botón y éste es un buen ejemplo de ello. Sí, a lo mejor al principio te parece un lío, pero no hacen falta más de cinco minutos de práctica para acabar acostumbrándote a ello.

Comentar también que tenemos la posibilidad de emplear la linterna al tiempo que la cargamos, si bien os recomiendo que sólo hagáis uso de esta función en caso de necesidad y en el modo más bajo posible, ya que entre la carga y el uso la batería se podría recalentar bastante y eso siempre es malo de cara a su vida útil (puesto que va integrada no hay posibilidad de cambiarla; si se estropea la batería, la linterna quedará como un bonito adorno).

Por último, una cosa importante es que la linterna tiene especificación IP66, lo que quiere decir que no le va a entrar polvo al interior de ninguna manera pero en cuanto al agua la TIKI sólo soporta chorros fuertes de agua sin ser para nada sumergible. De hecho, si veis el ajuste de la tapa del puerto microUSB o la forma en la que está implementado el botón de la linterna no se os ocurriría sumergirla en agua porque estoy seguro que algo de humedad le entraría por cualquiera de esos dos puntos. Tenedlo en cuenta si queréis que la linterna os dure mucho tiempo.

La luz

La cantidad de luz que es capar de emitir esta minúscula linterna es digna de admiración; y es que nos encontramos ante otro sector más en el que las nuevas tecnologías son capaces de extraer cada vez mayor rendimiento. Se nota que las recientes hornadas de LEDs generan más lumens por vatio y eso se traduce en autonomías cada vez mayores y prestaciones de pico que antes sólo estaban al alcance de linternas mucho más grandes y costosas.

Ahora bien, he de decir una cosa que no me ha gustado tanto, y es que la TIKI tiene un acusado PWM en sus tres modos principales de menor potencia. Su frecuencia es de aproximadamente 650 Hz y si movéis la linterna delante de vuestros ojos lo vais a apreciar claramente. Por descontado, en el modo de 300 lumens y en los LED auxiliares no hay rastro de PWM (si no sabéis de qué va esto que estoy diciendo podéis echar un vistazo a este artículo). Sé que es algo muy habitual en linternas de pequeño tamaño, pero eso no quita que pueda llegar a ser molesto bajo ciertas circunstancias.

El tinte de la luz principal es un blanco ligeramente amarillento, pero no tanto como el de la iluminación ambiental del LED auxiliar correspondiente. Algo comprensible si tenemos en cuenta que la finalidad de este segundo emisor es dar una iluminación general con la que apreciar los colores de forma más natural; algo para lo cual hace falta un LED con un CRI mayor.

Me gusta mucho esta luz auxiliar que os digo. Creo que puede venir muy bien para esos casos en los que queremos iluminar una estancia pequeña o leer algo rápido a oscuras sin forzar la vista, por lo que la considero una adición de lo más práctica.

Por su parte, la funcionalidad del modo destellos de ese mismo LED auxiliar puede venirnos muy bien si por lo que sea tenemos que señalizar algo en plena oscuridad porque los flashazos (aproximadamente 1 por segundo) se ven desde bastante lejos. Pensad en que podéis colgarla de vuestra mochila si por lo que sea se os hace de noche y tenéis que caminar por el arcén de alguna carretera para que así los coches distingan desde la lejanía que hay algo allí.

Del mismo modo, el añadido de la luz ultravioleta a lo mejor de primeras no parece una cosa muy útil pero para mí, que soy un apasionado de aquello que, aunque invisible, podemos llegar a ver es un puntazo más que nada porque en mi mochila siempre llevo una Tube UV que ahora puedo dejar en casa. Os advierto que no es muy potente, pero para hacer brillar marcas ocultas en billetes o que resplandezcan ciertos tipos de minerales sirve.

Las sensaciones

He de reconocer que me encanta el simple hecho de sostener la TIKI entre mis dedos: sentir el frío del acero de su cabeza, el tacto levemente rugoso de su cuerpo, el hecho de que no tenga una sola arista afilada, observar los componentes internos… Es como un pequeño talismán que te ayuda a tener las manos entretenidas mientras andas con la cabeza ocupada en otra cosa o simplemente das un paseo sin rumbo. Podéis pensar en ella como una de esas worry stones muy típicas de filosofías zen y similares.

Como curiosidad os diré que si no colgáis nada de la anilla posterior del cuerpo, su centro de gravedad se encuentra a la altura del único botón que posee, y estoy seguro de que esto no es casualidad, ya que al hacerlo así vamos a tener la linterna equilibrada en nuestros dedos al agarrarla por donde sería más lógico hacerlo a efectos prácticos.

También me gusta comprobar cómo han tenido en cuenta que al poner la linterna en vertical para usarla como luz ambiental el mayor peso de la cabeza ayuda a mantenerla estable, y es que si esa zona estuviera hecha en polipropileno como el resto de la linterna esta se caería al más mínimo toque o vibración. Dos pequeños detalles que dan cuenta del esmero que han puesto en Nitecore a la hora de crear esta pequeña maravilla.

Una cosa más. Existe una versión de la TIKI con apellido LE que es igual salvo porque el cuerpo es más oscuro, el cabezal es de aluminio y sustituye los dos LED auxiliares por unos de color rojo y azul, lo que le permiten además de iluminar ambientalmente en cualquiera de esos dos tonos, emitir destellos alternativos entre ellos como si de un coche de policía estadounidense se tratara. Lo siento, pero para mí no hay comparación posible en cuanto a practicidad con respecto a la versión normal que hoy os muestro.

Conclusiones

Nada más saber de la existencia de la TIKI tuve claro que se iba a convertir en una de mis linternas favoritas. La Tube y la Wuben que ya he analizado en este blog me han acompañado durante meses y siempre me han sido de gran utilidad, demostrando que la mejor linterna es la que llevas siempre encima; pero el hecho de poder contar con hasta 300 lumens, un modo moonlight de 1 lumen, luz ultravioleta, luz ambiental difusa y baliza para emergencias me parece el combo definitivo hasta que salga al mercado algo de tamaño similar y capaz de dar todavía mayores prestaciones y rendimiento.

Mientras llega ese día será la TIKI la que me acompañe a todas partes, lo tengo clarísimo.

Más información

Review: Olight S1 Baton

Ya tenía alguna linterna de la marca Olight en formato AAA con la que estaba especialmente contento por la calidad de acabados, la blancura de su luz y su elegante aspecto; así que una mañana en la que me acerqué a una tienda especializada de Madrid no pude resistirme a hacerme con la S1 Baton que me miraba desde el otro lado del mostrador.

Con un tamaño delicioso, un acabado sobrio y elegante, unas prestaciones prometedoras para su más que contenidas dimensiones y un precio de unos 50 euros creo que puede ser una buena candidata a acompañarnos allá donde vayamos con la ventaja que supone llevar en el bolsillo una linterna versátil pero también potente si la ocasión lo requiere. Vamos a ir viendo si cumple todo lo que promete sobre el papel.

El cuerpo

El cuerpo de la S1 Baton está íntegramente fabricado en aluminio 6061-T6 anodizado en color negro, con un knurling menudo y marcado en las zonas de agarre, una tapa trasera roscada donde va alojada la batería de litio tipo CR123A (o 16340 en el mundillo de las recargables de litio) y detalles en color azul eléctrico tanto en su único botón como en el frontal de la linterna. En términos generales podemos decir que es de forma cilíndrica con unas dimensiones de 61 x 21 mm y un peso de 30 gramos sin batería.

En la parte central de cuerpo dispone de una zona rebajada en la que podemos encajar el clip para el bolsillo que viene con la linterna y, como cosa curiosa, la tapa trasera es magnética por la adición de un imán desmontable que va encajado tras el muelle que mantiene el contacto con el polo positivo de la batería. Esto último es muy útil si queremos mantener la linterna fija sobre una superficie metálica como por ejemplo el capó de nuestro coche mientras miramos algo en el motor.

Ah, y también tenemos un pequeño agujero en dicha tapa trasera por la que pasar la correa (hecha de un material sumamente suave) que viene en la caja de la linterna y que nos ayudará a que no se nos caiga de la mano sobre todo si vamos con guantes y/o hace mucho frío.

Por cierto, no quisiera pasar por alto que la batería en esta linterna va colocada de forma invertida con respecto a la mayoría de modelos: en este caso el polo negativo (la parte plana de la batería) es el que va pegado a la zona de la cabeza, cuando lo habitual es que ahí vaya el polo positivo. Conscientes de esto, los diseñadores de Olight han grabado el icono de una batería en el cuerpo señalando la forma correcta en la que esta ha de ir insertada.

La luz

La Olight S1 Baton dispone de 4 modos de iluminación que paso a explicaros brevemente:

  • Moonlight: 0,5 lumens y 25 días de autonomía. Se activa manteniendo el botón pulsado un par de segundos con la linterna apagada.
  • Low: 8 lumens y 40 horas de autonomía
  • Medium: 80 lumens y 6 horas de autonomía
  • High: 500 lumens durante 90 segundos y luego baja (por protección térmica) a 300 lumens y 90 minutos de autonomía
  • Estroboscópico: Enciende y apaga la luz a una frecuencia de 10 Hz y se activa haciendo triple click en el botón de mando con la linterna encendida (o 5 clicks con ella apagada)

La linterna cuenta también con dos temporizadores de apagado automático que se activan haciendo doble click con la linterna encendida: un primer doble click activa el temporizador de 3 minutos y un segundo doble click cambia a un temporizador de 9 minutos. La activación de estos temporizadores se confirma con uno o dos parpadeos de la luz en el momento que comienza la cuenta.

Como veis, aunque la linterna cuenta con sólo un botón, los ingenieros de Olight le han sacado bastante provecho y es que en función de la situación las pulsaciones breves, largas, dobles o triples activarán unas u otras funciones en la S1 Baton. Eso sí, hubiera venido muy bien disponer de algún tipo de indicador LED que nos indicara el estado de la batería, ya que no tenemos modo de saber este dato tan importante.

En cuanto a su tonalidad, la luz que emite el LED Cree XM-L2 es muy blanca, no se aprecia rastro de PWM en ninguno de sus modos y esta se distribuye en un haz de ancho moderado y definido debido a su lente tipo TIR en lugar de recurrir al típico reflector metálico parabólico.

Por resumirlo muy brevemente, una lente TIR es una estructura de plástico transparente que se acopla directamente sobre el LED y consigue encauzar la luz que emite de la forma que los diseñadores hayan querido implementar (un haz ancho para iluminar más superficie, más estrecho para llegar más lejos…) de una forma más controlada que con un reflector que siempre dispersa más la luz que se escapa por los laterales del LED.

Las sensaciones

La S1 en la mano se siente muy compacta pero a la vez poderosa. La única sensación de fragilidad me la da el botón de control, ya que su superficie es de un plástico flexible que no sé muy bien cómo llevará el paso del tiempo y el roce con otros objetos dentro de una mochila, en nuestro bolsillo… Hablando del botón, no hay forma de bloquear la linterna frente a encendidos accidentales por pulsaciones no intencionadas; si bien he de reconocer que hasta el momento nunca me ha ocurrido ya que para accionar el botón hay que pulsarlo con cierta firmeza.

Mi modo favorito es el moonlight, ya que nos permite levantarnos de la cama por la noche y ver perfectamente sin molestar a nadie. Sea como sea, en campo abierto los modos más potentes también vienen muy bien; pero para el uso que yo le suelo dar a este tipo de linternas el 90% de las veces con un lumen me es suficiente, ya que si por lo que sea voy por el campo y se me hace de noche con 60 lumens puedo ver perfectamente y sólo usaría el modo de 500 lumens para ver qué es eso con forma de oso que asoma tras unos matorrales lejanos. La potencia viene muy bien, pero en mi escala de valores la autonomía está en el primer puesto.

Sea como sea, me gustaría comentar algo que me ocurrió probando la linterna, y es que cuando usaba el modo High al cabo de un minuto o así la linterna se apagaba. En dicho modo debería de funcionar a 500 lumens durante 90 segundos y luego bajar automáticamente a 300 por protección térmica de la linterna. Sin embargo a mí, antes de cumplirse esos 90 segundos, la linterna directamente se me apagaba.

Pensaba que podía ser porque la pila recargable que usaba en ese momento con ella (una de la propia Olight que podéis ver una de las fotografías de este artículo y que compré junto a la linterna) no era capaz de dar la intensidad que este modo requiere y su circuito de protección cortaba directamente la corriente porque, de hecho, hasta que no desenroscaba la tapa trasera y la volvía a apretar la linterna no respondía a ninguna acción (los circuitos de protección de las baterías suelen resetearse cuando detectan circuito abierto entre sus polos).

Al final encontré por casa una batería recargable con mayor poder de descarga instantánea y con ella el modo High funcionó perfectamente. Aproximadamente a los 90 segundos comienza a bajar de potencia de forma progresiva hasta estabilizarse pasados unos instantes, que es lo que según las especificaciones de la S1 Baton debería hacer.

Mirando las especificaciones de ambas baterías, veo que la Olight que compré con la linterna tiene una tasa máxima de descarga de 1 C mientras que la otra aguanta descarga hasta a 3,5 C (además de la comodidad de poder recargarse a través de un cable microUSB). Por tanto, como ya suponía, el circuito de protección contra sobrecargas de la batería cortaba corriente cuando exigíamos más de lo que la batería era capaz de entregar y por eso se apagaba la linterna. Sobre estas cosas creo que escribiré un artículo específico porque puede resultar útil e interesante.

Pero bueno, volviendo a la linterna como tal, en cuanto a longitud la S1 Baton no es mucho mayor que las típicas linternas que funcionan mediante una pila AAA y que ya han aparecido alguna vez en esta serie de artículos; si bien el grosor es mayor tanto para poder albergar la electrónica de control (algo más compleja) como para así poder disipar mejor el calor generado en los modos más luminosos. Por cierto, en el modo High la linterna se calienta que da gusto, pasando de 22 a 40 ºC en aproximadamente un minuto.

A modo ilustrativo os dejo a continuación una fotografía de la S1 Baton junto a otra serie de linternas que funcionan mediante un pila AAA donde podéis apreciar que en lo que a longitud se refiere está a la par con la minúscula i3E EOS de la misma marca.

Conclusiones

En conclusión, estamos ante un modelo de tamaño reducido capaz de arrojar picos de hasta 500 lumens durante breves periodos de tiempo, pero que también puede sostener intensidades lumínicas menores durante muchas horas, que es casi lo que más valoro en una linterna que se supone va a “vivir” en nuestro bolsillo, mochila, guantera, etc y que debería estar lista para funcionar en cualquier momento. De poco me sirve alumbrar un monte entero si a la siguiente vez que la encienda empiezo a tener problemas porque la batería está ya en las últimas.

Sea como sea, con la batería adecuada la S1 da las prestaciones que promete (insisto, ojo con la batería que usáis en esta linterna) y eso hace que mi admiración por ella aumente. Ya os dije que rara vez uso el modo High, pero si lo tiene ha de estar disponible. Lo que ocurre es que el dato de descarga instantánea de las baterías no siempre es fácil de encontrar y si lo queremos conocer muchas veces nos tocará ir a la web del fabricante en busca de especificaciones técnicas.

Por cierto, no os he comentado que además de este acabado en aluminio negro, esta linterna salió en ediciones limitadas (999 unidades) fabricada en cobre y en titanio, por lo que esta que tengo yo no, pero las otras con el tiempo se cotizarán bastante.

A día de hoy la S1 Baton ya no se comercializa porque ha sido reemplazada por otros modelos superiores de la marca. Por tanto, es ya un clásico y el modelo iniciador de una saga que sigue apostando por tamaños contenidos y potencias de pico sorprendentes para su época. Si se os pone una a tiro en buen estado y a buen precio, os la recomiendo.

Aquellos maravillosos años de la infancia: 1989

Tenía pendiente la publicación de esta entrada desde hace tiempo (muuuucho tiempo) ya que es la que finaliza una miniserie que, a razón de una entrada por año, ha ido retratando mi infancia. En este caso nos remontamos a 1989, año en el que me regalaron mi primera cámara con la que precisamente fueron hechas estas fotografías en las que ya se vislumbran algunos rasgos que incluso pese al tiempo que ha pasado siguen siendo reconocibles.

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De hecho, a lo largo de los años he tenido ocasión de encontrarme con profesores que me dieron clase en aquella época y siempre me han reconocido sin ningún género de dudas. Nada más acercarme a ellos enseguida me he encontrado con un sonoro “¡Hombre, Luis, cuánto tiempo!” o “Yo te di clase a ti…” señal de que en el fondo mi aspecto no ha cambiado demasiado en las tres últimas décadas.

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Las dos fotografías que ilustran este artículo están hechas el mismo día en las inmediaciones del barrio de Venecia y el caso es que todavía recuerdo perfectamente a mi madre haciéndolas. La primera es en uno de los árboles de los márgenes del paseo del río a la altura del colegio Iplacea; árbol que sigue allí sólo que ahora bastante más grande. La segunda es en el parque que existe todavía hoy en el extremo sur del mencionado barrio pero en el que ya no están esos rústicos troncos de madera en los que cada vez que pasaba trataba de mostrar al mundo mis innatas cualidades para el funambulismo.

A partir de aquí empecé a ser yo el que casi siempre estaba detrás de la cámara, por lo que mis apariciones fueron mucho más esporádicas e incluso hay años en los que no aparezco ni en una miserable imagen. Por tanto, a partir de este año la mini-serie perdería su sentido y de ahí que haya decidido poner el punto final justo en el último año de la década de los ochenta.

Han sido ocho entradas en las que os he mostrado cómo fui creciendo y cambiando durante la primera década de mi existencia y con las que espero haberos hecho partícipes de lo que fui para así tener una perspectiva desde la que entender todo lo que vino después.

Review: drone Ryze Tello

Tenía ganas de hacerme con un Tello desde que se presentó, ya que buscaba algo sencillo de manejar y que me permitiera hacer algunas fotos aéreas sin muchas complicaciones. En su día (hará unos tres años) tuve un mini-drone que me costó menos de 50 euros pero era bastante inestable y al no disponer de visión directa a través de la cámara era muy complicado manejarlo en cuanto se alejaba un poco además de que las fotos eran poco definidas, desenfocadas y con una cierta dominante azul. Sin embargo, este modelo del que hoy os hablo guarda un buen compromiso entre calidad y precio aunque también tiene sus carencias y limitaciones como iremos viendo a lo largo de este artículo.

¿Qué nos ofrece el Tello?

El Tello básico (drone en color blanco, una batería, un juego de hélices de repuesto y la herramienta para desmontar las mismas) cuesta oficialmente 99€ pero de vez en cuando salen ofertas en Amazon en las que el precio es menor. Sin ir más lejos a mí me salió por 73,55€ cuando me hice con él. Luego hay packs con más accesorios como un mando bluetooth, baterías adicionales, carcasas de colores… pero si lo que queremos es “echar a volar” y ver si nos gusta el tema, la opción más simple puede ser un buen punto de partida.

El Ryze Tello es un drone con un peso aproximado de 86 gramos, una autonomía de unos 13 minutos, una envergadura de 15 cm de lado a lado contando los protectores de las hélices, velocidad máxima de 28 Km/h, conectividad WiFi y una cámara estabilizada electrónicamente con focal f/2.2 y ángulo de visión de 82º capaz de captar fotos a 5 Mpixels y vídeos a 720p/30 fps. Lo bueno es que con la batería cargada sólo nos va a hacer falta un teléfono móvil para utilizarlo, ya que se controla y configura con una aplicación específica para este modelo sin necesidad de nada más.

Una de las peculiaridades del drone que hoy nos ocupa es que no necesita (ni puede albergar) ningún tipo de memoria interna para almacenar las fotos y los vídeos que hagamos durante nuestros vuelos porque se transmiten directamente a nuestro teléfono; lo cual es bueno y malo al mismo tiempo.

Lo positivo es la inmediatez, ya que según pulsamos el botón de disparo la foto ya está en nuestro móvil y podemos editarla, compartirla, subirla a Google Fotos… Con las fotos funciona bastante bien, y dependiendo de la distancia a la que se encuentre el drone la descarga será inmediata o tardará un par de segundos. Sin embargo, en el caso de los vídeos, en cuanto nos alejemos un poco del drone veremos que la imagen da pequeños saltos y tirones porque el flujo de datos que se transmite a nuestro móvil (o tablet) a través del WiFi no es todo lo estable que debería.

Por tanto, pese a que el fabricante está tratando de mejorar este aspecto en las diferentes actualizaciones de firmware que ha ido poniendo a disposición de los usuarios, se trata de un modelo que veo más orientado a las fotografías que al vídeo. En mi caso no es un gran problema porque mi idea era centrarme principalmente en las imágenes estáticas (no tengo arte para el vídeo, las cosas como son) pero debéis tenerlo en cuenta si vuestras prioridades son otras.

Y hablando de las imágenes, tened en cuenta que la cámara que lleva este drone va fija en la parte frontal, de tal modo que la perspectiva es siempre la misma. No es como en drones de gama alta cuyas cámaras van en una estructura que rota en los tres ejes y, por tanto, son capaces de grabar planos picados y similares.

No quiero pasar por alto que el Tello está fabricado por Ryze (una empresa china que se estrenó en 2017 precisamente con este producto) pero que cuenta con la colaboración de DJI en cuanto a ciertos componentes internos dedicados al vuelo y de Intel en la CPU. No quiere esto decir que el Tello sea un Phantom 4 en miniatura ni mucho menos, pero sí que cuenta con algunos detalles técnicos de drones de gama más alta. Ya sabéis, la progresiva popularización de la electrónica de consumo que hace que lo que hoy sólo se encuentra en el modelo tope de gama al día siguiente lo lleva de serie hasta el más económico (esto es un clásico en el mundo del automóvil).

La conectividad, como os comentaba antes, es a través de WiFi. El drone al encenderlo crea una red sin clave de ningún tipo a la que debemos conectar nuestro móvil y a continuación iniciar la aplicación de Tello, la cual nos permitirá controlar y configurar el cacharrín. Precisamente por su modo de funcionamiento, debemos tener en cuenta que no podremos alejar mucho el drone de nuestra posición física. De hecho Ryze declara una distancia máxima de manejo de 100 metros, la cual se reduce considerablemente en cuanto hay interferencias radioeléctricas en la zona donde estemos volando.

En relación a esto, os recomiendo que evitéis zonas con aparatos de potencia como transformadores, líneas de alta tensión, variadores de frecuencia, motores grandes, etc. porque el Tello se puede volver literalmente loco. De hecho un día me lo llevé al trabajo para ver si podía fotografiar una zona con unos equipos que de otro modo son inaccesibles y cuando estaba por allí arriba la comunicación se bloqueó y el drone se quedó “zombie” hasta tal punto que tuve que esperar a que se agotara la batería y aterrizara sólo porque no había manera de recuperar el control. Es la única vez que me ha pasado algo así y estoy seguro de que tuvo que ver con la intensa actividad electromagnética de la sala donde me encontraba.

Otra cosa a tener en cuenta es que el drone tiene un “techo virtual” que no podemos superar. En las primeras versiones de firmware era de 10 metros, pero en sus últimas revisiones podemos configurar ese límite de altura máxima entre 2 y 30 metros, que ya es considerable para un drone tan pequeño como este (haceos a la idea de que sería más o menos como subir hasta un décimo piso). Os dejo a continuación una fotografía tomada a una altura de unos 15 metros, que representa la mitad de la altitud máxima alcanzable por el Tello.

Hablando de alturas, tenéis que tener cuidado con el viento, ya que el Tello, como todos los drones de su tamaño, es bastante sensible al mismo y se tambaleará bastante en caso de rachas incluso no muy fuertes; cosa que suele ser más notable cuanto más altura alcanzamos.

De hecho, si tenéis pensado grabar vídeos, a no ser que lo hagáis en un día totalmente calmado vais a ver que el estabilizador electrónico de la cámara no es capaz de cancelar todos los vaivenes del aparato para mantenerse quieto en el aire. Además, si sopla algo más que una ligera brisa veréis que poco a poco se va desplazando llevado por la corriente pese a los esfuerzos por mantenerse quieto inclinándose en la dirección contraria al viento para tratar de compensar el movimiento.

Una cosa que me llama mucho la atención es que el Tello emplea un curioso sistema para mantener su posición durante el vuelo, ya que en su panza posee un sistema infrarrojo capaz de medir la distancia a la que se encuentra con respecto al suelo así como una pequeña cámara para tener una referencia visual del lugar sobre el que está para así detectar movimientos de desplazamiento y compensarlos si no le estamos ordenando que se mueva del sitio. Como es lógico al ser un sistema óptico necesita buena luz para funcionar bien, apareciendo un aviso en la pantalla del móvil si el drone no ve las cosas con la claridad necesaria. También cuenta con un barómetro interno, aunque sus datos no son accesibles directamente por el usuario y no tengo muy claro cuál es su función.

El manejo como tal es extremadamente simple. Para despegar sólo hay que pulsar un botón de la aplicación, confirmar que deseamos iniciar el vuelo y entonces el drone se situará a aproximadamente metro y medio del suelo en una posición totalmente estable (a no ser que haya viento, como os decía antes). A partir de ahí podemos manejarlo en altura, giro en ambos sentidos sobre el eje vertical y desplazamientos horizontales en las cuatro direcciones con dos controles táctiles “analógicos” mientras observamos en la pantalla del móvil en todo momento lo que ve la cámara frontal del Tello, haciendo que sea un modelo tremendamente sencillo de utilizar.

En cualquier caso, hay dos modos (o más bien velocidades) de uso: el lento y el rápido. La diferencia es que en uno la velocidad máxima es de 14 km/h y en el otro de 28 km/h; algo que viene dado por la inclinación del drone con respecto al plano horizonal cuando pulsamos el acelerador a tope. Son 9 grados en el caso del modo lento y 25 en el modo rápido y de ahí la diferencia en la velocidad de desplazamiento horizontal. Por supuesto, si no estáis acostumbrados a este tipo de aparatos voladores os recomiendo empezar en el modo lento y no cambiar al rápido hasta que no tengáis una buena soltura con los movimientos del drone, ya que la diferencia entre ambos es notable.

Como os comentaba en las especificaciones técnicas, la autonomía de vuelo es de unos 13 minutos como máximo, los cuales se pasan en un suspiro. Yo ya me he hecho con una segunda tercera cuarta batería y no descarto hacerme con otra más si veo que mis ansias aéreas siguen sin verse colmadas en cada sesión. Eso sí, tened en cuenta que la batería se carga dentro del propio drone mientras lo alimentamos a través de un cable microUSB, proceso que lleva aproximadamente una hora y media si se encuentra completamente descargada.

Si tenéis varias baterías enseguida os daréis cuenta de que os vendrá bien un cargador externo múltiple como los muchos que venden ya en tiendas online específicamente para este modelo (de hecho yo tengo uno para poder cargar 3 baterías simultáneamente). Por cierto, no he comentado que las baterías son de ion-litio, 3.8 V, 1100 mAh y tienen un peso de 26 gramos.

Hay un detalle que no me acaba de convencer del todo, y es que los motores del Tello llevan escobillas, lo que implica que con el uso van sufriendo cierto desgaste que nos llevará a su arreglo o sustitución en algún momento. El fabricante dice que sus motores tienen una vida útil de 40 horas bajo condiciones de uso extremas que van mucho más allá del uso normal que le damos los que nos compramos un drone de este tipo, pero sea como sea, si un vuelo dura 12 minutos se supone que cuando llevemos unos 200 vuelos realizados podríamos empezar a toparnos con problemas en los motores.

En este sentido los motores sin escobillas (brushless) son mucho más fiables, ya que no hay contacto mecánico para la transmisión de electricidad al devanado; sino que esta se realiza mediante campos magnéticos generados internamente. Aun así, tampoco penséis que los motores que lleva van a durar dos telediarios porque por ejemplo los taladros suelen llevar motores con escobillas y aguantan años y años de duro trabajo; pero habrá que comprobar la fiabilidad del Tello en ese aspecto a medio plazo, que es la característica que sobre el papel menos me ha convencido de este modelo de drone.

En otro orden de cosas comentar que el drone trae montados unos protectores plásticos para las hélices que harán que estas no se estropeen con el típico golpe contra una esquina o que nos arañen un dedo si nos despistamos y acercamos la mano demasiado en vuelo. Del mismo modo, el Tello trae unas patas de goma que le ayudarán a posarse sobre las superficies sin golpear a la hora de aterrizar. Estas patas son fijas, pero los protectores de las hélices los podéis retirar y descontar así unos 3 gramos del peso total; aunque la mayor ventaja de no llevarlos puestos es que mejora algo la estabilidad del drone cuando hay algo de viento.

Hablando de aterrizajes, este es uno de los aspectos más sencillos del Tello. A la hora de finalizar el vuelo, si pulsamos el botón de aterrizar el drone bajará lentamente en vertical hasta posarse suavemente en el suelo o en la palma de nuestra mano; si bien durante el descenso tendremos control sobre sus movimientos por si necesitamos corregir la zona de contacto con el suelo (bien porque haya charcos, hierba alta, piedras…).

Como ya estáis viendo, se trata de un modelo a prueba de torpes y manazas; más todavía si tenemos en cuenta que en caso de que la batería se esté agotando aterrizará sólo, que si la intensidad de la señal baja o detecta viento nos avisará mediante un mensaje en pantalla y que si nos llegamos a desconectar también aterrizará por si mismo… pero eso no quiere decir que no podamos lucirnos al usarlo, ya que posee una serie de modos automáticos que se activan con la pulsación de un botón consistentes en dar volteretas en el aire, subir y bajar en la vertical como si de un muelle se tratara, iniciar el vuelo lanzando el drone al aire, grabar un vídeo rodeando un punto fijo, hacer una toma panorámica de 360 grados… Elementos que se podrían hacer de manera manual con habilidad pero que están ahí para facilitarnos la vida y hacernos creer que estamos hechos unos profesionales del vuelo acrobático.

Otras leyes (aparte de la gravedad)

Por cierto, tema importante: la legislación. Lo primero de todo, tened en cuenta que el desconocimiento de las leyes no exime de su cumplimiento; y os advierto que hay un reglamento muy claro para el vuelo de este tipo de aparatos, si bien se suavizan bastante en el caso de modelos como el Tello.

Digamos, a modo muy resumido, que con drones de hasta 2 Kg de peso podemos volar teniendo el aparato en zonas despejadas, teniéndolo siempre a la vista, hasta un máximo de 120 metros de altura y que debemos evitar volar directamente sobre personas, en zonas de vuelos de poca altura (parapentes, planeadores, globos aerostáticos…) y a menos de 8 Km de cualquier aeropuerto, aeródromo, helipuerto, etc. Recordad también que seréis responsables directos de cualquier daño que pueda ocasionar vuestro drone y, por tanto, os tocará responder económica y penalmente en tal caso. En el caso de drones de menos de 250 gramos (como es el caso del Tello) se permite volar en zonas urbanas siempre que no superemos los 20 metros de altura.

Por tanto, lo mejor para no tener problemas es que estando a más de 8 Km de un aeropuerto os vayáis a una zona lo más despoblada posible y allí hagáis vuestras peripecias usando siempre el sentido común, ya que por poner un ejemplo, me parecería una temeridad volar con el drone por encima de una autopista; ya que en caso de que caiga sobre la vía podéis causar un grave accidente.

En cualquier caso, os dejo un enlace que seguro os resulta de utilidad para aclarar cualquier duda que os pueda surgir con respecto a estos temas legislativos relacionados con el vuelo recreativo de drones en España. Echadle un vistazo porque es importante tener claro todo esto para no meternos en problemas.

La cámara

Vamos a echar un vistazo ahora a la cámara del drone. Como ya os dije se trata de una sencilla cámara con apertura f/2.2 y focal 1.98 mm la cual posee un ángulo de visión de 82 grados, que ya es un angular bastante majo. No llega a la amplitud de miras de una GoPro, pero para un producto como éste anda bastante bien. Por cierto, no es un ojo de pez, así que las líneas rectas lo siguen siendo en las imágenes que captamos.

Vamos a hacer una cosa: os voy a dejar a continuación con una imagen que hice en una mañana muy clara subiendo el drone a la máxima altitud posible (30 metros sobre el suelo) para luego analizar algunas zonas de la misma sin aplicar ningún tipo de reescalado y analizar así el detalle que es capaz de captar en esas condiciones.

A nivel general la imagen me sorprende por su buen nivel de detalle, si bien he de decir que la luz era especialmente propicia para ello en ese momento. A la ausencia de viento (el drone está estable en el aire evitando trepidaciones) se une que el día estaba realmente claro, lo que hace que todo se vea con mayor nitidez. Veamos ahora algunas zonas interesantes:

Éste es el centro de la imagen, que es donde los objetivos sacan lo mejor de si. Si os fijáis en el coche que está ahí aparcado, desde 30 metros de altura y con el objetivo angular del drone se puede distinguir la marca que es (por la forma de la parrilla) así como la forma y color de los asientos delanteros. También se aprecia buen nivel de detalle en los arbustos que conforman la vegetación de las aceras y además la tonalidad de todos los elementos es bastante real.

Si nos fijamos ahora en la esquina superior izquierda, que se corresponde con el fondo de la imagen, sí que se aprecia una notable pérdida de calidad. El pueblo que se ve en la imagen es Colmenar Viejo (a unos 6 Km en linea recta desde donde está hecha la foto) y las montañas del fondo son la sierra de Madrid. Puesto que es una zona captada por una de las esquinas del objetivo y además se trata de elementos muy lejanos (hay más aire entre la cámara y el motivo, lo cual provoca pérdida de nitidez) la calidad percibida es menor pero aun así no es ni mucho menos un borrón.

En la parte derecha de la imagen aparecen estas casas, las cuales con tantas líneas rectas serían candidatas ideales para apreciar en ellas deformaciones y aberraciones cromáticas. Sin embargo, no es así y además se perciben con una buena nitidez, especialmente para ser una cámara integrada en un drone de menos de 100 euros.

Por último, la zona de los columpios me parece muy representativa, ya que al estar el sol bastante bajo se aprecian perfectamente las sombras proyectadas, lo que me permite ver dos cosas: una es que la cámara gestiona bastante bien las zonas con claroscuros y otra es que el nivel de detalle es suficiente como para apreciar el relieve de la arena e incluso las sombras proyectadas por los elementos más pequeños (como esas cuerdas en forma de cuadrícula).

En definitiva, creo que el Tello posee una cámara que sorprende por su calidad en un drone de gama baja como el que tenemos entre manos. Eso sí, como os decía, es de vital importancia que la iluminación sea la adecuada para conseguir buena imágenes; ya que en el mundo de la fotografía todo es cuestión de luz.

Autonomía de vuelo

En cuanto a la autonomía del Tello, haciendo mis propias pruebas he podido comprobar que, efectivamente, el tiempo de vuelo con una batería totalmente cargada es de unos 12 minutos y que la zona delantera de la parte inferior del aparato es la que más se calienta durante su funcionamiento. Los motores también cogen algo de temperatura, como es lógico, pero puesto que las hélices lanzan un buen chorro de aire hacia abajo estos se refrigeran perfectamente.

Os dejo a continuación con un par de imágenes captadas con mi querida Flir One en las que podéis ver la distribución de calor del Tello tras unos 10 minutos volando tanto por su cara superior como por la inferior y confirmar que, efectivamente, lo que más se calienta es el módulo electrónico situado en la panza del aparato, que se pone a unos 40 grados estando la temperatura ambiente a 19.

También he podido constatar que en caso de batería muy baja el Tello aterriza sólo, aunque lo hace de una manera ligeramente diferente a como lo haría si lo hacemos posarse en el suelo con el control destinado a tal efecto: bajará de altura hasta quedarse a apenas un palmo de la superficie y ahí estará unos 10 segundos para, a continuación, bajar hasta tocar tierra y ahí es cuando parará los motores. Supongo que esto se hace para que si el drone va a aterrizar sobre una superficie poco adecuada (un charco, por ejemplo) nos de tiempo a posarlo en la mano o desviarlo hacia un lado.

El software de control

Hablemos un poco ahora de la aplicación oficial para controlar este pequeño drone, ya que mi impresión es la de un software fácil de usar y muy intuitivo. Todos los iconos son lo suficientemente explicativos y lo que voy a hacer es dejaros a continuación una serie de capturas de pantalla de mi propio móvil para que veáis cómo es la interfaz de usuario mientras usamos el Tello.

Como habéis podido comprobar en las capturas, a excepción de las pantallas de opciones estaremos visualizando en todo momento en segundo plano lo que la cámara del drone está viendo, lo que viene muy bien para tener sensación de control todo el tiempo y no temer que un despiste tonto se cargue una hélice o podamos perder el aparato por meternos en una zona indebida mientras pensábamos qué botón tocar para hacer un giro en el aire.

A mí la aplicación particularmente me gusta mucho por su sencillez y su claridad; y sobre todo porque con ella y el propio drone ya tenemos todo el material que nos va a hacer falta para echar a volar. Eso sí, no quiero pasar por algo que un día me encontré con la desagradable sorpresa de que usando un teléfono Nexus 4 la aplicación parecía ir bien, pero al llegar a casa me encontré con que las fotografías se habían grabado correctamente mientras que la totalidad de los vídeos consistían en archivos de apenas unos bytes que como podéis imaginar no contenían información alguna.

Y me dio mucha rabia, porque había unos cuantos captados el día de la primera foto hecha a 30 metros de altura que estoy seguro hubieran sido curiosos de ver. Por el contrario, en mi habitual Xiaomi Mi A1 la totalidad de las fotografías y los vídeos se almacenan siempre correctamente.

Imágenes de ejemplo

En este apartado de la review voy a ir colocando algunas imágenes que vaya haciendo con el Tello para que así tengáis algunos ejemplos prácticos de lo que es capaz de hacer este pequeño drone. Si veo que la cosa se alarga mucho iré borrando algunas para dejar sólo una pequeña selección más o menos representativa, pero la idea es que sea una sección que vaya cambiando y evolucionando con el tiempo.

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Puntos positivos

  • Sencillez de manejo
  • Relación calidad/precio
  • La calidad de las fotografías captadas por su cámara
  • Recambios y accesorios de bajo coste y fáciles de encontrar

Puntos negativos

  • Está por ver la durabilidad de los motores a largo plazo
  • Alcance WiFi algo limitado, sobre todo en zonas urbanas por la presencia de interferencias (NOTA: esto mejora sustancialmente empleando un repetidor WiFi)
  • Imposible sacarlo a volar con viento.Si veis bailar las copas de los árboles mejor dejad el Tello en la mochila
  • Baja calidad de vídeo, sobre todo por los microcortes y tirones debidos a la transmisión en tiempo real

Conclusiones

En definitiva, estamos ante un drone que ya ha cosechado gran éxito en los meses que lleva a la venta y que en mi opinión merece bastante la pena como introducción a este tipo de aparatos.

Espero que os haya quedado claro que no está diseñado para acometer vuelos extremos ni para captar imágenes imposibles como algunos modelos que cuestan diez veces más; pero si nos hace ilusión grabar nuestras propias imágenes desde puntos de vista inusuales o queremos hacernos con un drone que podamos manejar con facilidad y sin temor a perderlo o estamparlo creo que el Tello puede ser un buen candidato a convertirse en nuestro fiel compañero de aventuras.

Actualización 07/02/2019: Un complemento más que recomendable

Introduzco este breve anexo a la review para comentar que la experiencia con el Tello mejora todavía más si empleamos un repetidor WiFi. Esto se basa en que en lugar de conectarnos directamente con nuestro teléfono al drone, lo que haremos es enlazar el repetidor (alimentado con una batería externa) con la red WiFi que genera el Tello y a continuación conectar nuestro móvil al repetidor. En mi caso empleo el Mi WiFi 2 de Xiaomi, pero me imagino que valdrá cualquier otro similar.

De este modo, la señal emitida por el Tello, por débil que sea, es recogida por el repetidor y reenviada con más potencia a nuestro móvil, de tal modo que así aumenta tanto el alcance del drone como la velocidad de transmisión de la señal de vídeo así como las imágenes que captemos durante el vuelo (que os recuerdo que se transmiten en tiempo real al dispositivo móvil que estemos usando para controlarlo). Desde que uso el repetidor he notado también más precisión en el control de los movimientos del drone, menos retardos y ausencia de cortes en la señal, lo cual ayuda a la hora de volar con él.

En definitiva, una adquisición más que recomendable si queréis mejorar vuestra experiencia con el Tello a costa de sacrificar algo la portabilidad, ya que esto nos obliga a llevar encima tanto el repetidor WiFi como una batería externa con la que alimentarlo.

Actualización 13/03/2019: Recuperando la pasión por la fotografía

Después de muchos vuelos quería añadir un par de párrafos a la review para comentar algunas sensaciones. Veréis, el Ryze Tello ha conseguido algo que llevaba tiempo buscando y que casi creí perdido: disfrutar de la fotografía.

Hace ya unos años que el salir con la réflex a hacer fotos como solía hacer cuando vivía en Oropesa me da mucha pereza y no lo disfruto como entonces. Sin embargo, usando el Tello vuelvo a sentir esa especie de ansiedad por buscar la iluminación precisa, el ángulo adecuado, un rincón inexplorado… Gracias a ello a no ser que vea que va a ser un día de mucho viento, suelo llevarlo en mi mochila para poder hacer un alto en el camino en algún momento y disparar algunas fotos.

Y la cosa es que cuando estoy volando el pequeño Tello y estoy pensando desde dónde hacer la foto, dónde está colocado el sol para buscar la mejor iluminación, que no haya un árbol en los alrededores contra el que me pueda estrellar… me siento tan entretenido que cualquier preocupación que me ronde la cabeza simplemente se la lleva el viento durante esos minutos; y creedme que eso es algo que vale mucho.

En definitiva, que cada día estoy más contento con la compra del Tello y disfruto más haciéndolo volar y retratando los sitios que visito desde un punto de vista diferente y que no podría alcanzar de ninguna otra manera.

Actualización 18/04/2019: Cuenta de Instagram y divagaciones sobre el Spark

Hace ahora algo más de tres meses que tengo este pequeño drone y he de decir que aunque me estoy planteando el salto a un Spark, el Tello no para de darme satisfacciones. Si el Tello tuviera cámara orientable en el eje vertical sería perfecto, puesto que al ser de orientación fija al final hace que todas las imágenes que captas tengan más o menos el mismo ángulo; pero esto tampoco es que sea un gran problema porque hace que tu galería de imágenes tenga un aspecto muy heterogéneo.

Hablando de fotos, comentar que hace un par de meses me hice una cuenta de Instagram bajo el nombre de luiperdrone en la que voy subiendo las mejores fotos que hago con el Tello y que poco a poco va ganando seguidores. Como os digo, se trata de una cuenta en la que únicamente subo fotografías hechas con drones, y como de momento sólo tengo un Tello todas las imágenes que hay en la galería a día de hoy las he captado con él.

Como os decía antes, si me estoy planteando la opción de un Spark es porque echo de menos una cámara orientable y una mayor distancia de vuelo, aunque dado que el modelo actual tiene ya dos años de vida no me extrañaría que en breve presentaran a su sucesor.

De hecho, si hay algo que me tira para atrás del Spark es que al fin y al cabo no tiene mucha más autonomía por batería que el Tello (unos 15 minutos en el mejor de los casos) y ya puestos a pedir me gustaría algo que fuera igual de discreto pero que llegue a unos 20 minutos seguidos en el aire. Y sí, sé que modelos como el Mavic Air o el Mavic 2 llegan y superan esta cifra, pero para mí la discreción es importante y todo lo que sea más grande que un Spark me parece que llama mucho la atención.

Del mismo modo, un Spark pesa unos 300 gramos, lo que lo saca del grupo de drones que podemos usar en ciudades y creo que eso sería algo que me limitaría bastante, ya que viendo mi galería podéis ver que la inmensa mayoría de mis imágenes están captadas en entornos urbanos.

En definitiva, si DJI presenta un Spark 2 con un peso inferior a 250 gramos, cámara montada en gimbal y una autonomía de vuelo de unos 20 minutos me haré con él porque sería mi drone ideal para esas fotos que suelo hacer. De momento hay un evento programado para el día 23, así que ya os contaré, pero mientras tanto seguiré volando el Tello mientras el viento lo permita.

Actualización 20/04/2019: Los complementos del Tello

Recuerdo que en el primer vuelo que hice con el Tello sólo llevaba el drone en la mano y mi teléfono móvil, nada más. Sin embargo, poco a poco empiezas a documentarte y ves que con un repetidor WiFi tienes más alcance y estabilidad de señal, que con una batería el tiempo de vuelo enseguida se termina y quieres una segunda, y una tercera… Y claro, al final te ves con unos cuantos cacharros encima cada vez que quieres salir a volar un rato.

Como ejemplo, aquí os dejo una fotografía del mis elementos básicos de vuelo. Es decir, lo mínimo que me llevo cuando salgo a hacer fotos con el Tello: teléfono móvil, drone, repetidor WiFi, powerbank para el repetidor y cuatro baterías. Todo esto, a excepción del móvil, dentro de una funda acolchada en la que también va un juego de hélices de repuesto, un cable microusb, un cable especial para poder cargar una batería sobre la marcha, una gamuza de limpieza por si la lente del drone se ensucia…

Por cierto, lo que veis sobre la carcasa del drone es cinta adhesiva reflectante, ya que quería personalizar de alguna manera el mío y además me sirve para que destaque si cae por accidente en alguna zona sombría con la ayuda de una linterna LED que siempre me acompaña a todas partes. Por cierto, hay otra pequeña tira que he colocado en la parte trasera, justo bajo el hueco de la batería para que así se pueda ver desde el mayor número de ángulos posible.

Un repaso al patinete eléctrico de Xiaomi después de 1000 Km

Mi querido Mijia M365 ha cumplido recientemente mil kilómetros y, como complemento a la review que publiqué en noviembre, me ha parecido interesante en este punto de su vida hacer un repaso a su estado viendo así qué elementos han envejecido bien y cuales han llevado peor el paso del tiempo comentando también soluciones a algunas pequeñas cosas que me han ido sucediendo.

Para poneros en situación, cuando compré el patinete su dueño le había hecho unos 350 Km, a los que yo sumé unos 200 Km más. Acto seguido, durante un par de meses mi novia lo estuvo usando a diario para ir a trabajar (hasta que conseguí otro para ella) tiempo durante el cual hizo 350 Km. Y por último, desde que volvió a mis manos he hecho 100 Km más hasta conseguir llegar a la cifra redonda de mil kilómetros.

Permitidme ahora que me vaya un poco por las ramas y aproveche para echar unos números:

La ruedas del patinete de Xiaomi son de 8,5″ de diámetro, que equivalen a 21,59 cm. Si aplicamos la fórmula de la longitud de la circunferencia (L = 2 * pi * r) vemos que por cada vuelta completa de las ruedas avanzamos  67,69 cm o lo que es lo mismo 0,677 metros.

Pues bien, si a día de hoy el patinete ha recorrido mil kilómetros, una simple división nos permite saber que cada rueda ha dado 1477104 vueltas. Si, prácticamente un millón y medio de giros. Y no penséis sólo en la goma de las ruedas, acordaos también de los rodamientos de los ejes, que llevan el mismo castigo.

NOTA: De todos modos, aunque parezca un montón, si hago esta misma cuenta para los ejes de mi coche, sale que han dado ya la friolera de 226 millones de vueltas, así que imaginaos la cantidad de subidas y bajadas que lleva cada uno de los pistones del motor. Pero vamos, que esto daría para otra entrada de esas mías en plan ingenieril.

Bueno, tras este offtopic, vamos a ir desgranando punto por punto qué tal ha digerido estos primeros mil kilómetros el patinete:

  • Zonas de contacto con el usuario

Se aprecia claramente que en los extremos del manillar la rugosidad de los puños se ha perdido, quedando la superficie totalmente lisa en esa zona. Cierto es que durante estos meses de frío mi novia ha estado conduciendo el patinete con unos guantes que llevan la palma forrada de goma, de modo que el desgaste habrá sido mayor que si se va con la palma desnuda, que siempre es más suave (a no ser que seáis jugadores de pelota vasca). Eso sí, como podéis ver a continuación el resto del puño tiene el patrón de bultitos ovalados intacto.

El desgaste de los puños podría esperármelo, pero el que realmente me sorprende es el de la pequeña almohadilla del acelerador, ya que pese a usar control de velocidad desde el primer día, se ha quedado totalmente liso. La verdad es que ese desgaste sí que me ha pasado desapercibido, pero cuando abrimos el patinete de mi novia y vimos el relieve del acelerador es cuando me di cuenta de que al ser una goma muy blanda enseguida se queda liso pese a que, como os digo, sólo pongo el pulgar sobre él cuando quiero cambiar la velocidad a la que circulo.

Eso sí, lo que sigue estando como el primer día es la tabla donde llevamos apoyados los pies. Pese a recaer sobre ella todo nuestro peso y usar calzado con suela de goma dura (incluso en ocasiones botas Doc Martens) su aspecto es impoluto y ni se ha desgastado o despegado lo más mínimo. La verdad es que me ha sorprendido para bien en ese aspecto, porque pensé que acabaría prácticamente lisa como ocurre con los papeles de lija de los skates y similares.

  • Ruedas

No sé en qué momento exacto le cambió la rueda trasera al patinete el usuario anterior por la maciza que lleva puesta, pero por lo que me dijo no tardó mucho en hacerlo cansado de los dichosos pinchazos. Sea como sea, dicha rueda tiene todavía un dibujo muy profundo y no veo ni por asomo el momento del cambio. Apuesto a que tengo caucho para dos mil kilómetros más por lo menos.

En cuanto a la rueda delantera, esta es la original que venía con el patinete; sólo que se le añadió una banda antipinchazos de kevlar entre cámara y cubierta para evitar tener que andar desmontando la rueda cada vez que pasaba sobre cualquier cosa puntiaguda. En este neumático se aprecia algo más de desgaste con respecto a uno nuevo, pero al igual que en los coches contamos con un testigo de desgaste al que todavía le queda tiempo para estar a la par con la superficie de la goma. En mi bola de cristal veo unos mil kilómetros más de vida útil para este neumático.

  • Estructura

Vamos a hablar ahora de lo que es la estructura mecánica del patinete, y este punto creo que va a dar bastante de si.

A ver, lo primero de todo, es recomendaros que una vez al mes repaséis el apriete de todos los tornillos. Durante este tiempo se aflojaron un poco los que sujetan el manillar a la tija de dirección y uno de los dos que lleva la pinza de freno. No supusieron gran problema más allá de notar algo extraño en el día a día, comprobar que estaban algo sueltos y apretarlos con la herramienta multiuso que siempre llevo conmigo cuando voy en el patinete.

Peor fue que un día de repente a mi novia se le abrió en marcha el mecanismo de plegado y descubrimos que se había perdido el tornillo frontal que ajusta la dureza de la leva que realiza el cierre. No dimos con el tornillo (se le perdería un par de calles atrás y como para ponerse a buscarlo) de modo que bajé a la ferretería y compré un tornillo con cabeza Allen de la métrica y longitud adecuadas para sustituirlo y una arandela porque la cabeza del tornillo original tiene más superficie. No queda tan elegante como el que viene de serie pero funciona igual de bien y éste no se perderá porque al colocarlo le puse fijador de tornillos en la rosca.

Aprovecho para comentar la vital importancia del punto de ajuste de este tornillo (una razón más para aplicar algún tipo de fijador) puesto que si está demasiado flojo veremos que el mecanismo de plegado tendrá holgura y si va demasiado apretado comprobaremos que no somos capaces de mover la leva que permite el plegado y desplegado del patinete. Por tanto, id probando hasta que encontréis el punto justo y fijadlo ahí para toda la eternidad.

Briconsejo: si no tenéis a mano fijador de tornillos (mi favorito es el Loctite 243) podéis usar esmalte de uñas, ya que cuando se seca hace que el tornillo no pueda aflojarse pero si hacéis fuerza con una llave acabará girando. Si usáis cosas más radicales como pegamento instantáneo, aparte de pegaros los dedos, como un día tengáis que soltar el tornillo ya podéis buscar un tubo largo para hacer palanca.

Y ya que estamos hablando de esa zona del patinete, comentaros que si de buenas a primeras empezáis a escuchar “grillos” cuando vais en marcha es debido al roce de las dos partes del sistema de plegado. Para remediarlo podéis hacer dos cosas: aplicar una capa de grasa a ambas superficies o bien, para solucionarlo de una forma más definitiva, pegar una fina lámina de teflón o similar en una de las caras de modo que ya el roce no se produzca metal contra metal (esto es lo que hice yo, que soy un maniático de los ruiditos, y desde entonces tan feliz).

Por cierto, se me perdió la goma que recubre el “gancho” sobre el guardabarros donde se fija el timbre al plegar el patinete. La funcionalidad es la misma, pero queda más feo. Ya se me perdió una vez pero lo encontré por casa y lo fijé con pegamento instantáneo; pero a las pocas semanas se volvió a perder y me temo que esta vez es la definitiva. Lo que voy a hacer es lijar la zona y pintarla con esmalte negro para que no se vea tan fea, ya que se han quedado los restos del pegamento que le eché y no me gusta nada.

Otra cosa más: el guardabarros trasero va anclado a la plataforma donde llevamos los pies mediante tres tornillos cuyas cabezas van cubiertas con otros tantos embellecedores plásticos. Pues bien, un día de estos y sin previo aviso el embellecedor del tornillo central decidió independizarse y al llegar a casa vi que lo había perdido. Por suerte, en uno de esos cajones en los que uno guarda cosas que de otro modo acabarían en la basura (una especie de síndrome de Diógenes) tenía una especie de tapón plano de plástico gris oscuro que resultó encajar a la perfección como podéis ver en la siguiente imagen.

En cuanto a golpes y rascones en general, a pesar de que tanto mi novia como yo somos cuidadosos, uno nunca está a salvo de un bordillo un poco más alto de lo esperado, un resbalón o una piedra que salta donde no debe; pero aun así tras estos primeros mil kilómetros el patinete no está demasiado castigado en este aspecto. Tan sólo reseñar un par de raspones “serios” en la zona del listón trasero izquierdo (tanto en el aluminio como en el embellecedor de plástico) como podéis ver a continuación. Por suerte en ninguno de los casos el disco de freno sufrió golpe alguno pese a su proximidad, porque si lo doblamos lo más mínimo nos tocará cambiarlo.

En la zona de plegado, concretamente en la “uña” que encaja en la parte inferior para fijar el sistema de plegado en su posición ha saltado un poco la pintura, pero no es nada grave (podéis verlo en una de las imágenes anteriores).

Ah bueno, y en la zona baja de la barra diagonal, donde suelo apoyar la punta del pie izquierdo al circular, la pintura se ha desgastado muy ligeramente, pero vamos, que el aspecto es prácticamente el mismo que el del resto del chasis como podéis apreciar en la siguiente fotografía.

Para mi sorpresa, la tapa inferior (tras la que se aloja la batería y el controlador de la misma) se encuentra en muy buen estado. Pese a lo expuesta que está a todo aquello sobre lo que rodamos, no tiene ningún rascón importante ni cruje o hace cosas raras. Me daban bastante miedo las cabezas de los tornillos, pues pensaba que podían destrozarse a base de roces con piedras, bordillos, etc pero no es así y por ahí abajo todo está en perfecto estado de revista.

En cuanto al cableado (tanto eléctrico como del freno trasero) no ha habido ningún problema ni de roturas, holguras, soportes sueltos… En ese aspecto un diez sobre diez.

  • Frenos

Por la forma en la que funciona la pinza del disco (sólo una de las dos caras es móvil) es complicado conseguir que las pastillas pisen correctamente sobre él. Por suerte, al disponer de freno regenerativo en la rueda delantera el freno de disco trasero se usa en contadas ocasiones, de modo que las pastillas aun tienen grosor de sobra y el disco no presenta desgastes apreciables a simple vista.

A lo que me refiero con lo del funcionamiento es que al ser sólo una de las caras de la pinza la que presiona contra el disco cuando pulsamos la maneta, éste flexa ligerísimamente y entonces también roza contra él la pastilla que va fija en la otra cara; pero esto hace que no haya una perpendicularidad exacta entre la superficie de las pastillas y el disco de freno, haciendo que en cada cara del disco haya una franja en la que roza la pastilla y otra en la que no.

Tal y como os comenté en la review, una de las cosas que más me gustan de M365 es su potencia de frenada, y tras estos primeros mil kilómetros esta sigue intacta.

  • Batería y motor

He dejado para el final el que para mí es el apartado más importante de un patinete eléctrico: todo lo relacionado con el motor y la batería, que al final es el alma del cacharro.

Como ya sabréis por la review, al poco de estrenar el patinete empezaron los problemas de batería típicos en este modelo. Me tocó abrir la batería, soldar las chapas de contacto principal y también reforzar las zonas de contacto de cada uno de los polos de las treinta celdas poniendo sobre ellas láminas de caucho y forrando luego todo con cinta americana para que quedara bien prensado. Desde entonces no he vuelto a tener problemas, pero tened esto siempre presente porque en el modelo original esto os va a pasar antes o después.

Se supone que en los modelos que hay ahora a la venta en las tiendas esto ha sido corregido y las chapas metálicas de la batería ya van firmemente soldadas; pero aun así como el modelo de mi novia no ha dado problemas (tocamos madera) no lo vamos a abrir de momento, de modo que no lo puedo corroborar.

Algo que no me ha gustado es que el último firmware disponible (1.3.4) hace que por debajo del 50% de batería el patinete apenas tenga fuerza para subir cuestas, imagino que en busca de no pegar fuertes descargas a la batería cuando esta anda ya baja de carga. Sea como sea, a mí me gustaba más el funcionamiento prácticamente lineal de las versiones anteriores, así que ojalá en el futuro eliminen esta característica, porque de momento no encuentro una manera fácil de hacer un downgrade.

Por tanto, si queréis sentir el viento en la cara es mejor que le deis caña al principio del recorrido (pero ojo, porque si os flipais demasiado puede que al final os toque impulsaros con la patita).

Por cierto, creo que sé a lo que se refiere Xiaomi con lo de que el motor es de 250W pero que permite picos de 500W. Si subimos una cuesta y pulsamos a fondo el acelerador veremos que la aceleración es bastante fuerte, pero no será así eternamente, ya que llegado un punto la potencia comienza a disminuir, y es que creo que el patinete permite aprovechar esos picos de 500W pero en cuanto empieza a detectar que el motor o la batería se están calentando por la elevada corriente demandada, la protección anti-estrés que lleva implementada la electrónica hace que disminuya el flujo de corriente eléctrica protegiendo así tanto al motor como a la batería, ya que para ambos el calor excesivo es siempre un enemigo a evitar.

En cuanto a la autonomía, compruebo que esta no ha variado demasiado desde que le hice el apaño de las patillas a la batería. Por Alcalá de Henares, que es casi todo llano, consigo sacarle unos 20 Km si circulo a ritmo tranquilo (modo ECO) y unos 15 Km si voy dosificando el acelerador con alegría en el modo normal. El tiempo de carga sigue siendo de unas cinco horas cuando vuelvo con la batería sobre un 20%, lo que es una prueba más de que la esta se sigue manteniendo más o menos en forma (cuando empiezan a cargar cada vez en menos tiempo, malo).

En cuanto a las luces, aunque yo no he circulado mucho por la noche, mi novia sí que las ha empleado todas las mañanas en su trayecto hasta el trabajo y no ha tenido nunca el más mínimo problema. Siguen iluminando igual de bien que al principio y no ha habido apagados inesperados ni molestos tintineos.

Conclusiones

En definitiva, el paso de sus primeros mil kilómetros no parece haber hecho demasiada mella en el M365. La pintura se mantiene en muy buen estado, las partes de goma se conservan bastante bien (excepto el relieve del acelerador), la potencia de frenado sigue intacta y la autonomía de la batería no parece haber mermado en exceso, que es lo que más me preocupaba de todos los posibles “envejecimientos”.

Lo que no me ha gustado tanto es la facilidad con la que se aflojan algunos tornillos, y eso que llevan la típica banda azul en la rosca que hace que se queden fijos en su posición. Aun así, se ve que con las vibraciones al circular pueden aflojarse y por eso os recomiendo un reapriete de vez en cuando o la aplicación de un fijador de roscas “de verdad”. Tampoco me parece buena idea el tema de que el último firmware limite la potencia disponible cuando la batería está a menos de la mitad de su capacidad, ya que eso prácticamente nos va a obligar a subir las cuestas caminando en cuanto queramos hacer una excursión más o menos larga.

Sea como sea, y al igual que os recomendaba en una reciente entrada sobre consejos de conducción, vais a ser vosotros mismos los que enseguida os vais a dar cuenta si algo va mal en el patinete. Si de repente empeora la frenada, notáis algo suelto, veis que el tiempo de carga se acorta considerablemente, escucháis ruidos raros en el motor… son todas ellas señales de que algo no va bien, y más vale echarle un vistazo y ver el origen del problema que dejarlo pasar y acabar con un vehículo en la basura que, además de costar un dinero, os puede servir para llegar a más sitios de los que imagináis.

 

¡Nos leemos!

Recuerdos de Oropesa (XXXI)

Creo que ya os he contado alguna vez que me encantaría volver a la Oropesa de los años 80 pero con la edad que tengo actualmente. Lo que ocurre es que al no tener a mano ninguna máquina del tiempo me tendré que conformar con el material audiovisual de épocas pasadas mezclado con mis propios recuerdos.

Si conocéis Oropesa del Mar sólo por los últimos tiempos os sorprendería ver cómo creció esta esta pequeña población a orillas del Meditérráneo durante los años del cambio de milenio; y es que en poco tiempo aquello pasó de ser un pueblecito casi anónimo a un lugar habitual de vacaciones para mucha mucha gente.

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Mis primeros recuerdos estivales son los de una playa en agosto con familias dispersas aquí y allá, sombrillas hechas de una tela que parecía lana y raquetas de tenis-playa llenas de astillas. Corrían los primeros años de la década de los 80 y cuando en el colegio preguntaban en septiembre dónde habíamos pasado las vacaciones nadie parecía saber en qué rincón de la geografía española se encontraba Oropesa.

En aquellos tiempos no había puerto deportivo, Marina D’or ni comunicación por la costa entre las playas de La Concha y Morro de Gos. El ayuntamiento guardaba las facturas de la contribución en cajas de fruta, la Torre del Rey era un lugar oscuro, húmedo e inmundo al que sólo los más valientes se atrevían a entrar y en la playa había barcas amarradas cerca de la orilla en pacífica convivencia con los escasos bañistas de la época (entre los que me encontraba yo).Julio de 1985

Poco a poco Oropesa del Mar fue creciendo en población, turismo y fama. Abrieron discotecas y bares de copas, cada año se iban construyendo más edificios en la línea de costa, los clásicos chiringuitos se modernizaron y dejaron de ser apenas unas mesas sobre tierra con un cañizo de paja a modo de techo donde comer sardinas asadas, en la playa la Cruz Roja montó un puesto de socorristas, se pusieron unas camas elásticas y un castillo hinchable donde los niños nos lo pasábamos bomba…

Pub El Molí

Y de repente llegó José María Aznar y puso definitivamente en el mapa a un pueblo que todavía seguía siendo relativamente desconocido. Él veraneaba en la urbanización de Las Playetas, que está prácticamente lindando con Benicassim pero administrativamente forma parte del término municipal de Oropesa del Mar, y entonces el nombre de esta localidad Mediterránea comenzó a sonar y a leerse por todos los medios de comunicación.

En septiembre ya no tenía que decir a mis compañeros de clase “He estado en Oropesa, que es un pueblo de costa a 100 Km al norte de Valencia y muy cerca ya de Tarragona”. No, ahora cuando me preguntaban dónde había pasado el verano y pronunciaba el nombre de Oropesa mi oyente apostillaba mecánicamente “Ah sí, donde Aznar”.

Más o menos por aquella época echaba a andar la construcción del puerto deportivo (cuya inauguración fue en 1992) y el comienzo de la expansión del imperio Marina D’or, que en sus inicios era una urbanización de unos pocos bloques como tantas otras y que por un motivo u otro comenzó a extenderse en dirección Torreblanca a la velocidad de la luz. Por cierto, también desaparecieron las bucólicas barcas de la playa para ocupar unos flamantes amarres en el recién estrenado puerto deportivo.

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Recuerdo que por aquella época íbamos a Oropesa en tren, y cuando salíamos del túnel (actual vía verde) que indicaba que en apenas unos minutos estaríamos en el andén de nuestra estación, siempre miraba por la ventana de la parte derecha del vagón y alucinaba con la cantidad de nuevos bloques que habían construido en el que fue uno de los mayores exponentes de la expansión urbanística en nuestro país.

Color

Lo que hasta entonces era un lugar tranquilo dio paso a las colas: colas en los supermercados, colas en las duchas de la playa, colas a las diez de la noche en el locutorio telefónico que había en lo que hoy es la oficina de turismo, colas en los modernizados chiringuitos para pedir “una de sepia a la plancha y un tinto de verano”, colas en los recreativos, colas en el consultorio médico… La afluencia de gente en verano había crecido mucho más que los servicios e infraestructuras de Oropesa, y de aquella época recuerdo por ejemplo los cortes de luz en días de mucha demanda repentina de energía (a la hora de cenar, principalmente).

Con el paso de los años, la afluencia de veraneantes y la capacidad de la ciudad fueron equilibrándose, ya que el aumento de impuestos recaudados gracias al crecimiento de la población repercutió en mejores y más modernas infraestructuras. Ya no había cortes de luz, se hicieron amplias avenidas para los coches, paseos marítimos por los que caminar sin agobios, restaurantes climatizados, grandes supermercados… Cierto es que aquel crecimiento desmesurado nunca me gustó, porque yo siempre he preferido la tranquilidad de los sitios en los que apenas hay gente; pero esto hoy en día es ya una utopía si hablamos del Mediterráneo español.

Playa de la concha. Años 70

Ironías de la vida, durante algo más de dos años me tocó ser parte de la modernización de esta localidad castellonense; ya que fui el jefe de planta de la nueva depuradora de Oropesa tras su puesta en marcha. Y no sólo de la EDAR como tal, sino también de los múltiples bombeos y la red de colectores que de alguna manera son las venas de la ciudad. La antigua depuradora se había quedado muy pequeña para los requerimientos de la población y la encargada de construir las nuevas instalaciones y explotarlas durante los dos primeros años fue la empresa para la que trabajaba en aquel momento, de modo que me encomendaron la misión de hacer que aquello funcionara bien y no diera ningún tipo de problema.

Fue toda una experiencia, la verdad. Yo, que venía de una EDAR con unos cuantos años ya en sus maltrechas espaldas, tenía ahora bajo mi mando una instalación completamente nueva repleta de autómatas recién programados, equipos electromecánicos que todavía conservaban el brillo del metal, personal recién contratado con muchas ganas de trabajar, una red de colectores minuciosamente trazada que llegaba hasta las mismas puertas de Benicassim…

Era una gran responsabilidad, y además, cuando llegué allí el verano empezaba ya a asomar tímidamente por el horizonte, así que tenía que ponerme las pilas de modo que cuando llegara el mes de julio tuviera ya aquello controlado y estabilizado; pues la población de la localidad se disparaba de repente y toda la infraestructura de saneamiento tenía que estar preparada para resistir el exigente tirón estival.

Si ahora echo la vista atrás puedo afirmar que el trabajo de campo era el más fácil. Al fin y al cabo, con los manuales de las máquinas en la mano es fácil identificar cualquier problema y saber cómo ponerle remedio. Más complicado era lidiar con la administración, las previsiones económicas, los periodos de la energía, los días en los que tienes a dos personas de baja y surge una avería gorda, las tormentas a las tantas de la madrugada…

Con respecto a eso, recuerdo una noche de septiembre en plena lluvia torrencial en la que me tuve que acercar a la planta con el coche por unas calles que parecían arroyos. Y ya en la EDAR, mientras me deslomaba para abrir una compuerta cuya válvula manual parecía tener millones de vueltas, sudando la gota gorda bajo mi impermeable azul oscuro, con el agua empapando mi pelo y resbalando por mi cara mire al cielo y alzando los puños grité a pleno pulmón: “¿¡Es que en este p**o pueblo sólo llueve por las noches!?”. Sí, podéis considerarlo una enajenación mental transitoria en toda regla.

Lluvias en Oropesa del Mar (21/11/2011)

Pero al margen de momentos duros, he de reconocer que durante aquellos dos años también hubo días buenos; especialmente en los meses de otoño, que para mí es la mejor época para estar allí. Recuerdo atardeceres preciosos desde la ventana de mi despacho, fotografías del amanecer a la orilla del mar, días tranquilos en la depuradora en los que aprovechábamos para tomarnos las cosas con algo más de calma y hablar de cualquier cosa que se nos pasara por la cabeza, visitas de compañeros de empresa, averías resueltas rápidamente con una mezcla de maña e ingenio…

Aunque siempre tuve mucho trabajo en la depuradora y apenas dispusiera de tiempo libre, tuve la fortuna de poder disfrutar de esta localidad a orillas del Mediterráneo (y otras de los alrededores) cogiendo mi cámara y retratando aquellos paisajes que, especialmente durante el invierno, captaban mi atención poderosamente. Aquella luz tan especial que se da en los lugares de costa hacía que fuera incapaz de dar un simple paseo sin llevar mi cámara encima para poder captar esos momentos irrepetibles.

Oropesa del Mar

En el fondo sabía que antes o después acabaría volviendo a Madrid para emprender un nuevo proyecto laboral, cosa que sucedió a mitad de 2013. Por eso nunca dejé de hacer fotos durante el tiempo que estuve en Oropesa. Sabía que estaba viviendo una época que marcaría mi vida para siempre y quería captar unas imágenes que pudiera mirar años después para recuperar con más facilidad todos aquellos recuerdos.

A día de hoy no echo de menos aquello en términos generales; pero sí pequeños detalles. Mi regreso a Madrid significó estar otra vez cerca de mi novia, de mi familia y de las calles que me vieron crecer; pero también es cierto que el ritmo de la capital es mucho más estresante e insano que aquellos atardeceres silenciosos a la orilla del Mediterráneo.

Blue hour

Esos dos años en Oropesa del Mar supusieron para mí un gran crecimiento a nivel personal y laboral; y siempre he pensado que si aquello no hubiera funcionado bien hoy no estaría de nuevo en Madrid; así que vaya desde aquí mi sincero agradecimiento a todas aquellas personas que contribuyeron a hacer mi tarea un poco más fácil.

Mis mejores recuerdos de aquello no tienen como escenario playas abarrotadas ni terrazas en verano; sino estampas como esta que os dejo a continuación y que, para mí, refleja mejor que ninguna otra fotografía lo que es Oropesa del Mar en invierno.

Soledad

¡Nos leemos!

Review: Thrunite Ti Hi

Dentro de mi colección de linternas hay un modelo que para mi gusto es la estrella de la misma, ya que me parece que tiene un diseño muy elegante, está fabricada en titanio y además tiene el modo firefly con menos lumens de todas las que poseo: hoy os presento a la Thrunite Ti Hi.

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Aunque, en general, me gusta usar las cosas y no tenerlas de adorno, reconozco que este modelo no me ha acompañado ni un minuto a ninguna parte porque sencillamente no quiero que se estropee su bonito aspecto. Ya tengo una minúscula linterna de titanio que viene conmigo a todas partes y también durante una temporada en mi bolsillo “vivió” una linterna prácticamente idéntica a la que hoy os estoy presentando pero fabricada en aluminio; pero de esa hablaremos en otra ocasión.

El cuerpo

Como os decía al principio, el cuerpo de este modelo de linterna está íntegramente fabricado en titanio. Un material del que siempre he sido devoto; sobre todo en mis tiempos de mountain biker en los que mi sueño era tener una Merlin Titanium como la que tenía mi vecino de abajo. Por desgracia nunca pasé del típico cuadro de aluminio, pero quizás ahí radica el origen de mi fiebre por este material.

Como veréis en las fotos que ilustran esta entrada, tanto el cuerpo como la cabeza de la linterna tienen un patrón de minúsculos rombos para mejorar su agarre al que los expertos en estos temas denominan knurling. Todas las linternas tienen en mayor o menor medida algún tipo de relieve para que no se nos escurra entre los dedos si tenemos las manos frías y/o húmedas, pero para mi gusto el que hace Thrunite en sus modelos es el mejor de todos por ser sumamente rugoso.

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En cuanto a peso y dimensiones, este modelo se queda en unos escasos 14 gramos (sin la pila AAA que necesita para alimentarse) y mide aproximadamente 70 x 14 cm, de modo que en caso de que queráis llevarla encima ni siquiera la notaréis.

La cabeza se desenrosca y si lo hacéis podréis ver en ella el driver que alimenta y controla el LED. Para que no entre polvo ni humedad la rosca del cuerpo posee una junta tórica en su extremo final que debéis mantener lubricada para que no se desgaste. Lo ideal es aplicar una ligera capa de grasa de silicona tanto en ella como en la propia rosca para ello, pero no uséis cualquier producto porque la podéis dañar.

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Como suele ocurrir en las linternas de este tipo fabricadas en titanio, el tacto de la rosca es algo “arenoso” por las propiedades del material. No implica ningún defecto ni quiere decir que se vaya a desgastar, pero hay gente a la que este tacto le provoca cierta dentera; así que advertidos estáis.

La luz

Como os comentaba al principio de este artículo, una de las peculiaridades de esta Thrunite Ti Hi es que posee un modo firefly (luciérnaga) de tan sólo 0,08 lumens con unas 120 horas de autonomía. Y es cierto que poca utilidad tiene más allá de poder ver algo en la más absoluta oscuridad, pero es una cifra de récord y la verdad es que tiene su punto poder mirar al LED encendido y ver el relieve del reflector sin dejarnos una retina en el intento.

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Girando la cabeza para llevarla al punto de apagado y volviendo a encender tenemos el modo intermedio, que nos dará 12 lumens durante unas 6 horas y repitiendo la operación iremos al modo de máxima potencia que nos ofrece 30 minutos de iluminación a unos 120 lumens y que ya tiene potencia de sobra para iluminar una estancia.

Si repetimos el ciclo dos veces completas, a continuación saltará un modo estroboscópico poco recomendable para epilépticos y que usa el LED a plena potencia dando una autonomía de una hora.

La luz que esta linterna emite es de tonalidad fría. No llega a ser azulada como en algunos modelos; sino que da un tono blanco bastante neutro y, desde luego, no tiene ese tinte anaranjado de los LEDs que emiten en tonalidades cálidas. Para mi gusto es de las que dan una tonalidad más natural a la luz. Por cierto, para los amantes de la electrónica, comentaros que el LED es un CREE XP-L HI.

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Las sensaciones

Precisamente porque ya sabréis que es un detalle de las linternas en el que me suelo fijar, quería destacar el esmero con el que está fabricado el pequeño reflector de esta linterna con su textura de piel de naranja. Esto ayuda a dispersar la luz que proviene del LED haciendo que esta se proyecte de una manera más homogénea a lo largo y ancho de la superficie iluminada.

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Los reflectores lisos a menudo dan lugar a una zona central potentemente iluminada y una corona exterior en la que apenas llega luz; pero en este tipo de reflectores la verdad es que es un gustazo observar cómo la iluminación es suave y sin grandes diferencias.

Otro aspecto a destacar es el knurling que posee, ya que en un material tan duro como el titanio es complicado realizar un tallaje tan complejo. Al fin y al cabo se hace con la misma máquina que talla las linternas de aluminio; pero el útil a emplear tiene que ser de un material extremadamente caro (carburo de tungsteno, cobalto…) y hay que emplear mucha refrigeración porque debido a la mala conductividad térmica del titanio el útil de tallaje absorbe una enorme cantidad de calor que puede llegar a dañarlo.

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A la hora de usar la linterna, esta se lleva cómodamente en la mano por su pequeño tamaño, no se resbala gracias al agresivo moleteado de cuerpo y cabeza, es realmente ligera y, además, para mi gusto es extremadamente bonita (si bien ahí entran ya en juego los aspectos subjetivos de cada uno).

Cierto es que el modo firefly no se emplea demasiado y que al final el mejor compromiso entre iluminación/autonomía es el intermedio con sus 12 lumens 6 horas; pero es que como os digo, desde mi punto de vista estamos ante una linterna que está más destinada a ocupar un lugar en nuestro altar de estos pequeños dispositivos que a llevar una vida dura entre llaves y monedas en bolsillos de vaqueros apretados.

Ah, por cierto, se me olvidaba comentaros que el precio está en torno a los 30 euros (no es especialmente cara, las cosas como son) pero el problema es que no siempre es fácil de encontrar porque se suele fabricar en tiradas cortas y hay que estar al tanto para cazar una cuando sale de fábrica alguna remesa.

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¡Hasta el próximo artículo!

Review: Nitecore Tube

Dentro del amplio mundo de las linternas EDC (las de pequeño tamaño que podemos llevar siempre encima) hay un modelo que se sale un poco de lo común tanto por su forma como por ser recargable a través de USB.

Lo normal es que estas pequeñas linternas que os digo lleven una pila AAA y sean de forma cilíndrica con el cuerpo generalmente fabricado en aluminio como, por ejemplo, la Fenix E05 o la Olight i3E EOS. Sin embargo, la Nitecore Tube está hecha en policarbonato, posee una batería de litio y su forma es plana de tal modo que la podemos llevar en cualquier bolsillo sin que nos demos cuenta siquiera de su presencia.

Nitecore Tube

Hablando de dimensiones y peso, este modelo de Nitecore mide 56 x 21 x 8 mm y lleva la báscula hasta los 10 gramos, de modo que como podéis ver es todo un “peso pluma”. En cuanto a precio, se suele encontrar entre 8 y 10 euros la unidad, así que estamos ante un modelo relativamente económico.

Como os comentaba al principio, una de las peculiaridades de esta linterna es que se recarga mediante un puerto microUSB de manera que seguro que siempre tenemos cerca algún cable al que engancharla durante poco más de una hora, que es el tiempo que tarda en cargarse si está totalmente vacía de energía. Por cierto, durante la carga de la batería permanece encendido un pequeño LED dentro del cuerpo de la linterna.

Nitecore Tube

Esta Nitecore Tube es la que empleé en mi entrada sobre la regulación por PWM para mostraros de una forma visual cómo se aprecia esta funcionalidad. Por tanto, ya sabéis que en el modo más bajo de potencia tiene una frecuencia de conmutación de unos 550 Hz (que es bastante visible al ojo humano), que en los modos intermedios la frecuencia es de unos 3000 Hz y que a si máxima potencia no se emplea PWM de tal modo que no hay rastro de parpadeo alguno.

Comentar que en el envase de la linterna (tan plano como ella misma) viene dos anillas metálicas: una de pequeño tamaño y otra más como la de un llavero estándar. En las fotos que acompañan a este artículo está puesta la anilla pequeña, por cierto.

Nitecore Tube

En cuanto a capacidad lumínica, no esperéis emplear una Tube para buscar supervivientes en la montaña convirtiendo la noche en día porque no es ni mucho menos su cometido. Más bien estará siempre en nuestro llavero a la espera de esas ocasiones en las que echamos de menos una luz que nos permita ver la cerradura de la puerta, orientarnos en la oscuridad durante un apagón, mirar esa ligera fuga de anticongelante debajo del coche…

El modo de menor potencia (1 lumen, 48 horas) es ideal para cuando nos levantamos de la cama en mitad de la noche y no queremos despertar a nuestra familia pero tampoco queremos dejarnos una canilla en la típica mesa baja del salón. Da una luz más que suficiente para ver por dónde nos estamos moviendo pero pasaremos totalmente inadvertidos para los durmientes de la casa. Eso sí, si sois epilépticos no mováis mucho la linterna delante de los ojos en ese modo de potencia por si acaso… Si la ponemos a máxima potencia emitirá 45 lumens durante una hora.

Nitecore Tube

Otra peculiaridad de esta pequeña linterna es que hay un fácil acceso a los modos mínimo (una púlsación) y máximo (pulsación doble) pero también tenemos disponibles “infinitos” modos intermedios entre los que vamos regulando dejando el botón de encendido pulsado y viendo cómo va cambiando la intensidad luminosa.

Por último, me gustaría comentar que al principio no daba un duro por la tapa de goma que cubre el puerto microUSB, pero pese a llevar mucho tiempo dando vueltas en mi bolsillo sigue aguantando en su sitio y cumpliendo su función. Se nota que la goma está algo más débil, pero no se ha roto ni se ha deformado como al principio me temía. Y lo mismo digo del botón de encendido, que pese a lo rozado que está sigue teniendo un tacto ejemplar.

Nitecore Tube

Nitecore Tube

Comentaros ya para finalizar que la linterna está disponible en varios colores y en mi caso particular tengo una transparente y una negra (que es la que hasta hace bien poco me acompañaba en mi llavero). Además de esto también hay una versión ultravioleta de la que otro día os hablaré; aunque antes creo que sacaré a relucir el modelo que desde hace cosa de un mes viene conmigo a todas partes sustituyendo a la Tube y con el que estoy muy contento.

Nitecore Tube

¡Nos leemos!

La elegancia de las placas Arduino

Que Arduino es una plataforma gracias a la cual mucha gente se está iniciando en el mundo de la electrónica por muy poco dinero es un hecho. Que a mí me encanta porque así puedo hacer mis propios circuitos recordando los tiempos de los laboratorios de electrónica de la universidad, pues también.

Sin embargo, la finalidad de esta entrada no es narrar las muchas virtudes de este hardware y su IDE de programación; sino mostraros unas imágenes de un par de modelos de placas (UNO y Leonardo) que he estado fotografiando con mi objetivo macro para tratar de enfatizar la elegancia con la que están diseñadas y fabricadas.

Arduino

No es sólo el distintivo color azul de su placa de circuito, el cuidado trazado de sus pistas y el minucioso esmero con el que están ensamblados todos sus componentes. Es que una placa Arduino (especialmente el modelo Leonardo) es una obra de ingeniería que da gusto sostener en la mano para, simplemente, contemplarla.

Además, después de algún que otro ejemplo que ya ha salido por aquí a relucir creo que a estas alturas de la película ya tendréis claro que una de las cosas que más me gusta fotografiar muy de cerca es la electrónica; y es que al final todos tenemos nuestras pequeñas obsesiones.

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Como os digo, no entro al apartado técnico porque ya hay muchas publicaciones en internet que lo hacen mucho mejor que yo; pero sí me gustaría destacar el trabajo de unos diseñadores de los que no mucha gente se acuerda pero a los que yo quiero rendir desde aquí este pequeño homenaje.

Arduino

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Espero que hayáis disfrutado de las fotos. ¡Nos leemos en la siguiente entrada!

¿Qué es la regulación mediante PWM?

Hay un concepto que estudié en la carrera y que siempre me ha llamado poderosamente la atención: la modulación por anchura pulso, más conocida por sus siglas en inglés PWM (de Pulse Width Modulation).

Aunque es algo que se aplica a muchos ámbitos, me gustaría explicaros este concepto usando para ello unos dispositivos a los que estoy muy acostumbrado: las linternas LED. De este modo creo que os puedo narrar en qué consiste este tipo de regulación y poneros unos ejemplos muy visuales de ello. Vamos allá.

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Dos modos de regular una magnitud de naturaleza analógica

Os decía que emplearía linternas para explicaros la regulación PWM porque es una aplicación muy típica de este concepto y creo que es un ejemplo que todos podéis imaginaros por ser extremadamente simple.

Imaginad una linterna LED que cuente con un regulador de la intensidad lumínica. Es decir, que podemos seleccionar varios escalones entre una luz muy tenue y toda la que pueda dar el diodo LED que transforma la energía de las baterías en fotones.

La potencia lumínica de una linterna viene dada en términos generales por el producto de la tensión por la corriente que recibe el LED. Para simplificar nuestros cálculos vamos a suponer que el driver mantiene la tensión constante de tal modo que la regulación de la potencia se realiza variando nada más que la corriente entregada. Esta suposición tampoco es que se aleje mucho de la realidad, ya que lo habitual en las linternas LED es que posean un regulador de tensión que hace que al LED le llegue el mismo voltaje independientemente de la carga de la batería.

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Circuitería de control (driver) en la cabeza de una Olight i3E EOS

El modo “caro” de modificar el grado de iluminación que da la linterna es empleando un regulador que permita variar la intensidad de la corriente entregada al LED. De este modo la linterna emitirá cierta cantidad de luz de forma continuada. Si el LED requiere 80 mA para lucir al 100% de su capacidad, el regulador entregará 40 mA para que luzca a la mitad (50%), 20 mA para que luzca a una cuarta parte de su capacidad (25%), 72 mA para que luzca al 90%… Creo que el concepto queda claro, ¿no?

Lo que ocurre, como os decía antes, es que la circuitería necesaria para regular esta corriente suele ser más compleja (y por tanto de mayor coste) que la electrónica necesaria para regular por PWM, que es lo que vamos a ver ahora.

El ciclo de trabajo

La regulación por anchura de pulso es un modo digital de conseguir regular una magnitud de manera que parezca analógica. En esencia se trata de conmutar muy rápidamente entre los estados de encendido (con el LED al 100% de su potencia) y apagado jugando con el ciclo de trabajo de tal modo que la intensidad lumínica obtenida es la de dicho ciclo de trabajo.

Para entenderlo de un modo sencillo vamos a poner como ejemplo una linterna cuya frecuencia de conmutación sea de 100 Hz, lo que significa que cada segundo hacemos 100 ciclos ON-OFF; lo que equivale a decir que un ciclo ON-OFF dura una centésima de segundo. También supondremos que el LED a plena potencia consume los 80 mA que puse antes como ejemplo.

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Algunas linternas de mi colección

Pues bien, si durante esa centésima de segundo (que equivale a 10 milésimas de segundo) hacemos que nuestra circuitería electrónica mantenga el LED encendido durante las primeras 5 milésimas y lo apague las 5 siguientes tendremos un ciclo de trabajo del 50% y esa será la intensidad lumínica de la linterna con respecto a la que daría el LED continuamente a plena potencia.

Si la electrónica mantiene el LED encendido las primeras 2 milésimas y apagado las 8 siguientes tendremos un ciclo de trabajo del 20% y, por tanto, una intensidad lumínica inferior al caso anterior. Otro ejemplo sería tener el LED encendido las primeras 7 milésimas de cada ciclo y apagado los 3 restantes, lo que daría un ciclo de trabajo del 70% y una intensidad lumínica de ese mismo valor.

Si nos vamos a los casos extremos (algo que a los ingenieros nos encanta) vamos a ver que si tenemos el LED encendido durante las 10 milésimas tenemos un ciclo de trabajo del 100% que indica que la linterna está encendida a plena potencia. Del mismo modo, si el tiempo de encendido es de 0 milésimas y las restantes 10 milésimas está apagado, el ciclo de trabajo es del 0% y por tanto la linterna no emite luz alguna.

Un modo gráfico de ver todo esto

El ladrillo que os he escrito en los párrafos superiores es sencillo de entender si hacemos una gráfica de cada caso, que es lo que os voy a plantar a continuación:

En ella, tenéis en cada caso en el eje horizontal la evolución en el tiempo y el eje vertical los dos estados posibles del LED (ON y OFF) donde el estado ON implica un consumo de corriente de 80 mA y el estado OFF de 0 mA. Asumimos también que el cambio entre los dos estados se realiza de forma instantánea.

Pues bien, si consideramos la intensidad lumínica en cada uno de los casos como el área rayada que se genera en cada ciclo ON-OFF, haciendo una cuenta sencilla observamos que la modulación PWM equivaldría en términos lumínicos a una corriente constante del valor proporcional al ciclo de trabajo.

Por tanto, si queremos obtener una luminosidad del 20% de la nominal del LED podemos introducir un regulador analógico de corriente que de 16 mA o bien diseñar un regulador PWM funcionando con un ciclo de trabajo del 20%; siendo esta última solución, por lo general, más sencilla y económica.

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LED de una Olight i3S EOS en modo firefly (el más tenue de todos)

Desventajas de usar PWM

No todo van a ser bondades; y es que a la hora de diseñar un sistema regulado por PWM (en nuestro caso una linterna) es muy importante tener en cuenta la frecuencia de conmutación del dispositivo, ya que de no ser lo suficientemente rápida el ojo va a percibir un parpadeo que puede llegar a ser bastante molesto. En el caso de una bombilla incandescente no es un punto crítico porque su tiempo de encendido y apagado es de algunos milisegundos, de modo que los escalones del cambio de estado están muy amortiguados; pero en un LED que se enciende y se apaga en un tiempo prácticamente nulo, si no elegimos una frecuencia de conmutación lo suficientemente rápida enseguida vamos a notar ese irritante parpadeo.

Esto que os comento puedo mostrarlo con la ayuda de una cámara de fotos, así que os voy a dejar en primer lugar con una fotografía de una linterna regulada sin PWM (Olight i3S EOS) moviéndose rápidamente delante del objetivo:

Olight i3S EOS moviéndose delante de la cámara a su mínima potencia. No hay rastro de PWM

Como veis, el trazo dejado por la luz es una línea continua porque el LED está luciendo uniformemente en todo momento. Sin embargo, cuando hago esto mismo empleado una linterna regulada por PWM (una Nitecore Tube en este caso) vais a ver que el resultado es bien distinto:

Nitecore Tube moviéndose delante de la cámara a su nivel de potencia más bajo y mostrando un marcado PWM

¿Veis los encendidos y apagados del LED? Son debidos a que aunque a simple vista parece que la linterna luce de forma constante en realidad el PWM la está haciendo encenderse y apagarse a toda velocidad tal y como os comenté en el apartado anterior.

Pues bien, ya que estamos vamos a ver la frecuencia de conmutación del LED en este caso concreto, pues si miramos los datos EXIF de la imagen que hemos capturado vemos que el tiempo de exposición es de 1/50 seg. Si contamos el número de parpadeos que ha hecho el LED durante ese breve lapso de tiempo (se ve claramente que han sido 11 veces) podemos calcular que la frecuencia de conmutación es de aproximadamente 550 Hz.

Este modelo de linterna tiene una frecuencia de conmutación bastante baja en el modo más tenue, pero algo mayor en los modos intermedios y no emplea PWM en el modo más brillante (lógico, ya que el LED recibe toda la corriente que puede admitir). Ya que estamos vamos a ver esos dos casos más que os comento.

La Nitecore Tube posee una frecuencia de PWM más alta en los modos intermedios

En la imagen que tenéis aquí encima la linterna está funcionando a potencia intermedia y su frecuencia de conmutación es mayor que en el caso anterior. Para hacer la fotografía he empleado un tiempo de exposición de 1/400 seg y cuento 9 parpadeos del LED. Esto nos da una frecuencia de conmutación de aproximadamente 3200 Hz. En este caso el parpadeo es apenas perceptible por el ojo humano, lo que hace que su uso sea más relajado para la vista.

Me gustaría aclarar que la frecuencia de conmutación en estos modos intermedios de la Nitecore Tube es la misma para todos ellos, pero lo que va a variar entre unos y otros es el ciclo de trabajo tal y como hemos visto en el diagrama de tiempo que os dibujé anteriormente.

La Nitecore Tube no muestra ningún tipo de PWM en su potencia máxima

Si ponemos la linterna a plena potencia no se hace uso de PWM para regular, ya que en realidad no hay nada que regular debido a que el LED está recibiendo continuamente la corriente de encendido, de modo que el rastro que deja es perfectamente continuo.

Comparativa visual entre la Nitecore Tube (arriba) y la Olight i3S EOS (abajo) funcionando en sus modos de potencia más bajos

Por último, no quería dejar pasar la oportunidad de mover a la vez ambas linternas delante de la cámara funcionando a su mínima potencia para que podáis apreciar la diferencia entre la que va regulada por PWM y la que está regulada a corriente constante. Como podéis ver, mientras que una ha parpadeado 15 veces en los 1/40 seg que ha durado la exposición de la imagen (esto me da una frecuencia de PWM de unos 600 Hz) la otra ha dejado un rastro perfectamente continuo.

La importancia de la frecuencia de conmutación

Ya os habréis dado cuenta de que el ejemplo que os puse en papel era muy teórico porque en él os hablaba de una frecuencia de conmutación para el PWM de 100 Hz; pero lo hice para poder usar unos tiempos muy definidos y fácilmente entendibles. En caso de fabricar una linterna LED que implemente esa frecuencia de conmutación sería prácticamente una luz estroboscópica y acabaríamos mareados si hiciéramos uso de ella.

Daos cuenta de que en su modo más bajo la Nitecore Tube tiene una frecuencia de conmutación de entre 500 y 600 Hz y os aseguro que a simple vista se nota bastante. Sin embargo, a esos aproximadamente 3 KHz a los que conmuta en los modos intermedios el ojo ya no aprecia parpadeo; pero es que se trata de una frecuencia 30 veces superior a la del ejemplo que os puse, por lo que os podéis hacer una idea de la velocidad a la que es capaz de encenderse y apagarse un LED. Para que os hagáis una idea, conmutar a 3000 Hz significa que el ciclo de encendido y apagado del LED dura aproximadamente 0,3 milésimas de segundo.

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Bueno, y hasta aquí este artículo cuya intención no era otra que compartir con vosotros un tema que a mí me parece muy interesante y que además tiene muchas aplicaciones tanto en el mundo industrial como en la vida diaria, ya que esta misma teoría que rige el funcionamiento del PWM en las linternas es aplicable a control de motores, caudales, temperaturas… Ahora que lo conocéis seguro que os dais cuenta de que estáis rodeados de aparatos controlados por PWM.

Como curiosidad, me gustaría sacar a relucir esta fotografía tomada en una isleta de la calle de Alcalá, donde a mi derecha pasaban coches que mostraban sus luces rojas de posición y/o freno y a mi izquierda los coches que venían de frente y, por tanto, haciendo brillar sus luces blancas de cruce.

Entre el tráfico de Madrid

¿Veis algún rastro de PWM? Pues no, porque la fotografía la hice hace ya doce años (todavía me acuerdo perfectamente del momento de captar esta imagen) y los coches todavía ni siquiera soñaban con llevar luces exteriores LED. Si hiciéramos esta misma foto hoy en día o aseguro que muchas de esas líneas difuminadas pero continuas serían una larga sucesión de puntos porque en los últimos tiempos los LEDs están copando el mundillo de la iluminación.

¡Nos leemos!