Disfrutando del sol en el parque Juan Carlos I

Como tantas otras veces, aproveché una mañana de fin de semana para levantarme temprano y dirigir mis pasos a uno de mis lugares favoritos de Madrid: el parque Juan Carlos I.

Juan Carlos I

Sé que ya os he hablado alguna que otra vez de este lugar incluso de algún rincón en concreto; pero una vez más no me resisto a compartir con vosotros algunas imágenes capturadas con la inestimable ayuda de mi cámara. Espero que os gusten y que si nunca habéis estado allí os animéis a conocer este inmenso espacio verde de Madrid.

Juan Carlos I

Juan Carlos I

Juan Carlos I

Juan Carlos I

Juan Carlos I

Juan Carlos I

Juan Carlos I

Juan Carlos I

Juan Carlos I

Juan Carlos I

Bonus: Geometría Escheriana en las cercanías del acceso peatonal al parking del auditorio

La colina de El Principito

Hay una colina en la parte Oeste de mi querido parque Juan Carlos I que siempre me ha recordado al cuento de El Principito. Es de pequeño tamaño, cubierta de hierba y con árboles en su parte superior. Y aunque es cierto que en el famoso libro lo único que hay en el planeta de ese niño rubio es una flor, no puedo dejar de ver en este pintoresco lugar el escenario del libro de Antoine de Saint-Exupéry.

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Pese a que a mí me parece un lugar con mucho encanto, no suele haber gente en lo alto de esta pequeña colina. No sé si será por su pronunciada pendiente o porque se encuentra en una de las zonas del parque menos transitadas; pero sea como sea, si uno se sube allí arriba puede disfrutar de unas buenas vistas del monumento “Espacio México” con Madrid al fondo.

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Allí, sentados entre los árboles, podéis divisar a los piragüistas que por el canal entrenan a diario, a los niños que juegan despreocupados en los columpios con forma de barco pirata que hay en las inmediaciones y observar cómo se mezclan en los caminos del parque runners y caminantes con sus perros. Un remanso de paz en el que sentarse unos minutos a disfrutar sin más preocupaciones.

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Ya sabéis de mi debilidad por este gran parque de Madrid al que acudo de vez en cuando para descubrir algún nuevo recoveco en el que no me había fijado hasta entonces. Esta colina que hoy retrato es sólo uno más de estos rincones, pero para mí es uno de los más especiales. Si pasáis a su lado, volved por un instante a vuestra infancia y echad una carrera para alcanzar su cima. Os sentiréis muy bien, os lo aseguro.

La belleza incomprendida de los reflectores

Llevaba ya tiempo con ganas de hablaros de la que, para mí, es la parte más bonita de una linterna: su reflector. Sí, a lo mejor os suena un poco raro, pero dejadme que os cuente algunas cosas y os muestre unas fotografías y ya veréis cómo empezáis a apreciar también a esta pequeña pieza presente en la gran mayoría de las linternas y en la que a lo mejor algunos ni siquiera os habéis fijado antes.

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¿Qué es y para qué sirve un reflector?

A rasgos generales, un reflector es una pieza de material brillante (aluminio en muchas ocasiones) con forma parabólica que en una linterna va colocado detrás del LED de manera que encauza y reparte la luz que no sale directamente por la parte frontal de la linterna.

Es decir, que una linterna sin reflector va a funcionar y va a iluminar; pero su intensidad lumínica será menor que ese mismo modelo equipado con reflector porque la luz que sale del emisor LED hacia los laterales será absorbida en buena medida por el propio cuerpo de la cabeza de la linterna. Sin embargo, cuando disponemos de un reflector, esa luz que de otra forma no se aprovecharía, se refleja y acaba saliendo también por el frente de la linterna.

En función de la forma, el material y la textura del reflector el cono de luz resultante será más o menos intenso, con halos residuales, con bordes difusos, atenuación… pero eso ya son cosas que se me escapan y que los que diseñan las linternas ya se encargan de planificar en función de las especificaciones de diseño.

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Cierto es que, como os conté en la review de la Olight i3E EOS, también existen las llamadas lentes TIR que gracias a su forma y material reparten la luz que emite el LED de manera suave, pero de eso ya hablaremos otro día porque hoy me quiero centrar en los clásicos reflectores.

Tipos de reflectores

Como os decía al principio de este artículo los reflectores de las linternas me parecen pequeñas obras de arte, especialmente aquellos que poseen texturas suaves como alguno que ahora veremos. Ya no es sólo su forma, su aspecto o el brillo de su superficie; sino el pensar que detrás de esa pequeña pieza en la que mucha gente no se habrá fijado en la vida hay muchas horas de cálculos para modelar la luz que saldrá de esa linterna cuando alguien la encienda en mitad de la oscuridad.

Reflector liso pulido

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Este es, seguramente, el más utilizado, ya que puede ser tanto de metal pulido como de plástico imitando la superficie de un espejo. Se emplea en infinidad de modelos tanto de gama alta como de baja, ya que una superficie pulida no es ni mejor ni peor que otra de las que vamos a ver, puesto que para modelar el cono de luz hay más factores como os decía antes.

Reflector de aluminio natural

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No es excesivamente habitual y, de hecho, en las linternas que poseo a día de hoy sólo lo emplea la Fenix E01. Se trata de fabricar el reflector en aluminio dejándolo con su aspecto mate natural para intentar así que el cono de luz sea algo más suave. Digamos que pretende aunar las ventajas de un reflector liso con las de uno texturizado; pero ya se sabe que este tipo de estrategias consiguen más una solución “de compromiso” que otra cosa.

Reflector con textura de piel de naranja

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Estos son para mí, los más bellos de todos; especialmente si se miran desde el ángulo adecuado. Si os fijáis en la fotografía que tenéis sobre este párrafo entenderéis enseguida porque se le llama textura “de piel de naranja”; y es que todas esas protuberancias lo que intentan es que los rayos de luz que se reflejan en ellos lo hagan de una manera tan caótica que al final den lugar a un cono de luz suave y de bordes difusos.

Ve hacia la luz…

Esto es así porque si alguna vez habéis caminado con una linterna en completa oscuridad os habréis dado cuenta de que lo que hay dentro del círculo de luz generado por ella se puede ver con claridad, pero por contraste lumínico aquello que está fuera de ese círculo para nuestros ojos estará en la negrura más absoluta.

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Lo que consigue un cono de luz de bordes suaves y difuminados es que si caminamos en plena oscuridad cerca de algo relevante (un agujero, un perro rabioso, un billete de 50 euros…) aunque esté fuera del círculo de luz intensa, podamos vislumbrar algo gracias a la luz débil del exterior del cono y entonces dirijamos hacia allí nuestro haz de luz y nuestra mirada.

Mi visión personal de los reflectores

De todos modos, más allá de la utilidad de un tipo u otro de reflector (y que ya os digo que aparte de la textura hay más factores que van a permitir modelar el cono de luz de una linterna) yo hoy quería revindicar los reflectores por su belleza intrínseca, por cómo reflejan la luz aleatoriamente en sus suaves crestas y valles cuando son texturizados, por los destellos plateados del sol cuando incide sobre ellos, por cómo agrandan nuestra nariz aquellos que están pulidos como espejos…

Sirvan estos párrafos y las fotos que los acompañan como homenaje a esos seres discretos e incomprendidos en los que casi nadie repara: los reflectores.

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¡Nos leemos!

Review: Olight i3E EOS

En mi particular gusto por las linternas pequeñas hoy me gustaría hablaros de un modelo recién llegado al mercado (de hecho a día de hoy apenas hay reviews disponibles) que si bien tiene la ventaja de un peso y tamaño casi imperceptibles, también posee desde mi punto de vista algún defecto que luego os comentaré. Vamos por tanto a pegarle un buen repaso a la Olight i3E EOS.

Olight i3E EOS (XIII)

La i3E es la compañera ideal para nuestras llaves, ya que ni por peso ni por tamaño (19 gr, 60 x 14 mm) va a suponer un cambio apreciable en nuestro bolsillo. Conozco a gente que lleva enganchada al llavero una linterna AA, de modo que este modelo que ocupa poco más que la pila AAA que la alimenta les parecerá algo casi imperceptible.

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La i3E EOS es ahora mismo el modelo de entrada de Olight y de ahí que el envase que la contiene sea más espartano de lo habitual como podéis ver en la siguiente imagen. Nada que ver con su “prima” i3S EOS (de la que os hablaré en una futura entrada) que viene en una elegante caja de plástico y que además incluye algún elemento más a modo de “extra”.

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El cuerpo

El cuerpo de esta pequeña linterna es bastante clásico: forma cilíndrica, cabeza “a rosca” y fabricada integramente en aluminio anodizado. En cuanto a la lente, es de tipo TIR, lo que hace que la luz se reparta en un cono muy progresivo en el que ni el centro es muy intenso ni en los bordes se aprecia una caída de la intensidad lumínica muy acusada.

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Comparación de tamaño entre la i3E y una Fenix E05

En la parte trasera tenemos una anilla situada justo en una protuberancia centrada en el “culo” de la linterna, de modo que si la dejamos colgar quedará totalmente vertical a diferencia de otros modelos en los que la anilla está en posición asimétrica y al colgarla de ahí queda torcida.

Si la ponemos junto a la ya analizada Fenix E05 veremos que el cuerpo de esta linterna no tiene un knurling al uso, pero sí que posee varias líneas longitudinales tanto en el alojamiento de la pila como en la cabeza, de modo que no resbalará en nuestras manos al accionarla.

Comentar también que la linterna no trae ningún tipo de clip que si bien yo no uso seguro que habrá gente que echará en falta. Ya no sólo porque podamos sujetarla rápidamente al bolsillo, a la visera de una gorra o a cualquier otro elemento; sino porque si la depositamos en una superficie inclinada empezará a rodar cuesta abajo.

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La sujección de la anilla en la parte trasera

Por cierto, no quiero dejar pasar por alto que tengo la sensación de que el anodizado de este modelo no es tan resistente a los roces como el de la Fenix E05, ya que en apenas una semana buena parte de las aristas de la parte trasera de la linterna están totalmente pulidas mientras que en el caso de la E05 tuvo que pasar más de un mes para llegar a ese estado.

Por otra parte, también quisiera comentar que las roscas están perfectamente perfiladas y que el movimiento giratorio de la cabeza es firme y suave al mismo tiempo. Al final de la rosca hay una junta tórica transparente (ojo, en este modelo, al contrario de lo que suele ser habitual no viene ninguna junta de recambio) y la unión entre cuerpo y cabeza está ligeramente engrasada.

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Las roscan están perfectamente perfiladas

Y ya que estamos hablando de las roscas de la linterna, me gustaría comentar un detalle que es bonito (al menos para mi gusto) pero que técnicamente no es muy acertado. Resulta que si desenroscamos la cabeza de la linterna y miramos en su interior observaremos que toda la parte de control de la iluminación, que es lo que se denomina driver, está expuesto al aire cuando lo normal es embutirlo en algún elemento conductor del calor para que así éste fluya hacia el cuerpo de la linterna y no se acumule en su interior.

Cierto es que no se trata de una linterna destinada a alumbrar durante mucho tiempo, pero si la encendéis y la sostenéis apenas un par de minutos en vuestra mano, pronto vais a notar un calor que pasado un tiempo puede llegar a ser incluso molesto. Como os digo, casi todas las veces que encendáis esta linterna va a ser en periodos de apenas diez segundos, pero me llama la atención que por ahorrar algo de espacio (y seguramente de coste) en el interior de la linterna la electrónica está expuesta a simple vista.

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La cabeza de la linterna por su parte interior (me encanta)

¿Que implica el calor para un LED? Pues una vida útil más corta y una menor intensidad lumínica a medida que la temperatura del emisor aumenta. Por tanto, lo más lógico es tratar de evacuar el calor de una u otra manera.

La luz

Como os decía antes, la inclusión de una lente TIR hace que la luz emitida por el LED Philips LUXEON TX se reparta uniformemente. No sé si sabéis qué es una lente de esas características, así que os comentaré a grandes rasgos que se trata de una pieza de plástico transparente con una forma interna más o menos compleja que ocupa todo el espacio entre el LED y el frontal y permite a la luz difundirse homogéneamente en lugar de emplear el típico reflector parabólico de aluminio o similar y una lente plana frontal.

Es una solución que Fenix emplea en su modelo E05 y Olight en la S1 Baton (de la que también tengo pendiente hablaros en otra ocasión). Como veis, se trata de un elemento bastante habitual en linternas de esta gama.

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Lente TIR

La luz emitida por la i3E es de un tono muy blanco y su intensidad es de 90 lumens en este modelo y los del resto de colores disponibles. No sé por qué, pero en el modelo de color aluminio es de 120 lumens.

En cualquier caso, como ya estáis viendo, la linterna sólo posee un modo de iluminación el cual provoca los dos problemas más graves que le encuentro a este modelo de Olight: por un lado la escasa autonomía (unos 45 minutos) y por otro, y aunque parezca un poco contradictorio, que la linterna ilumina demasiado para el tamaño que tiene.

La autonomía está a la par con los modos de otras linternas que ofrecen parecida cantidad de lumens, así que esto no debería de sorprender a nadie, pero como nos demos una vuelta para pasear al perro lo mismo a la vuelta empezamos a ver que la linterna empieza a apagarse poco a poco.

En cuanto a lo del exceso de iluminación hay que matizarlo un poco para evitar malentendidos, así que vamos a ello: el problema de tener un sólo modo con un porrón de lumens en una linterna que va a ir en nuestro llavero es que en el 90% de las ocasiones sólo vamos a necesitar una fracción de la luz que esta i3E nos va a dar. De hecho, de los tres modos que ofrece la Fenix E05 es rarísimo que llegue a usar el más potente, de vez en cuando uso el intermedio y casi siempre echo mano del modo más bajo posible.

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Si por ejemplo llegamos a casa de madrugada y no queremos molestar a los que estén durmiendo, con 8 lumens tenemos más que de sobra para atravesar la casa sin que nadie se de cuenta. Sin embargo, si nada más entrar por la puerta nuestra linterna mete un chorro de luz puede que alguien piense que un OVNI acaba de posarse en medio del salón.

Para ese tipo de usos es para lo que vienen de maravilla los modos “firefly” de ciertos modelos como la Thrunite Ti3 (otro modelo que tengo y del que me gustaría hacer una review más adelante) que además de ser extremadamente discretos, dan unas autonomías de varios días con una simple pila AAA.

Las sensaciones

Como siempre os digo, en estos párrafos finales de la review pretendo comentar y transmitir las sensaciones que me ofrece la linterna de la que os estoy hablando. En el caso de la Olight i3E EOS he de reconocer que es su minúsculo peso y tamaño lo que me animó a hacerme con ella (bueno, y también el factor novedad, que a veces nos hace comprar cosas que de otro modo tal vez no adquiriríamos).

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Otra comparación con una E05

Sin embargo, más allá de esto me he llevado la sorpresa del suave tacto de este modelo; muy a la par con el de otra linterna que también admiro mucho en su forma como es la Olight i3S EOS. Me gusta también el hecho de que posea una lente TIR porque creo que es un método sencillo, fiable y robusto de emitir la luz de una forma muy optimizada. De todos modos, en cuanto a elegancia se refiere, para mi gusto nada puede compararse con un buen reflector de piel de naranja como el que equipan la propia i3S o la Thrunite Ti3.

El anodizado de este modelo me gusta por aspecto y textura en la mano (a día de hoy dispongo de los modelos en color negro y azul) pero como os decía antes, tengo la sensación de que no aguanta tanto el roce como el de las linternas de Fenix por ejemplo. Os coloco a continuación una imagen de cómo está la parte trasera de la linterna habiéndola llevado en mi llavero apenas diez días.

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Parte trasera del modelo en color negro que me acompaña actualmente

Por cierto, os contaré que a la hora de utilizar una linterna de este tipo no hay nada que me moleste más que notar que la cabeza va excesivamente suelta, ya que ello conllevará que acabemos perdiéndola o bien activando la linterna en el bolsillo y quedándonos sin batería justo cuando más falta nos haga. En el caso de la linterna que nos ocupa tiene un tacto firme y preciso que no se mueve en el bolsillo incluso en largas caminatas pese a ir apretada con las llaves.

Lo malo de la i3E es la poca autonomía y la mucha luz que da. Vale, lo de que de mucha luz es algo discutible (a mí me gusta contar con algún modo de pocos lumens) pero con una autonomía de unos 45 minutos mejor será que llevemos encima una pila de repuesto. Por lo demás, es una maravilla que podemos llevar encima sin darnos cuenta siquiera.

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El mecanizado de la linterna es fantástico

Por último, señalar que podéis encontrar la Olight i3E por un precio que oscila entre 10 y 15 euros tanto en las tiendas online habituales como en algún comercio físico especializado en estas cosas. Creo que no os lo he comentado nunca, pero yo suelo acudir a Leopard, que está en la zona comercial de la estación de Chamartín.

Más información

Review: Fenix E05 2014

Como algunos ya sabréis, los diseños minimalistas siempre me han cautivado hasta el punto de que si algo tiene una versión “mini” es muy posible que sea la que se venga conmigo a casa en lugar de la de tamaño estándar. Por supuesto, el mundo linternero que tanto me atrae no es una excepción y del mismo modo que los enormes cañones de luz que abundan por los foros de esta temática no me llaman nada la atención, esos pequeños cilindros no más grandes que una pila AAA me vuelven loco.

El caso que hoy nos ocupa es el de una pequeña linterna que en la mayoría de las ocasiones va permanentemente enganchada al llavero del usuario pero que es capaz de generar luz más que suficiente para mil y una situaciones. Con todos vosotros, la Fenix E05 2014.

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Mis llaves y la E05

La E05 2014 es una linterna de la conocida marca Fenix que funciona con una pila AAA y que cuenta con tres modos de funcionamiento: 8, 25 y 85 lumens. Su única parte móvil es la cabeza en la que se aloja el LED propiamente dicho y su movimiento rotatorio es el que nos va a permitir encender y apagar la linterna así como cambiar de modo, cosa que se puede hacer perfectamente con guantes gracias a la textura rugosa de su superficie. Su precio está entre 15 y 20 euros.

Knurling de la E05

Otra vista del knurling de la E05

Otra vista del knurling de la E05

La cosa consiste en que al encender la linterna por defecto se pone en el modo más bajo de los tres. Si ahora la apagamos pero la volvemos a encender antes de que pase un segundo se colocará en el modo intermedio; y si repetimos esta operación por segunda vez se pondrá en el modo de 85 lumens con la particularidad de que pasado tres minutos automáticamente volverá al modo intermedio para evitar sobrecalentamientos.

Si en cualquiera de los modos apagamos la linterna y dejamos pasar más de un segundo antes de volver a encenderla esta lo hará en el modo de 8 lumens.

De izquierda a derecha modo bajo, medio y alto de la E05

El cuerpo

En lo físico, lo mejor de esta linterna es el tacto sólido que tiene tanto al agarrar el cuerpo de la linterna como al efectuar el giro de la cabeza, ya que al ser una linterna que suele ir en el llavero del usuario o directamente suelta en el bolsillo, si la cabeza girara con demasiada suavidad acabaríamos por encontrarnos más de una vez con que se nos ha encendido por accidente y nos hemos quedado sin energía en ella.

Toda la linterna está fabricada en aluminio de buena calidad y en su superficie se ha aplicado un anodizado tipo III que hará que tarde tiempo en llenarse de rascones y arañazos (aunque con el uso lo hará, eso es inevitable). Del mismo modo, no quiero dejar pasar por alto que las roscas vienen bien lubricadas y al final de las mismas tenemos una junta tórica que permite que podamos mojar la linterna sin temer por su integridad al ser IPX-8 y que debería de resistir caídas de hasta un metro de altura o al menos eso es lo que el fabricante asegura. Aclarar que lo del agua lo he comprobado, pero lo de las caídas todavía no.

La E05 en tailstanding

En la parte trasera contamos con una base que nos permite mantener la linterna en pie (útil para colocarla sobre una superficie plana y rebotar la luz en el techo) y que cuenta con un agujero para pasar una anilla y así añadir la linterna a nuestro llavero.

Comentar también que la linterna tiene unas dimensiones de 66,5 x 15 mm y un peso de 12,5 gramos sin incluir la pila AAA que la alimenta.

Sistema de enganche de la anilla para llavero

La luz

La tonalidad de la luz que emana de este modelo de linterna es blanca (parece obvio, pero hay modelos en los que esto no es así como ya veremos en el futuro) y el círculo proyectado por el LED a través de la lente frontal es suave y sin halos secundarios en ninguno de los tres niveles de potencia disponibles.

La autonomía es de unos 45 minutos en modo alto, 4 horas en modo medio y 15 horas en modo bajo; y aunque es verdad que no me dedico a poner un cronómetro en marcha cada vez que la enciendo, después de muchas semanas de uso sigo con la pila que venía inicialmente en el blister.

LED y reflector en el modo de baja potencia

Las sensaciones

Siempre he dicho que esto de las linternas es algo muy pasional (y muy poco racional) de modo que no espero que todos compartáis mis impresiones sobre este pequeño “cacharro”. El caso es que allá van los párrafos más personales de esta review y que son los que hablan de lo que me parece y las sensaciones que evoca en mí esta linterna:

Cada vez que meto la mano en el bolsillo y noto el tacto rugoso de la E05 me invade una sensación reconfortante: saber que está ahí, que si necesito un rayito de luz estará siempre a punto, que si una tormenta inoportuna me empapa de pies a cabeza no se estropeará y que con el paso del tiempo irá perdiendo poco a poco el anodizado que recubre su cuerpo empezando por las aristas y terminando por las zonas más recónditas…

Desgaste por la parte trasera tras unos meses de convivencia con el resto de mis llaves

Tal vez no le veáis el sentido práctico a llevar encima un cilindro metálico con un LED en la cabeza y una pila en su interior y más ahora que cualquier móvil puede hacer de linterna de mano; pero es que como os decía antes, esto de la afición por las linternas es algo muy enraizado dentro de uno mismo y, por tanto, no merece la pena perder tiempo y esfuerzo en tratar de ensalzar sus virtudes y/o defender sus defectos.

Los tres colores disponibles de la E05

Como habéis podido ver en las fotografías que ilustran este artículo, cuento con los tres colores disponibles de este modelo, ya que me gusta tanto que quería darme ese capricho. La que siempre me acompaña desde hace tres meses aproximadamente es la de color negro, y de ahí que presente ya cierto desgaste en algunos de sus bordes debido al roce con las llaves que van junto a ella en mi bolsillo.

También me gusta de vez en cuando desarmar la cabeza, limpiar con mimo las roscas y sacar la junta tórica para limpiar y engrasar esa zona de la linterna tan delicada en este tipo de modelos. Comentaros que la limpieza se hace con un trapo seco (os sorprenderá ver la cantidad de polvo que acumula en las roscas por llevarla siempre encima) y que a modo de grasa lo ideal es usar alguna con base de silicona que podéis encontrar en ebay por muy poco dinero (yo me compré un bote del tamaño de la típica vaselina para los labios por unos 5 €). No uséis grasas con base de petróleo porque os podéis cargar la junta tórica y, por tanto, echar a perder la estanqueidad de la linterna.

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El LED de la E05

He recurrido a la ayuda de la E05 en multitud de ocasiones y, como os decía antes, cada vez que meto la mano en el bolsillo y noto su tacto, me reconforta saber que está ahí para darme servicio siempre que la necesite. Es una fiel compañera que nos sacará de apuros cuando nos rodee la más absoluta oscuridad, así que no menospreciéis su utilidad por pequeña que parezca.

Rincones: Pazo de Oca (Pontevedra)

No muy lejos de Santiago de Compostela existe una finca a la que algunos llaman “El Versalles gallego” que destaca por la belleza de sus jardines. Y es que el Pazo de Oca es un idílico lugar en el que mi chica y yo pasamos una tarde entera caminando por sus rincones y que hoy me gustaría daros a conocer a través de algunas fotografías que hice aquel día.

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Tras acceder al recinto, un patio bastante sencillo os dará la bienvenida y una vez curioseados sus recovecos pasaréis a través de una puerta junto a una fuente para dar a la zona principal del pazo: unos grandes jardines con caminos llenos de parras, un estanque con patos y cisnes de lo más bucólico, zonas con flores de muy diversos colores…

150710_185800150710_195348Como podéis ver en las imágenes, el agua es uno de los puntos fuertes de este lugar; y es que estando en el norte de España no tendréis ocasión de ver muchos secarrales, cauces sin agua y cosas similares como sí ocurre en lugares situados en la mitad sur de la península (especialmente durante el mes de julio, que es cuando estuvimos por allí).

150710_191441150710_190612Creo que no os he comentado que la entrada al Pazo de Oca cuesta seis euros y os da derecho a campar a vuestras anchas por los jardines. Si queréis ver el interior del pazo, tendréis que contratar una visita guiada; cosa que nosotros no hicimos (así que no sé deciros si merece la pena o no).

150710_184107150710_191410Después de la maravillosa visita a las Islas Cíes que realizamos unos días antes, pensábamos que ya nada nos iba a sorprender en aquellas tierras; pero reconozco que estábamos equivocados y la visita a este lugar tan especial nos gustó casi tanto como aquellos paseos entre acantilados y gaviotas.

Si estáis cerca de Santiago de Compostela y tenéis ganas de visitar un lugar con un encanto especial, el Pazo de Oca es una opción de lo más recomendable.

150710_190052¡Nos leemos!

Rincones: Islas Cíes (Pontevedra)

Creo que fue un brote de síndrome de Stendhal, porque según el barco se iba arrimando al embarcadero yo sólo era capaz de decirle a mi chica: “¡Pero peroooooo… mira el agua. Y mira la arena, qué blanca es… Diossssss, es que el agua parece de cristal… Fíjate cómo se ven las rocas del fondo… y los peces… Míralos, pero míralooooooos!” 150709_160004Tenía la sensación de estar en una playa del caribe; con la vegetación y la arena fundiéndose en una delgada línea y un agua tan clara que parecía sacada de un videojuego. Ya me habían dicho que las islas Cíes me iban a gustar, pero no creí que la cosa iba a ser para tanto. Y lo que más sorprende al visitante que para llegar a este paraíso terrenal tan sólo hay que tomar un barco en el club náutico de Vigo que nos dejará en la isla en menos de 45 minutos y que nos costará (ida y vuelta) entre 10 y 18 euros por persona dependiendo de la naviera que elijamos.

Pero bueno, retomando el hilo de mis recuerdos de aquel día, una vez superada mi euforia inicial llegaba el momento de tomar decisiones: hay en la isla varias rutas para realizar y disponíamos de unas seis horas antes de que zarpara el barco que nos devolvería a Vigo, de modo que tampoco podíamos entretenernos mucho. 150709_154110_01 Decidimos tomar la ruta de los faros y sobre la marcha decidir si subíamos al faro principal o bien nos desviábamos a uno secundario que no tenía tanto desnivel y, por tanto, se podía llegar a él en menos tiempo. La ruta no es que fuera especialmente larga ni complicada; pero dado que eran las horas centrales del día y que aquella jornada hacía un calor especialmente intenso para ser tierras gallegas preferimos no arriesgar y visitar el faro “pequeño”. 150709_151654No quiero alargarme mucho en mis descripciones porque este tipo de entradas son principalmente gráficas; pero sí os diré que nos íbamos sorprendiendo y maravillando a partes iguales a medida que íbamos recorriendo la isla. Playas paradisíacas, embarcaderos de cuento, vistas maravillosas de las islas vecinas, gaviotas sobrevolando nuestras cabezas… Recuerdo especialmente cuando a las tres de la tarde, cansados ya de caminar, nos sentamos en una roca a la sombra de unos árboles y allí nos pusimos a comer unos bocadillos que nos supieron a gloria. Luego, ya con ánimos renovados, emprendimos el tramo final hacia el faro. Un tramo en el que no había sombra en la que cobijarse a esas horas de la tarde. 150709_132332La verdad es que mereció la pena visitar el faro pequeño viendo el infierno de rampas que dan acceso al faro principal. Obviamente la vista desde aquella elevación debía de ser espectacular; pero desde nuestra privilegiada posición estábamos muy cerca de la isla sur (a la cual sólo se puede acceder en barco privado o bien con unas barcas que salen desde la propia isla principal) y la perspectiva desde allí era muy muy bonita a costa de invertir mucha menos energía en llegar al final de la ruta. 150709_151909 El camino de regreso fue el mismo que el de la ida pero en sentido inverso; sólo que esta vez el sol empezaba a estar ya más bajo y las playas estaban todavía más radiantes de luz y de color. Prueba de ello son las fotos que tenéis a continuación y que intentan plasmar lo que vimos aquel día inolvidable. 150709_155711150709_135713 Por último, al llegar ya a las cercanías del embarcadero y viendo que todavía nos quedaba casi una hora para que saliera nuestro barco, optamos por pasar un rato en la playa y refrescarnos en aquellas aguas que tanto nos llamaban la atención. Volvimos a nuestro alojamiento con la sensación de haber vivido un día fantástico y de haber descubierto un rincón que había elevado (y mucho) el listón de los lugares visitados. Va a ser complicado descubrir un sitio con más encanto que las islas Cíes, pero estoy seguro de que al final lo lograremos. 150709_125743150709_171435 ¡Nos leemos!