Aberraciones cromáticas

Las aberraciones cromáticas suelen aparecer con frecuencia en algunas fotografías. Es un defecto óptico que se suele dar con mayor frecuencia en cámaras compactas de gama baja, si bien también puede darse en cámaras réflex empleando algunos objetivos y bajo ciertas condiciones de iluminación.

¿Qué son las aberraciones cromáticas?

El término aberración cromática engloba a los defectos ópticos consistentes en la tinción con cierto color no deseado de las transiciones entre elementos muy contrastados de la imagen. De hecho, el método clásico para comprobar si aparecen aberraciones cromáticas bajo ciertas condiciones consiste en hacer una fotografía a unas ramas o elementos similares a contraluz.

Como podéis apreciar, los bordes de las hojas a contraluz aparecen teñidos de un tono morado bastante antiestético que es un claro ejemplo de aberración cromática.

¿Por qué se producen las aberraciones cromáticas?

Este defecto depende fundamentalmente de la óptica empleada y se produce por algo muy sencillo de entender: la luz se compone de muchas longitudes de onda diferentes, correspondiendo cada una de ellas a un color tal y como muestra la siguiente imagen.

A modo de curiosidad os diré que las ondas de longitud mayor de 700 nm se consideran radiación infrarroja del mismo modo que aquellas ondas con una longitud inferior a los 400 nm pertenecen al espectro de la radiación ultravioleta. En cualquiera de los dos casos, estas ondas son invisibles para el ojo humano, ya que sólo podemos captar longitudes de onda entre 400 y 700 nm, que son las que originan el espectro visible de colores.

Una vez repasados estos conceptos básicos, en lo que a fotografía se refiere lo ideal sería que cuando tenemos algo enfocado todas las longitudes de onda converjan en el mismo punto de la superficie del sensor para “dibujar” el elemento de forma completamente nítida. Sin embargo, empleando ciertas ópticas puede ocurrir que determinadas longitudes de onda tengan su punto de convergencia ligeramente adelantado o retrasado con respecto a la superficie del sensor. En tal caso, los bordes de elementos oscuros sobre fondo claro (o viceversa) pueden aparecer teñidos de tonos azules, rojos, verdes o amarillos; algo que se intenta evitar añadiendo ciertas lentes especiales a la fórmula óptica del objetivo.

En la siguiente imagen tenéis una explicación gráfica que os ayudará a entender el por qué de esos bordes coloreados en ciertas imágenes. Si las componentes azul y roja de la imagen se dibujan en puntos diferentes al del plano de la imagen aparecerá en los bordes del motivo fotografiado este defecto óptico que hoy estamos viendo.

También es habitual que las aberraciones cromáticas aparezcan en los reflejos puntuales sobre superficies brillantes; y de hecho esto es algo que ya os comenté en la review del Nikkor AF ED 80-200mm f/2.8D sacando a relucir el siguiente recorte a escala 1:1 de una fotografía tomada con él:

En una óptica perfecta, esos bordes azulados en los brillos no deberían de existir, siendo los límites de los mismos completamente blancos. Sin embargo, ya veis que en este tipo de situaciones aparece una componente azul en forma de halo en torno al punto luminoso que en ciertas fotografías pueden apreciarse con claridad.

¿Cómo evitar las aberraciones cromáticas?

Puesto que estamos ante un defecto óptico del objetivo, para evitar la aberración cromática sólo podemos tratar de “esquivar” las condiciones bajo las que éste se produce. La cosa no sólo consiste en evitar reflejos puntuales y fuertes contrastes en nuestras imágenes; sino también evitar usar las aperturas y las distancias focales más propensas a producir este fenómeno. Ya sé que siempre insisto en lo mismo, pero se demuestra una vez más que conocer nuestro equipo fotográfico es lo que más nos va a ayudar a hacer mejores fotografías.

De todos modos, las aberraciones cromáticas no son demasiado complicadas de eliminar en postproceso. Cualquier software avanzado de retoque fotográfico nos va a ofrecer la posibilidad de mitigar estos defectos e incluso hay cámaras que corrigen esto por ellas mismas internamente, por lo que no llegaremos a ver las aberraciones cromáticas captadas por el sensor si disparamos en formato JPG y tenemos activada esta característica que os digo.

De hecho, me gustaría mostraros con un ejemplo práctico el resultado de una corrección de este tipo, y para ello vamos a emplear una imagen tomada hace unos días en un partido de fútbol donde estuve probando el 80-200 f/2.8, la vamos a abrir en Adobe Lightroom para visualizarla a escala 1:1 y luego nos centraremos en ese detalle que os he marcado con un recuadro rojo.

Si nos fijamos en el poste vertical de la portería que hay al fondo vamos a ver que en su parte derecha hay una componente amarillo-verdosa que no es otra cosa que una de esas aberraciones cromáticas de las que estamos hablando hoy.

Mediante los controles de corrección de las aberraciones cromáticas podemos mitigar estas eliminando la componente de color no deseada del borde del poste dándole a este una apariencia casi completamente neutra como podemos ver en el siguiente recorte capturado una vez aplicado el correctivo.

Como podéis imaginar, en la fotografía vista a un tamaño normal la aberración cromática es prácticamente invisible, y prueba de ello es que en la imagen original que subí hace unos días a Flickr ni siquiera me molesté en aplicar la corrección que hemos visto hoy porque sencillamente ni me di cuenta del tono amarillento del poste que aparece al fondo. De hecho, aquí tenéis la imagen en cuestión en la que la atención se centra en el jugador con el número 30:

Día de partido

La importancia de conocer las cosas

Ahora ya sabéis de dónde proviene este defecto óptico que tan a menudo se presenta en ciertas ópticas; y precisamente eso es lo más importante que quería mostraros en este artículo. Evitar su aparición no es fácil porque bajo ciertas condiciones poco vamos a poder hacer para que no se produzca pero, como habéis podido ver, siempre podemos mitigar sus efectos en buena medida mediante las herramientas que la fotografía digital pone a nuestro alcance. Ahora, como de costumbre, todo es cuestión de probar y experimentar por nosotros mismos.

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El balance de blancos

Si el otro día hablábamos del manejo de cuatro parámetros básicos en fotografía, hoy nos vamos a meter con un aspecto esencial de este mundillo: el balance de blancos.

¿No os ha ocurrido alguna vez ir a hacer una fotografía y que misteriosamente esta aparezca azulada o bien en tonos naranjas? Vuestra cámara está perfectamente; lo que ocurre es que el balance de blancos empleado no es el adecuado para el tipo de iluminación que hay en la escena. Vamos a ver por qué para una cámara no es igual la luz que emite una bombilla, la luz del sol o la de un tubo fluorescente.

LONGITUDES DE ONDA: EL QUID DE LA CUESTIÓN

La luz que llega a nuestros ojos no es más que una onda que en función de su longitud adquiere un tono u otro. Tono que se mide en grados kelvin tomando como base un radiador ideal de color negro de forma muy parecida al brillo de una bombilla, pues en función de la temperatura de su filamento brillará con más o menos intensidad y por lo tanto variará el color de la luz que emite.

Si la fuente de luz tiene una baja temperatura (2700 – 3000 ºK) dará un tono cálido rojizo o anaranjado. Por contra, con temperaturas altas (3600 – 5500 ºK) obtendremos una iluminación blanca o casi blanca. A modo de ejemplo os comentaré que una cerilla tiene una temperatura de color de 1700 ºK, una bombilla de filamento ronda los 3000 ºK, una bombilla de xenon suele rondar los 4100 ºK, la luz típica en un día despejado es de unos 5800 ºK…

Aunque para el ojo humano estos cambios no son demasiado perceptibles (más que nada porque nuestro cerebro se adapta a ellos sin darnos cuenta) para el sensor de una cámara fotográfica representan unas diferencias importantísimas a la hora de captar la luz de una escena: imaginad una hoja de papel de color blanco iluminada con diferentes fuentes de luz. Si la iluminamos con un una bombilla de filamento quedará de cierto tono, pero si ahora apagamos la bombilla y abrimos la ventana sin cambiar ningún parámetro de la cámara nos vamos a encontrar con que lo vemos todo anaranjado porque la electrónica se ha quedado con la idea de que es una bombilla (con su correspondiente temperatura de color) la que está iluminando la hoja.

Por lo tanto debemos siempre aprovechar los diferentes balances de blancos que nos ofrece nuestra cámara digital que hay incluso en los modelos más básicos que podemos encontrar en el mercado. Variando estos parámetros vamos a poder captar la realidad tal y como la vemos o también tratar de buscar algún efecto “artístico” que varíe completamente la percepción del motivo fotografíado.

LOS TIPOS DE BALANCE DE BLANCOS EN UNA CÁMARA

Lo habitual en casi cualquier cámara digital es encontrarnos con una serie de parámetros ya definidos para el balance de blancos, uno automático así como uno “personalizable” que podremos emplear para escenas con iluminación “rara”. Vamos a ir comentando cada uno de ellos:

Soleado: para las horas centrales de días despejados.

Nublado: idóneo para las primeras y últimas horas del día así como días sin sol. Da unos tonos algo más cálidos que en el balance para sol, por lo que no es descabellado emplearlo para retratos en exteriores sin flash.

Incandescente: el icono de la bombilla es para realizar fotografías en interiores con luz de tungsteno. De emplear otro modo veremos que todo tiene un intenso tono naranja.

Fluorescente: para iluminación con tubos fluorescentes. Puede ir bien para fotografíar ciertos monitores LCD.

Automático: aunque en general soy enemigo de los modos automáticos de las cámaras, en este caso hay que reconocer que es útil en condiciones de iluminación mezclada o un poco rara. La cámara intentará hallar por si misma el balance de blancos más adecuado para cada escena y lo mejor es que suele hacerlo bien en la mayoría de las ocasiones.

Personalizado: si alguna vez váis a un evento en el que haya multitud de fotógrafos (rueda de prensa o similar) os llamará la atención que antes de que comience el acto algunos de ellos se ponen a enfocar a una cartulina blanca. Lo que están haciendo no es más que emplear el balance de blancos personalizado, que consiste en enfocar a una superficie blanca lisa y pulsar un botón para decirle a la cámara “ese es el color blanco, ¿OK?”. A partir de ese valor para el color blanco la electrónica de la cámara ya se encarga de calcular todo el espectro cromático para que la fotografía sea fiel a los colores originales. Es un modo de afinar la fidelidad de los colores al máximo y como os digo es habitual que los fotógrafos profesionales hagan uso de dicho modo.

UNOS EJEMPLOS PRÁCTICOS

Vamos a ver cómo afecta el balance de blancos a la hora de hacer una misma fotografía variando únicamente dicho parámetro. Se trata de una imagen en un día nublado de la playa de la Concha en Oropesa del Mar que he repetido cuatro veces para que veáis la variación de los colores, así que os voy a ir comentando una por una las diferencias entre ellas:

Automático

Automático. La cámara ha detectado bien que el día estaba nublado y ha sacado unos colores bien equilibrados y bastante aproximados a lo que uno podía ver a simple vista.

Soleado

Soleado. En este caso los tonos se enfrían bastante y tenemos una cierta sensación de “paisaje ártico”. Usar este modo sin sol da como resultados unas fotos un poco “frías” pero muy aprovechables si buscamos ese fin.

Fluorescente

Fluorescente. En este caso el azul empieza a predominar en la escena, aunque no tanto como en el modo que veremos a continuación. Aunque el resultado se aleja bastante de la realidad el efecto puede quedar curioso en ciertas escenas.

Tungsteno

Tungsteno. La luz del día se ve azul en el modo diseñado para iluminación con bombillas, del mismo modo que la luz de las bombillas se ve naranja en el modo diseñado para iluminación solar. A no ser que busquemos un efecto artístico no debemos usar estos modos bajo estas condiciones.

Bien, por hoy hemos terminado las lecciones fotográficas. Espero que hayáis pasado un rato entretenido y que a partir de hoy le deis la importancia que se merece a este parámetro de vuestra cámara digital.

¡Un saludo! 😉

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