Conoce las limitaciones de tu equipo fotográfico

Hay algo muy importante en fotografía que todavía no he comentado en estos artículos: es vital conocer las prestaciones y, sobre todo, las limitaciones de nuestro equipo fotográfico. Del mismo modo que conviene conocer los límites de un coche para saber cómo va a reaccionar en una situación de riesgo, debemos saber lo que nuestra cámara y objetivos son capaces de hacer para ser conscientes de lo que podemos esperar de ellos ante una determinada escena.

Lo que hay habitualmente en mi bolsa de fotografía

Un objetivo poco luminoso no tiene por qué ser un lastre a la hora de hacer fotografías si sabemos cómo emplearlo. Por ejemplo, sé que mi 55-200 consigue captar imágenes bastante nítidas si empleo una apertura que ronde f/8. A pleno sol puedo disparar con dicho valor de apertura a pulso sin problemas porque la cámara va a pedir velocidades de 1/400 o superiores (este objetivo no dispone de sistema VR); y si el motivo que quiero fotografiar está a la sombra soy consciente de que tendré que subir la sensibilidad ISO a 400 para que la velocidad de obturación no caiga demasiado y en consecuencia las fotografías queden trepidadas.

Del mismo modo, el 55-200 es un objetivo cuyo rendimiento baja drásticamente en las focales más largas; por lo que a no ser que sea físicamente imposible acercarme más al sujeto a fotografiar, siempre trato de evitar sobrepasar los 135 ó 150 mm de longitud focal.

Otro ejemplo de limitaciones está en el AF 50mm f/1.8 D; pues disparando a su máxima apertura se pierde bastante nitidez (podéis ver el ejemplo del cartel en la entrada de las aperturas al que me he referido hace un par de párrafos), por lo que a no ser que las condiciones de iluminación lo exijan suelo emplearlo a f/3.5 o superior, que es donde esta óptica empieza a dar lo mejor de si misma. No ocurre lo mismo con el AF-S DX 35mm f/1.8 G, pues se puede disparar con él a su máxima apertura sin apenas pérdida de nitidez.

AF-D Nikkor 50mm 1:1.8 (III)

El rango dinámico de la cámara es algo que también tendremos que tener el cuenta. Como ya os dije hace tiempo, si fotografiamos algo uniformemente iluminado no vamos a tener ningún tipo de problema empleemos la cámara que empleemos; pero si la escena está llena de contraluces, las cámaras profesionales llevarán ventaja sobre las amateur porque son capaces de captar grandes diferencias de iluminación en la misma fotografía sin empastar las sombras o quemar las luces. Si somos conscientes de cómo se comporta nuestra cámara ante los contraluces acusados, antes incluso de hacer la fotografía ya sabremos si lo que pretendemos capturar va a quedar bien o será una completa chapuza.

18-55 vs. 18-55 VR (III)

En resumen (como veis la entrada de hoy es de lo más sencilla), no hace falta tener un equipo de 10000 euros para hacer fotografías bastante majas. Más importante que eso es saber hasta dónde nos permite llegar nuestra cámara y los objetivos que empleamos con ella. Y es que, en el fondo, todo es una cuestión de optimización de recursos  😉

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